Aviso importante

Mientras se solucionan los problemas con el servidor donde estaba alojado el foro, tenemos uno nuevo y provisional en Criando Múltiples en freeforums.org . Al ser nuevo, no tienen validez los antiguos usuarios, por lo que tendrás que darte de alta de nuevo si antes estabas en el viejo.
Si tienes dudas, puedes plantearlas en cualquiera de los posts de Criando Múltiples en facebook o comentando en Twitter. También nos puedes mandar un email a nuestro correo: criarmultiples arroba gmail punto com.

31 de diciembre de 2010

Cacareando: El destete de los mellizos de Su


Su, una de nuestras foreras, nos cuenta en este precioso relato como fue su destete tras casi 6 años de teta a sus hijos. Nos parece tan bonito que  lo queríamos compartir con vosotros :) Gracias Su :)

"Pues sí, al final ha llegado. Mis hijos han decidido destetarse ya. El niño, un día, después de enseñarme sus "peludas" piernas va y me suelta: "Mira mamá, ya tengo pelos como papá. Ya soy mayor y los niños mayores no toman tetita" y yo :( pero bueno, me quedaba mi niña, mi bebé...Esto ocurría en febrero, con 3 años ya cumplidos.

Así que las noches transcurrían con mi niña al pecho y el niño acariciando su tetita (cosa que aun hace al dormirse). Pero un buen día (o debería decir mal día) mi niña se prende al pecho, como hacía cada día, y noto que no succiona, que solo mantiene el pezón en su boquita sin succionar, como si se le hubiera olvidado mamar.. y así comenzó su actual destete, con 41 meses, y seguimos en ello. Hasta ayer mismo me pidió tetita al dormir y yo le digo, "pero hija, si ya no hay leche" y ella me contesta, "ya, pero a mi me gusta la tetita con leche y sin leche" :D

Así que este es un fin anunciado, y yo sigo un poquillo de duelo, pero bien, porque estoy satisfecha (mucho) de nuestra lactancia, de cómo ha ido todo, los momentos buenos y los menos buenos. He de decir que el vinculo que se crea es alucinante y, creo, que durará toda la vida.


Al final lo han decidido ellos, como yo quería, y ha sido bastante gradual, de hecho la nena aun "mama" alguna noche. Ah! y lo que es flipante es como me acarician aun el pecho, como cuando eran bebés y mamaban en solitario, sin el hermano compartiendo tetada.

Echo mucho de menos el hábito que ya tenia adquirido, han sido casi 6 años dando de mamar entre la mayor y los pequeños, sin parar, porque di de mamar a la mayor (27 meses) hasta la misma noche anterior del parto de los gemelos, cosa que deberían agradecerle porque había calostro para dar y tomar y no se tuvieron que "trabajar" la teta de recién nacidos.

Bueno, pues ya lo he soltado... a partir de ahora me pondré sujetadores más bonitos, de esos de encajes y cosas fisnas, y seguiré echando en falta el calorcito de mis niños en mi regazo cada dos por tres... Un besazo, Su."


Imagen gallina y montaje con foto de Su: Sonia Casanova

¿Qué pasaría si dejasen a la naturaleza seguir su camino?

El 50% de los embarazos múltiples acaba antes de la semana 37, es decir, es prematuro. Muchos de estos embarazos acaban verdaderamente en partos que no se podían parar o que eran necesarios debido a por ejemplo, rotura de la bolsa, problemas de salud de la madre o de los bebés, etc, etc. Si eliminamos estos partos, todavía quedan muchos pero muchos que son “acabados” por decreto mientras que los bebes están creciendo bien y la madre esta como una rosa. Y lo mas triste, muchos de ellos directamente por cesárea innecesaria. Y todo por ser múltiples.

Según muchos ginecólogos, un embarazo múltiple gemelar acaba con 37 semanas. ¿Que todavía no te has puesto de parto con esas semanas y tú y los bebes estáis bien? Se siente, se acabó el tiempo. Es la hora de los mitos, de la inducción del parto o en el peor de los casos de la cesárea por decreto. Oirás decir “un embarazo múltiple de más de 37 semanas es peligroso”, “si la madre es mayorcita, no se puede pasar de la semana 37”, “con 37 semanas los bebés están preparados para la vida fuera del útero”, “siempre lo hemos hecho así, con cesárea”, “total que mas da, si los dos no están en cefálica y acabaríamos en cesárea”.

Pero, ¿qué pasaría si en vez de estas prisas, los ginecólogos se relajasen, controlasen de cerca el embarazo y dejasen a la madre naturaleza hacer su trabajo? ¿De cuantas semanas parirían esas mujeres? ¿Cual sería el comienzo de la vida de esos bebes?

Creo que muchísimos, por no decir todos los ginecólogos, se sorprenderían de los resultados ya que muchas de estas mujeres llegarían sin ningún problema a la semana 40 e incluso algunas de ellas, a la semana 42. Y no, eso no pasa sólo en las noticias o en Youtube, le ha pasado a una de nuestras foreras hace unas cuantas semanas. Nuestra super campeona Caco ha parido a sus gemelas con 42 semanas y 2 días de embarazo. Olé. Unos bebes hechitos, hechitos, que se pudieron ir directamente a casa con su mamá y que tuvieron la suficiente fuerza como para mamar directamente de su tetita desde el primer día.

Qué diferente a las historias de otras muchas mujeres que tuvieron un “embarazo con fecha de caducidad” a las 37 semanas. Mujeres que tuvieron una cesárea programada sin razón, simplemente que su embarazo había caducado. Que diferente al comienzo que han tenido muchos otros múltiples teniendo que pasar unos cuantos días en el hospital hasta estar lo suficientemente maduros para ir a casa o que se les ha negado el pasar por la experiencia de un parto natural.

¿Y dónde estuvo la diferencia? Simplemente en un ginecólogo que tenía más fe en la naturaleza que en lo que dicen las estadísticas y los mitos. Un ginecólogo que tuvo el valor de dejar que aquel embarazo siguiera su curso y no “acabarlo” a las 37 semanas. Un ginecólogo que confió en su experiencia como profesional. Ojalá hubiera mas ginecólogos como él. Nos gustaría hacerle una estatua o regalarle un jamón ;) pero nos parece mas propio el regalarle a él, y por supuesto a vosotros, la preciosa foto de la barriga de Caco el día que cumplió 42 semanas. Hete aquí la prueba de lo que puede llegar a hacer un cuerpo si se le deja ;) Preciosa barriga, si señor :)


¿Os ha sabido a poco y queréis ver maás barrigas de mujeres que tuvieron múltiples con más de 37 semanas, siendo ellas mayorcitas, incluso vaginalmente y algunas de ellas hasta en casa? Echadle un vistazo a este precioso vídeo en Youtube.Natural childbirth of twins and triplets

Y por último, un consejo, antes de acabar el año a todas las futuras multi-mamis. Si tu ginecólogo te quiere programar el parto en la semana 37 (sobre todo si es con cesárea) y tú y los bebes estáis bien, plantéate el cambiarte de ginecólogo y dejar que la madre naturaleza siga su curso. Y por supuesto, pásate por nuestro foro para compartir esta experiencia con otras madres que como tú, pasaron por lo mismo.

Buena entrada y salida de año :)

30 de diciembre de 2010

Cacareando: parto vaginal de Rosa (cefálica y podálica)


Nuestra forera Rosa nos cuenta hoy su parto. Debido a una enfermedad de la madre, el parto se tuvo que inducir con 37+4 semanas. Sus mellizos Ana y Juan estaban colocados en cefálica y podálica respectivamente. Desde el principio del embarazo, la mayoría del equipo medico apostaba por una cesárea, pero gracias a la intervención de una comadrona y a una dilatación digna del Guiness de los records, Rosa pudo tener su deseado parto vaginal, aunque inducido y comenzar directamente con la lactancia. Gracias Rosa por compartir tu experiencia con nosotras :)


"Como ya sabéis el 14 empezaron con la inducción. Poco que contar; de 9 a 21 h. me tuvieron con el gel de prostaglandinas puesto (y monitorizada y tumbada... que horrorrr) y nada, alguna contracción, pero ni siquiera dolorosa. En todo el día dilate la punta de un dedito. Me subieron a planta, cené y sobre las 1 de la mañana empecé con contracciones hasta las 3, ahí se pararon (no eran demasiado dolorosas).

El 15 sobre las 9 me bajaron otra vez a paritorios y empezaron directamente con oxitocina (dosis bajitas). Sobre las 12 había dilatado 1 cm. Me rompieron la bolsa. Luego me subieron la dosis y sobre las 15 me puse a morir... contracciones cada 3, 2, luego 1 minuto, insoportables... La comadrona (que para mi fue un ángel caído del cielo) me dijo que, a pesar de que ella no es pro epidural, a mi me la recomendaba, porque no eran contracciones "naturales" y así no iba a aguantar. Le hice caso, me la pusieron y la verdad es que uffff... un cambio brutal. A las 16 h me volvieron a mirar... 2 cm... La comadrona me dijo que me daban hasta las 18 h y que si no avanzaba..... cesárea.

Sobre las 18h vino la comadrona a ponerme una sonda para el pipí. Le dije que tenia ganas de ir al baño a hacer "cosillas mayores". Me hace un tacto y se le queda la cara a cuadros. Me dice que eso no son ganas de ir al baño, que son ganas de empujar, ¡que estoy de parto! No me lo creía, 8 cm en dos horas????

Entonces fue cuando todas echaron a correr (ya todas contaban con que iba a ser cesárea, la ginecóloga la primera de todas) y me dijeron que cerrara las piernas y no empujara. Dejaron entrar a mi marido un momento, que tampoco se lo creía cuando le dije que me llevaban al quirófano, que ya estaba a punto. Allí no le dejaron entrar.


Cuando llegamos al quirófano, no había nadie. Llego la ginecóloga con la cara blanca como la pared (luego me confesó que de todo el equipo era la única que había dicho que ella se negaba a atender mi parto y que contaba con que acabaría en cesárea). Cuando la comadrona me dijo que si tenía ganas de empujar, que empujara, solo habían llegado un par de enfermeras (el ginecólogo de apoyo tampoco había llegado). Así que me puse a empujar y empujar, animada por mi comadrona maravillosa, que me decía que era una campeona, y en 7 u 8 pujos note salir a Ana. La sensación mas bonita de mi vida, puedo asegurarlo. Me la enseñaron mientras se la llevaban al lado y yo emocionada perdida. La ginecóloga, que se miraba la puerta cada 2 segundos para ver si llegaba el ginecólogo de apoyo, me dijo que ya me emocionaría luego…

La comadrona me pregunto si tenia ganas de seguir empujando y le dije que si. ¡Y en dos pujos mas nació Juan, de culete! 2 minutos de diferencia. La ginecóloga no se lo podía creer, tenia una cara de alucine que era para grabarla. Cuando ya me estaban cosiendo y apañando por ahí abajo, llego el ginecólogo de apoyo con la lengua fuera. Se quedo a cuadros al ver que ya estaba todo hecho. Ana peso 2210 kg y midio 47 cm y Juan 2080 kg y 46 cm.

Gracias a la comadrona me dejaron darles el pecho en una habitación de al lado de los quirófanos en cuanto yo estuve cosida y ellos listos. ¡Los dos a la vez! Un sueño hecho realidad.

Al final he tenido mi parto “casi” soñado. Teniendo en cuenta que era inducido, no puedo quejarme."


29 de diciembre de 2010

Lactancia materna: con gemelos también se puede



No os podéis perder la presentación de nuestra forera Gema Cárcamo sobre lactancia de gemelos y trillizos. La hizo en la feria de IFEMA de Bebés y mamás, y se puede oir completa en: su web, Misgeminis.es

28 de diciembre de 2010

Cacareando: parto vaginal (ambas en cefálica)

Hoy abrimos una nueva sección en nuestro blog llamada “Cacareando” donde os vamos a ir publicando relatos de nuestras foreras sobre su experiencia de ser madre de múltiples. Desde el embarazo hasta que se van de casa, en todo habrá cabida en esta nueva sección que esperamos que os guste.


Para inaugurar, nos gustaría compartir con vosotros un precioso relato de nuestra forera Eva donde nos cuenta el parto de sus gemelas nacidas en 2009. Eva ya era madre de un precioso peque nacido en 2006. Eva, gracias por compartir tu parto con nosotras :)

"Pues aquí va el mío.. es algo especial.. desde que nos enteramos de que no era un embarazo corriente, no dejamos de escuchar por todos los que nos rodeaban que "evidentemente" sería una cesárea.. sólo por el hecho de traer dos bebés.

Mi ginecólogo apostaba desde un principio por el parto vaginal si las condiciones eran favorables..y esto me daba confianza.. tal vez pudiera lograrlo..

Pasamos el embarazo pendientes de que mis nenas se colocasen en cefálica para tener todo favorable.. y así fue.. se colocaron y ya no se movieron..

Llega el día D ( 15 de Junio).. todo el mundo no hacía más que preguntar que para cuándo.. era ya agobiante, tremendamente agobiante.. si, estaba de 36 semanas pero aún podían aguantar un poquito más.. mis pequeñas decidieron que les gustaba mucho el día 15.. y a las 15.45 de la madrugada rompí una de las bolsas..

Me sentí aliviada..a la vez que triste.. iba a conocer a mis princesas, pero este viaje tocaba a su fin.. mi príncipe ya no sería hijo único..

Esperé en casa hasta que comenzaron las contracciones.. esto sucedió justo una hora después.. no pensé que pudiera comenzar tan pronto, ya que con mi pequeño tardaron en aparecer casi cinco horas..
La segunda contracción apareció doce minutos después.. eran las 5 de la madrugada, y decidimos avisar a una amiga para que viniera a quedarse con mi nene. Mientras, terminé de prepararle la mochila para el cole, el desayuno, etc..
las contracciones seguían cada diez minutos, pero comenzaba a sentir que me llevaban a otro lugar.. las vivía y sentía como de lejos.. y en los períodos de descanso podía seguir arreglándome, la ropa de Eloy, etc..
Mi amiga vino como a las 5,30.. y por entonces comenzaban a molestar.. aunque podía resistirlas perfectamente.. no era consciente del dolor.. pensé, sin poder hablar.. esto es el planeta parto!

Salimos rumbo al hospital, está a diez minutos de casa.. y entre contracción y contracción le dije a mi marido que hiciera el favor de saltarse los semáforos.. gemí en la siguiente contracción.. y entonces supe y comprendí que no podía controlar.. que mi cuerpo estaba trabajando.. y mi cerebro se había dejado.. las endorfinas hacían su trabajo.. yo no sentía dolor alguno.. era una fuerza tremenda..

Al llegar al Hospital, ni siquiera pude hablar para realizar el ingreso, recuerdo un enorme pasillo.. y a mitad tuve que ponerme en cuclillas.. no podía seguir de pie.. esa contracción me dobló literalmente.. la pasé y me recibieron en la consulta.. la matrona me pidió que me quitara la ropa, pero no podía.. me hizo pasar al baño para examinarme.. y le gemí muy profundamente... ¡necesito empujar!

Era brutal, yo lo vivía desde lejos.. con una fuerza que no sé de donde salió.. cuando consiguió subirme a la camilla, comenzó a correr, llamando por teléfono y movilizando a los equipos de neonatos, pediatras, etc..

Estaba completamente dilatada.. con sólo una hora de contracciones..me llevaron rápidamente al quirófano (mi marido no pudo entrar conmigo).. y me hicieron como pudieron una eco urgentemente.. yo no podía parar quieta en la camilla y le chillé al gine ( Antonio, ya lo conocía del anterior embarazo) que iba a empujar.. y tras dos pujos nació una de mis gemelas..

Rápidamente se la llevaron a neonatos.. y me preguntaron si volvía a tener ganas de empujar.. les dije que no.. y me esperaron.. tres minutos más tarde vuelvo a sentir la misma sensación.. me voy de nuevo al planeta parto.. mi mente no está en ese quirófano.. sólo visualizo a mi pequeña.. mi cuerpo vuelve a empujar con una fuerza brutal.. y dos minutos más tarde nace mi segunda gemela.. corriendo se la llevan a neonatos, ya que finalmente se ha dado la transfusión feto-fetal.

Pasados unos minutos, vuelven las contracciones y por fin alumbro la placenta.. me asomo y me la enseñan, con sus dos cordones.. ¡perfecta!

Miro el reloj.. y ¡sólo ha pasado una hora! Son las 6:40 de la madrugada ¡El parto de mis gemelas ha sido de dos horas! ¡Sin epidural! Me siento orgullosa, y comienzo a dar las gracias a todo el equipo médico.. ellos me dicen que de gracias nada, que al contrario.. ¡que yo les he dado el trabajo hecho!

Me cosen la episiotomía, ya que no se atrevieron a esperar.. fueron cuatro puntos.. que ya han cicatrizado perfectamente.

En 48 horas, yo a casa.. y mis peques se tuvieron que quedar unos días más.. pero ya estamos todos en casa, felices, contentos y orgullosos de ser una familia numerosa.

Ahora, después de pasar por un parto medicalizado ( Epidural justita, respeto en la dilatación, pero monitores inmovilizada en una cama) y uno en el que yo he llevado las riendas en todo momento.. puedo decir que es la experiencia más humana y profunda que he vivido jamás."

Noemí Elías: fotos de gemelos

Gracias a nuestra forera Eva, hemos conocido el precioso trabajo de la fotógrafa barcelonesa Noemí Elías con el estrenamos una nueva sección. En "Multi-arte" os iremos enseñando ejemplos de arte centrado en los múltiples.

Nos han encantado todas las fotos de Noemí Elías, pero la colección "22" nos ha robado el corazón. Seguro que ya sabréis el porqué, jeje...."22" es una colección de fotos de gemelos :) Noemí gano en el 2002 un premio del Instituto de la Juventud con estas originales fotos que no son ninguna inocentada ;) ;)

fotos-gemelos-noemi-elias-criandomultiples.blogspot.com

La mayoría de las fotos profesionales que se hacen a gemelos parece un montaje en photoshop donde se ven dos personas iguales, pero el enfoque de Noemi es diferente. Ella busca basándose en la simetría, las pequeñas sutilezas, los péqueños detalles que hacen a los gemelos dos personas diferentes aunque a primera vista parezcan iguales. Y eso es algo que nos encanta ya que nosotras, madres de gemelos, sabemos que nuestros hijos no son una "unidad" sino dos personitas completamente diferentes que casualmente estuvieron juntos dentro de nuestras barrigas.


fotos-gemelos-noemi-elias-criandomultiples.blogspot.comfotos-gemelos-noemi-elias-criandomultiples.blogspot.com
fotos-gemelos-noemi-elias-criandomultiples.blogspot.com
fotos-gemelos-noemi-elias-criandomultiples.blogspot.com
fotos-gemelos-noemi-elias-criandomultiples.blogspot.com
Qué bonitas, ¿verdad? Pues esto es sólo la punta del iceberg de esta preciosa colección que puedes seguir disfrutando en http://www.flickr.com/photos/blancadoble/3736533882/in/set-72157621576289251/. Más información y más fotos: http://www.blancadoble.com/ y www.flickr.com/photos/blancadoble.

Noemí, muchas gracias por tu colaboración :)

27 de diciembre de 2010

La carga de la brigada nutricional. Por Carlos González

Éste es el epílogo del libro de Carlos González "Mi niño no me come". Libro del que recomiendo vivamente su lectura.



El sol brillaba en lo alto de un cielo sin nubes, y el aire traía aromas de hierba recién cortada cuando Edmundo Tavares decidió entrar en La Carpa Dorada, un restaurante agradable y no demasiado caro. Desde su mesa, Edmundo disfrutaba de una buena vista sobre el parque y los magnolios en flor. Buen observador de la naturaleza humana, prefirió, sin embargo, sentarse en un costado, dominando el interior del restaurante.

La clientela era tan variada como fascinante. Frente a él, un individuo obeso y sudoroso comía ruidosamente a dos carrillos, deteniéndose sólo para trasegar increíbles cantidades de vino barato. Durante unos segundos, Edmundo siguió como en un sueño los movimientos de su papada, una masa blanquecina y ondulante como dunas de finísima arena. No era, ciertamente, un espectáculo capaz de entretener a nadie durante mucho tiempo; y Edmundo pronto ignoró a su gordo compañero para fijarse en una joven muy delgada, casi espiritual, en la siguiente mesa. "Delgada, casi espiritual... vaya cursilada", se dijo. Cuántas veces había leí esta descripción en algún libro, y "espiritual" se asociaba en su mente con un matiz filosófico o religioso, acaso sobrenatural. Ahora, viendo a aquella chica pálida, perdida la mirada en sabe Dios qué extrañas reminiscencias frente a su plato de macarrones casi intacto, comprendió que "espiritual" tenía aquí un significado mucho más terreno, simplemente incorpóreo a base de no tener cuerpo, como en aquella broma de sus días escolares: "Estás más delgado que la radiografía de un suspiro".

En el centro del salón, junto a la carpa dorada que daba nombre al local, unos ejecutivos, perfectamente trajeados (aunque la mujer se distinguía por no llevar corbata), discutían acaloradamente sobre el despliegue de estadísticas y documentos que casi ocultaban los platos y los teléfonos móviles. Edmundo sonrió, pensando en los preciosos contratos manchados de tomate y grasa. Pero no, son profesionales, seguro que pueden leer un informe sobre una ensaladilla rusa sin el más mínimo accidente.

Más allá, en un discreto rincón, unos novios se miraban como tontos, con las manos entrelazadas sobre la mesa. Ahora se vuelven a entrelazar las manos sobre la mesa… ¡qué de vueltas da el mundo! ¿O es que su generación tenía pocas oportunidades para entrelazar nada en otros sitios? ¿Me estaré haciendo viejo?, pensó recordando otras mesas, otras manos.

No era fácil perderse en ensoñaciones, pues continuamente le volvían al mundo las risas y gritos de un ruidoso grupo de estudiantes, en una mesa situada a sus espaldas. Les miró de reojo, discretamente. Bromeaban, bulliciosos, despreocupados, sin respeto a las convenciones sociales ni temor al ridículo. Como siempre que contemplaba a un grupo de jóvenes, le pareció encontrar algún rostro conocido antes de desechar la ridícula idea: no, ellos también tendrán ahora 40 años.

Acababan de traerle la ensalada cuando un silencio denso y frío se extendió por el amplio comedor como las ondas en un estanque. Los temidos uniformes negros de la Policía Nutricional tomaban rápidamente posiciones. No los había visto llegar por el parque, sin duda habían entrado por la puerta de servicio. Eran media docena de agentes, bajo el mando de un teniente muy joven y atildado. Estos oficiales recién salidos de la academia, rígidamente ordenancistas y deseosos de justificar sus galones, eran siempre los peores. Sus mismos hombres estaban atemorizados. No dejarían pasar ni una.

Una agente de mediana edad se dirigió rápidamente a la mesa de los ejecutivos. No les había dado tiempo de guardar sus contratos e informes, que fueron bruscamente requisados. "En la mesa no se juega!" El más joven intentó esbozar una protesta, pero la mujer le contuvo con un gesto imperioso. Toda resistencia era inútil. Tal vez mostrando una total sumisión y comiendo sin rechistar les devolvieran los documentos después del postre

Las chanzas habían terminado en la mesa de los estudiantes. Una detención por malos comedores podría significar la deshonra de sus familias y la expulsión de la universidad. Comían muy derechos, llevándose rítmicamente a la boca el tenedor o la cuchara. ¿Estaban tal vez demasiado derechos: comían tal vez demasiado al unísono? Los brazos subían y bajaban con precisión coreográfica. El agente que les observaba tenía la vaga sospecha de que le tomaban el pelo, pero por más que se esforzaba no podía apreciar nada decididamente ilegal en su actitud, de modo que optó por darse la vuelta e ignorarlos. Varias personas en las mesas circundantes reprimían una sonrisa de aprobación: tal vez esta juventud vale más de lo que parece, después de todo.

Se oyeron gritos apenas velados provenientes de la cocina. En todos los restaurantes se apresuraban a hacer desaparecer cualquier resto de alimento por el desagüe; pero esta vez la inexperiencia de uno de los pinches había permitido a la PN descubrir un plato con media ración de canalones. Las leyes que impedían dejar comida en el plato eran implacables. El propietario se deshacía en explicaciones.

- Siempre he estado en regla, ustedes lo saben. El cliente se negó a acabárselos y se dio a la fuga, no pudimos evitarlo. Aún no hemos tenido tiempo de rellenar el impreso de denuncia, por eso precisamente hemos guardado el plato. Hay que hacerle la foto para el expediente. Pero estamos limpios, miren el cubo de los desperdicios, vac…

Con un gesto dramático, el propietario mostró el cubo, y las palabras murieron en sus labios. ¡Restos de estofado! El pinche nuevo había cometido otro error, y éste podía ser fatal. La sargento les taladraba con la mirada, exigía una explicación. Antes que los demás salieran de su parálisis, el pinche se adelantó, tembloroso:

Tuve que tirarlos, se me cayó un plato al suelo. Pero no se rompió.
¡La comida no se tira! – rugió el propietario -. Otro error y te despido.

Y luego, dirigiéndose obsequioso a la sargento.

Es nuevo, cada vez cuesta más encontrar personal bien preparado.

Pero no había dejado de observar, satisfecho, la rapidez del pinche para cubrir su propio error e inventar una excusa. En aquellos tiempos, siempre bajo la amenaza de ver el restaurante expropiado y puesto bajo el control directo de la PN, la astucia y la rapidez de reflejos eran cualidades valiosas.

Edmundo Tavares no perdía detalle de cuanto ocurría en el salón, sin dejar por ello ni un instante de prestar su atención aparentemente indivisa a la ensalada. Se felicitó por su elección: un plato ligero, pero que extrañamente siempre contaba con la aprovación de la PN. A los Nutricionales les fascinaba lo verde. Los dos tortolitos del rincón habían dejado de entrelazar sus manos de inmediato, pero no podían evitar mirarse embelesados de vez en cuando. La agente que tan severa había sido con los ejecutivos parecía inclinada a la condescendencia, pero una fría mirada de su teniente le recordó su deber. Se cuadró junto a la mesa y empezó a marcar el paso con voz chillona.

- ¡A comer y a callar! Cuchara al plato, cuchara la boca, uuuno, dooos, cuchara al plato, cuchara a la boca, uuuno, doooos.

El gordinflón sentado ante Edmundo estaba muy nervioso, y miraba a los policías con ávido disimulo. "Está intentando distinguir las insignias", comprendió de pronto. “Debe de ser algo miope”-

Los Nutricionales SS (Súper Sebo) exigían un peso superior a la media, y cuanto más alto mejor; pero estaban en pugna constante con los Nutricionales SA (Sólo Atléticos), para quienes el peso ideal estaba entre los percentiles 25 y 75. Como consecuencia de estas luchas internas del régimen, la vida de los individuos cuyo peso estaba por encima del percentil 75, o entre los percentiles 25 y 50, se había hecho muy dificil. No tanto, sin embargo, como la de los desgraciados que estaban por debajo del percentil 25; la mayoría de ellos habían conseguido exiliares antes del cierre total de las fronteras.

Esta vez se trataba de Nutricionales SS, y el obeso se tranquilizó en cuanto estuvo seguro. Es más, se atrevió a dar un paso siempre arriesgado.

- Camarero, esta pierna de cordero estaba excelente, ¿podría repetir?

El disgusto del camarero era evidente, pero no tenía elección. Con la PN SS en el local, la repetición estaba garantizada. El propietario, en persona, trajo sonriente la nueva ración. La venganza, sin embargo, era sutil: el plato estaba completamente lleno. El gordo palideció al verlo: esperaba sólo un poco más, pero aquello era excesivo. Y dejar algo que él mismo había pedido era el peor de los crímenes.

Demasiado tarde, el propietario se arrepintió de su treta. El intento de repetición, comprendió, no iba destinado a aprovecharse de la situación, sino sólo a buscar protección. Perseguidos por las SA, la única salvación de los obesos era tener buenos amigos en las SS. Súbitamente avergonzado, intentó ofrecerle una vía de escape:

- Lo lamento, señor, pero se nos ha acabado el flan con nata – musitó cordialmente-. Tendrá que pedir otro postre. Le sugiero un zumo de naranja.
- De acuerdo – respondió el obeso, y en sus ojos se leía el agradecimiento. Tal vez sí que podría acabarse la pierna de cordero. Se puso a ello.

El teniente estaba ahora junto a la pecera.

- ¿Por qué este pez no come?
- Acaba de comer – se excusó el propietario–, pero no importa.

Sacó algo seco de un paquete de comida para peces y lo echó al agua. La carpa se apresuró a devorarlo.

- Las carpas siempre tienen un rincón vacío. Por eso la elegí como enseña de mi establecimiento.

El teniente casi sonrió. “Fue una buena idea comprar la carpa”, pensó el propietario, esperando que el incidente del estofado en la basura fuese totalmente olvidado.

Pero la fría mirada del teniente se clavaba ya sobre la chica delgada. El silencio se hizo aún más ominoso. No sólo parecía estar por debajo del percentil 25 sino que el plato estaba todavía muy lleno, y comía con desesperante lentitud. Incluso a aquella distancia, Edmundo podía decir que la chica sudaba, y le parecía oír los latidos de su corazón.

Tras contemplarla durante unos segundos eternos, el teniente hizo un gesto a uno de los agentes, que se acercó decidido hacia la joven.

- Venga, coma un poco, si está bueno. Así, muuuy bien. Tiene usted que crecer, y poner un poco de carne en esos huesitos. Vamos, otra cucharadita, aaaasí., qué guapa se pone cuando come. ¿Está cansada, mi vida? Yo la ayudaré, traiga el tenedor. Mire el avión como viene brrrr brrrrrrr! El avión con macarroncitos para mi niña! Muy bien! Mire, un pajarito en la ventana, qué pajarito más lindo. Ve como abre el piquito? Muuuy bien, un poquito más. Ahora, este poquito poooooor la abuelita, y este otro poquito poooor papá... Venga, no vamos a dejar estos macarrones tan buenos. El cocinero se los ha hecho con muuuucho cariño. Así, muy bien, ya falta poco. ¿No quiere ir al cine esta tarde? Pues primero hay que acabarse la comidita para esta fueeeerte. Hay, qué rica ella, como come mi niña!

Lenta, penosamente, los macarrones fueron desapareciendo, y el agente de la PN rebañó la salsa con pan y se lo metió a la aterrorizada mujer en la boca. Y aún faltaba el bistec con patatas! Edmundo, como otros muchos clientes del restaurante, contenía la respiración. Era evidente que no conseguiría acabarse el segundo plato.

El camarero trajo la carne. Había puesto el bistec más pequeño posible, y la cantidad mínima de patatas, y dirigió a la joven una sonrisa de complicidad. Ésta apenas pudo esbozar una sonrisa de agradecimiento; la ración seguía estando muy por encima de sus posibilidades, y el camarero lo sabía. Pero no podía exponerse más; en varias ocasiones la PN había hecho pesar raciones sospechosamente pequeñas.

El agente cortó la carne en trocitos minúsculos y volvió a su inagotable cháchara. Pero cada cucharada era más penosa, y cada vez más palpable el terror de la una y la cólera del otro. Edmundo, como los otros clientes, intentaba concentrarse en su propio plato, en el rítmico ir y venir del tenedor. No ver, no oír, no pensar. Simplemente sobrevivir. Cuántas veces había soñado Edmundo con un gesto heroico, un arrebato de dignidad; levantarse y gritar: “Deje a esta señorita, déjela en paz” En vez de ello, tuvo que tragarse su propia cobardía y escuchar cómo el policía le decía a la mujer:

- ¿Ve este señor cómo come? ¡Él sí que se porta bien! ¡Vamos, tiene usted que ser grande, como este señor!

La joven, con la mirada perdida en el vacío, abría y cerraba mecánicamente la boca, mientras dos lágrimas resbalaban sobre unas mejillas que se hinchaban peligrosamente. “Hace tiempo que no traga”, pensó Edmundo. De pronto, un sonido estremecedor, mezcla de tos y náusea, la mujer dejó caer una bola de carne reseca y penosamente masticada.

- Teniente, está haciendo la bola!

El oficial se acercó decidido. Una sonora bofetada rompió el consternado silencio. Se acabó, pensó Edmundo, se acabaron los aviones y las palabras amables. No había piedad para los terroristas de la bola .Sabía lo que vendría a continuación: le harían tragarse la repugnante bola, y el resto de la carne. (...) La cebarían hasta hacerla vomitar, vomitaría encima del plato y le harían comer de nuevo su propio vómito. Edmundo cerró los ojos angustiado, inspiró lenta y profundamente, intentando no vomitar él también mientras escuchaba los gritos de terror de la joven:

- ¡No quiero más! ¡No quiero más! ¡No quiero más!

Edmundo se forzó a abrir los ojos. Oscuridad. Comprendió de pronto que todo había sido un sueño. "Que ridículo sueño", pensó, "Policía Nutricional, a quién puede ocurrírsele una cosa así?" y sin embargo, se notaba todavía sudoroso, agitado. Había parecido tan real. Sobre todo, aquel último grito.

- ¡No quiero más! ¡No quiero más!

¡Otra vez! ¡Lo estaba oyendo! El terror espeluznó su espina dorsal. Pero no, no era un sueño. Era su hija Vanesa, de dos años, que en la habitación vecina gritaba en sueños. Qué extraño, ¿es posible que hayamos tenido el mismo sueño? No, claro, debe estar despierta. Eso es, debe ser yo el que grité dormido, y ella lo repite para llamar la atención. ¡La muy...! Realmente, estos niños saben latín. Ya nos advirtió el doctor, cuando nos explicó como enseñarla a dormir, que intentaría todos los trucos para que fuéramos a su habitación por la noche. Pero no pienso ir, ya lo creo que no. Tiene que aprender a dormir sola, ya está bien de tomarle el pelo a la gente.

Por cierto, un día de estos tendríamos que consultarle al médico lo de la comida. Cada vez come menos, y encima ahora marranea. Algo habrá que hacer con esta niña.

26 de diciembre de 2010

El pecho materno: ¿cisterna o grifo? (2/2)

Antes de empezar, te recomendamos que leas la primera parte de este artículo: El pecho materno: ¿cisterna o grifo? (1)


¿Y por qué el modelo-cisterna, que es incorrecto, nos parece tan natural, y en cambio el modelo-grifo, que explica mejor la realidad, nos parece menos fiable? Bueno, cada un@ tendrá que buscar su propia respuesta. Yo formulo mi propia hipótesis que creo que se ajusta bastante bien a lo que pasa las primeras semanas de la vida del bebé, cuando estamos aprendiendo a conocer nuestro cuerpo y sus necesidades.

Tras el alumbramiento, se produce en el cuerpo de la madre una reacción poderosa de la naturaleza, su pecho, que ha completado su maduración, empieza a producir leche por sí mismo, sin necesidad de demanda. Esto es así porque el nuevo bebé puede estar en una situación delicada, no tener bastante fuerza para mamar, hay que compensar la inexperiencia de la madre, en pocas palabras: hay que asegurar la supervivencia.[1] .

En esos días y en las siguientes semanas, la mayoría de las madres experimentan la “plétora”, es decir, el pecho se nota tenso y duro, lleno de leche. Ya sabemos que sólo es una pequeña cantidad de leche, pero para un recién nacido, puede constituir una toma completa. En cuanto acaba esta toma, el pecho sigue segregando leche por su cuenta. Aún no se puede confiar en el bebé para esto,aunque, por supuesto, la demanda del bebé ayudará a aumentar la cantidad de leche segregada.
Las madres recientes se acostumbran a esta sucesión de plétoras y “vaciados”. Saben que si una toma se retrasa, se escapará una pequeña cantidad de leche de un seno que ya no la puede contener. Así, construye su modelo-cisterna, que de momento le sirve para interpretar lo que ve. Probablemente su equivocación no tenga mayores consecuencias que el considerar que, después de media hora, el bebé ya no está sacando leche y retirarlo del pecho. Normalmente no es una gran interferencia con la lactancia a demanda y lo más probable es que su lactancia prosiga sin grandes tropiezos.

Pero de pronto, entre unas pocas semanas y los tres meses, el modelo cisterna empieza a llevarnos a previsiones equivocadas. El pecho empieza a regular su producción. Esto es, deja de producir los excedentes del “por si acaso”. La madre poco a poco deja de sentir la plétora, que ya no cumple ninguna función, y sólo segrega leche mientras el bebé mama. Interpreta, erróneamente, que no tiene leche. Es la única explicación compatible con su modelo-cisterna. Si espera mucho rato entre dos tomas, sus glándulas, que guardan cierta memoria de las costumbres del bebé, empezarán a segregar leche y la madre notará una plétora más suave de lo habitual. Su interpretación, de nuevo equivocada, será que tarda más que antes en “llenar” el pecho y consigue “llenarlo” cada vez menos.

En este caso es mucho más recomendable renunciar al modelo-cisterna, cambiarlo por el modelo-grifo… y volver a pensar en los supuestos problemas de lactancia con esta nueva óptica. Así entenderemos mejor que no hay falta de leche y que no debemos sospechar que el bebé no está comiendo lo suficiente, a no ser que muestre signos indirectos de desnutrición [2], y no porque la madre tenga el pecho más o menos tenso.

Desgraciadamente, muchas madres dejan la lactancia en este punto, creyendo que el modelo cisterna es el correcto y que efectivamente se han quedado sin leche, algunas de ellas muy a su pesar. De este modo, hay un porcentaje muy elevado de madres que opinan que el modelo-cisterna es el correcto, y será a él al que recurra frecuentemente la sabiduría popular de las personas que rodean a una madre reciente. 

Si esa madre ha tenido sólo un bebé (lo cual no es poco), se enfrentará al fracaso de su modelo-cisterna a lo largo del segundo mes de vida de su bebé, cuando ya han pasado los nervios de los primeros días. Este margen le da tiempo a informarse o a acudir a reuniones de apoyo, que le darán la oportunidad de resolver sus dudas o problemas y de recuperar la confianza.

Pero si el parto ha sido múltiple, se suele recomendar iniciar la lactancia con cada bebé por separado, así que dos o más bebés succionan del pecho prácticamente las 24 horas del día. Es decir, es frecuente que la plétora pase desapercibida porque no suele llegar a transcurrir más de media hora entre tomas (Ver nota). Esto hace que una madre de múltiples se enfrente en los primeros días, no solo a la emoción de convertirse en madre, sino también al fracaso del modelo-cisterna, que puede haber asumido a través de la experiencia ajena o propia, ya que puede tener otros hijos mayores. Y no, no es fácil sacar tiempo para buscar información, ni para hacer una excursión a una reunión de lactancia.

Por eso es especialmente importante hacer llegar información fiable y objetiva sobre lactancia a las familias que esperan un nacimiento múltiple y tienen la intención de amamantar a sus bebés. Y es esencial que tanto la madre como los familiares que la rodearán en ese primer momento tengan una idea clara del funcionamiento de las glándulas mamarias. De este modo, en lugar de acrecentar la tensión manifestando sus dudas sobre la cantidad de leche “almacenada” en sus pechos, puede ayudarla a mantener la confianza en su capacidad para amantar a sus bebés.  Y entretener al que tenga que esperar su turno para mamar, que siempre se agradece.

Nota: Se da también el caso de madres de singletones que no sienten claramente la plétora (alrededor del 30%) [1] y de madres de múltiples que sí lo hacen (no conozco estadísticas oficiales al respecto, por lo tanto no me atrevo a dar el dato). En ninguno de los dos casos hay que sospechar por ello una patología. Sin embargo, no se ha incluido una discusión al respecto por no ser el caso más frecuente.

Referencias:

[1] La Liga de la Leche Internacional, El arte Femenino de Amamantar, Ed. Pax México, 2001 (ISBN 978-9688603550 )
[2] Juan José Lasarte (Trad.), Not enough milk, Division of Child Health and Development, Update N21, 1996.

Lecturas recomendadas:
Imagen: Sonia Casanova  

25 de diciembre de 2010

El pecho materno: ¿cisterna o grifo? (1/2)


La primera vez que nos vemos con un bebé en los brazos y nos lo acercamos al pecho, por debajo de la intensa emoción del momento, nuestra parte racional intenta entender los procesos fisiológicos que nos permiten obrar ese pequeño milagro que supone dar de mamar a un recién nacido. Nuestra cabeza busca un modelo conceptual que nos ayude a entender qué está pasando, físicamente, en nuestro seno. Y aunque estemos demasiado ocupad@s para darnos cuenta, ese modelo tiene una gran importancia porque, refinado con la experiencia posterior, será el que nos ayude a organizar la lactancia de las primeras semanas.

No es necesario que el modelo represente fielmente la realidad, nos basta con que nos ayude a entenderla de forma simplificada para poder elaborar fácilmente previsiones a corto plazo. Normalmente, este tipo de modelos se construyen basándonos en nuestra propia experiencia y estableciendo similitudes con objetos o situaciones cotidianas.

Cuando buscamos un modelo para entender el pecho, pensamos que es como un biberón, pero en versión natural, intentamos relacionarlo con otros órganos del cuerpo cuyo funcionamiento parezca lejanamente similar, como (y perdón por la comparación) la vejiga urinaria. Ésta es una cisterna capaz de albergar sustancias que llegan desde otra fuente, los riñones,  a los que podríamos llamar “productores” de estas sustancias. Los riñones funcionan lentamente durante todo el día y, de cuando en cuando, la vejiga está tan llena que hay que vaciarla. Si intentamos vaciarla más a menudo, no conseguiremos una producción mayor, sólo más fraccionada. Es decir, el funcionamiento de la vejiga se puede entender bien con un modelo-cisterna.

Sin embargo el modelo-cisterna aplicado a las glándulas mamarias está completamente equivocado, no explica el funcionamiento del pecho con claridad y, lo que es peor, nos puede llevar a previsiones equivocadas que desemboquen en un fracaso de la lactancia. El pecho no tiene vejiga, sólo unos pequeños alvéolos que no son capaces de almacenar más que una pequeña cantidad de leche. La mayor parte de la leche se segrega mientras el bebé está succionando. El bebé lo estimula  y el pecho responde a su demanda sobre la marcha. Si el bebé demanda mamar muy a menudo, el pecho producirá leche muy a menudo y en mayor cantidad que si espaciamos las tomas [1][2]. Por lo tanto, esperar mucho tiempo entre toma y toma con el objetivo de dejar que el pecho se "llene", no tiene sentido.

Se han hecho distintos intentos de medir la capacidad de almacenamiento del pecho, dando lugar a muy distintos resultados dependiendo de la madre, del bebé y hasta de la hora del día a la que se hacen las pruebas. Los resultados están entre los 80ml de capacidad y más de 500ml [3], lo cual es cuando menos sorprendente. En ocasiones, estas grandes diferencias son debidas a que se mide la cantidad de leche producida en un periodo corto de tiempo que, como veremos, no tiene necesariamente que estar almacenada en el pecho.

En cambio se puede evaluar qué porcentaje de cada toma estaba almacenada previamente en el pecho y cual se produce mientras el bebé está succionando. La leche almacenada es la que se eyecta al inicio de la toma, y es una leche algo aguada y pobre en grasas, destinada a calmar la sed. La leche más grasa que el bebé succiona a continuación es producida durante la toma, y no estaba previamente almacenada. Pues la proporción entre leche aguada y grasa suele ser del 30/70% [3].

Un bebé de pocos meses puede tomar, en cada toma, una cantidad de 100-150ml de leche (son cantidades aproximadas, ya que es muy variable de bebé a bebé, de toma a toma y cambia mucho a medida que el bebé crece). Esto quiere decir que el pecho sólo necesitaría almacenar como mucho unos 50ml, esto es como la leche necesaria para llenar un culín de un vaso (1/4 de un vaso normal). Esta cantidad, repartida entre los dos pechos, dificilmente es suficiente para explicar la tensión mamaria de las primeras semanas, cuando la producción aún no está regulada. Y cuando la lactancia está establecida, sabiendo la poca necesidad que tiene el pecho de almacenar leche, está plenamente justificado que se noten los senos blandos.

Y si sólo el 30% de la leche de cada toma se puede llegar a almacenar en el pecho,  el 70 %, que constituye la mayor parte de la leche de cada toma, especialmente la más alimenticia, está siendo producida mientras el bebé mama. Es decir, el pecho se parece muchísimo más a un grifo que a un depósito.
También podríamos haber escogido otro órgano del cuerpo para modelar el funcionamiento de nuestras glándulas mamarias. Por ejemplo, todos estamos familiarizados con el funcionamiento de las glándulas salivales (Ambas pertenecen al grupo de las glándulas exocrinas [4]). No se produce saliva todo el día, sólo en las comidas, que es cuando hace falta. Nadie duda de su capacidad de segregar la saliva siempre que la necesite. Simplemente confiamos en nuestra capacidad, al fin y al cabo, la experiencia nos la confirma ¿no? Nadie dice cosas como:

  •  Hace poco que comí, así que hasta dentro de un rato no tendré saliva otra vez
  • ¡Uf! Ya llevo media hora comiendo, voy a ir parando que ya no me puede quedar mucha saliva.

Y sin embargo estas son afirmaciones que a menudo oímos aplicadas a la secreción de leche y a veces nos parecen hasta razonables. Pero nos equivocamos, porque las glándulas mamarias tienen esta misma y maravillosa capacidad de funcionar como grifos y según las necesidades del momento, a demanda.

¿Y por qué el modelo-cisterna, que es incorrecto, nos parece tan natural, y en cambio el modelo-grifo, que explica mejor la realidad, nos parece menos fiable?  En la próxima entrada de esta serie intentaremos explicarlo.

Referencias:
[1] María Jesús Blázquez García, Anatomía y fisiología de la lactancia materna. En Apuntes de la asignatura Medicina Naturista, Universidad de Zaragoza. Coordinación, Prof. Pablo Sanz Peiró. 2003.
[2] La Liga de la Leche Internacional, El arte Femenino de Amamantar, Ed. Pax México, 2001 (ISBN 978-9688603550 )
[3] Ruth A. Lawrence, Robert M. Lawrence, Lactancia materna: una guía para la profesión médica, Ed. Elsevier España S.A.: Madrid, 2007 (ISBN 978-84-8174-985-4)
[4] Dee Unglaub Silverthorn, Fisiología Humana, un enfoque integrado, Ed. Médica Panamericana: Buenos Aires, 2009 ( ISBN  978-950-06-1982-0)


Lecturas recomendadas:

Imagen: Sonia Casanova 

Feliz Navidad :)


24 de diciembre de 2010

El origen de las palabras "mellizo" y "gemelo"

En castellano las palabras "mellizo" y "gemelo" han coexistido durante muchos siglos, como sinónimos; para referirse a las personas nacidas de un parto gemelar.

"Mellizo" procede del latín "gemellicium", a su vez derivado de "gemelus", palabra que dio origen al termino "gemelos". "Mellizos" y algunas otras formas derivadas de "gemellicium", como "melguizo", fueron la forma coloquial hasta que el en el siglo XVI, la palabra "gemelo" procedente del latín culto, se incorpora al castellano.



Hasta mediados del siglo XIX ambas palabras coexistieron como sinónimos. En esta epoca se descubrió que el origen de un embarazo gemelar puede ser debido a dos causas; un óvulo fecundado que se divide en dos (gemelos) o dos óvulos que son fecundados independientemente (mellizos) con lo que se empezó a hacer una distinción entre "mellizos" y "gemelos" en el lenguaje coloquial. 

Esta distinción ha sido recogida finalmente en la última (23ª) edicion del diccionario de la Real Academia de la Lengua. En esta edición se mantiene todavía la sinonimia de ambas palabras pero se da una segunda acepción donde se define, gemelo como "originado del mismo óvulo" y "mellizo" como " originado de distinto óvulo".".

Feliz Nochebuena :)

23 de diciembre de 2010

Cómo ayudar a una mamá de múltiples



Os recomiendo que difundáis estas líneas todo lo más que podáis, que las distribuyáis entre vuestros conocidos y a todas las personas que vendrán a visitaros cuando nazcan los bebés

  • Traer comida ya hecha
  • Cambiar a los bebés
  • Masajearle la espalda y/o los pies antes de que ella se ponga a dar el pecho
  • Llevarle un vaso de agua o un zumo de frutas
  • Atender a los bebés mientras ella duerme la siesta, se ducha o da un paseo
  • Si uno de los bebés pide teta durante la noche, llevárselo a la cama sin que ella se tenga que levantar
  • Escucharla si se siente cansada, desbordada o asustada
  • Abrazarla si necesita llorar
  • Hacer la colada
  • Hacer la compra
  • Preparar la comida y servírsela
  • Ayudarla a encontrar otra madre de múltiples con quien hablar
  • Limpiar la cocina, fregar los platos, sacar la basura, ordenar
  • Decirle que hace un gran trabajo con los niños
  • Cuando se le haga una visita, ayudarla a que se relaje y no esperar a que ella lleve la conversación
  • No darle consejos cuando se queja o se siente cansada
  • No minar su confianza con cuestiones del tipo "¿Estás segura de que tienes suficiente leche o "¿Todavía no duermen toda la noche?"
  • Mimar a la madre y ayudarla en las cosas de casa en lugar de mimar a los bebés
  • No desaparecer al cabo de varias semanas. La ayuda es necesaria al menos durante todo el primer año
  • En lugar de regalar los típicos pijamitas, ayudar a la familia a contratar a alguien para que eche una mano
Imagen extraída de Crece bebé

22 de diciembre de 2010

Especial prematuros (21 y último): María y sus gemelos

Antes de comenzar a leer esta entrada te recomendamos leer las otras entradas de este especial de prematuros. Las puedes encontrar fácilmente si buscas en la etiqueta "prematuros" en la parte derecha del blog. Gracias :)




Hoy cerramos este especial sobre prematuros en 21 capítulos que esperamos sea útil a los futuros multi-papis para enfrentarse, si llega el caso, a la prematuridad de una forma más positiva ya que estarán mejor informados y contarán con las experiencias de otros multi-papis de prematuros. También esperamos que sirva para aportar un granito de arena, aunque sea pequeñito, a la concienciación sobre la prematuridad. Todavía hay mucho que hacer para que los bebés que nacen antes de tiempo tengan unas condiciones lo mejor posibles fuera de las barrigas de sus mamas. Como dicen en la web de March of dimes "Nosotros necesitamos luchar porque los bebés no deberían hacerlo."

Nos gustaría poner la última perla al broche de oro con el que estamos cerrando este especial con una experiencia de una de las mamas de nuestro foro, María. María tuvo sus mellizos de forma prematura en la semana 34 y recorrió un largo camino dentro y fuera del hospital con sus prematuritos. Probablemente su parto prematuro se debió al estrés del trabajo ya que María todavía estaba trabajando en un ambiente con mucho estrés cuando el parto se desencadenó. María vive en Salamanca con su marido y sus gemelos y es periodista especializada en comunicación corporativa.

María, todos tuyos ;) ¡Muchas gracias por compartir con nosotros tu experiencia!

"Mis hijos, gemelos univitelinos, nacieron con apenas 34 semanas de gestación tras una rotura prematura de membranas, cosa bastante común en partos gemelares con una sola placenta. No hubo tiempo de administrarme corticoides, así que sus pulmones estaban bastante lejos de estar completamente formados. Ingresaron en Neonatos con distrés respiratorio y las complicaciones propias de su pequeño tamaño: apenas pesaban 1.800 gramos y medían 44 centímetros.

Neonatos es otro mundo. Físicamente aislado del resto del hospital por una puerta con contraseña, es el refugio de padres y madres preocupados, angustiados y esperanzados. Dentro de la unidad, cada uno tiene su función, cada cosa está medida y es muy importante conocerlo todo desde el primer día.

¿Qué pasó el primer día de la vida de mis hijos?
Ten en cuenta que tú, mamá, estarás recuperándote del parto, probablemente en la sala de reanimación, mientras a tus hijos se les están administrando los primeros cuidados. En estos casos, el papel del padre es fundamental. Mi marido se pasó las primeras 24 horas yendo y viniendo del paritorio (donde a mí me cosían tras la cesárea) a Neonatos, de Reanimación a Neonatos, de la habitación a Neonatos… para contarme lo que le iban diciendo los pediatras, calmándome y llorando conmigo, también. La pediatra nos visitó en la habitación para pedirnos la autorización para ponerle a uno de ellos surfactante para los pulmones. Nos contó que ambos hacían frecuentes apneas y estaban intubados y, por lo tanto, en la UVI. Tenían vías parenterales para la alimentación (uno en el resto del cordón umbilical, el otro, una vía central a través de un drum porque su estado era más grave, a pesar de ser el de mayor peso) y estaban pendientes de una ecografía cardiaca porque, al auscultarles, se escuchaba una arritmia bastante preocupante. Mi marido pudo verlos un par de veces. Yo no pude ir a Neonatos hasta pasadas 27 horas de su nacimiento.


El shock
Entrar por primera vez en Neonatos impresiona. Y mucho. Imagínate tu cóctel hormonal, el miedo que tienes por el estado de los peques, las máquinas, la preparación previa (bata, calzas, mascarilla y gorro de hospital, más un exhaustivo lavado de manos con jabón de quirófano que, al cabo de los días, te despelleja la piel), el resto de padres que hacen cola contigo a la puerta de la UVI… Te llevan ante sus incubadoras y ves por primera vez a esas pequeñas partes de ti, esas ratitas pelonas con los ojos tapados por unas gasas, un gorrito de muñeco, calcetines que les tapan hasta las ingles, un pañal por debajo de los sobacos… y cables, muchísimos cables. Se mueven con espasmos, intentan recuperar la postura fetal, se enredan con los pulsímetros… y no lloran. Lo intentan, pero no tienen fuerza. Uno de ellos deja de respirar y suena una alarma. El equipo se pone en marcha, te empujan, te apartan de la incubadora en la que ni siquiera has podido meter la mano para tocar a tu hijo… Empiezan a reanimarlo, primero con toquecitos, después levantándolo… Ves volar una jeringuilla con lo que sea, te tiemblan las piernas, te echas a llorar, gritas… y, a la vez, ves en la incubadora de al lado a su hermano, que se agita, sintiendo lo que le pasa a esa personita que, hace unas horas, le golpeaba en la barriga de mamá… Y empieza a respirar y ves el cielo abierto. Te quedan por delante varias reuniones: con el pediatra responsable de tus niños, con la coordinadora de Neonatos, incluso con las enfermeras… Te explican su papel en el cuidado de los peques, los horarios, nuestros derechos y obligaciones… y tú sólo piensas en quedarte con ellos, como sea, todo el tiempo del mundo, aunque sea acariciando esa caja de plástico que los mantiene aislados de un mundo que, para sus pequeños cuerpecitos, es hostil. 


El día a día
Tienes que prepararte para lo que viene. En esas primeras 24 horas, ya te han dicho que tus bebés deberán pasar unas cuantas semanas en la unidad. Tienes que asimilar que en ese momento debes delegar tu papel de madre/padre en unos extraños, que son los que tienen capacidad para mantener con vida a tus hijos. Y es así de crudo. Por mucho que los quieras, no puedes cuidarlos. Sólo hablarles, con un poco de suerte, incluso acariciarles (a nosotros nos llevó 7 días poder tocarles dentro de la incubadora; había que evitar cualquier circunstancia que los desestabilizara). Tienes que conocer cada aparato, cada alarma, cada indicio… Aprendes a distinguir la alarma de la sonda parenteral de la del pulsímetro, te haces experta en concentraciones de oxígeno en sangre, en temperaturas, en ritmos cardíacos… Te haces amiga de las enfermeras, de otros padres que pasan por lo mismo que tú (aún hoy, mantenemos el contacto, aunque esporádico, con algunos de los papás prematuros), conoces sus historias… Y ves situaciones complicadas con otros bebés, y rezas para que los tuyos se salven, para que no haya que visitar el quirófano, para que el oxígeno haya llegado al cerebro y no haya ningún signo de daño neuronal…

Cuando crees que todo está estable y las buenas noticias te llegan en cada visita, de repente, te llaman a casa. Uno de los peques ha hecho un neumotórax y hay que ponerle un tubito directo al exterior desde los pulmones. El daño puede ser mucho en un pulmón que aún se está expandiendo. Tu hijo puede que nunca pueda correr, que sólo andar le canse… Y vas a la UVI, y lo ves sedado, con ese tubo sumado a los tantos que aún tiene encima… y vuelves a llorar. Te haces la fuerte ante tu pareja, ante los abuelos…, pero por dentro estás rota. Aún pende sobre ellos la espada del daño cerebral, se ha descartado el ductus abierto en el corazón (una de las patologías más típicas de los prematuros, que obliga, en muchos casos, a operarles), pero aún les faltan unos días para que su ganancia de peso (apenas 30 gramos diarios) permita quitarles la vía parenteral para la alimentación y ponerles una sonda nasogástrica. 


Tú te vas a casa y dejas en el hospital tu corazón. Comes, duermes y vives pensando en los momentos en que vas a ver a tus hijos. Así, día tras día. Visita, reunión con el pediatra, charla con las enfermeras, a casa, al hospital, visita, resultados de una prueba médica, a casa, a dormir, al hospital… Eres un zombie con el único objetivo de tener a tus hijos en brazos.

Un día, cuando ya te has acostumbrado a tanto cable, llegas a la UVI y uno o dos han desaparecido. Hasta les han quitado las vendas de los ojos. Y la enfermera te dice que puedes tocarles, despacito, que pongas las manos sobre sus barrigas y los tapas enteros… y vuelves a llorar al notar por primera vez su calorcito, el latir desacompasado de su corazón, cómo se revuelven al sentirte cerca… Y empieza el baile para pasar de una incubadora a otra, lavándote las manos cada vez, para tocarles, para repartir equitativamente un tiempo que siempre es escaso… Después, se acaba la estancia en la UVI. Sale uno a cuidados medios (apenas una estantería para los equipos entre una unidad y otra). El otro se queda. Hemos dado un paso de gigante que, por la tarde, hay que desandar. El que sale a cuidados medios empeora, siente la falta de su hermano. Colocan la incubadora a su lado y ambos comienzan a estabilizarse de nuevo. No saldrán de la UVI si no es juntos.

Días después, cuando llegas a Neo no los ves en las incubadoras. ¡Están en cuidados medios! Han pasado a una cuna térmica abierta. Es una gran noticia: ¡¡por fin puedes cogerlos en brazos!!! Y, de repente, notas que ya no hay cables. Sólo el pulsímetro en el pie. No hay sonda nasogástrica. ¡Ya pueden comer! Y ves cómo una enfermera les da el biberón por primera vez (no me subió la leche) y te explica cómo tendrás que cogerlos, cómo hay que ordeñar el biberón, cómo estimular la deglución, cómo despertarlos para que no se adormilen con la tetina en la boca… Ves cómo se atragantan y cómo maniobran para evitar que la leche les llegue a los pulmones. Te enseñan cómo hacerlo, cómo averiguar si el bebé ha expulsado el aire por la posición de la lengua, cómo ayudarle a hacerlo, cómo calmarle el dolor de barriga, cómo darles masajes para estimular la circulación, el movimiento, el vínculo… Ahora, las enfermeras son tus doulas, tus guías por la maternidad. Se acerca el momento en que tu familia va a estar en casa y debes saber enfrentarte a un bebé prematuro sin ellas.

Un día, el pediatra te dice que en una semana tendrán el alta. ¡Te los llevas a casa! Recibes un curso intensivo y acelerado de cuidados, de reanimación cardiopulmonar, de resultados médicos, de protocolos a seguir en casa… mientras vas contando las horas para sacarles de Neonatos y empezar, de verdad, esta aventura. Vas a buscarlos ese día con su primera ropita, los cucos, los gorros… y uno de ellos empeora de repente. Te llevas sólo a uno a casa, con un sentimiento ambiguo. Felicidad y preocupación. Alegría y temor… Estás y no estás, ni en un sitio ni en otro. El día que ambos se reúnen en casa, en la misma cuna, das las gracias. Te vuelven a temblar las piernas. Ahora son tu responsabilidad, no hay nadie que te saque las castañas del fuego. Debes confiar en lo que has aprendido por mucho que tengas el teléfono de Neonatos. Y, seamos sinceros, algunas veces sientes que se han equivocado, que te los han dado muy pronto, que no estás preparada para cuidarlos… pero son tus hijos, están sanos, débiles pero sanos, y tienes que lanzarte a la maternidad de cabeza. Me llevo 24 días sentirme madre plenamente, pero ahora tengo todo el tiempo del mundo por delante para serlo."

Si tienes alguna pregunta, comentario, duda, etc...no dudes en contactar con nosotras en nuestro correo criarmultiples@gmail.com o dejarnos un comentario (que por cierto, nos hace una ilusión tremenda :)

Imagen gallina: Sonia Casanova

21 de diciembre de 2010

La lactancia segun Maitena

Una de nuestras foreras contaba que esta era la guía de lactancia que leía cuando en los momentos difíciles no había nadie a quien preguntar y todavía no conocía nuestro foro Criando Multiples. Espero que a vosotras también os sea útil o por lo menos os haga sonreir :) (pincha aquí para ver la imagen más grande).


Por cierto, que si tenéis alguna pregunta de multi-lactancia (o de cualquier otra multi-cosa) no dudéis en pasaros por nuestro foro o mandarnos un mensaje a nuestro correo criarmultiples@gmail.com. Estaremos encantadas de ayudaros :)

20 de diciembre de 2010

Especial prematuros (20): Entrevista con APREM (Escuelas de Padres)

Antes de comenzar a leer esta entrada te recomendamos leer las otras entradas de este especial de prematuros. Las puedes encontrar fácilmente si buscas en la etiqueta "prematuros" en la parte derecha del blog. Gracias :)



Buscando información sobre prematuros, nos topamos con las "Escuelas de Padres" que organiza la asociación de padres de prematuros APREM. Nos pareció una idea tan buena que queríamos compartirla con vosotros en este especial de prematuros, por lo que contactamos con APREM para recibir más información. Su presidenta y madre de prematura, Carmen Fernandez Etreros, accedió amablemente a concedernos una entrevista sobre este tema. Y bueno, como ya la teníamos “secuestrada” aprovechamos para preguntarle algunas cosas más. ¡Gracias Carmen!


APREM, Asociación de Padres de Niños Prematuros, es una asociación sin ánimo de lucro y de ámbito nacional fundada en 1999, cuyo objetivo principal es, por una parte, escuchar, apoyar e informar a las familias de niños prematuros y, por otra, transmitir esperanza, convencer de que no hay que desesperar nunca, que resulta mucho más útil tener confianza en que todo va a salir bien, aunque a veces no lo parezca.

"Carmen, nos podrías contar en qué consisten las “Escuelas de padres” que organiza APREM? Lo primero, agradeceros la posibilidad que nos ofrecéis para que se conozcan los problemas de los niños prematuros y sus familias. Durante los últimos dos años nos hemos dado cuenta por las consultas telefónicas y vía mail la necesidad de información de las madres y los padres de niños prematuros cuando se acerca el alta hospitalaria y cuando llegan a casa. Justo en ese momento surgió la oportunidad de participar en el proyecto de crear Escuelas de padres en tres hospitales madrileños: el hospital Universitario de la Paz, el hospital Universitario Puerta de Hierro y el Hospital de la Beata de Madrid. En los dos primeros junto con los profesionales de los hospitales, APREM informa y aconseja a los padres de niños prematuros hospitalizados en ambos centros de manera totalmente gratuita de problemas como la lactancia materna, el permiso de maternidad, la prevención de posibles enfermedades respiratorias cuando lleguen a casa, funcionamiento de atención temprana, direcciones útiles… En el Hospital de la Beata sin embargo se proyectó una Escuela de padres de niños prematuros a los que ya les han dado el alta. En todos los casos hemos tenido una gran acogida tanto por los padres como los profesionales de los hospitales y lo más importante es saber que las madres y los padres se sienten apoyados por otros padres que han pasado por su misma situación.

¿Cuáles son las actividades de APREM para que estas escuelas se extiendan a otros hospitales de España? Nosotros apoyamos y fomentamos la creación de otras Escuelas de Padres en todos los hospitales de España porque nos parece un punto de encuentro para los padres de prematuros. De hecho se están poniendo en contacto con nosotros padres de otros hospitales y grupos de enfermeras que quieren crearlas. Nosotros les apoyamos con nuestra experiencia, la información que necesiten y ayudamos a su creación y mantenimiento.

¿A parte de las escuelas de padres, que otras actividades tiene APREM? APREM mantiene actividades como el Servicio de Atención Padre a Padre en el que los padres pueden hablar con otros padres que hayan pasado por su misma situación y ofrecen su apoyo diario vía mail y telefónicamente a los padres y madres de prematuros. También difundimos la problemática de los prematuros en jornadas y seminarios y entre la opinión pública.

¿Cuáles son los principales problemas que se les presentan a los padres de prematuro cuando están en el hospital? ¿Se ven estos agravados para los padres múltiples? El nacimiento de un hijo prematuro hace que los padres-madres sientan desconcierto, desinformación y miedo. Por ello vimos necesario reivindicar los derechos de estos bebés, formar a los padres y brindarles todo el apoyo para afrontar una situación cada día más común en nuestra sociedad. En el caso de los padres múltiples esta preocupación se multiplica y nos encontramos con padres muy agobiados sobre todo cuando uno de los niños se queda ingresado en el hospital y se llevan al otro a casa.

Carmen Fernandez Etreros, Presidenta de APREM

¿Y cuándo están en casa? ¿Se ven estos problemas agravados para los padres de múltiples? En casa los padres tienen que adaptarse de nuevo y volver a establecer ese vínculo con sus hijos ya que puede que duerman o coman bien o mal, regurgiten , les molesten los ruidos … Además muchos de ellos tienen pautadas medicaciones y visitas a numerosos especialistas e incluso salen con oxígeno domiciliario en el caso de algunas broncodisplasias pulmonares. También tienen que proteger a sus hijos de las infecciones respiratorias, el VRS e intentar mantener un ambiente lejos de los virus lo que puede afectar a las visitas , a las salidas familiares a lugares concurridas, a evitar los centros comerciales…

Si tuvieras una varita mágica y pudieras cambiar lo que quisieras para mejorar la situación de los prematuros en España, ¿qué es lo que harías? Como somos unas hadas muy majas, tienes todos los deseos que necesites ;) Lo primero creo que sería intentar que los prematuros tuvieran un acceso más fácil a los tratamientos de atención temprana si los necesitan. Lo segundo un apoyo económico y social a los padres de estos niños ya que a veces es difícil la conciliación laboral con tantas visitas y hospitalizaciones. Lo tercero, y esto no lo digo yo sino el Informe EFCNI, promover la especialización de los profesionales sanitarios en neonatología, sobre todo de la enfermería."

Con motivo de la celebración del II Día Mundial de Concienciación sobre la Prematuridad el 17 de noviembre del 2010 y ante la carencia de una normativa específica de carácter estatal que regule la prevención de la prematuridad y la atención a los niños prematuros y demás niños de riesgo, todas las asociaciones de padres de prematuros de España, APREM, Prematura, Aprevas, Avaprem, ASPRECYL y Prematuros Sin Fronteras han firmado un manifiesto * en el que solicitan a los Gobiernos central y autonómicos la elaboración y puesta en marcha inmediata de un Plan integral de prevención y atención adaptado a las necesidades específicas de los menores de 0 a 6 años en situación de riesgo biológico, familiar o ambiental, con el fin de mejorar la atención que hoy en día reciben sus hijos e hijas y de evitar las consecuencias negativas para su salud y desarrollo a que puede conducir la falta de una normativa de carácter estatal. Carmen nos comenta “Es de justicia, como señala el punto 4 del manifiesto, que los cuidados que reciben los niños prematuros sean los mismos en cualquier punto del territorio nacional.El acceso a los recursos y servicios debe producirse en condiciones deuniversalidad, equidad e igualdad real de oportunidades”.

"Por último, ¿cuáles son los consejos que les darías a unos padres de múltiples que han tenido a sus bebés prematuros? Como a todos los padres de prematuros, que no se queden solos, que busquen ayuda, que pidan información a los profesionales cuando surjan dudas y problemas a lo largo de toda la evolución del prematuro en el hospital pero también en momentos como el alta o los problemas de escolarización, y que confíen en otros padres de prematuros y en las asociaciones de padres".

Muchísimas gracias, Carmen, por tu tiempo y por la labor que APREM y las otras Asociaciones de Padres de Niños prematuros están haciendo por mejorar las condiciones en las que estos pequeñines pasan sus primeras semanas de vida en España.

¡Pasado mañana, la última entrada de este especial!

* En el siguiente enlace puedes encontrar el manifiesto. Manifiesto firmado por todas las asociaciones de padres de prematuros de España, APREM, Prematura, Aprevas, Avaprem, ASPRECYL y Prematuros Sin Fronteras

Fotos y logo de APREM: http://www.aprem-e.org/
Imagen gallina: Sonia Casanova

19 de diciembre de 2010

Secretos para ganar batallas en la asignación de clases


Una gemela aconseja a los padres: mantenga a sus gemelos juntos en la escuela.

El director sonrió a cada gemela. Miró directamente a la madre y le dijo “nuestra política obliga a separar a los gemelos, para que puedan desarrollar su propia personalidad. Nosotros no les comparamos, les vemos como seres individuales.”

Silencio. Espera un minuto. Esto no está bien. ¿Por qué separar algo (personas) que están unidas desde antes de nacer? ¿Qué hay de malo en ello?

Te diré lo que está mal. ¡Todo! Está mal separar a los gemelos. Lo sé, lo digo por propia experiencia. Yo soy una de las gemelas incluídas en esa estadística. La otra era mi hermana Robin. Estábamos separadas en el colegio, desde infantil hasta el último curso.

Rebobinemos y volvamos a la primera declaración hecha por el director del colegio: “Separar a los gemelos para que puedan desarrollar su propia personalidad”. Dame un respiro. Los niños desarrollan su personalidad antes de los cinco años. Yo ya tenía mi propia personalidad, y lo mismo le pasaba a Robin. Robin era un poco marimacho, y a mí me encantaba jugar a disfrazarme y a poner posturitas. Y aunque nos gustaran cosas distintas, éramos las mejores amigas. Lamentablemente, dejamos de serlo, porque fuimos separadas en la escuela.

Durante la escuela primaria, estuve en una clase con niños de nuestro barrio (nuestro vecindario estaba lleno de niños de la escuela) Yo siempre tenía con quién jugar. Los vecinos llegaban a casa y preguntaban “¿puedo ir a jugar con la gemela de mi clase?”

Robin iba a una clase donde casi todos los niños eran de fuera de nuestro barrio. Iban al colegio en transporte escolar. En consecuencia, nunca se sintió cerca de los niños de nuestro barrio.  Mamá siempre estaba dispuesta a llevar a Robin a jugar a casa de sus amigos, conduciendo varios kilómetros para llegar a sus casas.

Me convertí en una “groupie”, con montones de amigos y cómoda con mucha gente. Robin se convirtió en una solitaria, habitualmente con un único mejor amigo y contenta si estaba sola o con su amigo.

Demos un vistazo a la segunda declaración del director: “No hacemos comparaciones con los gemelos”. ¡Muy bien!. Está en la naturaleza humana hacer comparaciones en estos casos. ¿Por qué? Porque la gente quiere saber cómo distinguirlos. Cuando se compara a dos gemelos, la gente ve parecidos y diferencias. Se dan cuenta de cómo mueven el pelo o de cómo giran la cabeza cuando sonríen. Durante nuestros años de escuela primaria, como Robin y yo nunca íbamos juntas, la gente no pudo identificar nuestros parecidos y nuestras diferencias. En consecuencia, durante todo el periodo escolar, fuimos conocidas como las gemelas, no como Robin y Richelle.

En la primavera del último curso, nos trasladamos de una gran ciudad a un pueblo pequeño. Era una nueva vida y teníamos interés por saber cómo sería una nueva escuela, una nueva casa, y era de esperar, unos nuevos amigos.

Dos gemelas idénticas fruncieron el ceño. Cada una a un lado de su padre. Una daba vueltas a un anillo que tenía en el dedo corazón. La otra se retorcía el pelo detrás de la oreja. Cuatro ojos azules miraban a su padre mientras éste matriculaba a sus hijas en el colegio. El director miró a nuestro padre y dijo: “Sus hijas tienen las mismas clases. No ponemos juntos a los gemelos. Es nuestra política separarlos”. Mi padre miró fijamente al director y dijo: “Soy un contribuyente y ésta es una escuela pública. ¿No? Mi esposa y yo tenemos una política en relación con nuestras hijas gemelas. Nuestras hijas irán juntas. Estarán en la misma clase”. ¡Sí! Fuimos juntas y eso nos salvó. Nuestros padres sabían que en este pequeño pueblo y en esta pequeña escuela, los niños ya se conocían entre sí y tenían un sentido de pertenencia. Sólo había dos maneras de “entrar” y de “pertenecer”: o haber nacido allí o ser conocido como un “fiestero” que bebe y se droga. No cumplíamos ninguno de los dos requisitos.

En nuestro primer día de colegio, los chicos nos tiraron piedras. Nos llamaron “Richie Bitchies” (algo así como “putillas richachonas”) porque vivíamos cerca del campo de golf. No nos teníamos más que la una a la otra, así que nos convertimos en las mejores amigas. Fuimos marginadas socialmente, pero éramos dos y formábamos nuestro propio grupo.

Finalmente, nuestra pandilla de dos creció hasta seis y después hasta doce y  nos hicimos adolescentes al cabo de tres años. Nuestro grupo admitía a “extranjeros” que no habían nacido en la ciudad y que no fumaban ni bebían.

Lo más sorprendente es que en nuestro grupo nunca nos llamaban “las gemelas”. Nos llamaban Robin y Richelle. Todos nuestros amigos nos distinguían perfectamente. Vieron nuestros parecidos y nuestras diferencias. Nos comparaban, y como nos comparaban, nos conocieron como seres individuales.

Ahora hacemos un avance rápido de treinta años. Mi hermana gemela y yo somos maestras de educación primaria en dos escuelas distintas, en dos estado distintos. Tenemos nuestra propia política que contamos apasionadamente a directores y padres: “Mantén juntos a los gemelos para que la gente pueda compararlos y aprendan a distinguirlos”.

En nuestras clases enseñamos a nuestros alumnos que comparar estudiantes es una lección de matemáticas estupenda. Recopilar datos de sus clases, ordenarlos y hacer gráficos con ellos para comparar la información. Comparar el color de ojos, altura, comida favorita, actividades etc. Cuando comparas estudiantes, las características individuales de cada uno de ellos (especialmente los gemelos) se ven claramente.

Este es mi mensaje para los padres de gemelos: “Mantén juntos a los gemelos en la escuela. Celebra esa relación única y especial. Sé el defensor de tus hij@s gemel@s. Los colegios a menudo intentan separar automáticamente a los gemelos sin preguntar a los padres lo que prefieren.

Mi hermana y yo somos defensoras acérrimas de mantener juntos a los gemelos. Debido a nuestras experiencias personales, tenemos un punto de vista diferente.

Un email del Twins Message Board: “Soy un gemelo y además tengo gemelos de ochos años. Mi madre nos separó a mi hermano y a mí desde primer curso, y eso me hizo más mal que bien. Recuerdo incluso a tan tierna edad cómo me preocupada por el bienestar de mi hermano. Siempre era un lío preocuparme por él, y no podía concentrarme en mis estudios. Creo que todo eso de “encontrar la propia identidad” de los gemelos es simplemente un remedio fácil para la gente que no está familiarizado con los gemelos. Separarlos les hace que puedan manejar la situación más fácilmente. A mis hijos gemelos los eduqué en casa hasta los ocho años. Afortunadamente, el director del colegio al que van es gemelo también, y respetó mis deseos de llevarlos juntos, no por que no puedan vivir el uno sin el otro, sino porque están mejor juntos. El mejor ejemplo para explicarlo es cuando vas con tu pareja a la cena de Navidad de su empresa y no conoces a nadie en la fiesta: no necesitas tenerle agarrado de la mano todo el rato, pero relaja bastante mirar y encontrarle en tu misma habitación.

De todos modos, creo que una madre conoce a sus gemelos mejor y debe ser la única que decida qué hacer. Si eres una madre de gemelos y no estás segura de si es mejor llevarlos juntos o separados, mira a ver si el colegio te echa una mano: si crees que debes separarlos, hazlo por unos días y mira si funciona. Si no parece que funcione, júntalos en la misma clase.”

Judy Anderson. Carolina del Norte.
Publicado en Publicado en Twins Magazine
Traducido por Marisol