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31 de octubre de 2012

Temperamento, caracter y personalidad

Se ha preguntado ¿Cómo se va formando la personalidad de nuestros hijos? ¿Los padres podemos influir para moldear su carácter? ¿Qué hace que nuestros hijos tengan diferente temperamento?





Sabemos por experiencia, que no existe en el mundo dos personas iguales, nuestra personalidad, temperamento y carácter difieren de una a otra persona, incluso, en el caso de hermanos que forman parte de una misma familia, que han compartido el mismo techo y han sido criados bajo los mismos parámetros y valores son radicalmente diferentes.  Se ha preguntado por qué.


Estos tres términos, temperamento, carácter y personalidad son confundidos constantemente como si fueran sinónimos, sin embargo el significado es diferente. El temperamento, está vinculado estrechamente a lo biológico, es decir a la carga genética heredada por nuestros padres y condicionará de cierto modo, la forma cómo reaccionamos al ambiente.   El carácter, por otro lado, es el conjunto de hábitos de comportamiento que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida, condicionados por el aprendizaje.  La combinación e intensidad de estos dos elementos forman nuestra personalidad, de allí que cada persona sea única e irrepetible.

Sin embargo, a pesar de la importancia que se le da a la carga genética en el comportamiento, el tipo de relaciones que un niño establezca en su entorno, será crucial en el desarrollo de su personalidad.  Esto quiere decir que su comportamiento está condicionado por el ambiente y que este pueda satisfacer sus necesidades primarias de pertenencia y seguridad.

En decir, los factores genéticos son importantes, pero no determinantes. Si bien, a pesar de los avances de la ciencia, hasta la fecha no podemos “elegir” el tipo de temperamento que quisiéramos que tenga nuestro hijo, sin embargo, sí podemos influir en su carácter ¿Cómo? pues realizando cambios en nosotros mismos y creando un ambiente saludable para que nuestro hijo pueda desarrollar al máximo sus potencialidades y pueda desarrollar una personalidad sana y estable.

Para ello, la clave está en el tipo de crianza que le brinde a su hijo, basada en el respeto mutuo, en la igualdad de trato y desarrollando un sentido de pertenencia e importancia, para lograrlo le recomendamos:
  • Evita etiquetarlos. La conducta no define la personalidad de tu hijo, por lo tanto NO ES “desobediente”, “desordenado” “angelito” etc.
  • Establece una relación cordial con sus hijos, donde puedan experimentar emociones positivas de manera mutua.
  • Trata tus hijos con dignidad y respeto. Sólo así se sentirán y se comportarán mejor.
  • Escúchalos. Tus hijos aprenderán cómo escuchar con empatía, poniéndose en los zapatos del otro, si es que le brindas el modelo adecuado para saber cómo hacerlo.
  • En vez de dar órdenes, haz preguntas que inviten a la reflexión ¿Qué piensas respecto a? ¿Cómo vas a solucionarlo? Etc.
  • Dale opciones limitadas, esto les dará la sensación de que no tienen que obedecer todo a rajatabla y están más dispuestos a colaborar.
  • Si quieres que tu hijo tenga una personalidad controlada, practica tu misma el autocontrol.
  • Involucra a tus hijos en las soluciones. Esto les dará ese ansiado sentido de pertenencia y los motivará a asumir sus responsabilidades.
  • Enséñales a expresar sus emociones de una manera asertiva sin perjudicar a los demás.
  • No te olvides darles el mensaje de amor a tus hijos. El algunas ocasiones, estamos tan metidos en nuestros problemas que nos olvidamos de recordarles a nuestros hijos cuánto los amamos.
  • Anímalos en lugar de darles recompensas, premio o elogios desmedidos. Animarlos los lleva a la autoconfianza, mientras que los elogios y recompensas los hace dependientes y adictos a la aprobación.
  • Abrázalos
  • Dedícales cantidad de tiempo y tiempo de calidad.
  • Por último, comprende el verdadero significado de la crianza y la disciplina. La disciplina no es sinónimo de castigo, la disciplina es educar, por lo tanto, evita castigar, pensado antes en sus consecuencias a largo plazo: resentimiento, revancha, revendía y retraimiento. Es eso lo que quieres?
En conclusión, las bases adecuadas para el desarrollo de una  personalidad  sana y porque no feliz, no solo depende de la carga genética con la que viene el ser humano, sino también de las personas que lo rodean, la calidad de interacciones y relaciones afectivas que éste establezca en los diferentes contextos donde interactúa, y en el caso de los niños específicamente, también depende del tipo de crianza que practiquen sus padres.

Gina Graham
Psicóloga – Psicoterapeuta de niños y adolescentes
Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator

Artículo escrito para la revista Mamagazine para la edición Diciembre 2011.

25 de octubre de 2012

Protocolo con múltiples (y 5)



NO

No prestes atención primero a los múltiples si están con otros hermanos.
No juzgues el comportamiento de los hermanos como grosero o descortés si parecen molestos. Se empático y comprensivo. Los hermanos de los múltiples lo tienen a veces difícil, y merecen reconocimiento y agradecimiento. Habla con ellos acerca de los contras de ser un gemelo, tales como tener que compartir todas cosas y ser comparados todo el tiempo


OBSERVACIÓN:
Pregunta a los hermanos sus nombres, edades y preferencias. Pregúntales acerca de sí mismos, y no por su relación con los múltiples. Si él / ella parece no parece estar dispuesto a contarle nada, simplemente reconoce de forma cortés que él / ella no tiene ganas de hablar. Entonces puedes girarte hacia los padres y los múltiples. Mantén estos consejos en mente. Los padres de los múltiples y los múltiples se sentirán agradecidos.

21 de octubre de 2012

Protocolo con múltiples (4)


NO

No asaltes a los padres cuando están con un niño solamente con preguntas del tipo:

  • ¿Dónde está el otro?
  • ¿Cómo puedes sacar a uno y dejar al otro solo?
  • ¿No os cargaréis su relación?
  • ¿No está triste sin su hermano?


OBSERVACIÓN:
Qué suerte que podáis pasar un tiempo a solas con cada niño. Me imagino que habrá que hacer encaje de bolillos para conseguirlo. Me parece admirable que lo tengáis en cuenta. Ambos tenéis que sentiros súper especiales con este rato a solas.

19 de octubre de 2012

Fomentar el gusto por la lectura. Seamos curiosos


No conocemos ninguna receta que funcione, ni en todos, ni en la mayoría de los casos. Lo que sí podemos hacer es comentar algunas cosas que pueden ayudarnos a crear el gusto por la lectura.

Para empezar, deberíamos favorecer en nuestros hijos que sean curiosos, muy curiosos, que pregunten, miren, observen, toquen. Se harán preguntas, buscarán respuestas, querrán conocer nuevas historias, lugares, buscarán y buscarán; y en la lectura podrán encontrar lo que buscan. Esto los ayudará a que disfruten leyendo.

Para que lean deben sentir la “necesidad” de hacerlo; tienen que sentir que puede ser agradable, gratificante, íntimo, divertido, emocionante.

Conseguir esto no es nada fácil. Hay que intentarlo, y podemos ayudarlos. Tenemos que tener cuidado y mucha paciencia. A veces fomentamos lo contrario, que nos dejen tranquilos, que no molesten, que se estén quietos.

La lectura no debe competir con nada; ni con la TV, el ordenador, los juegos, los amigos, la piscina,... Si la planteamos en rivalidad con todo lo anterior, será un error y un mal comienzo. La lectura perdería seguro.

Debemos buscarles el momento o los momentos favorables. Hay algunos en los que puede haber una cierta tranquilidad, y ésos son buenos para leer (antes de dormir, la siesta…).

Es importante ayudarles a encontrar lo que les pueda gustar, y seguro que les gustan muchas cosas. Una visita con ellos a cualquier Biblioteca o librería (por pequeñas que éstas sean) nos sorprenderá por la cantidad de publicaciones que podemos encontrar en formatos de lo más variados y que, por supuesto, son muy atractivos para ellos y, si nos paramos un poco, también para nosotros.

Tenemos que introducirlos en este universo fascinante. Pero tienen que ser ellos los protagonistas. Que ellos busquen, elijan, disfruten, experimenten, jueguen, coloreen e, incluso, que los rompan. Antes un libro roto que nuevo y sin usar.

Nosotros podemos facilitarles y favorecerles el acceso. Que lleguen a los libros, a las lecturas, en cualquier formato: libros, tebeos, revistas, periódicos, ordenadores, tablets.

En nuestras manos está, desde bien pequeños, abrirles el abanico de posibilidades: mostrarles cuentos, leérselos, contarles historias, escuchar grabaciones, inventarlos, que los vean en la televisión, en el ordenador.

Cuando son pequeños, establecen una relación mágica con los libros y las historias, a través de los contadores de cuentos (padres, abuelos, hermanos), el juego, los teatros, las marionetas….

Con frecuencia, esta relación se trunca a medida que van haciéndose mayores. Les decimos: “niño, niña, lee, lee” y la lectura la vamos convirtiendo en una tarea más del colegio, una obligación y, a menudo, hasta en un castigo. Ése no debería ser el camino.

¿Cómo ayudar a nuestros hijos a encontrar algo que les guste y que se animen a leer? Difícil tarea, pero debemos intentarlo.

No a todos nos gusta lo mismo, y menos mal, si no ¡qué aburridos! ¡todos lo mismo!

Nos gusta pensar que lo que tenemos que hacer es algo parecido a llevarlos con frecuencia, una vez a la semana o al mes, a una buena confitería-pastelería.

Imaginemos infinidad de pasteles, tartas, bombones, golosinas, caramelos... en unas vitrinas preciosas. Ahora tenemos que elegir. ¿Elegimos igual cuando somos niños, adolescentes, adultos, abuelos? Pues, radicalmente, no.

En primer lugar, no todos los pasteles nos gustan a todos por igual. Además, nos gustan pasteles diferentes para cada momento. Hay temporadas que tomamos siempre el mismo y otras veces, no volvemos ni a probarlos.

Tenemos tartas de cumpleaños que nos gustan si las disfrutamos en familia y con amigos. Pequeños pastelillos que probamos y dejamos enseguida; no nos gustan, a pesar de que nos atraían misteriosamente desde la primera vez que los vimos. Hay otros que no nos apetecía probar pero que ahora nos encantan. Otros nos gustaban muchísimo de niños y ahora no los encontramos tan maravillosos. Pequeños bombones para saborear en pareja o grandes merengues para divertirnos, que terminan en la cara de nuestro amigo del alma.

Con los libros, la lectura, igual.

Llevemos a nuestros hijos a las confiterías-librerías-bibliotecas. Encontrarán algunos que los probarán/leerán, otros ni se prueban ni se leen, pero que los tengan accesibles, que puedan llegar a ellos y, en un momento dado, probarlos/leerlos o no. O, al menos, que sepan dónde los pueden encontrar.

Las golosinas-pasteles-libros de hoy no tienen nada que ver con los de hace unos años. Muchas son diferentes, pero no por eso las dejamos de probar, saborear y apreciar.

Todo cambia, pero leer sigue siendo leer. Que lean lo que quieran, como quieran y donde quieran. Pero que lean. Unas lecturas irán abriendo camino a otras. Hasta donde ellos quieran.

A los mayores nos cuesta hacernos a los sabores nuevos, pero son los de nuestros hijos, así que aprendamos a disfrutarlos también nosotros, para así disfrutar con ellos.

Seamos curiosos. Si somos curiosos, ellos tienen muchas posibilidades de serlo.

A ser curiosos se aprende y es uno de los grandes motores de nuestra mente y del progreso.

Así que ánimo y adelante, que tenemos un largo camino que recorrer con nuestros hijos, que podemos llamarlo de todo menos aburrido.

Blog de la Biblioteca del CEIP de Olivenza: http://olivenzabibliotecacolegiopublico.blogspot.com/

Laboratorio de lectura de la FGSR: http://www.lecturalab.org/story/Cuentame-un-cuento_2051

Cuentos para ver y escuchar: http://www.ducotedesfilles.org/es/anims/flashrose.html

Blog sobre literatura infantil: http://biblioabrazo.wordpress.com/

Página interesante para todos: http://leer.es/

Autor: José Enrique García Romero. Maestro de Educación Primaria y encargado de la Biblioteca Escolar. CEIP “Francisco Ortiz López”. Olivenza (Badajoz).
Extraído de la web de FAMIPED

17 de octubre de 2012

Protocolo para múltiples (3)


NO

No hagas declaraciones idealizadas sobre lo que significa ser múltiple:

  • Deben ser los mejores amigos.
  • Nunca tendrán que preocuparse por estar solos.
  • Son compañeros del alma.
  • Probablemente no se peleen nunca.

En muchas ocasiones, ser múltiple es una bendición. Sin embargo los múltiples y sus familias están excesivamente influenciados por nuestra fascinación cultural por la gemelaridad. Si los gemelos crecen inmersos en este tipo de mitos sobre ellos mismos, pueden sentir que algo va mal si no sienten su relación interpersonal de esta manera mítica. Ayuda a tu familia y amigos a apreciar la relación entre los múltiples en lugar de idealizarla.


OBSERVACIÓN:
Es una suerte que se tengan el uno al otro. Y dejarlo en eso. Si deseas agregar algo más, di algo del tipo de que supones que, como en cualquier relación, todo tiene sus pros y sus contras.

15 de octubre de 2012

Tareas de la casa


Debemos enseñar a nuestros hijos que la colaboración en las tareas familiares ayuda y favorece a todos sus miembros. Como padres es importante que nos preocupemos de sus logros académicos, deportivos y sociales, pero igual de importante es la exigencia en la colaboración (no ayuda) de nuestros hijos en el hogar.

Es importarte enseñarles este aprendizaje desde pequeños; así, en la adolescencia, que es la etapa de la rebeldía, tendrán adquiridas estas rutinas y será más fácil que continúen ejecutándolas. Puede haber casos en que los padres no hayan enseñado a sus hijos la realización de tareas familiares; entonces, en la adolescencia, deberán hablar con ellos y razonarles por qué es importante su colaboración. Uno de estos argumentos es que es bueno para él y para los demás que ayude en la casa.

Lo primero que debemos hacer es descartar, desde el principio, la idea de que hacer tareas de la casa es “ayudar a mi madre”. Debemos enseñarles que no ayudan a la madre en esto, que ayudan a su madre cuando hacen algo que favorece exclusivamente a ella. Lo segundo hacerles ver que la “casa” es un ente más y que como tal necesita cuidados específicos y reglados por parte de todos. Cuando digan: –Es que yo ayudo a mi madre – les corregiremos y les diremos: –Esto lo haces por la casa, que es de todos y a todos nos favorece; no favorece a mamá, no es ayudar a mamá –.

Los adolescentes aprenden mucho realizando tareas cotidianas, desde el orden de la habitación hasta las tareas propias de limpieza, hacer la compra, cocinar, etc. Resultan tareas al principio complejas para ellos pero, con el tiempo y con el hacer continuo, se terminan dominando y automatizando, que es lo que hacemos los adultos.

En todo este proceso de aprendizaje se cometen muchos errores que, en la mayoría de las ocasiones, inquietan y molestan a los padres, sobre todo a la madre, porque nuestros hijos son lentos en la ejecución, porque realizan las tareas a medias, porque producen suciedad, porque nos hacen perder tiempo, porque pensamos que si lo hacemos nosotros quedará mejor, porque no confiamos en sus capacidades. Todos estos porqués son un error. Debemos dejarles tiempo para que lo hagan ellos; nunca debemos volver a hacer nosotros su tarea ya que lo que le estamos demostrando es que lo que ellos han hecho no ha servido para nada. Ellos deben aprender a hacerlo bien. Debemos descartar la idea de que hecho por nosotros queda mejor. Debemos dedicar tiempo a nuestros hijos, a enseñarles a hacer estas tareas pensando que lo harán bien, explicándoles cómo se hacen y confiando en su buena ejecución; con esto aprendemos a delegar responsabilidades. Los padres debemos tener paciencia, no criticar tanto lo que ellos hagan. Así aprenderán.

Otro de los errores que cometemos como padres en relación a las tareas de la casa es cuando nuestro hijo suspende. Entonces decimos: –Pobre, no puede con todo – y le “quitamos” sus tareas familiares para que dedique”todo” su tiempo a estudiar, y lo que conseguimos con esto es hacer un hijo caprichoso y consentido. Los adolescentes tienen capacidad suficiente para colaborar y estudiar.

Podemos pactar con nuestros hijos la colaboración en las tareas familiares. En este pacto participarán todos los miembros de la familia, responsabilizándose cada uno de lo que se asigne. El pacto se puede poner en un lugar común de la casa, como la cocina, y ahí quedarán registradas las responsabilidades de cada componente de la familia. Si los padres estamos detrás de nuestros hijos o les imponemos hacer una serie de cosas, entonces sólo estarán obedeciendo órdenes, sin ningún interés en colaborar. Por el contrario, si se pacta, ellos intentarán colaborar porque así nuestros hijos se darán cuenta que contamos con su apoyo. Cuando todos los miembros de una familia hacen cada uno las tareas asignadas, se consigue un mejor ambiente de convivencia.

Valga como ejemplo el planchado de su ropa. Debemos enseñarles que esta labor la realicen ellos. Actualmente nuestros adolescentes usan muchísima ropa. Esto es fácil si se deja claro como una norma familiar. Por supuesto, ningún adulto le planchará su ropa. Un buen momento para planchar es viendo la televisión. Ellos quieren ver programas y, en vez de estar tranquilamente en el sofá, se les exige que planchen.

La conclusión es que, cuando los padres hacemos todas estas tareas, estamos impidiendo que los hijos las hagan, estamos retrasando el desarrollo de sus capacidades, y la confianza en sí mismos disminuye, mientras que, si les enseñamos y tenemos paciencia, estaremos dándoles herramientas para el futuro, para ser personas más autónomas y responsables.

Gloria Pastor Blanco. Profesora de Secundaria. Colegio Nueva Castilla. Villa de Vallecas. Madrid.

Extraído del boletín FAMIPED.

13 de octubre de 2012

Protocolo para múltiples (2)


NO

No te sientas obligado a compartir tus sentimientos sobre la crianza de los gemelos

  • ¿Cómo los distinguís?
  • El doble de problemas, ¿verdad?
  • Menos mal que no me ha pasado a mí
  • ¿Cómo te las apañas?
  • Mis niños se llevan un año, y es lo mismo que tener gemelos.


Haz una observación del tipo:
Estás haciendo un trabajo increíble. Admiro tu capacidad de manejar dos bebés al mismo tiempo. Tienen suerte de tener un papá/una mamá tan paciente y amoroso.


9 de octubre de 2012

Protocolo para múltiples (1)


En cualquier reunión con padres de múltiples, siempre te cuentan el último comentario molesto, doloroso, indignante, increíble o maleducado que les han hecho, mientras el resto de padres de múltiples asienten en un murmullo de solidaridad. En vista de ello, hemos decidido crear un "protocolo" para no meter la pata cada vez que te encuentras con un carrito gemelar.

NO PREGUNTES

Éstas son algunas de las preguntas habituales, sin ningún orden:
  • ¿Cual es el mayor?
  • ¿Ésta es más tímida?
  • ¿Quién empezó antes a andar?
  • ¿Son naturales?
  • ¿Cuál es tu preferido?
  • ¿Por qué el pelirrojo es más hablador que la niña?
  • ¿Se peleaan mucho?
  • ¿Seguro que son idénticos?
Los padres de gemelos entienden que estas cuestiones y preguntas son intentos bienintencionados (la mayoría de las veces) de encontrar una manera de diferenciarlos. Prueba el siguiente enfoque y a ver qué pasa.

PREGUNTA 

  • ¿Cómo se llaman?
  • ¿Cómo puedo saber quién es quién?
  • ¿En qué se diferencian?
  • ¿Cómo es su forma de ser?
  • ¿Qué le gusta a cada uno?
  • ¿Cuáles son sus preferencias?

Háblame de cada uno de ellos. Haz tus propias observaciones acerca de cada gemelo del mismo modo que si hubiera un sólo bebé y hazlo dos veces.

El objetivo es ayudar a la familia, amigos y extraños a encontrar lo que es propio de cada gemelo y de su individualidad. Acercarse a los gemelos de esta manera ayuda a los padres a mitigar sus preocupaciones acerca de que sus hijos están siendo etiquetados y comparados. Agradecemos sinceramente los esfuerzos por relacionarse con nuestros hijos como dos personas distintas..

No hagas declaraciones comparativas ni etiquetes a los niños delante de ellos. Contrariamente al pensamiento popular, incluso los bebés entienden y comprenden todas esas cosas.

Los padres de gemelos muy parecidos pueden ayudar a las personas ajenas a identificar a cada gemelo vistiéndolos de diferentes colores, señalando cualquier signo distintivo o cortándoles el pelo de forma diferente.

7 de octubre de 2012

La crianza y el bienestar de la sociedad



“Hay que querer a los hijos incondicionalmente. Se trata de uno de los descubrimientos más recientes e impactantes de los mecanismos afectivos. La manera más expeditiva de poner remedio a tanto desgobierno sentimental y a la depredación afectiva consiste, precisamente, en aceptar de una vez por todas que sin amor incondicional no hay proceso de aprendizaje posible. No hace falta descubrir la pólvora y dar con la mezcla ideal de recompensa y castigo para el aprendizaje. Querer a los hijos incondicionalmente no significa querer todos sus actos, sino hacerles sentir que existe un lugar, su hogar, donde son amados y protegidos por lo que son intrínsecamente. Verá como todo empieza a funcionar de una manera distinta.”
¡Parece una obviedad pero no lo es!
No sólo no hay amor incondicional en los miles de padres que abusan de sus hijos, tampoco lo hay en los millones de padres pacíficos que amamos a veces más nuestra propia comodidad, la disciplina y ciertas normas sociales que a nuestros hijos. No hay amor incondicional en no darle de mamar amamantarlo con lactancia materna ni siquiera 1 día de vida y pedir voluntariamente la inyección/pastilla para cortar la leche, no hay amor incondicional en dejarle llorar en una cuna sin consolarlo, no hay amor incondicional en exigirles comportamientos de independencia impropios de su edad, no hay amor incondicional (ni comprensión sobre sus necesidades) en separarlos voluntariamente de sus padres largas horas en los primeros meses, etc.
¿Por qué creeis que San Agustín dijo: “dadme otras madres y cambiaré el mundo“? En la crianza con amor incondicional está el gran cambio de la Humanidad.
¡Que así sea!

Eduardo Punset

5 de octubre de 2012

Prevenir el estrés en los niños


Diez sugerencias para prevenir el estrés en los niños:
  1. Ponte frecuentemente en el lugar de tu hijo. Trata de ver las cosas desde su perspectiva. No le subestimes ni consideres que es "demasiado pequeño para padecer estrés". El mínimo cambio en su rutina puede crearle tensiones. 
  2. Aprende a interpretar los síntomas de estrés infantil. Una de las primeras señales puede ser el insomnio. Algunos niños los interiorizan en forma de dolores de estómago, migrañas o fatiga. Otros los manifiestan con tics como morderse las uñas o tirarse del pelo, o en forma de rabietas y ataques de agresividad. 
  3. No les programes en exceso, ni les contagies su ritmo acelerado de vida. Evita la sobrecarga de actividades tras la jornada escolar. Déjales todos los días tiempo libre para jugar, correr al aire libre o no hacer nada en particular. 
  4. Enséñales a relajarse. Practica con ellos yoga o compartid todos los días unos minutos de baile o de ejercicio físico. Aprovecha momentos como el baño para rebajar la tensión. Aprende a darles masajes ocasionalmente.
  5. No les reprimas por sistema; ayudales a expresar su frustración. En situaciones límite, permiteles que griten contra una almohada o que corran hasta que se cansen y remita la ansiedad.
  6. Procura no transmitir sus preocupaciones de adulto al niño y mucho menos descargar sobre ellos tu propia tensión. Los niños tienen siempre a sus padres como puntos de referencia, y es muy fácil que se contagien del estrés. 
  7. Habla con tus hijos. Aprovecha el momento de la cena para celebrar un cónclave familiar. Enseñales a exteriorizar sus sentimientos.
  8. Controla el tiempo que pasan delante de la televisión y de los ordenadores, que pueden provocar lo que se conoce como estrés visual. Estimula la interacción con otros niños.
  9. Vigila la dieta; en especial, la ingestión de azúcar. Nada de comida-basura, ni de bebidas refrescantes (con un alto contenido en cafeína).
  10. Cultiva la risa: el humor compartido es a veces la mejor de las terapias para aliviar las tensiones.
Carlos Fresneda

3 de octubre de 2012

Principios de la educación consciente


  1. Los padres conscientes satisfacen las necesidades de contacto físico de sus niños y saben que no los van "estropear" o a "malcriar" de esta manera. 
  2. Los padres conscientes aceptan toda la gama de emociones de sus hijos y los escuchan sin juzgarlos, permitiendo las expresiones de sus sentimientos. Se dan cuenta de que no pueden prevenir toda la tristeza, la rabia o la frustración de sus hijos, y no intentan parar las manifestaciones de sus sensaciones dolorosas, expresadas a través del llanto o las rabietas.
  3. Los padres conscientes ofrecen el estímulo apropiado en función de la edad de sus hijos, y confían en la habilidad de sus hijos para aprender a su manera y a su propio ritmo. No intentan apresurar a sus hijos rápidamente hacia nuevas etapas en su desarrollo.
  4. Los padres conscientes ofrecen motivación a sus hijos para que aprendan nuevas habilidades, pero no juzgan sus logros con críticas o "alabanzas evaluativas". 
  5. Los padres conscientes pasan tiempo todos los días con sus hijos, dándoles su completa atención. Durante este tiempo especial y cualitativo, observan, escuchan, responden, y participan en el juego de sus hijos (cuando son invitados), pero evitan dirigir sus actividades.
  6. Los padres conscientes protegen a sus hijos contra los peligros, pero no intentan prevenir todos los errores, problemas, o conflictos de sus hijos.
  7. Los padres conscientes animan a sus hijos a resolver sus problemas de forma autónoma y les ayudan solamente cuando están necesitados. No solucionan los problemas de sus hijos para su propia satisfacción.
  8. Los padres conscientes fijan fronteras y límites razonables, dirigen suavemente a sus hijos hacia comportamientos aceptables, y consideran las necesidades de todos cuando solucionan un conflicto. No controlan a sus hijos con sobornos, recompensas, amenazas, o castigo de ninguna clase.
  9. Los padres conscientes saben cuidar de sí mismos, y son honestos con sus propias necesidades y sentimientos. No se sacrifican hasta el punto volverse resentidos. 
  10. Los padres conscientes se esfuerzan en darse cuenta de las maneras en las cuales su propio dolor de la niñez interfiere con su capacidad para ser buenos padres, y hacen esfuerzos conscientes para evitar pasar sus propias desdichas a sus hijos.

Aletha Solter

1 de octubre de 2012

Educando a los hijos: cuando menos es más


Cuando pensamos en infancia, nos vienen a la cabeza los hijos de nuestra acomodada sociedad pero, dado el extenso mundo en que vivimos, cada vez aparecen más en los medios las imágenes de niños de países asiáticos, de países pobres al lado de nosotros en Europa, de países misérrimos en África…

Todos creemos conocer las diferencias entre niños de países ricos y pobres. Sabemos que cada pocos segundos muere un niño en el tercer mundo debido a la pobreza o a la guerra. Que muchísimos nacen o quedan enfermos, incapacitados, huérfanos, ciegos o sordos en regiones donde esto puede ser peor que la muerte. Que un excesivo porcentaje no puede aprender a leer y a escribir, que ser mujer allí es nacer ya con un gran handicap…

Pero es injusto hablar siempre de esos niños con pesimismo y, desde FAMIPED, sin caer en el maniqueísmo, queremos dar otra visión de esa infancia, recordar que tienen muchos valores a envidiar y, quizá, a imitar.

Esas sociedades se fundamentan, en general, en una familia sólida y amplia, sea el núcleo monoparental o no, y en su amor por los niños. Cuando la madre o el padre están enfermos o ausentes, el resto de la familia cuida a los pequeños, evitando que sufran soledad o carencias emocionales. Además, los niños respetan a sus mayores con veneración porque saben que de su experiencia viene la sabiduría.

Al carecer de recursos económicos, desarrollan la imaginación para juegos, teatros, mimos, dibujos o narraciones, y aprecian infinitamente los objetos, incluso los pequeños detalles materiales. Por otro lado, no dudan en compartir, quizá precisamente porque, al tener poco, compartir sea más fácil o, tal vez, porque aprecian recibir algo cuando no tienen de nada.

Viven la vida con naturalidad incluso en la desgracia; la aceptan como llega, sin culpar ni culparse. Son ingenuos, no dan vueltas y revueltas mentales a cada actuación.

Y los padres, dado que sus hijos no van a poder tocar la guitarra, aprender dibujo e ir a clase de refuerzo o de chino o de kárate, no se estresan; gozan (o se resignan) con serenidad, disfrutando sin más de las horas que, para nosotros, a veces, se convierten en una tortura.

Pero lo más importante es que los niños sonríen mucho y ríen a carcajadas fácilmente. A ellos, todavía no conscientes de las adversidades, se les ve felices.

Como hemos dicho, no es que los pediatras creamos que los padres en esas sociedades sean mejores. En absoluto. El ser humano es parecido en todas partes, ni mejor ni peor, pero se adapta a sus circunstancias. Lo que sí vemos es que nos hemos “desarrollado” materialmente demasiado rápido, con consecuencias desfavorables para nuestros hijos, y tal vez debiéramos frenar y retomar algunas de estas ideas educativas que hasta hace poco prevalecían en nuestro medio, baluarte de la educación en valores.

No parece normal que nuestros niños de tres años reciban en Navidad regalos de Papá Noel y Reyes por parte de abuelos, tíos y padres. O que, desde edades tempranas, tengan que llevar jersey de marca, ir al cine todos los fines de semana, con palomitas incluidas, o cambiar el teléfono cada 2 años.

Tampoco lo es que la crianza de un bebé nos resulte una carga de la que no podemos disfrutar porque, en vez de usar el instinto y el sentido común, queremos descargar la responsabilidad en otros, recibir instrucciones para cada movimiento, culpar a los demás si no sale todo como se preveía, y tener hijos perfectos, es decir con las características y cualidades idealizadas de lo que debe ser un hijo.

Sería interesante copiar algunos de los aspectos de estos países: aceptar con más naturalidad las carencias o diferencias de cualquier tipo de nuestros hijos, promocionar su estabilidad emocional por encima de la académica, el desarrollo de su creatividad y de su espiritualidad y, desde luego, disfrutar de ellos, con ellos; reírse, hacerles caso aunque tengamos “cosas pendientes”; compartir TIEMPO, si no lo hacíamos, y gozar de lo no material.

Seguramente, cuando sean mayores, recordarán mucho más los columpios, el paseo o la partida de parchís con ellos que la última generación de la play o la clase de piano a la que su padre se empeñó en que asistiera, sin tener en cuenta sus aptitudes y preferencias.

Fuente: Boletín FAMIPED