3 de marzo de 2012

La Importancia de la Reciprocidad en el Vínculo

Casi desde que Natalia abrió su fantástico blog http://reflexionesmadrepsicologa.blogspot.com, se ha convertido en una de mis lecturas favoritas. Un blog de una madre de trillizos, por supuesto madre de trillizos, pero ante todo madre, que os hara pensar, cavilar, sonreir y llorar, vamos como la vida misma. Os lo recomiendo encarecidamente.

Natalia ha sido tan amable de permitirnos reproducir algunos de sus post en nuestro blog. Gracias Natalia :)

Este post me gusta especialmente y queria compartirlo con vosotros.


La Importancia de la Reciprocidad en el Vínculo

Cuando se habla de apego siempre se habla de un vínculo. Es algo que ocurre entre dos, algo recíproco. El bebé busca a la madre y ella está disponible para que su hijo encuentre en ella lo que el hijo requiere y así poder satisfacer sus necesidades.

Sin embargo, a pesar que se entiende que hay dos seres activos en esta relación, casi siempre aparece la mamá como la que entrega y el hijo el que recibe invariablemente. Y claro, el niño es frágil, necesita protección, contención, alimentos y cuidados básicos. Sin embargo, a veces nos olvidamos de lo importante que es aprender a recibir lo que nuestros niños quieren entregarnos.

Muchas veces estamos tan ocupados de cuidar que pasamos por alto pequeños gestos de retribución, de "protección" o de entrega que nuestros hijos tienen para con nosotros. Quién no ha vivido la preciosa experiencia de ver llegar a su hijito con una pequeñísima flor que ha cortado por ahí y que es "para la mamá", quién no ha recibido un dibujito, una caricia, una sonrisa, un ruidito como un pequeño-gran regalo que nuestro niño nos hace.

Algunas madres reciben estos regalos con algo de indiferencia. Se empeñan en creer que el vínculo seguro consiste exclusivamente en hacer sentir protegido al hijo. Y olvidan que parte de amarlo es hacerle sentir que él también es capaz de entregar y que lo que regala vale muchísimo simplemente porque proviene de su amor y de su esfuerzo.

Personalmente me gusta que mi madre reciba con alegría los regalos que le hago. No me haría sentir bien que dijera, como otras mamás lo hacen, que no era necesario, que para qué gasté mi dinero en ella, que ella no necesita nada mío. No. Amar es saber recibir tambien, y aunque parezca extraño, a veces es mucho más difícil recibir que entregar amor a nuestros retoños.

Toda esta reflexión viene a causa del día tormentoso que tuvimos ayer. Finalmente, logré apaciguar un poco los ánimos cuando encontré unas telas y unos óleos y puse a mis hijos a pintar "cuadros" para regalar en Navidad. Luego busqué papel de regalo, cintas, tijeras y todo lo necesario para que ellos mismos envolvieran los regalos que ya habían puesto a secar al sol.

Ver las caritas de tres niños pequeños planeando a quién dedicarán una pintura, cómo la envolverán e imaginando la expresión de sorpresa del destinatario es una experiencia conmovedora. Ellos no necesitan recibir y recibir regalos y llenar la casa de juguetes el día más mágico del año. Requieren sentir que participan de una dinámica en la que todos nos hacemos un poco más felices los unos a los otros y nos entregamos regalos mutuamente porque dentro del papel viene envuelto un puñado de amor.

Me gusta ser consciente de esto. Me gusta saber que uno de los regalo que recibirán mis niños este año será verme colgar orgullosa los cuadros que pintaron con sus propias manos en alguna de las paredes de mi pieza. En eso consiste un vínculo sano. Quiero que sepan que lo que ellos hacen por los demás tiene un valor incalculable.

Texto y foto: http://reflexionesmadrepsicologa.blogspot.com/2011/12/la-importancia-de-la-reciprocidad-en-el.html




1 de marzo de 2012

El verdadero papel del juego


El sistema tradicional de educación siempre está preocupado por ser científico, y no sólo científico en general, sino por parecerse a una ciencia exacta. Algún oscuro complejo de inferioridad debe haber atrás de esa errónea pretensión. “Ser científico” da un respaldo que nos vuelve inobjetables: no estamos en el continuamente cambiante terreno de la experiencia humana, sino en el de la ciencia con todo el aura de poder que da el “conocimiento objetivo”. De esa manera nuestro discurso, al estar respaldado por datos científicos, se vuelve tan cierto como la distancia de la luna al sol o el punto de ebullición del agua.

Así se gastan enormes cantidades de tiempo y energía en hacer métodos y planificaciones que, las más de las veces, se quedan en el intento de atrapar la realidad. Eso que tendría que ser una ayuda para ordenar la tarea, facilitarla, se vuelve un elemento más que hay que atender; no hay que seguir el tiempo del grupo sino el del programa.

Pero no queda sólo ahí: cualquier cosa que se intente hacer con los niños tiene que estar justificada “científicamente” y en relación al programa. Es entonces que aparecen libros de recreación con indicaciones tales como: “Este juego desarrolla la memoria y la atención”, “Este juego desarrolla la coordinación psicomotriz”, “…desarrolla la coordinación en el espacio”, “…el sentido de equipo”. Como si fuéramos máquinas con botones o engranajes que necesitan tal ajuste, tanto de aceite.

De la misma manera que a los cuentos se los utilizó como vehículos de mensajes morales, a los juegos se los usa con objetivos pedagógicos. Lo repetiremos: las lecciones disfrazadas de juego son una trampa que el niño siempre reconoce. Claro que los juegos enseñan, pero es imposible traducir a palabras todo lo que ocurre en un juego, como es difícil buscar el “mensaje” de un cuento y traducirlo a palabras. Cuanto mejor es el cuento esto es más imposible.

He encontrado libros con excelente material, pero que tenían una lista que aclaraba qué desarrollaba cada juego: astucia, rapidez, agilidad, imaginación, ritmo, concentración, reflejos, gusto por el riesgo, etc. De poco sirve un material bueno si está en función de una idea equivocada. Es un error grave ver al niño como un montón de facultades a desarrollar (memoria, sensorialidad, músculos, etc.).

Debemos hacernos dos preguntas:
  • ¿Cuál es la mentalidad que busca la justificación de un juego en el desarrollo de potencialidades (memoria, atención, etc.)?
  • ¿Qué visión del hombre es la que, aun si darnos cuenta, estamos utilizando y desarrollando? (¿Una concepción mecanicista? ¿El hombre como una máquina de producir?)
Éste es un aspecto clave para debatir, al menos para que cada uno tenga en claro al servicio de qué idea está poniendo sus esfuerzos. Sólo una sociedad enferma como la nuestra necesita una justificación para permitir el juego.

En el otro extremo están quienes utilizan los juegos como elementos de mero entretenimiento, de distracción, para calmar a los niños cuando el grupo está muy excitado. Hacer esto es como utilizar un piano para sostener libros o una guitarra para leña; se puede, pero nos estamos perdiendo lo mejor.

Un juego es una totalidad muy compleja que apunta a una infinidad de aspectos. No es una herramienta de adiestramiento. Se parece más a una obra de arte: nadie ve un cuadro para desarrollar su sensibilidad al amarillo. Podríamos decir que un juego es como una obra de arte (en la mayoría de los casos: anónima y colectiva) que sólo existe cuando se la practica y para quienes la practican, no para los que miran de afuera.

Los juegos son importantes porque enseñan alegría, porque nos arrancan de nuestra pasividad y nos colocan en situación de compartir con otros. Así como la danza nos cuenta de algo que sólo con danza se puede contar, los juegos enseñan algo que sólo los juegos enseñan y que no se traduce en palabras. Brindan un buen clima de encuentro, una actitud distendida, nos revelan torpezas de un modo que no nos duele descubrirlas, cambian los roles fijos en un grupo, son otra manera de incorporar una sana y necesaria picardía, despiertan, “desactivan la bomba”. Por sobre todo, y esto corre el riesgo de sonar a telenovela barata, son un constante mensaje de vitalidad que se graba en quienes los realizan, aportan una especie de combustible vital básico.

Al igual que el carnaval nos invitan a que nos olvidemos de nuestra propia cara, de nuestra manera habitual de ser y nos pongamos otras máscaras, otros roles. Quizás veamos que en nosotros también hay otros y que esos juegos los despiertan e invitan a salir y revelarse. Obtendremos, por un momento, aquello que tanto anhelaba Borges: el alivio que da dejar de ser nosotros mismos.

Como señala Jean Duvignaud, lo valioso de los juegos es que rompen el orden establecido y nos colocan en una zona, en un “caos”, que está más allá de toda preocupación de eficacia, de finalidad, de utilidad. Zona de “caos” que está cargada de intensa vitalidad y de frescura.
La justificación de los juegos radica en su misma intensidad, en cierta fascinación perturbadora que producen, en su vértigo.

Una actividad lúdica bien utilizada es una poderosa herramienta de cambio.

Los juegos son herramientas de la alegría, y la alegría además de valer en sí misma es una herramienta de la libertad.

Por Luis M. Pescetti

28 de febrero de 2012

Los castigos ¿estrategia educativa aceptable?

Castigos http://criandomultiples.blogspot.com mellizos trillizos gemelos


Al desarrollar el tema de las normas y los límites en educación, después de describir el proceso lógico de establecer y aplicar normas, hemos empezado a reflexionar sobre nuestras reacciones ante las transgresiones de las normas. Una de las actuaciones más serias o formales son los castigos.

¿Se puede o debe castigar?

Muchas veces en la vida familiar, cuando las advertencias y censuras serias no funcionan, los padres se preguntan ¿es aconsejable reforzar la autoridad con alguna sanción?, ¿son eficaces y educativos los castigos?

Un castigo parece como una multa compensatorio por una conducta que se considera inadecuada o perjudicial. Después de una censura (esto que has hecho está mal, eres responsable de esto, etc.) cuando se juzga que tales valoraciones negativas no son suficientes, aparece la aplicación de penas, unas veces para reparar el daño hecho y otras veces simplemente como una pena o refuerzo negativo “para que aprenda” y recuerde que aquello no se debe hacer (el castigo como justicia vindicativa).

No decimos un “no” absoluto a las sanciones. Pensamos que hay momentos en los que, con ciertas condiciones, pueden e incluso deben aplicarse sanciones. En principio parece positivo reparar el daño hecho y esta reparación lleva un esfuerzo y un tiempo que en sí mismo constituyen una sanción. Por otra parte las conductas negativas tienen una repercusión social, un mal ejemplo en los demás y cuando se repiten no bastaría la advertencia y la censura; ¿será entonces conveniente algún tipo de limitación o recorte de privilegios o ventajas?

El castigo, ¿es necesario?

En una ocasión un experimentador en psicología pidió a 35 niños que participaran en un juego en el que iban a ganar muchos premios. El truco del experimento consistía en que falsificando las puntuaciones y siendo deshonestos podían conseguir los premios. El experimentador predijo correctamente que los niños que habían recibido una advertencia moderada serían los que menos falsificarían las puntuaciones, mientras que los que habían recibido la advertencia más enérgica serían los más tramposos.

Con otros muchos experimentos semejantes se puede deducir que utilizar un incentivo poderoso para impedir o detener una acción aumenta el deseo de continuarla. En cambio, una amenaza moderada (pérdida de algún pequeño premio) se traduce en una menor motivación para ser deshonestos y hacer trampas. Y de aquí podríamos deducir un importante principio: utilicemos la menor autoridad vindicativa posible y utilicemos la mayor habilidad a la hora de mandar y prevenir.

Dicen que los buenos educadores no necesitan castigar, y es muy posible que sea así. Conocemos por experiencia padres y profesores que manejan tan brillantemente la motivación positiva, la alabanza o la censura, que nunca o casi nunca tienen que recurrir al castigo.

Se ha verificado que los profesores que apenas castigan es porque mandan poco y bien, son oportunos, no se les ocurre corno a otros dar normas en el momento de salir de clase, etc., saben distinguir entre lo que es importante y lo que es secundario. Son personas que tienen una intuición especial y establecen tal relación con los niños y los adolescentes que no necesitan acudir al castigo.

Pero esto no se puede generalizar ni se puede evitar que en un grupo más o menos numeroso de niños/adolescentes no existan sujetos agresivos y/o desequilibrados que desafíen inconsideradamente el buen hacer del educador. En todo caso vemos que la mayor parte de los padres y educadores necesitan a veces acudir al castigo como un apoyo a su estrategia educativa. Por eso no es siempre ver- dad la cuestión: el castigo, ¿no es más bien un fracaso del educador?

¿El castigo sirve para educar?

Muchos creen, y hay razones importantes para ello, que el castigo no sirve para educar. Aunque tenga una eficacia momentánea, no parece servir para mejorar a la persona, no la cambia interiormente. Pero en la práctica de muchos educadores, se recurre al castigo porque determinados actos no se pueden consentir, aunque saben que no se produce a corto plazo un cambio de actitudes.

En verdad, la utilización del castigo tiene una serie de desventajas:

Suele provocar sentimientos negativos entre el castigado y el educador o el padre, lo que pone en peligro la con- fianza y la buena relación. El niño/adolescente de alguna manera castiga a su vez al educador con la falta de comunicación. Parece que el castigo produce una rebelión interior que dificulta a la persona castigada ponerse en situación de buena voluntad; de alguna manera se retira de una situación de aprendizaje positivo.

Por otra parte el castigo favorece el engaño y la mentira. Para evitar nuevos castigos o limitaciones, o incluso por el temor a recibirlos por primera vez, el niño/adolescente disimulará, engañará, acudirá a la mentira (lo que contrasta con la ingenuidad de la mayor parte de los padres que sigue creyendo, por ejemplo, que mi hijo nunca miente).

Normalmente el castigo sólo tiene un efecto temporal y transitorio sobre la conducta. Difícilmente logra erradicar duraderamente una conducta negativa. Un intento de cambio personal basado en el castigo requeriría un uso continuado del mismo, con enorme vigilancia y energía; y aún así el educador se cansaría de castigar antes de lograr el objetivo propuesto.

En niños muy sensibles e inseguros ciertas formas de castigo, especialmente físico, les perjudica pues puede crearles inseguridad afectiva y temor a la persona de quien reciben el castigo.

A pesar de estas desventajas, muchos educadores piensan que el castigo es a veces necesario:

Porque hay actitudes que no se pueden tolerar, y cuando se repiten de un modo insolente, el castigo es la única manera de dar a entender que aquello es importante;

Sirve de ejemplaridad para los otros niños/adolescentes miembros de la comunidad familiar o escolar del que ha tenido la conducta intolerable;

Aunque el castigo no tenga eficacia duradera, al menos sirve de eficacia momentánea y temporal; a veces es necesario y urgente “parar los pies” al que se porta mal.

¿Cómo puede resultar educativo un castigo?
Siendo esto así, y viéndose obligados los educadores a administrar ciertas sanciones, les interesa saber cuál es el modo de proceder más óptimo de modo que un castigo no se interfiera sino que ayude al proceso de madurez.

En primer lugar, no hay que aplicar el castigo a palo seco. El castigo es un lenguaje de los hechos, muy duro y ambiguo, que levanta reacciones negativas y se interpreta mal; y por lo mismo produce terquedad que impide cambiar los comportamientos. El castigo se ha de acompañar de otra acción de contacto personal afectivo y orientador. Poniéndose en contacto con la persona, se le hace caer en la cuenta de lo que ha hecho, se buscan las causas, se escuchan las justificaciones, se ayuda a aceptar el castigo como consecuencia de sus actos. En realidad se está practicando aquel principio de odiar al pecado y no al pecador.

Asimismo es importante animarle a dar pequeños pasos asequibles de mejora personal, familiar, escolar, etc., lo cual está transmitiendo que seguimos confiando en él, creemos en él, tenemos una expectativa positiva.

Sabemos que las personas no mejoran hasta que ellas deciden cambiar de actitud (el hijo pródigo del Evangelio no cambió hasta que se dijo a sí mismo después de reflexionar, me levantaré y volveré hacia mi padre). Por eso es necesaria una acción de contacto personal para ayudar a reflexionar al educando, y ayudarle a cicatrizar el odio natural que engendra el castigo.

En segundo lugar, el castigo debería cumplir una serie de condiciones para que no agravar la situación y permitir actuaciones regeneradoras. ¿Cuáles serían estas condiciones?

El castigo no debe ser humillante. En la manera de aplicarlo, debemos salvar la autoestima personal. Recordemos el principio de elogiar en público, censurar en privado. Y el contenido del mismo castigo no debe consistir en acciones degradantes para el niño/adolescente, sobre todo ante sus hermanos o compañeros.

El castigo no sólo debe ser proporcionado a la falta sino que hay que tener en cuenta la edad, el grado de madurez y la personalidad del castigado. Es decir, hay que evaluar las circunstancias personales.

Hay que tener muy en cuenta, para no ser injustos, la distinción entre mala intención y mera precipitación, imprudencia, etc., aunque también es justo castigar la imprudencia temeraria. En este sentido es importante evaluar más las actitudes e intenciones que los daños objetivos causados. Con la misma hiperactividad incontrolado, un niño puede romper un vaso o un jarrón de gran valor. Hay que saber evaluar equilibradamente ambas situaciones, aunque lógicamente se le dé más importancia al daño mayor, y el castigo en ese casó tenga también un carácter de prevención.

El castigo no debería cerrar el horizonte. Castigos absolutos corno desde ahora no habrá paga jamás los domingos; no volverás a salir de casa con los amigos, etc., o desaniman profundamente y cierran el horizonte, la posibilidad de poder disfrutar de las pequeñas satisfacciones de la vida normal. Los castigos absolutos e indefinidos no motivan hacia una mejora personal-, a veces incluso empujan al niño/adolescente a dar un salto adelante en una conducta aún peor (robar o conseguir dinero con trampas, escaparse de casa o engañar a sus padres de otras maneras, etc.). Otras veces los castigos desproporcionados desprestigian la autoridad porque no se pueden cumplir y hay que “echar marcha atrás”.

Es más saludable acudir a los pequeños pasos de limitar la libertad de movimientos o eliminar premios de modo parcial y gradual. El horizonte queda abierto y se ve una salida que estimula a la mejora personal.

Lo ideal es que el castigo consista, si es posible, en rehacer lo que no se ha hecho o se ha hecho mal: tienes que quedarte a estudiar el sábado y el domingo porque no has estudiado en la semana; recoge esto que has tirado y limpia el suelo; ordena tus armarios y tus cosas, porque no has mantenido tu habitación, como quedamos, suficientemente limpia y ordenada; la mitad de la paga de este domingo la destinaremos a costear lo que has roto por haberío hecho de una manera consciente e irresponsable; ayuda a tus hermanos en tales actividades, para reparar tu comportamiento egoísta e individualista en tales situaciones, etc.

No deberíamos dejar que los castigos fueran meramente vindicativos; deberíamos esforzarnos por ideas castigos que tuvieran un carácter reparador, o al menos un contenido social constructivo en relación con el respeto a las personas y a las cosas.

En relación con el punto anterior se suele citar el principio de las consecuencias de los actos, que nos orienta acerca del contenido de los castigos. Si el adolescente llega más tarde de lo establecido a casa por la noche, además de otras sanciones que se estimen oportunas, no se debe permitir que se levante más tarde por la mañana para recuperar la pérdida de sueño por su tardanza. Si un niño llega tarde al colegio por pereza, no se le debe disculpar ante el profesor ni facilitarle medios extraordinarios (le lleva su madre porque perdió el autobús escolar) para que el niño no sea castiga- do en el Colegio. Tales acciones deseducan y deterioran la autoridad moral de los padres.

Lo más eficaz parar ayudar a lograr el sentido de la responsabilidad es permitir o procurar que los niños/adolescentes carguen con las consecuencias de sus actos (se exceptúan lógicamente algunos casos en que las consecuencias pueden llegar a ser graves o insoportables para ellos).

¿El castigo corporal? Decididamente no lo recomendamos. Aparte del “cachete” espontáneo y poco frecuente (hay “manos largas” que abusan) el castigo corporal tiene todos los inconvenientes: es humillante, produce agresividad y no tiene relación directa con la falta cometida.

Lo más importante

No bastaría cumplir estas condiciones acerca del contenido de los castigos y el modo de aplicarlos. Queremos insistir que el castigo educará y mejorará interiormente a la persona si está acompañado de una acción educativa de contacto y comunicación afectiva que le ayude a reflexionar sobre las causas de su conducta y situación personal.

Esto es lo más importante, lo que nunca hay que dejar de hacer. La materialidad de los castigos puede no ser perfecta del todo, es muy difícil lograr una justicia total. Pero es imprescindible esa relación personal y ese esfuerzo por recuperar la relación de buena voluntad que siempre se deteriora con ocasión del castigo.

Saber perdonar

El perdón educativo, dejar de aplicar en todo o en parte una sanción, después de que la falta ha sido entendida y reconocida, o porque aparece un sincero remordimiento, es positivo y recomendable. Pero no hay que abusar del perdón; es válido si no es frecuente, por eso hay que pensar bien la sanción. Y es conveniente darle cierta solemnidad en el sentido de saber decir cara a cara que “lo he pensado bien y he decidido perdonarte por esto y por esto”. El derecho de gracia hay que saber ejercerlo.

El perdón educativo, así entendido no significa debilidad. Transmitimos debilidad cuando dejamos de castigar por pereza, miedo al chantaje afectivo. Y también por abandono, “total, ¿para qué?; haz lo que quieras; allá tú… ”

Observación final

No decimos que el castigo sea el instrumento más eficaz para la educación, aunque a veces puede ser necesario. Educar es un conjunto de estrategias y el arte es saber aplicarlas todas ellas, porque todas se complementan: el diálogo, el mandato, la convivencia, el elogio y la censura, la motivación que transmite valores, etc.

Fernando de la Puente

26 de febrero de 2012

La guerra de la leche


Si uno pregunta en un congreso de pediatras quién está a favor de la lactancia materna, el 100% levantará la mano. Pero si entramos a las consultas de esos mismos médicos comprobaremos que no siempre son coherentes con tal adhesión teórica. Unos ordenan a las mamás dar fruta, cereales o verdura a sus bebés a partir de los 4 meses, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y complementada con otros alimentos hasta los 2 años o más. Otros 'recetan' leche de farmacia si el bebé no ha ganado el peso previsto en las tablas -por cierto, elaboradas sobre niños de biberón, que crecen y engordan de forma distinta a los de pecho-, aduciendo que a la madre «se le ha retirado la leche», una eventualidad rarísima. También los hay que animan a las mujeres a establecer horarios rígidos para la teta (cada 3 horas, 10 minutos) y, en los intervalos, 'engañar' al pequeño con agua o manzanilla para que no llore, cuando lo correcto es dar el pecho a demanda y evitar los sustitutos, sobre todo los azucarados. En otros casos, aconsejan abandonar la lactancia natural porque la madre ha de tomar algún fármaco -esté o no contraindicado-, o sufre alguna enfermedad -como la mastitis, que, al revés, se ve aliviada con la succión-. Y no son raros los pediatras que tienen en su consulta un muestrario de leche de fórmula de diferentes marcas para regalar a los padres, algo expresamente prohibido por el Código de Comercialización de los Sucedáneos de la Leche Materna desde 1981.

El pasado puente del Pilar, 1.200 pediatras se reunieron en el Palacio de Congresos de Granada convocados por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). En la calle, la asociación de apoyo a la lactancia materna Mamilactancia montó su propio puesto. Según su presidenta, Vicky Linares, los organizadores del congreso, que en principio habían accedido a ceder un 'stand' a este grupo, rectificaron presionados por las empresas patrocinadoras del congreso, encabezadas por la poderosa Nestlé. El presidente de la sociedad pediátrica, José Luis Bonal, incluso llamó a la Policía para que desalojara a las mamás, pero los agentes comprobaron que tenían la preceptiva autorización.

La batalla no pasó a mayores, pero es sintomática de un conflicto que ya dura años: los intereses de la industria frente a la salud de los niños. No hay que olvidar que la alimentación natural no sólo es mejor, sino también más barata. Por cada madre que decide dar de mamar a su hijo, los fabricantes de leche artificial dejan de ingresar dinero contante y sonante, entre 50 y 100 euros mensuales de media.

De momento, la industria va ganando la guerra de la leche. Según el estudio 'La situación de la lactancia materna en Andalucía', de la pediatra Josefa Aguayo, sólo el 6,4% de las mujeres mantiene la lactancia exclusiva o predominante a los 6 meses, y un 20% combina su leche con la de fórmula en la alimentación del bebé. El primer motivo de destete precoz es la «falsa hipogalactia», es decir, la percepción errónea de que la leche del pecho es insuficiente. El segundo, la «recomendación médica».

¿Por qué la mejor alimentación es minoritaria? ¿Ayudan los profesionales de la salud a las mujeres que quieren dar de mamar o las desaniman? Las generosas donaciones de la industria alimentaria a los médicos ¿son legales? ¿Y éticas? Cuatro expertos responden.

VICKY LINARES

Presidenta de Mamilactancia

«Somos sus aliadas, no sus enemigas»

Para Vicky Linares, los datos que revela el estudio son «alarmantes» y representan «un fracaso social». No comprende la actitud de los pediatras. «Los grupos de apoyo a la lactancia materna somos sus aliados, no sus enemigos». Recuerda que Mamilactancia «les quita trabajo» a los médicos: continuamente les envían madres con problemas de lactancia desde los hospitales y las consultas de atención primaria: pezones con grietas por una incorrecta succión, bebés que se declaran en 'huelga', crisis de lactancia... Casi todo tiene fácil solución si se sabe qué hacer. A su juicio, el origen del problema tiene dos caras. Por un lado, la falta de formación en lactancia materna, una materia que ni siquiera se estudia en la carrera. Por otro, la presión y la publicidad de las casas comerciales, a las que «ni el más honrado» puede sustraerse. La industria de la alimentación infantil, asegura, patrocina congresos, paga viajes «muy apetecibles» y financia investigaciones. A cambio, coloca en hospitales y ambulatorios su leche, sus chupetes, su suero glucosal, sus carteles publicitarios con lustrosos niños rubios... «Se supone que no es legal, pero ¿quién le mete mano a eso?», se pregunta.

Linares, educadora social con tres hijos, explica que un pediatra mal informado puede, desde su posición de autoridad, aconsejar mal a una madre inexperta. Pero hay otros factores que influyen en las mujeres, desde la brevedad de la baja maternal hasta el estereotipo que presenta a la madre lactante como una esclava «resignada y sacrificada» y a la que usa el biberón, como una profesional «moderna e independiente». Sin embargo, destaca, hoy amamantan más las mujeres con mayor nivel de formación y las que trabajan, por encima de las amas de casa. El viejo paradigma de la lactancia, las gitanas, está pasado de moda: en Granada, los pediatras de la Zona Norte «se las ven y se las desean» para que las madres den el pecho. En Estados Unidos, agrega, la tasa de lactancia es superior entre las blancas que entre las negras e hispanas. Estas últimas siguen siendo víctimas de la publicidad que presenta la leche en polvo como un signo de riqueza y progreso que, además, vuelve a los bebés preciosos y rubios.

BLANCA HERRERA

Matrona

«La formación es errónea»

Blanca Herrera reconoce que tanto los pediatras como las matronas han recibido una formación «errónea» y desfasada en relación a la alimentación infantil, por lo que deberían reciclarse. La Asociación Andaluza de Matronas, a la que pertenece, pide patrocinio para sus congresos a «casas comerciales que apoyan la lactancia materna» -por ejemplo, las que fabrican sacaleches- y no a las que producen fórmula. «Hay que ser un poco coherente con lo que se predica», afirma.

En su opinión, muchos médicos hacen gala de un «desconocimiento bastante intenso» en este terreno. «Una pediatra me contó que su bebé era tan glotón que tuvo que darle alimentación complementaria casi desde el principio. Cualquiera que conozca un poco la lactancia materna sabe que una mujer produce leche suficiente para amamantar a su bebé. Pero como ésa es su creencia, ésa es la creencia que transmite en su consulta. En realidad, sólo el 1% de las mujeres no puede dar de mamar por una causa médica justificada -recuerda Herrera-. Y en el momento en que empiezas a dar suplementos a niños de menos de 6 meses, la lactancia prácticamente está perdida: los biberones sacian más, el bebé tiene menos ganas de comer y, al no haber succión, la madre va perdiendo la leche».

Otro ejemplo: la mayoría de los bebés sufren una «crisis de lactancia» hacia los 4 meses y vuelven a pedir teta cada hora y media. Eso no significa que la madre no tenga suficiente leche -cuanto más succione el niño, más producirá-, pero si no está bien asesorada, puede acabar tirando la toalla y cogiendo el biberón.

«Se busca la solución rápida, la fácil», lamenta la matrona, quien recuerda que el bebé amamantado tiene menos alergias -ha probado muchos alimentos a través de su madre-, menos asma y menos infecciones; por tanto, acude menos al médico. «Mi pediatra conoce a mis hijas del Control del Niño Sano: no han tomado antibióticos en su vida».

La matrona admite que muchos aliados de la fórmula no pertenecen al mundo sanitario. «En la época de nuestras madres no estaba bien visto dar el pecho, así que hemos perdido el apoyo de la generación que nos tenía que enseñar a amamantar», lamenta.

JOSÉ LUIS BONAL

Presidente de la SEPEAP

«Hay presión porque gusta el bebé rollizo»

José Luis Bonal, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, asegura en cambio que estos profesionales defienden la lactancia materna «a ultranza». Y matiza: «Lo que no somos es extremistas; cuando esa lactancia no se puede dar, por ejemplo porque a la madre se le retira el pecho, evidentemente tenemos que echar mano a las fórmulas infantiles, que para eso están». Según sus cálculos, «la leche se retira en un 40% de los casos antes de los 6 meses, quizá por el estrés que vive la madre», especialmente si tiene que reincorporarse a su trabajo.

Aunque «no discute» que algún pediatra incumpla la normativa que prohíbe regalar muestras de leche, Bonal considera que el ámbito adecuado para defender la lactancia «no es donde hay pediatras, sino donde hay padres». Niega que estos facultativos carezcan de formación y, respecto a la acusación de que los médicos favorecen la leche de fórmula porque los fabricantes financian sus actividades, la califica de «error».

«Hubo una época en la que se difundió un concepto erróneo sobre la lactancia -desfiguraba a la madre, no tenía tantas ventajas...-, pero eso ya se ha desterrado. Ahora la madre casi siempre quiere dar el pecho, y hay veces que puede y otras que no puede».

Bonal afirma que él valora la eficacia de la lactancia materna en función del peso y la talla del bebé. «Hay una presión bastante grande en nuestro medio, pero no de la industria, sino de la estética infantil: gusta el niño rollizo y todo el mundo presiona a la mamá para que le dé las papillas y la alimentación complementaria».

Sin embargo, este pediatra realiza afirmaciones que pocos especialistas en lactancia materna suscribirían: «La manzanilla no quita el apetito». «El bebé lactante tiene que saber que hay otras cosas aparte del pecho, como el agua o la manzanilla». «Porque tome un biberón, el bebé no va a abandonar la lactancia materna».

«No queremos crearle un complejo de culpabilidad a la madre porque no pueda darle el pecho a su hijo. Hay personas terriblemente angustiadas porque ven que se les retira el pecho, el niño lleva dos o tres semanas sin coger peso y evidentemente tienes que meter una alimentación complementaria», concluye.

JOSEFA AGUAYO

Pediatra y vocal de Unicef-España

«El niño tiene derecho a lo mejor»

Vocal de Unicef y del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP), Josefa Aguayo admite que muchos de los conocimientos sobre lactancia materna que aprendieron ella y sus colegas «se han quedado antiguos», por lo que es necesaria la autocrítica y, a continuación, el reciclaje. Aguayo es coautora de una guía para «promover y apoyar la lactancia materna en la práctica pediátrica» que está a disposición de todos los miembros de la AEP.

Asegura que la publicidad de la leche de fórmula influye «claramente» en los profesionales, que además dependen de la financiación de la industria para organizar sus congresos, editar sus revistas y desarrollar sus proyectos de investigación. En este aspecto, el sector «aprovecha las debilidades del Código de Comercialización», que no prohíbe expresamente esas actividades. Para los fabricantes, «es un mercado demasiado suculento para dejarlo escapar».

Aguayo recuerda que sólo algunos bebés con enfermedades raras no pueden mamar y un mínimo porcentaje de mujeres no deben dar el pecho por razones médicas: infección por VIH, consumo de drogas o uso de fármacos muy agresivos, como los que se utilizan contra el cáncer. La infección local en el pezón es sólo una contraindicación temporal: la leche se extrae con sacaleches y se tira hasta que la infección sea superada. En cambio, ni la mayoría de los fármacos, ni la mayoría de las enfermedades de la madre, ni siquiera el tabaco, están contraindicados con la lactancia materna, asegura la pediatra. Por ello, aboga por tratar la leche de fórmula como un fármaco que debe recetarse sólo en esos casos excepcionales.

La pediatra recuerda que hay que respetar a las mujeres que no quieren dar el pecho. Pero considera que algo se está haciendo mal cuando, de un noventaytantos por ciento de embarazadas que desean lactar, sólo el 85% sale del hospital haciéndolo tras el parto; al tercer mes son sólo el 53% y al sexto, el 26%. Es una lástima, afirma, porque el niño «tiene derecho a la mejor alimentación». Y resulta que está en su madre.

Publicado en el periódico "El Ideal" de Granada.
Mamilactancia es un grupo de apoyo a la lactancia madre a madre de Granada.

24 de febrero de 2012

Maternar con amor

Desde el precioso blog Madre tierra , os traemos una reflexión sobre lo que verdaderamente es importante en la maternidad con amor; tiempo y disponibilidad. Esperamos que os guste :)

Fotografia de Bru Rovira de su exposición Maternidades.

Artículo originalmente incluido en el número 6 de la revista Madre Tierra

El amor no está de moda. Lo pongo en primer término porque después de tiempo pensando, la gran conclusión a la que llego es esa, en genérico y en particular, en las cosas grandes y en las pequeñas : el amor no está de moda.

Nuestras vidas se aceleran, buscamos respuestas rápidas, placeres rápidos, comidas rápidas, todo rápido. Substituimos los libros por las películas, las películas por las series, las cartas por los e-mails, los e-mails por los mensajes, no nos da tiempo a pensar… ni a vivir. Siempre quedan cuatro, a la sociedad siempre le parecen cuatro, que reivindican el “slow” como forma de vida, son los raros, los diferentes. Pero volviendo al amor, y a su falta de vigencia, os diré que uno de los motivos por los que el amor no está de moda, es porque el amor requiere de lentitud, se precisa ir poco a poco, para saborear el instante, el paisaje, a la persona, o a tu hijo. No se puede maternar amorosamente en la vorágine en la que nos empeñamos en vivir. Un recién nacido, un niño durante sus primeros años requiere de la presencia de su madre, en especial de su madre, no sabe de horarios de adultos, se rige por los suyos propios, y lo suyos no son caprichos, funcionan en base a necesidades: Hambre, sed, contacto, seguridad. Hemos sustituido el amor por el miedo, miedo a no saber. El miedo inhibe el amor, lo amordaza.

Miedo a no saber, las madres dejan de escucharse y escuchan a cualquier otro, compran libros, van a un pediatra, a otro, a un grupo, a otro , buscan, buscamos soluciones fuera, no nos escuchamos. No nos creemos a nosotras, necesitamos que cualquier otro nos valide. Nuestra civilización ha sobrevivido millones de años, y durante muchisimo tiempo no hubo libros de crianza, ni pediatras, ni señores que escribieran libros basándose en no se sabe qué. Durante millones de años, las madres escuchaban a sus hijos y maternaban con amor, y muy mal no les debió ir, porque aqui estamos, nuestra especie no se ha extinguido.

Escribo esto, porque estos días he estado paseandome como antaño por librerias, y me ha sorprendido ver la cantidad de libros que hay en los que se habla de los niños no como seres humanos con derechos, sino más bien como pequeños monstruos que nos hacen la vida imposible, y a los que hay que doblegar rapidamente a nuestros deseos. A esos mismos niños cuando sean adultos, probablemente se les recrimine su falta de iniciativa, su pasotismo, su dejadez, y probablemente entonces ya estemos tan convencidos de nuestros propios argumentos que no entenderemos el porqué.

Ser padres es una labor en ocasiones agotadora, es cierto, te lleva hasta tus propios límites, te pone en contacto con lo mejor y lo peor de ti, te traslada una y otra vez a cómo te criaron a ti. Venimos de una generación en la que no hemos sido demasiado respetados, no digo maltratados, que los habrá, pero venimos de la generación en la que el conductismo, el dejar llorar, el biberón para ser libre, eran la norma y lo que estaba bien. Que ser padres sea agotador, no es excusa para dejar salir tus peores instintos sin hacer nada para mejorar, que al fin es mejorarte. Nos gastamos mucho dinero en psicólogos, talleres transcendentales y no aprovechamos lo que tenemos tan al alcance de la mano :nuestros hijos. Un niño es un camino abierto a uno mismo.

Las madres saben, a pesar de los pesares, a pesar de lo que digan los libros, a pesar de que ese libro tan bueno, te diga algo que te enferma y tras el llanto enferma a tu hijo, las madres sabemos que hay otro modo, un modo amoroso y digno para maternar, a menudo veo que las madres se esconden, que dicen en voz bajita o no dicen los mimos que les dan a sus hijos, de nuevo el no estar de moda, el miedo a ser juzgadas, a no seguir las pautas del libro.

Me consta, intuyo, que el gran exito de libros que promocionan que el llanto del niño no importa (raro es, que no haya libros que digan que las lágrimas del adulto son absurdas y que no hay que atenderlas), tienen un gran público, mucho más público (aún) que los libros que hablan de maternar con amor, crianza respetuosa, intuyo decía, que trás ese gran exito de este tipo de libros, se parapetan miles de padres y madres deseosos de hacerlo bien, que angustiados necesitan que validen su poca paciencia en ocasiones (quien no a perdido los estribos alguna vez), pero la solución nunca es cerrar los ojos o una puerta por la noche para no oír, la solución empieza por escuchar ese llanto, dejar que se te revuelvan las tripas y desde ahí emprender un cambio profundo, que en ocasiones desbarata las casas para reconstruirlas de nuevo, la solución casi siempre es : tiempo. Tiempo y disponibilidad son las grandes claves para maternar/paternar.

22 de febrero de 2012

Estreñimiento y lactancia


Los bebés el primer mes de vida suelen hacer caca a menudo, casi cada vez que comen por dos motivos: Todavía hay calostro (leche mixta, mitad calostro mitad madura hasta el mes), y el calostro es laxante.
Son todavía tan inmaduros que tienen el reflejo gastrocólico: Tal como entra sale.

A partir del mes de vida la leche que sale es leche madura con muy pocos residuos y la mayoría han perdido ese reflejo. Con lo cual es normal y habitual que a partir del mes de vida los bebés empiecen a hacer cacas una vez cada día, cada tres días o una vez cada semana. He conocido casos de una vez en 15 días.

Y esto no es estreñimiento porque, siempre que sólo tomen leche materna, las heces son como una crema dorada sin forma que al bebé no le cuesta ningún trabajo echar.

Estreñimiento sería si el bebé hiciera caca dura con forma churro y de manera muy trabajosa.

Por consiguiente no hay que hacer nada para ayudarle a hacer caca, sólo esperar. Como mucho, un masaje en la barriguita con aceite de oliva, cada día a la misma hora, en círculos que siempre acaben a la izquierda del bebé (donde acaba el colon). Pero esto último como placebo para la madre que es la única que suele sufrir con la situación.

Si se le estimula analmente al bebé, aparte del riesgo de lesiones dolorosas, se llega a una situación en la que el bebé solo hará cacas si se le estimula.

Hay que decir a las madres que es perfectamente normal que un bebé que mame no haga caca en diez días.
Eso sí, cuando haga le llegará hasta las cejas.

Cuando un bebé toma leche de fórmula sí que existe el estreñimiento verdadero: cacas duras con forma, trabajosas de echar.

No se debe dar ninguna fruta ni en formato zumo a bebés menores de seis meses. Ni tan sólo los que toman biberón. Cuanto antes se introducen estos alimentos mayor es el riesgo de causar intolerancias alimentarias y no representan ninguna ventaja nutricional para el niño.

Recordemos que las recomendaciones actuales de la AEPED (Academia Española de Pediatria) es lactancia materna exclusiva por seis meses y añadir alimentos complementarios manteniendo la lactancia materna por un mínimo de dos años.

Y para la lactancia artificial es lo mismo: sólo leche hasta seis meses y luego introducción paulatina de alimentos.

Inma Marcos

20 de febrero de 2012

Bienvenidos A Holanda


A menudo me piden que describa la experiencia de criar a un niño con una discapacidad, que intente ayudar a la gente que no ha compartido esa experiencia única e imaginar cómo se sentirían. Es así...

Cuando vas a tener un bebé es como planear unas fabulosas vacaciones en Italia. Compras un montón de guías y haces tus maravillosos planes. El Coliseo, el David de Miguel Ángel, las góndolas de Venecia. Puede que aprendas unas frases útiles en italiano. Es todo muy emocionante.

Después de meses de ansiosa anticipación, finalmente llega el día. Preparas tus maletas y allá vas. Varias horas más tarde, el avión aterriza. La azafata viene y dice: "Bienvenidos a Holanda".

- ¿Holanda? - dices-. ¿Cómo que Holanda? Yo me embarqué para Italia. Se supone que estoy en Italia. Toda mi vida he soñado con ir a Italia. Pero ha habido un cambio en la ruta de vuelo. Has aterrizado en Holanda y aquí te debes quedar.

Lo importante es que no te han llevado a ningún lugar horrible, asqueroso y sucio, lleno de pestilencia, hambruna y enfermedad. Simplemente es un sitio diferente.

Así que tienes que salir y comprate guías nuevas. Y tienes que aprender una lengua completamente nueva. Y conocerás a un grupo entero de gente que nunca habrías conocido.

Simplemente es un sitio diferente. Camina a un ritmo más lento que Italia, es aparentemente menos impresionante que Ialia. Pero cuando, después de haber estado un rato allí, contienes el aliento y miras alrededor, empiezas a notar que en Holanda hay molinos de viento, Holanda tiene tulipanes, Holanda tiene incluso Rembrandts.

Pero todo el mundo que conoces está muy ocupado yendo y viniendo de Italia y todos presumen muy alto de qué maravillosamente se lo han pasado en Italia. Y durante el resto de tu vida, dirás: "Sí, ahí era donde se suponía que yo iba. Eso es lo que había planeado."

Y ese dolor nunca, nunca, nunca se irá, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy importante.

Pero si te pasas la vida quejándote del hecho de que nunca llegaste a Italia, puede que nunca tengas libertad para disfrutar de las cosas muy especiales, maravillosas de Holanda.

Texto: Emily Pearl Kingsley
Foto: http://www.hangouto.com