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28 de febrero de 2012

Los castigos ¿estrategia educativa aceptable?

Castigos http://criandomultiples.blogspot.com mellizos trillizos gemelos


Al desarrollar el tema de las normas y los límites en educación, después de describir el proceso lógico de establecer y aplicar normas, hemos empezado a reflexionar sobre nuestras reacciones ante las transgresiones de las normas. Una de las actuaciones más serias o formales son los castigos.

¿Se puede o debe castigar?

Muchas veces en la vida familiar, cuando las advertencias y censuras serias no funcionan, los padres se preguntan ¿es aconsejable reforzar la autoridad con alguna sanción?, ¿son eficaces y educativos los castigos?

Un castigo parece como una multa compensatorio por una conducta que se considera inadecuada o perjudicial. Después de una censura (esto que has hecho está mal, eres responsable de esto, etc.) cuando se juzga que tales valoraciones negativas no son suficientes, aparece la aplicación de penas, unas veces para reparar el daño hecho y otras veces simplemente como una pena o refuerzo negativo “para que aprenda” y recuerde que aquello no se debe hacer (el castigo como justicia vindicativa).

No decimos un “no” absoluto a las sanciones. Pensamos que hay momentos en los que, con ciertas condiciones, pueden e incluso deben aplicarse sanciones. En principio parece positivo reparar el daño hecho y esta reparación lleva un esfuerzo y un tiempo que en sí mismo constituyen una sanción. Por otra parte las conductas negativas tienen una repercusión social, un mal ejemplo en los demás y cuando se repiten no bastaría la advertencia y la censura; ¿será entonces conveniente algún tipo de limitación o recorte de privilegios o ventajas?

El castigo, ¿es necesario?

En una ocasión un experimentador en psicología pidió a 35 niños que participaran en un juego en el que iban a ganar muchos premios. El truco del experimento consistía en que falsificando las puntuaciones y siendo deshonestos podían conseguir los premios. El experimentador predijo correctamente que los niños que habían recibido una advertencia moderada serían los que menos falsificarían las puntuaciones, mientras que los que habían recibido la advertencia más enérgica serían los más tramposos.

Con otros muchos experimentos semejantes se puede deducir que utilizar un incentivo poderoso para impedir o detener una acción aumenta el deseo de continuarla. En cambio, una amenaza moderada (pérdida de algún pequeño premio) se traduce en una menor motivación para ser deshonestos y hacer trampas. Y de aquí podríamos deducir un importante principio: utilicemos la menor autoridad vindicativa posible y utilicemos la mayor habilidad a la hora de mandar y prevenir.

Dicen que los buenos educadores no necesitan castigar, y es muy posible que sea así. Conocemos por experiencia padres y profesores que manejan tan brillantemente la motivación positiva, la alabanza o la censura, que nunca o casi nunca tienen que recurrir al castigo.

Se ha verificado que los profesores que apenas castigan es porque mandan poco y bien, son oportunos, no se les ocurre corno a otros dar normas en el momento de salir de clase, etc., saben distinguir entre lo que es importante y lo que es secundario. Son personas que tienen una intuición especial y establecen tal relación con los niños y los adolescentes que no necesitan acudir al castigo.

Pero esto no se puede generalizar ni se puede evitar que en un grupo más o menos numeroso de niños/adolescentes no existan sujetos agresivos y/o desequilibrados que desafíen inconsideradamente el buen hacer del educador. En todo caso vemos que la mayor parte de los padres y educadores necesitan a veces acudir al castigo como un apoyo a su estrategia educativa. Por eso no es siempre ver- dad la cuestión: el castigo, ¿no es más bien un fracaso del educador?

¿El castigo sirve para educar?

Muchos creen, y hay razones importantes para ello, que el castigo no sirve para educar. Aunque tenga una eficacia momentánea, no parece servir para mejorar a la persona, no la cambia interiormente. Pero en la práctica de muchos educadores, se recurre al castigo porque determinados actos no se pueden consentir, aunque saben que no se produce a corto plazo un cambio de actitudes.

En verdad, la utilización del castigo tiene una serie de desventajas:

Suele provocar sentimientos negativos entre el castigado y el educador o el padre, lo que pone en peligro la con- fianza y la buena relación. El niño/adolescente de alguna manera castiga a su vez al educador con la falta de comunicación. Parece que el castigo produce una rebelión interior que dificulta a la persona castigada ponerse en situación de buena voluntad; de alguna manera se retira de una situación de aprendizaje positivo.

Por otra parte el castigo favorece el engaño y la mentira. Para evitar nuevos castigos o limitaciones, o incluso por el temor a recibirlos por primera vez, el niño/adolescente disimulará, engañará, acudirá a la mentira (lo que contrasta con la ingenuidad de la mayor parte de los padres que sigue creyendo, por ejemplo, que mi hijo nunca miente).

Normalmente el castigo sólo tiene un efecto temporal y transitorio sobre la conducta. Difícilmente logra erradicar duraderamente una conducta negativa. Un intento de cambio personal basado en el castigo requeriría un uso continuado del mismo, con enorme vigilancia y energía; y aún así el educador se cansaría de castigar antes de lograr el objetivo propuesto.

En niños muy sensibles e inseguros ciertas formas de castigo, especialmente físico, les perjudica pues puede crearles inseguridad afectiva y temor a la persona de quien reciben el castigo.

A pesar de estas desventajas, muchos educadores piensan que el castigo es a veces necesario:

Porque hay actitudes que no se pueden tolerar, y cuando se repiten de un modo insolente, el castigo es la única manera de dar a entender que aquello es importante;

Sirve de ejemplaridad para los otros niños/adolescentes miembros de la comunidad familiar o escolar del que ha tenido la conducta intolerable;

Aunque el castigo no tenga eficacia duradera, al menos sirve de eficacia momentánea y temporal; a veces es necesario y urgente “parar los pies” al que se porta mal.

¿Cómo puede resultar educativo un castigo?
Siendo esto así, y viéndose obligados los educadores a administrar ciertas sanciones, les interesa saber cuál es el modo de proceder más óptimo de modo que un castigo no se interfiera sino que ayude al proceso de madurez.

En primer lugar, no hay que aplicar el castigo a palo seco. El castigo es un lenguaje de los hechos, muy duro y ambiguo, que levanta reacciones negativas y se interpreta mal; y por lo mismo produce terquedad que impide cambiar los comportamientos. El castigo se ha de acompañar de otra acción de contacto personal afectivo y orientador. Poniéndose en contacto con la persona, se le hace caer en la cuenta de lo que ha hecho, se buscan las causas, se escuchan las justificaciones, se ayuda a aceptar el castigo como consecuencia de sus actos. En realidad se está practicando aquel principio de odiar al pecado y no al pecador.

Asimismo es importante animarle a dar pequeños pasos asequibles de mejora personal, familiar, escolar, etc., lo cual está transmitiendo que seguimos confiando en él, creemos en él, tenemos una expectativa positiva.

Sabemos que las personas no mejoran hasta que ellas deciden cambiar de actitud (el hijo pródigo del Evangelio no cambió hasta que se dijo a sí mismo después de reflexionar, me levantaré y volveré hacia mi padre). Por eso es necesaria una acción de contacto personal para ayudar a reflexionar al educando, y ayudarle a cicatrizar el odio natural que engendra el castigo.

En segundo lugar, el castigo debería cumplir una serie de condiciones para que no agravar la situación y permitir actuaciones regeneradoras. ¿Cuáles serían estas condiciones?

El castigo no debe ser humillante. En la manera de aplicarlo, debemos salvar la autoestima personal. Recordemos el principio de elogiar en público, censurar en privado. Y el contenido del mismo castigo no debe consistir en acciones degradantes para el niño/adolescente, sobre todo ante sus hermanos o compañeros.

El castigo no sólo debe ser proporcionado a la falta sino que hay que tener en cuenta la edad, el grado de madurez y la personalidad del castigado. Es decir, hay que evaluar las circunstancias personales.

Hay que tener muy en cuenta, para no ser injustos, la distinción entre mala intención y mera precipitación, imprudencia, etc., aunque también es justo castigar la imprudencia temeraria. En este sentido es importante evaluar más las actitudes e intenciones que los daños objetivos causados. Con la misma hiperactividad incontrolado, un niño puede romper un vaso o un jarrón de gran valor. Hay que saber evaluar equilibradamente ambas situaciones, aunque lógicamente se le dé más importancia al daño mayor, y el castigo en ese casó tenga también un carácter de prevención.

El castigo no debería cerrar el horizonte. Castigos absolutos corno desde ahora no habrá paga jamás los domingos; no volverás a salir de casa con los amigos, etc., o desaniman profundamente y cierran el horizonte, la posibilidad de poder disfrutar de las pequeñas satisfacciones de la vida normal. Los castigos absolutos e indefinidos no motivan hacia una mejora personal-, a veces incluso empujan al niño/adolescente a dar un salto adelante en una conducta aún peor (robar o conseguir dinero con trampas, escaparse de casa o engañar a sus padres de otras maneras, etc.). Otras veces los castigos desproporcionados desprestigian la autoridad porque no se pueden cumplir y hay que “echar marcha atrás”.

Es más saludable acudir a los pequeños pasos de limitar la libertad de movimientos o eliminar premios de modo parcial y gradual. El horizonte queda abierto y se ve una salida que estimula a la mejora personal.

Lo ideal es que el castigo consista, si es posible, en rehacer lo que no se ha hecho o se ha hecho mal: tienes que quedarte a estudiar el sábado y el domingo porque no has estudiado en la semana; recoge esto que has tirado y limpia el suelo; ordena tus armarios y tus cosas, porque no has mantenido tu habitación, como quedamos, suficientemente limpia y ordenada; la mitad de la paga de este domingo la destinaremos a costear lo que has roto por haberío hecho de una manera consciente e irresponsable; ayuda a tus hermanos en tales actividades, para reparar tu comportamiento egoísta e individualista en tales situaciones, etc.

No deberíamos dejar que los castigos fueran meramente vindicativos; deberíamos esforzarnos por ideas castigos que tuvieran un carácter reparador, o al menos un contenido social constructivo en relación con el respeto a las personas y a las cosas.

En relación con el punto anterior se suele citar el principio de las consecuencias de los actos, que nos orienta acerca del contenido de los castigos. Si el adolescente llega más tarde de lo establecido a casa por la noche, además de otras sanciones que se estimen oportunas, no se debe permitir que se levante más tarde por la mañana para recuperar la pérdida de sueño por su tardanza. Si un niño llega tarde al colegio por pereza, no se le debe disculpar ante el profesor ni facilitarle medios extraordinarios (le lleva su madre porque perdió el autobús escolar) para que el niño no sea castiga- do en el Colegio. Tales acciones deseducan y deterioran la autoridad moral de los padres.

Lo más eficaz parar ayudar a lograr el sentido de la responsabilidad es permitir o procurar que los niños/adolescentes carguen con las consecuencias de sus actos (se exceptúan lógicamente algunos casos en que las consecuencias pueden llegar a ser graves o insoportables para ellos).

¿El castigo corporal? Decididamente no lo recomendamos. Aparte del “cachete” espontáneo y poco frecuente (hay “manos largas” que abusan) el castigo corporal tiene todos los inconvenientes: es humillante, produce agresividad y no tiene relación directa con la falta cometida.

Lo más importante

No bastaría cumplir estas condiciones acerca del contenido de los castigos y el modo de aplicarlos. Queremos insistir que el castigo educará y mejorará interiormente a la persona si está acompañado de una acción educativa de contacto y comunicación afectiva que le ayude a reflexionar sobre las causas de su conducta y situación personal.

Esto es lo más importante, lo que nunca hay que dejar de hacer. La materialidad de los castigos puede no ser perfecta del todo, es muy difícil lograr una justicia total. Pero es imprescindible esa relación personal y ese esfuerzo por recuperar la relación de buena voluntad que siempre se deteriora con ocasión del castigo.

Saber perdonar

El perdón educativo, dejar de aplicar en todo o en parte una sanción, después de que la falta ha sido entendida y reconocida, o porque aparece un sincero remordimiento, es positivo y recomendable. Pero no hay que abusar del perdón; es válido si no es frecuente, por eso hay que pensar bien la sanción. Y es conveniente darle cierta solemnidad en el sentido de saber decir cara a cara que “lo he pensado bien y he decidido perdonarte por esto y por esto”. El derecho de gracia hay que saber ejercerlo.

El perdón educativo, así entendido no significa debilidad. Transmitimos debilidad cuando dejamos de castigar por pereza, miedo al chantaje afectivo. Y también por abandono, “total, ¿para qué?; haz lo que quieras; allá tú… ”

Observación final

No decimos que el castigo sea el instrumento más eficaz para la educación, aunque a veces puede ser necesario. Educar es un conjunto de estrategias y el arte es saber aplicarlas todas ellas, porque todas se complementan: el diálogo, el mandato, la convivencia, el elogio y la censura, la motivación que transmite valores, etc.

Fernando de la Puente

26 de febrero de 2012

La guerra de la leche


Si uno pregunta en un congreso de pediatras quién está a favor de la lactancia materna, el 100% levantará la mano. Pero si entramos a las consultas de esos mismos médicos comprobaremos que no siempre son coherentes con tal adhesión teórica. Unos ordenan a las mamás dar fruta, cereales o verdura a sus bebés a partir de los 4 meses, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y complementada con otros alimentos hasta los 2 años o más. Otros 'recetan' leche de farmacia si el bebé no ha ganado el peso previsto en las tablas -por cierto, elaboradas sobre niños de biberón, que crecen y engordan de forma distinta a los de pecho-, aduciendo que a la madre «se le ha retirado la leche», una eventualidad rarísima. También los hay que animan a las mujeres a establecer horarios rígidos para la teta (cada 3 horas, 10 minutos) y, en los intervalos, 'engañar' al pequeño con agua o manzanilla para que no llore, cuando lo correcto es dar el pecho a demanda y evitar los sustitutos, sobre todo los azucarados. En otros casos, aconsejan abandonar la lactancia natural porque la madre ha de tomar algún fármaco -esté o no contraindicado-, o sufre alguna enfermedad -como la mastitis, que, al revés, se ve aliviada con la succión-. Y no son raros los pediatras que tienen en su consulta un muestrario de leche de fórmula de diferentes marcas para regalar a los padres, algo expresamente prohibido por el Código de Comercialización de los Sucedáneos de la Leche Materna desde 1981.

El pasado puente del Pilar, 1.200 pediatras se reunieron en el Palacio de Congresos de Granada convocados por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). En la calle, la asociación de apoyo a la lactancia materna Mamilactancia montó su propio puesto. Según su presidenta, Vicky Linares, los organizadores del congreso, que en principio habían accedido a ceder un 'stand' a este grupo, rectificaron presionados por las empresas patrocinadoras del congreso, encabezadas por la poderosa Nestlé. El presidente de la sociedad pediátrica, José Luis Bonal, incluso llamó a la Policía para que desalojara a las mamás, pero los agentes comprobaron que tenían la preceptiva autorización.

La batalla no pasó a mayores, pero es sintomática de un conflicto que ya dura años: los intereses de la industria frente a la salud de los niños. No hay que olvidar que la alimentación natural no sólo es mejor, sino también más barata. Por cada madre que decide dar de mamar a su hijo, los fabricantes de leche artificial dejan de ingresar dinero contante y sonante, entre 50 y 100 euros mensuales de media.

De momento, la industria va ganando la guerra de la leche. Según el estudio 'La situación de la lactancia materna en Andalucía', de la pediatra Josefa Aguayo, sólo el 6,4% de las mujeres mantiene la lactancia exclusiva o predominante a los 6 meses, y un 20% combina su leche con la de fórmula en la alimentación del bebé. El primer motivo de destete precoz es la «falsa hipogalactia», es decir, la percepción errónea de que la leche del pecho es insuficiente. El segundo, la «recomendación médica».

¿Por qué la mejor alimentación es minoritaria? ¿Ayudan los profesionales de la salud a las mujeres que quieren dar de mamar o las desaniman? Las generosas donaciones de la industria alimentaria a los médicos ¿son legales? ¿Y éticas? Cuatro expertos responden.

VICKY LINARES

Presidenta de Mamilactancia

«Somos sus aliadas, no sus enemigas»

Para Vicky Linares, los datos que revela el estudio son «alarmantes» y representan «un fracaso social». No comprende la actitud de los pediatras. «Los grupos de apoyo a la lactancia materna somos sus aliados, no sus enemigos». Recuerda que Mamilactancia «les quita trabajo» a los médicos: continuamente les envían madres con problemas de lactancia desde los hospitales y las consultas de atención primaria: pezones con grietas por una incorrecta succión, bebés que se declaran en 'huelga', crisis de lactancia... Casi todo tiene fácil solución si se sabe qué hacer. A su juicio, el origen del problema tiene dos caras. Por un lado, la falta de formación en lactancia materna, una materia que ni siquiera se estudia en la carrera. Por otro, la presión y la publicidad de las casas comerciales, a las que «ni el más honrado» puede sustraerse. La industria de la alimentación infantil, asegura, patrocina congresos, paga viajes «muy apetecibles» y financia investigaciones. A cambio, coloca en hospitales y ambulatorios su leche, sus chupetes, su suero glucosal, sus carteles publicitarios con lustrosos niños rubios... «Se supone que no es legal, pero ¿quién le mete mano a eso?», se pregunta.

Linares, educadora social con tres hijos, explica que un pediatra mal informado puede, desde su posición de autoridad, aconsejar mal a una madre inexperta. Pero hay otros factores que influyen en las mujeres, desde la brevedad de la baja maternal hasta el estereotipo que presenta a la madre lactante como una esclava «resignada y sacrificada» y a la que usa el biberón, como una profesional «moderna e independiente». Sin embargo, destaca, hoy amamantan más las mujeres con mayor nivel de formación y las que trabajan, por encima de las amas de casa. El viejo paradigma de la lactancia, las gitanas, está pasado de moda: en Granada, los pediatras de la Zona Norte «se las ven y se las desean» para que las madres den el pecho. En Estados Unidos, agrega, la tasa de lactancia es superior entre las blancas que entre las negras e hispanas. Estas últimas siguen siendo víctimas de la publicidad que presenta la leche en polvo como un signo de riqueza y progreso que, además, vuelve a los bebés preciosos y rubios.

BLANCA HERRERA

Matrona

«La formación es errónea»

Blanca Herrera reconoce que tanto los pediatras como las matronas han recibido una formación «errónea» y desfasada en relación a la alimentación infantil, por lo que deberían reciclarse. La Asociación Andaluza de Matronas, a la que pertenece, pide patrocinio para sus congresos a «casas comerciales que apoyan la lactancia materna» -por ejemplo, las que fabrican sacaleches- y no a las que producen fórmula. «Hay que ser un poco coherente con lo que se predica», afirma.

En su opinión, muchos médicos hacen gala de un «desconocimiento bastante intenso» en este terreno. «Una pediatra me contó que su bebé era tan glotón que tuvo que darle alimentación complementaria casi desde el principio. Cualquiera que conozca un poco la lactancia materna sabe que una mujer produce leche suficiente para amamantar a su bebé. Pero como ésa es su creencia, ésa es la creencia que transmite en su consulta. En realidad, sólo el 1% de las mujeres no puede dar de mamar por una causa médica justificada -recuerda Herrera-. Y en el momento en que empiezas a dar suplementos a niños de menos de 6 meses, la lactancia prácticamente está perdida: los biberones sacian más, el bebé tiene menos ganas de comer y, al no haber succión, la madre va perdiendo la leche».

Otro ejemplo: la mayoría de los bebés sufren una «crisis de lactancia» hacia los 4 meses y vuelven a pedir teta cada hora y media. Eso no significa que la madre no tenga suficiente leche -cuanto más succione el niño, más producirá-, pero si no está bien asesorada, puede acabar tirando la toalla y cogiendo el biberón.

«Se busca la solución rápida, la fácil», lamenta la matrona, quien recuerda que el bebé amamantado tiene menos alergias -ha probado muchos alimentos a través de su madre-, menos asma y menos infecciones; por tanto, acude menos al médico. «Mi pediatra conoce a mis hijas del Control del Niño Sano: no han tomado antibióticos en su vida».

La matrona admite que muchos aliados de la fórmula no pertenecen al mundo sanitario. «En la época de nuestras madres no estaba bien visto dar el pecho, así que hemos perdido el apoyo de la generación que nos tenía que enseñar a amamantar», lamenta.

JOSÉ LUIS BONAL

Presidente de la SEPEAP

«Hay presión porque gusta el bebé rollizo»

José Luis Bonal, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, asegura en cambio que estos profesionales defienden la lactancia materna «a ultranza». Y matiza: «Lo que no somos es extremistas; cuando esa lactancia no se puede dar, por ejemplo porque a la madre se le retira el pecho, evidentemente tenemos que echar mano a las fórmulas infantiles, que para eso están». Según sus cálculos, «la leche se retira en un 40% de los casos antes de los 6 meses, quizá por el estrés que vive la madre», especialmente si tiene que reincorporarse a su trabajo.

Aunque «no discute» que algún pediatra incumpla la normativa que prohíbe regalar muestras de leche, Bonal considera que el ámbito adecuado para defender la lactancia «no es donde hay pediatras, sino donde hay padres». Niega que estos facultativos carezcan de formación y, respecto a la acusación de que los médicos favorecen la leche de fórmula porque los fabricantes financian sus actividades, la califica de «error».

«Hubo una época en la que se difundió un concepto erróneo sobre la lactancia -desfiguraba a la madre, no tenía tantas ventajas...-, pero eso ya se ha desterrado. Ahora la madre casi siempre quiere dar el pecho, y hay veces que puede y otras que no puede».

Bonal afirma que él valora la eficacia de la lactancia materna en función del peso y la talla del bebé. «Hay una presión bastante grande en nuestro medio, pero no de la industria, sino de la estética infantil: gusta el niño rollizo y todo el mundo presiona a la mamá para que le dé las papillas y la alimentación complementaria».

Sin embargo, este pediatra realiza afirmaciones que pocos especialistas en lactancia materna suscribirían: «La manzanilla no quita el apetito». «El bebé lactante tiene que saber que hay otras cosas aparte del pecho, como el agua o la manzanilla». «Porque tome un biberón, el bebé no va a abandonar la lactancia materna».

«No queremos crearle un complejo de culpabilidad a la madre porque no pueda darle el pecho a su hijo. Hay personas terriblemente angustiadas porque ven que se les retira el pecho, el niño lleva dos o tres semanas sin coger peso y evidentemente tienes que meter una alimentación complementaria», concluye.

JOSEFA AGUAYO

Pediatra y vocal de Unicef-España

«El niño tiene derecho a lo mejor»

Vocal de Unicef y del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP), Josefa Aguayo admite que muchos de los conocimientos sobre lactancia materna que aprendieron ella y sus colegas «se han quedado antiguos», por lo que es necesaria la autocrítica y, a continuación, el reciclaje. Aguayo es coautora de una guía para «promover y apoyar la lactancia materna en la práctica pediátrica» que está a disposición de todos los miembros de la AEP.

Asegura que la publicidad de la leche de fórmula influye «claramente» en los profesionales, que además dependen de la financiación de la industria para organizar sus congresos, editar sus revistas y desarrollar sus proyectos de investigación. En este aspecto, el sector «aprovecha las debilidades del Código de Comercialización», que no prohíbe expresamente esas actividades. Para los fabricantes, «es un mercado demasiado suculento para dejarlo escapar».

Aguayo recuerda que sólo algunos bebés con enfermedades raras no pueden mamar y un mínimo porcentaje de mujeres no deben dar el pecho por razones médicas: infección por VIH, consumo de drogas o uso de fármacos muy agresivos, como los que se utilizan contra el cáncer. La infección local en el pezón es sólo una contraindicación temporal: la leche se extrae con sacaleches y se tira hasta que la infección sea superada. En cambio, ni la mayoría de los fármacos, ni la mayoría de las enfermedades de la madre, ni siquiera el tabaco, están contraindicados con la lactancia materna, asegura la pediatra. Por ello, aboga por tratar la leche de fórmula como un fármaco que debe recetarse sólo en esos casos excepcionales.

La pediatra recuerda que hay que respetar a las mujeres que no quieren dar el pecho. Pero considera que algo se está haciendo mal cuando, de un noventaytantos por ciento de embarazadas que desean lactar, sólo el 85% sale del hospital haciéndolo tras el parto; al tercer mes son sólo el 53% y al sexto, el 26%. Es una lástima, afirma, porque el niño «tiene derecho a la mejor alimentación». Y resulta que está en su madre.

Publicado en el periódico "El Ideal" de Granada.
Mamilactancia es un grupo de apoyo a la lactancia madre a madre de Granada.

24 de febrero de 2012

Maternar con amor

Desde el precioso blog Madre tierra , os traemos una reflexión sobre lo que verdaderamente es importante en la maternidad con amor; tiempo y disponibilidad. Esperamos que os guste :)

Fotografia de Bru Rovira de su exposición Maternidades.

Artículo originalmente incluido en el número 6 de la revista Madre Tierra

El amor no está de moda. Lo pongo en primer término porque después de tiempo pensando, la gran conclusión a la que llego es esa, en genérico y en particular, en las cosas grandes y en las pequeñas : el amor no está de moda.

Nuestras vidas se aceleran, buscamos respuestas rápidas, placeres rápidos, comidas rápidas, todo rápido. Substituimos los libros por las películas, las películas por las series, las cartas por los e-mails, los e-mails por los mensajes, no nos da tiempo a pensar… ni a vivir. Siempre quedan cuatro, a la sociedad siempre le parecen cuatro, que reivindican el “slow” como forma de vida, son los raros, los diferentes. Pero volviendo al amor, y a su falta de vigencia, os diré que uno de los motivos por los que el amor no está de moda, es porque el amor requiere de lentitud, se precisa ir poco a poco, para saborear el instante, el paisaje, a la persona, o a tu hijo. No se puede maternar amorosamente en la vorágine en la que nos empeñamos en vivir. Un recién nacido, un niño durante sus primeros años requiere de la presencia de su madre, en especial de su madre, no sabe de horarios de adultos, se rige por los suyos propios, y lo suyos no son caprichos, funcionan en base a necesidades: Hambre, sed, contacto, seguridad. Hemos sustituido el amor por el miedo, miedo a no saber. El miedo inhibe el amor, lo amordaza.

Miedo a no saber, las madres dejan de escucharse y escuchan a cualquier otro, compran libros, van a un pediatra, a otro, a un grupo, a otro , buscan, buscamos soluciones fuera, no nos escuchamos. No nos creemos a nosotras, necesitamos que cualquier otro nos valide. Nuestra civilización ha sobrevivido millones de años, y durante muchisimo tiempo no hubo libros de crianza, ni pediatras, ni señores que escribieran libros basándose en no se sabe qué. Durante millones de años, las madres escuchaban a sus hijos y maternaban con amor, y muy mal no les debió ir, porque aqui estamos, nuestra especie no se ha extinguido.

Escribo esto, porque estos días he estado paseandome como antaño por librerias, y me ha sorprendido ver la cantidad de libros que hay en los que se habla de los niños no como seres humanos con derechos, sino más bien como pequeños monstruos que nos hacen la vida imposible, y a los que hay que doblegar rapidamente a nuestros deseos. A esos mismos niños cuando sean adultos, probablemente se les recrimine su falta de iniciativa, su pasotismo, su dejadez, y probablemente entonces ya estemos tan convencidos de nuestros propios argumentos que no entenderemos el porqué.

Ser padres es una labor en ocasiones agotadora, es cierto, te lleva hasta tus propios límites, te pone en contacto con lo mejor y lo peor de ti, te traslada una y otra vez a cómo te criaron a ti. Venimos de una generación en la que no hemos sido demasiado respetados, no digo maltratados, que los habrá, pero venimos de la generación en la que el conductismo, el dejar llorar, el biberón para ser libre, eran la norma y lo que estaba bien. Que ser padres sea agotador, no es excusa para dejar salir tus peores instintos sin hacer nada para mejorar, que al fin es mejorarte. Nos gastamos mucho dinero en psicólogos, talleres transcendentales y no aprovechamos lo que tenemos tan al alcance de la mano :nuestros hijos. Un niño es un camino abierto a uno mismo.

Las madres saben, a pesar de los pesares, a pesar de lo que digan los libros, a pesar de que ese libro tan bueno, te diga algo que te enferma y tras el llanto enferma a tu hijo, las madres sabemos que hay otro modo, un modo amoroso y digno para maternar, a menudo veo que las madres se esconden, que dicen en voz bajita o no dicen los mimos que les dan a sus hijos, de nuevo el no estar de moda, el miedo a ser juzgadas, a no seguir las pautas del libro.

Me consta, intuyo, que el gran exito de libros que promocionan que el llanto del niño no importa (raro es, que no haya libros que digan que las lágrimas del adulto son absurdas y que no hay que atenderlas), tienen un gran público, mucho más público (aún) que los libros que hablan de maternar con amor, crianza respetuosa, intuyo decía, que trás ese gran exito de este tipo de libros, se parapetan miles de padres y madres deseosos de hacerlo bien, que angustiados necesitan que validen su poca paciencia en ocasiones (quien no a perdido los estribos alguna vez), pero la solución nunca es cerrar los ojos o una puerta por la noche para no oír, la solución empieza por escuchar ese llanto, dejar que se te revuelvan las tripas y desde ahí emprender un cambio profundo, que en ocasiones desbarata las casas para reconstruirlas de nuevo, la solución casi siempre es : tiempo. Tiempo y disponibilidad son las grandes claves para maternar/paternar.

22 de febrero de 2012

Estreñimiento y lactancia


Los bebés el primer mes de vida suelen hacer caca a menudo, casi cada vez que comen por dos motivos: Todavía hay calostro (leche mixta, mitad calostro mitad madura hasta el mes), y el calostro es laxante.
Son todavía tan inmaduros que tienen el reflejo gastrocólico: Tal como entra sale.

A partir del mes de vida la leche que sale es leche madura con muy pocos residuos y la mayoría han perdido ese reflejo. Con lo cual es normal y habitual que a partir del mes de vida los bebés empiecen a hacer cacas una vez cada día, cada tres días o una vez cada semana. He conocido casos de una vez en 15 días.

Y esto no es estreñimiento porque, siempre que sólo tomen leche materna, las heces son como una crema dorada sin forma que al bebé no le cuesta ningún trabajo echar.

Estreñimiento sería si el bebé hiciera caca dura con forma churro y de manera muy trabajosa.

Por consiguiente no hay que hacer nada para ayudarle a hacer caca, sólo esperar. Como mucho, un masaje en la barriguita con aceite de oliva, cada día a la misma hora, en círculos que siempre acaben a la izquierda del bebé (donde acaba el colon). Pero esto último como placebo para la madre que es la única que suele sufrir con la situación.

Si se le estimula analmente al bebé, aparte del riesgo de lesiones dolorosas, se llega a una situación en la que el bebé solo hará cacas si se le estimula.

Hay que decir a las madres que es perfectamente normal que un bebé que mame no haga caca en diez días.
Eso sí, cuando haga le llegará hasta las cejas.

Cuando un bebé toma leche de fórmula sí que existe el estreñimiento verdadero: cacas duras con forma, trabajosas de echar.

No se debe dar ninguna fruta ni en formato zumo a bebés menores de seis meses. Ni tan sólo los que toman biberón. Cuanto antes se introducen estos alimentos mayor es el riesgo de causar intolerancias alimentarias y no representan ninguna ventaja nutricional para el niño.

Recordemos que las recomendaciones actuales de la AEPED (Academia Española de Pediatria) es lactancia materna exclusiva por seis meses y añadir alimentos complementarios manteniendo la lactancia materna por un mínimo de dos años.

Y para la lactancia artificial es lo mismo: sólo leche hasta seis meses y luego introducción paulatina de alimentos.

Inma Marcos

20 de febrero de 2012

Bienvenidos A Holanda


A menudo me piden que describa la experiencia de criar a un niño con una discapacidad, que intente ayudar a la gente que no ha compartido esa experiencia única e imaginar cómo se sentirían. Es así...

Cuando vas a tener un bebé es como planear unas fabulosas vacaciones en Italia. Compras un montón de guías y haces tus maravillosos planes. El Coliseo, el David de Miguel Ángel, las góndolas de Venecia. Puede que aprendas unas frases útiles en italiano. Es todo muy emocionante.

Después de meses de ansiosa anticipación, finalmente llega el día. Preparas tus maletas y allá vas. Varias horas más tarde, el avión aterriza. La azafata viene y dice: "Bienvenidos a Holanda".

- ¿Holanda? - dices-. ¿Cómo que Holanda? Yo me embarqué para Italia. Se supone que estoy en Italia. Toda mi vida he soñado con ir a Italia. Pero ha habido un cambio en la ruta de vuelo. Has aterrizado en Holanda y aquí te debes quedar.

Lo importante es que no te han llevado a ningún lugar horrible, asqueroso y sucio, lleno de pestilencia, hambruna y enfermedad. Simplemente es un sitio diferente.

Así que tienes que salir y comprate guías nuevas. Y tienes que aprender una lengua completamente nueva. Y conocerás a un grupo entero de gente que nunca habrías conocido.

Simplemente es un sitio diferente. Camina a un ritmo más lento que Italia, es aparentemente menos impresionante que Ialia. Pero cuando, después de haber estado un rato allí, contienes el aliento y miras alrededor, empiezas a notar que en Holanda hay molinos de viento, Holanda tiene tulipanes, Holanda tiene incluso Rembrandts.

Pero todo el mundo que conoces está muy ocupado yendo y viniendo de Italia y todos presumen muy alto de qué maravillosamente se lo han pasado en Italia. Y durante el resto de tu vida, dirás: "Sí, ahí era donde se suponía que yo iba. Eso es lo que había planeado."

Y ese dolor nunca, nunca, nunca se irá, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy importante.

Pero si te pasas la vida quejándote del hecho de que nunca llegaste a Italia, puede que nunca tengas libertad para disfrutar de las cosas muy especiales, maravillosas de Holanda.

Texto: Emily Pearl Kingsley
Foto: http://www.hangouto.com

18 de febrero de 2012

Educar sin televisión

 
La prestigiosa Academia Estadounidense de Pediatras (AAP) ha publicado recientemente un informe sobre los efectos de la televisión en los niños. Según la organización, los niños menores de dos años no deberían bajo ningún concepto ver la televisión. El informe “Media Use by Children Younger Than Two Years” fue publicado en la edición de noviembre 2011 de la revista especializada Pediatrics.

Hoy en día, es muy tentador confiar en el televisor para entretener a los niños, en especial en nuestra sociedad, en la que las pantallas se hacen omnipresentes tanto en el hogar como en el automóvil e incluso en el supermercado.

Además, la oferta de programas dirigidos a los más pequeños no es precisamente escasa. Sin embargo, un nuevo informe de la American Academy of Pediatrics (AAP) afirma que hay formas mucho mejores de ayudar a los niños a aprender en estas etapas cruciales para la vida.

Según una reciente encuesta, el 90% de los padres afirma que sus hijos menores de 2 años están expuestos a algún tipo de medio audiovisual. Como media, estos niños están frente al televisor una media de una a dos horas al día. A la edad de 3 años, casi un tercio de los niños tienen un televisor en su cuarto. Aquellos padres que opinan que la televisión educativa es “muy importante para el desarrollo saludable” suelen mantener el televisor encendido todo el día o la mayor parte de él.

La primera vez que la AAP hizo recomendaciones sobre el uso de los medios de comunicación para niños menores de 2 años fue en 1999. Ya entonces se formuló una recomendación para que los padres evitaran que sus hijos de estas edades vieran la televisión. Por aquel entonces, existían pocos datos sobre el tema, pero la AAP ya creía que la exposición de los pequeños a los medios podría conllevar más efectos negativos que positivos. Ahora, con la aportación de nuevos datos, la AAP mantiene su recomendación de mantener a los niños menores de 2 años lo más alejados posible del televisor. Hoy se sabe más sobre el desarrollo temprano del cerebro de los niños, sobre las mejores formas de aprender y sobre los efectos que diversos tipos de estímulo y actividades tienen sobre este proceso.
“Las preocupaciones que se planteaban en el informe original son ahora incluso más relevantes, lo que nos ha llevado a elaborar una guía más completa sobre los niños de esta edad”, afirma el Dr. Brown, miembro del Consejo de la AAP sobre Medios de Comunicación.

El informe pretendía responder a dos preguntas clave:

¿Tienen los productos audiovisuales algún valor educativo para los niños menores de 2 años?

¿Existe algún peligro para los niños de esta edad que ven dichos programas?

Las conclusiones más importantes revelan que:

- Muchos programas de vídeo para niños se venden como “educativos” a pesar de que, una vez analizados, no se confirma esta característica. Los programas de calidad son educativos para los niños solamente si estos comprenden el contenido y el contexto del vídeo, lo que solamente ocurre a a partir de los dos años.

- El tiempo de juego desestructurado es más valioso para un cerebro en desarrollo que los medios electrónicos. Los niños aprenden a pensar de forma creativa, a resolver problemas y desarrollar el razonamiento y las habilidades motrices en edades tempranas mediante el juego desestructurado, sin electrónica. El juego libre también les enseña a entretenerse.

- Para los niños, la mejor forma de aprender (y la más necesaria) es la interactividad con los seres humanos, no con las pantallas.

- Los padres que ven la televisión o vídeos con sus hijos pueden ayudar a que el niño los comprenda, pero los niños aprenden más con explicaciones en vivo que mediante la televisión.

- Cuando los padres están viendo sus propios programas, los niños están siendo expuestos de forma pasiva a los medios. La televisión distrae al padre y disminuye la interacción entre padres e hijos. Su presencia también puede interferir con el aprendizaje del niño mediante el juego y la actividad.

- Ver la televisión antes de irse a la cama puede provocar problemas de sueño y alteración de los horarios, lo que puede afectar de forma adversa al carácter, comportamiento y aprendizaje del niño.

- Los niños pequeños que ven mucho la televisión corren el riesgo de quedarse atrás en el desarrollo del lenguaje una vez comienzan el colegio, aunque se deben llevar a cabo más estudios para determinar las causas de este efecto.

Recomendaciones del informe a padres y cuidadores:

- Imponer a los niños menores de 2 años límites de exposición a los medios, teniendo en cuenta que la AAP recomienda evitar su uso para estas edades. Para quienes de todas formas quieren que sus niños vean la televisión,  adoptar con una estrategia de gestión de medios electrónicos.

- Durante el tiempo en que los padres no pueden sentarse y participar de forma activa en el juego con el niño, en lugar de pantallas, optar por el juego independiente supervisado. Por ejemplo, hacer que el niño juegue con cacharros en el suelo mientras el padre prepara la cena.

- Evitar colocar un televisor en la habitación del niño.

- Reconocer que la propia utilización de los medios puede causar un efecto negativo sobre el niño.

El informe también recomienda más investigación sobre el efecto a largo plazo de la exposición a los medios sobre la futura salud física, mental y social de los niños. 

Según el Dr. Brown, “en nuestra actual “cultura del éxito”, lo mejor que puedes hacer por tu hijo es darle la posibilidad de jugar de forma desorganizada, tanto contigo como independientemente. Los niños lo necesitan para averiguar cómo funciona el mundo”.

16 de febrero de 2012


La lactancia reduce el riesgo de cáncer de mama en las madres tardías, según un estudio

* La lactancia en las madres que tienen hijos pasados los treinta puede reducir hasta en la mitad el riesgo de contraer cáncer de mama.
* Eso concluye un estudio realizado por investigadores de la Escuela Keck de Medicina de Los Ángeles.
* Se utilizó una muestra de 1.000 mujeres con cáncer de mama y 1.500 sin problemas de salud.
* Se desconoce cuál es el mecanismo que hace que la lactancia proteja de contraer cáncer.

Las mujeres que se acercan a la treintena a la hora de ser madres pueden reducir el riesgo de cáncer de mama dando el pecho a sus hijos, según concluye un estudio citado por la revista NewScientist.

Diversos estudios habían probado que las mujeres que tienen su primer hijo pasados los treinta tienen más riesgo de tener cáncer de pecho, con independencia de cuántos hijos tengan planeado tener.

El nuevo estudio establece que ese vínculo entre maternidad tardía y mayor riesgo de cáncer de mama sólo se da en las madres que recurren a la alimentación artificial.

El estudio fue hecho por Giske Ursin y sus colegas de la Escuela Keck de Medicina de Los Ángeles, California, con una muestra de 1.000 mujeres de entre 55 y 64 años a las que se les había diagnosticado cáncer de mama y de otras 1.500 mujeres sin problemas médicos.
Otros estudios previos también habían demostrado que el hecho de tener hijos ayuda a prevenir ese tipo de cáncer

Otros estudios previos también habían demostrado que el hecho de tener hijos ayuda a prevenir ese tipo de cáncer.

Sin embargo, el equipo de Ursin descubrió que las mujeres que tenían tres hijos después de los 25 y que nunca dieron de mamar tenían dos veces más posibilidades de tener cáncer que las mujeres que nunca habían tenido hijos.

No se sabe cómo opera

Lo que todavía no se sabe exactamente es cómo protege del cáncer la lactancia.

En cuanto a la protección que da el hecho de tener hijos, algunos creen que los cambios hormonales que tienen las mujeres durante y después del embarazo cambian la composición mamaria de forma que se reduce el riesgo de cáncer en el tejido mamario.
La lactancia podría también reducir el riesgo de contraer tipos de cáncer insensibles a los tratamientos hormonales

La lactancia podría ofrecer una protección adicional "porque la producción de hormonas en los ovarios se interrumpe cuando se da el pecho, reduciendo la exposición de las mujeres a los estrógenos y la progesterona", sugiere Anne McTiernan, directora del centro de prevención del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle, Washington, EEUU.

El estudio de Ursin también demostró que la lactancia podía reducir el riesgo de contraer cánceres insensibles a los tratamientos hormonales.

Esto podría explicarse, según McTiernan, por una controvertida teoría que explica que la secreción de leche podría eliminar los carcinógenos de los conductos mamarios, algo con lo que no están de acuerdo muchos otros expertos.

La imagen es del blog Red de mar

14 de febrero de 2012

Enseñar tolerancia e intolerancia

http://criandomultiples.blogspot.com tolerancia
Nos alegraría saber que muchos padres o madres estáis leyendo estas líneas, quizá sorprendidos por el título. ¿Qué?, ¿cómo?, ¿hay que enseñar intolerancia? Pensamos que sí. Indudablemente hay que enseñar a nuestros hijos a ser tolerantes, con nuestras palabras y sobre todo con nuestros actos. Pero también debemos enseñar a ser intolerantes, claramente intolerantes hacia la violencia, el racismo o cualquier otro tipo de discriminación. Conocer, hablar sobre la violencia o el racismo e, incluso, aceptar a las personas con ánimo de cambiar estos comportamientos debe ir acompañado de una actitud de rechazo, de tolerancia cero frente a estas actitudes, por leves que sean.

Las palabras organizan el pensamiento y también al revés, el pensamiento se organiza con palabras. Expresiones como “moro” o “maricón” deben ser firmemente rechazadas, aportando razones a nuestros hijos. Porque asumir un lenguaje con este tipo de adjetivos, que a veces trivializamos, va conformando una manera de ser, instalándose poco a poco en la personalidad de los niños y de las personas de cualquier edad.

Pero esto solo no basta. Debemos enseñar a nuestros hijos que no es únicamente cuestión de cambiar las palabras: raza por cultura, sexo por género, o desigualdad por diferencia. Lo importante es construir juntos una sociedad convencidos de que la multiculturalidad y la aceptación de cualquier “otro” diferente, por color de piel, minusvalía, sexo, género, etc., no solo es enriquecedor sino que es nuestra condición humana normal. Todos somos seres humanos antes que blancos o negros, cristianos o musulmanes, heterosexuales u homosexuales, catalanes o vascos. Todos somos dignos por igual del mismo respeto. Buscadores de la verdad, no poseedores de la verdad.

No es tolerante el que quiere la uniformidad, persuadir a toda costa a otros para cambiar, para ser como uno quiere. Tampoco es tolerante el que quiere apartar de los ámbitos normales de convivencia a los diferentes. No es posible hablar de una sociedad justa si discriminamos en función de estas diferencias. Porque cimentar una sociedad justa y solidaria sólo es posible si educamos a nuestros hijos en la construcción de valores que permitan a cada uno desarrollar su vida desde el ideal de felicidad que haya escogido. ¿Cómo puede haber libertad para elegir si no hay diversidad? Cuanto mayor sea la diversidad a la que uno se enfrente, en estilos de vida, creencias, costumbres, religión, etc., mayor será la libertad.

La vida nos ofrece múltiples ocasiones que podemos aprovechar para hablar con nuestros hijos: en la calle cuando nos quieren limpiar los cristales de nuestro coche a toda costa; frente al chico negro que pide a la puerta de un centro comercial y pasamos sin respirar; cuando nos cuentan que en su colegio hay una niña que lleva velo y cambiamos de conversación; en la sala de espera del pediatra cuando se quedan mirando a un niño con síndrome Down o en silla de ruedas y no se atreven a preguntar. Nunca es tarde para reflexionar sobre estas oportunidades a veces desaprovechadas, para el diálogo, e incluso sobre nuestra propia reflexión.

Por eso, si alguna actitud intolerante debiéramos consentir a nuestros hijos, sería frente a la injusticia, la discriminación y la violencia. Y si algo debieran defender con pasión, serían las libertades individuales en un marco social de respeto y tolerancia.

“Con todas nuestras diferencias, compartimos un mundo. Ser tolerante es dar la bienvenida a las diferencias y deleitarnos compartiéndolas”.

Fuente: boletín FAMIPED.
Más info en 101 ideas para la tolerancia

12 de febrero de 2012

¿Cómo sé si mi bebé toma suficiente leche?


Una de las mayores preocupaciones que las madres nuevas es si van a tener suficiente leche para sus bebés. Esta preocupación es la razón más común para el inicio de la suplementación con fórmula, así como para el destete precoz. Vivimos en una sociedad que pone mucho énfasis en la medición de todo y muchos de nosotros (y en especial a nuestras madres) fuimos alimentados con biberón, así que  se sabía exactamente al mililitro la cantidad de leche que el bebé tomaba en en cada comida. Puedes estar segura de que casi todas las madres pueden producir suficiente leche para su bebé. La raza humana no habría sobrevivido durante millones de años, si no fuera así. Hay un porcentaje muy pequeño de mujeres que simplemente "no tienen suficiente leche", pero esto es muy inusual, y está más a menudo vinculado a algún tipo de problema médico, (por ejemplo, la cirugía de reducción mamaria, medicamentos maternos como los anticonceptivos, o el hipotiroidismo materno). Muchos de estos problemas médicos se pueden corregir.

Las mujeres tienen dos pechos en lugar de uno para que puedan amamantar a gemelos. Así que es lógico que una madre "normal" con dos pechos sea capaz de producir suficiente leche para un bebé (al menos). Dado que la ingesta de leche materna no se puede medir sin necesidad de utilizar equipos científicos sofisticados, es importante conocer cómo saber si su bebé está recibiendo suficiente leche.

Aquí hay algunas pautas que le ayudarán a evaluar la ingesta de la leche de su bebé:
  • La leche materna debe subir entre los dos y los cinco días después del nacimiento del bebé. El bebé nace con exceso de líquido en sus tejidos, que se excreta en las primeras 48 horas después del nacimiento. Esta pérdida de peso es generalmente de entre 200 y 300 gramos. Sus riñones inmaduros no están preparados para manejar grandes cantidades de líquido durante este tiempo. La pequeña cantidad de calostro (el líquido de color amarillo que sale del seno antes de la subida de la leche) es perfecta para que pueda ser digerida por su recién nacido sistema digestivo y proporciona anticuerpos importantes. Durante las primeras 24 horas después del nacimiento, por lo general se producen alrededor de 37 ml. de calostro. El bebé recibirá 7-14ml cada vez que le des de mamar. 
  • Por lo general, en el segundo o tercer día, comienzas a sentir tus senos "diferentes": más cálidos, más llenos y más pesados. Comenzarás a producir leche de transición en este momento, una combinación de calostro y leche madura, que se verá de color amarillento. Si no sientes estos cambios en el pecho y tu bebé parece tener hambre después de comer, consulta a un profesional de la salud y controla el peso de tu bebé.
  • Tu bebé debe agarrar y succionar rítmicamente durante 10-15 minutos en cada pecho. Puede hacer pausas periódicamente, pero succionará enérgicamente durante la mayor parte de la tetada. Debe parecer satisfecho después de amamantar, y a menudo se quedará dormido en el segundo pecho. Si se queda dormido y no toma del segundo pecho, trate de dividir el tiempo de succión entre las dos partes. Si tiene sueño, obtendrá más leche si toma de cada pecho durante cinco minutos en lugar de diez minutos a una. Tienes que oírlo tragar con regularidad mientras esté amamantando.
  • El recién nacido debe alimentarse por lo menos ocho veces en 24 horas. Muchos recién nacidos toman el pecho de diez a doce veces o más. Esto incluye tetadas largas y tomas cortas como si fueran aperitivos. Dar el pecho cada hora y media a tres, durante el día, con una más larga en el tiempo de unas cuatro horas por la noche (si tienes suerte) es lo habitual cuando se está dando el pecho. No esperes que tu bebé tenga un horario de alimentación cada cuatro horas, la mayor parte de los recién nacidos no aumentarían de peso lo suficiente de esa manera. Puede que tengas que despertar a tu recién nacido para darle el pecho la alimentación; los recién nacidos a menudo no exigen ser alimentados con la suficiente frecuencia, especialmente durante la primera semana o dos. (Ver el artículo sobre el tema Despertar a bebés dormilones para más información).
  • Una vez que sube la leche, debes notar el pecho más lleno antes de las comidas y más vacíos después de amamantar. Puedes ver la leche goteando o chorros en un pecho mientras amamantas a tu bebé en el otro. Ésta es una señal de que tu leche ha subido. Tu cuerpo no sabe que no estás amamantando gemelos, por lo que la leche saldrá en ambos pechos a la vez. Esto también sucede si está dando el pecho a gemelos pero no lo hace con los dos a la vez. Puede que sientas, o no, una sensación distinta asociada a la eyección de leche, o reflejo de bajada. Algunas madres tienen una sensación física muy fuerte, una especie de hormigueo, endurecimiento, o o pinchazos cuando la leche comienza a fluir. Algunas madres no notan una sensación distinta, y algunas  no la sienten hasta que han pasado varias semanas.
  • Estate atenta de los pañales de tu bebé y de los movimientos de su intestino. Además de la ganancia de peso, éestos son probablemente los mejores indicadores de la cantidad de leche que tu bebé está tomando. Durante los dos primeros días tu bebé hará cacas oscuras y alquitranadas, es el meconio. Esta es la materia fecal que el bebé ha estado almacenando desde antes de nacer. Uno o dos días después de comenzar a tomar el pecho, las heces cambiarán tanto en color como en consistencia. Estas heces de transición temprana pueden ser marrones o verdes, y son sueltas y sin forma (con una consistencia como de puré de guisantes). Cuando tu bebé tenga cuatro o cinco días de edad, tendrá "las heces de leche": amarillentas y pastosas, algo así como una mezcla de mostaza y queso cremoso. Debe hacer por lo menos de dos a cinco cacas importantes cada período de 24 horas, y puede llegar a hacer una cada vez que tome el pecho durante las primeras semanas de vida. Si se están produciendo deposiciones con menor frecuencia, puede significar que no está recibiendo suficiente leche.
  • Durante el primer par de días de tu bebé, probablemente moje los pañales sólo una o dos veces al día, ya que está recibiendo el calostro solamente. Cuando al fin sube la leche, se debe mojar de seis a ocho veces en 24 horas. A menudo es difícil saber si un pañal desechable super-absorbente está húmedo o no, ya que el gel en el interior actúa como una mecha para extraer la humedad de la superficie. La orina debe ser clara, incoloro y con olor suave. Una orina de color oscuro, concentrada, puede significar que el bebé no está recibiendo suficiente leche.
  • --- La mayoría de las madres experimentan sensibilidad en los pezones durante los primeros días de dar el pecho. El malestar es generalmente peor cuando el bebé se prende, y se suaviza mientras mama. Si el dolor es severo, dura todo el rato mientras el bebé mama, si el pezón se agrieta o sangra, o los dolores persisten más allá de una semana, puede significar que tu bebé no se ha prendido correctamente. Esto no sólo puede causarte gran incomodidad y hacer las tetadas desagradables, sino que también puede causar que tu bebé no obtenga suficiente leche. Comprueba el peso de tu bebé, y consulta a un especialista en lactancia materna que pueda evaluar la postura. Los problemas de lactancia a menudo se pueden corregir fácilmente.
La única manera de estar absolutamente segura de que tu bebé está tomando suficiente leche es comprobar su peso regularmente. Recuerde que es normal que pierda un 5-7% de su peso en el primer par de días (a menudo los médicos se preocupan cuando la pérdida de peso se acerca o supera el 10%). Para el bebé promedio, esto supone una pérdida de peso de un cuarto de kilo (a menudo más para bebés más grandes). Tienes que preguntar en qué peso se ha quedado cuando salgas del hospital, porque ésa será tu referencia cuando calcules su ganancia de peso, no la del peso con que nació. Por ejemplo: tu bebé pesa dos kilos trescientos al nacer. 48 horas después, al salir del hospital, pesa dos kilos cien gramos. Una vez que te suba la leche, tu bebé debe ganar alrededor de treinta gramos al día durante los primeros meses de vida. La mayoría de los bebés recuperan su peso al nacer en dos o tres semanas. Yo recomiendo a las madres que comprueben el peso al cabo de una semana; en ese momento, la leche ya ha subido, el bebé debe orinar y defecar con frecuencia, ha aumentado el peso y las dificultades de la lactancia materna pueden ser tratadas. Los problemas con la lactancia materna son mucho más fáciles de remediar si se reconocen y tratan a tiempo. El pediatra pesará a tu bebé y la información que te dé será de gran valor, ya que sabrás que la lactancia materna va bien, y podrás relajarte, o sabrás que hay un problema que debe abordarse y que solucionar antes de que un pequeño problema se convierte en uno grande.

Una última nota sobre este tema:
La pesadilla de toda madre es que no tiene suficiente leche y que su bebé se deshidrata. Las historias de horror abundan, y por desgracia, esto se ha producido en alguna ocasión.No hay absolutamente ninguna razón para que esto suceda si sigues las pautas anteriores. La deshidratación verdadera es un hecho médico muy poco frecuente, y hay señales de advertencia que indican que tu bebé necesita más líquidos de inmediato. Si notas cualquiera de los siguientes síntomas (especialmente si se producen al mismo tiempo que otras "banderas rojas", como poca orina o heces), consulta a tu médico lo antes posible.
  • letargo
  • languidez
  • llanto débil
  • sequedad en la boca o los ojos
  • la fontanela del bebé se hunde o está deprimida
  • la piel pierde su capacidad de recuperación (cuando la pellizcas,no vuelve a su estado anterior sino que se queda "pellizcada")
  • fiebre

10 de febrero de 2012

Padres nutritivos


¿Con quién tuvo usted o tiene la relación interpersonal más nutritiva para su desarrollo?

Seguramente la persona en la que usted pensó ha tenido o tiene hacia usted una actitud de valoración de apertura y de disponibilidad, que lo ha hecho sentirse aceptado y querido tal como es.

La relación entre los padres y sus hijos debería ser, por definición, la que más contribuye a generar en el niño la seguridad que da el sentirse incondicionalmente querido y que le permite sentir que cuenta con sus padres. Cuando los expertos se preguntan, ¿qué es lo básico para que la relación padre e hijo sea nutritiva y favorezca el crecimiento emocional de los niños? Parece ser universalmente aceptado que lo esencial es que los hijos se sientan incondicionalmente queridos, a través de los cuidados estables y amorosos de sus padres.

Los vínculos afectivos entre padres e hijos se caracterizan por la presencia de ternura y una especie de amor encandilado, que permite al niño percibir que es realmente querido.

A veces los padres están tan preocupados de las numerosas demandas de la vida laboral y las exigencias que acarrea la educación de los hijos, que esas tareas urgentes hacen perder de vista lo indispensable que es para un hijo contar con la compañía de sus padres.

Si el apoyo y el estímulo de la familia en los momentos positivos son necesarios, la presencia acogedora y sanadora de los padres en los momentos difíciles para que el niño recupere su equilibrio emocional es irreemplazable.

Isidora, de casi cuarenta años, soltera y con pocas amistades, cuenta cómo la falta de competencia afectiva de sus padres le dejó una enorme dificultad para las relaciones emocionales: «Mis padres eran muy poco afectuosos; especialmente mi madre. Ella era una persona que estaba constantemente exigiendo, reclamando y criticando todo lo que yo hacía. De adulta he podido comprender que seguramente me quería, pero que era incapaz de expresarlo. Durante mi niñez —que fue triste— trataba de agradarla, pero nunca lo logré. Después pasé a una etapa de rebeldía enorme y ahora, que soy adulta, siempre me acompaña la sensación de que nada de lo que hago está suficientemente bien hecho».

Para que el hijo pueda percibir lo importante que es para sus padres y lo que lo valoran es necesario evitar:
  • Pasar más tiempo alrededor de las cosas del niño que con el niño mismo.
  • Pasar más tiempo ordenando cosas que jugando con los hijos.
  • Corregirlos en exceso, descalificándolos más que confirmándolos en lo que hacen bien.

El enorme afecto que los padres les tienen a los hijos es necesario que se refleje en hechos concretos. Por mucho que un padre o una madre quiera a sus hijos, si no hay una presencia constante de gestos amorosos que lo reflejen es muy difícil que ellos se sientan valorados y queridos.

Sea muy generoso en las muestras de afecto hacia sus hijos y muy prudente y controlado al manifestar sus críticas. Esté disponible para atender los requerimientos y para valorar sus logros por pequeños que sean. Es esencial que ese inmenso amor que usted tiene por su hijo sea percibido fácilmente por el niño y le permita tener claro lo importante que él es para usted.

Por Milicic Neva, colaboradora de la Revista Ya, del periódico El Mercurio.

8 de febrero de 2012

Niños de desarrollo lento o diferente

Un interesante artículo de Judith Falk sobre el desarrollo de los niños y el respeto que tenemos que tener a sus propios ritmos.

6 de febrero de 2012

Paternidad responsable


Actualmente estamos viviendo en una sociedad muy competitiva, muchas veces se ha de pasar más tiempo del deseado en el
trabajo y esta ausencia puede perjudicar el buen crecimiento de nuestros hijos.

Antes de ser padres deberíamos saber la enorme influencia que ejerceremos sobre nuestros hijos, ya que seremos referente y modelo hasta su edad adulta.

Los futuros padres deberían hacer el esfuerzo por descubrir cómo son ellos mismos, cómo fueron educados por sus padres, cuáles fueron los errores y daños emocionales que recibieron del ambiente familiar y sociocultural, y cómo todo ello ha moldeado su personalidad. Sólo así podrán corregir actitudes y comportamientos negativos hacia el niño pudiendo actuar con mayor lucidez, amor y responsabilidad por el bien de su hijos.

Hay conductas perjudiciales que al ser habituales no nos damos cuenta de que perjudican a nuestros hijos, un ejemplo serían las peleas y discusiones delante de ellos. Los niños, sobre todo los más pequeños, no entienden el significado de las palabras pero sí la forma en como éstas se dicen. No perciben las palabras por su contenido, sino como sonidos agradables, desagradables u hostiles. Así, cuando los padres discuten delante de sus hijos, éstos sufren el ambiente turbado que los rodea y su dinámica de pensamiento es la siguiente: “soy culpable de las discusiones de mis papás porque me he portado mal y temo que me van a abandonar”. Esto les ocasiona problemas afectivos, a veces graves.

Otra conducta que perjudica la salud emocional de los niños se produce cuando los padres los dejan a menudo con abuelos o “canguros”. Esto crea en ellos sentimientos de culpa y abandono, ya que intuyen que estorban a sus padres. Los niños van reprimiendo y acumulando en su inconsciente todos estos sentimientos, dificultándose así su sano crecimiento emocional.

Cuando los hijos se hacen adultos, todo ese dolor inconsciente puede volver al campo consciente en forma de síntomas, tales como fobias, miedos, ansiedades, depresiones, problemas de autoestima, etc. A causa de esto es importante que los futuros padres sean conscientes de que tener hijos no es simplemente concebirlos, atenderlos sólo cuando disponen de tiempo libre o comprarles regalos para compensar su falta de atención, paciencia y cariño suficientes. Han de comprender, además, que su responsabilidad y compromiso con ellos les obligará muchas veces a cambiar o renunciar a ciertas actividades o estilo de vida.

Algunas de las dinámicas de comportamiento fáciles de realizar y que favorecen el buen desarrollo del niño son:

- Crear un ambiente familiar tranquilo.
- Dedicarles tiempo, afecto, cuidados y juego compartido suficientes.
- Valorarlos y respetarlos incondicionalmente.
- No discutir delante de ellos.
- No compararlos con otros hermanos o niños.
- Querer a todos los hijos de igual manera, pensando que cada uno tiene su propio carácter.
- No descalificarlos.
- Evitar que vean espectáculos violentos.
- No sobreprotegerlos.
- Cuidarlos y enseñarles sin recurrir al miedo, la amenaza o el castigo.
- No frustrar la mayor parte de sus deseos.
- No dejarlos a menudo con “canguros” y abuelos.
- Compartir decisiones.
- Hacerles responsables de sus acciones.
- No hacerles chantaje emocional.
- Ser consciente que el ritmo del niño es más lento.
- Reñirlos o castigarlos sin rabia y en el mismo momento del mal comportamiento.
- Dejar que se ensucien cuando juegan.
- No dar mensajes contradictorios.
- Evitar comentarios negativos delante del niño, como por ejemplo: este niño no para nunca.
La American Academy of Pediatrics aconseja a los padres que no deberían dejar ver la TV a los niños menores de dos años para prevenir problemas de atención.

De Georgina Bermejo, psicoterapeuta.

4 de febrero de 2012

Los enemigos de la creatividad de los niños

En la vida, las presiones psicológicas que inhiben la creatividad de los niños no tardan en manifestarse. La mayor parte de los niños en edad preescolar, así como los que cursan primero de primaria, aman ir al colegio, se entusiasman con la idea de explorar y aprender. Pero cuando llegan a tercero o cuarto, a muchos de ellos ir al colegio ya no les gusta, y no encuentran ya ningún placer en su propia creatividad.

En la vida, las presiones psicológicas que inhiben la creatividad de los niños no tardan en manifestarse. La mayor parte de los niños en edad preescolar, así como los que cursan primero de primaria, aman ir al colegio, se entusiasman con la idea de explorar y aprender. Pero cuando llegan a tercero o cuarto, a muchos de ellos ir al colegio ya no les gusta, no encuentran ya ningún placer en su propia creatividad.

La doctora Amahile, con sus investigaciones, ha identificado los principales enemigos (sic killer) de la creatividad.

Vigilancia. Significa actuar sobre los niños haciéndoles sentir que están permanentemente observados mientras trabajan. Cuando un niño está bajo constante observación, el impulso creativo, la capacidad de adentrarse en algo nuevo se esconde bajo tierra.

Valoración.Significa infundir una excesiva preocupación sobre el juicio de los demás. Los niños deberían preocuparse principalmente por estar satisfechos del resultado alcanzado, y no concentrarse en el modo en el que son valorados por los otros, o en lo que pensarán de ellos sus compañeros.

Recompensas. Este error consiste en el excesivo uso de premios, como estrellas doradas, dinero o juguetes. Si se hace un uso excesivo de las recompensas, éstas privan al niño del placer intrínseco en la actividad creativa.

Competición. Significa poner a los niños en una situación sin vía de escape, en la cuál o se gana o se pierde, en la que sólo una persona puede llegar a la cima. En lugar de esto, debería dejarse al niño seguir su propio ritmo (aunque, no obstante, pueden ejercerse competiciones sanas que alimenten el espíritu de grupo).

Excesivo control. Consiste en decir a los niños cómo deben hacer exactamente los deberes, cómo deben ayudar en casa e incluso cómo deben jugar. Padres y profesores a menudo confunden el deber de instruir con esta especie de microgestión. Esto induce a los niños a creer que cada originalidad es un error, que cada exploración una pérdida de tiempo.

Limitar las opciones. Significa decir a los niños qué actividades deberían emprender, en lugar de dejarles que vayan solos donde les lleven la curiosidad, la pasión. Sería mucho mejor dejar que los niños elijan aquello que les interesa, y después apoyarles mientras sigue sus inclinaciones.

Presión. Consiste en crear expectativas grandiosas en torno a la prestación de un niño. Por ejemplo, cualquier forma de instrucción forzada, aquella que empuja a bebés apenas capaces de mantenerse en pie a aprender el alfabeto o las matemáticas mucho antes de que estas materias les interesen, puede fracasar con facilidad, terminando por provocar en el pequeño una verdadera aversión por la materia así impuesta.

Uno de los enemigos de la creatividad más comunes es algo mucho más sutil, tan profundamente arraigado en nuestra cultura que apenas lo notamos: se trata del tiempo.

Si la motivación intrínseca en un factor clave de la creatividad infantil, el elemento crucial para cultivarla es el tiempo: un tiempo ilimitado, suficiente para que el niño saboree y explore una determinada actividad o materia particular haciéndola propia. Quizá uno de los peores crímenes que los adultos cometen contra la creatividad infantil consiste en privarlos de este tiempo.

EL ESPÍRITU CREATIVO (Daniel Goleman, Michael Ray, Paul Kaufman; 2001)

2 de febrero de 2012

Menú para lactantes

En épocas de crisis hasta los bebés tienen su rinconcito en las rebajas y promociones de los restaurantes ;)


PD: Gracias Abi :)