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30 de septiembre de 2013

Las emociones negadas


Existen 4 emociones básicas: Alegría, miedo, tristeza y rabia. Estas emociones son universales y se presentan en niños y adultos. Su función es dar salida a lo que sentimos, y deben ser expresadas.

¿Qué sentido tendría una emoción que no es expresada? Todos comprendemos que los sentimientos deben serlo…excepto si nos fijamos en lo por desgracia habitual con los niños.

Hagamos un ejercicio de memoria, con nosotros mismos o con lo que solemos ver a nuestro alrededor: ¿no es cierto que lo “normal” es ver como se le dice a un niño “no llores”, “no te enfades”, “no tengas miedo”? En cambio la expresión de la alegría se ensalza. Creamos categorias de emociones buenas deseadas y emociones malas a reprimir. Y esto no es bueno, ni en adultos y mucho menos en niños que están creando la base de su desarrollo psicológico futuro.

¿Qué le trasmitimos a un niño al que le decimos que no se enfade? que reprima su rabia, rabia que no deja de sentir, rabia que al no ser expresada le daña. ¿Y cuando le decimos que no tenga miedo? Además de transmitirle que para nosotros no es importante lo que siente, le decimos que sienta el miedo en soledad, que no está bien visto que lo exprese y lo comparta. Con un “no llores” estamos transmitiendo de nuevo que sus emociones para nosotros no son importantes, y que si está triste no debe acudir a nosotros ni expresarlo, sino sentir esa tristeza en soledad y sin ser expresada.

Las emociones son sanas. Todas y cada una de ellas. No debemos reprimirlas. Como padres debemos ACOMPAÑAR. Si expresa rabia, miedo o tristeza, podemos decirle “se que estás enfadado/asustado/triste por X, lo se, estoy contigo”. Y abrazarle si quiere. Así el niño siente que comprendemos sus emociones, que puede expresarlas, y en un futuro sentira la confianza suficiente en sus padres para hablar con ellos de lo que siente. Sabrá reconocer sus emociones y no las reprimirá. Aprenderá a reconocer las emociones ajenas y sentirá más empatía. No tendrá miedo a expresar sus sentimientos ni a dar nombre a los de los demás.

Una emoción reprimida daña. No por no expresar por ejemplo rabia, como socialmente está bien visto, la emoción desaparece. La rabia sigue ahí, y al no darle salida la emoción no cumple su función.

Cuando los niños son pequeños, además de no reprimir estas emociones, debemos ayudarles y acompañarles verbalizandolas.

¿Y que solemos ver habitualmente cuando los niños crecen? pues que además del daño causado negando y reprimiendo emociones durante su infancia, los padres después se extrañan cuando su hijo no comparte lo que siente o piensa con ellos. Normal, ya que ha recibido entrenamiento para ello desde que era muy pequeño, seamos conscientes de ello o no. Y ellos tampoco serán conscientes en la mayoría de los casos de que están reprimiendo sus emociones, su cerebro estará entrenado para hacerlo de modo automático. Se convertirán en adultos que no sabrán lo que sienten, reprimirán sus sentimientos inconscientemente, tendrán miedo a expresarse, a compartir lo que sienten.

Pensemos siempre en nuestros hijos como personas dignas de respeto y dejemos a un lado lo que nos dicta la sociedad como deseable, por un desarrollo psicológico correcto de nuestros niños. Poco a poco, cambiaremos el mundo.

Laura Perales Bermejo, psicóloga y dueña de www.renacuajos.com

28 de septiembre de 2013

A estos niños les falta el verde


Si le pregunta a alguien de más de 35 o 40 años, es probable que muchos de sus mejores recuerdos infantiles se localicen en el campo, entre árboles y plantas, descubriendo insectos o cazando mariposas. Pero los niños de hoy ya no juegan al aire libre, y eso puede tener consecuencias para su salud física y mental, según advierten los expertos.

Esta semana, el diario 'The Guardian'se hacía eco de una encuesta británica a 2.000 menores de ocho a 12 años con un puñado de datos curiosos. El 64% de ellos sólo había salido a jugar a la calle una vez en la última semana, el 28% no había dado un paseo por el campo en el último año y uno de cada cuatro ni se había subido a un árbol ni había estado en una granja en su vida.

La misma encuesta, realizada por el canal de televisión Eden, también recogió el sentir de los padres: el 43% de ellos pensaba que los chicos no deberían jugar fuera solos hasta los 14 años (aunque algunas encuestas anteriores elevan hasta el 85%-90% la tasa de padres con temor a que sus hijos sean secuestrados estando en la calle).

Vivir en una ciudad, rodeados de pantallas de todo tipo en casa, el temor a los desconocidos o al tráfico son algunos de los factores que han alejado a los niños de hoy de la naturaleza, aunque muchos padres no son conscientes de que este nuevo estilo de vida puede estar empobreciendo su crecimiento personal.

"El niño necesita estar en contacto con la naturaleza para su desarrollo", explica a ELMUNDO.es el doctor José Antonio Díaz Huertas, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Social. "Necesita pasar frío, calor, sudar, descubrir los insectos... Si piensa que la leche o los huevos vienen del supermercado, le faltará una parte importante para comprender todo el ciclo biológico".

El juego al aire libre no sólo fomenta la actividad y reduce el nivel de obesidad infantil (una de las mayores preocupaciones de los estadounidenses, según una encuesta de esta misma semana), sino que fomenta otros beneficios, como el pensamiento crítico, la capacidad para resolver problemas o la creatividad. Por no hablar del amor a la naturaleza, difícil de aprender conectado a una videoconsola.

Aunque no se trata de medicalizar el problema, el periodista Richard Louv (autor de 'El último niño de los bosques' o 'No dejen al niño dentro') se ha atrevido a ponerle nombre al problema: 'síndrome por déficit de naturaleza'. Un mal que podría afectar a todos esos niños estadounidenses que, según la Fundación Kaiser, pasan una media de 53 horas a la semana conectados a un ordenador, consola o videojuego (mucho más, seguramente, del tiempo que sus mayores dedican al trabajo en el mismo periodo).

"A medida que pasan menos tiempo en el medio natural, sus sentidos se reducen, física y psicológicamente", explica Louv a ELMUNDO.es. "Esto reduce la riqueza de la experiencia humana y contribuye al déficit que yo menciono". Un término, reconoce, que sirve más como descripción de una realidad que como diagnóstico médico.

Según este mismo autor, apenas un 21% de la generación actual tiene la oportunidad de jugar al aire libre en comparación con el 70% de sus mayores; aunque la tendencia a jugar cada vez más dentro de casa y menos al aire libre se repite en varios estudios publicados recientemente, tanto en Reino Unido como Australia. Y cualquier pediatra confirmará que los percances que sufren los niños (a excepción de los accidentes de tráfico o el ahogamiento) son más probables por algún pico de casa que por caídas de los árboles.

"Los padres están más preocupados porque el colegio de sus hijos tenga polideportivo y piscina, cuandoantes jugábamos en un patio de arenay hacíamos deporte de una forma natural. Cuando sean mayores, si no tienen un polideportivo cerca, es posible que estos niños no sepan hacer deporte", añade por teléfono el doctor Díaz Huertas desde algún rincón de la sierra de Madrid.

Mientras se asfaltan los patios de los colegios para evitar los charcos ("si un niño se moja no pasa nada") y las ciudades eliminan los lugares de juego naturales, este pediatra, como todo el movimiento verde que está surgiendo en países como EEUU, recomiendan sacar a los niños al campo y dejarles descubrir lo que les rodea por sí mismos. "Porque si no, cosas que antes no suponían un riesgo para ellos, ahora sí lo son porque no están acostumbrados".

Publicado en el diario El Mundo.
La imagen es del Grupo Saltamontes

26 de septiembre de 2013

Juntos en la escuela, la batalla de Meritxell Palou


Meritxell Palou es una madre coraje. Allá por el mes de junio supo que sus hijas serían separadas en la escuela sin que nadie le hubiera consultado nada. Y decidió luchar para que sus hijas fueran juntas. Abrió una solicitud en change.org para que la decisión de que los mellizos y otros múltiples fueran juntos o separados fuera de los padres y no del colegio, donde al fin y al cabo ni siquiera ven a los niños hasta el mismo día de empezar las clases. Cuando lo de change se le quedó pequeño, decidió abrir una página en facebook, Múltiples juntos en la escuela, decisión de los padres, desde donde se ha movido y ha removido la red social, desde padres anónimos a psicólogos, maestros, directores de colegio y a este blog, que la ha seguido y apoyado desde el primer momento, ofreciéndole la documentación sobre juntos o separados que teníamos.

Entre algunos de sus fans crearon el vídeo que acompaña este post, que es precioso.

Y, aunque las niñas de Meritxell empezaron el cole separadas, finalmente la dirección del colegio se apeó del burro y ha aceptado que vayan juntas.

¡¡¡ENHORABUENA, MERITXELL!!! Tus hijas tienen una suerte inmensa por tener una madre como tú.

24 de septiembre de 2013

Enemigos domésticos de la mujer embarazada


El cuentacuentos de Stephen King. Reúne a todos los niños de los alrededores, hoy toca cuentos de nacimientos. ¿Quieres saber de una episiotomía horrible? ¿No? Pues te aguantas, estás embarazada y eso significa que es obligatorio que te tengas que tragar todos los detalles del desagradable parto de la mujer que te precede en la cola del súper. Después de todo, es importante saber cómo tu vecina perdió su tapón mucoso en una barbacoa.

El picajoso de los nombres. Sin duda tú y tu pareja le habéis dado mil vueltas al nombre que le pondréis a vuestro hijo y es importante que este amigo sopese vuestra decisión y os ofrezca un par de nombres que se le ocurrieron camino del trabajo. Además, odia el nombre que habías pensado, porque les recuerda a una chica en la escuela secundaria que tenía una marca de nacimiento divertida en su barbilla. Simplemente asiente y dile que tendrás en cuenta el nombre de KanDi con un corazón sobre la "i" y deja las cosas así.

El examinador de tamaño. Esta es la persona que te preguntará si esperas dos o si estás segura de que no sales de cuentas mañana en lugar de dentro de tres meses. Esta es la misma persona que señalará lo pequeña que es tu barriga, si así lo considera necesario. "¿Dónde lo escondes?" "Parece que te has tragado una aceituna". Es difícil decir si se supone que es gracioso o si es un cumplido, pero por lo general te hace sentir como si tuvieras que estallar o como si algo le pasara a tu ahora diminuto feto.

El aguafiestas. Esta persona te dirá, en cualquier momento que parezca que estáis un poco demasiado contentos de tener un bebé, "Ya verás cuando tengas el niño. ¡Se te acabó el dormir, comer, reír, respirar, follar o ir a bucear a Lanzarote! ". Es evidente que no se dan cuenta de lo difícil que es tener un bebé, así que asumen que les toca a ellos asegurarse de que no te emocionas demasiado. Los bebés son horribles. ¡Estúpidos bebés!.

El médico. Es realmente increíble que hayas llegado tan lejos teniendo en cuenta lo imprudente que estás siendo con tu dieta y rutina diaria. Normalmente no les importaría, por supuesto, pero ya que hay un bebé de por medio, es mejor llegar y darte un manotazo en la mano con la que sostienes tu taza de café, o mejor aún, te mira desaprobadoramente y mueve la cabeza. Eso te enseñará. Después de todo, no quieren que sus impuestos tengan que pagar la operación para cortarle la cola a tu hijo.

El metepatas accidental. Qué gran momento cuando alguien te pregunta si tu embarazo fue un accidente. A esta gente le parece importante hacerte saber que no aprueba tu calendario reproductivo y que deberías consultarle la próxima vez. Es evidente que eres demasiado joven, vieja, fértil, gorda, divertida o alta para tener un bebé en este momento de tu vida y, francamente, está sorprendido por tu absoluta falta de juicio. Estas son las mismas personas que te dicen: "¿No te das cuenta?" mirándose los dedos de los pies y a los que no les gusta la pizza. No son más que inútiles.

El obseso sexual. Seguramente, si ya tienes una niña, querrñas un niño y viceversa. Si  no tienes hijos supondrán que tú quieres niña y tu pareja quiere un niño porque así es como funciona. Estas son también las personas que se quedarán ojipláticas si les dices que no quieres saber el sexo del bebé"¿No quieres saber?", "¡Yo me volvería loco!" Tal vez sea ya así y ya lo estás.

El inquisidor del huevo. Esta es la persona que te pregunta si has concebido naturalmente. Es elegante, ya que, si has necesitado tratamientos de fertilidad tendrás que contarle a esta persona una parte privada de tu vida y si no los has necesitado, entonces también tendrás que contarle a a esta persona una parte de tu vida privada. Es una situación deliciosamente absurda y no hay manera discreta de responder, así que siéntete libre de tirarte un pedo y largarte.

La muñeca hinchable sorprendida. Estas son las personas que te ven aproximadamente a las 37 semanas, y te dicen cosas como "¿Todavía estás embarazada?" o "¿No has tenido ese bebé todavía?" o el súper útil "Supongo que simplemente no quiere salir", lo que es genial porque parecen indicarte que estás claramente posponiendo el parto.

El gorila tocador de barrigas. Tú SABÍAS que iba a venir. A todas nos encanta la gente que te toca la barriga y sube la mano hasta llegar al estómago. Es especialmente agradable cuando lo hace ese novio de tu cuñada que huele a queso hace y hace "mmmmmm" al mismo tiempo. Mi regla personal de oro con éste tipo de gente: si no te incomodaba que te tocara el muslo cuando no estabas embarazada, entonces probablemente esté bien que te toque la barriga... con permiso... Ya sabes, como cuando tu novia te da un golpecito en la pierna en el cine y dice, "¡Oh, Dios mío, me olvidé de decirte que me acosté con David Beckham!" Creo que ella sí sabría cómo tocar una barriga. 

Aunque la mayoría de vosotros estará totalmente de acuerdo con esta lista siempre hay algunas personas que piensan que no pueden más que ganar en lo que se refiere a una mujer embarazada. Yo diría que las embarazadas ya tienen que lidiar con cosas como el ardor de estómago, las náuseas, las hemorroides y aprender lo que es el perineo y ninguno de nosotras debería tener que saber acerca de las infecciones, por lo que no. No, no se puede ganar. Lo siento. No me gusta ser quien te lo diga, pero lo mejor es sepas [inserta aquí lo del toque del muslo.]

En cuanto a lo que todos deberíamos decir a una mujer embarazada, me encanta este comentario que fue dejado en el blog:
"Pude ver a este tipo mirarme en el ascensor a pesar de mis esfuerzos por centrarme en los números de los pisos. Justo antes de salir del ascensor. Se paró, me miró y dijo: "Seguro que va a ser un bebé precioso."

Me gusta pensar que se parecía a David Beckham.

Publicado en Rants from mommy land

22 de septiembre de 2013

La alegría de dar el pecho a dos niños


Oigo un grito que viene de otra habitación y sé exactamente lo que es. Un mordisco. Una vez más. Cuando llego a la puerta, uno de ellos está de pie allí, con un libro en la mano, unos lagrimones como puños y una marca circular húmeda y reveladora en su manga. La otra, su hermana, se da algo parecido a un paseo por la habitación con una media sonrisa en su cara, sin mirarme de forma directa, pero controlando mis movimientos.

Mellizos. Dos mellizos de un año. La crianza de mellizos tiene sus altibajos, eso es seguro.

Después de una breve discusión sobre lo que pasó (y un poco de severidad exasperada por mi parte) me siento en la "silla grande", y la parte perjudicada se sienta inmediatamente en su posición. ¡Teta! El llanto se detiene inmediatamente, comienza a mamar, da un suspiro, se relaja, y se abraza a mí. Las lágrimas se detienen. Al poco tiempo, su hermana también está trepando a la silla. ¿Teta? Esta es una pregunta capciosa, sé que esto es algo más que una petición de mamar.

Me ablando. Ansiosa sube y se tumba "¡mi sitio!" El mordido se aparta por un momento: "junto a Dee Dee", dice, señalando a su hermana Delia, ahora felizmente también a la teta. Vuelve a mamar, y pronto están jugando con las manos del otro, acariciando los brazos y la cara del otro, parloteando de un lado a otro  en una especie de "conversación". En cuestión de minutos, se ha pasado de la tormenta a la calma. Ahora somos tres cuerpos, abrazados juntos, descansando, relajados, en paz con el mundo, un momento de calma y conexión en medio de un día de acción sin parar.

En estos momentos, a menudo pienso en lo que luché para llegar aquí: problemas crónicos de suministro de leche, grietas en los pezones, extracción de leche y alimentación con jeringa, pociones de hierbas y medicinas, cuidado, obsesión por los suplementos de fórmula, lavado de biberones y control de cantidades y un sin fin (¡realmente infinitas!) de días y noches de lactancia materna sin parar y de malabares con los bebés. Esos días no eran los buenos días de sabiduría en la lactancia, y sé que muchas, muchas madres de múltiples nunca llegan más allá de la parte difícil. Mamás increíbles que nunca serán capaces, por muchas razones, de llegar a lo bueno, lo fácil, la rutina de lactancia cómoda, feliz y sin esfuerzo en la que estamos ahora.

Aunque sé de muchas mujeres que dan el pecho a sus bebés mayores e incluso a niños y unos cuantas que dan el pecho a gemelos, todavía no he conocido a otra mamá que de el pecho a mellizos mayorcitos. ¿Hay alguien ahí fuera, en alguna parte? Estoy muy contenta de tener esta forma de conectarme al instante con mis dos hijos, ser todavía capaz de amamantar en tándem para dormirles cada tarde, para hacerles sentir cómodos, para acabar con la rivalidad entre hermanos y con estados de ánimo cutrecillos todo de golpe. Es verdaderamente una bendición, no una carga. Así que, aunque muchas veces no estaba segura de que lo conseguiríamos, ahora, aquí estamos, y seguramente lo echaré de menos cuando termine.

Qué suerte tengo, qué afortunada soy.

Publicado originalmente en Code name: mama

20 de septiembre de 2013

Doce características de un bebé de alta demanda

  1. Intensidad: Estos bebés ponen más energía en todo lo que hacen: lloran muy alto, comen vorazmente, sonríen con gusto y protestan con más fuerza si sus necesidades no son cubiertas a su satisfacción.
  2. Hiperactivo: Relacionado con la intensidad arriba referida. Causa hipertonía muscular. Les va por ello muy bien el contacto físico, que les relaja.
  3. Absorbente: ¿Sientes que tu bebé te "chupa" toda tu energía?
  4. Mama frecuentemente: Eso significa que hay días que dudas ¿me habré convertido en un chupete humano? o que puede llegar a mamar cada hora, o cada 20 minutos, o cada... nadie le dijo a este bebé que los bebés maman con regularidad
  5. Demandante: Si sientes que nunca llegas lo suficientemente rápido junto a él, sus demandas tienen un carácter de "urgencia" exagerada y a las 5 de la tarde todavía no te has podido duchar por atenderle.
  6. Despertares frecuentes: Un bebé que necesita más de todo menos dormir; se despierta cada hora, por la noche puede ser desesperante. Y como se te ocurra toser o estornudar allí estará con sus ojitos abiertos.
  7. Insatisfecho: Has probado todo y nada funciona ¿seré una madre incompetente? No, estos bebés son así, tendrás que jugar a prueba y error constantemente. cuando atines con lo que le pasa, no te olvides de felicitarte.
  8. Impredecible: Lo que ayer funcionaba hoy no sirve. Vuelve a leer el punto anterior y deja de pensar qué estás haciendo mal.
  9. Hipersensible: Se excita con cualquier cosa. Están siempre en estado de alerta, ruidos normales les sobresaltan. Muy empáticos.
  10. Piel con piel: No les basta con que mamá esté cerca, quieren tocarla, así que quieren brazos, dormir con ella... extraen del entorno el máximo contacto físico posible.
  11. No se calman solos: No solo necesitan ayuda para dormirse, como cualquier bebé; también la necesitan para seguir dormidos.
  12. Sensible a la separación: La canción "Only you" es su tema favorito. Parecen vivir en una eterna fase de angustia de separación.

18 de septiembre de 2013

Lo que toda mamá (y toda sociedad) debería saber acerca de la crianza en brazos


Cuando mis hijos nacieron, instintivamente busqué la manera de facilitarme la vida y ahorrarme dolores de espalda, así que me hice de un canguro en el que traje cargados a mis tres bebés los primeros meses de su vida. Para mí fue estupendo… ¡y supongo que para ellos también!
Era muy cómodo traerlos conmigo y al mismo tiempo tener “manos libres” para cocinar, sacudir, ir al súper, ir al parque, jugar con los más grandecitos, ¡y hasta ir al baño!
Ellos disfrutaban de ser parte de todas las actividades que yo realizaba mientras que sentían un abrazo cálido y continuo. Ahora que he descubierto acerca de la crianza con apego, leo toda esta información con un sentimiento de profunda alegría y algo de nostalgia también. La alegría por saber que tantas madres están arrebatándole autoridad a los paradigmas sociales y culturales, y se la están devolviendo a su propia intuición de madres. Y la nostalgia de desear haber amamantado por más tiempo, de haber dejado que mis niños durmieran conmigo desde pequeñitos, ¡y de haber sabido que existían los fulares!
Hace unos meses, mi querida amiga de la infancia, Paola, tuvo a su primer bebé. El mejor regalo que se me ocurrió darle fue un fular, y ahora compruebo que así lo fue. Yo no conocía los fulares más que en fotos, hasta ese día en que abrimos el suyo y me lo probé. ¡Qué hermoso!, ¡qué bonita tela y qué comodidad!
Mamá y bebé han estado felices. Pao, que es fotógrafa, realizando sus actividades con total libertad; y la bebé, absorbiendo toda la novedad del mundo que le rodea, al mismo tiempo que absorbe todos los nutrientes del amor y cuidado de su mamá.
Ella me comentaba:
”Al tercer mes, los bebés ya pesan mucho como para seguir amamantando y andar haciendo cosas; tal vez por eso en algunos casos no se lleva la lactancia a períodos mas largos. Creo que cuando se siente que amamantar o tener al bebé en brazos “quita tiempo” es porque no se ha integrado al bebé a las actividades personales de la madre. El fular me ha resultado una ayuda enorme para que en la medida de lo posible se dé esa integración.
Traerla conmigo durante el día me permite amamantarla al cien por ciento al mismo tiempo que tengo las manos libres para continuar con los proyectos que tenía antes de su llegada. Y si amamanto sentada, entonces aprovecho para observarla, hablarle, y conectarme con su mirada. Ni pensar que me pusiera a ver tele durante esos momentos”.
En días pasados se celebró la semana internacional de crianza en brazos, por lo que me sentí inspirada para escribir sobre este tema; y aunque se escoge una sola semana para celebrar este concepto, yo creo que su trascendencia va mucho más allá. El apego no es solamente una serie de rituales, sino una actitud constante, un entendimiento de las necesidades de los niños. Asumir la responsabilidad de la crianza de nuestros hijos es un estilo de vida.
Hace un tiempo escuché de un libro que captó mi atención: “The continuum concept” (El concepto del continuum), de Jean Liedloff. Una mujer que vivió en la tribu de los Yequana en Venezuela. Su observación a esas madres y a la manera en que se relacionaban con sus hijos, cambió su manera de pensar y de ver la cultura occidental. No me quedé con las ganas de saber más, y hace como dos años leí ese libro. Su lectura no es muy fácil, pero vale la pena.
Algo que me sorprendió mucho saber es que las madres de esas sociedades llevan a sus bebés en la espalda continuamente mientras que ellas siguen con sus tareas cotidianas. Los niños están felices allá arriba, siendo parte de la acción que se lleva a cabo día con día. Para cuando están listos para “bajarse”, conocen todo lo que se hace en su sociedad y quieren ser parte de ella, por lo que tienen una actitud de cooperación y servicio. En vez de hacerlos a un lado, sus mamás confían en ellos y los animan a involucrarse y a participar en tareas que ante nuestros ojos occidentalizados parecerían peligrosas. Para los cuatro o cinco años de edad, un niño es una verdadera fuerza laboral para su familia. En vez de ver a los niños como una carga, se les ve como miembros productivos de la sociedad. Esa perspectiva hace que los niños crezcan con un sentimiento de satisfacción, pertenencia y plenitud.
Ella escribe:
“…Lo que se entiende aquí como “correcto” es lo que resulta adecuado para el antiguo continuum de nuestra especie, ya que se adapta a las tendencias y expectativas con que hemos evolucionado. Las expectativas, en este sentido, se encuentran tanto en el hombre como en su propio diseño. Sus pulmones no solo contienen aire, sino que puede decirse que son una expectativa de él; sus ojos, una expectativa de luz…
El continuum humano también puede definirse como la secuencia de experiencias que corresponde a las expectativas y tendencias de nuestra especie en un entorno consecuente con aquello en lo que esas expectativas y tendencias se formaron. Incluye, además, que las otras personas que forman parte de aquel entorno se comporten y nos traten adecuadamente.
El continuum de un ser es completo. Sin embargo, forma parte del continuum de su familia, el cual a su vez forma parte del continuum de su clan, comunidad y especie, al igual que el continuum de la especie humana forma parte del continuum de la vida.”
Yo estoy convencida de que cuando estamos dispuestas a traer a nuestros hijos a bordo, el bebé adquiere una gran seguridad al saber que es valioso, ya que sus necesidades son suplidas y no pasadas por alto. Cuando ha satisfecho su necesidad de ser cargado, un día se baja de allí y se enfrenta al mundo con naturalidad. Para mí, ése es el comienzo de la definición de su identidad como ser humano. Un niño con una identidad bien definida es un ser humano seguro e independiente.
Ahora que mis hijos son mayorcitos, nosotros les hemos dado la libertad de que aprendan de la vida real acompañándonos a su papá y a mí en todas nuestras actividades cotidianas, sin ir a la escuela. Ellos van aprendiendo cómo funciona su hogar, cómo funciona su sociedad, y qué es lo que se espera de ellos, ya que se les permite participar y ser parte de todo lo que les rodea.
La identidad de nuestros hijos comienza a definirse desde el momento que nacen, pero continúa fortaleciéndose durante los siguientes años. Nuestra participación como padres en ese proceso es vital: debemos ayudarles a que sepan quiénes son, a que entiendan cómo funciona su sociedad y cuál es su participación en ella, por lo que considero que para aprender a vivir en el mundo, es necesario vivir en él, no ser apartado de él.
Llevar a tu hijo a bordo, involucrarlo en tus actividades personales y estar dispuesta a invertirte en su vida, rendirá frutos permanentes en tu relación con él y en el concepto que él tenga de quién es y para qué está aquí.
Priscila Salazar.
AprendizajeSUPRAescolar
La imagen es de Porteo Natural

16 de septiembre de 2013

Niños bajo presión


Agendas "de grandes", más actividades extraescolares, poco tiempo para el juego libre. Sucede cada vez más entre chicos urbanos y de familias sin apuros económicos. ¿Por qué los embarcamos en esta alocada carrera?

Al principio, las culpables parecían ser las mochilas.

Tras atender a uno, dos, infinidad de chicos en edad escolar con insólitas contracturas dorsales, más de un pediatra concluyó que todo se debía a la enorme carga de libros, cuadernos, viandas y demás utensilios que los jóvenes estudiantes suelen cargar rumbo a la jornada escolar. Sin embargo, tras popularizarse el uso de carritos, la situación no mejoró.

Las contracturas siguieron, tanto como los dolores de panza, o de cabeza, a repetición. Signos casi inequívocos de estrés que insisten en aparecer en una población de entre 7 y 10 años, junto con un preocupante aumento de trastornos neurolingüísticos (vinculados con el proceso de comprensión).

"Hay sobreexigencia", claman algunos especialistas. "Falta juego libre", indican otros. "Están demasiado controlados", opina el escritor y periodista escocés Carl Honoré, quien en su libro Bajo presión asegura que, tras los pequeños trabajadores de la Revolución Industrial y el auge de la infancia libre del siglo XX, estamos asistiendo al nacimiento del "niño dirigido": hipercuidado, hiperregulado y controlado, inserto en un circuito de clases, talleres, cuidadores y actividades que en un momento se creía estimulante, pero que hoy está revelando facetas bastante menos auspiciosas.

El fenómeno es global, aunque parece tener claros límites socioculturales: niñez urbana, criada en ambientes de clase media y clase media alta.

En cierto punto, los más mimados y protegidos entre los niños. Acarreando, día tras día, una mochila tan invisible como agobiante.

ALTA TENSIÓN:

"Los pibes se enferman más -asegura el pediatra Eduardo Faganello-. En principio, porque permanecen mucho tiempo en lugares cerrados y eso hace que tengan mayor propensión a enfermedades. Además, están sometidos a mucha presión." Como otros profesionales de su área, en los últimos 20 años Faganello ha asistido a los rotundos cambios que afectaron el entorno donde crecen sus pacientes: temor ante la inseguridad, éxodo desde las plazas y veredas hacia el interior de las casas, padres muy exigidos por el mundo laboral y social, jornadas escolares cada vez más extensas y casi "extinción" del juego espontáneo entre pares, sin mediaciones tecnológicas.

"Todos pretendemos que los hijos nos superen -reflexiona el pediatra-. Pero actualmente se observa una excesiva demanda para cumplir con ciertos objetivos que tienen que ver con lo educativo. Y esto, que desde mi punto de vista es consecuencia de un modo generacional de educar, tiene mucho costo para la población infantil."

"Te das cuenta, ¿no? El chico nunca será aceptado en una universidad decente." Con estas palabras, lanzadas por un maligno compañero de trabajo, se inaugura el calvario de Boris Ivánovich, una de las tantas criaturas surgidas de la imaginación de Woody Allen y su irrefrenable (aunque no por ello menos mordaz) amor por Nueva York. En el caso de Ivánovich y su mujer, protagonistas de uno de los relatos de Pura anarquía, la noticia de que su hijito de tres años no superó la prueba de admisión en una guardería de elite (debido a "ciertas dificultades al apilar los bloques") deriva en una carrera de sobornos que terminará llevándolos a la tan temida bancarrota.

Si para estos dos neuróticos aspirantes a la alta sociedad neoyorquina una mala elección de jardín de infantes vendría a prefigurar toda una vida de fracasos, para los atribulados padres de las grandes urbes actuales una buena educación significa la mínima herencia que les pueden dejar a sus hijos en un mundo inestable.

¿Algo que ver con aquello de M´hijo el dotor ? Quizás, pero en un contexto de ascenso social mucho menos facilitado, marcado por un profundo vértigo laboral y tecnológico.

"Nadie tiene muy claro el tipo de mundo que va a haber dentro de diez años -explica el psicoanalista Germán García-. La incertidumbre es local y global." Ante esta situación, la adquisición de un segundo o tercer idioma desde edades tempranas puede funcionar de módico reaseguro. También, la doble jornada escolar, juzgada por muchos pedagogos y funcionarios como más eficaz (entre otros, la ex ministra de Educación Susana Decibe). Aunque no falten los especialistas que, como Horacio Sanguinetti, presidente de la Academia Nacional de Educación, no acuerdan con estos criterios. En un artículo publicado el año pasado en La Nacion, el ex rector del Colegio Nacional de Buenos Aires asegura que, en su opinión, la doble jornada no mejora el nivel educativo.

Por su parte, Faganello agrega: "La elección de la doble jornada no siempre tiene relación con que los padres trabajen. Creo que se compra un marketing. Los jardines con doble idioma y computación desde temprano... Aclaro que no es que yo no esté de acuerdo con el segundo idioma, no es eso. Simplemente, creo que se habla mucho sobre todo lo que el pibe, necesariamente, tiene que saber. Y no se dice nada sobre el permiso que tiene que tener un chico para ser libre en muchas cosas".


ABRIR LA PUERTA PARA IR A ... ¿JUGAR?

Como tantos niños de su edad, Lautaro (8) asiste a una escuela de doble jornada. Se levanta cerca de las siete de la mañana y regresa a su casa a eso de las cinco de la tarde. Todos los días tiene que hacer deberes. Además, los martes y jueves, tras merendar, toma clases de apoyo escolar. Los lunes tiene cita con la fonoaudióloga. Los sábados va a la escuela de natación. Y los viernes... es el día en que recibe amigos en casa, "para jugar con la Play". Lo que se dice todo un niño de agenda.

"Yo trato de no recibir niños en consulta después de las seis de la tarde", comenta Silvia Salman, miembro de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) y especialista en psicoanálisis infantil. No es difícil imaginar las razones de su decisión. Un niño cuya jornada comienza a tempranas horas de la mañana, al finalizar el día está, sencillamente, agotado. Y no con la mejor de las predisposiciones como para participar en una sesión terapéutica. "Es cierto. Los chicos tienen agenda, algo que en otras épocas no ocurría -continúa la especialista-. Existía el club, se hacían actividades, pero no con el formato estandarizado que se da en la actualidad. Hay algo en esta regulación que no deja lugar a la espontaneidad, a tener realmente ganas de hacer algo."

Cuenta Salman que, por lo general, sus jóvenes pacientes llegan a la consulta a partir de una derivación escolar. "La mayoría de las demandas están ligadas a ciertas dificultades en el lazo con los otros, el vínculo con los compañeros de la escuela -explica-. La hiperexigencia y la escasez de tiempo libre pueden incidir en la cuestión de los lazos. Aunque, desde mi punto de vista, lo que cuenta es la singularidad de cada caso. Con algunos chicos la agenda puede funcionar, ordenarlos. Pero con otros, una agenda armada por los padres puede aplastar el deseo del niño. No conviene generalizar."

Docente, productor de documentales y padre de un niño y una beba, Laureano Ladislao Gutiérrez no puede dejar de contrastar su infancia de plaza, tardes en la vereda y estampidas tras tocar el timbre a algún vecino con el mundo en el que está criando a sus hijos: "Hoy, jugar al fútbol es jugar al fútbol 5. Jugar a la escondida es ir a un lugar donde se hace una actividad, con un responsable, alguien que lo planifica. Expresarte por medio del arte es ir a un taller. Nadar, ir a clases de natación -enumera-. Y los cumpleaños son eventos que requieren organización, dinero, estrés. ¡Volvemos a cantar el Feliz Cumpleaños si la foto salió mal! Es una fiesta de un nene de dos o tres años, no un casamiento."

La regulación de los momentos recreativos, la superabundancia de estímulos y actividades dirigidas no es, en realidad, un tema exclusivamente ligado con el mundo escolar o preescolar. Basta ver la infinidad de propuestas destinadas a "desarrollar al máximo" el potencial de los bebes..., incluidos los que aún están en plena gestación. Para Germán García, lo que está en juego es una cuestión de oferta y demanda. "Existe un mercado -asegura-. Eso implica que todos somos objeto de cierta manipulación. Entonces, cuando el mercado puso los ojos sobre los niños, produjo efectos."

En sentido similar opina Salman: "En los adultos hay como un imaginario de que es necesario hacer ciertas cosas para pertenecer y tener asegurado el lazo con los amigos. Por ejemplo: todas las amiguitas de una nena van a clases de comedia musical. Puede ocurrir que la chiquita también pida ir y la madre acceda, considerando que es bueno que no se sienta afuera de su grupo de amigas. Pero también puede pasar que sea la mamá la que siente que su hija "se queda afuera" si no participa de esa actividad. ¿De quién es el deseo, entonces?"

Por ahí parece pasar buena parte de la cuestión. Parar la máquina diaria y reflexionar un poco. Discriminar dónde está lo interesante de una actividad (incluso, de una "agenda") y dónde el punto en que las cosas comienzan a salirse de cauce. Ver a los chicos. Escucharlos. Diferenciar qué es lo que ellos manifiestan y cuáles las expectativas que uno, como padre, está alimentando.

"¿Qué puedo hacer para que le crezca el cuerpito como a Messi?" Con tono entre agotado e indignado, Eduardo Faganello asegura que la pregunta le fue formulada en el marco de una consulta pediátrica.

Unas cuantas décadas atrás, allá por mediados del siglo XX, el pediatra y psicoanalista D. W. Winnicott escribía: "El juego demuestra que el niño es capaz, en un medio razonablemente satisfactorio y estable, de desarrollar una forma personal de vida y de convertirse eventualmente en un ser humano completo, deseado como tal y bien recibido por el mundo en general". ¿Cuál será el margen de juego que le queda a una futura estrella de fútbol de, pongamos por caso, siete años?

"Habría que evitar agendas que les impidan tener un mínimo de cuatro horas diarias para el juego libre, pautado por la pura curiosidad y el deseo de hacer -sugiere la licenciada en gestión educativa María Belén Cairo Sastre-. Sólo de allí surgen la creación, el invento, la conexión consigo mismos y la internalización verdadera de todos los otros aprendizajes." En un artículo titulado Derecho del niño a jugar , Cairo Sastre postula que en la Argentina actual existen, en realidad, dos infancias: la "hiperenseñada" y la "hiperhumillada". Mientras que la primera estaría privada del juego debido a un nivel de exigencia "que, por ir más allá de lo saludable, enferma", para los integrantes de la segunda, condenados a estar "por fuera del sistema, en los márgenes, deseantes, frustrados, achicados y con el resentimiento del fracaso, del no poder", la pregunta misma por lo lúdico pierde sentido.

En un conocido poema, William Blake describe la infancia como el modo de Ver un mundo en un grano de arena,/ Y un cielo en una flor silvestre,/ Sostener el infinito en la palma de la mano/ Y la eternidad en una hora .

Honoré relee al poeta inglés para preguntarse, una vez más, dónde está el beneficio de formar chicos tan enmarcados en lo funcional, tan dirigidos a objetivos, tan direccionados al trofeo. Y tan distantes del tiempo improductivo que permite bucear el infinito en la palma de una mano.

"Todos salimos mal parados cuando los niños se convierten en proyectos", sentencia el autor de Bajo presión . Más allá de su tono admonitorio, no estaría mal tenerlo en cuenta.

Por Diana Fernández Irusta
Revista Diario La Nación: Domingo 14 de marzo de 2010