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4 de agosto de 2013

Cronología de la lactancia materna (y 12)

La Organización Mundial de la Salud y UNICEF recomiendan encarecidamente la lactancia a lo largo de toda la niñez temprana: "La leche materna es una fuente importante de energía y proteínas, y ayuda a proteger contra las enfermedades durante el segundo año de vida del niño."
La leche materna sigue proporcionando a tu hijo proteínas, nutrientes, anticuerpos y otras sustancias esenciales y protectoras y continuará haciéndolo durante todo el tiempo que continúes dándole el pecho. La biología humana está orientada a una edad de destete de entre los dos años y medio y los siete años (Dettwyler. K). "Se necesitan entre dos y seis años para que el sistema inmunológico de un niño esté completamente maduro. La leche materna continúa complementando y reforzando el sistema inmunológico durante el tiempo que se ofrece "(La liga de la leche).
Una amplia investigación sobre la relación entre el rendimiento cognitivo (CI, calificaciones en la escuela) y la lactancia materna ha mostrado que los niños amamantados durante largo tiempo tienen mejores notas. (van den Bogaard, C. et al), (NCT).
A esta edad muchos niños tienen objetos de apego. Y se sienten más apegados a ellos durante su segundo año (Enciclopedia de la Salud de la Infancia;. Stringer K.). Estos objetos pueden ser trapos, juguetes, chupetes, biberones o cualquier otra cosa, objetos todos ellos que pueden perderse u olvidarse. La belleza de dar el pecho a tu hijo es que tú eres su elemento de apego. Por otra parte, la lactancia no tiene consecuencias perjudiciales para la salud que puede tener un muñeco o un biberóna esta edad (por ejemplo, malformación dental, caries, retraso en el habla).
A los niños pequeños les gusta moverse. Tu niño ha dominado hace poco el arte de andar, correr y trepar, y le encanta encontrar nuevas formas de usar su cuerpo. Por desgracia, el movimiento y la lactancia constante no van bien juntos. Tu pequeño gimnasta puede decidir en algún momento que la lactancia es más divertidoa si puede retorcerse, girar y trepar sobre ti mientras mama. ¡Uffff! Algunos niños pueden ponerse de pie y a continuación colgarse boca abajo en tu hombro en la misma tetada.

13 de julio de 2013

Mi niño no me habla


Últimamente leo y escucho algo que me temía desde hace tiempo y que supongo que terminará convirtiéndose en moda también: cómo enseñar a tu bebé a hablar.

Confundimos estimulación con métodos y nos lanzamos a adiestrar a nuestros hijos en hechos que suceden sin más intervención que la interacción natural padres-hijos-ambiente.

¿A qué se debe esta sobreactuación sobre todos y cada uno de los hechos del desarrollo? Me inquieta de verdad.

Ya he comentado en algunas ocasiones que los padres de hoy mantienen un afán malsano (para el niño) de ponerse todas las medallas que, en realidad, le corresponden al pequeño. Los niños “nos comen” bien, mal o regular. “Le quitamos” el chupete, el bibe y el pañal (y con llenos de orgullo lo decimos, mientras el niño nos mira como si no tuviera él nada que ver en el asunto) y “conseguimos que duerma del tirón” o “le enseñamos a dormir” para que nos deje tranquilitos 12 de las 24 horas que vive a nuestro lado (esto es un decir, porque de las 12 restantes es posible que sólo estemos realmente juntos 2 o 3).

Sea como fuere, hechos tan sencillos y naturales como comer, dormir, succionar o controlar los propios esfínteres ya no les pertenecen a los niños, sino a sus orgullosos padres, que se han leído un libro o, en el peor de los casos, han seguido la “metodología popular”. Me pregunto si tras la necesidad de atribuirnos los logros ajenos (los de nuestros hijos) no se esconderá una obsesiva necesidad de control... o quizá la propia infancia robada, la propia necesidad de aprobación, de visibilidad, de hacer las cosas bien.
Son necesidades muy lícitas, todos las tenemos, pero no a costa de la invisibilidad de nuestros hijos, por favor.

En cualquier caso, temas como los anteriores llevamos años debatiéndolos, posicionándonos, probando y errando (o acertando). Hace meses hacía un repaso mental de los pocos logros que le quedan al niño por reclamar para sí mismo y así a priori se me ocurrían dos: el lenguaje y caminar.

Pues bien, ya comienzan a aparecer inquietudes al respecto: madres y padres que se inquietan (y mucho) porque la maestra de turno les sugiere una visita al logopeda ya que su hijo/a de tres años no pronuncia bien o no habla como “es de esperar”. Familias que sospechan un retraso en el desarrollo del lenguaje porque su pequeño, de dos, no habla igual que lo hizo su hermanito. Estas familias ignora que el lenguaje es mucho más que palabras: no saben que el lenguaje infantil es un código la mayor parte de las veces no verbal, que sólo se puede descifrar permaneciendo en conexión con el niño.

Comenzamos a leer técnicas para “estimular el lenguaje”, ejercicios para tonificar el aparato fonador, y métodos varios para que nuestros pequeños hablen y pronuncien “como es debido” y a las edades que hemos establecido para ello (a los dos años ya deberían hablar como loros). Queremos que nuestros hijos sean como nos dicen que son los niños. Y queremos que sean siempre “como los demás”.

Si supiéramos lo peligroso e irresponsable que resulta la tendencia a la “normalización” y la “uniformidad” a la que estamos asistiendo en estos años, nos lo pensaríamos dos veces antes de evitar fóbicamente todo aquello que represente la individualidad, la unicidad, la particularidad o el ritmo personal del niño en crecimiento.

Las diferencias nos enriquecen y fortalecen nuestra propia estima, lo contrario nos aborrega y nos supedita a entrar en unos estándares sólo compartidos por unos pocos: la uniformidad condena a las personas (a los niños) al fracaso personal, a la etiqueta, a la pobre valoración y, lo que es peor, a la renuncia expresa a lo que uno es en realidad y cómo es en realidad.

Para que todos ustedes lo sepan: los niños no necesitan que les enseñemos a hablar, necesitan que seamos nosotros los que les hablemos…. y que les escuchemos. Que pasemos tiempo con ellos, que les leamos cuentos, les cantemos canciones, les susurremos al oído, les hagamos pedorretas. Que le pongamos palabras a sus sentimientos y a los nuestros: amor, cariño, enfado, rabia. Que nos enternezcamos con sus errores y caigamos rendidos ante sus logros.
Porque las palabras que salen de su boca, ya sean muchas o pocas, escriben el libro de su vida, no de la nuestra.

Y permitanme la ironía, pero cuando pase la moda de “enseñarles a hablar”, de una cosa estoy segura: cientos de padres (los mismos que se preocuparon porque el niño no hablaba) acudirán nerviosos a las librerías y a las consultas preguntando : “y ahora, ¿cómo le hago callar?”.

Violeta Alcocer.
Publicado en el blog Atraviesa el espejo

9 de julio de 2013

Mi hijo grita, no habla

El escuchar a los niños correr, reír y gritar en el parque es algo que a todos nos agrada y llena de alegría porque demuestran que son felices y lo manifiestan de esa manera, pero que ocurre cuando esto misma forma de comunicarse se repite en casa, en ese espacio donde buscamos calma para descansar y relajarnos de las largas jornadas de trabajo, entonces ya no nos parece tan agradable ¿verdad?

Es normal que esto suceda si hablamos de niños menores de 2 años ya que a esta edad aún no son capaces de comunicar sus deseos y necesidades haciendo uso de la palabra de forma clara, pero pasada esta etapa debe ir dándose cuenta que puede conseguir las cosas sin necesidad de gritar o llorar, para entonces ya será capaz de usar algunas palabras o sonidos para llamar a las cosas.

A los dos años, los niños pasan por una fase en la que quieren llamar la atención y como han descubierto que gritando o llorando pueden conseguir lo que quieren, pues es natural que sigan usando estas formas después del año. Sin embargo, el niño no ha descubierto esa estrategia porque sea así como debe de ser sino porque los padres o personas a su cuidado han hecho que sea de esa manera.

Los niños actúan de acuerdo a nuestras reacciones, por lo tanto, si cada vez que lloran o gritan les damos lo que quieren pues tenga por seguro que seguirá haciéndolo, pero si en vez de ello les decimos que así no les entendemos y esperamos a que se calmen o bajen el tono de la voz para que nos lo pidan, ellos sabrán que sólo así le tomarán atención y no será necesario que grite.

Ahora, los niños también aprenden por imitación, entonces tenemos que si en casa todos hablan con tonos de voz elevados no será novedad que el niño también lo haga porque para él será algo normal, pero si por el contrario tratamos de usar un tono de voz suave sobretodo nos encontramos frente a ellos, seremos mejores modelos y los niños repetirán esta conducta.

También es importante, cuando se observa que esta conducta continúa en los niños, realizarles una evaluación auditiva (audiometría) ya que puede deberse a que sus niveles de audición están bajos, como ellos no se escuchan piensan que los demás tampoco los escuchan y levantan el tono de la voz. Cuanto antes este problema sea detectado será más sencillo tratarlo.

Acciones a tener en cuenta:
  • Aunque el niño grite, tú no debes hacerlo.
  • Mantener un tono de voz suave, esto le servirá de modelo a imitar.
  • Evitar hablarles a cada rato del tema, esto sólo logrará reforzar la conducta y continuará haciéndolo.
  • Dar forma a sus gritos diciéndole lo que debe decir, ejemplo: “di dame”.
  • Cuando grite no molestarse, de esa forma no se logra nada.
  • Decirle que cuando grita no le entiende y estar atentos para cuando cambia su tono de voz para escucharlo.
  • Evitar decirle cosas como “eres un gritón”, “estoy harto de tus gritos”, etc.
Es importante mantener la paciencia, el proceso de cambio no se da de un día para otro, la solución se verá a largo plazo. Los niños deberán ir conociendo el camino de cómo usar mejor su lenguaje para hacer sus requerimientos y expresar sus deseos con ayuda de sus padres, quienes le enseñarán poco a poco.

Juvitza Panez Salazar
Especialista en Evaluación y Tratamiento de los Problemas de Lenguaje

1 de julio de 2013

Los hábitos que adquieren los niños a los dos años

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A partir de los 2 años, es importante que empieces a crear hábitos en tus niños. Los hábitos los puedes crear con rutinas y a través de tu ejemplo. No puedes pretender que tu niño lave sus manos antes de comer si en casa no lo hacen así. Recuerda que los niños imitan lo bueno y lo malo. Frecuentemente tenemos consultas de los padres, que quieren enseñar a sus niños a ordenar o a limpiar, pero a los 5 o 6 años, cuando sus niños se acostumbraron a dejar sus juguetes tirados y que sea el personal de servicio, los padres o los abuelos los encargados de recogerlos.

Lo que separa a un bebé de un niño es la autonomía, que aproximadamente a los 2 años empiezan a tener. Ya tienen un lenguaje que les permite manifestar incluso de manera sencilla lo que les agrada y lo que no, y entienden muy bien los mensajes de sus padres.

Los hábitos también pueden lograrse con canciones, o haciéndolo ver un juego. Es indispensable que repitas esto todos los días.

Si tu niño se enferma o viaja, es probable que debas volver a empezar de nuevo, debido a que está en el proceso de aprender.

A continuación te brindamos algunos hábitos que tu niño logrará a sus 2 años, si se dan las condiciones adecuadas:
  • Comida: Aprenderá a comer a la misma hora todos los días. Logrará sentarse en su silla, e intentará comer empleando la cuchara, sin tirar la comida, o ver televisión.
  • Aseo: Logrará lavar sus manos solo y secarlas antes y después de comer, luego de ir al baño, aprenderá a cepillar sus dientes.
  • Orden: Enséñale a no rodearse de juguetes, brindándole el que desea, y ayudándole a guardar (dale el ejemplo y luego le pides que lo haga solito). Si desea otro juguete, que guarde el que tenía y saque el nuevo. Y que cada cosa tiene su lugar.
  • Sueño: Ya desde antes del primer año es que debes acostumbrar a tu bebé a dormir a ciertas horas, para ello debes tener algunas condiciones como bajar todos los sonidos, televisión, radio, computadora, atenuar las luces, y seguir una rutina de baño. Evita jugar con él si despierta de madrugada.
  • Autonomía: A esta edad logra coger la cuchara para empezar a comer, se desviste y viste solito, colabora cuando lo bañan, se lava las manos, cara y dientes sin dificultad.
  • Socialización: Enséñale con tu ejemplo a decir "por favor" y "gracias", cuando necesite algo, que las cosas no se piden gritando, que se habla pero no se grita. También puedes emplear títeres, cuentos o aprovechar algún episodio en la Tv de sus personajes favoritos.
Consejos para los padres:
  • No usar el "no".
  • Animar a su niño.
  • Emplear frases como "tú puedes", "eres un campeón".
  • Ayudarlo y acompañarlo pero no hacer las cosas por él.
  • No subestimarlo ni sobreprotegerlo.

15 de febrero de 2013

25 cosas que hacer con un niño de dos años que no para

  1. Ponlo en una bañera vacía, dale acuarelas y déjale que se explaye.
  2. Pon arroz en un molde y dejar que lo eche taza a taza.
  3. Sácalo a la calle todos los días, independientemente del clima.
  4. Dale una pequeña botella de spray con agua y un trapo. Dile que lo eche en el baño, en los azulejos, en los ladrillos de la terraza...
  5. Haz plastilina casera, dale un rodillo.
  6. Cuando le leas en voz alta, hazle muchas preguntas. Déjale que señale, ponga nombres y se ría en cada imagen.
  7. Pídele que corra hasta la puerta, la toque y vuelva, chócale los cinco, y repite. Y repite. Y repite.
  8. Encuentra una caja vacía en la que pueda caber y quédate en la la habitación con él para garantizar su seguridad, pero llévate ese libro que tienes tantas ganas de leer, porque él estará ocupado durante un tiempo.
  9. Enséñale cómo construir un fuerte con los cojines.
  10. Déjale untar con nocilla o con mantequilla su tostada.
  11. Juega con él durante al menos diez minutos a algo que le guste mucho. Esto satisfará gran parte de la necesidad de atención que le lleva a hacer travesuras
  12. Burbujas
  13. Los niños tienden a ser aprendices táctiles; apilar tazas y recipientes de plástico en un armario accesible puede ser divertido.
  14. Llena el fregadero de la cocina con espuma de jabón; saca un cucharón grande y algunos vasos de plástico y échalos al agua. Déjale que "friegue los platos".
  15. Si tienes una zona de juego en el jardín, déjale que tire la pelota en esa zona.
  16. Dale una cuchara vieja y déjale cavar en la tierra.
  17. La música facilita el aprendizaje como ninguna otra actividad. Inventa canciones tontas para todo, haz el tonto y tómales el pelo con la música.
  18. Cuando te sientas mal o se sienta mal, hazle cosquillas.
  19. No temas repetir las actividades muchas veces; si ves que se cansa, dile que "Vamos a hacer..."
  20. Deja que el pequeño "te ayude" en todas tus tareas hasta que redescubra sus bloques o trenes. Le estarás enseñando habilidades valiosas. Ya sé que puede ser difícil porque queremos que las cosas estén hechas, pero el niño aprenderá en seguida y puede ser que desee ayudar más. Este puede ser uno de los momentos más especiales de vuestras vidas.
  21. Ponle su canción favorita, dejaos llevar y bailar por toda la casa. Tu niño se reirá o participará en el baile, y ambas cosas son divertidas.
  22. Deja que se columpie un rato sobre tus pies.
  23. Déjale unos rotuladores y un cuaderno.
  24. Evalúa sus necesidades, ¿tiene hambre, está cansado, mojado, pasado de rosca, aburrido o solo? Ayúdale a tener sus necesidades básicas cubiertas
  25. Piensa un pensamiento positivo por cada pensamiento negativo. En lugar de "Mis hijos me vuelven loca" piensa "Esta es una fase, Juan es realmente un buen chico" o "Mis hijos están aburridos. ¿Qué puedo hacer para que se entretengan?".
Extraído de Courage zone

14 de diciembre de 2012

Desarrollo y necesidades físicas etapa 0-3 años

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Es una fase de desarrollo físico acelerado: se triplica el peso de nacimiento, se duplica la talla y el perímetro cefálico alcanza el 50% del de adulto.

La alimentación
La alimentación ocupa un papel principal en la vida del recién nacido. La succión, además de un instinto natural para la satisfacción alimenticia, es una fuente de placer y de descarga de tensiones internas.
  • La leche materna es por sí solo el mejor alimento y bebida que puede darse a un bebé menor de seis meses de edad, no precisa ningún otro alimento o bebida, durante ese periodo. Contribuye a proteger a bebés y niños pequeños frente a enfermedades y reforzar el vínculo entre madre-hijo, favoreciendo la salud de la mujer y el distanciamiento de los embarazos, en determinadas condiciones. Para iniciar la lactancia natural conviene iniciarla en la 1ª hora tras el parto y los recién nacidos deben estar cerca de sus madres. Casi todas las mujeres pueden amamantar a sus bebés, sólo precisan de un adecuado sostén de profesionales capacitados y del medio familiar y social, pudiendo continuarla junto con otros alimentos adecuados a la edad todo el tiempo que madre e hijo deseen.
  • La alimentación con leche artificial, para aquellas mujeres que opten por ella, debe realizarse en condiciones higiénicas y los sucedáneos deben ser los adecuados para la edad y salud del bebé, teniendo muy presente las recomendaciones médicas en este sentido.
  • A partir de los 6 meses se introducen lenta y paulatinamente otros alimentos adecuados para su edad, favoreciendo la actitud de tocar y coger los alimentos con la mano.
  • El apetito disminuye al final del primer año y de forma progresiva en los dos años siguientes: el peso aumenta en dos kilos y medio aproximadamente en el segundo año, dos kilos el tercer año y unos 17 centímetros en estos últimos. Se favorece una adecuada alimentación en esta etapa, si se respetan las necesidades individuales de cada niño, no forzando la ingesta y ofreciendo una dieta variada que evite las golosinas, bollería y zumos. Como medida de apoyo institucional en este terreno están desarrollados la atención pediátrica hospitalaria y el Programa de Atención al Niño Sano, que se realiza en los centros de salud.
El sueño
El sueño en esta etapa es distinto del de la vida adulta, al contrario que éste el 80 % del sueño es ligero, de ahí los frecuentes despertares nocturnos, además de la necesidad de siestas diurnas.
  • Los problemas que muchos padres plantean sobre el sueño de sus hijos en sus primeros años, derivan en mayor medida de un problema de expectativas poco realistas sobre sus hábitos y la dificultad de armonizarlos con los restantes miembros de la familia incorporados al ritmo de vida social y productivo. Las razones culturales parecen pesar en determinadas recomendaciones que invitan a forzar la adquisición de hábitos de sueño “adulto” en niños de temprana edad, así como a no satisfacer sus necesidades de compañía si las hubiera, pudiendo resultar en un conflicto de sentimientos niños-padres.
  • Para prevenir el Síndrome de Muerte Súbita en el Lactante (en los primeros seis meses de vida), muerte atribuida cuando no existe accidente ni enfermedad diagnosticada que la justifique y generalmente atribuible a un fallo respiratorio, se recomienda dormir cerca del bebé, no arroparle excesivamente, si es posible amamantarlo y no exponerlo a humo.
La higiene
La higiene incluye varios conceptos.
  • La ropa y calzado deben permitir la libertad de movimientos, evitando el abrigo excesivo y siendo respetuoso con su desarrollo psicomotor.
  • La higiene corporal depende básicamente de los cuidadores principales aunque entre el primer y el segundo año se pueden favorecer lavarse las manos, dientes de forma autónoma y aprovechando su natural imitación a los adultos que les rodean.
  • La higiene de la vivienda y entorno deben favorecer ambientes exentos de suciedad, gérmenes, parásitos, roedores...., esto incluye los espacios de juego en el medio urbano o rural y los de guarderías o escuelas infantiles.
La actividad física
La actividad física y la necesidad de ejercicio evoluciona enormemente a lo largo de esta etapa, pasando de la ausencia de movimientos voluntarios al total dominio de la marcha antes de los tres años.
  • Los primeros 6 meses desde la total/parcial ausencia de movimientos voluntarios, se favorecerá el intercambio amoroso en los cuidados al bebé; sin apuros ni imposiciones respetando sus necesidades y favoreciendo el descubrimiento de las partes y límites de su cuerpo: manos, pies,...
  • Con la aparición de los movimientos voluntarios se puede favorecer el desarrollo de los grandes movimientos motores, evitando la intervención del adulto y proporcionando libertad de movimientos en el espacio, mediante: acostar boca arriba sobre manta en el piso, favoreciendo el volteo, después el arrastre y progresivamente la posición semisentada con la posibilidad de manipulación de objetos, hasta lograr el gateo y deseo de incorporarse.
  • Posteriormente y entre los 12-15 meses comienzan los primeros pasos por su propia iniciativa, primero unos pocos pero tras 1-2 semanas adquieren la marcha segura.
  • Entre el 1er y 2º año se muestran muy activos en la conquista de su autonomía, surgiendo la necesidad de espacios libres y el contacto con elementos naturales: agua, tierra, plantas, animales,....
La necesidad de protección
La necesidad de protección incluye importantes medidas de prevención:
  • Organización doméstica que facilite el cuidado del bebé los primeros meses y adecuada a la seguridad en las fases de exploración y autonomía (eliminando muebles, agentes tóxicos,...).
  • Dispositivos adecuados y presencia de adultos en el traslado en vehículos familiares o de guarderías y colegios.
  • Espacios verdes y de juego libres de peligrosidad y basuras.

Helena Herrero, Mª Etelvina Suárez, Mª Eugenia Vigil

22 de abril de 2012

Aventuras y desventuras del control de esfínteres


Control de esfínteres http://criandomultiples.blogspot.com carros gemelares mellizos gemelos

A menudo el control de esfínteres se convierte en una etapa de difícil manejo para los padres. La negativa del niño a hacer deposiciones en varios días, la queja de que le duele al orinar o el “mojarse” la ropa porque espera hasta el último momento, son algunas de las quejas y preocupaciones que llegan a las consultas de pediatras y psicólogos. En ocasiones pueden desencadenar un rosario de pruebas médicas en busca de infecciones o el ensayo de diversas soluciones, enemas, adiestramientos penosos como la exigencia de que haga deposiciones en horas y tiempos marcados, con la idea de “educar” al niño en la limpieza, lo que se traduce en horas sentado en el orinal, regañinas, etc. En realidad esto no hace más que aumentar la preocupación de los padres e iniciar una batalla con el niño, que si es sano, se resistirá con todas sus fuerzas a hacer lo que se le exige.

UNA ETAPA NORMAL

Ante todo hay que considerar que todos estos incidentes corresponden a una etapa normal en el crecimiento del niño. Entre los 2 y 3 años se inicia el control de esfínteres, primero el esfínter anal y a continuación el vesical. Cualquier niño sano consigue el control espontáneo del esfínter cuando está maduro neurológicamente, pero el control no es instantáneo ni está exento de avances y retrocesos, de incidentes y accidentes, como cualquier otro aprendizaje, andar, dormir, leer, etc. Sabemos que todo aprendizaje en los niños se produce normalmente por ensayo y error, en el caso del control de esfínteres ejercitando el control-expulsión de la orina ó materia fecal y comprobando el efecto que eso causa en el entorno. Es decir la reacción de los padres ante estos “ensayos”. Normalmente esta reacción es la que complica enormemente el proceso. La preocupación de los padres, los enfados, las exigencias, incluso a veces los castigos y las consultas médicas, no hacen más que complicar y aumentar el problema.

En esta etapa se produce un aumento significativo de la sensibilidad y de la capacidad motora del niño, tanto fina como gruesa, siente con mayor precisión los movimientos intestinales que preceden las deposiciones, o el llenado de la vejiga. La percepción de estos movimientos puede producir satisfacción y en ocasiones inquietud porque son sensaciones nuevas, tanto a nivel motriz como a nivel psíquico. Intentará prolongarlos probando el control del cuerpo y al tiempo del entorno, al percibir claramente las reacciones de los padres ante los resultados de tales ensayos. Muchas veces no saben expresar verbalmente lo que sienten de forma apropiada, originando equívocos; es frecuente que los más pequeños usen expresiones como “me duele” o “pupa”, tocándose el abdomen o los genitales y haciendo gestos que confunden a los padres y a no pocos pediatras, cuando lo que están notando son los movimientos intestinales o la vejiga de la orina llena, sin saber cómo expresar esas nuevas sensaciones. Durante un periodo se dan a la vez una mayor capacidad motora con una inmadurez para anticipar en el tiempo cuando pueden aguantar: es un hecho comprobado por todos los padres, la necesidad inmediata del niño de orinar o defecar, cuando se le ha preguntado cinco minutos antes de salir de casa si tiene ganas de ir al baño y ha dicho que no. Frecuentemente esto produce gran irritación en los padres que lo viven como un capricho o desobediencia del niño, cuando en realidad solo significa que no ha consolidado todavía el control y no puede anticipar el momento temporal de sus límites. Cualquier emoción fuerte puede desencadenar también la misma necesidad inmediata.

No hay que olvidar que en esta etapa se produce simultáneamente un avance en la autonomía y un aumento de la actividad y la curiosidad en el niño. Quiere ser “mayor” y hacerlo todo solo, necesita afirmar su identidad frente a las peticiones y órdenes de los padres, aparecen las rabietas, la obstinación y el negativismo. Dice “no” a todo aunque generalmente a continuación hace lo que se le pide. El control de esfínteres se envuelve también en esta actitud de afirmación y negativismo general. El niño necesita que los padres impongan límites y normas firmes y adecuadas a su edad para que aprenda las primeras nociones de lo que se puede o no hacer y para protegerle de sus propios impulsos. En esta tarea ayudará precisamente la curiosidad del niño por las cosas nuevas y las fuerzas del desarrollo que le empujan al crecimiento, a “ser mayor” y hacer como los “mayores”. Sentirse protegido y querido le llevara a querer satisfacer a los padres para no perder su amor.

ALGUNAS SUGERENCIAS

Ante todo y en primer lugar hay que pensar que todo lo que sucede en esta etapa en relación al control de esfínteres es completamente normal y transitorio. Es por tanto excepcional que existan problemas médicos o psicológicos detrás; cada niño tiene su ritmo, su tiempo y su “carácter”.

No sirve para nada y con frecuencia es contraproducente iniciar un control antes de que el niño esté maduro física y psíquicamente. Es decir, forzar el control porque llega el verano, hace calor y parece adecuado ir sin pañal o porque inicie la escuela infantil y sea una necesidad, es tan inadecuado como pensar que tiene que andar solo cuando lo consideremos oportuno. Todos los niños inician por sí mismos el control de esfínteres, y es un aprendizaje como otro cualquiera

No hay que angustiarse ante las quejas, protestas o fallos del niño en la consolidación del control. Hay que pensar que lo va a conseguir y hacérselo saber sin mayores preocupaciones.

Es importante no entrar en las provocaciones que a menudo inicia el niño con sus negativas, se consiguen mejores resultados si no se les da importancia o se ignoran. Los padres tienen que tener la seguridad interna de que la autoridad es de ellos y no del niño.

Los padres que entienden este proceso evitarán convertir un período normal en problemático, con consultas al pediatra e incluso visitas a urgencias, en donde a veces se toman medidas excepcionales como poner enemas, que pueden producir el efecto contrario al que se busca: mayor oposición y mayor retención.

El aumento de la capacidad motriz y de la curiosidad va a impulsar al niño a nuevos aprendizajes y juegos, apoyarle y compartir con él todas estas capacidades le ayudarán a renunciar a "ensuciarse" en cualquier momento a cambio de una satisfacción mayor “ser un niño grande”.

Consuelo Escudero. Psicóloga clínica. Carmen Martínez González. Pediatra de Atención Primaria.
Publicado en el Boletín FAMIPED

3 de diciembre de 2011

La tartamudez en niños de 2 a 5 años

El comienzo de la tartamudez se sitúa en un 80% de los casos entre los 2 y los 5 años de edad y por lo general es gradual, aunque también puede ser repentino. En este período, el niño atraviesa un proceso difícil ya que está desarrollando habilidades del lenguaje muy complejas. Las repeticiones son normales (disfluencias típicas) si no se acompañan de esfuerzo o incomodidad al hablar (gestos-tensión). Es común escuchar en el habla de los niños preescolares estas disfluencias típicas tales como: pero pero; yo yo; cuacuando; que que fue; pu-pu-puedo; el de los el de los; etc.
Existen ciertos niños, sin embargo que tienen muchas de estas dificultades. En la mayoría de los casos, si la gente relacionada con ellos los escucha con paciencia y les responde de una forma calmada y tranquila la fluidez del niño recupera su normalidad.

Por lo tanto, no debemos mostrar signos de desaprobación, delante del habla del niño, “que habla distinto”. Un niño pequeño mide todo con el centímetro del amor. Si cuando habla y dice maaaama… y ve en la cara de su interlocutor, un gesto de desconcierto, el niño piensa que por la reacción de su interlocutor algo está mal, por lo tanto lo querrán menos, y decidirá poner mayor esfuerzo en hablar mejor. Cuando intente hacerlo, repetirá aún más. (Esto por supuesto se da con el paso del tiempo). Esto hará que el niño comience a hablar poco, retraerse socialmente por miedo a ser rechazado, cambiar palabras, etc. (carga psicológicamente negativa).

Por otro lado encontramos niños que también tienen interrupciones en su fluidez, pero las acompañan de esfuerzo y tensión al hablar.

Frente a una exigencia del medio, algunos niños intentan evitar estas repeticiones y se esfuerzan para hablar, para que el mensaje sea continuo. Este esfuerzo genera tensión en los músculos implicados en el habla y en el cuerpo en general. El aumento de tensión aumenta la disfluencia. Las disfluencias acompañadas por tensión dejan de ser típicas y se convierten en disfluencias atípicas, siendo éstas un SIGNO DE ALARMA, que se puede detectar para derivar adecuada y tempranamente.

Signos de alarma:

  • Repetición de partes de palabra, palabras y/o frases, en número y frecuencia aumentada.
  • Cambios de intensidad y frecuencia de la voz.
  • Pausas, interjecciones y/o muletillas en un número mayor al habitual.
  • Incomodidad al hablar.
  • Esfuerzo al hablar.
  • Prolongaciones.
  • Tensión corporal visible y audible.
  • Dificultad al empezar a hablar y/o en mantener el patrón respiratorio.
  • Cambio de palabra por temor al bloqueo. Miedo a producir determinados sonidos.
  • Evitar hablar o contestar con monosílabos (sí, no, vale,…).
  • Miedo a enfrentar determinadas situaciones verbales.
  • Poca participación en clase. Timidez exacerbada.
Algunos consejos:
  • Saber escuchar sin meterle prisa.
  • Darle tiempo para hablar, para que pueda expresar cómodamente su mensaje.
  • No interrumpir cuando habla ni dejar que él interrumpa a los demás. Respetar los turnos para hablar.
  • Formularle preguntas una a una y sólo las necesarias.
  • Modificar tu propio lenguaje para no acelerar y evitar ritmos vertiginosos.
  • Hablarle con frases cortas y con un lenguaje fácil, es decir, adecuado para su edad.
  • No decirle: “para, vuelve a empezar”, “no te apures”, “habla despacio”. Este tipo de correcciones aumentan la tensión.
  • Utilizar, simultáneamente la comunicación no verbal: acariciarlo, mirarlo, tocarlo, aceptarle juegos no verbales.
  • La disfluencia puede pasar inadvertida en la escuela porque el alumno no fluente, no habla o habla poco.

18 de octubre de 2011

Los niños que muerden


Morder es una conducta que algunos niños en edades comprendidas de 1 a 3 años presentan. Existen diferentes razones de porque lo hacen, pero en cualquier caso es necesario enseñarles desde el primer momento las consecuencias que acarrea el morder. Para poder comprender este problema debemos entender porqué los niños muerden.

Los bebés emplean su boca para explorar, aprender y también para relacionarse. Es una de las partes de su cuerpo que se encuentran más desarrollada. En ocasiones con la dentición necesitan calmar sus encías con lo cual muchas veces muerden porque carecen de autodominio y actúan impulsivamente.

En el caso de niños de 1 a 3 años las razones son diferentes. A esta edad comienzan a socializar, a relacionarse con sus coetáneos, pero aún no poseen un lenguaje ni tienen las habilidades suficientes para comunicarse. Morder es una manera de conseguir un juguete o llamar la atención. También lo hacen cuando están nerviosos o se sienten frustrados: ante situaciones nuevas, la llegada de un hermanito, el ingreso al jardín de infancia… Otros niños sencillamente muerden por imitación.

En edad preescolar la conducta de morder suele desaparecer. A estas edades los niños ya comienzan a tener habilidades de comunicación que permiten la convivencia con sus compañeros. Un niño que muerde frecuentemente en esta etapa puede estar presentando problemas emocionales.

Lo primero que hay que hacer es observar cuando y porque está conducta aparece. Cuando un niño muerde siempre debemos transmitirle que la agresión no es aceptada. Debemos intervenir con rapidez, pero con calma y mostrarle nuestra desaprobación. Hay que explicarle que “no se puede hacer daño” mirándole a los ojos. Si el niño esta jugando debe separarse de la actividad (dos minutos son suficientes), si quiere continuar jugando con los demás tendrá que parar de morder. También es aconsejable que tenga una conducta reparadora: ayudarle a curar al amigo, darle un beso, pedirle disculpas…

Prohibir una conducta no significa que el pequeño entienda cual es la conducta acertada. A los niños hay que servirles ejemplos a seguir; por ejemplo mostrarles nuevas formas de relación, utilizar el lenguaje, esperar turnos, pedir prestado, acariciar a sus amigos…

Cuando el niño exhiba conductas positivas (pedir permiso para coger el juguete de otro niño, por ejemplo) debemos elogiarle, valorarles cuando estén jugando de manera “pacífica” con otros pequeños.

Nunca debemos responder con la misma acción: morder a un niño que muerde es un gran error. Cuando son muy pequeños no pueden relacionar el dolor que sienten con el que causan cuando muerden a los demás. No utilices la violencia ni la humillación para erradicar el comportamiento. Dialoga, háblale con firmeza y coherencia manteniendo siempre la calidad del vínculo afectivo.

Fuente: http://www.bebepedia.net

Foto: http://www.bobthepharmacist.com

30 de agosto de 2011

Desarrollo del lenguaje en los niños de 0 a 4 años


El lenguaje es el principal medio de comunicación de los seres humanos, a través de él podemos intercambiar información, mensajes, ideas y sentimientos. Es una destreza que se aprende de manera natural en los primeros años de vida, pues el niño empieza a hablar en interacción con su madre y con los adultos. Para el desarrollo del lenguaje existen dos factores necesarios e importantes:

La maduración biológica y las influencias ambientales, el primero está referido a los órganos que intervienen en el habla, que nos hacen capaces de emitir sonidos, palabras, frases y comunicarnos oralmente; el segundo se refiere a que los niños necesitan de oportunidades que brinda el entorno y de una estimulación adecuada, al utilizar el lenguaje oral, el niño recibirá el afecto y la atención de los padres y se dará cuenta que hablar es necesario para comunicar sus necesidades y deseos.

¿Cómo se desarrolla el lenguaje en los bebés?
Diversos autores coinciden en que el desarrollo de lenguaje verbal comprende dos etapas:
  • Etapa Pre-lingüística: Es considerada como la etapa del nivel fónico puro, comprende las expresiones vocales y sonidos que realiza el bebé desde el llanto hasta los gorjeos y balbuceos en el primer año de vida. Esta etapa que muchas veces es dejada de lado, es la que permitirá formar las bases necesarias para la producción de sonidos, sílabas y palabras.
  • Etapa Lingüística: Esta etapa empieza cuando el niño expresa la primera palabra, ya no solo realiza emisiones fónicas sino que empezará a expresarse verbalmente a través de palabras y frases con contenido semántico y sintáctico.
Es necesario recalcar que el desarrollo de estos periodos se refiere al lenguaje expresivo del niño y que previamente y en mayor proporción se estará desarrollando el lenguaje comprensivo.

Secuencia de desarrollo del lenguaje por edades

  • De 0 a 1 mes: El bebé prestará atención a los sonidos o gritos. Se comunicará a través del llanto buscando la satisfacción de sus necesidades.
  • 2 meses: Produce ruidos y llantos diferenciados según la necesidad del niño o la causa que lo produce.
  • 3 meses: Emite vocalizaciones y sonidos guturales “ga, ga” “gu, gu”, empezará a producir balbuceos con algunas consonantes y vocales.
  • 4 meses: Existirá mayor interés por parte del bebé hacia las personas y los objetos, empezará a darse cuenta que los sonidos que emite producirán un efecto en su entorno, aprenderá la función de la comunicación verbal, por ende las vocalizaciones y gorjeos aumentarán.
  • 6 meses: Por medio de los balbuceos empezará a conversar con las demás personas, emitirá más vocales unidas a consonantes para formar sílabas pa/, /ma/, /ba/, /ta/.
  • 8 meses: Es la etapa del parloteo, emitirá más silabas seguidas a modo de respuesta a sus conversaciones, por ejemplo: “da-da”, “ba-ba”, “ma-ma”.
  • 10 meses: Responde a su nombre y a consignas simples tales como “no”, “ven”. Vocaliza de manera más articulada, empieza a imitar palabras.
  • 12 meses: Imita las palabras y la entonación de los adultos. Comprende órdenes y prohibiciones y dice 2 o 3 palabras en promedio.
  • 18 meses: Su nivel de comprensión mejora notablemente, empieza a pedir las cosas señalando o nombrando los objetos, puede pronunciar correctamente un promedio de 10 palabras, señala algunas partes de su cuerpo cuando se lo piden.
  • 2 años: Se interesa más por la comunicación verbal, ya es capaz de expresar frases de dos a tres palabras y utilizar algunos pronombres personales (mío, tú, yo).
  • 3 años: Existe un incremento rápido del vocabulario, cada día aprende más palabras, su lenguaje ya es comprensible. El uso del lenguaje es mayor y lo utiliza al conversar con los demás o cuando está solo.
  • 4 años: A esta edad el niño prácticamente domina la gramática, su vocabulario sigue desarrollándose, utiliza pronombres, verbos, artículos. Esta edad es caracterizada por las preguntas ¿qué es? ¿Por qué? ¿Para qué?

Este es el proceso normal del desarrollo del lenguaje en los niños, es posible que algunos salgan de los estándares establecidos, pero es común, ya que cada niño es diferente como también su entorno.

Cómo estimular el lenguaje en los niños:


  • Háblele y comuníquese con su bebé, el empezará a conversar con usted por medio de balbuceos, sonidos y luego palabras.
  • Responda verbalmente y con mucho afecto a los sonidos producidos por el bebé.
  • Haga juegos de labio para que él lo imite, haga sonidos y soplos, imite y refuerce también los sonidos producidos por el bebé tratando de estimular la producción de palabras. Por ejemplo si dice “ma”, diga usted “ma”…. ¡mamá!”.
  • Ponga énfasis al vocalizar las sílabas o palabras, la articulación debe ser clara y lenta.
  • Enséñele canciones sencillas y cortas acompañadas de gestos y palmadas.
  • Enséñele cómo se llaman lo objetos que señala o interesan al niño.
  • Juegue a producir sonidos onomatopéyicos (sonidos de animales perro, gato, pato, etc.)
  • Muéstrele láminas, fotos, cuentos, para aumentar el vocabulario del niño.
  • No corrija al niño cuando no pronuncia adecuadamente los fonemas, evite decir “no así no se dice, es así…”, es suficiente con que lo escuche a usted pronunciar dicha palabra de la manera correcta y que intente hacerlo, poco a poco irá mejorando, no lo presione demasiado.
  • Incentívelo a comunicarse, a pedir las cosas a través de palabras o frases. No olvide felicitarlo y mostrarse contenta cuando logra hacerlo.
De la web www.cosasdelainfancia.com
La imagen es de http://fundacionintegrar.blogspot.com

18 de mayo de 2011

Retirar el pañal o controlar esfínteres: el huevo o la gallina


El control de esfínteres y la retirada del pañal son conceptos distintos y, sin embargo, en ocasiones, los confundimos. Un niño al que se le retira el pañal sin estar preparado para ello seguirá sin tener el control de esta función aunque nos empeñemos en lo contrario. E incluso puede ser perjudicial. Hay muchos niños a los que, si fuésemos sinceros con nosotros mismos, deberíamos volver a poner el pañal una vez retirado, pues se ve claramente que lo hemos hecho demasiado pronto. Lo que ocurre es que nos parece un retroceso, asumimos como un fracaso educativo el que nuestros hijos continúen con pañal. Y así, nos empecinamos en seguir adelante, aplaudiendo la mínima señal de continencia.

Sin embargo, aunque ya no moje la ropa y el suelo a todas horas, habrá que tener en cuenta otros aspectos. Si un niño se hace pis cuando se ríe, cuando se pone nervioso, cuando se olvida de ir al lavabo, cuando está demasiado concentrado en una actividad quiere decir que no tiene el tema controlado. A los adultos no nos pasa ninguna de esas cosas... simple y sencillamente porque sí controlamos. Así que no confundamos el hecho de que nuestro hijo (y nosotros) pueda andar con cierta dignidad por la calle, sin mancharse ni manchar, con que el control de esfínteres sea una realidad.

Ahora bien... ¿por qué no esperamos a retirar el pañal cuando realmente el niño esté preparado? Al margen de las valoraciones en función de un pretendido éxito o fracaso educativo, que ya hemos apuntado, hay otras posibles explicaciones, y vamos a hablar de ellas.

En primer lugar, existe un consenso casi unánime en que para que los niños controlen esfínteres, hay que enseñarles, y eso se consigue a través de la retirada del pañal. Sin embargo, lo ideal sería hacerlo exactamente al revés: esperar a quitar el pañal cuando el niño esté preparado para ello, es decir, cuando pueda controlar esfínteres por sí mismo. Esta idea, en general, produce cierto temor. Se suele creer que si uno no le retira el pañal al niño, éste nunca llegará a controlarse, y tendrá problemas de incontinencia. Lo cierto es que, a no ser que haya un problema funcional real, ningún adulto tiene problemas con el control de esfínteres. Lo que nos hace sospechar que se trata de un proceso madurativo propio del ser humano, y no un objetivo educativo que las familias o las escuelas deban asumir como propio. Desde este punto de vista, en vez de retirar el pañal y correr con el orinal detrás de nuestros hijos, sería mucho más cómodo para todos (sobre todo para los niños, que no se sentirían presionados ni evaluados) esperar a que el propio niño nos diga que ya no necesita el pañal.

Además de este temor, existe un problema logístico añadido. El inicio de la Educación Infantil. En la mayoría de las escuelas de nuestro país, por no decir en la totalidad de ellas, no se admiten niños con pañal. Sabemos que es un problema real de tiempo y atención para una sola maestra o maestro tener 20 niños a los que cambiar y limpiar, pero habría soluciones intermedias si hubiera verdadera intención, por parte de las instituciones educativas, de encontrar alternativas. Pero la realidad es que no se asumen estas posibilidades porque no es sólo una cuestión de recursos humanos, sino de lo que entendemos que un niño debe o no debe saber a una determinada edad. Y pensar que todos los niños, a los 3 años (algunos a los 2 años y 9 meses) deben tener controlada esta función corporal es, cuanto menos, una idea difícil de materializar.

La realidad es que cada niño controla esfínteres a una determinada edad, igual que cada niño habla, anda o salta a una determinada edad. El que se asuma habitualmente que a partir de los 2 años debemos empezar a retirar el pañal tiene más que ver con la universalización de la educación infantil, que aún sin ser obligatoria se ve como necesaria (ésta es otra historia que ya trataremos) y de las condiciones que ésta nos impone para admitir a nuestros hijos. Así que, si estamos hablando de un proceso madurativo que tarde o temprano llega a su fin, ¿por qué empeñarnos en hacer pasar a los niños por este mal trago? Dejemos a cada niño seguir su ritmo y encontrarse seguro con su cuerpo antes de imponerle una convención social.

Nuria Otero

5 de mayo de 2011

¿Qué significa NO antes de los tres años?


Los niños menores de 3 años no entienden la palabra “no" del modo en que la mayor parte de los padres piensan que lo hacen (y un entendimiento completo de lo que la palabra “no” significa no sucede mágicamente al cumplir 3 años, sino que conlleva un proceso). “NO” es un concepto abstracto que está en directa oposición a las necesidades de los niños pequeños en cuanto a exploración de su entorno y desarrollo de su sentido de la autonomía e iniciativa.

Su hijo puede saber que usted no quiere que haga alguna cosa. Puede incluso saber que usted tendrá una reacción de enfado si lo hace. Pero en cualquier caso, no entiende porque, en la forma en que los adultos piensan que lo hace. ¿Por qué otro motivo miraría un niño a su padre antes de hacer algo que sabe que no debe hacer, sonreír, y hacerlo igualmente?

Alrededor de la edad de un año, los niños entran en la edad de “yo lo hago”. Es el momento en el que desarrolla sentido de la autonomía versus duda y culpa. De los dos a los 6 años se desarrolla el sentido de iniciativa versus culpa. Esto significa que es su “deber” en el plano del desarrollo, explorar y experimentar. ¿Puede usted imaginarse lo confuso que es para un niño ser castigado por algo que está programado para hacer? Se enfrentan con un dilema real (a nivel subconsciente): ¿obedezco a mi padre o a mi instinto biológico de desarrollar mi autonomía e iniciativa explorando y experimentando en mi mundo?

Que esto sean etapas del desarrollo no quiere decir que a un niño deba permitírsele hace cualquier cosa que se le ocurra. Pero explica porque cualquier método que intente ganar cooperación debe ser amable y firme al mismo tiempo, en lugar de controlador y punitivo. Este es un momento de la vida en que la personalidad de su hijo está en formación, y usted desea que su hijo sea capaz de tomar decisiones sobre si mismo y decir “soy competente, puedo hacer intentos y cometer errores y aprender, porque soy amado y soy una buena persona”. Si usted se siente tentado a enseñar a su hijo a través de la culpa, la vergüenza y el castigo, estará usted creando una situación de desanimo que será muy difícil de superar en la edad adulta.

Para ayudar a un niño pequeño a desarrollar autonomía en lugar de dudas y vergüenza, y para ayudar a un niño de 2 a 7 años a desarrollar iniciativa en lugar de culpa, intente alguno de los métodos descritos a continuación, que invitan a cooperar:

1. Si usted está gritando, chillando o dando discursos, deténgase. Todos estos métodos son irrespetuosos y animan a la aparición de dudas, vergüenza y culpa en el futuro.

2. En lugar de decirle a su hijo lo que tiene que hacer, encuentre maneras de involucrarle en la decisión, de modo que el o ella adquiera un sentido del propio poder y autonomía. ¿Qué nos toca hacer ahora? (para niños preverbales “ahora nosotros haremos….” mostrándole amable y firmemente lo que hacer, en vez de decírselo)

3. Sea respetuoso cuando haga peticiones: no espere que un niño haga algo “ahora mismo” cuando esté usted interrumpiendo algo que el está haciendo. Pregunte:” ¿te vendría bien hacer…..en cinco o diez minutos?” Incluso aunque a usted le parezca que un niño pequeño no puede entender lo que usted está diciendo, usted está entrenándose a si mismo para ser respetuoso con el, dándole opciones y no órdenes. Otra opción que puede usted usar es la de dar aviso: en cinco minutos tenemos que marcharnos ¿Qué es lo último que quieres hacer?

4. Lleve con usted un pequeño temporizador: permita que su hijo le ayude a programarlo para sonar en uno dos o cinco minutos, y déjele que lleve el temporizador con él de modo que pueda estar preparado cuando el tiempo se termina.

5. Dele una opción que requiera su colaboración: será el momento de irse cuando yo cuente hasta 20. ¿Quieres llevar mi bolso hasta el coche o prefieres llevar las llaves y ayudarme a abrirlo? O bien ¿Cuándo lleguemos a casa que haremos en primer lugar, poner la comida en la despensa o leer un cuento?

6. Los niños preverbales pueden necesitar tan solo supervisión, distracción y reconducción: en otras palabras: menos hablar y mas acción. Con tranquilidad tome al niño de la mano y condúzcale a donde tiene-necesita ir. Muéstrele lo que si puede hacer en lugar de insistir en lo que no puede hacer.

7. Utilice su sentido del humor: aquí viene el monstruo de las cosquillas para atacar a los niños que no escuchan.

8. Muéstrese empático cuando su hijo llora o tiene una rabieta a causa de una frustración por su falta de habilidad. Empatía no significa rescate, significa comprensión. Déle a su hijo un abrazo y dígale: estas realmente triste ahora, yo se que tu quieres quedarte, pero es hora de irnos. Sostenga entonces a su hijo mientras llora, y déjele tener sus sentimientos antes de cambiar de actividad.

9. Los niños son capaces de percibir cuando los padres estamos decididos a actuar y cuando no. No diga nada que no esté absolutamente seguro de llevar a cabo y sea capaz de decirlo de forma respetuosa. A continuación llévelo a cabo con dignidad y respeto, y usualmente sin palabras. De nuevo esto significa redirigir al niño enseñándole lo que si puede hacer en lugar de castigarle por hacer lo que no puede hacer.

10. Establezca una rutina para cada acción que se repita a diario: levantarse, desayunar, ir de compras, acostarse…. Así puede usted preguntarle al niño: ¿Qué nos toca hacer ahora según el horario? Para niños mas pequeños la formula es: ahora nos toca hacer….

11. Entienda que puede ser necesario enseñarle a un niño la misma cosa una y otra vez antes de que haya madurado lo suficiente como para comprender. Sea paciente. Minimice sus palabras y maximice sus acciones. No se tome el comportamiento del niño como algo personal y evite pensar que su hijo quiere volverla loca, o que es malo o rebelde. Continúe siendo el adulto en cualquier situación y haga lo que sea imprescindible hacer sin sentimientos de culpa o lastima.

12. Entienda que su actitud será la que determine si su relación con su hijo será un campo de batalla o una relación cálida y firme en la que su hijo pueda explorar y desarrollarse dentro de unos limites apropiados.

Su trabajo a estas edades es pensar en sí mismo como en un entrenador y ayudar a su hijo a tener éxito y aprender cómo se hacen las cosas. También debe ser usted un observador, que trabaja en aprender quien es su hijo, una persona única. Nunca infravalore la habilidad de un niño pequeño, pero por otra parte, vigile cuidadosamente cuando introduzca nuevas oportunidades y actividades y aprenda a diferenciar aquello que le interesa a su hijo, lo que puede hacer, y lo que necesita su ayuda para aprender de usted.

La seguridad es un asunto importante a esta edad, y es tarea suya mantener a su hijo seguro sin permitir que sus miedos le desanimen. Por esta razón la supervisión es una herramienta fundamental de los padres, unida a la calidez y la firmeza, para reconducir o enseñar a su hijo. Por ejemplo, los padres pueden enseñar a un niño de dos años que no debe cruzar la calle, pero no pueden aun permitirle jugar cerca de una carretera sin supervisión, por que saben que no pueden esperar de el que sea capaz de asumir por si mismo la responsabilidad de no hacer aquello que sabe que no debe hacer. Y ¿Por qué estos mismos padres esperan que su hijo entienda perfectamente cuando ellos dicen NO?

Conocí a una madre que se preguntaba porque se habría metido ella en el negocio de ser madre. Daba la impresión de que tanto ella como su hijo estaban fuera de control. A ella no le gustaba que él no le hiciera caso, y tampoco le gustaba estar chillando todo el día y utilizando métodos punitivos ineficaces.

Acudió a una escuela de padres, centrada en padres de niños en edad preescolar. Allí aprendió cual era el comportamiento adecuado para niños de la edad del suyo. Cuando cambiaron sus expectativas sobre el niño perfecto que obedece cada una de sus órdenes, comenzó a disfrutar con la experimentación de su hijo con su iniciativa y su autonomía. En lugar de tratar de controlarlo, comenzó a guiarlo fuera de sus comportamientos inadecuados, mostrándole cosas que si podía hacer.

Se mostró sorprendida de cuanto se calmaba su hijo, cuando ella se calmaba. Los episodios de frustración ocurrían cada vez con menor frecuencia y eran resueltos con mayor rapidez, gracias a sus nuevos conocimientos.

Cuando uno comprende que los niños realmente NO ENTIENDEN la palabra NO del modo que pensamos que deben hacerlo, empieza a tener sentido utilizar la distracción, reconducción o cualquier método respetuoso de disciplina positiva.

UNA ACTIVIDAD:

La siguiente demostración le mostrará el desarrollo intelectual, y puede ayudar a los padres a comprender porque los niños no entienden algunos conceptos como la palabra NO. (CAPACIDAD DE ABSTRACCION)

1. Fabrique dos bolas de barro del mismo tamaño, y muéstreselas a un niño de menos de 3 años. Haga ajustes poniendo o quitando barro hasta que el niño esté de acuerdo en que son del mismo tamaño. En ese momento, y en presencia del niño aplaste una de las bolas. Pregúntele si siguen siendo del mismo tamaño. El niño le dirá que no, y le dirá cual piensa que es de mayor tamaño. Un niño de cinco años será capaz de decirle que son del mismo tamaño y porque.

2. Llene dos vasos de agua iguales, hasta la misma altura. Haga los ajustes necesarios hasta que el niño esté de acuerdo en que tienen la misma agua. Luego vierta el contenido de uno de los vasos en otro vaso largo y estrecho, y el del otro vaso en un vaso ancho y bajo. Pregúntele al niño si siguen teniendo la misma cantidad de agua. Le responderá que no, y le dirá cual tiene mas agua. Un niño de 5 años, le dirá que sí, y le explicará la razón.


Jane Nelsen

31 de marzo de 2011

El desarrollo del lenguaje


Muchos padres me escriben sobre el desarrollo del lenguaje de su hijo. ¿Habla bien? ¿No debería saber pronunciar mejor? O: de repente tartamudea ¿debo llevarle a un logopeda? En este artículo explicaré cuándo hay que preocuparse y cuándo no.

El desarrollo del habla ya empieza en el útero cuando en torno a los seis meses el feto empieza a oír la voz materna. No solo la oye, sino también la memoriza. Cuando nace, la voz de su mamá ya le resulta familiar y se calma al oírla. También va escuchando otras voces, como la de papá y más sonidos. Por ello a los 2 meses aparecen los primeros gorjeos, sonidos parecidos al ‘co co’ y ‘go go’. El bebé los produce dejando escapar aire desde entre de sus labios. Ya da el primer paso para aprender a hablar. A esta edad los bebés en todo el mundo producen los mismos sonidos, pero a los 4 meses ya empiezan a ser selectivos: sólo reproducen los sonidos que oyen en su entorno. Y a partir de allí un bebé chino no balbucea del mismo modo que un bebé español. El bebé se entusiasma cuando vosotros imitáis sus sonidos y se esforzará más en producirlos. A los 5 meses aparecen los balbuceos, una sucesión de vocales y consonantes; para ello el bebé utiliza la lengua y los labios. Con ello el bebé entrena la motricidad necesaria para el lenguaje y por ello es una fase importante. También un bebé sordo balbucea, pero como no oye ni a sí mismo ni a sus papás, deja de hacerlo al cabo de unos meses (por ello hay que llevarle a un otorrino en cuanto un bebé deja de balbucear o no produce ningún sonido). En torno a los 7 meses el bebé empieza a utilizar gestos para expresarse, como estirar sus brazos para ser cogido. A los 8 meses hace sonidos como ba…ba, ma…ma, pa….pa. Como las últimas sílabas son más corrientes en nuestro idioma, lo más probable es que diga antes ‘papá’ que mamá. ¡Pero esto no dice nada sobre su vínculo con la mamá! Con 12 meses ya señala algo que quiere tener y es ahora cuando aparece la primera palabra, normalmente relacionada con las personas queridas (papá, mamá, yaya) u objetos o cosas de la vida cotidiana (pan, bibe, gato, chupete, etc.).

Como veis, cuando surge la primera palabra, el niño ya ha estado sumergido en un baño de lenguaje durante todo un año, lo cual es la condición necesaria para el desarrollo correcto del lenguaje. Por este motivo los niños que crecen en orfanatos, que son dejados a su suerte con muy poco contacto con los cuidadores, sufren un retraso irrecuperable en su desarrollo lingüístico. Y los niños salvajes (los que son criados por animales en sus primeros años de vida) nunca recuperan el lenguaje humano.

No todos los niños empiezan a decir su primera palabra a los 12 meses. La variación es grande, pero lo más frecuente es que aparezca entre los 12 y 18 meses. Y a continuación le siguen muchas más, a veces en un tiempo vertiginoso.
Al segundo cumpleaños el niño ya tiene un vocabulario de 50 a 200 palabras. Ahora el niño utiliza el nombre para referirse a una categoría; por ejemplo ‘papá’ para todos los hombres, ‘coche’ para todos los vehículos. Más adelante aprenderá a distinguir las diferencias entre una categoría (papá, abuelo, etc.). También utiliza la palabra como frase: ‘agua’ quiere decir ‘quiero agua’ o ‘mira….allí hay agua’. Utiliza un estilo telegráfico.

A los 2 años aparecen ya las frases de dos palabras. Por ejemplo ‘yo coche’ lo cual puede significar: ‘quiero ir en coche’ o ‘he visto un coche’. Algunas combinaciones de letras y consonantes, como las s, z, r, y f son difíciles a esta edad, lo cual es normal. Le encanta nombrar y poner etiquetas a las cosas, como a las partes del cuerpo, a los coches, animales, etc. O mirar libros con imágenes de lo cotidiano. Su frase favorita es: ¿Qué eso? El niño que con 2 años ya habla extraordinariamente bien, formula frases y tiene un gran vocabulario, suele ser un niño inteligente o superdotado.

A los 3 años formula frases de 3 a 5 palabras. Sabe ya tantas palabras de oído (‘lenguaje pasivo’) que al hablar se encalla (‘lenguaje activo’). Quiere ir más deprisa de lo que puede y a causa de ello tartamudea. Es un problema pasajero sin importancia. Habladle tranquilamente (lo imitará), dadle tiempo y no terminéis las frases por él. Es posible que se sienta a veces tan frustrado que tenga una rabieta. Pero éstas desaparecen en cuanto supera el problema del lenguaje. La pronunciación de muchas palabras no suele ser todavía perfecta: los sonidos p, b, m, f y g suelen ser difíciles y es frecuente que el niño sustituya unos consonantes por otros (agüela por abuela, abuja por aguja), algo que se soluciona con el tiempo.

A los cuatro años articula frases de más de 5 vocablos. La estructura de las frases y el uso de la gramática son más precisos, utilizando ya el pasado, presente y futuro. Utiliza bien las terminaciones de los verbos en presente (yo ando, tú andas). Aprende a pronunciar los sonidos más difíciles como la l, r, s, t, ch, g y j, pero no es raro que hasta los 6 a 7 años no los domine bien. Lógicamente dice a veces mal las conjugaciones, como ‘no cabo’. Es suficiente repetirle la frase de forma correcta. ‘Si, cariño, es verdad, no quepas’. Todavía es posible que vuestro hijo tartamudee al querer hablar a prisa. También puede ser ocasionado por un problema emocional. Si el niño empieza a tartamudear durante un cambio familiar (un divorcio, un nuevo bebé), la causa es emocional. Ayudadle a sobrellevar la situación y prestadle por un tiempo atención extra. Cuando el problema no remite, conviene acudir a un psicólogo infantil.

A los 5 años el niño pronuncia frases en su orden habitual con más de 6 vocablos. Demuestra tener una lógica interna en el lenguaje, utilizando estructuras gramaticales básicas, como plurales, conjunciones y tiempos verbales. Ya sabe contar una historia corta sin perder el hilo conductor. Algunos fonemas como la r, p, ll y, z, x y j pueden resultarle difíciles, lo cual hasta los 6 a 7 años es normal. Si observáis dificultades en la pronunciación (se come letras, confunde consonantes, sesea o cecea y es difícil para personas fuera de la familia entenderle) no dudéis en buscar ayuda. Los problemas del lenguaje pueden acarrear dificultades en la escritura y lectura y por lo tanto deben ser tratados antes de que el niño inicie la etapa de Primaria.

A los 6 y 7 años el lenguaje ya está adquirido, tanto a nivel comprensivo como expresivo. Ahora es capaz de relatar acontecimientos cotidianos y sucesos de una manera organizada y utilizando diferentes tipos de frases, en cuanto a longitud y entonación, con una estructura correcta y sin errores de pronunciación.


RESUMEN DE LOS HITOS MÁS IMPORTANTES A CADA EDAD

1 A 2 MESES:
Empieza el gorgojeo.
Consejo: imitadle y habladle mucho, por ejemplo contándole lo que estáis haciendo durante el baño, el cambio de pañal, etc.
5 A 6 MESES:
Comienza el balbuceo con la cadencia (los ritmos, las inflexiones) de la lengua materna.
Consejo: si el gorgojeo o el parloteo desaparecen, hay que hacerle una revisión de audición.
8 A 12 MESES:
El niño empieza a entender ciertas frases como por ejemplo ¿dónde está mamá? (empieza a buscarla con la mirada) y empieza a decir su primera palabra.
Consejo: si no responde al lenguaje u otros sonidos, raramente balbucea y no parece entender una instrucción verbal, hay que consultar un otorrino.
Si aún no articula palabra, pero parece entenderte, no hay que preocuparse. Hay gran variación en el momento de la primera palabra.
12 A 18 MESES:
Ya aparecen las primeras (o siguientes) palabras con un total de 25, de las que pronuncia unas 8 bien. También entiende órdenes sencillas como ‘traeme tu biberón’.
Consejo: Ni no responde a su nombre ni a llamadas, hay que revisar su audición.
Si aún no habla, pero entiende, lo más frecuente es que esté ocupado en aprender otra habilidad, como la de andar.
18 A 24 MESES:
Aparecen las palabras-frase: con una sola palabra ya dice toda una frase (¡bibe! cuando quiere leche). Ahora su vocabulario se amplia de unas 50 a 200 palabras, entendibles para vosotros.
Consejo: si todavía habla poco, pero entiende bien lo que le decís, cada día un poco más y si responde a órdenes sencillas, no hay motivo para alarmarse. Pero sí conviene leerle mucho y nombrarle objetos.
2 AÑOS:
Ahora el niño amplía mucho su vocabulario (de 200 a 250 palabras) y dice sus primeras frases de 2 palabras. También empieza a decir ‘yo’.
Consejo: si cada vez habla menos y pierde vocabulario, debéis acudir a un psicólogo infantil para descartar el trastorno del aspectro autismo.
3 AÑOS:
El niño ya dice frases cortas uniendo 3 a 5 palabras y es capaz de comunicar un mensaje sencillo. También utiliza el tiempo del pasado. Está en la fase del ¿Por qué? Y esto hace aumentar su vocabulario de 250 hasta 1000 palabras. Ahora puede darse un tartamudeo en su afán por hablar deprisa, es algo normal y pasajero.
Consejo: Si utiliza menos de 20 palabras, no aumenta su vocabulario y no une 2 o más palabras, hay que buscar ayuda. Y cuando el tartamudeo perdura más de medio año, también hay que acudir a un especialista, bien un psicólogo infantil o un logopeda. Omitir letras y dificultad para pronunciar aún es normal a esta edad.
4 AÑOS:
El niño ya forma frases bien conyugadas de más de 5 palabras y utiliza el pasado, presente y futuro. Tiene un vocabulario de 1500 palabras o más y es entendido por su entorno en un 90%.
Consejo: si su vocabulario es pobre, el niño pronuncia mal y se hace entender aún con gestos y mímica, hay que acudir a un especialista (psicólogo, logopeda u otorrino).
5 AÑOS:
El niño forma frases en el orden correcto con 6 ó más palabras y tiene un vocabulario de 2500 o más palabras. Entiende conceptos como encima, detrás, debajo, etc.
Consejo: si habla con una dicción peculiar o es difícil de entender, debéis llevarlo a un otorrino (puede haber un cierto grado de sordera).

¿PUEDE APRENDER DOS IDIOMAS A LA VEZ?
Hoy en día es cada vez más frecuente que un niño crezca en un ambiente bilingüe (muy estimulante para el cerebro). Por ejemplo cada padre habla un idioma distinto o bien en casa se habla un idioma y fuera de ella, otro. Es importante que el niño pueda oír los dos idiomas por separado y no juntos en una conversación. Así aprende desde pequeña a mantener separados ambos lenguajes. Por ejemplo el papá le habla –siempre- en inglés y la mamá lo hace en castellano (o en casa se habla valenciano y fuera de ella el castellano). Al principio el niño confundirá los sistemas y los mezclará, pero a los 4 ó 5 años sabe exactamente qué palabras pertenecen a cada idioma y con qué personas utilizarlas. Solo tardará algo más en hablar que otro niño, ya que debe procesar dos sistemas diferentes.

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Para más información, lee también el artículo de la revista Crecer feliz, el número de mayo 2008, con el título: ¿Habla bien por su edad?

Fuente: http://www.coksfeenstra.info

5 de marzo de 2011

Los terribles dos (por dos)

http://criandomultiples.blogspot.com/

El día en que tus hijos cumplen un año (posiblemente al filo de la medianoche) caerás en tu cama y darás un suspiro de alivio. Después de todo, ningún otro año podría ser tan estresante como el primero ¿no? Cierto. Esa es la buena noticia. Algunas noticias adicionales: el segundo año será “interesante” Sin embargo, podrás con ello. Te damos diez consejos y modos de pensar que te garantizarán el éxito

1. MUY bajas expectativas
Alice Walker lo resumió perfectamente cuando dijo: "No hay que esperar nada. Vive frugalmente de las sorpresas." Esto es lo que tendrás que hacer la mayor parte del tiempo durante el segundo año. Si eres capaz de llevarlo a cabo (la mayoría de las veces) sobrevivirás bastante bien.
La elección de mantener muy bajas expectativas puede parecer negativa al principio. Si es así, trata de pensar de esta manera: Este enfoque no es pesimista, es realista. Si no tienes un plan en mente sobre cómo tienen que ir las cosas, reducirás significativamente la posibilidad de sentirte decepcionada. Una experiencia que de otro modo podría haber sido vista como horrenda puede ser vista como "fascinante". Un viaje al supermercado durante el cual los niños no estuvieran en un estado de ánimo maravilloso podría considerarse como un éxito simplemente porque se haya podido mantener una apariencia de paz hasta que hayas conseguido comprar todo lo que tuvieras en la lista de la compra.

2. Tu propia cabina telefónica
Este consejo me lo dio mi amiga Mollie, que muchas veces me salva de la locura. Estábamos hablando por teléfono, nuestros cuatro niños estaban gritándonos y me dijo (en voz alta), "¿Sabes? Le he pedido a Gary una cabina de teléfono por reyes”
La clave para sobrevivir a este año en que no pararán de hablar es aceptar que no vas a tener ni un momento de paz desde que se levanten hasta que se acuesten. Cuando estés jugando con tus hijos, cada uno competirá por tu atención. Cuando estés tratando de concertar una cita médica, tendrás al menos a uno de los niños colgado de tu pierna y gimiendo. Cuando estés tratando simplemente de ir al baño y tardes más de siete segundos, alguno estará llamando a la puerta por temor a que te hayas caído dentro de la taza del inodoro.
Trata de limitar tus conversaciones telefónicas “sociales” a la hora de la siesta o después de la hora de dormir de los niños. De esa manera, cuando tienes que recibir o hacer una llamada importante durante el día, puedes ser más firme sobre el hecho de que mamá está hablando por teléfono y de que a menos que alguien esté sangrando o haya dejado de respirar, el problema tendrá que esperar unos momentos.

3. Una jarra enorme de Almax
Durante el segundo año, es probable que encuentres a tus gemelos en algunos lugares precarios, y posiblemente incluso en posiciones precarias tratando de llegar a esos lugares. Para empezar, he encontrado a mis hijos encerrados en sus habitaciones, uno con un trozo de plastilina pegado detrás de la cama, en la parte superior de su biblioteca (sí, está atornillada a la pared), y escondiendo pequeños juguetes bien dentro de la rejilla de ventilación. La clave para mantener tus dosis de almax en niveles aceptables: cuando hay demasiada tranquilidad en casa antes de que los niños estén dormidos, no te relajes. Ponte nerviosa. Muy, muy nerviosa.

4. Cinta adhesiva
Nunca pensé que este producto sería tan útil para los desafíos relacionados con la infancia. Estaba equivocada. Nuestra primera experiencia con múltiples y la cinta adhesiva se produjo cuando Mollie no pudo encontrar otra manera de impedir que sus hijos abrieran la puerta del horno. Todas las tiendas de bebé tenían agotados los cierres de seguridad para puertas de horno (debe ser algo habitual) por lo que en el ínterin, envolvió todo el frente del aparato con cinta adhesiva. Poco después, en un esfuerzo para crear una estrategia para evitar que mi hijo Jack se quitara el pañal durante la siesta (puede hacerlo y lo hace, se quita toda la ropa para quitarse el pañal), Mollie sugirió que lo pegara con cinta adhesiva.
Buenas noticias: Impide que el niño sea capaz de quitarse completamente el pañal. Malas noticias: No impide que el niño llegue a través de los huecos de las piernas y saque todo lo que haya dentro. Más malas noticias: ¡Es tan difícil para los padres como para el niño quitar el pañal!

5 La capacidad para discriminar entre un inconveniente y una emergencia
Como señaló Richard Carlson en su libro Don't Sweat the Small Stuff ... (algo así como “No te ahogues en un vaso de agua”) "Aunque la mayoría de la gente cree lo contrario, la verdad es que la vida no es una emergencia. El primer paso para convertirse en una persona más apacible es tener la humildad de admitir que, en la mayoría de los casos, creamos nuestras propias emergencias. La vida suele seguir si las cosas no salen según lo planeado. "
Una casa sucia es un inconveniente, no una emergencia No tener tiempo para hacer a mano tus tarjetas de felicitación navideñas es un inconveniente, no una emergencia. No te presiones a ti misma para darlo todo cada día. En la mayoría de los casos, la única persona con estas altas expectativas sobre sí misma eres tú. Tendrás un montón de tiempo cuando tus hijos vayan a la escuela para fregar el suelo de la cocina hasta que esté limpio como la patena o para hacer trabajos manuales hasta que te hartes.

6. Una baja necesidad de orden / control
Noticia de última hora: No va a ser este año. Los niños de dos años están en el periodo de la curiosidad. Los niños de dos años que tienen una pareja constante para sus correrías son algo más peligrosos que curiosos. La cantidad de problemas en los que estos niños se pueden meter en los 42 segundos que tardas en pasar la ropa de la lavadora a la secadora antes de que empiece a criar moho puede desafiar la imaginación más desbordante.
Algunos consejos a tener en cuenta: 1) Si bien algunos toman más tiempo que otros, la mayoría de los líos se pueden limpiar. (si fuera necesario, revisa lo dicho más arriba de diferenciar lo inconveniente de lo urgente) 2) Si se ha roto, pero no es valioso, puede pasar. 3) Si se ha roto y era valioso, tal vez no debería haber estado tan a mano.

7. Camisetas de manga corta
¿Cuál es el mejor regalo para una mujer que es madre de múltiples? Lleva una camiseta de manga corta en mitad del mes de febrero. ¿Por qué? Porque está sudando constantemente. Mi pobre marido propone de vez en cuando encender la chimenea en las noches de invierno, y yo respondo débilmente, "Uh ... bueno ... si no queda más remedio..." Luego me voy a otra habitación. Y me pregunto por qué me apresuro a recoger a mi hija desde el preescolar - sin abrigo pensando en lo maravilloso que es sentir el aire fresco, sólo para que se me congelen los brazos entre el parking y la puerta de la escuela.

8. Paciencia
Si bien puede sonar ridículo a veces, el efecto de contar lentamente hasta diez está muy subestimado. Aprende a hacerlo en varios idiomas para crear entornos de aprendizaje y calmarte al mismo tiempo
Probablemente habrá muchas ocasiones en que su primer instinto sea gritar cuando pasa algo inconveniente. Esto es perfectamente comprensible. Después de todo, encontrarnos todo el contenido de un tubo de pasta de dientes esparcido por el suelo puede ser frustrante. Haga todo lo posible para determinar qué incidentes son realmente accidentes - y, muy posiblemente, el resultado de que su hijo simplemente está tratando de aprender y de ser independiente - y cuales son conductas que su hijo sabe que están mal. Cuando ocurre esto último, tenga un plan para un “tiempo fuera” o una consecuencia natural y lógica para su hijo. Lo más importante es estar tranquilo y en consonancia con su respuesta. A veces, la verdadera causa de la trastada era meterte en un follón en el que sabe que puede meterte. ¡No te dejes ganar la batalla por un niño de dos años de edad!

9. Una gran cantidad de rollos de papel de cocina
No compres el rollo de cocina más barato del mercado, de esos que se rompen por la mitad al intentar doblarlas. Al mismo tiempo, no asumas que la marca más cara es la mejor. Lo que necesitas es el papel de cocina más absorbente que puedas pagar.
Y por cierto, por favor, no enjuagues y vuelvas a usar el trozo de papel que hayas usado por ahorrar dinero o cualquier otra cosa. Tengo clara mi afición por las gangas, pero no las admito en este caso. En mi familia se gasta un rollo de papel cada dos días, más o menos, y me parece bien. Simplemente no tengo tiempo para poner más lavadoras con preciosos y otra vez sucísimos paños de cocina.

10. Una niñera buena, y de confianza(o dos)
Cuando tus múltiples cumplan un año, empezarás a sentirte “cómoda” con la idea de salir una noche. Es muy importante que tengas una niñera de absoluta confianza con quien sepas que puedes dejar a tus hijos durante unas horas para que tú y tu pareja podáis salir juntos. Ya sé que, una vez que te sientas cómoda dejando a sus hijos, te sentirás incómoda con lo que va a costar dejarlos. Es fácil pensar, "teniendo en cuenta que lo más caro de la noche ha sido pagar a la niñera, nos podríamos haber quedado en casa." Piensa en este gasto como una inversión en la pareja, y destina parte de tu presupuesto mensual a la niñera. De esta manera, no será un gasto inesperado.

El segundo año de los múltiples estará lleno de nuevas experiencias y lecciones. Tus hijos crecerán ante tus ojos de más maneras que las que puedas imaginar. Sin duda, tú crecerás con ellos durante ese Como dijo San Pablo, "he aprendido a estar contento en cualquier situación en la que me encuentre". Conserva ese espíritu y estarás comenzando el tercer año antes de que te des cuenta.

De la web Twins today
Traducido por Marisol

23 de septiembre de 2010

La función de las rabietas

A los dos años el niño deja definitivamente la fase del bebé y se convierte en toda una personita. Anda, corre, habla, pregunta, pide y explora. Empieza un periodo en el que ocurren grandes hitos: a lo largo de este año tu hijo dejará el pañal, su chupete, comerá con los mayores e iniciará la escolarización. Todos estos logros no los consigue sin esfuerzos ni sin lágrimas, pero si entiendes su estadio madurativo y sus necesidades, la convivencia con él será más fácil. Sobre todo es importante que entiendas la función de las rabietas.

¿QUÉ ES UNA RABIETA?

Es el resultado de una frustración por no conseguir algo. Todos los niños las tienen; algunos una a diario y otros varias. Suelen durar unos cinco minutos, pero en algunos más de una hora. Aparecen en torno al segundo año y duran hasta los 4 ó 5. Empiezan con gritos o llantos, acompañados con una señal de protesta (¡no quiero!) y una expresión de enfado (patadas, chillidos, portazos). En su punto álgido el niño se tira al suelo, quizás dándose cabezadas contra la pared, frecuente entre el primer y segundo año. Suelen ocurrir en el contexto familiar, el niño necesita expresar su frustración ante las personas que más quiere. Sólo dentro del vínculo seguro con sus papás se atreve a experimentar con sus sentimientos. Por ello las rabietas y sus expresiones emocionales indican que hay un apego positivo. Desde el punto de vista psicológico las rabietas indican un desarrollo emocional sano. No reflejan problemas de inestabilidad emocional, sólo una incapacidad para controlar sus emociones. Remiten por sí sola y tienen un efecto positivo, pues ayudan al niño a hacer frente al estrés.

LAS CAUSAS

Para llevarlas bien es importante entender qué es lo que causa una rabieta. El niño durante el transcurso del segundo año se va encontrando algunas veces con una prohibición o limitación (‘no puedes tocar esta planta’, ‘no te dejo subir este muro’). Esto le frustra sobremanera, y más ahora que está en la edad en que quiere explorarlo todo. Su reacción es: enfado y rabia. Hasta ahora, siendo bebé todos sus deseos fueron (casi) satisfechos al momento, pero esto va cambiando a medida que empieza a desplazarse por sí solo y adquiere mayor autonomía. Apenas aún conoce la frustración y no le gusta en absoluto; es impaciente por naturaleza. También le confunde el nuevo concepto de la mamá: de ser una buena persona que se lo concede (casi) todo a una que le prohíbe cosas. Pero hay más: pasado el primer año está descubriendo su ‘yo’; vive una sensación de poder al ser capaz de hacer cosas por sí solo y esto ¡le encanta! Pablo anda por el salón con un tarrito de cristal en sus manos con el que da golpecitos. Le encanta el sonido que produce su acción (intuye que de alguna manera él tiene que ver con ello). Su madre cambia el tarro por una pelotita suave y ahora el sonido apenas es audible. Pablo se tira al suelo, enfadado por la privación de algo tan placentero.

¿CÓMO ACTUAR?
Hay llantos que delatan tristeza (cuando el niño se cae, cuando tiene miedo) y otros que delatan enfado. Los de la rabieta pertenecen a la última categoría. Pero ambos tipos requieren una actitud similar: afecto y aceptación. El llanto de la rabieta no es más criticable que el de la tristeza. El doctor William Frey, bioquímico del Centro Médico en Minnesota afirma que el llanto de la rabieta sirve para eliminar, a través de las lágrimas, productos de desecho o sustancias tóxicas del cuerpo. El cuerpo acumula estas sustancias como resultado del estrés. Por lo tanto, el llanto emocional elimina toxinas del cuerpo y reduce la tensión. Ahora bien, volviendo al día a día con un niño rabioso ¿qué es lo que mejor puedes hacer?
Estas pautas te servirán:

  • Observa bien las señales que indican el comienzo de la rabieta: una respiración acelerada y ruidosa, apretar los puños y dientes, balanceos….Suelen haber llantos y gritos, acompañados con una señal de protesta (NO) y una expresión de enfado. En su punto álgido el niño da patadas, se tira al suelo, se da cabezazos. Conociendo el curso, puedes ayudarle a disiparla antes de que llegue a este punto. Por ejemplo, desviando su atención. ‘Mira, cariño….’ Suele funcionar en un niño pequeño (entre 1 y 2 años). En caso de un niño mayor es recomendable salir con él del lugar u ofrecerle ayuda si una incapacidad suya es el punto de ignición.
  • Cuando la rabieta ya está en su curso, lo mejor es no intervenir ni razonar con el niño. Deja que se desahogue y la rabieta tenga su curso, procurando que no se haga daño. Pasado el mal trance, puedes decirle algo como ‘estabas muy enfadado ¿verdad?’. Actuando como si fueras el espejo de sus emociones, le ayudarás a entenderse a sí mismo. No debes nunca ceder ante sus deseos, ya que en este caso las rabietas se convertirán en una táctica aprendida que le resulte beneficioso.
  • No le critiques ni castigues por tener rabietas. Por ejemplo decirle ‘¡Qué malo eres! ¿No te avergüenzas?’ le hará perder el respeto por sí mismo. Recuerda que las rabietas son una descarga de emociones a una edad en la que el niño aún no dispone de otros medios. Acaríciale o abrázale cuando esté calmado. Para él mismo también es una experiencia dolorosa e impactante.
  • Evita, en la medida de lo posible, las situaciones que las provoquen, como llevarle de compras cuando tiene hambre, sueño, o necesidad por moverse. También hay momentos en el día más propicios a las rabietas, como la última hora de la tarde. El cambio de ciertas rutinas, adelantando la hora del baño, de la cena o del sueño, puede ayudar a disminuirlas. También la sobre-estimulación (llevarle de un sitio a otro, tener un día cargado de actividades) puede provocar rabietas porque el niño no es capaz de asimilar la avalancha de impresiones.
  • Dale plenas oportunidades para ser autónomo y decidir por sí mismo. Un ambiente muy restrictivo aumenta las rabietas, mientras que otro flexible las disminuye. En algunos asuntos debes ser contundente (es la hora de dormir, no te daré caramelos antes de comer), pero en otros puedes dejarle a él decidir o elegir entre dos opciones (¿quieres el yérsey rojo o azul?). También es bueno ser creativa (cariño, el caramelo ahora no, pero sí después del postre).
  • Sustituye el ‘no’ por ‘stop’ o ‘para’. A los niños les frustra escuchar constantemente mensajes de este tipo; van en contra de su afán por ser autónomo.
  • No pierdas los estribos delante de él. El niño aprende de tu ejemplo y si tú tienes arrebatos de rabia, difícilmente aprenderá a controlarse.

Después de una rabieta el niño suele calmarse por sí solo. Se queda relajado gracias a la descarga fisiológica. Y nada parece indicar que ¡hace unos momentos estaba hecha una furia! La frecuencia de las rabietas varía mucho de un niño a otro. Según los estudios, un 20% de los niños de 2 a 3 años las tienen diariamente y un 80% una por semana. En la mayoría duran 5 a 15 minutos, en algunos, la minoría, de media hora hasta una hora. En ello influye el carácter (unos se enfadan con más facilidad que otros), pero también la educación (restrictiva o no) y el entorno: situaciones de estrés, como el inicio de la guardería, un divorcio, una vida muy acelerada o la sobre-estimulación pueden aumentarlas. También es posible que esté atravesando una etapa normal en su desarrollo. Por ejemplo la adquisición de nuevas habilidades va muchas veces precedida de un periodo de ataques de rabia y llantos. A medida que el niño madura, las rabietas van disminuyendo. Cada vez está mejor capacitado para expresar con palabras lo que quiere y también para posponer sus deseos. A los 5 años la mayoría de los niños sólo tienen una rabieta en contadas ocasiones. Podemos decir que las rabietas en la mayoría de los casos son un fenómeno absolutamente normal en la vida del niño. Salvo en caso de que condicionen el día a día y no os sintáis con fuerzas para afrontarlas, conviene buscar ayuda profesional.

Aconsejable:
  • Anticiparte a ella. A veces es posible desviar su atención hacia otra cosa y evitarla. Salir con él del lugar también puede ser positivo.
  • Dejarle desahogar su frustración sin intervenir, pero a su lado. Procura que no pueda hacerse daño.
  • Abrazarle y cogerle firme, sobre todo cuando es violento o destructivo. Pero sin impedir que llore.
Desaconsejable:
  • Ceder ante sus deseos y abandonar tu ‘no’. En este caso aprenderá a utilizar la rabieta para conseguir lo que quiere.
  • Castigarle y criticar su comportamiento. Después de la tormenta es suficiente decirle algo como ‘estabas muy enfadado ¿verdad?’. Descargar sus sentimientos acumulados y negativos le hace bien.
¿QUÉ HAGO EN ESTOS MOMENTOS?

Le pido algo a mi hija y ella hace justo lo contrario. Por ejemplo le digo ‘ven aquí’ y se va corriendo hacia otro lado.

Esta actitud desafiante, normal entre los 2 y 4 años, es una manera para practicar su voz y voto. Puedes tratarlo con humor e ir corriendo tras ella. Con las risas se le olvidará la protesta. Otra idea es cogerle de la mano y decirle simplemente qué es lo que vais a hacer. Al no dejarla opción, no habrá oportunidad para resistir. Esto viene bien en momentos puntuales, como a la hora de dormir, a salir de casa, a volver a casa, etc. Si aun así protesta, no hagas caso y lleva a cabo lo que pretendías hacer.

Mi hijo es muy testarudo y obstinado. Quiere salirse siempre con la suya.

La testarudez es un rasgo evolutivo normal que permite que un bebé de esta edad se convierta en un niño. Es lo que le ayuda a levantarse cuando se cae, a superar obstáculos en su empeño en caminar y a seguir practicando una habilidad hasta que llega a dominarla. En otras palabras: tiene su lado positivo. Intenta darle opciones, de modo que tú controlas la situación mientras él ‘decide’. Por ejemplo: mientras le bañas, le dejas elegir entre el champú o el gel de papá; o cuando le vistes, entre su pantalón verde o azul.

Empiezo el día con el corazón en un puño. Sé que mi hijo me hará enfadar nada más despertarse. No querrá las papillas, sino galletas, pero si se lo ofrezco, me pide las papillas. A los 15 minutos él habrá cogido un berrinche y yo un disgusto.

Estas conductas indican que está afianzando su ‘yo’, pero muchas veces ni siquiera él mismo sabe lo que quiere. Ofrécele sólo dos opciones y no te alteres con sus cambios. Pensando que es algo transitorio (lo es), será más fácil sobrellevarlo.

Mi hija lo quiere todo al momento. Si me pide su muñeca y no la encuentro, coge una rabieta. Es desesperante.

Saber esperar hasta que sus deseos se cumplan, lo aprende con la edad, pero también con la práctica. Déjale esperar algunas veces un poco antes de satisfacer sus necesidades. Por ejemplo cuando te pide agua, termina primero lo que estabas haciendo antes de dárselo. Conviene que se lo digas (‘cuando termine de lavar estos platos, te lo daré’). Así se siente escuchado.

Coks Feenstra