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27 de marzo de 2013

Miedos infantiles entre los 5 y los 7 años


Entre los cinco y los siete años, los temores más frecuentes que experimentan los niños son el miedo al daño físico, a los seres imaginarios, a la soledad, a la escuela, a los animales, a la separación y a la oscuridad. Estos temores son connaturales al momento evolutivo en que se encuentran y, a medida que crecen, llegarán a desaparecer. No les demos más importancia que la que realmente tienen. Ofrezcamos nuestro apoyo y comprensión y, sobre todo, escuchemos muy seriamente lo que nuestro hijo tiene que decirnos al respecto.

¿Cómo se adquieren los miedos?

Los miedos no se transmiten genéticamente. Generalmente son resultado de pautas educativas, de consejos "protectores" como "¡no toques eso!" o de "contagio" emocional. Es muy probable que un padre que se pone blanco al ver una inyección o se desmaya con la sangre, "contagie" ese miedo a su hijo.

Otra manera de adquirir miedos es a través de un susto cuando nuestro hijo se está relacionando con algo. Si está jugando tranquilamente con un gato y éste le da un zarpazo de repente, seguramente cogerá miedo a los gatos. Si durante el Carnaval nuestro hijo se acerca al dragón y éste se gira y le ruge en la cara, es muy probable que el niño huya despavorido. Por eso es muy importante evitar los sustos innecesarios y, en caso de que se dé, tranquilizarlo y explicarle lo que ha pasado: que hay gatos así, pero que también los hay más mansos y que sólo tiene que ir con cuidado, o que el dragón es una chica disfrazada, "mira, vamos a pedirle que se saque la máscara…", etc. Por la misma razón, no se aconsejan las películas de terror o las historias de miedo.

¿Qué son las fobias o la ansiedad?

El miedo se convierte en una fobia cuando el niño siente un temor desproporcionado hacia un objeto, persona, animal o situación que aparentemente no resulta peligrosa ni amenazante. La ansiedad, a diferencia de la fobia, no está vinculada a algo concreto. Es un estado de nerviosismo y preocupación general y continuado. Tiene mucho que ver con la autoestima, la inseguridad, el miedo a hacer las cosas mal, a no ser aceptado y querido, etc. Un claro ejemplo es el del niño angustiado por la perfección de su conducta: "¿Me he portado bien? ¿He dicho lo correcto?", etc. Para que nuestro hijo no sufra ansiedad debemos apoyarle constantemente, valorar todo aquello que va aprendiendo, dando importancia a todo lo que hace bien y no a lo que hace mal. Es importante saber lo que podemos esperar de nuestro hijo según su edad para no exigirle cosas que todavía no sabe hacer, no ser perfeccionistas y obsequiarle siempre con grandes dosis de cariño incondicional.

Miedos escolares

Los miedos escolares varían según la edad del niño y acostumbran a aumentar a medida que se va haciendo mayor. La escuela es un mundo muy divertido pero exigente: pide buenas notas, una conducta adecuada, unas relaciones sociales correctas y tiene un sinfín de normas que se deben respetar. La situación para el niño, de entrada, no es relajada. Muchos niños viven el colegio de forma agradable y divertida pero, a veces, algunas situaciones concretas pueden generar algún temor: la reprimenda de un profesor, la burla de otros niños, presenciar una experiencia desagradable para otro, el cambio de colegio, una enfermedad larga que lo aleja de la escuela durante un tiempo, o algún defecto físico o dificultad especial para el aprendizaje de algo.

Los miedos escolares más comunes en niños de 5 a 7 años son:
  • Miedo al fracaso escolar y al castigo: sacar malas notas, no saber hacer un ejercicio en la pizarra, no saber contestar a la pregunta de un profesor, que avisen a los padres por algún problema, etc.
  • Miedo al malestar físico: a tener reacciones propias del miedo como dolor de cabeza, no encontrase bien o miedo a tener miedo y que no haya nadie que te consuele.
  • Miedo social: temor a hacer cosas delante de los demás: salir a la pizarra o leer en voz alta.
  • Miedo durante el camino hacia la escuela o momentos antes de entrar en el recinto.
Si nuestro hijo ha pasado una enfermedad o ha vivido alguna situación desagradable es muy probable que no quiera volver a la escuela. Cuanto más brusco sea el retorno al colegio, mayor malestar experimentará el niño. Pero una vuelta demasiado lenta también es contraproducente, ya que puede alargarse demasiado. La regla de oro es que la vuelta al cole se realice tan rápido como sea posible y tan gradual como sea necesario.

Cosas que podemos hacer:
  • No ridiculizar su comportamiento, hacerle bromas o llamarle cobarde, ni tampoco reñirle o castigarlo.
  • Cuando vayamos hacia el colegio, hablar de cosas agradables como una excursión o la fiesta de fin de curso.
  • No servirá de nada intentar convencerlo de que no debe tener miedo: el miedo no es racional, es emocional. Es más efectivo rodearle de emociones positivas. La alegría y el cariño son muy poderosos contra el miedo.
  • No hablar del problema ni hacerle preguntas durante el trayecto hasta la escuela. Al contrario, intentaremos distraerle y divertirle (podemos ir cantando o jugando a algo).
Miedo a los médicos y a la enfermedad

Los miedos relacionados con el daño físico, la enfermedad y los médicos son muy comunes durante esta edad.
  • Miedo al dentista. La visita al dentista es una de las más temidas y la fobia hacia sus instrumentos (la aguja y el taladro del dentista) se inicia tanto en la infancia como en la adolescencia. Acostumbra a aparecer con la primera experiencia de dolor en su consulta. Por eso, cuanto más se aleja la primera visita al dentista, de la primera experiencia de dolor, menor será la probabilidad de desarrollar este miedo.
  • Miedo a la cirugía y a la hospitalización. La actitud serena de los padres y la relación positiva con el médico ayudan a proteger al niño de la ansiedad originada por la cirugía y la hospitalización.
  • Miedo a la sangre. Un niño sentirá mucho más miedo a la sangre y a las heridas si tiene algún familiar con este tipo de fobia. La relación entre la herida, la sangre y el dolor es muy directa y acostumbran a comportar miedo.
Emociones que vencen al miedo

Existen emociones contrarias al miedo que resultan ser las mejores aliadas para luchar contra él: nos referimos a la alegría, la seguridad, el humor, el enfado, la rabia o la risa. Enseñar a nuestro hijo a enfrentarse a sus miedos de la mano de alguna de estas emociones, resulta muy eficaz. Entrar en una habitación oscura sintiendo rabia o risa, enfadarse con la oscuridad o burlarse de ella, son actitudes inteligentes. Incluso podemos teatralizarlo e inventar una historia: que Juan va acompañado de un poderoso guerrero que se llama Ira o Risa, capaz de vencer a Miedo porque es mucho más fuerte.

También es importante crear frases o imágenes mentales de valentía que le ayuden a enfrentarse a la situación que teme. Es muy diferente ir al médico pensando "me van a hacer daño" o "me voy a sentir mal", que pensar "soy muy valiente" o "la visita va a durar muy poco tiempo y no me va a pasar nada". Los primeros mensajes aumentan el miedo, los segundos lo mantienen a raya y pueden ayudar a disminuirlo.

Itziar Franco Ortiz

27 de septiembre de 2012

Mentiras (7-10 años)



Astutos como zorrillos, jugetones como los gatos, esos niños adorables, los nuestros, han aprendido en el curso de unos pocos años el arte de servirse de las palabras, de falsear la realidad en su provecho.

A menudo mienten espontáneamente, sin haber preparado nada, en el entusiasmo de la conversación o para zafarse de una situación desagradable. Otros planean minuciosamente la “bola” que le contarán a mamá para que no se entere de que le han pillado en clase copiando.. Muchas veces son los papás quienes “obligan” a mentir al pequeño, que sabe de antemano que no podrá razonar con ellos para explicarles por qué no se comió las lentejas en el cole..Entonces comienza el temor a ser descubiertos, o las delicias de la fantasia para los más soñadores.

Pero ¡cuidado! Hay que tener memoria y recordar lo que uno dijo: es aquí donde las mentiras de los peques muestran toda su imperfección. El niño es demasiado espontáneo como para poder disimular largo tiempo, y al final, siempre les pillamos. Y es que, en el niño, la mentira corresponde a un anhelo: ¡ y tiene tantas ganas de que la realidad se ajuste a sus deseos !.

“Tengo ocho años y me hago el interesante”.
“Este verano yo era el jefe del campamento y ganaba todas las competiciones, porque soy el que mejores goles marca y..” Mentir sobre uno mismo para gustar a cualquier precio, es una estratagema común. ¿El objetivo? Estas mentiras esconden el deseo de ser un héroe, ser admirado ¿no es acaso este un poquito el sueño de todos nosotros? 

Y cuando se tienen siete u ocho años, las proezas que uno puede hacer son muy escasas : cuando la tele presenta modelos de seres invencibles, superhombres y mujeres enfrentados con dificultades extraordinarias.. ¿a qué pueden recurrir los niños, que tienen una vida mucho menos estimulante? 

Inventar su propia verdad produce un doble sentimiento de poder: crear una realidad a la medida de los propios deseos y fantasías y hacer malabarismos con las palabras ( a esta edad les encanta “inflar” su discurso para que todo parezca “megaguay” )

La mayor parte de las veces no urden con antelación lo que van a decir , sino que los hechos se van “adornando” a medida que habla: la imaginación al poder. Como si fuera un pequeño trovador, compone un relato y redescubre cierto discurso épico a la medida de sus pocos años (“estábamos en la playa y vimos una aleta de tiburón, jo, llegamos nadando a la orilla en un minuto, y todo el mundo nos miraba..! “)

Para los niños, como para los adultos, la palabra es un espejo: lo que decimos refleja lo que somos o aspiramos a ser. El niño, mientras habla, se ve a si mismo llevando a cabo los actos que evoca, exactamente como en el juego: en el momento de relatar cree en lo que dice y no piensa ni por un instante en que los demás podrían no creerle.

En realidad, los papás no suelen enterarse de las jactancias de los niños: todos los fanfarroneos suelen tener lugar entre iguales, en el cole o el parque. Sin embargo, puede ocurrir que un día los papás escuchen decir al pequeño una fanfarronada tan enorme, que se sientan impulsados a poner las cosas en su sitio. Cuando llega la hora de devolverle a la realidad : (“Vamos, tu no hiciste eso!” ) ¿Cómo hacerlo para no herir su sensibilidad?
Es preferible que contenerse, pues contradecirlo delante de sus amigos hará que se sienta humillado.... lo mejor es, más tarde, en tono distendido (¿por qué dramatizar?), comentarle: ¡Qué historias les cuentas a tus amigos!..y darle pequeños consejos para que vaya aprendiendo a aproximarse a la verdad “En vez de decirles que ya te han seleccionado para el equipo, puedes decirles que tienes muchas posibilidades, eso es verdad”.Yo no he sido.
Las mentiras consecutivas a un gesto que causa, por ejemplo, la ruptura de un objeto son muy comunes. La reaccion inmediata de la mayor parte de los niños cuando rompen algo es decirse “no fui yo”. Por lo tanto, fue algún otro... el hermanito o hermanita que aún no sabe hablar, el perro o el gato ¿por qué no el pececito rojo?... en realidad, estas acusaciones las hace para protegerse. Aún en el caso de que reconociera su involuntaria torpeza, recibirá como respuesta una cara larga, entonces ¿por qué no mentir?.

A veces las buenas intenciones salen mal (preparar un pastel para mamá y “descontrolar” al batir los huevos..), y tambien en este caso los papas parecen no comprender nada e inclinarse por la amonestación (“Mira como has dejado todo echo un asco! “).Tenemos que entender que estos desaguisados muchas veces son producto del descuido. El niño miente para protegerse porque teme la reacción de sus padres y maestros. 

Como tiene miedo, trata de disimular la realidad, aunque nunca se le haya castigado o reñido demasiado por meter la pata: en su escala de valores ha hecho algo terrible, y la imaginación le juega la mala pasada de creer que nos vamos a transformar en auténticos ogros si le descubrimos.
En realidad, el castigo severo (desde dejarle sin salir hasta el azote) no sirve para nada. El temor a las sanciones no impedirá quno impedirá que nuestro hijo siga cometiendo faltas, en cambio, fomenta la mentira más aún.

Al mentir, el niño se siente culpable: quien se siente culpable actúa culpablemente y sin darse cuenta se coloca en situaciones en las que será castigado.. toda una espiral.

Tolerar sus pequeñas meteduras de pata contribuirá a que se responsabilice de todos sus actos –los malos tambien-: es la única manera de que algún día les ponga remedio.
Cuando comenten faltas por torpeza, lo ideal es mostrarles cómo evitarlas en lo sucesivo.

La familia bien, gracias
A veces es duro para los niños decir que ese señor que va con su mamá no es su padre, o que el papá de uno se ha casado muchas veces. Ante estas situaciones –que para nosotros forman parte de la vida- muchos niños sienten pudor (se ha casado varias veces significa que ha tenido varios amantes) y temen las preguntas y dudas de otros compañeros.

Víctor es un niño honesto y generoso, a quien le desagrada mentir, pero falsea los hechos sólo en lo referente a su situación familiar.

Así como algunos niños tratan de sumirse en el anonimato, otros niños en la misma situación hacen lo contrario. Pablo, de la misma edad que Victor, pregona que su papá es “Oicial de la Marina” y que viaja por todos los mares del mundo, pero la realidad es que apenas le ve..

Motivo de vergüenza o de gloria, tarde o temprano la pregunta fatídica ¿qué hacen tus papás? es formulada por compañeros o maestros.

En su ingenuidad, el niño imagina que las familias de sus amigos son intachables.. lo cual 
no es así en todos los casos (y es que él no es el único que pinta la situación ideal).

En estos casos, decir a los hijos que se les quiere es un secreto educativo muy eficaz. Pero además hay otro: permitir que el niño exprese sus propios sentimientos, tanto positivos como negativos. Hablar con él de estas situaciones incómodas le ayudará a no hacerlas más grandes de lo que en realidad son.

Disfrutar de lo prohibido
Los niños experimentan muy pronto el acuciante deseo de vivir su propia vida, de estar en compañía de otros niños de su edad –los compis de la escuela o los de las vacaciones- de saborear los goces de la amistad.. ¡qué placentero es leer, bien tarde en la noche, a la luz de una linterna, historietas de miedo!, qué delicia mirar la tele, invariablemente prohibida, aprovechando una salida nocturna de los padres.

Cuanto mas estrictos son los papás, más se arriesgan los niños a mentir para protegerse. La vigilancia constante y las prohibiciones demasiado sistemáticas incitan al niño a tratar de eludirlas a cualquier precio.

Comprender el punto de vista del niño no significa permitirle todo, pero si dejamos hablar a los niños y les permitimos expresar sus deseos, evitaríamos las mentiras, con frecuencia inofensivas y desprovistas de mala intención, pero que a la larga crean malos hábitos.

Pillarles "in fraganti" ¿Cómo reaccionar?
Los discursos sobre la necesidad de ser sincero y leal no son siempre adecuados, y es que para eso ya tienen muchos cuentos con bonitas moralejas. No son tampoco los reproches ni los azotes lo que curará al niño que miente.

Lo primero que hay que hacer es adaptar los esfuerzos educativos de los padres a la edad del niño, y cada niño es único, no se puede tratar a todos por igual. A algunos es necesario instarlos a menudo a ser más veraces mientras que con otros es preferible un poco de interpretación de sus mentiras, para averiguar qué esconde tras ellas.

Tampoco le ayudaremos si, una vez descubierto, callamos hasta que la situación le delate: si le hemos pillado lo mejor es decirselo abiertamente y ayudarle a enmendar la situacion.

Lo importante es no caer en la idea de que “miente porque es malo”, ya que por lo general, lo único que significan sus mentiras es que la realidad “adornada” es más facil de llevar.

Los adultos mentimos, y lo hacemos muy a menudo. Los niños perciben cuándo los papas disimulan o le ocultan algo y en un clima de desconfianza se generan más mentiras ¿por qué no empezamos por dar buen ejemplo y hablar abiertamente de las cosas que nos pasan?

El niño que confía tiene fe en sus padres, quienes no tratan de engañarlo. Recíprocamente sus padres depositan en el su confianza y están seguros de que será digno de ella.
¡Y lo es!

Violeta Alcocer para Ser Padres Hoy (copyright)
Ilustración Mónica Pérez.

14 de mayo de 2012

Los deberes son cosa de niños

criandomultiples.blogspot.com hacer deberes responsabilidad


Desde el primer año de enseñanza primaria, las actitudes de los padres deben comunicar que los deberes son estrictamente responsabilidad del niño y la maestra. Los padres no deben dar la lata a los niños sobre los deberes. No deben supervisar ni verificar los deberes, excepto por invitación de los niños. (Esta política puede ser contraria a los deseos de la maestra.) Cuando los padres asumen responsabilidades en cuanto a los deberes, los niños se lo permiten, y los padres nunca más se libran de esa esclavitud. En manos del niño, los deberes pueden convertirse en un arma para castigar, chantajear y aprovecharse de los padres. Se podría evitar mucho sufrimiento, y añadir mucha alegría a la vida de la familia, silos padres mostraran menos interés en los detalles insignificantes de los trabajos del niño y en cambio comunicaran sin dejar lugar a dudas que: los deberes son tu responsabilidad. Los deberes son para ti lo que el trabajo es para nosotros.

En muchas y muy buenas escuelas no se ponen deberes a los niños más pequeños, y los alumnos parecen adquirir tanta sabiduría como aquellos que luchan con deberes a las edades de seis y siete años. El valor principal de los deberes es que proporcionar a los niños la experiencia de trabajar solos. Para que tengan este valor, sin embargo, los deberes deben ajustarse a la capacidad del niño, para que pueda trabajar independientemente con poca ayuda de otros. Las a directas pueden solo comunicar al niño que no puede hacer nada sin la participación de los padres. Las ayudas indirectas, sin embargo, pueden ser útiles. Por ejemplo, nos podríamos asegurar de que el niño tiene intimidad, un escritorio apropiado, libros de referencia y acceso a un ordenador. También podríamos ayudar al niño a decidir el momento más adecuado para hacer los deberes, de acuerdo con las estaciones. En las tardes apacibles de primavera y otoño, probablemente el niño preferirá jugar primero y luego hacer los deberes. En los días fríos de invierno, los deberes deben hacerse primero si después quieren ver la televisión.

A algunos niños les gusta estar cerca de adulto mientras trabajan. Necesitan que se le escuche cuando analizan un problema o intenta entender un pasaje de un libro. Quizá sea posible que utilicen la mesa de la cocina o del comedor. Sin embargo, no se debe hacer ningún comentario sobre formas de sentarse, pulcritud personal o trato del mobiliario.

Algunos niños trabajan mejor cuando puede morder un lápiz, rascarse la cabeza, mecer una silla o incluso escuchar música. Nuestros comentarios y restricciones aumentan la frustración e interfieren en su trabajo mental. Los niños se resisten menos cuando nuestras demandas comunican respeto y protegen la autonomía.

Los deberes del niño no deben interrumpidos con preguntas y recados que pueden esperar. Debemos permanecer en segundo plano dando consuelo y apoyo en lugar de instrucciones De vez en cuando, si el niño nos lo pide, podemos aclarar un punto o explicar una frase. Sin embargo deberíamos evitar comentarios como: «Si no ras tan atolondrado, recordarías lo que tienes hacer» y «Si escucharas al profesor, sabrías lo que tienes que hacer” y “si escucharas al profesor sabrías los deberes que tienes».

Debemos ayudar con moderación pero también con comprensión. Escuchar en lugar de lecciones. Mostrar el camino, pero esperar que el viajero llegue a su destino por su propio pie.

La escena siguiente ilustra la habilidad de una madre en impedir que un problema de deberes acabe en una acalorada discusión: Elena, de once años, se levantó de su mesa y desafió a su madre:

«No quiero hacer los deberes. Estoy demasiado cansada».

Una respuesta común habría sido: « que no quieres hacer los deberes? Nunca estás demasiado cansada para jugar. Solo te cansan los deberes. ¡Ya verás cuando traigas malas notas a casa!».

En cambio, la madre reconoció el punto de vista de su hija: «Veo que estás cansada. Has estado trabajando mucho. Vuelve a tus libros cuando estés lista».

La actitud de un padre hacia la escuela y el profesor puede influir en la actitud de un niño hacia los deberes. Si un padre habitualmente habla mal de la escuela y menosprecia a la maestra, el niño sacará las conclusiones obvias. Los padres deben reforzar la posición del profesor y apoyar sus decisiones sobre los deberes. Cuando el maestro es estricto, el padre tiene una oportunidad maravillosa para ser comprensivo:

«No está siendo un curso fácil…, ¡tanto trabajo!»

«Es duro este curso.»

«Sí que es estricta tu maestra.»

«Me han dicho que exige mucho.»

«Dicen que es especialmente dura sobre los deberes. Supongo que tendrás mucho trabajo este curso.»

Es importante evitar riñas diarias sobre los deberes, como: «Mira, Aurora, de hoy en adelante vas a trabajar la ortografia todos los días por la tarde, incluyendo sábados y domingos. Se acabó el jugar y la televisión también» o «iRoberto! Estoy harta de recordarte los deberes. Papá va a encargarse de que te centres en tu trabajo. Si no lo haces, te arrepentirás».

Las amenazas y las críticas son frecuentes por que hacen creer al padre que está haciendo algo para cambiar la situación. En realidad tales advertencias son más que inútiles. Sólo producen una atmósfera cargada, un padre irritado y un hilo enfadado.

Llegó una carta de la escuela. Iván, de catorce años, iba atrasado en sus estudios. La primera reacción de su padre fue llamar a su hijo, darle una paliza verbal y castigarlo: «Escucha, hijo, de hoy en adelante vas a hacer los deberes todos los días, incluso fines de semana y fiestas. Ni películas, ni tele, ni juegos de vídeo, ni ir a casa de tus amigos. Me voy a asegurar personalmente de que te pongas a trabajar en serio».

Este discurso se había dado muchas veces y siempre conducía a un padre furioso y un hijo desafiante. El aumento de presión solo aumentaba la resistencia de Iván. Se convirtió en experto en evasión y ocultación.

Esta vez, en lugar de recurrir a amenazas y castigos, el padre apeló al amor propio de su hijo. Le mostró la carta del profesor y dijo: «Hijo, nosotros contamos con que mejores para estar mejor informado y tener más conocimientos. El mundo necesita personas capaces. Todavía hay muchísimos problemas que necesitan soluciones. Tú podrias ayudar». A Iván las palabras y el tono de voz de su padre le gustaron tanto que dijo: «Prometo tomarme mi trabajo más en serio».

Muchos niños capaces se retrasan en sus deberes y rinden menos de lo que pueden como rebelión inconsciente contra las ambiciones de sus padres. Para crecer y madurar, necesitan alcanzar un sentido de individualidad y autonomía. Cuando los padres están demasiado pendientes emocionalmente del expediente escolar, la autonomía del niño está en peligro. Si los deberes y las buenas notas se convierten en la joya de la corona de los padres, el niño puede inconscientemente preferir traer a casa una corona de hierbajos que por lo menos sea suya. Al no alcanzar las metas de sus padres, el joven rebelde logra un sentido de independencia, por lo que la necesidad de individualidad singularidad puede empujar a un niño hacia el fracaso, a pesar de la presión y el castigo paternos. Como dijo un joven: «Me pueden quitar la televisión y la paga, pero no me pueden quitar mis suspensos».

Por supuesto que la resistencia a estudiar no es un problema sencillo que se pueda resolver siendo severo o indulgente con los niños. El exceso de presión puede aumentar la resistencia del niño, mientras que una actitud de laissez-faire puede comunicar la aceptación de la inmadurez y la irresponsabilidad. La solución no es ni fácil ni rápida. Algunos niños pueden necesitar psicoterapia para resolver su forcejeo con sus padres y para adquirir el sentimiento de satisfacción por el buen rendimiento, en lugar del bajo rendimiento.

Otros pueden necesitar una tutoría con una persona psicológicamente orientada, como un consejero escolar o un profesor sensible. Es fundamental que no sean los padres los que se encarguen de la tutoría. Nuestra meta es comunicar a los niños que son individuos, independientes de nosotros, y responsables de sus propios éxitos y fracasos. Cuando al niño se le permite experimentar el yo como un individuo con necesidades y metas autoengendradas, empieza a asumir la responsabilidad hacia su propia vida y las exigencias que presenta.

Del libro: entre padres e hijos, de Haim Ginott.
Extraído del blog de entrecomadres

6 de mayo de 2012

Crecimiento y desarrollo de los niños de seis a ocho años

http:\\criandomultiples.blogspot.com Niños de siete años

A partir de los seis años el niño comienza a vivir experiencias nuevas. El paso de infantil a primaria es fundamental en esta nueva etapa. Al entrar en contacto con un nuevo mundo social se intesifica aún más la relación con la realidad. Es así como el niño empieza a desprenderse de su "mundo de fantasía".

Desde el cuarto año de vida se agudiza en el niño la capacidad de razonar y realizar procesos lógicos. Este cambio se manifiesta de manera gradual. "Es por este motivo que el trato y la educación tienen que ir dirigidos ya a la inteligencia, razonando de manera elemental los argumentos que les demos, las razones de un mandato o los motivos de una exigencia", explica el Licenciado en Ciencias de la Educación, Ramón Moix Segura.

A continuación te contamos algunos de los cambios que vive el niño entre los 6 y los 8 años de edad.

Características físicas
  • Desaparecen los dientes de leche. Emergen los primeros molares permanentes.
  • Puede sufrir de oídos: otitis.
  • Puede tener problemas con la nariz y con la garganta: anginas, faringitis.
  • Propensión a enfermedades infecciosas.
  • Suele adelgazar; lo importantes es que coma bien y esté activo.
  • Reacciona con su cuerpo: atraviesa todas las emociones y pasa del llanto a la risa, de la serenidad a la violencia, del cariño a la indiferencia con mucha facilidad.
  • Suele ser muy activo. Necesita saltar, correr, resbalarse, caerse, mancharse y romperse la ropa.
Características intelectuales
  • No posee una visión global de la realidad ni relaciona las partes con el todo.
  • Sus ideas se basan en experiencias tangibles y en hechos concretos.
  • Aprende palabras nuevas, lo que le permite ir abriéndose al pensamiento abstracto.
  • Observa e investiga todo lo que lo rodea.
  • Las rabietas son sustituidas por discusiones, comienza a entender por qué no tiene que hacer lo “prohibido”.
  • Suele mezclar ideas imaginarias con datos de la realidad, pero poco a poco se va aclarando: el ratón Pérez ya no es tan ratón Pérez... y los Reyes magos se parecen más a mamá y papá...
Características afectivas
  • Entre los 6 y 7 años nace la intimidad. Respeta sus lugares, esconde tesoros, tiene sus pertenencias.
  • Hay un mayor asentamiento de su personalidad: en esta edad se observa al adulto del mañana.
  • Se despiertan los sentimientos de adaptación al entorno: le da importancia a quienes le manifiestan cariño o interés por sus actividades.
  • Imita a las personas que le demuestran afecto. Juega a cumplir con los roles que admira: mamá, papá, el doctor, la señorita...
  • El varón asume su masculinidad antes de la mujer su feminidad. Esto se ve claro en las diversiones. Los varones nunca se disfrazan de princesas o enfermeras, en cambio las mujeres juegan a la pelota o representan sin problemas el papel de un superhéroe.
  • Para el varón es importante el papel del padre para acentuar las características de su masculinidad.
Desarrollo social
  • La escuela desarrolla la vida social: genera otros vínculos ajenos a la familia.
  • Se despierta la necesidad de tener amigos: no se queja tanto de los demás, comparte sus pertenencias y es más leal con el grupo.
  • Es la edad típica e las comparaciones (especialmente, con sus hermanos o con sus amigos). El niño no se fija en lo alto que es él sino en quién es el más alto de la clase.
Madurez
  • Primer paso de madurez: adquieren mucha fuerza las relaciones que establecen fuera del hogar.
  • Toma conciencia de los buenos y los malos amigos.
  • Controla más su cuerpo, sus sentimientos y su conducta.
  • Es más independiente.
  • Se da cuenta de que en casa no hace falta aparentar ya que lo quieren como es.
Fuente: http://www.materna.com.ar

16 de septiembre de 2010

Cómo educar a su hijo de seis a ocho años

Su hijo en edad escolar es capaz de participar activamente en la determinación de las reglas para el hogar y la familia, y de ayudar a decidir las consecuencias que conllevará el romper dichas reglas. Si involucra a su hijo en este proceso, es más probable que respete las reglas. Pegarle y gritarle a su hijo no son técnicas eficaces de disciplina. Así sólo le enseña que la violencia y los gritos son una respuesta adecuada al enojo o la frustración.

Consejos para educar adecuadamente a su hijo/a en edad escolar
  • Evite que la palabra que su hijo escuche con más frecuencia sea "no". Es importante remarcar lo positivo. Elogie a su hijo cuando se comporte bien para que no crea que la única manera de llamar su atención es comportándose mal. Su hijo puede ser sensible a las críticas, por eso los elogios son una buena manera de aumentar su autoestima.
  • Recuerde que su hijo todavía puede tener berrinches.  En tal caso, trate de mantener la calma. Si usted reacciona a estos berrinches, su hijo/a recurrirá a ellos para llamar su atención. Respire hondo y, con calma, dígale a su hijo/a que cuando quiera hablar acerca de cómo se siente, usted lo/a escuchará.
  • Las amenazas falsas son peligrosas. Es fácil enojarse y amenazar con castigos poco realistas, como: “¡Si no dejáis de pelearos nunca más vamos a hacer un viaje en coche!”. Las amenazas de algo que usted no puede cumplir, especialmente las que contienen la palabra “nunca,” debilitan el poder de las amenazas realistas que usted pueda usar en el futuro.
  • Maneje la disciplina. Es posible que su hijo sienta que tiene poco control y que crea que comportarse mal le dará poder. Castigarlo constantemente sólo alimentará esta creencia. Es mejor prestarle atención cuando hace algo bien y hacerle comentarios positivos. Esto le demostrará que también puede adquirir poder y llamar su atención mediante el buen comportamiento.
  • Haga participar a su hijo dándole opciones. A veces, cuando un niño siente que no tiene nada de poder, lo mejor es hacerlo participar en el proceso de decisión. Ofrézcale dos opciones, así sentirá que tuvo algo de participación en el asunto. Recuerde que un niño no debe tener opciones siempre. Usted debe decidir cuándo es adecuado que las tenga (p. ej.: permítale decidir qué comer en el almuerzo, pero no si debe usar o no el cinturón de seguridad), y asegúrese de que usted puede aceptar cualquiera de las opciones que su hijo elija.