Mostrando entradas con la etiqueta juegos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juegos. Mostrar todas las entradas

28 de septiembre de 2013

A estos niños les falta el verde


Si le pregunta a alguien de más de 35 o 40 años, es probable que muchos de sus mejores recuerdos infantiles se localicen en el campo, entre árboles y plantas, descubriendo insectos o cazando mariposas. Pero los niños de hoy ya no juegan al aire libre, y eso puede tener consecuencias para su salud física y mental, según advierten los expertos.

Esta semana, el diario 'The Guardian'se hacía eco de una encuesta británica a 2.000 menores de ocho a 12 años con un puñado de datos curiosos. El 64% de ellos sólo había salido a jugar a la calle una vez en la última semana, el 28% no había dado un paseo por el campo en el último año y uno de cada cuatro ni se había subido a un árbol ni había estado en una granja en su vida.

La misma encuesta, realizada por el canal de televisión Eden, también recogió el sentir de los padres: el 43% de ellos pensaba que los chicos no deberían jugar fuera solos hasta los 14 años (aunque algunas encuestas anteriores elevan hasta el 85%-90% la tasa de padres con temor a que sus hijos sean secuestrados estando en la calle).

Vivir en una ciudad, rodeados de pantallas de todo tipo en casa, el temor a los desconocidos o al tráfico son algunos de los factores que han alejado a los niños de hoy de la naturaleza, aunque muchos padres no son conscientes de que este nuevo estilo de vida puede estar empobreciendo su crecimiento personal.

"El niño necesita estar en contacto con la naturaleza para su desarrollo", explica a ELMUNDO.es el doctor José Antonio Díaz Huertas, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Social. "Necesita pasar frío, calor, sudar, descubrir los insectos... Si piensa que la leche o los huevos vienen del supermercado, le faltará una parte importante para comprender todo el ciclo biológico".

El juego al aire libre no sólo fomenta la actividad y reduce el nivel de obesidad infantil (una de las mayores preocupaciones de los estadounidenses, según una encuesta de esta misma semana), sino que fomenta otros beneficios, como el pensamiento crítico, la capacidad para resolver problemas o la creatividad. Por no hablar del amor a la naturaleza, difícil de aprender conectado a una videoconsola.

Aunque no se trata de medicalizar el problema, el periodista Richard Louv (autor de 'El último niño de los bosques' o 'No dejen al niño dentro') se ha atrevido a ponerle nombre al problema: 'síndrome por déficit de naturaleza'. Un mal que podría afectar a todos esos niños estadounidenses que, según la Fundación Kaiser, pasan una media de 53 horas a la semana conectados a un ordenador, consola o videojuego (mucho más, seguramente, del tiempo que sus mayores dedican al trabajo en el mismo periodo).

"A medida que pasan menos tiempo en el medio natural, sus sentidos se reducen, física y psicológicamente", explica Louv a ELMUNDO.es. "Esto reduce la riqueza de la experiencia humana y contribuye al déficit que yo menciono". Un término, reconoce, que sirve más como descripción de una realidad que como diagnóstico médico.

Según este mismo autor, apenas un 21% de la generación actual tiene la oportunidad de jugar al aire libre en comparación con el 70% de sus mayores; aunque la tendencia a jugar cada vez más dentro de casa y menos al aire libre se repite en varios estudios publicados recientemente, tanto en Reino Unido como Australia. Y cualquier pediatra confirmará que los percances que sufren los niños (a excepción de los accidentes de tráfico o el ahogamiento) son más probables por algún pico de casa que por caídas de los árboles.

"Los padres están más preocupados porque el colegio de sus hijos tenga polideportivo y piscina, cuandoantes jugábamos en un patio de arenay hacíamos deporte de una forma natural. Cuando sean mayores, si no tienen un polideportivo cerca, es posible que estos niños no sepan hacer deporte", añade por teléfono el doctor Díaz Huertas desde algún rincón de la sierra de Madrid.

Mientras se asfaltan los patios de los colegios para evitar los charcos ("si un niño se moja no pasa nada") y las ciudades eliminan los lugares de juego naturales, este pediatra, como todo el movimiento verde que está surgiendo en países como EEUU, recomiendan sacar a los niños al campo y dejarles descubrir lo que les rodea por sí mismos. "Porque si no, cosas que antes no suponían un riesgo para ellos, ahora sí lo son porque no están acostumbrados".

Publicado en el diario El Mundo.
La imagen es del Grupo Saltamontes

28 de abril de 2013

50 ideas sencillas y divertidas: Estímulos para su inteligencia

criando múltiples mellizos gemelos trillizos estímulos inteligencia bebé

No se trata de forzar a nuestro hijo a hacer nada que no le apetezca. Basta con jugar con él y quererle mucho, mucho...

Si creemos que los bebés sólo son capaces de dormir, llorar y comer, nos equivocamos.

Expertos en desarrollo infantil han descubierto que son esponjas sedientas de aprender. Y que estimular su cerebro les ayuda a desarrollar sus capacidades. Pero no se necesitan letras ni números, músicas ni casetes en inglés. Es mucho más sencillo.

Las neuronas y sus conexiones son las responsables de nuestra inteligencia. Estas células nerviosas se hallan en el cerebro de cualquier bebé al nacer, pero no están conectadas entre sí.

Son los estímulos que el niño recibe del exterior los que permiten que las neuronas se conecten creando una extensa red que influye en el desarrollo de la memoria, la destreza manual, la capacidad de concentración, la sensibilidad audiovisual... y, en definitiva, en su mayor o menor inteligencia.

Oír a su madre cantar, percibir el olor de la leche, sentir el tacto de sus padres sobre su piel, todo ello despierta las neuronas del bebé y hace que se establezcan nuevas conexiones. Cuanto más diversos sean los estímulos que recibe, más complejas serán las estructuras que se formen.

Pero esas redes neuronales se multiplican a un ritmo muy acelerado sólo hasta los seis años. De ahí que sea tan importante estimular al niño desde su más temprana infancia.

Antes de nacer

1. Señales desde el exterior
Está demostrado que los bebés que reciben durante el embarazo estimulación auditiva y táctil nacen con más conexiones neuronales y, por tanto, tendrán más memoria y sensibilidad. Podemos hacer un cucurucho de papel, ponerlo en el vientre y hablar (papá y mamá) a través de él.

2. Bueno para mamá, bueno para él
Escuchar la música que nos guste mientras pensamos en él.

3. Contacto, con tacto
Ponemos las manos sobre el vientre y lo acariciamos mientras le contamos algo agradable al futuro bebé.

0-3 meses

4. Afecto a raudales
Masajearle, abrazarle, hacerle caricias, darle besitos...; es decir, conseguir que se sienta querido, de ese modo se fortalece su sentimiento de seguridad.

5. Contacto visual
Hay que mover un dedo o un juguete ante su ojos para que lo mire; así reforzamos su sentido de la vista. Pero paremos en cuanto veamos que pierde interés.

6. Miradas íntimas
Acariciémosle a menudo mientras intentamos establecer contacto visual con él. De esa forma estimulamos su capacidad para reconocer caras y, por supuesto, pronto conocerá a mamá y papá.

7. Melómano desde la cuna
Pongámosle una música suave cuando se vaya a dormir y al despertar. Si no se nos da muy mal, también podemos tararear alguna canción. En caso de que intente imitarnos con sus balbuceos, hay que parar y escucharle, luego continuaremos; de este modo se establece entre nosotros una conversación melódica.

8. Sacarle la lengua
Como a los niños les encanta imitar aquello que ven, conseguiremos que él también la saque. Es un paso previo para facilitar sus primeros balbuceos.

9. Lactancia materna
Sin lugar a dudas, es lo mejor. Diversos estudios han demostrado que los niños que toman leche materna tienen mayor índice de inteligencia. Mientras se alimenta, podemos cantarle, hablarle en voz baja o, simplemente, acariciar sus cabellos.

La mejor manera de estimularle es a través del juego: que disfrute y se divierta.

3-6 meses

10. Gimnasia para dos
Cuando le bañemos o le cambiemos los pañales, podemos hacer ejercicios de movilidad con sus piernas y brazos. Le encanta jugar con sus extremidades, y así aprende a moverse antes.

11. A mandíbula batiente
Hacerle muecas o cosquillas, acariciarle suavemente el cuerpo o la carita con un pañuelo de seda o una pluma..., se trata de provocar que se ría porque eso desarrolla su sentido del humor.

12. Sonidos invisibles
Dar palmadas, silbar, tocar una campanilla o hablarle desde distintos lugares donde él no pueda vernos estimula su sentido auditivo.

13. Que no falte el ritmo
Ponemos Uno de los factores que más influye en el desarrollo de la inteligencia infantil es el ritmo, así que debemos rodear a nuestro hijo de juguetes sonoros, cajas con melodías..., y también balancines, mecedoras...

14. ¿Quién es ese?
Le ponemos frente a un espejo. El pequeño no sabrá que es él a quien está viendo, pero le divertirá mucho descubrir a ese niño que se ríe a la vez que él.

15. Este soy yo
Si cada vez que nos dirigimos a él repetimos su nombre, en poco tiempo lo reconocerá y, de algún modo, responderá a nuestras llamadas.

16. ¿Se ha ido?
Le mostramos objetos de diferentes colores; pronto comprobaremos que ya ha empezado a distinguirlos. Luego jugamos con él a esconderlos y hacerlos reaparecer. Así el pequeño descubre algo importante: que no tener algo a la vista no significa que haya dejado de existir.

6-12 meses

17. Orquesta casera
Juguemos con él a hacer sonidos con objetos caseros. Una cucharilla golpea una fuente de cristal o una mesa de madera..., y dejemos que trate de imitarnos.

18. Paseando a gatas
Nos tumbamos en el suelo o nos ponemos a gatas y le llamamos para que trate de venir a nuestro lado, entonces nos alejamos y hacemos que vuelva a acercarse a nosotros.

19. En la granja
Buscamos animales domésticos en un cuento o entre sus juguetes, y reproducimos los sonidos que hace cada uno: perro, gallo, vaca, oveja... A esta edad ya ha visto algunos animales y le apasionan. Enseguida imitará los sonidos que hagamos. De esa forma se potencia su memoria, capacidad de atención y sensibilidad hacia el entorno.

20. ¿Cuál es la diferencia?
Hacemos dos dibujos simples y grandes, pero con una sencilla diferencia entre ambos. Por ejemplo, una casa con un perro y otra sin él. Luego se los mostramos y le preguntamos. Seguro que se dará cuenta de que en una falta el perro y lo buscará. Este juego potencia su capacidad de reconocer más tarde letras y números.

21. Descubrir palpando
Reunimos en una bandeja objetos diferentes al tacto: una pelota blanda, un cubito de hielo, un pañuelo de seda, una cuchara, una toalla... Vamos tocando con él cada cosa mientras repetimos las características del objeto: blando, duro, mojado, seco, frío, caliente, rugoso, etc.

22. ¿Dónde están los pies?
Aprovechemos los momentos en que le cambiamos de pañal para ir enumerando las partes del cuerpo. De ese modo aprende a reconocerse a sí mismo.

23. Veo, veo
Cuando le saquemos a pasear en su cochecito, vayamos contándole lo que vemos: un perro, un árbol, un coche... De esa manera se estimula su capacidad de atención, su vocabulario y su memoria.

24. Otra vez
Leemos para él, o le contamos, siempre el mismo cuento y con las mismas palabras. Los bebés de ocho meses pueden reconocer una secuencia de palabras en una historia tras haberla oído dos o tres veces seguidas. Es una práctica que les ayuda a entender antes el lenguaje.

25. De qué color
Utilizamos figuras geométricas de colores distintos para que aprenda los nombres de los colores. Ponemos varias en una bandeja y luego escondemos una, por ejemplo la roja, debajo de una caja. Dejemos que él vea que la escondemos y preguntemos: ¿Dónde está la roja?.

26. Unos minutos de relajación
Cada atardecer debemos utilizar al menos cinco minutos para enseñarle a relajarse: nos tumbamos con él en el suelo, con una luz muy tenue, sin música y sin hablar. Si se muestra inquieto, le acariciamos, pero seguimos en la misma posición hasta que se cumplan los cinco minutos.

27. Cada oveja con su pareja
Antes de los diez meses ya es capaz de agrupar sus juguetes en familias. Para comprobarlo, le ponemos un grupo de animales, otro de coches, otro de muñecos, luego cambiamos un juguete de sitio y esperamos a ver qué hace...

28. ¿Quién es quién?
Tomamos fotos (mejor primeros planos) de las personas más importantes en la vida del niño. Las ponemos en el suelo extendidas e intentamos que busque a sus familiares. Le preguntamos, por ejemplo: ¿Quién es el abuelo? , ¿Dónde está tu tío Andrés?, etc.

12-18 meses

29. En busca del tesoro
Como ya empieza a ponerse de pie, le encantará intentar alcanzar los objetos que hay en lugares altos. Para animarle se le pueden poner algunos de sus juguetes.

30. La ley de la gravedad
Cuando intente coger cosas que están demasiado altas para él, no debemos impedírselo, tan sólo vigilarle para evitar que se dé un trompazo, pero permitiéndole que experimente qué se siente subiéndose a los sitios y bajándose. Generalmente, los niños descubren diversas formas de alcanzar un objeto. Si creemos que peligra, podemos guiarle por el mejor camino.

31. Su primera canción
Ya conoce unas cincuenta palabras y es capaz de aprender una canción con un estribillo muy fácil; tenemos que animarle a que la coree cuando nosotros la cantamos. De ese modo, se potencia su habilidad para el lenguaje y también su memoria.

32. Cada día me visto
Mientras le vestimos vamos narrándole lo que estamos haciendo: Ahora te pongo la camiseta, Ahora los calcetines, etc. Así el niño aprende a anticipar las rutinas.

33. De compras
Al ir a comprar a grandes superficies, no perdamos la oportunidad de ponerle de pie en el carro. Las estanterías llenas de objetos y colores despiertan su atención y le divierten.

34. Un atleta en miniatura
Procuremos que empiece a hacer ejercicio físico: juguemos con él a la pelota o a un pilla-pilla.

35. Subir a la montaña
Una forma de hacerle moverse es poner muchos cojines grandes en el suelo, unos encima de otros, y animarle a que trepe por ellos.

36. Un zoo casero
Compramos una revista de naturaleza salvaje y recortamos junto a él los animales de la selva: tigres, elefantes, leones, gorilas, etc. Luego los pegamos en un pequeño cuaderno y le contamos alguna historia relacionada con cada uno.

37. Imagina que...
Utilizamos dos marionetas o dos juguetes cualesquiera para inventar una historia. Desde los dos años los niños disfrutan mucho cuando se valen de sus propios juguetes para desarrollar situaciones imaginarias.

18-36 meses

38.Mi álbum de fotos
Hacemos un álbum con las fotos de nuestro hijo desde su nacimiento, y nos sentamos con él a mirarlas de vez en cuando contándole la historia de su vida, qué hacía o qué sentíamos. También le encantará una sesión de vídeos de cuando él era más pequeño, y más si se le va narrando qué hacía en esos momentos, o qué le decían sus abuelos. De esta forma activamos su memoria y su capacidad para narrar historias.

39. Al escondite
Les encanta esconderse y que les busquen. Eso estimula su fantasía y capacidad de estrategia.

40. Un mundo de sabores
Combinamos en un plato varios alimentos de diferentes sabores y colores muy llamativos: una fresa, una rodaja de tomate, un trozo de manzana muy verde, una tira de pimiento, etc. Luego jugamos a ver si acierta si es salado o dulce. De vez en cuando, introducimos sabores nuevos en su comida y le pedimos que adivine qué ingrediente hay.

41. ¿Dónde va esta letra?
Ya puede empezar a usar rompecabezas, cartulinas con palabras y números para que se familiarice con ellos a través del juego. De ese modo le costará menos aprender a leer.

42. El uno con el uno
A partir de los dos años es capaz de jugar con un dominó infantil, así que no perdamos la oportunidad de echar la primera partida con él para facilitar su contacto con los números.

43. Su cuento favorito
Podemos contar el cuento que más le gusta a nuestro hijo cambiando un poco el guión y haciendo que el protagonista se llame como él. O utilizar los dibujos para tantear su sentido de la realidad y del absurdo. ¿Existen los perros verdes? , ¿Has visto alguna vez huevos azules?...

3-6 años

44.Creando formas
Tenemos que proporcionarle plastilina de colores y enseñarle a hacer algunas cosas sencillas: una casa, una flor, etc. Luego le dejamos solo para que desarrolle su creatividad.

45. ABC
Dediquemos cada fin de semana a que aprenda una letra del abecedario. Nos inventamos un juego en que cada letra sea la inicial de un objeto o persona muy queridos o familiares para él.

46. Hello, baby
Si vivimos en una comunidad monolingüe, es hora de iniciarle en la enseñanza de algún idioma. Los niños que aprenden desde pequeños otra lengua, aunque sólo sean unas palabras, memorizan con más facilidad de mayores el vocabulario de una lengua extranjera.

47. Diez escalones...
Contemos con él cada cosa. Por ejemplo, cada perro que encontremos hasta llegar a casa, o cada árbol, cada niño que pase en cochecito...

48. Jugamos a las cocinitas
Permitir a los niños que participen de alguna forma en las tareas caseras les inicia en la rutina doméstica y es muy importante para su desarrollo. Mientras cocinamos, podemos dejarle algo para que nos imite. También es positivo que reproduzcan con sus juguetes los hábitos cotidianos y que sus modelos sean tanto mamá como papá.

49.Su primera poesía
Le enseñamos un brevísimo poema. No se trata de pedirle que lo repita delante de las visitas, pero sí de que lo recuerde de vez en cuando

50.Aprender a reflexionar
Antes de irse a dormir conviene preguntarle qué le ha hecho más feliz durante el día, o si ha habido algo que le ha puesto triste o furioso. Es un hábito que le ayuda a examinar sus propias acciones, emociones y valores morales.

17 de febrero de 2013

Tener el control. Lo posible y lo imposible de ser padres y 2

crianza respeto jugar aprender ser padres

Antes de leer esta entrada te recomendamos que leas la anterior:
Tener el control 1.

LA META DE SER UN APRENDIZ

Yo creo que nosotros como padres podemos fijarnos metas razonables:
  • Disfrutar a nuestros hijos
  • Aprender algo nuevo cada día
  • Considerarnos aprendices a nosotros mismos y a nuestro hijo
Decidir ser aprendices puede quitarnos mucha presión interna y también a nuestros hijos. Los aprendices tienen permiso para cometer muchos errores, los aprendices piden ayuda, los aprendices a menudo no saben qué hacer o cómo funcionan las cosas. Lo mejor de todo es que los aprendices se ríen (o lloran) cuando su proyecto se da la vuelta y fracasa estrepitosamente ante de todo mundo. Es comprensible. Así es esto del aprendizaje.

Si estamos aprendiendo, entonces sabemos que podemos hacernos cargo de algunas cosas y resolver el resto de una manera confusa y por casualidad. Como padres, pueden sernos de enorme utilidad algunas estrategias del tipo “estoy aprendiendo, no controlando”.
  • Reconoce activamente lo que es divertido, lo que está bien, lo que funciona correctamente. Nuestras mentes se quedan tan aturulladas en las metas que tenemos a la mano que perdemos de vista quién nos gusta, quién va bien y las pequeñas cosas que vamos aprendiendo. Puede ser útil poner una pequeña lista en la nevera o en el espejo del baño, donde todo el mundo pueda ver unas pocas palabras acerca de lo que estuvo bien en ese día. Algunas familias comienzan la cena con una pequeña ronda de ¿qué es lo que estuvo bien este día? para que lo niños puedan participar, y tengan la oportunidad de contar su experiencia y de ser escuchados por toda la familia.
  • Da la bienvenida a los sentimientos de tu hijo. Los sentimientos ocupan una gran parte de la vida de los niños, y expresando estos sentimientos es como los niños se recuperan de las experiencias duras, pequeñas y grandes, que les suceden. El llanto, los berrinches y la risa, son profundamente curativos para los niños. Expresar esas emociones en toda su dimensión le quita a los niños la sensación de que sus vidas no son lo suficientemente buenas. Cuando terminan, se reconectan con su sentido de amar y ser amados. Puede ayudarles el que te acerques y los escuches a través de sus angustias, pero si no puedes hacerlo, contempla la posibilidad de no criticarlos, avergonzarlos o culparles mientras te muestran sus sentimientos de tristeza o enojo.
  • Encuentra a alguien que escuche tus propios sentimientos. Nosotros como padres y madres tenemos también muchos sentimientos y hemos sido entrenados para tragárnoslos, como si no existieran. De hecho, tragarse los sentimientos, es equiparado ¡con “mantener bajo control” nuestras vidas! El problema es que no podemos tragarnos los sentimientos para siempre. Nuestras preocupaciones, frustraciones, enojos se incrementan, requerimos cada vez de un mayor esfuerzo para tragárnoslos, y finalmente, explotan cuando la más insignificante cuestión está mal. Con frecuencia explotamos contra nuestros hijos y siempre nos arrepentimos después. Encontrar a otro padre y hablar con él por teléfono o después de que se duerman los niños, puede ayudar a aliviar la carga que crean nuestros sentimientos. Una buena risa, un buen llanto, un buen desvarío acerca de la enorme cantidad de expectativas que estamos tratando de satisfacer, puede hacer mucho para aligerar nuestros pasos y ayudarnos a recordar que somos buenos, sin importar cuántos errores hayamos cometido o cuantas respuestas no conozcamos en ese momento.
  • Reconoce aquello que no sepas cómo hacer y habla con otros acerca de ello. En la vida de cada padre probablemente suceden 50 cosas al día ¡que no entiende! ¿Por qué no accede el niño a cepillarse los dientes voluntariamente? ¿porqué se asusta de la oscuridad? ¿Porque los pre-adolescentes piensan que tú eres la persona mas aburrida que hayan conocido?. Estar abiertos a aquello que no sabemos es una excelente estrategia de aprendizaje. Nos torna en buscadores activos de información y entendimiento. Y también está bien el abrirnos a nuestros hijos cuando no sepamos qué hacer. “No sé que hacer contigo cuando te niegas a ayudar en las tareas de la casa. Estoy pensando en cómo hacerlo. ¿Podríamos hablar de esto mañana, después de que yo haya hablado con varias personas a ver si me dan unas buenas ideas?”. Ésta es una buena manera de abordar un problema con un niño.
  • Organiza la ayuda. Estamos entrenados a pensar que pedir ayuda es admitir debilidad. Sin embargo existen muchas clases de trabajo que no han sido diseñadas para que las realice una persona sola. Construir tabiques, dirigir un supermercado, cuidados intensivos durante la lactancia y criar niños son la clase de trabajos que sólo puede hacerse bien con varias personas organizadas para trabajar bajo un propósito común. Cuando damos a luz a nuestros hijos, la mayoría de nosotros no tiene idea de que organizar la ayuda era parte de la descripción de funciones del trabajo de padres. Aprendemos esto generalmente, al quedar exhaustos tratando de hacer todo nosotros mismos y sintiéndonos fatal cuando tenemos que “rebajarnos” a pedir ayuda. Pero cualquier padre con experiencia puede reconfortarte diciéndote que todos los padres necesitan un tiempo sin sus hijos, todos los padres necesitan que otros cuiden a sus hijos, todos los padres necesitan personas que piensen y con quienes puedan hablar acerca de los detalles de la vida con los niños. ¡Todos los padres necesitan ayuda!
  • Tira las expectativas por la borda. Cuando estás haciendo un esfuerzo por apreciarte a ti mismo o a alguien más. Tira las expectativas por la borda. Deja que la casa sea un desastre por un par de semanas, meses o años, o no te preocupes por servir comidas calientes, o deja que los parientes gruñan porque decidiste no ir a verlos este mes, o duerme en tu hora de comida, aunque la gente en el trabajo hable de ti. Tú has de decidir lo que es realmente necesario y lo que no y tratar de mantener las apariencias cuando se es padre es aniquilar la alegría. Tienes permiso para dejar que las cosas sean imperfectas, y aun así, estar orgulloso de ti mismo, tu familia y tus decisiones.
  • Organiza juegos que incluyan la risa. A los niños les encanta reír, y cuando estamos dispuestos a jugar con ellos para que rían (¡sin hacerles cosquillas!) se llenan de ánimos y de esperanza. Es contagioso. Los vemos menearse con deleite, viniendo hacia nosotros por diversión y mucho contacto, y no podemos evitar el estar encantados. Nuestra taza vacía de esperanza comienza a llenarse de nuevo. Tenemos mucho que aprender de los niños acerca de cómo una buena vida incluye tiempo para jugar, peleas de broma, persecuciones, atrapadas, en donde los adultos puedan “perder”, pero todos recuperen el sentido de que es bueno estar vivo.
  • Cuando estés al borde de la ofuscación, acuéstate en el suelo por un rato. Cuando estamos agotados, las cosas que hacemos generalmente no tienen mucho éxito. Nuestras tensiones y las de nuestros hijos forman un nudo que se va enredando y se aprieta cada vez más. En momentos como ése, "rendirnos” por diez o quince minutos y tirarnos en el suelo nos proporcionará un contraste suficiente con la situación anterior, para que nosotros y nuestros niños podamos volver a empezar con frescura. A veces podemos darnos permiso de llorar, lo cual ayuda a aligerar la tensión. A veces, nuestros niños vienen hacia nosotros y deciden que quieren estar cerca. Se nos sientan en la barriga, o se arrastran debajo de nuestras piernas o empiezan a brincar alrededor de nosotros para divertirse. Habiendo abandonado el esfuerzo de tenerlo todo bajo control, podemos comenzar a poner atención sobre cómo son las cosas, en vez de la manera en como quisiéramos que fueran. Sin el esfuerzo de tenerlo todo bajo control, a menudo es más factible tomar decisiones que funcionen y que nos vuelvan a gustar de nuevo los niños que tenemos.
Tomado de "Being “In Control” – The Possible and Impossible in Parenting", de Patty Wipfler

15 de febrero de 2013

25 cosas que hacer con un niño de dos años que no para

  1. Ponlo en una bañera vacía, dale acuarelas y déjale que se explaye.
  2. Pon arroz en un molde y dejar que lo eche taza a taza.
  3. Sácalo a la calle todos los días, independientemente del clima.
  4. Dale una pequeña botella de spray con agua y un trapo. Dile que lo eche en el baño, en los azulejos, en los ladrillos de la terraza...
  5. Haz plastilina casera, dale un rodillo.
  6. Cuando le leas en voz alta, hazle muchas preguntas. Déjale que señale, ponga nombres y se ría en cada imagen.
  7. Pídele que corra hasta la puerta, la toque y vuelva, chócale los cinco, y repite. Y repite. Y repite.
  8. Encuentra una caja vacía en la que pueda caber y quédate en la la habitación con él para garantizar su seguridad, pero llévate ese libro que tienes tantas ganas de leer, porque él estará ocupado durante un tiempo.
  9. Enséñale cómo construir un fuerte con los cojines.
  10. Déjale untar con nocilla o con mantequilla su tostada.
  11. Juega con él durante al menos diez minutos a algo que le guste mucho. Esto satisfará gran parte de la necesidad de atención que le lleva a hacer travesuras
  12. Burbujas
  13. Los niños tienden a ser aprendices táctiles; apilar tazas y recipientes de plástico en un armario accesible puede ser divertido.
  14. Llena el fregadero de la cocina con espuma de jabón; saca un cucharón grande y algunos vasos de plástico y échalos al agua. Déjale que "friegue los platos".
  15. Si tienes una zona de juego en el jardín, déjale que tire la pelota en esa zona.
  16. Dale una cuchara vieja y déjale cavar en la tierra.
  17. La música facilita el aprendizaje como ninguna otra actividad. Inventa canciones tontas para todo, haz el tonto y tómales el pelo con la música.
  18. Cuando te sientas mal o se sienta mal, hazle cosquillas.
  19. No temas repetir las actividades muchas veces; si ves que se cansa, dile que "Vamos a hacer..."
  20. Deja que el pequeño "te ayude" en todas tus tareas hasta que redescubra sus bloques o trenes. Le estarás enseñando habilidades valiosas. Ya sé que puede ser difícil porque queremos que las cosas estén hechas, pero el niño aprenderá en seguida y puede ser que desee ayudar más. Este puede ser uno de los momentos más especiales de vuestras vidas.
  21. Ponle su canción favorita, dejaos llevar y bailar por toda la casa. Tu niño se reirá o participará en el baile, y ambas cosas son divertidas.
  22. Deja que se columpie un rato sobre tus pies.
  23. Déjale unos rotuladores y un cuaderno.
  24. Evalúa sus necesidades, ¿tiene hambre, está cansado, mojado, pasado de rosca, aburrido o solo? Ayúdale a tener sus necesidades básicas cubiertas
  25. Piensa un pensamiento positivo por cada pensamiento negativo. En lugar de "Mis hijos me vuelven loca" piensa "Esta es una fase, Juan es realmente un buen chico" o "Mis hijos están aburridos. ¿Qué puedo hacer para que se entretengan?".
Extraído de Courage zone

26 de diciembre de 2012

Que sean niños los niños

niños juegos mellizos gemelos trillizos crianza múltiples respeto

Que sean niños los niños.

Que sean niños, y no clientes de las compañías de móviles, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas descartables de la televisión.

Niños, no limpiacristales en los semáforos, o botín de padres enfrentados o repartidores de estampitas en el metro.

Que no sean niños soldados, los niños. Que sean niños los niños, simplemente. Que no sean foto de un portal pornográfico. Que no sean los habitantes de un reformatorio.

Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.

Que sean niños los niños, y no un target.

Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad. Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran. Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías.

Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.

Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades.

Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.

Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.

Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos.

Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.

Que sean niños los niños.

Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.

Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.

Que sean niños, no "el repetidor" o "el conflictivo" o "el que nunca trae los deberes".

Niños, y no los que empujan el carro con cartones.

Que sean niños los niños, simplemente.

Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.

Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.

Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.

Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.

Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.

Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año. Que sean felices los niños, por ser niños. Inocentes de todo lo heredado

Mex Urtizberea

16 de diciembre de 2012

Juegos populares, la cultura autóctona del juego

mellizos trillizos gemelos múltples juegos populares

Muchos niños ya no juegan, sino que “consumen” productos manufacturados de entretenimiento (tele, videojuegos…), una solución fácil con que llenar sus horas de ocio. Es la globalización del entretenimiento.

Desaparecida la calle como espacio de encuentro, las ciudades se han convertido en un lugar inadecuado para los niños, y los parques a partir de cierta edad resultan poco interesantes para jugar. Eso hace que el juego libre en espacios abiertos sea poco menos que misión imposible. Si a eso unimos las largas jornadas escolares, las actividades extraescolares, lo reducido de las familias, y la invasión de los productos de ocio “de consumo”, lo cierto es que jugar, lo que se dice jugar, hoy en día se juega poco. Las consecuencias son ya patentes: obesidad, aislamiento, tele-adicción, hiperactividad o indolencia, conductas anti-sociales, caída del rendimiento escolar…

Muchos niños ya no juegan, sino que “consumen” productos manufacturados de entretenimiento (tele, videojuegos…), una solución fácil con que llenar sus horas de ocio. Es la globalización del entretenimiento. Pero como afirma Victoriano Yagüe, profesor de educación secundaria y autor de varios libros sobre los juegos populares “El juego es el mejor vehículo para el desarrollo de la creatividad y un excelente antídoto contra la educación en exceso tecnificada”.

La rica tradición de los juegos populares
Victoriano Yagüe es profesor de educación secundaria y un apasionado de los juegos populares, pasión que le ha llevado a recopilar esta rica tradición popular en varias obras, como “Juegos para la escuela” o “66 juegos para educar” “El juego es el mejor vehículo para el desarrollo de la creatividad y un excelente antídoto contra la educación en exceso tecnificada”, afirma Victoriano.

Victoriano forma parte de un movimiento actual de expertos en juegos que se han propuesto rescatar del olvido y llevar a las escuelas este aspecto esencial de nuestra cultura autóctona. Y es que antes de existir la práctica del deporte reglado, los niños realizaban un intenso ejercicio físico espontáneo en la calle, simplemente jugando a los muchos y diferentes juegos de la tradición popular. Estos han sido un medio de desarrollo psicofísico y de socialización que ha proporcionado deleite a innumerables generaciones de niños, antes de que el coche ocupara las calles, y la televisión su tiempo.

Victoriano Yagüe lamenta la inexistencia de espacios físicos apropiado para jugar “en los parques no hay ni donde esconderse”, y la pérdida cultural que supone la total sustitución del juego por el deporte: “El deporte, visto actualmente de una forma fría con respecto al juego tradicional, se muestra como un elemento fagocitador de nuestra tradición en lo que a cultura física se refiere, y se extiende por todos los lugares llevando modelos de actividad que no le son propios. Las normas rígidas y los controles estrictos de los deportes de masas empobrecen el espacio de las manifestaciones lúdicas populares y tradicionales donde la riqueza de variantes y matices son ese encanto propio del tiempo de la infancia”.

Siendo en todos los aspectos beneficiosos para el desarrollo de los niños, asistimos a un creciente interés por parte de padres y educadores por rescatar esa tradición, habiendo incluso quien propone que sean enseñados en los colegios, como una asignatura más, y en los campamentos de verano. Y en cualquier caso, son la alternativa a la presión del entretenimiento globalizado de consumo.

Los juegos de siempre
Muchos padres todavía recordamos de nuestra infancia divertidos juegos que casi han dejado de practicarse pero que sin duda harían las delicias de nuestros hijos. Este puede ser el verano para rescatar esas actividades, y lo que es más importante, contagiarnos del espíritu lúdico de aquellos años.

Muchos de esos juegos son colectivos, lo que los hace muy convenientes para los niños de ahora, y muy especialmente para quienes pasan horas solos jugando a los videojuegos. Al contrario que en los juegos virtuales, muchos de ellos violentos y en los que todo está (virtualmente) permitido, los juegos tradicionales colectivos son un interesante medio de socialización, ya que se rigen por reglas que todos deben asumir para poder jugar. Son una forma activa y tradicional de educación para la convivencia, en la que el espíritu competitivo queda matizado por la pertenencia al grupo y estimula el desarrollo de la capacidad de negociación y adaptación. Es también una extraordinaria forma de integrar mente, emociones y cuerpo y de hacer ejercicio de manera que el esfuerzo es inmediatamente premiado por la gratificación que produce jugar.

Pero además, el ejercicio que se practica jugando y no por “hacer ejercicio” requiere mucho menos esfuerzo real, porque nos produce una gratificación inmediata. Decía Ortega y Gasset “El juego es un esfuerzo, pero que no siendo provocado por el premioso utilitarismo que inspira el esfuerzo impuesto por una circunstancia del trabajo, va reposando en sí mismo, sin ese desasosiego, que infiltra en el trabajo la necesidad de conseguir a toda costa un fin”.

Isabel F. del Castillo

1 de marzo de 2012

El verdadero papel del juego


El sistema tradicional de educación siempre está preocupado por ser científico, y no sólo científico en general, sino por parecerse a una ciencia exacta. Algún oscuro complejo de inferioridad debe haber atrás de esa errónea pretensión. “Ser científico” da un respaldo que nos vuelve inobjetables: no estamos en el continuamente cambiante terreno de la experiencia humana, sino en el de la ciencia con todo el aura de poder que da el “conocimiento objetivo”. De esa manera nuestro discurso, al estar respaldado por datos científicos, se vuelve tan cierto como la distancia de la luna al sol o el punto de ebullición del agua.

Así se gastan enormes cantidades de tiempo y energía en hacer métodos y planificaciones que, las más de las veces, se quedan en el intento de atrapar la realidad. Eso que tendría que ser una ayuda para ordenar la tarea, facilitarla, se vuelve un elemento más que hay que atender; no hay que seguir el tiempo del grupo sino el del programa.

Pero no queda sólo ahí: cualquier cosa que se intente hacer con los niños tiene que estar justificada “científicamente” y en relación al programa. Es entonces que aparecen libros de recreación con indicaciones tales como: “Este juego desarrolla la memoria y la atención”, “Este juego desarrolla la coordinación psicomotriz”, “…desarrolla la coordinación en el espacio”, “…el sentido de equipo”. Como si fuéramos máquinas con botones o engranajes que necesitan tal ajuste, tanto de aceite.

De la misma manera que a los cuentos se los utilizó como vehículos de mensajes morales, a los juegos se los usa con objetivos pedagógicos. Lo repetiremos: las lecciones disfrazadas de juego son una trampa que el niño siempre reconoce. Claro que los juegos enseñan, pero es imposible traducir a palabras todo lo que ocurre en un juego, como es difícil buscar el “mensaje” de un cuento y traducirlo a palabras. Cuanto mejor es el cuento esto es más imposible.

He encontrado libros con excelente material, pero que tenían una lista que aclaraba qué desarrollaba cada juego: astucia, rapidez, agilidad, imaginación, ritmo, concentración, reflejos, gusto por el riesgo, etc. De poco sirve un material bueno si está en función de una idea equivocada. Es un error grave ver al niño como un montón de facultades a desarrollar (memoria, sensorialidad, músculos, etc.).

Debemos hacernos dos preguntas:
  • ¿Cuál es la mentalidad que busca la justificación de un juego en el desarrollo de potencialidades (memoria, atención, etc.)?
  • ¿Qué visión del hombre es la que, aun si darnos cuenta, estamos utilizando y desarrollando? (¿Una concepción mecanicista? ¿El hombre como una máquina de producir?)
Éste es un aspecto clave para debatir, al menos para que cada uno tenga en claro al servicio de qué idea está poniendo sus esfuerzos. Sólo una sociedad enferma como la nuestra necesita una justificación para permitir el juego.

En el otro extremo están quienes utilizan los juegos como elementos de mero entretenimiento, de distracción, para calmar a los niños cuando el grupo está muy excitado. Hacer esto es como utilizar un piano para sostener libros o una guitarra para leña; se puede, pero nos estamos perdiendo lo mejor.

Un juego es una totalidad muy compleja que apunta a una infinidad de aspectos. No es una herramienta de adiestramiento. Se parece más a una obra de arte: nadie ve un cuadro para desarrollar su sensibilidad al amarillo. Podríamos decir que un juego es como una obra de arte (en la mayoría de los casos: anónima y colectiva) que sólo existe cuando se la practica y para quienes la practican, no para los que miran de afuera.

Los juegos son importantes porque enseñan alegría, porque nos arrancan de nuestra pasividad y nos colocan en situación de compartir con otros. Así como la danza nos cuenta de algo que sólo con danza se puede contar, los juegos enseñan algo que sólo los juegos enseñan y que no se traduce en palabras. Brindan un buen clima de encuentro, una actitud distendida, nos revelan torpezas de un modo que no nos duele descubrirlas, cambian los roles fijos en un grupo, son otra manera de incorporar una sana y necesaria picardía, despiertan, “desactivan la bomba”. Por sobre todo, y esto corre el riesgo de sonar a telenovela barata, son un constante mensaje de vitalidad que se graba en quienes los realizan, aportan una especie de combustible vital básico.

Al igual que el carnaval nos invitan a que nos olvidemos de nuestra propia cara, de nuestra manera habitual de ser y nos pongamos otras máscaras, otros roles. Quizás veamos que en nosotros también hay otros y que esos juegos los despiertan e invitan a salir y revelarse. Obtendremos, por un momento, aquello que tanto anhelaba Borges: el alivio que da dejar de ser nosotros mismos.

Como señala Jean Duvignaud, lo valioso de los juegos es que rompen el orden establecido y nos colocan en una zona, en un “caos”, que está más allá de toda preocupación de eficacia, de finalidad, de utilidad. Zona de “caos” que está cargada de intensa vitalidad y de frescura.
La justificación de los juegos radica en su misma intensidad, en cierta fascinación perturbadora que producen, en su vértigo.

Una actividad lúdica bien utilizada es una poderosa herramienta de cambio.

Los juegos son herramientas de la alegría, y la alegría además de valer en sí misma es una herramienta de la libertad.

Por Luis M. Pescetti