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16 de octubre de 2013

Celiaquía


¿Qué es la enfermedad celiaca?
La celiaquía es la intolerancia permanente a las proteínas del gluten de la alimentación.

¿Es alergia al trigo o a la harina?
No. El gluten de la alimentación induce, en individuos genéticamente predispuestos y con factores ambientales propicios, una enfermedad crónica autoinmune y multisistémica.
En los individuos que no lo toleran, el gluten da lugar a una inflamación intestinal que dificulta la absorción de nutrientes (principios inmediatos, sales minerales y vitaminas). Esto puede llevar a estados carenciales que causen múltiples síntomas.

¿Qué es el gluten?
El gluten es una proteína presente en algunos cereales como trigo, centeno, cebada, triticale y, quizá, avena; pero no en el maíz ni el arroz.

¿Se nace con la enfermedad?
No. Puede presentarse a cualquier edad de la vida. Es condición imprescindible haber ingerido gluten durante un tiempo. Sus síntomas varían mucho (afectación o no del peso, del crecimiento, cansancio, malestar, síntomas cutáneos, irritabilidad, etc.). También pueden parecer niños sanos. La prevalencia en los europeos es del 1%, y es más común en las mujeres, con una proporción 2:1.

¿Se puede prevenir?
La ausencia de lactancia materna, la ingestión de dosis elevadas de gluten así como la introducción precoz del mismo en la dieta, la presencia de infecciones bacterianas o virales o el aumento de la permeabilidad intestinal de personas susceptibles se han invocado como factores de riesgo para su desarrollo.
Por otro lado, están apareciendo publicaciones científicas que demuestran menor prevalencia de enfermedad celiaca cuando se introduce el gluten en pequeña cantidad mientras el bebé recibe lactancia materna entre los cuatro y los seis meses de vida (el antiguo “cuscurro” de pan).

¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico de sospecha se hace por los síntomas, la exploración, pertenecer a grupos de riesgo y una analítica. La prueba de oro para el diagnóstico definitivo es la biopsia duodenoyeyunal, que siempre se hará antes de quitar el gluten de la dieta. Las biopsias se suelen hacer por endoscopia; así es más fácil coger muchas muestras y el resultado es más fiable.

¿En qué consiste el tratamiento?
Consiste en una alimentación sana y equilibrada, sin alimentos que lleven gluten, adaptada a las necesidades de cada niño y las costumbres de la familia. La dieta exenta de gluten toda la vida conduce a la normalización clínica y funcional, así como a la reparación de la lesión intestinal. Los productos manufacturados tienen riesgo de llevar gluten, aunque sea muy poco. Por eso, una dieta a base de alimentos naturales (carnes, pescados, huevos, leches y derivados, legumbres, frutas, verduras, hortalizas y cereales sin gluten, como el maíz o el arroz) es mejor y más fácil de llevar en el día a día. Es preferible evitar productos a granel, sin etiquetar o artesanales, porque no podemos conocer sus ingredientes.

En la práctica…
Es bueno contactar con la Federación de Asociaciones de Celiacos de España (FACE). Éstas informan sobre muchos aspectos prácticos: legislación, ayudas, campamentos, ocio, y ofrecen la actualización permanente sobre investigación y expectativas en celiaquía. Todo ello ayuda a manejar la enfermedad y la dieta. Por otro lado, y aunque en el momento del diagnóstico pueda parecer una mala noticia, se trata de una enfermedad “muy agradecida”. Lo que más cuesta es el cambio de hábitos; una vez establecida la dieta sin gluten, los niños mejoran y son capaces de llevar una vida normal.

Por María Luisa Arroba Basanta. Pediatra de Atención Primaria. Publicado originalmente en el boletín FAMIPED

23 de junio de 2013

Moluscos contagiosos

moluscos contagiosos criando múltiples mellizos gemelos trillizos carros gemelares

¿Qué es?
En los últimos años ha aumentado notablemente la frecuencia de niños con Molusco Contagioso. Se trata de unas pequeñas lesiones del color de la piel, como pequeñas verruguitas brillantes que pueden aparecer en cualquier zona del cuerpo. Son producidas por un virus y parece que la vía de propagación preferente, aunque no exclusiva, es el agua de las piscinas. Los pacientes con atopia son especialmente susceptibles, siendo los moluscos, en estos casos, más difíciles de combatir, posiblemente porque el rascado que caracteriza a la enfermedad ayuda a su propagación.

¿Cómo tratarlos?
A pesar de ser un proceso benigno suele ser un motivo frecuente de consulta en dermatología pediátrica. Hay que saber que se trata de un cuadro autorresolutivo, pero el período de eliminación espontáneo es muy variable, pudiendo llegar a más de 12 meses. Por ello, y fundamentalmente por motivos epidemiológicos (contagio entre hermanos, piscinas, deportes de contacto físico….) se encontrará que su pediatra o su dermatólogo le recomendará eliminar los moluscos. Existen varias técnicas posibles. Los dermatólogos pediátricos suelen preferir la técnica de raspado o curetaje mediante cucharilla quirúrgica. Es una técnica rápida, limpia, tolerable y que los dermatólogos manejan a la perfección. Se puede facilitar el curetaje mediante la aplicación previa de crema anestésica, siempre tras valoración y prescripción por el médico o enfermería, pues los anestésicos tópicos no están exentos de riesgo.

Los moluscos pueden eliminarse también con la aplicación tópica de alguna sustancia ácida o caústica sobre las lesiones. Puede administrarse en consulta o en domicilio. La ventaja es que inicialmente el niño no siente molestias. En contrapartida suelen ser sustancias agresivas localmente y que producen quemadura e irritación, mal tolerada con posterioridad y que hace que el niño se rasque, con el consecuente riesgo de infección, propagación y mala cicatrización. Se emplean en casos localizados o de difícil acceso.

La aplicación de métodos térmicos (frío o calor) está contraindicada para el tratamiento de los moluscos, pues el riesgo de secuela es muy elevado.

¿Se pueden prevenir?
Se desconoce exactamente su vía de transmisión, con lo cual tampoco pueden darse consejos precisos en cuanto a su prevención. Se aconseja duchar a los niños después de actividades acuáticas y que no compartan bañeras ni toallas. La piel deshidratada parece más propensa a la adquisición del virus, por lo que puede ser recomendable usar cremas emolientes a diario. La administración de fármacos inmunoestimulantes para ayudar a las “propias defensas” debe ser supervisada siempre por su médico.

Dra. M. Isabel Martínez de Pablo. Servicio de Dermatología de la Fundació Hospital de Nens.

7 de febrero de 2013

Prevención de las enfermedades de invierno


Ha llegado el invierno y con él un aumento grande de todas las enfermedades infecciosas que suelen elegir estos meses para invadir a los pequeños. Por esto es un buen momento para que recordemos las cosas que podemos hacer tanto en casa como en la escuela para limitar en lo posible la transmisión de enfermedades.

Para adecuarlo mejor según la edad de los niños lo he dividido en tres tramos:

0 – 6 meses
En este primer tramo de edad es cuando más importante es intentar prevenir las infecciones invernales, ya que pueden ser mucho más complicadas que en otras edades.
En esta edad la prevención se basa en tres pilares fundamentales:

  1. Lactancia materna. Está demostrada la utilidad de la alimentación con leche materna para la prevención de enfermedades infecciosas, sobre todo digestivas.
  2. Vacunación correcta de los bebés según el calendario vacunal de cada Comunidad Autónoma. Tampoco debe olvidarse la conveniencia de la vacunación de las personas adultas que están al cuidado de los niños, para evitar que estos se conviertan en transmisores de enfermedades.
  3. Lavado frecuente de manos de todos los adultos que están en contacto con los niños, muy especialmente después de la manipulación de pañales y antes de la preparación de alimentos

Otras cosas que debemos tener en cuenta son:

  • Evitar el contacto con adultos u otros niños con infecciones respiratorias (resfriados, bronquiolitis,…) o digestivas (vómitos, diarreas).
  • Evitar el contacto del bebé con el humo del tabaco. Existen estudios que demuestran un aumento en la frecuencia de infecciones en niños expuestos al humo de tabaco.
  • Evitar que duerman muchos niños en la misma habitación.
  • Mantener una adecuada ventilación de las habitaciones.

6 – 12 meses
En esta edad seguiría vigente todo lo citado anteriormente. Podríamos añadir unas cuantas cosas referentes sobre todo a las escuelas infantiles o guarderías, aunque también se deben tener en cuenta en las casas:

  • Es recomendable que las guarderías sean pequeñas con no más de 8 – 12 niños por estancia.
  • Se deben tener zonas separadas tanto para el cambio de pañales como para la preparación de alimentación.
  • Es recomendable que las cunas estén separadas al menos 1 metro de distancia entre ellas para evitar en lo posible la transmisión de gérmenes.
  • Los juguetes deben ser lavables y evitar que los niños compartan juguetes blandos o peluches.
  • Sigue siendo muy importante el lavado de manos de todos los adultos que están al cuidado de los niños, así como mantener una adecuada ventilación de las habitaciones en las que están los niños.
  • También es muy importante insistir en la correcta vacunación de niños y cuidadores.
  • Si es posible, es adecuado mantener la lactancia materna, ahora ya complementada con otros alimentos.

1 – 6 años
A partir de esta edad ya es importante ir educando a los propios niños en hábitos higiénicos para evitar la transmisión de infecciones:

  • El factor clave sigue siendo el LAVADO DE MANOS frecuente, y sobre todo después de ir al baño y antes de comer
  • Enseñarles a toser y estornudar cubriéndose la boca con un pañuelo
  • Utilizar pañuelos desechables
  • Evitar que se lleven a la boca juguetes u otros objetos compartidos
  • Evitar que acudan al colegio cuando están enfermos
  • Mantener una buena ventilación de aulas y viviendas
  • Sigue siendo muy importante completar el calendario de vacunaciones, y en esta edad, la vacunación antigripal en los niños en los que está indicada.

Siguiendo estas normas sencillas no conseguiremos evitar que los niños contraigan resfriados y otras infecciones, pero sí conseguiremos limitar en parte la transmisión de estas enfermedades.

Fuente: Pediatic

25 de marzo de 2012

Varicela


Es una infección vírica muy contagiosa que cursa con vesículas o ampollas en la piel y mucosas (boca, ojos, genitales). Las vesículas pican mucho y en 4–5 días se convierten en costras. El cuadro puede acompañarse de fiebre durante los 3 ó 4 primeros días.

¿QUÉ DEBE HACER EN CASA?
  • Bañe a su hijo diariamente para impedir que las lesiones se infecten. No le frote para secarle.
  • Corte y limpie bien las uñas del niño para evitar infecciones por rascado.
  • No aplique a su hijo pomadas o talco.
  • Si el niño tiene fiebre adminístrele los antitérmicos recomendados habitualmente por su pediatra.
  • Evite el contacto con personas que no han pasado la enfermedad, sobre todo, mujeres embarazadas, enfermos con disminución de las defensas (SIDA, cáncer), con enfermedades graves o con tratamiento con corticoides.
  • Se puede volver al colegio cuando sólo haya costras, generalmente, 6-7 días después del inicio de la enfermedad.
¿CUÁNDO DEBE CONSULTAR EN UN SERVICIO DE URGENCIAS?
  • Cuando su hijo tenga una enfermedad que disminuya sus defensas (leucemia, SIDA) o esté en tratamiento con corticoides orales o inhalados.
  • Si el niño padece dermatitis atópica.
  • Si es menor de 3 meses o mayor de 12 años.
  • Si empeora el estado general, le ve muy decaído, somnoliento, le cuesta despertarle o, por el contrario, está muy irritable.
  • Si el niño tiene mucha tos o dificultad para respirar.
  • Si la temperatura vuelve a subir después de que hubiera desaparecido durante más de 24 horas.
  • Si la fiebre comienza después de llevar tres días o más con vesículas.
  • Si la fiebre alta persiste más de 4 días.
  • Si aprecia tumefacción, hinchazón en alguna zona de la piel.
  • Si además de las vesículas toda la piel está muy roja.
CUESTIONES IMPORTANTES
  • Generalmente, en niños sanos la varicela es una enfermedad leve.
  • Los niños con varicela no deben tomar ácido acetilsalicílico (aspirina).
Extraído de la web de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría.

17 de marzo de 2012

El embarazo, clave para la bronquiolitis


Las infecciones y las deficiencias alimentarias durante el embarazo pueden aumentar la vulnerabilidad de los bebes a desarrollar una infección respiratoria grave en los primeros meses de vida: la bronquiolitis. Por esto ya se está empezando a alentar su prevención desde la gestación.

"Durante muchos años, la pediatría y la infectología estuvieron enfocadas en prevenir el contagio y fortalecer el sistema inmunológico para evitar la infección. Pero en ambas fracasamos. Quizá porque la clave esté en el desarrollo de los pulmones del bebe. Y ese desarrollo está nueve meses en manos del obstetra y unos cuatro en las del pediatra, es decir que [en el período de riesgo] los bebes pasan dos veces más tiempo en manos del obstetra que del pediatra", señaló el doctor Fernando Polack, director de la Fundación Infant y profesor de la Cátedra César Milstein del Departamento de Pediatría de la Universidad de Vanderbilt (EE.UU.).

Existen más de cinco gérmenes que circulan todo el año y causan esta inflamación y obstrucción de los bronquiolos, pequeñas ramificaciones de los bronquios son las que desembocan en sacos de aire agrupados en racimos o alvéolos. El virus sincicial respiratorio (VSR) encabeza la lista, con la mayor cantidad de casos en los chicos de hasta dos años.

Hasta ahora, el pensamiento tradicional indicaba que la mayoría de los factores de riesgo de la bronquiolitis estaban relacionados con la cantidad de virus a la que había estado expuesto un chico. "Hoy, en cambio, sabemos que en la aparición de la enfermedad también influyen factores como tener muchos hermanos, ir a una guardería a edad temprana o vivir en condiciones de hacinamiento, por ejemplo -dijo Polack-. Pero también empezamos a comprobar que la exposición al humo de cigarrillo es dañina para el desarrollo pulmonar del bebe, no sólo después del embarazo, sino también durante la gestación. O que las toxinas que producen las bacterias maternas tampoco ayudan al crecimiento de los pulmones."

En cuanto a la alimentación materna, debe ser equilibrada, rica en frutas y verduras. Aún queda por determinar cuáles son los alimentos más protectores para los pulmones en formación, aunque sí está demostrado que lo que come la madre influye sobre ciertos factores de crecimiento pulmonar fetal. "Todavía faltan suficientes datos como para decir qué comer y qué no para ayudar al bebe -aclaró Polack-. Pero si uno piensa que llevar el embarazo a término, controlar las infecciones maternas [urinarias y de la placenta] y no fumar, así como las condiciones de vida de la mujer, son factores tan importantes para el desarrollo pulmonar de los bebes, es lógico pensar que, en el futuro, el primer pediatra será el obstetra."

Por otro lado, un estudio publicado hoy en Pediatrics y realizado en nuestro país revela que el rinovirus, y no el VSR, es la principal causa de bronquiolitis en los bebes prematuros con muy bajo peso al nacer (menos de 1250 gramos). Más de la mitad de los 119 bebes internados en el Hospital Garrahan y la Maternidad Sardá no recibían leche materna y uno de cada cuatro tenía displasia pulmonar, un trastorno que aumenta el riesgo de desarrollar infecciones respiratorias.

El estudio, en el que participó un equipo de Infant, de la Universidad de Vanderbilt y el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de EE.UU., demuestra que los efectos del rinovirus estaban subestimados. "Tiene más de 150 serotipos, así que, probablemente, nunca vayamos a tener una vacuna -aseguró Polack, que dirigió el estudio-. Por lo tanto, hay que promover más la lactancia y mejorar los cuidados en la terapia intensiva. La leche materna puede proteger de todos los virus a la vez a un chico cuyo sistema inmunológico nunca se enfrentó a uno. Probablemente, gran parte de esa protección vaya a completar el crecimiento del pulmón de los bebes."

Publicado en el diario "La Nación".

22 de febrero de 2012

Estreñimiento y lactancia


Los bebés el primer mes de vida suelen hacer caca a menudo, casi cada vez que comen por dos motivos: Todavía hay calostro (leche mixta, mitad calostro mitad madura hasta el mes), y el calostro es laxante.
Son todavía tan inmaduros que tienen el reflejo gastrocólico: Tal como entra sale.

A partir del mes de vida la leche que sale es leche madura con muy pocos residuos y la mayoría han perdido ese reflejo. Con lo cual es normal y habitual que a partir del mes de vida los bebés empiecen a hacer cacas una vez cada día, cada tres días o una vez cada semana. He conocido casos de una vez en 15 días.

Y esto no es estreñimiento porque, siempre que sólo tomen leche materna, las heces son como una crema dorada sin forma que al bebé no le cuesta ningún trabajo echar.

Estreñimiento sería si el bebé hiciera caca dura con forma churro y de manera muy trabajosa.

Por consiguiente no hay que hacer nada para ayudarle a hacer caca, sólo esperar. Como mucho, un masaje en la barriguita con aceite de oliva, cada día a la misma hora, en círculos que siempre acaben a la izquierda del bebé (donde acaba el colon). Pero esto último como placebo para la madre que es la única que suele sufrir con la situación.

Si se le estimula analmente al bebé, aparte del riesgo de lesiones dolorosas, se llega a una situación en la que el bebé solo hará cacas si se le estimula.

Hay que decir a las madres que es perfectamente normal que un bebé que mame no haga caca en diez días.
Eso sí, cuando haga le llegará hasta las cejas.

Cuando un bebé toma leche de fórmula sí que existe el estreñimiento verdadero: cacas duras con forma, trabajosas de echar.

No se debe dar ninguna fruta ni en formato zumo a bebés menores de seis meses. Ni tan sólo los que toman biberón. Cuanto antes se introducen estos alimentos mayor es el riesgo de causar intolerancias alimentarias y no representan ninguna ventaja nutricional para el niño.

Recordemos que las recomendaciones actuales de la AEPED (Academia Española de Pediatria) es lactancia materna exclusiva por seis meses y añadir alimentos complementarios manteniendo la lactancia materna por un mínimo de dos años.

Y para la lactancia artificial es lo mismo: sólo leche hasta seis meses y luego introducción paulatina de alimentos.

Inma Marcos

16 de febrero de 2012


La lactancia reduce el riesgo de cáncer de mama en las madres tardías, según un estudio

* La lactancia en las madres que tienen hijos pasados los treinta puede reducir hasta en la mitad el riesgo de contraer cáncer de mama.
* Eso concluye un estudio realizado por investigadores de la Escuela Keck de Medicina de Los Ángeles.
* Se utilizó una muestra de 1.000 mujeres con cáncer de mama y 1.500 sin problemas de salud.
* Se desconoce cuál es el mecanismo que hace que la lactancia proteja de contraer cáncer.

Las mujeres que se acercan a la treintena a la hora de ser madres pueden reducir el riesgo de cáncer de mama dando el pecho a sus hijos, según concluye un estudio citado por la revista NewScientist.

Diversos estudios habían probado que las mujeres que tienen su primer hijo pasados los treinta tienen más riesgo de tener cáncer de pecho, con independencia de cuántos hijos tengan planeado tener.

El nuevo estudio establece que ese vínculo entre maternidad tardía y mayor riesgo de cáncer de mama sólo se da en las madres que recurren a la alimentación artificial.

El estudio fue hecho por Giske Ursin y sus colegas de la Escuela Keck de Medicina de Los Ángeles, California, con una muestra de 1.000 mujeres de entre 55 y 64 años a las que se les había diagnosticado cáncer de mama y de otras 1.500 mujeres sin problemas médicos.
Otros estudios previos también habían demostrado que el hecho de tener hijos ayuda a prevenir ese tipo de cáncer

Otros estudios previos también habían demostrado que el hecho de tener hijos ayuda a prevenir ese tipo de cáncer.

Sin embargo, el equipo de Ursin descubrió que las mujeres que tenían tres hijos después de los 25 y que nunca dieron de mamar tenían dos veces más posibilidades de tener cáncer que las mujeres que nunca habían tenido hijos.

No se sabe cómo opera

Lo que todavía no se sabe exactamente es cómo protege del cáncer la lactancia.

En cuanto a la protección que da el hecho de tener hijos, algunos creen que los cambios hormonales que tienen las mujeres durante y después del embarazo cambian la composición mamaria de forma que se reduce el riesgo de cáncer en el tejido mamario.
La lactancia podría también reducir el riesgo de contraer tipos de cáncer insensibles a los tratamientos hormonales

La lactancia podría ofrecer una protección adicional "porque la producción de hormonas en los ovarios se interrumpe cuando se da el pecho, reduciendo la exposición de las mujeres a los estrógenos y la progesterona", sugiere Anne McTiernan, directora del centro de prevención del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle, Washington, EEUU.

El estudio de Ursin también demostró que la lactancia podía reducir el riesgo de contraer cánceres insensibles a los tratamientos hormonales.

Esto podría explicarse, según McTiernan, por una controvertida teoría que explica que la secreción de leche podría eliminar los carcinógenos de los conductos mamarios, algo con lo que no están de acuerdo muchos otros expertos.

La imagen es del blog Red de mar

14 de noviembre de 2011

Consejos sobre el manejo de la fimosis en los niños y de las adherencias de labios menores en las niñas

Consejos sobre el manejo de la fimosis en los niños

La fimosis o falta de retracción del prepucio sobre el glande es un problema de salud que, aunque leve, tiene una elevada incidencia en la población infantil, siendo un motivo frecuente de consulta de los padres con el pediatra. Hay que tener en cuenta que el principal tratamiento que desde siempre se ha planteado es el quirúrgico, con la preocupación que esto provoca en los padres, dada la necesidad de aplicar anestesia general al niño.

Durante el primer año de vida ocurre hasta en el 50% de los niños, cifra que aumenta hasta el 86% en los primeros tres años, en los que la fimosis se considera fisiológica, es decir, normal. No obstante, hasta en el 6% de los niños de edades comprendidas entre los 8 y 11 años, persiste esta fimosis, sin que ello signifique que no vaya a tener una resolución espontánea.

Por todo ello, lo primero que debemos tener en cuenta es que el problema que nos ocupa es leve y de resolución espontánea con el tiempo, en la mayoría de los casos. También hay que considerar que la falta de retracción del prepucio, habitualmente, no da síntomas de ningún tipo. A veces los niños se pueden quejar de picor o escozor en el pene, pero no con más frecuencia que los niños que no tienen fimosis. No obstante, excepcionalmente puede haber síntomas o complicaciones como dolor importante con las erecciones espontáneas o infecciones de repetición en el pene, también llamadas balanitis.

La actitud a tomar en el manejo de los niños con fimosis va a depender de todos los factores descritos hasta ahora: edad del niño y la aparición de síntomas o complicaciones. Lo primero que se debe hacer es consultar con el pediatra y seguir sus indicaciones, aunque es muy probable que éste ya haya dado los consejos oportunos en los controles rutinarios realizados al niño.

En el niño hasta los 3 años de edad, salvo que tenga una fimosis importante o tenga síntomas de repetición, la actitud debe ser conservadora, es decir, esperar y ver. Sí es recomendable que el pediatra enseñe a los padres a realizar unas retracciones prepuciales eficaces, para que se las hagan al niño todos los días.

A partir de esta edad se podría mantener la misma actitud, ya que, como se ha comentado, también en los niños mayores, la fimosis se puede resolver con el tiempo. No obstante, existe la posibilidad de iniciar un tratamiento con una crema de corticoides de media o baja potencia, que ha demostrado ser eficaz; reduce en un alto porcentaje la posibilidad de tratamiento quirúrgico, y hasta el momento no se han descrito efectos secundarios importantes. Lógicamente, dicho tratamiento debe ser pautado por el pediatra, quien debe hacer un seguimiento del mismo, ya que, aunque con un primer ciclo de tratamiento no se obtengan resultados visibles, se podría probar hasta un total de tres ciclos de tratamiento. Este tratamiento consiste en la aplicación de dicha crema cada 12 horas y en ciclos de 8 semanas. (Figura 1).

¿Hasta cuándo podemos esperar para derivar al niño a un especialista en cirugía pediátrica o urólogo infantil? La mayoría de los especialistas no recomienda la intervención quirúrgica antes de los 5-6 años, pero, según lo expuesto hasta el momento, se puede decir que, mientras el niño esté sin síntomas, se podría esperar hasta que fuera mayor. Hay que tener en cuenta que para el tratamiento quirúrgico siempre hay tiempo y que, por esperar, el resultado de dicha intervención no va a dar peores resultados. Pueden existir casos particulares para intervenir antes: por ejemplo, que al niño se le tenga que intervenir antes de esa edad por otros motivos y, para aprovechar la anestesia general, se decida intervenir la fimosis, o que la preocupación de la familia sea tan importante que haga necesario eliminar el problema. Y, por supuesto, si el niño tiene síntomas importantes como los descritos anteriormente, también se debe remitir para valoración.

Por último, hay que hacer mención a aquellas familias que, por motivos culturales o por tradición, quieren realizar la circuncisión a los niños tras el nacimiento. Hay que tener en cuenta que por estos motivos este procedimiento no está contemplado dentro de los servicios sanitarios de la red pública sanitaria. Sin embargo, si las familias tienen intención de realizarlo, conviene que consulten con el pediatra, ya que dicho procedimiento debe realizarse siempre bajo unas adecuadas condiciones sanitarias.

Consejos sobre el manejo de adherencias de labios menores en las niñas

Las adherencias de labios menores o sinequia vulvar es uno de los problemas ginecológicos más frecuentes en las niñas antes de la pubertad. El 1,8% de las niñas lo padece en algún momento de su vida. Es más frecuente entre los 13 y los 23 meses de edad, donde puede llegar al 3,3%. Se desconoce la causa, aunque se ha relacionado con el bajo nivel de estrógenos que tienen las niñas antes del desarrollo puberal. Lo más frecuente es que las niñas con adherencias de labios menores no tengan síntomas, aunque pueden tener algunos leves, como irritaciones vaginales, o más importantes, como infecciones vaginales o urinarias de repetición. En casos excepcionales pueden darse síntomas graves, como incontinencia y retención urinaria.

El tratamiento inicial indicado para la sinequia vulvar es el uso de una crema de estrógenos. Este tratamiento tiene peores resultados en las niñas mayores de 3 años y cuando las adherencias son más densas o fibrosas. Los efectos secundarios que se han descrito son desarrollo mamario y aumento de la pigmentación en la vulva. No son frecuentes y, además, desaparecen cuando se suspende el tratamiento, pero pueden llegar a ser importantes por la angustia que generan en la familia. A esto hay que sumar que, tras retirar el tratamiento, y aunque éste haya sido eficaz, las adherencias pueden reaparecer, lo que puede obligar a nuevos ciclos de tratamiento o pasar a otros tratamientos más agresivos como la separación manual o la separación quirúrgica. Otro tratamiento que se ha probado es el uso de una crema de corticoides, de la misma forma que se hace con la fimosis en los niños; sin embargo, aún no se pueden tener conclusiones sobre su eficacia, ya que los estudios son escasos.

Por todo ello, no se puede establecer una indicación clara del tratamiento con la crema de estrógenos en las niñas con adherencias labiales que no tengan síntomas. Parece claro que, en estos casos, la mejor actitud sería esperar y ver, ya que:
  • las adherencias pueden reaparecer tras este tratamiento,
  • no tratar a las niñas sin síntomas no conlleva un mayor riesgo de que vayan a tener síntomas posteriormente,
  • y las adherencias pueden desaparecer espontáneamente.
Lo que sí es importante es que el pediatra haga un seguimiento clínico adecuado e informar a los padres sobre los síntomas que deben vigilar. En definitiva, habría que reservar el tratamiento médico con la crema de estrógenos, o las maniobras de separación manual o separación quirúrgica para los casos más graves o si aparecen síntomas importantes.

BIBLIOGRAFÍA
1.- Orejón de Luna G, Fernández Rodríguez M. En la fimosis es aconsejable el tratamiento con corticoides tópicos antes de plantearse una opción quirúrgica. Evid Pediatr 2007; 3:82
2.-Orejón de Luna G, Fernández Rodríguez M. Adherencias de labios menores en niñas prepuberales asintomáticas: tratar o no tratar. Evid Pediatr. 2009;5:70.

Figura 1: Tratamiento de fimosis con corticoides tópicos

  1. Aplicar la crema en la parte distal del pene dos veces al día (por la mañana y antes de acostarse). La crema debe cubrir la piel y el glande que vaya quedando descubierto, tal y como aparece en la figura.
  2. Al quinto día comenzar con suaves retracciones del prepucio, que serán progresivas (no deben ser dolorosas).
  3. Tras las retracciones, volver la piel a su posición original.
  4. Tras conseguir la retracción completa, continuar con la crema hasta que lo indique el pediatra.
  5. Terminado el tratamiento, es muy importante continuar con retracciones distales del prepucio diarias (al ducharse o bañarse) y una buena higiene de la zona.
Fuente: Boletín FAMIPED

21 de julio de 2011

Gastroenteritis aguda: lo que los padres deben saber

http://criandomultiples.blogspot.com gastroenteritis aguda

¿Qué es la gastroenteritis?

Es una enfermedad diarreica (heces líquidas), de comienzo generalmente brusco, que puede estar acompañada de otros síntomas como náuseas, vómitos, fiebre y dolor abdominal de tipo retortijón. Es un proceso agudo que cura espontáneamente en unos pocos días, por lo que se suele hablar de gastroenteritis aguda. La duración es variable, aunque especialmente en los más pequeños puede durar hasta una o dos semanas.

La causa es infecciosa, sobre todo producida por virus y más raramente por bacterias. La gastroenteritis es una afección muy común en la infancia, aunque en el mundo occidental es excepcional que resulte grave.

¿Cómo se trata?

El tratamiento se basa en tres puntos fundamentales:

• Mantener al niño hidratado , es decir, ofrecerle agua con frecuencia y que beba lo que él quiera, preferiblemente en pequeñas cantidades cada vez para prevenir los vómitos. En los casos más intensos, en especial si son niños pequeños, el agua no es suficiente y deberán recibir una solución rehidratante farmacéutica.

• Evitar en general el uso de medicinas , salvo los antitérmicos si fueran necesarios u otros fármacos si hubiera recomendación expresa del médico. Tomar antibióticos sin indicación puede prolongar el cuadro diarreico y el período de transmisión de la infección a otras personas, incluso en la mayor parte de las gastroenteritis producidas por bacterias. Los medicamentos que se emplean para los vómitos sólo sirven para mejorar el síntoma, pero no curan y pueden producir efectos secundarios.

• Ofrecer alimentos en seguida , sin forzar al niño y sin período de pausa. En los lactantes no es necesario hacer ninguna modificación en su dieta: los que mamen al pecho deben seguir haciéndolo, los que tomen biberón no es preciso rebajar la concentración de la fórmula adaptada, diluyéndola con más agua; en los que ya hayan comenzado con las papillas y purés no hará falta cambiar nada, pues pueden tomar cualquier cereal, verduras, carnes, pescado, lácteos (no solo yogur, sino también leche) y frutas, pero evitando añadir azúcar a los alimentos. En los niños mayores, al igual que en los adultos, las limitaciones serán tan sólo la comentada del azúcar y que no han de consumir alimentos grasos.

Si bien la alimentación precoz acelera la curación de la gastroenteritis, al principio puede parecer lo contrario, al provocar la defecación del niño nada más ingerir comida. Esto no debe preocuparles, pues es únicamente la consecuencia de un reflejo intestinal que está más vivo en esta situación. En cualquier caso, al igual que en otras circunstancias, si el niño no desea comer, no deben forzarle a hacerlo.

¿Cómo prevenirla?

La gastroenteritis, como enfermedad infecciosa que es, puede trasmitirse de persona a persona. La fuente más habitual de contagio es por contacto con las heces o los pañales de un niño con la enfermedad, por lo que la forma de evitarlo será extremar las medidas de higiene habituales, sobre todo el lavado de manos, tanto del niño como de la persona que lo cuide. Esta limpieza ha de ser especialmente escrupulosa después de cambiar el pañal, asear al niño o tras utilizar el retrete y, por supuesto, antes de las comidas.

Desde hace poco está disponible en las farmacias una vacuna oral contra uno de los virus que con mayor frecuencia producen gastroenteritis: el rotavirus. No está incluida en el calendario de vacunaciones habitual y sólo está admitida su administración a niños muy pequeños.

¿Cuándo puede ir su hijo a la guardería o al colegio?

Puesto que la mayoría de los casos de gastroenteritis en nuestro país son leves, no se debe limitar la actividad del niño. Es aconsejable que, si el estado general no es bueno, vomita, tiene fiebre, dolor abdominal o deposiciones muy frecuentes, se ausente del colegio hasta que se encuentre mejor.

En las guarderías es habitual recomendar que el niño vuelva al centro cuando no se le escapen las deposiciones. Si usa pañal, podría volver si las heces pueden quedar contenidas en él.

Si las heces contuvieran sangre o moco es aconsejable esperar a que sean normales.

¿Cuándo debo consultar al pediatra?

La principal preocupación de los padres de un niño con gastroenteritis es que el niño pueda llegar a deshidratarse.

Por lo general, el sentido común es buen consejero. Tengan presente que el objetivo es reponer lo que el niño pierde y estimular la realimentación precoz. Como guía de la situación, lo mejor es la valoración del estado general: si el niño está contento, o llora con lágrimas, si babea, si orina normalmente o simplemente si juega con normalidad, es que no está deshidratado.

En el lactante, que es el más vulnerable en esta enfermedad, habrá que consultar si lo notan decaído e inapetente, si las deposiciones son muy frecuentes y especialmente si además vomita a menudo, pues no podremos reponer las pérdidas y puede ser necesario que el personal sanitario supervise la rehidratación, que siempre que sea posible será por vía oral (por la boca) en pequeñas cantidades, o valore si es aconsejable comenzar la rehidratación por vía intravenosa en un centro sanitario.

El niño mayor resulta más sencillo de manejar, pues si tiene sed pide agua. Esta obviedad facilita mucho el tratamiento y solo en los casos de vómitos continuos o de gran decaimiento será necesaria la atención de un profesional sanitario.

Fuente: Boletín FAMIPED
Autores: Manuel Merino Moína y Juan Bravo Acuña. Pediatras de Atención Primaria.