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14 de agosto de 2013

Enfoque preventivo de los celos infantiles


Los celos son una reacción normal, pero no es la única (reacción) que tiene un niño cuando nace un hermanito. También se alegra, se asombra, le intriga, lo considera suyo, lo quiere abrazar y tocar, etc.

A menudo, las personas adultas dan mucha importancia a una conducta concreta (sea de celos o una simple desobediencia) y ya se cataloga a TODO el niño como de “celoso”, “desobediente”…. Sí, la tendencia a la generalización es muy habitual, pero no es útil.

En relación a los celos infantiles, es frecuente oír que los padres expresan su preocupación sobre las futuras reacciones del “príncipe destronado” ante la llegada de un hermano y desean saber qué hacer para facilitar su adaptación al nuevo hermano.

Los celos son una mezcla de emociones básicas. Por un lado el cariño: el niño quiere de verdad (¡y mucho!) a su papá, a su mamá, al nuevo hermanito... pero, al mismo tiempo, siente rabia de que el hermanito monopolice a la madre; de que llore y su madre parezca preocupada; de que antes recibía el 100% de todas las atenciones y ya toca a mucho menos (¡bajar al 50% es un “descuento” muy importante!). Para algunos niños, la estancia de la madre en el hospital con motivo del parto les causa profunda angustia. Quizá es la primera vez que se separan de ella y la ven cansada, con pinta de enferma y, de forma inconsciente, culpan al nuevo bebé de que su mamá ya no está radiante y dispuesta a jugar todo el día.

Y, para colmo, algunos adultos del entorno familiar, sin querer y, la mayoría de las veces, con la mejor intención del mundo, echan leña al fuego con comentarios desafortunados, un poco misteriosos o de doble sentido...
  • “¡No vayas a tener celos de tu hermanito...!”
  • “¡Me voy a llevar a tu hermanito...!”
  • “Tú tienes que esperar, que ahora le toca a tu hermanito....”
  • “Ahora, el hermanito es el que tiene que estar con mamá”
Por eso proponemos un enfoque en positivo y a largo plazo.

ANTES DE QUE NAZCA EL BEBÉ.
  • Se da la noticia y se comparte.
  • Se normalizan la gestación y el nacimiento (“Igual que cuando ibas a nacer tú”)
  • Se explica por anticipado que mamá va a estar dos días fuera de casa porque es en el hospital donde va a nacer el hermanito.
CUANDO YA HA NACIDO
  • Se le permite ir a conocer al hermanito en cuanto sea posible.
  • Se le deja que lo toque, que lo abrace o coja en brazos (supervisando, claro)
  • Se le deja que lo mire y se señalan sus partes. Los bebés son graciosos, sorprendentes en sus gestos…
  • Se le invita a que meta un dedito en la mano del bebé. Esto desencadena el reflejo de “prensión” y el puñito se cerrará sobre ese dedo. Es el momento de alegrarse y decir “Mira, te coge la mano; ya te empieza a conocer. Pronto querrá jugar contigo”.
Evidentemente, amamantar, cambiar y cuidar al bebé consume tiempo, pero eso no quiere decir que el nuevo bebé necesite la exclusiva total. Todas las cosas que se hacen al bebé se pueden hacer con el hermanito mayor al lado, mientras se le habla, se cuentan anécdotas, o se enseñan habilidades... El mayorcito no estorba, sino que aprende. Hablar al mayor significa ir sembrando ya palabras en el cerebro del más pequeñito. Pedirle favores sirve para estimular que desarrolle habilidades. Y debe saber que su ayuda es agradecida.

Es muy corriente que se compare, aunque es mejor evitarlo. Cada niño es una PERSONA. Solo se pueden comparar situaciones: “Cuando tú eras pequeño, como Juan, también tenías un carrito, o también te hicimos fotos, o también tomabas teta todo el rato....”

El hecho de ser ahora un niño “mayor” no solo debe exigir sacrificios (“tienes que esperar”, “tienes que ayudar…”). También debe tener ventajas.

Se debe ser generoso con frases de elogio: “Cómo me gusta lo bien que haces eso. Se ve que has crecido, que te estás haciendo mayor.” “Estoy muy orgullosa de ti; has sido capaz de esperar a que cambiásemos a Laura aunque tenías hambre y querías merendar...”

Conviene buscar el momento de dedicarle un poco más de atención. Un rato privilegiado a solas con uno de sus papás ("cuanto me gusta jugar contigo, o que salgamos juntos al parque, o que vayamos juntos al cine"), leer un cuento a la hora de dormir (“disfruto mucho cuando leemos un cuento").

CUANDO MANIFIESTA CELOS

Es acertado “anticipar” los momentos ya que es probable que el hermanito mayor haga algún intento de recobrar el protagonismo (suelen tener siempre ganas de hacer pis o cualquier otra cosa “justo” cuando toca amamantar al bebé). Entonces se prepara el escenario con antelación: “Ven, trae esa sillita y un cuento, que Irene tiene que comer. Me lees un cuento o lo leemos juntos. O se lo leemos al bebé... y así disfrutamos los tres de estar juntos”.

Por supuesto, no se debe olvidar que hay que poner límites:
  • No se puede hacer daño al bebé.
  • No puedes coger al bebé tú solo.
Por último, debemos recordar que un punto esencial es el ACEPTAR las emociones básicas. Incluso los celos y la rabia. Para el niño resulta complicado tener que manejarse con dos emociones contrarias. Pero eso nos pasa casi cada día a los adultos.

¿Qué pasa si el mayorcito dice “No quiero al hermanito”, “Es muy feo”, “Devuélvelo al hospital”, “Que se lo lleve la fulanita”?

No sirve para nada y es contraproducente decirle que eso no se dice o eso no se siente. Él lo siente así. Punto. Es un sentimiento.

Hay que explicarle que es normal que algún rato lo quiera mucho y algún otro rato le de mucha rabia que el bebé haya venido a su casa a alterar sus costumbres.

Hay que ayudarle a que entienda y descubra que tiene también un sentimiento de cariño; que lo descubra y disfrute.

Y para esto:
  • Hay que devolverle más cariño.
  • Hay que asegurarle una y mil veces que lo seguimos queriendo...
En esta situación, los niños son más vulnerables a las críticas y hay que insistir en que se debe corregir la conducta que está mal, pero respetando a la persona. O sea, que no se debe decir “Eres un patoso, has derramado el agua” sino “Se ha caído el agua; venga, te enseño cómo se recoge”.

Ni tampoco: “Eres malo. Has tirado el cochecito en la cuna del bebé”, sino: “No tires el cochecito en la cuna del bebé, porque le puedes hacer daño”

Para recordar:
  • Los celos son una reacción normal que, seguramente, se manifestará en alguna ocasión, pero serán las menos.
  • Es una mezcla de cariño y rabia, difícil de procesar por los niños pequeños.
  • Conviene que el niño sepa que es normal sentir cosas opuestas y darles nombre.
  • Se debe dedicar atención al hermano mayor, que disfrute de su nueva condición, que se sienta importante.
  • Los niños se portan mejor cuando reciben cariño incondicional y aprobación.
  • Es mucho más frecuente observar en el hermanito mayor reacciones de apego, como cuidar, tranquilizar, arrullar al bebé… Y pronto serán dos divirtiéndose juntos.
Ana Martínez Rubio. Pediatra de Atención primaria. Publicado en el boletín Famiped.

2 de agosto de 2011

Celos del hermano menor


Nuestro hijo mayor se está mostrando extremadamente celoso hacia el nuevo bebé. Obviamente está molesto con nosotros por interrumpir su predecible rutina con un nuevo ser que compite con él por nuestra atención. ¿Cómo podemos suavizar esta situación?

Piensa un poco
Antes de que el bebé entrara en tu familia, a tu hijo mayor se le había dicho muchas veces que tendría un maravilloso hermano menor con el cual podría jugar y cuán divertido sería. Cuando nace el bebé tu hijo mayor piensa “¿Me estarán tomando el pelo? ¿Esta cosa de cara roja que consume todo el tiempo y atención de papá y mamá supuestamente es lo que supuestamente tendría que ser DIVERTIDO? Entonces él juega con el bebé de la única manera que sabe: juega a tirar cosas y tú le gritas por tirarle cosas al bebé. Juega a esconderse y aparecer y tú le gritas por quitarle la manta al bebé. Él abraza al bebé y tú lo reprendes pidiéndole que sea más cuidadoso. ¿Tienes aún dudas de por qué tu hijo está confundido?

Enseña
Tu principal objetivo es proteger al bebé. Tu segundo objetivo es enseñar a tu hijo mayor de qué manera interactuar con el bebé. Puedes enseñar a tu hijo mayor cómo jugar con el bebé de la misma manera como le enseñas cualquier otra cosa. Háblale, demuéstrale, guíalo y motívalo. Mientras tanto te sientes segura de estar alcanzando tu segundo objetivo, sin embargo, no dejes a los dos niños solos cuando estén juntos. Sí, sé que no es fácil. Pero sí es necesario y tal vez prioritario.

Observa
Siempre que los niños estén juntos, observa de cerca. Si ves que el mayor se comienza a poner brusco, toma al bebé en brazos y distrae al mayor con una canción, con un juguete, un actividad o algo de comer. Esta acción protege al bebé mientras ayuda a evitar una constante de “No” lo cual podría acarrear un comportamiento agresivo hacía el bebé.

Enséñale a tocarlo suavemente
Enseña a tu hijo mayor a hacerle masajes al bebé cuando éste reposa bocabajo. Cuéntale cómo estos masajes calman al bebé y elógialo por hacerlo bien. Esta lección le enseña al niño cómo comportarse con el bebé desde el punto de vista físico en una forma positiva.

Actúa rápido
Cada vez que veas que tu hijo golpea o interactúa de manera ruda con el bebé actúa tan pronto como puedas. Puedes decirle firmemente, “No pegues, detente ya”. Pon al niño en una silla durante unos momentos y dile que puede bajar cuando pueda usar sus manos de una manera suave con el bebé. Permítele bajar inmediatamente si él desea y tanto tiempo como él pueda relacionarse con el bebé de una manera suave. Esto no debe ser entendido como castigo. Es simplemente ayudarlo a aprender que los comportamientos rudos no están permitidos.

Enseña con el ejemplo
Los niños aprenden lo que viven. Tu hijo mayor observará de qué manera tú te comportas con el bebé y aprenderá de tus acciones. Eres el más importante maestro para tu hijo. Estás demostrando en cada uno de tus actos y tu hijo aprende más por medio de la observación.

Elogia
Siempre que veas a tu hijo mayor tocando al bebé de manera suave, haz un comentario positivo. Pondera de manera elocuente lo importante que es el “hermano mayor”. Abrázalo, bésale y dile cuán orgullosa estás.

Cuida tus palabras
No uses al bebé siempre como excusa. “No podemos ir al parque, el bebé está dormido”. “Haz silencio, vas a despertar al bebé”. “Después de cambiar al bebé te ayudaré”. ¡A estas alturas tu hijo querrá deshacerse del bebé! En lugar de eso, usa razones alternativas. “Mis manos están ocupadas ahora”. “Iremos después de almorzar”. “Te ayudaré en tres minutos”.

Empatiza
Reconoce los sentimientos que tu hijo no expresa tales como “Las cosas han cambiado con el bebé aquí". Va a tomarnos mucho tiempo acostumbrarnos a esta nueva situación. Haz siempre comentarios suaves y generales. No digas por ejemplo “Apuesto a que odias a tu hermanito”. En lugar de ello di “Debe ser duro para ti ver cómo mamá pasa tanto tiempo con el nuevo bebé”. O “Apuesto a que te gustaría que fuéramos al parquet ahora mismo y no tener que esperar a que el bebé se despertara”. Cuando tu hijo se da cuenta de que tú comprendes sus sentimientos tendrá menos necesidad de tratar de hacer cosas que llamen tu atención.

Da amor extra
Aumenta esas pequeñas demostraciones de amor hacia tu hijo. Di más “te quiero”, aumenta tu dosis diaria de abrazos y encuentra tiempo para leer un libro o jugar un rato con tu hijo. Temporalmente las regresiones o algunos problemas de comportamiento serán normales y pueden ser suavizados con una dosis extra de tiempo y atención.

Involúcralo
Enseña a tu hijo mayor cómo ser de ayuda con el bebé o cómo entretenerlo. Déjalo abrir los regalos del bebé y usar la cámara para tomarle fotos. Enséñale cómo ponerle las mediecitas. Déjalo ponerle la crema. Elógialo y anímalo siempre que puedas.

Haz que cada sentimiento sea especial 
Impide toda comparación. Incluso aquellas aparentemente inofensivas como por ejemplo el peso de los niños al nacer o cuándo gatearon o caminaron y quién tiene más cabello. Los niños pueden interpretar esos comentarios como críticas.

Toma aire y cálmate
Es tiempo de ajustes para toda la familia. Reduce las actividades fuera de casa, baja un poco tus estándares de labores domésticas y céntrate en tu prioridad ajustando todo a tu nueva familia.

Por Elizabeth Pantley
Ilustración de http://bebeunico.blogspot.com

23 de abril de 2010

Las peleas entre gemelos y trillizos de corta edad

peleas entre mellizos Zipi Zape criandomultiples.blogspot.com

Muchos padres de multillizos me consultan sobre este tema. Así que aquí os ofrezco un artículo dedicado a ello con pautas para su convivencia que se mueve entre el amor y el desamor.
Los niños nacidos en un parto múltiple tienen una relación especial. Sin duda, conocen muchos momentos de gran cooperación y amistad en los que se apoyan y se ayudan. La siguiente historia de una monitora de natación lo demuestra:
“En mi grupo había mellizos, Joan y Marti de 3 años. Joan aprendió rápidamente a nadar, pero a su hermano le costó. Un día les mandé a todo el grupo a nadar de un lado de la piscina al otro. Joan era uno de los primeros en llegar. Una vez al otro lado se giró y buscó con su mirada al hermano. Este aún estaba al principio; lloraba y no se atrevía a empezar la travesía. Joan no se lo pensó; volvió otra vez y se puso de lado de su hermano. Lo empujó literalmente al otro lado, hablándole todo el tiempo. Aquel gesto de solidaridad me enterneció”.
Los estudios también apuntan que los hijos de un parto múltiple dan muestran de mayor madurez social. Por ello reaccionan cuando sus hermanos se sienten inquietos y les ayudan. Hacen lo mismo cuando algún otro niño se siente triste o necesita ayuda. Mientras los no gemelos siguen sus juegos sin percibir el dolor ajeno, ellos se muestran solidarios y recurren al niño en apuros. Los gemelos demuestran ya desde los dos años un grado de empatía sorprendente.
También es cierto que las peleas forman una parte inherente a esta convivencia. Suelen ser frecuentes –algunos días casi continuas- por el hecho de compartir tanto tiempo juntos y estar tan unidos. También suelen ser vehementes, más que las peleas entre hermanos de distintas edades. El niño de dos años no tiene aún una noción clara del dolor que puede causar al otro. Si éste tiene algo entre manos que él desea en este momento, se lo arrebata a la fuerza sin más. Para él solo existe en este momento este juguete. Por este motivo es capaz de tirarle del triciclo, cuando a él le apetece subir. No es consciente de su acto; en ello influye la madurez cerebral. Los estudios sobre los niños con el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) han puesto de relieve que la impulsividad del niño pequeño tiene una causa biológica; el cerebro de un niño de 2 años no está desarrollado de tal forma que pueda controlarse. A los 4 años el cerebro ya es mucho más maduro y el niño irá controlando cada vez más sus impulsos, su agresividad y otros
sentimientos (en los niños con TDAH este proceso de maduración está afectado).
Una madre me consultó sobre la conducta de sus gemelos monozigóticos de 2 años: “Los dos se pegan mucho y también a cualquier niño con los que se encuentren. Es realmente horrible, porque apenas me atrevo a llevarles al parque. El otro día estuvimos en una reunión de nuestra asociación de múltiples; éramos bastantes adultos con gemelos, trillizos y más. Tuve que salir antes porque los chicos pegaban y mordían cada dos por tres”.
¿Qué se puede hacer en este caso? En primer lugar hay que tener presente que los niños no lo hacen por maldad. Apenas conocen el sentido del “yo” ni del otro. Podemos decir que su forma de relacionarse es aún algo ‘torpe’ y no deseada, pero nada más. Quizás se sintieran también algo desbordados por la presencia de tantos niños y adultos. A medida que maduren, aprenderán a relacionarse con los niños de otra manera. En esta situación la decisión de estar poco tiempo en la reunión fue acertada. Sin duda, en la próxima reunión
que se celebrará al cabo de 6 meses, la madre podrá quedarse ya más tiempo. La sociabilidad también se aprende con el tiempo. 
Las peleas son para los padres de partos múltiples un punto difícil en la convivencia diaria. Quizás sirva de consuelo tener en mente que las peleas cumplen una función: los niños necesitan aprender a valerse por sí mismos y a defender lo suyo. El seno familiar es un excelente terreno para ir practicando estas habilidades. En realidad, las peleas son una preparación para la vida fuera del núcleo familiar. La compañía del hermano u hermanos enseña al niño a competir, defender lo suyo y a compartir. Pero, por supuesto, no sin riñas ni peleas.

SUGERENCIAS PARA MANEJAR LAS PELEAS:

• Enséñales desde pequeños una expresión para la palabra dolor, como por ejemplo ‘au’. Empléala cada vez cuando uno se haga daño y también cuando uno le cause dolor al otro. Esto les ayudará a ponerse en la piel del otro. Enséñales también a dar besos sobre la zona dolorida del otro.
• Si la pelea es muy vehemente y dura mucho tiempo, diles que ‘la sesión de juegos’ ha terminado. Prohibirles seguir jugando juntos es un castigo que impresiona. Por ello surte efecto. Además, el estar separados les sirve para calmarse.
• Cuando uno de los hijos pega mucho, dale un banco de madera, un tambor u otro juguete con lo que pueda dar rienda suelta a su agresividad. En caso de que el niño muerda mucho, conviene darle algo para morder, como un sonajero o un peluche de tela suave. Morder puede indicar una necesidad oral. Por lo tanto conviene no limitar aún el uso del biberón o chupete. Y explícale cada vez que haga daño al hermano, cómo se siente éste y que esto no está bien. Al ver su desaprobación, él mismo terminará asimilando el concepto del bien y del mal. Pero –advierto- es cuestión de ser constante y persistente, porque el niño pequeño solo aprende a base de repetición.
• Como los niños aún no disponen de palabras para expresar sus sentimientos, lo hacen mediante el lenguaje corporal: patadas, empujones, tirones de pelo, gritos o mordiscos. Por los estudios sabemos que morder es un hábito más frecuente entre los gemelos, trillizos, etc. que en otros niños. Es lógico porque su convivencia es más estrecha que la de otros hermanos. A parte de decirle una y otra vez que ‘esto duele y no se hace’, también hay otro truco eficaz: consuela al niño que ha sido mordido y envía el “agresor” al pasillo. El hecho de que su hermano acapara la atención de la mamá es un buen aliciente para dejar de morder.
• Controla tu propia conducta. Una de las mejores formas de enseñarles la ‘no violencia’ es demostrarles cómo te controlas tú. Si expresas tu enfado de una manera controlada (sin gritar ni pegar), tus hijos acabarán imitando tu ejemplo.
• Sepárales en el caso de que se hagan daño o uno domine al otro. Una vez tranquilos, pregúntales qué causó el problema. Muchas veces se pelean por tener el mismo juguete. Ofréceles ideas para solucionarlo, como hacer turnos para tenerlo. Algunas madres recurren al truco “del reloj de la cocina”: lo ponen a un intervalo de unos cinco minutos, y cuando suena, es señal de que le toca el turno al otro, al que se le conceden otros cinco minutos. Si notas que el problema sigue presente, esconde el juguete hasta que sepan compartirlo.
• Muchas veces no será posible saber quién de los niños empezó la pelea. En estos casos no sabrás a cuál de los dos hay que castigar. Se culpan el uno al otro. A veces forman un bloque contra la madre y ambos callan. En estos casos, puedes mandarlos a su cuarto con el mensaje de hablar acerca de lo que cada uno ha hecho. Muchas veces uno ya confiesa su culpa ¡antes de llegar a la habitación! Es el momento de averiguar qué pasó realmente.También surte efecto mandarlos juntos a su cuarto y permitirles volver a estar con la familia, únicamente cuando hayan hecho las paces.
• Evita tomar partido. Lo mejor que puedes hacer es mantenerse neutral en sus peleas. A fin de cuentas, cada niño tiene una parte de la culpa. En ocasiones da la sensación que siempre es el mismo niño quien empieza la pelea; sin embargo, de algún modo (invisible), el otro lo incita a comportarse así. Muchas veces el hecho de que cada uno pueda decir a la mamá lo que le hizo el otro, ya es suficiente para que vuelvan a jugar en armonía. ¡Hasta la siguiente disputa!
• A veces las peleas son tan frecuentes porque los niños pasan demasiado tiempo juntos. Emprende actividades con sólo uno de ellos, mientras el otro (u otros) se queda con el papá o algún familiar. O bien organiza que uno de ellos juegue en casa de un amiguito. 
• En ocasiones las peleas tienen su origen en alguna molestia física de uno de ellos, como estar a punto de coger la gripo. No se encuentra bien y lo “paga” con el hermano. Por esta razón, de repente no congenian en su juego y se pelean por todo. Llévales al parque para que jueguen y corran. Una escapada al parque siempre es un buen método para superar estos momentos difíciles.
• Los juguetes originan gran parte de sus peleas. Conviene tenerlos repetidos en cuanto a las piezas grandes. Por ejemplo: un arrastre, un carrito, un triciclo etc. para cada uno. Y otros pueden ser distintos, como un camión para uno, un tractor para el otro y un avión para el tercero. Esto les enseña a compartir. ¡ESTO ES MÍO! Cualquier niño debe aprender primero el sentido del ‘yo’ antes de poder compartir. El niño es, durante los primeros tres años de vida, muy posesivo. A todo lo llama ‘mío’, porque así va afianzando la sensación de la propia personalidad. Para él los juguetes son parte de este incipiente ‘yo’ y por ello le resulta difícil compartirlos. Dicho de otra forma: los juguetes le ayudan en la adquisición del ‘yo’. Seguramente oirás frecuentemente y en todos los tonos de voz las palabras ‘mío.., yo también…, yo primero…., ahora yo….’, señal de que tus hijos están aprendiendo el significado del ‘yo’. Este aprendizaje no es fácil para ellos, ya que el otro (u otros) están defendiendo continuamente lo suyo. Por este motivo las peleas son tan frecuentes. No obstante, gracias a la práctica diaria, los hijos nacidos de un parto múltiple aprenden a cooperar y esperar el turno antes que otros niños. Este dato se ha podido demostrar a través de estudios. Pero éstos han arrojado más datos interesantes, como por ejemplo que la cooperación entre los gemelos monozigóticos es mayor que en los dizigóticos. La Universidad Estatal de California investigó la cooperación entre ambos grupos, mientras completaban un puzzle. Los mellizos dividían las piezas en dos montones y cada uno trabajaba por su cuenta. Los gemelos juntaban todas las piezas y trabajaban en equipo. Los primeros tenían más disputas como consecuencia de tener dos montones distintos de piececitas, mientras que los gemelos trabajaban en mayor armonía. También muy difícil de compartir es para ellos la atención paterna. Cada uno la quiere exclusivamente para sí mismo, muchas veces sin ninguna concesión al otro u otros, como demuestran estos testimonios: 
‘Miguel y Leonardo, de 24 meses, no soportan ver que yo dé alguna muestra de afecto al otro. Inmediatamente se llenan de ira y van a agredir al hermano; le tiran del pelo y muerden. También se muestran muy celosos cuando mi marido y yo nos abrazamos. Enseguida se meten entre medio’.
‘Una de mis hijas –dizigóticas-es excesivamente celosa de la otra. Si la cojo en brazos, viene enseguida y no hace más que pegarla. Me resulta muy difícil, a veces la abrazo sólo cuando sé que la hermana no está atenta. Pero aun así parece tener una antena para captar estas muestras de afecto’.
‘Me encanta leer un cuento a mis gemelas, con ellas sentadas en mi regazo. Pero esto es imposible: nunca se conforman con el sitio que les ha tocado y se empujan continuamente. Así que ahora me tumbo y en esta postura no hay problemas. Es curioso, porque cuando su papá les lee, no tienen problemas para sentarse juntas en su regazo”.
Sugerencias:
• Ten presente que la situación para tus hijos es más complicada que para hijos que vienen solos. Pasan las mismas fases madurativas con necesidades emocionales parecidas simultáneamente. Un hijo mayor puede entender que el pequeño requiere atención extra, pero los hijos de partos múltiples no. Pasan la fase de ‘posesión’ al unísono. Entender esta situación te lo hará más llevadero. Este tipo de celos es, generalmente,  pasajero. A medida que maduran, los niños entienden que cada uno se merece atención de sus papás y que hay suficiente amor para todos.
Elsa, madre de trillizos, lo cuenta:
‘Ahora, con 4 años, puedo dar mimos a cada uno sin ningún problema. Cuando los otros me ven besando a su hermano o hermana, sonríen; me parece que se alegran por él o ella. Antes era impensable. Si daba un beso a uno, enseguida venían los otros dos a pedirme lo mismo’.

Fuente: ‘El Gran Libro de los Gemelos’ - Coks Feenstra