24 de septiembre de 2013
Enemigos domésticos de la mujer embarazada
6 de enero de 2013
El vinculo afectivo entre la madre y el hijo
Las necesidades físicas y las emocionales están íntimamente ligadas y el bebé se guía por el patrón del placer. La necesidad del bebé de recibir atención amorosa por parte de sus padres tiene un origen biológico. A tal punto biológico que si se atienden solamente sus necesidades físicas, aún de manera impecable, el bebé puede llegar a morir. Pero es biológico también, porque la mera supervivencia no hace a nadie un ser humano completo. El lactante necesita la estimulación del amor a través de los sentidos: tacto, vista, oído, (y esto sólo se puede lograr si lo amamantamos y al hacerlo le hablamos, si al dormirlo le cantamos, si al cambiarlo nos acercamos a él a una distancia en la que pueda distinguirnos bien para sonreírle, si al bañarlo lo acariciamos y le damos masajito, si reímos y jugamos con él).
Tres circunstancias afectan básicamente la manera como se inicie la relación afectivamente la madre con su bebé y que comienza mucho antes del nacimiento:
1. Durante el embarazo
Aún antes de conocerlo, la embarazada se imagina y fantasea con el hijo por nacer. El nacimiento obliga a la madre a comparar entre el bebé real que ha nacido y el de sus sueños, fantasías y expectativas. Si la realidad y las expectativas son congruentes, el apego o vínculo afectivo se inicia muy pronto después del nacimiento. Si en cambio, realidad y expectativas son diferentes, la madre primero tiene que resolver la pérdida de sus fantasías y expectativas.
2. Durante el parto
La manera como se desarrolla el evento del nacimiento y la experiencia gratificante o no de esta experiencia para la mujer, puede interferir en el proceso del apego o vínculo materno-infantil. La sensación por parte de la mujer de haber tenido control sobre los acontecimientos durante el nacimiento, permite que inmediatamente después de que nace el hijo, entre verdaderamente en un estado de éxtasis y esto ayuda a la nueva madre a sentir confianza en su capacidad de crianza para con el hijo y la relación afectiva se inicia con mayor facilidad. Si en cambio, el evento del nacimiento no cubre sus expectativas y lo vive como un proceso violento y dramático en el que ella es un mero objeto del cuidado médico-hospitalario, en el que adicionalmente se le separa del hijo sin permitir un contacto temprano y prolongado, el apego se inicia tardíamente.
3. Durante el postparto
Los investigadores Klaus y Kennel han demostrado que inmediatamente después de nacido, el bebé tiene un período muy sensible de alerta que dura aproximadamente una hora y que permite iniciar el vínculo afectivo temprano con su madre. Si se cuenta con una madre alerta y despierta a la que se le permite sostener a su bebé en los brazos para darle la bienvenida, acariciarlo y manifestarle su amor, se aprovecha este período de sensibilidad inicial para el establecimiento de este fundamental requisito en la relación madre-hijo: el apego. Este período sensible puede verse como el período de consolidación de la conducta maternal. Después de este período, el vínculo puede aún integrarse, pero es más difícil y no cuenta con los mecanismos naturales de la especie para ayudar a dicho proceso.
Observando la conducta de los recién nacidos durante este período sensible (la primera hora después de nacer), fue posible demostrar que el niño puede ver, tiene preferencias visuales y que voltea la cara a la palabra hablada (las voces de sus padres); además se observó que todas las madres se comportan de la misma forma: primero tocan las extremidades de su bebito con la yema de los dedos, posteriormente acarician su espalda con toda la mano y luego proceden al abrazo total.
El contacto visual es muy intenso; la madre mira al bebé y éste le regresa la mirada. La madre automáticamente cambia el tono de su voz y el número de palabras que emite cada vez que se dirige a su bebé; por su parte, el bebé responde más a una voz aguda que grave. Esta comunicación entre la madre y su hijo no es solamente sonora sino que incluye también movimiento: así el bebé se mueve en sincronía con las palabras de su madre en una especie de danza. El bebé no responde de igual manera a otros sonidos distintos al lenguaje.
Esta interacción entre la madre y el hijo inmediatamente después del nacimiento no es solo satisfactoria para ambos, sino que también es fisiológicamente necesaria. El estímulo que representa la boquita del bebé en el pezón de la madre (cuando se le amamanta en sala de expulsión), hace que el útero se contraiga, facilitando la salida de la placenta y ayudando al útero a su involución. Es decir, que la naturaleza es muy económica y aprovecha una sola función para cumplir múltiples objetivos.
Fomentar el inicio del vínculo materno-infantil inmediatamente después del nacimiento, ayuda a una apertura hacia la conducta maternal que se organiza durante la experiencia del parto y se consolida por la presencia del bebé.
Los investigadores han descubierto que la visión del recién nacido desencadena el mismo repertorio de comportamientos afectivos en el padre que en la madre: también el padre hace ruiditos, contempla a su hijo y le habla y sonríe con naturalidad. Si se le da oportunidad, el hombre puede ser tan "maternal" como la mujer, protector, generoso, estimulante, receptivo a las necesidades de su hijo y cuidadoso.
Nos ha llevado demasiado tiempo y muchos choques culturales comprender estos hechos simples de la vida y ello se debe en gran medida a que las frases hechas y los malentendidos sobre los padres están muy arraigados en nuestra cultura.
Como quiera que sea, la confianza en sí mismo y la imagen de sí mismo del niño, serán resultado de todos los mensajes que recibe de sus padres. Si esto ocurre a través de las caricias y abrazos de su madre, del juego físico del padre, o viceversa, no importa en realidad: lo importante es que en conjunto recibe de sus padres los estímulos que lo llevan a ser él mismo.
Mi objetivo al haber elaborado este artículo es que los futuros padres aprovechen el movimiento actual en el que se propone que el bebé al nacer, pueda permanecer en la sala de expulsión recibiendo las manifestaciones de amor de sus padres y se mantenga a su lado en lo que se conoce como alojamiento conjunto durante su estancia en el hospital. Mi consejo es buscar anticipadamente al pediatra que recibirá al bebé y que los apoye para lograr las metas que ustedes tengan contempladas, como el amamantar a su hijo en la sala de expulsión, que permanezca con ustedes durante su estancia en el hospital y que fomente la lactancia exclusiva al seno materno.
Guadalupe Trueba
4 de enero de 2013
El cerebro de mamá
Este cambio cerebral da origen a un cerebro motivado, siempre atento y decididamente protector, que obliga a la nueva madre a cambiar sus reacciones y prioridades en la vida. Se ligará con ese ser como no se ha ligado nunca con nadie. Las alternativas son la vida y la muerte.
En la sociedad moderna, en la que las mujeres no son sólo responsables de parir niños sino de sostenerlos económicamente, estos cambios en el cerebro crean el conflicto más profundo en la vida de una madre.
Cuanto más intensamente hagas algo, más células asigna el cerebro a dicha tarea, ...
La biología puede invadir circuitos a pesar de nuestras mejores intenciones y gran cantidad de mujeres experimentan los primeros síntomas del "cerebro maternal" mucho antes de concebir un hijo, especialmente si lo han estado intentando durante un tiempo. El "deseo del bebé" - el ansia profunda de tener un hijo - puede afectar a una mujer poco después de que haya acunado al recién nacido, suave y cálido, de otra.
El suave olor de la cabeza de un niño lleva feromonas que estimulan al cerebro femenino para que produzca la poderosa poción del amor - la oxitocina - creadora de una reacción química que induce al deseo de bebé.
El tacto de la piel de su bebé, el aspecto de los deditos de manos y pies, los breves llantos y gritos entrecortados quedan ya tatuados en el cerebro de la madre. En el plazo de horas o días, puede embargarla un abrumador afán de protección y se establece en ella la agresividad maternal. Su fuerza y resolución de cuidar a ese pequeño ser y de protegerlo se apoderan por completo de los circuitos cerebrales maternos. La madre siente que podría parar la marcha de un camión con su propio cuerpo para proteger al bebé. El cerebro se le ha modificado y junto con él la realidad. Tal es quizás el cambio de la realidad más importante que ocurre en la vida de una mujer.
Igual que un sistema global de actitud humana, los centros cerebrales de una madre para la vista, el sonido y el movimiento están orientados a monitorizar y seguir a su bebé. Esta vigilancia incrementada puede adquirir todas las formas posibles, dependiendo de la amenaza que una madre perciba contra la seguridad y estabilidad de su "nido". Incluso es algo normal el replanteamiento de las obligaciones del marido como proveedor.
Los circuitos cerebrales maternos cambian también en otros aspectos. Las madres pueden tener mejor memoria espacial que las que no han tenido hijos y pueden ser más flexibles, adaptables y valerosas. Tales son las habilidades y talentos que necesitarán para custodiar y proteger a sus bebés. Si han tenido por lo menos una camada, las hembras de rata, por ejemplo, son más atrevidas, muestran menos actividad en los centros del miedo de sus cerebros y se desempeñan mejor en las pruebas de laberintos porque tienen más memoria; además son cinco veces más eficientes para cazar presas. Estos cambios duran toda la vida, según han visto los investigadores. Las madres humanas pueden compartir estas experiencias. Semejante transformación es válida también incluso para madres adoptivas. En tanto permanezcas en contacto físico continuado con el niño, tu cerebro emitirá oxitocina y reformará los circuitos necesarios par hacer y mantener el cerebro maternal.
La dopamina se incrementa en el cerebro maternal por el estrógeno y la oxitocina. Es el mismo circuito de recompensa disparado en un cerebro femenino por la comunicación íntima y el orgasmo.
Los crecientes vínculos incluyen los efectos de criar al niño dándole el pecho. La mayoría de las mujeres que amamantan a sus bebés reciben un beneficio extra: el estímulo regular de los más agradables aspectos del cerebro materno. En cierto estudio se dio a ratas madres la oportunidad de apretar una barra y obtener una pizca de cocaína o apretar otra barra y que un cachorro de rata viniera a chupar sus pezones. ¿Cuál creéis que preferían? Los chorros de oxitocina en el cerebro superaron siempre la toma de cocaína. Puedes imaginar en qué medida dar de mamar refuerza la conducta maternal; tenía que ser útil para garantizar la supervivencia de nuestra especie. Cuando un bebé coge el seno de la madre con sus manecitas y chupa el pezón, desencadena flujos explosivos de oxitocina, dopamina y prolactina en el cerebro de la madre. Empieza a fluir la leche del seno. Al principio, todos aquellos tirones en tus pezones secos y sangrantes te pueden hacer pensar que será imposible superar otro día de tortura por culpa de la lactancia. Sin embargo, después de unas cuantas semanas - si no te has sentido arrastrada al harakiri - tendrás la capacidad de sosegar a tu bebé chillón y calmarte tú misma gracias a la lactancia. En el plazo de tres o cuatro semanas, la experiencia empieza a ser totalmente placentera; y no sólo porque el dolor haya cesado. Empiezas a esperar la hora de dar el pecho, a menos que estés tan corta de sueño que pases el día medio dormida. Pero en cierto momento de los pocos meses iniciales, podrás darte cuenta de que dar el pecho se ha vuelto fácil y de que lo disfrutas de verdad. Te baja la presión sanguínea, te sientes tranquila, relajada y te meces en olas de sentimientos de amor por tu bebé inspiradas por la oxitocina".
Del Capítulo 5 del libro "El cerebro femenino" de Louann Brizendine
La imagen es de Wild Spirit
28 de mayo de 2012
El trabajo interior de la paternidad
"El mejor regalo que podemos hacer a nuestros niños es el nuestra propia presencia", escriben los autores. "Para estar en pleno contacto con nuestras vidas, hay que aprender a desconectar el piloto automático y aterrizar en el momento presente, vivir intencionalmente en el ahora, practicar lo que llamamos la "paternidad atenta". De la paternidad a la catástrofe no hay más que un paso. Ninguna otra experiencia en la vida provoca tal cúmulo de sensaciones contradictorias: de la ternura a flor de piel a la irritación permanente, de la lucidez repentina a la "locura" transitoria, del delirio vital al precipicio de las obligaciones que no cesan, los choques frontales con la pareja, la fatiga crónica, la desorientación total. "¿Entonces, por qué tenemos hijos?", se preguntan al unísono John y Myla Kabat-Zinn, autores de "El trabajo interior de la paternidad. "Tal vez lo hacemos por los besos y los abrazos... O tal vez con la intención de enriquecer nuestras vidas, pensando que saldremos fortalecidos en el intento".
Sea cual sea la razón, John y Myla Kabat-Zinn, padres de tres vástagos, nos sugieren que aprovechemos los nueve impagables meses de embarazo para trabajar interiormente, conocernos mejor a nosotros mismos y llegar con la primera lección aprendida al que será nuestro inseparable oficio durante el resto de nuestros días.
"El mejor regalo que podemos hacer a nuestros niños es el nuestra propia presencia", escriben los autores. "Para estar en pleno contacto con nuestras vidas, hay que aprender a desconectar el piloto automático y aterrizar en el momento presente, vivir intencionalmente en el ahora, practicar lo que llamamos la "paternidad atenta". La "paternidad atenta" no es sólo un antídoto contra el estrés, sino un modo de enriquecer desde dentro la experiencia de ser padre. ¿Cómo? Poniéndonos más frecuentemente a la altura de nuestros hijos. Aprendiendo de ellos todos los días. Observándolos calladamente. Fijándoles ciertos límites, pero sin controlarles en todo momento. Introduciendo pequeños ritos cotidianos que refuercen los lazos familiares. Regalándoles nuestro tiempo y no estando siempre con la cabeza -o con el móvil-en otra parte...
Lo que proponen John y Myla Kabat-Zinn es, ni más ni menos, que acometer la paternidad como una suerte de "meditación en acción" que repercuta en nuestro bienestar y en el de los propios hijos: "Es increíble comprobar cómo cambia radicalmente la actitud de los niños en cuanto perciben que estamos con ellos con nuestros cinco sentidos. La relación padre-hijo se convierte entonces en un flujo constante: las tensiones desaparecen y se alcanza una mágica sensación de gratitud y equilibrio".
Por Carlos Fresneda
21 de enero de 2012
Educación emocional desde el útero materno
20 de diciembre de 2011
El embarazo cambió la columna de las mujeres
La supervivencia y la selección natural se ocuparon hace dos millones de años de que el cuerpo de la mujer se adaptara a los cambios que supone el embarazo. Para aliviar la presión que sufre la espalda cuando una mujer está embarazada, la parte inferior de la columna femenina evolucionó para ser más flexible y soportar mejor el peso extra ganado durante los meses de gestación. El cambio se produjo cuando la especie humana empezó a andar con dos pies, según un trabajo publicado recientemente en la revista Nature, en el que se explica la naturaleza de esta adaptación.Los cambios mencionados aparecen en la parte inferior de la columna vertebral de la mujer, en la zona conocida como columna lumbar. Las espinas de esta zona son distintas que las de los hombres, ya que fueron evolucionando para ser más flexibles y mejorar la movilidad de la mujer durante el embarazo. "El embarazo supone un reto impresionante para el cuerpo de la mujer", señala Katherine Whitcome, investigadora del departamento de Antropología de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y una de las autoras del estudio. "El cuerpo debe cambiar de manera drástica para acomodar al bebé, y estos cambios afectan tanto a la estabilidad como a la postura de la mujer. Por ello, el hecho de que la mujer presente un refuerzo y una mayor curvatura en la parte lumbar de su columna es clave a la hora de mantener una actividad normal durante el embarazo", añade.
Al principio de la evolución humana, cuando se adoptó la bipedestación, las mujeres observaron cómo durante el embarazo cambiaba su centro de gravedad y éste se desplazaba sobre las caderas, con lo cual se desequilibraba la parte superior del cuerpo y dificultaba la movilidad. Esto no ocurre con los animales que se desplazan a cuatro patas y pueden mantener su centro de gravedad estable.
Los investigadores estudiaron a 19 embarazadas de entre 20 y 40 años y comprobaron cómo la curvatura de columna lumbar, llamada lordosis, aumentaba hasta un 60% cuando estaban de pie. Es así como las mujeres pueden mantener estable el centro de gravedad sobre sus caderas. Whitcome explica que se observó otra diferencia en la lordosis de las mujeres: "En las mujeres, la curvatura se extiende a lo largo de tres vértebras, mientras que en los hombres sólo lo hace en dos. Además, las articulaciones de las mujeres en esta zona de la espalda son más grandes que las de los hombres". Esto mejora la habilidad de extender la columna para que la mujer pueda inclinarse hacia atrás sin perder estabilidad.
Los autores del estudio creen que esta adaptación apareció hace dos millones de años, en el antepasado humano Australopithecus, ya que esta diferencia entre la columna masculina y la femenina no aparece en los chimpancés. Esto sugiere que los cambios ocurrieron cuando la especie humana empezó a caminar derecho, apunta Liza Shapiro, profesora de Antropología de la Universidad de Tejas y otra de las autoras del estudio.
19 de julio de 2011
Por fin juntos: gestación
Mientras intentamos vivirlo con plenitud, conviene elegir bien las personas que nos van a atender y acompañar durante nacimiento de nuestro hijo.
- El estado emocional de la madre influye en el bebé. Por eso es importante disfrutar de la gestación, descansar, mimarse y realizar actividades que proporcionen placer y bienestar.
- Durante el embarazo y el parto pueden aflorar emociones intensas relacionadas con la propia infancia. Si son de tristeza o de angustia, puede ser útil acudir a un profesional.
- Es importante evitar pruebas diagnósticas innecesarias, ya que al problema de los falsos positivos se añade la preocupación que genera en las madres, que es perjudicial para el bebé.
- Para estabilizar la glucosa en sangre en el embarazo conviene evitar alimentos dulces y refinados, y tomar hidratos de carbono de bajo índice glucémico (verduras, legumbres, cereales integrales…).
- Durante el embarazo y la lactancia no es necesario aumentar la presencia de calcio de la dieta. El metabolismo y el sistema hormonal se adaptan y aprovechan una mayor cantidad del calcio de los alimentos.
- El tabaco está desaconsejado, entre otros motivos, porque aumenta la pérdida de hueso y disminuye la absorción intestinal de calcio.
- El ejercicio físico adecuado en la gestación proporciona bienestar y prepara para el parto. Es positivo caminar, nadar y hacer actividades que ayuden a prevenir la excesiva curvatura lumbar (pilates, yoga).
- Ejercitar los músculos perineales en el embarazo (ejercicios de Kegel) favorece su tonicidad y elasticidad, su recuperación tras el parto y ayuda a prevenir incontinencias.
- Piensa qué significa para ti tener un buen parto. Haz una lista y procura rodearte de lo que crees que te ayudará.
- Mantener relaciones sexuales no aumenta el riesgo de parto prematuro. Tampoco un contratiempo cotidiano, un susto o un disgusto aislado. Perjudica más la ansiedad y angustia mantenida o un suceso emocionalmente traumático. No te obsesiones.
- Las relaciones sexuales al final del parto favorecen el inicio de un parto que se retrasa. El semen posee prostaglandinas, como las que se utilizan para inducir el parto, y el orgasmo produce contracciones. Esto sólo ocurre cuando el embarazo está a término.
- Tienes derecho a que en tu parto no se realicen intervenciones no necesarias. Para manifestar tus deseos y preferencias puedes presentar en tu hospital un plan de parto.
- La cercanía de otras madres con experiencia y en la misma etapa vital es esencial tras el parto. Contacta ahora con los grupos de crianza y apoyo a la lactancia de tu barrio o localidad.
- Los hospitales con mayor índice de inducciones tienen una mayor tasa de cesáreas. Busca información sobre sus protocolos y estadísticas.
Foto de http://www.ourtwinsblog.com




