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16 de octubre de 2013

Celiaquía


¿Qué es la enfermedad celiaca?
La celiaquía es la intolerancia permanente a las proteínas del gluten de la alimentación.

¿Es alergia al trigo o a la harina?
No. El gluten de la alimentación induce, en individuos genéticamente predispuestos y con factores ambientales propicios, una enfermedad crónica autoinmune y multisistémica.
En los individuos que no lo toleran, el gluten da lugar a una inflamación intestinal que dificulta la absorción de nutrientes (principios inmediatos, sales minerales y vitaminas). Esto puede llevar a estados carenciales que causen múltiples síntomas.

¿Qué es el gluten?
El gluten es una proteína presente en algunos cereales como trigo, centeno, cebada, triticale y, quizá, avena; pero no en el maíz ni el arroz.

¿Se nace con la enfermedad?
No. Puede presentarse a cualquier edad de la vida. Es condición imprescindible haber ingerido gluten durante un tiempo. Sus síntomas varían mucho (afectación o no del peso, del crecimiento, cansancio, malestar, síntomas cutáneos, irritabilidad, etc.). También pueden parecer niños sanos. La prevalencia en los europeos es del 1%, y es más común en las mujeres, con una proporción 2:1.

¿Se puede prevenir?
La ausencia de lactancia materna, la ingestión de dosis elevadas de gluten así como la introducción precoz del mismo en la dieta, la presencia de infecciones bacterianas o virales o el aumento de la permeabilidad intestinal de personas susceptibles se han invocado como factores de riesgo para su desarrollo.
Por otro lado, están apareciendo publicaciones científicas que demuestran menor prevalencia de enfermedad celiaca cuando se introduce el gluten en pequeña cantidad mientras el bebé recibe lactancia materna entre los cuatro y los seis meses de vida (el antiguo “cuscurro” de pan).

¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico de sospecha se hace por los síntomas, la exploración, pertenecer a grupos de riesgo y una analítica. La prueba de oro para el diagnóstico definitivo es la biopsia duodenoyeyunal, que siempre se hará antes de quitar el gluten de la dieta. Las biopsias se suelen hacer por endoscopia; así es más fácil coger muchas muestras y el resultado es más fiable.

¿En qué consiste el tratamiento?
Consiste en una alimentación sana y equilibrada, sin alimentos que lleven gluten, adaptada a las necesidades de cada niño y las costumbres de la familia. La dieta exenta de gluten toda la vida conduce a la normalización clínica y funcional, así como a la reparación de la lesión intestinal. Los productos manufacturados tienen riesgo de llevar gluten, aunque sea muy poco. Por eso, una dieta a base de alimentos naturales (carnes, pescados, huevos, leches y derivados, legumbres, frutas, verduras, hortalizas y cereales sin gluten, como el maíz o el arroz) es mejor y más fácil de llevar en el día a día. Es preferible evitar productos a granel, sin etiquetar o artesanales, porque no podemos conocer sus ingredientes.

En la práctica…
Es bueno contactar con la Federación de Asociaciones de Celiacos de España (FACE). Éstas informan sobre muchos aspectos prácticos: legislación, ayudas, campamentos, ocio, y ofrecen la actualización permanente sobre investigación y expectativas en celiaquía. Todo ello ayuda a manejar la enfermedad y la dieta. Por otro lado, y aunque en el momento del diagnóstico pueda parecer una mala noticia, se trata de una enfermedad “muy agradecida”. Lo que más cuesta es el cambio de hábitos; una vez establecida la dieta sin gluten, los niños mejoran y son capaces de llevar una vida normal.

Por María Luisa Arroba Basanta. Pediatra de Atención Primaria. Publicado originalmente en el boletín FAMIPED

8 de agosto de 2013

La alimentación complementaria

criando múltiples mellizos gemelos trillizos carros gemelares baby led weaning

Es muy positivo sentar al bebé a la mesa con los demás. Siempre que los hábitos alimentarios de la familia no sean muy inadecuados para un bebé será preferible ofrecer los mismos alimentos que toma el resto de la familia pero adaptados a la capacidad del niño. Si además el niño come a la mesa a la vez que los demás, se estará proporcionando al niño la función socializadora que tiene la comida para el resto de la familia.

CÓMO

Los nuevos alimentos se deben incorporar de uno en uno y con al menos una semana de separación.

No hay ninguna base científica para recomendar el ofrecimiento de un alimento antes que otro siempre que al principio se trate de alimentos sanos con poco potencial alergénico. Es indiferente empezar por la fruta, la verdura, los cereales, … Tampoco hay ninguna base científica para dar un determinado alimento a una determinada hora (cereales por la mañana, fruta por la tarde…)

Se debe empezar con pequeñas cantidades, sin forzar, que irán aumentando a medida que el niño las acepte de buen grado. La idea es ofrecer y, sobre todo, no obligarle jamás a comer. Cada niño tiene sus propias necesidades y sigue su propio ritmo.

Los alimentos deben ser variados, y se debe tener en cuenta su contenido energético, siendo preferible escurrir bien los alimentos y evitar caldos y sopas por su escaso aporte calórico.

No añadir azúcar ni sal a los alimentos. La ingesta de azúcar y sal en los niños mayores y adultos ya es demasiado alta, cuanto más tarde empiece a acostumbrarse, mejor.

Generalmente se recomienda no dar alimentos que suelen causar alergia, especialmente cualquiera que produzca alergia a un miembro de la familia, hasta los 12 meses. No obstante, una revisión llevada a cabo en 2008 por la ESPGHAN (Sociedad Europa de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) concluyó que no se observa beneficio por el hecho de posponer la incorporación de alimentos potencialmente alergénicos.

Lo ideal es no incorporar las proteínas lácteas hasta el año. Ello incluye a la leche de vaca y sus derivados.

Dar el gluten (trigo, avena,centeno y cebada) con precaución. Recientes estudios en Escandinavia confirman que la lactancia materna disminuye el riesgo de celiaquía siempre que los alimentos que contengan gluten se ofrezcan muy poco a poco, cuando el niño todavía está mamando y alrededor de los 7-8 meses.

Los sólidos con riesgo de atragantamiento (frutos secos, palomitas de maíz…) se incorporarán a partir de los 3-5 años.

Los alimentos no necesariamente deben estar triturados, sino que basta que sean de consistencia blanda y puedan ser aplastados o troceados con un tenedor o por el propio niño con la lengua y el paladar. Tampoco son necesarios alimentos especiales para bebés y algunos de ellos, a parte de ser caros, llevan aditivos poco recomendables.

BABY-LED WEANING

Actualmente muchas familias optan por no introducir la AC triturada, sino ofreciendo a los bebés alimentos de fácil masticación en base a sus necesidades y gustos, y que formen parte de la dieta de los padres. Esta opción también es conocida como “Baby-led Weaning”. La nutricionista y directora adjunta de IHAN en Reino Unido, Gill Rapley, ha publicado recientemente un libro sobre esta forma de alimentación infantil llamado “El niño ya come solo” donde la autora, acogiéndose a las recomendaciones de la OMS, ofrece información sobre sus beneficios y explica cómo empezar la introducción de los alimentos.

¡SÓLO QUIERE COMER LO QUE LE GUSTA!

Las asociaciones americanas de pediatría y dietética indican que los bebés serán quienes escojan libremente los alimentos que los padres les ofrezcan (siempre que sean adecuados a nivel nutricional y variados).

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Nottingham (Inglaterra), ha descubierto que la mejor forma de introducir la alimentación complementaria, tras el periodo exclusivo de lactancia, es a través de pequeñas porciones de alimentos que el bebé come solo, en lugar de las tradicionales papillas. El estudio concluye que los bebés que empiezan a alimentarse solos con pequeñas porciones de carbohidratos, frutas y verduras y proteínas aprenden a regular su consumo de alimentos de forma natural.

NUNCA SE DEBE OBLIGAR A COMER A UN NIÑO.

Más pronto o más tarde todos los niños empiezan a interesarse por otros alimentos y mientras tanto la lactancia materna cubre sus necesidades, por lo nunca se debe intentar imponer a un niño la ingesta de una determinada cantidad de alimento.

Cada uno de nosotros necesita un aporte calórico distinto, razón por la que la alimentación no puede tomarse como una ciencia exacta. Y es que muchas veces el problema, como deja bien claro el Dr. Carlos González en su recomendable libro “Mi niño no me come”, es que nuestras expectativas o nuestra percepción de lo que ha comido no están acorde con la realidad.

¿Y LA LACTANCIA?

Continúa siendo a demanda, (sin horarios, cuando el bebé quiera) y hasta los dos años o más. No se trata de sustituir ninguna toma por otros alimentos, sino de complementarla con estos. De hecho, se recomienda ofrecerlos DESPUÉS de la toma, aunque ello suponga que el niño tome menos de otras cosas. Lo que sería inadecuado es que por tomar primero otras cosas el niño deje de tomar la leche materna porque es la ingesta de leche la que sigue garantizando la correcta alimentación del bebé y la producción de la madre .

Además, gracias a la lactancia materna se enriquece el gusto por los alimentos en el bebé y posiblemente reciba mucho mejor los alimentos sólidos al reconocer el sabor que ofrecen . Una reciente investigación realizada por expertos de la Universidad de Copenhague demuestra que el sabor de la leche materna puede variar en cuestión de minutos y está condicionado a la dieta que realice la madre.

La imagen es de http://lovelivegrow.com

1 de marzo de 2013

Lo que DEBES y NO DEBES hacer en la alimentación complementaria a demanda



1. DEBES ofrecer a tu bebé la posibilidad de participar siempre que la familia esté comiendo. Puedes comenzar a hacerlo tan pronto como el bebé muestre interés en observarte mientras come, aunque no es probable que esté preparado para llevarse comida a la boca hasta que tenga seis meses.

2. DEBES asegurarte de que tu bebé está sentado con la espalda erguida mientras experimenta con la comida. Al principio, puedes sentarlo en tu regazo, mirando hacia la mesa. Una vez que empieza a desarrollar la habilidad de coger comida, casi con toda probabilidad será capaz de mantenerse solo sentado, con un soporte mínimo, en una trona.

3. DEBES comenzar ofreciéndole alimentos adaptados al tamaño de su puño, preferiblemente en forma de palitos (o con un “asa”). Siempre que sea posible –y que los alimentos sean adecuados para el bebé-, ofrécele la misma comida que al resto, para que se sienta integrado en la experiencia familiar.

4. DEBES ofrecerle alimentos variados. No es necesario limitar su acceso a la comida, igual que tampoco lo haces con los juguetes.

5. NO DEBES meter prisa al bebé. Permítele que haga las cosas a su propio ritmo. Es especialmente importante que evites la tentación de “ayudarle” poniendo comida en su boca.

6. NO DEBES esperar que el bebé coma nada durante los primeros intentos. Una vez haya descubierto que sus nuevos juguetes saben bien, comenzará a masticarlos y, después, a tragarlos.

7. NO DEBES aspirar a que el bebé se termine cada trozo de comida, sobre todo al principio. Recuerda que todavía no ha desarrollado la habilidad de alcanzar la comida que está dentro de su puño.

8. DEBES volver a ofrecerle más adelante la comida que ha rechazado. Los bebés cambian de opinión y pueden aceptar alimentos que en un primer momento rechazaron.

9. NO DEBES dejar al niño solo mientras come.

10. NO DEBES ofrecer comidas que suponen un riesgo evidente, como frutos secos.

11. NO DEBES ofrecerle comida rápida, platos preparados o alimentos a los que se haya añadido azúcar o sal.

12. DEBES ofrecerle agua en un vaso o taza, pero no te preocupes si no muestra interés. En especial, los bebés amamantados probablemente seguirán obteniendo todos los líquidos que necesitan del pecho durante algún tiempo.

13. DEBES estar preparado para el caos y el desorden. Un plástico bajo la trona protegerá el suelo o la alfombra y facilitará la limpieza. También te permitirá volver a ofrecer al bebé los alimentos que se hayan caído, disminuyendo la cantidad de comida desperdiciada. (¡Te sorprenderá positivamente descubrir lo rápido que el bebé aprende a comer manchando menos!).

14. DEBES continuar amamantando a tu bebé a demanda, durante todo el tiempo que quiera. Es probable que cambie el patrón de las tomas a medida que come más.

15. Si tienes antecedentes familiares de intolerancia, alergias alimentarias o trastornos digestivos, DEBES consultar a tu pediatra antes de comenzar.

16. Finalmente, ¡DEBES disfrutar viendo como tu bebé aprende a comer y observando cómo desarrolla su habilidad con las manos y la boca durante todo el proceso!

© Gill Rapley, 2008
Traducción de Eloísa López
Extraído del blog "Una maternidad diferente". Puedes leer el artículo completo en el siguiente enlace:
Una maternidad diferente: Guía práctica de introducción de sólidos dirigida por el bebé


27 de agosto de 2011

¿Qué agua debe tomar nuestro bebé?


En relación al agua, hay dos preguntas frecuentes que se plantean los padres:
¿Hay que ofrecer agua al niño que sólo toma pecho?
El niño que está con lactancia materna exclusiva a demanda, no necesita agua suplementaria, salvo que tenga pérdidas extra de líquidos por vómitos, diarrea o fiebre alta, o en verano por aumento de las pérdidas insensibles a través del sudor.
Los niños que sólo toman biberón correctamente preparado y a demanda tampoco necesitan agua suplementaria, salvo que tengan un aumento de pérdidas. Sí se les debe ofrecer agua cuando comiencen a tomar otros alimentos distintos a la leche.
¿Qué agua es la más adecuada para el bebé?
En el agua de consumo humano, ya sea agua corriente del grifo procedente de un suministro público, ya sea agua embotellada, hay que valorar su calidad y los minerales que contiene.
AGUA DEL GRIFO
La calidad o potabilidad del agua corriente del grifo, debe cumplir con una serie de normas y requisitos sanitarios y está regulada por diversas instituciones: Agencia de Protección ambiental de los Estados Unidos (EPA), Organización Mundial de la Salud (OMS), Directiva Comunitaria de la Unión Europea (CEE), y en España, mediante regulación específica publicada en el BOE (Real Decreto de 2003 por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano), no debiendo contener bacterias, virus, ni parásitos que puedan suponer un riesgo para la salud. Así mismo no debe contener mercurio, hidrocarburos, plaguicidas, pesticidas, productos organoclorados, ni presentar radiactividad.
El contenido en minerales del agua influye en su sabor y “dureza”, siendo actualmente las concentraciones recomendadas en mg/l: calcio 100, magnesio 30, cloruros 25, sulfatos 25, sodio 20, potasio 10, flúor 1, aluminio 0,05.
De cara a la preparación del biberón sería aconsejable conocer la concentración de minerales del agua de nuestra Comunidad, para, en aquellas zonas con un alto contenido en sodio y calcio, evitar sobrecargar el riñón del lactante que todavía es inmaduro y no filtra bien el exceso de minerales.
El agua del grifo que reúne los requisitos necesarios para ser considerada como potable y apta para el consumo por la población general, es segura y puede ser utilizada perfectamente para la preparación del biberón del bebé.
En general, con el sistema de cloración, el agua queda libre de bacterias y virus. La utilización de sistemas de ultrafiltrado garantiza también que el agua esté libre de parásitos. Si donde vive, el agua es apta para el consumo humano, puede usarse directamente del grifo, sin necesidad de hervirla. Cuando sea necesario, puede hervirse, pero se empeora el sabor y se concentran las sales minerales que lleva disueltas. En este caso, la OMS aconseja hervirla durante 1 minuto (añadiendo 1 minuto más por cada 1000 metros por encima del nivel del mar). No es necesario hervirla durante 10 minutos, ya que se ha comprobado un aumento de la concentración de sodio y calcio (provocando una sobrecarga renal de solutos) y también de nitratos (con riesgo de metahemoglobinemia).
Si existen dudas al respecto, puede emplearse agua envasada apta para el consumo infantil, con bajo contenido en sales minerales (poco mineralizada).
AGUA ENVASADA
Las aguas de bebida envasadas pueden ser de varios tipos:
  • Aguas minerales naturales: Son aguas bacteriológicamente sanas, que proceden de un yacimiento subterráneo y se diferencian del resto de aguas por su pureza original y su contenido en minerales y oligoelementos. En ocasiones se considera que tienen efectos favorables para la salud, sin llegar a tener propiedades terapéuticas
  • Aguas de manantial: Son aguas potables de origen subterráneo que pueden brotar espontáneamente o ser extraídas por captación a la superficie
  • Aguas preparadas: Son aguas sometidas a tratamientos físico-químicos autorizados para que cumplan las características de las aguas destinadas al consumo humano. Pueden proceder de manantial o de aguas de abastecimiento público preparadas
  • Aguas de consumo público envasadas: Son aguas potables envasadas coyunturalmente para suplir insuficiencias accidentales de las aguas de consumo público de la red general

Todas las aguas de bebida envasadas están reguladas y deben cumplir una normativa (Real Decreto de 2002 y 2003, por los que se regula el proceso de elaboración, circulación y comercio de aguas de bebida envasadas).
Esta normativa establece que las aguas de bebida envasadas no pueden contener ningún tipo de microorganismo, parásito o sustancia que pueda causar riesgo para la salud, por lo que todas ellas son bacteriológicamente sanas y por tanto no es necesario hervirlas para preparar el biberón.
En relación a la marca a elegir habría que tener en cuenta fundamentalmente las concentraciones de sodio, flúor, calcio y nitratos. (Tabla 1)
  • Sodio. Es la principal característica a tener en cuenta del agua utilizada para la preparación del biberón. El riñón de los lactantes menores de 4-6 meses, tiene menor capacidad para la excreción de sodio, por ello en estas edades, para evitar una sobrecarga renal de solutos, es deseable que el agua tenga menos de 20 mg/l de sodio para preparar la formula de inicio o de tipo 1. A partir de los 6 meses, el riñón del lactante ha madurado más y es capaz de excretar mejor el sodio, por lo que el agua para preparar la fórmula de continuación o de tipo 2, puede contener hasta 50 mg/l de sodio.
  • Flúor. En niños menores de 1 año el agua debe contener menos de 0,3 mg/l de flúor y en mayores de 1 año menos de 1 mg/l, para evitar riesgo de fluorosis (mala mineralización del esmalte por excesiva ingesta de flúor).
  • Calcio. No se ha demostrado que las aguas duras, más ricas en calcio, sean nocivas para la salud del bebé, y por otra parte, el calcio del agua es un componente útil junto con el calcio de la leche para el hueso del lactante, por ello sería correcto la utilización de aguas embotelladas con 50-100 mg/l de calcio.
  • Nitratos. El problema de los nitratos en los bebés es que se convierten en nitritos, y los nitritos oxidan la hemoglobina produciendo metahemoglobina, que no puede transportar el oxigeno a los tejidos, lo que ocasiona cianosis o el conocido como “síndrome del niño azul”. La máxima concentración de nitratos permitida en el agua de bebida envasada es de 50 mg/l, e idealmente debería ser menor de 25 mg/l.
Tabla 1. Características recomendadas del agua de bebida envasada para lactantes


Componente Cantidad recomendada
Sodio
< 6 meses (para fórmula tipo 1): < 20 mg/l
> 6 meses (para fórmula tipo 2): < 50 mg/l
Flúor
< 1 año: < 0,3 mg/l
> 1 año: < 1 mg/l
Calcio 50 – 100 mg/l
Nitratos < 25 mg/l (permitido < 50 mg/l)

Se pueden consultar las marcas de aguas de bebida envasadas de España, con sus características de tipo de agua y concentraciones de sodio, flúor, calcio, cloruro, potasio, magnesio, sulfato, nitratos y bicarbonato en: http://www.aguainfant.com/AGUAS-ESP/excel-datos/Espana-sodio.htm y las aguas de bebida envasadas recomendadas para su utilización con fórmulas de inicio o con fórmulas de continuación en: http://www.aguainfant.com/AGUAS-ESP/ABCDARIO/vista-rapida.htm

Bibliografía
  • Hernández Aguilar MT, Aguayo Maldonado J. La lactancia materna. Como promover y apoyar la lactancia materna en la práctica pediátrica. Recomendaciones del Comité de Lactancia de la AEP. An Pediatr (Barc). 2005; 63:340-365.
  • Vitoria Miñana I. Promoción de la salud bucodental. En: Recomendaciones PrevInfad / PAPPS. Disponible en: http://www.aepap.org/previnfad/Dental.htm
  • Greer FR, Shannon M, the Committee on Nutrition and the Committee on Environmental Health. Infant Methemoglobinemia: The role of dietary nitrate in food and water. Pediatrics. 2005; 116(3):784-786
  • Vitoria Miñana I. Agua de bebida en el lactante. An Pediatr (Barc). 2004; 60(2):161-169.
  • Guidelines for drinking-water quality. Third Edition. Volume 1. Recommendations. World Health Organization. 2004. Disponible en: http://www.who.int/water_sanitation_health/dwq/gdwq3sp.pdf
  • Agencia de protección ambiental de los Estados Unidos. Oficina del agua (4601) EPA 816-K-007. 2003. Disponible en: http://www.epa.gov/safewater
  • Real Decreto 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano. BOE 45:7228.
  • Real Decreto 1744/2003, de 19 de diciembre, por el que se modifica el Real Decreto 1074/2002, de 18 de octubre, por el que se regula el proceso de elaboración, circulación y comercio de aguas de bebida envasadas. BOE 312: 46524.
Autores: Olga Cortés Rico y José Luis Montón Álvarez. Pediatras de Atención Primaria.
Extraído del boletín FAMIPED

28 de julio de 2011

Las grasas en la alimentación infantil


Una alimentación saludable es importante en todos los momentos de la vida. Contribuye a la salud y al bienestar. Y, además, sus efectos no se limitan al momento actual, sino que repercuten en la salud futura.

En nuestra sociedad existe una gran preocupación acerca de algunas enfermedades crónicas que tienen mucha relación con lo que comemos, como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. Sin embargo, la alimentación humana se caracteriza por ser muy variada y por eso es difícil averiguar cuáles de los alimentos que tomamos tienen más impacto en la salud, ya que no solemos tomar un alimento aislado, sino que combinamos muchos y de mil maneras.

Con la finalidad de ayudar a que las familias tomen las decisiones más saludables en la compra y en la mesa, vamos a analizar por separado las grasas de la dieta infantil, pues hay muchos aspectos que son importantes para la salud a largo plazo. En artículos sucesivos repasaremos los azúcares, lácteos y otros grupos de alimentos.

¿Qué son las grasas y para qué sirven?

Son sustancias químicas presentes en muchos alimentos y, también, en el cuerpo humano. Su función más conocida resulta la de ser una reserva de energía (un gramo de grasa proporciona 9 Kcal). Sin ellas no es posible asimilar algunas vitaminas como la A, D, E y K. Además tienen otras muchas e importantes funciones menos conocidas.

¿Qué hacen las grasas en el cuerpo?
  • Sujetar y proteger órganos internos, como los riñones. Si no hubiera grasa, “se caerían” a la parte baja del abdomen.
  • Son la despensa, la reserva de energía para cuando no hay comida. En el embarazo se almacena grasa para poder fabricar leche y alimentar al bebé después de que nazca.
  • Son precursoras de algunas sustancias como las hormonas esteroideas, las prostaglandinas, algunas vitaminas y componentes de la sangre que contribuyen a la coagulación, entre otras.
  • Forman parte de las membranas de todas las células del organismo, incluidas las del cerebro.

Cuando se piensa en grasas del cuerpo, la mayoría de las personas solo conoce dos tipos: la que se nos almacena bajo la piel en mayor o menor cantidad, que preocupa sobre todo a quienes tienen exceso de peso, y la que se mide en los análisis de sangre: el colesterol.

Hoy en día hay muchas personas con obesidad en todas las edades, porque nuestro organismo está mejor preparado para “ahorrar” en caso de escasez de alimentos que para vivir en una sociedad en la que hay abundancia de alimentos.

El colesterol es una grasa natural que se encuentra en los tejidos de los animales, incluido el ser humano. Desde hace mucho tiempo se conoce que el exceso de colesterol está en el origen de las enfermedades cardiovasculares. Lo que ocurre es que las moléculas de grasa se van acumulando en las paredes de los vasos sanguíneos y, poco a poco, los van obstruyendo hasta que llega un momento en que se producen dolencias graves: angina de pecho, infarto de miocardio o del cerebro…

Un hecho interesante es que la leche materna tiene mucho colesterol y, sin embargo, es muy saludable. Como se ha dicho antes, el colesterol es esencial en el desarrollo del cerebro. La mayor parte del colesterol que tenemos en la sangre lo ha fabricado nuestro propio cuerpo. Solo una tercera parte procede de la alimentación.

Para ser transportado en la sangre, el colesterol necesita rodearse de unas partículas que se llaman lipoproteínas. Hay varios tipos. Las más conocidas son estas dos:

LDL, que son lipoproteínas de baja densidad, y llevan el colesterol del hígado a todo el cuerpo, pero por el camino se van adhiriendo a las arterias, formando las placas de ateroma, es decir, produciendo arteriosclerosis. Por eso, la parte de colesterol unida a las LDL la denominamos colesterol “malo”.

HDL, que son moléculas más densas, que recogen el colesterol de la sangre y lo vuelven a llevar al hígado. Por realizar esa tarea de “limpieza” decimos que el colesterol unido a HDL es “bueno”.

Además están los triglicéridos, que transportan las grasas hacia las células. Son, por tanto, buenos, salvo que haya excesiva cantidad.

Las grasas de los alimentos.

Muchos alimentos contienen grasas. Algunos son de origen animal (las carnes, la leche y sus derivados, los embutidos, los pescados, los huevos…) y otros son vegetales: frutas como la aceituna, el aguacate o el coco, o semillas como el girasol, el maíz o el cacahuete.

Grasas visibles y grasas ocultas.

Las grasas y los aceites pueden ser claramente visibles en los alimentos, como, por ejemplo, el aceite para cocinar y para ensaladas, las mantequillas, la nata y la grasa visible de la carne. Otras veces están mezcladas con otros componentes del alimento y no son evidentes. El 70% de las grasas que comemos están ocultas, por eso hay que fijarse en las etiquetas de los alimentos.

¿Todas las grasas son iguales?

Desde el punto de vista químico, se clasifican según su estructura, que es lo que va a influir en sus consecuencias para la salud. Entonces se habla de grasas saturadas, que son las que más influyen en el aumento del colesterol sanguíneo, y de insaturadas. Dentro de este segundo grupo, unas son poli-insaturadas, que en su mayoría son beneficiosas para la salud, como el ácido oleico, del aceite de oliva, y otras mono-insaturadas, que, a su vez, pueden ser de tipo “cis” o “trans”. Hay pocas grasas “trans” en la naturaleza, (solo en la carne grasa de ternera y la leche de vacas y ovejas); la mayoría son artificiales y se usan en la elaboración de alimentos industriales.

Las grasas “trans”, también llamadas “hidrogenadas”, a pesar de ser mono-insaturadas, son perjudiciales para la salud pues tienen una estructura rígida, por tanto contribuyen a que también las arterias y vasos sanguíneos se vuelvan rígidos, ya que forman parte de la membrana de las células.

Las grasas insaturadas y sus ventajas.

Algunos tipos de grasa son muy saludables. Por supuesto que tampoco debemos abusar de ellas, ya que aportan muchas calorías, pero son necesarias y beneficiosas para la salud. Es el caso de la mayoría de los aceites vegetales (oliva sobre todo, también colza...), de algunos frutos secos como almendras, avellanas y nueces, de los aguacates y de las grasas de los pescados. Tomar este tipo de alimentos puede servir para aumentar el colesterol HDL (el bueno).
Entre las grasas poli-insaturadas hay dos “familias” que están muy de moda: Los ácidos grasos omega-6 y omega-3. Los primeros son derivados del ácido linoleico y los segundos del alfa-linolénico.

Las grasas hidrogenadas o grasas “trans”: Qué son y dónde están.

Las grasas monoinsaturadas naturales suelen ser líquidas. Sin embargo, en la industria alimentaria prefieren emplear grasas semisólidas, pues el alimento final es más manejable y se conserva mejor. Por ello recurren a hidrogenar las grasas, con lo que cambia su configuración química y se vuelven más rígidas. Esto, que ha supuesto el éxito de muchos productos comestibles, sin embargo supone un riesgo para la salud.

Los alimentos con más grasas hidrogenadas suelen ser los precocinados y elaborados, es decir, alimentos industriales, generalmente envasados. Por ejemplo, todo tipo de aperitivos que van en “bolsa o paquete”, las patatas preparadas ya para freír, la bollería industrial, muchas galletas y biscotes, muchas chucherías, los alimentos chocolateados y un largo etcétera.

¿Dónde está el colesterol?

Ya hemos dicho que el cuerpo humano fabrica colesterol. Solo una tercera parte procede de la dieta. Contienen bastante colesterol los alimentos de origen animal: las carnes, grasas, embutidos y también la leche de vaca, la nata y otros derivados. A veces es bien visible, como el tocino o las estrías grasas de la carne; otras veces no se ve, pero está ahí. En muchos alimentos elaborados hay grasa oculta de origen animal, como, por ejemplo, los helados.

¿Todas las grasas vegetales son igual de buenas?

No. Es importante saber que el aceite de oliva está entre las mejores. Otros aceites vegetales comestibles son también buenos para la salud (de cacahuete, de maíz, de colza). Pero el aceite de coco y el de palma aumentan el colesterol y, por tanto, deben evitarse. El problema es que con ellos se fabrican muchos bombones y dulces, y que no siempre consta en la etiqueta.

Recomendaciones para el consumo de alimentos que contienen grasas
Tipos de grasa
Están en
Recomendación
SaturadasCarne de todo tipo de animales: cerdo, ternera, aves, cordero, caza…
Despojos y vísceras.
Embutidos, carne picada, salchichas, …
Manteca, beicon.
Leche y todos sus derivados: mantequilla, quesos, nata, yogur, postres…
Huevos (yema).
Margarinas duras y grasas para pastelería, aceite de coco y aceite de palma.
Tomar poca carne roja (solo ocasionalmente).
Tomar moderada cantidad de carnes “blancas” (2-3 veces por semana).
Quitar la piel a las aves antes de cocinarlas.
Tomar productos lácteos desnatados.
Se pueden tomar 3-5 huevos a la semana.
Limitar el consumo de bollería, dulces, tartas y embutidos.
Poli-insaturadasGrasas poli-insaturadas omega-3: pescados: salmón, caballa, arenque, trucha…
Nueces, semillas de colza, semillas de soja, semillas de lino y sus aceites.

Grasas poli-insaturadas omega-6: Semillas de girasol, germen de trigo, sésamo, nueces, soja, maíz y sus aceites.
Algunas margarinas (consultar etiquetas).
Tomar pescado blanco o azul 3-5 veces a la semana.
Usar aceite vegetal (preferiblemente de oliva) para cocinar, aliños o salsas.
Una ración de frutos secos de vez en cuando.
Mono-insaturadas cisAceite de oliva y de colza.
Aguacate.
Frutos secos (pistachos, almendras, avellanas, nueces de macadamia, anacardos, nueces de pecán, cacahuetes y sus aceites).
Mono-insaturadas transCereales de desayuno chocolateados.
Galletas, bollería, pasteles, dulces.
Snacks (fritos, “paquetes”…)
Platos preparados.
Salsas.
Palomitas para microondas.
Evitar el consumo de estos alimentos.



Leer las etiquetas de los productos: precaución si pone “aceites vegetales hidrogenados”.

(*) Mucha precaución con los frutos secos en menores de 4 años pues existe el riesgo de atragantamiento.

Recuerden:
  • Un poco de grasa en la dieta es necesaria para asimilar las vitaminas liposolubles y aportar energía. Un consumo moderado de grasas mantiene en buen nivel el colesterol-HDL.
  • Hasta los 2-3 años no hay que preocuparse de la cantidad de grasa que toman los niños, pero siempre hay que procurar que sean grasas saludables.
  • Las grasas aportan muchas calorías, por ello, tomarlas en exceso puede contribuir a la ganancia de peso.
  • El colesterol de la sangre aumenta si se ingiere carne (pues contiene proteínas animales y grasas) y otras grasas como la nata de la leche y grasas hidrogenadas o “trans”.
  • El colesterol de la sangre disminuye si se toman almidones (arroz, pan, patatas, pasta), frutas, verduras y hortalizas; también disminuye si se hace ejercicio físico de forma regular.
  • El riesgo cardiovascular asociado a la elevación del colesterol es reversible si se cambia de hábitos.
  • Los alimentos industriales, que suelen contener grasas “trans”, se deben limitar.
  • Es importante comprobar en las etiquetas qué tipo de grasas contienen los alimentos que adquirimos. Si pone “grasas hidrogenadas” o “grasas trans”, es aconsejable elegir otro producto. La expresión “grasas insaturadas”, “grasas parcialmente hidrogenadas” no aclara qué tipo es, por tanto, ante la duda, mejor abstenerse.
  • Para freír, es recomendable utilizar aceites ricos en mono-insaturados, como el aceite de oliva o de cacahuete. Además, no conviene que se caliente en exceso, ya que con el calor se desnaturalizan. Conviene cambiarlos con frecuencia.
Del Boletín FAMIPED del mes de junio de 2011

9 de julio de 2011

Por fin juntos: alimentación


Tras muchos meses de espera, ya podéis abrazaros, ya sois una familia. Los primeros meses son de aprendizaje y conocimiento mutuo.
  1. La mejor manera de asegurarnos de que nuestro hijo come todo lo que necesita es poner alimentos sanos a su alcance. No forzarle y estar relajados mientras comemos fomentará su buena relación con la comida.
  2. Durante el primer año su principal alimento es la leche, materna o de fórmula. A partir del séptimo mes puede ir probando alimentos, dejando unos días entre novedad y novedad para ver la tolerancia. Hay que evita los sólidos con riesgo de atragantamiento (aceitunas, frutos secos…), desnatados, marisco y miel. La leche de vaca puede probarla a partir del año.
  3. Los purés no son imprescindibles; conviene que los niños prueben diferentes texturas: muchos niños prefieren un plátano aplastado antes que uno triturado.
  4. A los padres a veces nos hace gracia que los bebés empujen con la lengua la comida que les introducimos en la boca con la cuchara. Pero este reflejo (de extrusión) significa que todavía no están preparados para comer alimentos no líquidos.
  5. No hay que olvidar que un bol lleno de varios ingredientes pasados por una batidora eléctrica corresponde a una cantidad de comida más que considerable. A lo mejor, ni nosotros nos lo podríamos terminar.
  6. Hay que ir con cuidado con la sal: acostumbrar a los niños a platos muy salados puede crearles una tendencia a la hipertensión en la edad adulta. La poca que se añada que sea yodada.
  7. Respetar el apetito y los gustos culinarios de nuestros hijos es una tarea que nos hemos de imponer. Es lícito que los padres queramos que los niños coman sano y variado, pero la clave es practicar con el ejemplo desde hoy mismo. Tampoco debemos olvidar que su estómago es muy pequeño, así que no lo obliguemos nunca a terminárselo todo; comer nunca debe ser entendido como un castigo.
  8. Variar las cocciones (hervido, al vapor, a la plancha, al horno…) y las presentaciones redunda en el atractivo de la comida. Por cierto, es bueno añadir el aceite siempre al final.
  9. Tomar alimentos crudos y acostumbrarse a comer ensaladas y fruta es vital para una dieta sana. Además tiene la ventaja que puede comerse con los dedos y entre horas. Hay que ser atrevidos: tenemos muchas opciones a nuestro alcance.
  10. Ni hay que abonarse al puré con múltiples ingredientes, ni ofrecer siempre un primero y un segundo. Existen platos únicos muy completos y, por otra parte, no es necesario, ni deseable, consumir siempre carne en todas las comidas del día.
  11. Los caramelos, los refrescos, la bollería o los dulces no son terreno totalmente prohibido… Pero debe pisarse sólo de vez en cuando.
  12. El agua, es, a partir del séptimo mes, la mejor bebida que le podemos ofrecer tanto durante las comidas como entre horas; a parte de la leche.
Artículo de la revista “El mundo de tu bebé” nº 200, escrito por: Julio Basulto, Dr. Carlos González, Laura Gutman, Rosa jové e Imma Marín.
La foto es de www.storkie.com

27 de diciembre de 2010

La carga de la brigada nutricional. Por Carlos González

Éste es el epílogo del libro de Carlos González "Mi niño no me come". Libro del que recomiendo vivamente su lectura.



El sol brillaba en lo alto de un cielo sin nubes, y el aire traía aromas de hierba recién cortada cuando Edmundo Tavares decidió entrar en La Carpa Dorada, un restaurante agradable y no demasiado caro. Desde su mesa, Edmundo disfrutaba de una buena vista sobre el parque y los magnolios en flor. Buen observador de la naturaleza humana, prefirió, sin embargo, sentarse en un costado, dominando el interior del restaurante.

La clientela era tan variada como fascinante. Frente a él, un individuo obeso y sudoroso comía ruidosamente a dos carrillos, deteniéndose sólo para trasegar increíbles cantidades de vino barato. Durante unos segundos, Edmundo siguió como en un sueño los movimientos de su papada, una masa blanquecina y ondulante como dunas de finísima arena. No era, ciertamente, un espectáculo capaz de entretener a nadie durante mucho tiempo; y Edmundo pronto ignoró a su gordo compañero para fijarse en una joven muy delgada, casi espiritual, en la siguiente mesa. "Delgada, casi espiritual... vaya cursilada", se dijo. Cuántas veces había leí esta descripción en algún libro, y "espiritual" se asociaba en su mente con un matiz filosófico o religioso, acaso sobrenatural. Ahora, viendo a aquella chica pálida, perdida la mirada en sabe Dios qué extrañas reminiscencias frente a su plato de macarrones casi intacto, comprendió que "espiritual" tenía aquí un significado mucho más terreno, simplemente incorpóreo a base de no tener cuerpo, como en aquella broma de sus días escolares: "Estás más delgado que la radiografía de un suspiro".

En el centro del salón, junto a la carpa dorada que daba nombre al local, unos ejecutivos, perfectamente trajeados (aunque la mujer se distinguía por no llevar corbata), discutían acaloradamente sobre el despliegue de estadísticas y documentos que casi ocultaban los platos y los teléfonos móviles. Edmundo sonrió, pensando en los preciosos contratos manchados de tomate y grasa. Pero no, son profesionales, seguro que pueden leer un informe sobre una ensaladilla rusa sin el más mínimo accidente.

Más allá, en un discreto rincón, unos novios se miraban como tontos, con las manos entrelazadas sobre la mesa. Ahora se vuelven a entrelazar las manos sobre la mesa… ¡qué de vueltas da el mundo! ¿O es que su generación tenía pocas oportunidades para entrelazar nada en otros sitios? ¿Me estaré haciendo viejo?, pensó recordando otras mesas, otras manos.

No era fácil perderse en ensoñaciones, pues continuamente le volvían al mundo las risas y gritos de un ruidoso grupo de estudiantes, en una mesa situada a sus espaldas. Les miró de reojo, discretamente. Bromeaban, bulliciosos, despreocupados, sin respeto a las convenciones sociales ni temor al ridículo. Como siempre que contemplaba a un grupo de jóvenes, le pareció encontrar algún rostro conocido antes de desechar la ridícula idea: no, ellos también tendrán ahora 40 años.

Acababan de traerle la ensalada cuando un silencio denso y frío se extendió por el amplio comedor como las ondas en un estanque. Los temidos uniformes negros de la Policía Nutricional tomaban rápidamente posiciones. No los había visto llegar por el parque, sin duda habían entrado por la puerta de servicio. Eran media docena de agentes, bajo el mando de un teniente muy joven y atildado. Estos oficiales recién salidos de la academia, rígidamente ordenancistas y deseosos de justificar sus galones, eran siempre los peores. Sus mismos hombres estaban atemorizados. No dejarían pasar ni una.

Una agente de mediana edad se dirigió rápidamente a la mesa de los ejecutivos. No les había dado tiempo de guardar sus contratos e informes, que fueron bruscamente requisados. "En la mesa no se juega!" El más joven intentó esbozar una protesta, pero la mujer le contuvo con un gesto imperioso. Toda resistencia era inútil. Tal vez mostrando una total sumisión y comiendo sin rechistar les devolvieran los documentos después del postre

Las chanzas habían terminado en la mesa de los estudiantes. Una detención por malos comedores podría significar la deshonra de sus familias y la expulsión de la universidad. Comían muy derechos, llevándose rítmicamente a la boca el tenedor o la cuchara. ¿Estaban tal vez demasiado derechos: comían tal vez demasiado al unísono? Los brazos subían y bajaban con precisión coreográfica. El agente que les observaba tenía la vaga sospecha de que le tomaban el pelo, pero por más que se esforzaba no podía apreciar nada decididamente ilegal en su actitud, de modo que optó por darse la vuelta e ignorarlos. Varias personas en las mesas circundantes reprimían una sonrisa de aprobación: tal vez esta juventud vale más de lo que parece, después de todo.

Se oyeron gritos apenas velados provenientes de la cocina. En todos los restaurantes se apresuraban a hacer desaparecer cualquier resto de alimento por el desagüe; pero esta vez la inexperiencia de uno de los pinches había permitido a la PN descubrir un plato con media ración de canalones. Las leyes que impedían dejar comida en el plato eran implacables. El propietario se deshacía en explicaciones.

- Siempre he estado en regla, ustedes lo saben. El cliente se negó a acabárselos y se dio a la fuga, no pudimos evitarlo. Aún no hemos tenido tiempo de rellenar el impreso de denuncia, por eso precisamente hemos guardado el plato. Hay que hacerle la foto para el expediente. Pero estamos limpios, miren el cubo de los desperdicios, vac…

Con un gesto dramático, el propietario mostró el cubo, y las palabras murieron en sus labios. ¡Restos de estofado! El pinche nuevo había cometido otro error, y éste podía ser fatal. La sargento les taladraba con la mirada, exigía una explicación. Antes que los demás salieran de su parálisis, el pinche se adelantó, tembloroso:

Tuve que tirarlos, se me cayó un plato al suelo. Pero no se rompió.
¡La comida no se tira! – rugió el propietario -. Otro error y te despido.

Y luego, dirigiéndose obsequioso a la sargento.

Es nuevo, cada vez cuesta más encontrar personal bien preparado.

Pero no había dejado de observar, satisfecho, la rapidez del pinche para cubrir su propio error e inventar una excusa. En aquellos tiempos, siempre bajo la amenaza de ver el restaurante expropiado y puesto bajo el control directo de la PN, la astucia y la rapidez de reflejos eran cualidades valiosas.

Edmundo Tavares no perdía detalle de cuanto ocurría en el salón, sin dejar por ello ni un instante de prestar su atención aparentemente indivisa a la ensalada. Se felicitó por su elección: un plato ligero, pero que extrañamente siempre contaba con la aprovación de la PN. A los Nutricionales les fascinaba lo verde. Los dos tortolitos del rincón habían dejado de entrelazar sus manos de inmediato, pero no podían evitar mirarse embelesados de vez en cuando. La agente que tan severa había sido con los ejecutivos parecía inclinada a la condescendencia, pero una fría mirada de su teniente le recordó su deber. Se cuadró junto a la mesa y empezó a marcar el paso con voz chillona.

- ¡A comer y a callar! Cuchara al plato, cuchara la boca, uuuno, dooos, cuchara al plato, cuchara a la boca, uuuno, doooos.

El gordinflón sentado ante Edmundo estaba muy nervioso, y miraba a los policías con ávido disimulo. "Está intentando distinguir las insignias", comprendió de pronto. “Debe de ser algo miope”-

Los Nutricionales SS (Súper Sebo) exigían un peso superior a la media, y cuanto más alto mejor; pero estaban en pugna constante con los Nutricionales SA (Sólo Atléticos), para quienes el peso ideal estaba entre los percentiles 25 y 75. Como consecuencia de estas luchas internas del régimen, la vida de los individuos cuyo peso estaba por encima del percentil 75, o entre los percentiles 25 y 50, se había hecho muy dificil. No tanto, sin embargo, como la de los desgraciados que estaban por debajo del percentil 25; la mayoría de ellos habían conseguido exiliares antes del cierre total de las fronteras.

Esta vez se trataba de Nutricionales SS, y el obeso se tranquilizó en cuanto estuvo seguro. Es más, se atrevió a dar un paso siempre arriesgado.

- Camarero, esta pierna de cordero estaba excelente, ¿podría repetir?

El disgusto del camarero era evidente, pero no tenía elección. Con la PN SS en el local, la repetición estaba garantizada. El propietario, en persona, trajo sonriente la nueva ración. La venganza, sin embargo, era sutil: el plato estaba completamente lleno. El gordo palideció al verlo: esperaba sólo un poco más, pero aquello era excesivo. Y dejar algo que él mismo había pedido era el peor de los crímenes.

Demasiado tarde, el propietario se arrepintió de su treta. El intento de repetición, comprendió, no iba destinado a aprovecharse de la situación, sino sólo a buscar protección. Perseguidos por las SA, la única salvación de los obesos era tener buenos amigos en las SS. Súbitamente avergonzado, intentó ofrecerle una vía de escape:

- Lo lamento, señor, pero se nos ha acabado el flan con nata – musitó cordialmente-. Tendrá que pedir otro postre. Le sugiero un zumo de naranja.
- De acuerdo – respondió el obeso, y en sus ojos se leía el agradecimiento. Tal vez sí que podría acabarse la pierna de cordero. Se puso a ello.

El teniente estaba ahora junto a la pecera.

- ¿Por qué este pez no come?
- Acaba de comer – se excusó el propietario–, pero no importa.

Sacó algo seco de un paquete de comida para peces y lo echó al agua. La carpa se apresuró a devorarlo.

- Las carpas siempre tienen un rincón vacío. Por eso la elegí como enseña de mi establecimiento.

El teniente casi sonrió. “Fue una buena idea comprar la carpa”, pensó el propietario, esperando que el incidente del estofado en la basura fuese totalmente olvidado.

Pero la fría mirada del teniente se clavaba ya sobre la chica delgada. El silencio se hizo aún más ominoso. No sólo parecía estar por debajo del percentil 25 sino que el plato estaba todavía muy lleno, y comía con desesperante lentitud. Incluso a aquella distancia, Edmundo podía decir que la chica sudaba, y le parecía oír los latidos de su corazón.

Tras contemplarla durante unos segundos eternos, el teniente hizo un gesto a uno de los agentes, que se acercó decidido hacia la joven.

- Venga, coma un poco, si está bueno. Así, muuuy bien. Tiene usted que crecer, y poner un poco de carne en esos huesitos. Vamos, otra cucharadita, aaaasí., qué guapa se pone cuando come. ¿Está cansada, mi vida? Yo la ayudaré, traiga el tenedor. Mire el avión como viene brrrr brrrrrrr! El avión con macarroncitos para mi niña! Muy bien! Mire, un pajarito en la ventana, qué pajarito más lindo. Ve como abre el piquito? Muuuy bien, un poquito más. Ahora, este poquito poooooor la abuelita, y este otro poquito poooor papá... Venga, no vamos a dejar estos macarrones tan buenos. El cocinero se los ha hecho con muuuucho cariño. Así, muy bien, ya falta poco. ¿No quiere ir al cine esta tarde? Pues primero hay que acabarse la comidita para esta fueeeerte. Hay, qué rica ella, como come mi niña!

Lenta, penosamente, los macarrones fueron desapareciendo, y el agente de la PN rebañó la salsa con pan y se lo metió a la aterrorizada mujer en la boca. Y aún faltaba el bistec con patatas! Edmundo, como otros muchos clientes del restaurante, contenía la respiración. Era evidente que no conseguiría acabarse el segundo plato.

El camarero trajo la carne. Había puesto el bistec más pequeño posible, y la cantidad mínima de patatas, y dirigió a la joven una sonrisa de complicidad. Ésta apenas pudo esbozar una sonrisa de agradecimiento; la ración seguía estando muy por encima de sus posibilidades, y el camarero lo sabía. Pero no podía exponerse más; en varias ocasiones la PN había hecho pesar raciones sospechosamente pequeñas.

El agente cortó la carne en trocitos minúsculos y volvió a su inagotable cháchara. Pero cada cucharada era más penosa, y cada vez más palpable el terror de la una y la cólera del otro. Edmundo, como los otros clientes, intentaba concentrarse en su propio plato, en el rítmico ir y venir del tenedor. No ver, no oír, no pensar. Simplemente sobrevivir. Cuántas veces había soñado Edmundo con un gesto heroico, un arrebato de dignidad; levantarse y gritar: “Deje a esta señorita, déjela en paz” En vez de ello, tuvo que tragarse su propia cobardía y escuchar cómo el policía le decía a la mujer:

- ¿Ve este señor cómo come? ¡Él sí que se porta bien! ¡Vamos, tiene usted que ser grande, como este señor!

La joven, con la mirada perdida en el vacío, abría y cerraba mecánicamente la boca, mientras dos lágrimas resbalaban sobre unas mejillas que se hinchaban peligrosamente. “Hace tiempo que no traga”, pensó Edmundo. De pronto, un sonido estremecedor, mezcla de tos y náusea, la mujer dejó caer una bola de carne reseca y penosamente masticada.

- Teniente, está haciendo la bola!

El oficial se acercó decidido. Una sonora bofetada rompió el consternado silencio. Se acabó, pensó Edmundo, se acabaron los aviones y las palabras amables. No había piedad para los terroristas de la bola .Sabía lo que vendría a continuación: le harían tragarse la repugnante bola, y el resto de la carne. (...) La cebarían hasta hacerla vomitar, vomitaría encima del plato y le harían comer de nuevo su propio vómito. Edmundo cerró los ojos angustiado, inspiró lenta y profundamente, intentando no vomitar él también mientras escuchaba los gritos de terror de la joven:

- ¡No quiero más! ¡No quiero más! ¡No quiero más!

Edmundo se forzó a abrir los ojos. Oscuridad. Comprendió de pronto que todo había sido un sueño. "Que ridículo sueño", pensó, "Policía Nutricional, a quién puede ocurrírsele una cosa así?" y sin embargo, se notaba todavía sudoroso, agitado. Había parecido tan real. Sobre todo, aquel último grito.

- ¡No quiero más! ¡No quiero más!

¡Otra vez! ¡Lo estaba oyendo! El terror espeluznó su espina dorsal. Pero no, no era un sueño. Era su hija Vanesa, de dos años, que en la habitación vecina gritaba en sueños. Qué extraño, ¿es posible que hayamos tenido el mismo sueño? No, claro, debe estar despierta. Eso es, debe ser yo el que grité dormido, y ella lo repite para llamar la atención. ¡La muy...! Realmente, estos niños saben latín. Ya nos advirtió el doctor, cuando nos explicó como enseñarla a dormir, que intentaría todos los trucos para que fuéramos a su habitación por la noche. Pero no pienso ir, ya lo creo que no. Tiene que aprender a dormir sola, ya está bien de tomarle el pelo a la gente.

Por cierto, un día de estos tendríamos que consultarle al médico lo de la comida. Cada vez come menos, y encima ahora marranea. Algo habrá que hacer con esta niña.

16 de noviembre de 2010

Ser mamá de un alérgico

Nuestra amiga Eva desde Salamanca, nos cuenta su experiencia como madre de un precioso peque con alergia y además nos recomienda unas cuantas páginas web de interés sobre las alergias. Muchas gracias a Eva y a su hijo Juan por compartir con nosotras :)

"Cuando estás embarazada siempre piensas que lo único que quieres es que tu hijo venga bien. Cuando vino Juan era el bebé más maravilloso de este mundo y según ha ido creciendo lo sigue siendo pero cuando me preguntan si no tengo más yo digo que ha dado guerra por tres. Juan es bueno y dócil y su guerra la ha dado la alergia.

A los tres meses lo llevamos al dermatólogo por las ronchas que tenía en la piel y ya nos fue orientando sobre lo que podía pasar. “El niño tiene dermatitis atópica, ¿hay antecedentes de asma en su familia? Sí, mi abuela. Bueno pues el niño tiene un doble pliegue en la oreja que es una característica común junto con la DA (dermatitis atópica) de los niños con asma….”

A los cuatro meses y medio estaba ingresado con bronquiolitis y desde entonces hasta los cuatro años los episodios de broncoespasmos, etc se sucedían cada poco. Cuando los dos papás trabajan y no tienen de quién tirar todo se vuelve bastante complicado. Son niños con un absentismo escolar alto y las vacaciones de los padres son escasas…

Ya a los cuatro meses nos dijeron que la proteína que determinaba los niveles de alergia estaba alta que le retrasáramos la introducción de alimentación y así lo hicimos.

Y llegó el huevo. La primera vez que se lo dimos no pasó nada ya que para que una persona desarrolle alergia a un elemento primero debe estar en contacto con él.
La segunda vez ya fue otro cantar, se empezó a llenar de unas ronchas grandes y según íbamos de camino al hospital se iba adormilando como si perdiera la consciencia.

A pesar de que el pediatra de urgencias nos dijese que no tenía por qué ser el huevo el instinto maternal me dijo que no se lo diese más. En cuanto tuvo el cuerpo limpio de la medicación lo llevamos al alergólogo y por desgracia no me equivoqué.
Al principio tienes como sensación de vértigo, de no saber por donde tirar pero gracias a Dios hoy contamos con Internet y navegando, navegando encontramos un montón de información, asociaciones, etc.

Enseguida nos pusimos al día de qué podía comer y qué no y gracias a que ya la mayoría de fabricantes etiquetan sus productos con bastante precisión nos resultó bastante sencillo acomodarnos a las nuevas costumbres dentro de casa.

Un alérgico no es sólo lo que come, eso es lo más visible, sino lo que toca y su entorno. Tener dos estropajos, sartenes y cubiertos separados, batidoras… no olvidarte nunca de leer un envase y si es posible una vez comprado si lo vuelves a leer en casa pues mejor y concienciar a tu entorno de que haga lo posible por tener cuidado. No le puedes pedir a un familiar que tenga dos batidoras, por supuesto, pero si que si le hace un puré y le echa margarina que mire primero la composición. En casa de todos mis familiares directos hay una lista de todas las denominaciones del huevo. Lo normal es que siempre lleve comida de casa pero siempre hay que estar prevenido frente a algún imprevisto.

El colegio tiene copia de todos los informes del alergólogo y medicación por si surge un problema. Un error del comedor o una trastada del niño, todo puede pasar.

Cuando va a un cumple avisar a los padres del homenajeado de que el niño es alérgico y si va a un parque de bolas, por ejemplo, revisar el etiquetado de la merienda y frente a la duda que la lleve de casa. Esto mismo es válido para un día en el campo con el cole o cualquier otra actividad.

Aunque tenemos muy aceptada la situación se complica a medida que se van haciendo mayores. Cuando son pequeños siempre están bajo tu control y en la guardería también suelen estar bien vigilados pero cuando llega el cole se complica. Llega el recreo, que es libre y empieza a ver que otros niños comen cosas que él no conoce ¡y además tienen buena pinta! Cuando empiezas con los cumples es más de lo mismo, la chuches, la tartas… te pide que le hagas magdalenas y tu lo intentas con todo el cariño pero no te quedan igual, si has comido huevo, no le puedes dar un beso hasta que no te has lavado…y así montones de situaciones y lo que más pena te da es ver que, aunque lleva una vida normal, siempre hay algo que lo mantiene limitado.

Ahora estamos en otra fase. Sigue con su alergia al huevo, ya no tiene bronco espasmos tan severos pero lo hemos cambiado por las alergias ambientales y hemos añadido un poquito de pescado, anisakis y trigo. Eso sí, sigue siendo el niño más maravilloso del mundo y no lo cambiaría ni por todos los remedios del planeta.
Te quiero, Juan."

Páginas de interés:


http://aepnaa.superforos.com/



7 de noviembre de 2010

Cuando un gemelo es más gordo

Como padres de gemelos ya estamos acostumbrados a las comparaciones que los demás hacen sobre nuestros gemelos. Sabes de lo que estoy hablando. "¿Cuál de los dos es más bueno?" o "¿Quién es el más movido? O mi favorito: "¿cual de los dos es más listo?." A lo largo de los años he aprendido a ignorar a estos entrometidos bienintencionados que creen que simplemente están haciendo una broma. Pero hay una comparación que, como padres, no podemos ignorar: ¿qué pasa si uno de los gemelos es mucho más gordo que el otro?

La obesidad infantil es una epidemia nacional donde casi uno de cada tres niños estadounidenses tienen sobrepeso u obesidad. Esto tiene tantas implicaciones graves para la salud a largo plazo, incluidos un mayor riesgo de enfermedad cardíaca y diabetes, que la primera dama Michelle Obama ha puesto en marcha "Vamos a movernos", una iniciativa nacional para ayudar a combatir el problema.

"Con el lanzamiento de la campaña de la Primera Dama, tenemos la oportunidad de cambiar nuestro enfoque: de lo que está mal a lo que realmente necesitamos", dice la Dra. Michelle May, un médico de familia y autor de "Come lo que te gusta, ama lo que come : Cómo romper su ciclo de Comer-Arrepentirse". "Y eso es hacer frente a la relación enfermiza que la mayoría de los niños tienen con los alimentos, tengan sobrepeso o no." La Dra. May cree que los niños pequeños sintonizan naturalmente con su hambre personal y sus señales de estar llenos, pero con el cariño que en los Estados Unidos se tiene a las porciones grandes de comida y la petición de los padres para que se lo coman todo, los niños rápidamente pierden contacto con sus señales internas. Muchos cogen demasiado peso por ello. Para los padres de múltiples, sin embargo, ayudar a un gemelo con sobrepeso a conseguir rápidamente un estilo de vida saludable puede ser doblemente difícil, ¿cómo ayudar a su gemelo a bajar de peso sin que afecte a su relación con su hermano gemelo más delgado?

Para Deb Greenway de Van Nuys, California, una diferencia de siete kilos entre sus dos hijas de trece años supuso una enorme presión en su relación como gemelas. "Lizzy necesitaba adoptar mejores hábitos alimenticios y hacer más ejercicio", dice Greenway. "Pero creo que ella sentía que no podía competir con su gemela Suzanne, que era más delgada y muy deportista, por lo que se dio por vencida." Como resultado, las niñas crecieron distantes con la autoestima de Lizzy por los suelos en el proceso. Sólo recientemente, dice Greenway las chicas poco a poco han vuelto a conectar. "Mi esposo y yo hemos hecho un gran esfuerzo para que todos saliéramos juntos a la calle. Hacemos un montón de senderismo y bicicleta en familia los fines de semana". Con el aumento de ejercicio y una mejor elección de alimentos en la cena, Lizzy está perdiendo peso y se siente mejor consigo misma y con su relación con su hermana gemela. "El otro día estaba tiradas en el sofá, juntas, riéndose. Hacía tiempo que no veía una cosa así".

LA FAMILIA TIENE UN PAPEL EN LA GANANCIA DE PESO

Aunque los gemelos nacen el mismo día y se crían juntos, a menudo reciben mensajes diferentes de sus padres cuando se trata de comida. La dinámica familiar y las experiencias de la primera infancia con la comida y la imagen del propio cuerpo dan forma a nuestra futura relación con lo que está sobre la mesa. "Incluso los gemelos pueden recibir diferentes mensajes verbales y no verbales del mismo padre", dice la Dra. Marilyn Ann Migliore, de la Universidad de Michigan, Psicoterapeuta, experta en obesidad, y autora de, "Dentro del Hambre: Un viaje de doce semanas desde comer compulsivamente hasta la recuperación". "Si uno de los gemelos es visto como gordo y lo percibe por tener la comida más controlada o restringida que el otro gemelo, este gemelo pueden comenzar a sentirse resentido o sentir que se le "hace de menos", y podrá retraerse o rebelarse". Por otra parte, algunos empiezan a anhelar y a comer comida que se considera "fuera de límites." Este patrón o "guión de vida", dice Migliore, puede continuar hasta la edad adulta.

"Lo ideal sería que las familias no traten a sus gemelos de manera diferente porque todos en la familia se benefician si existe una alimentación saludable y actividad física", añade la Dra. May. "Por otra parte, comparar a los gemelos, restringir los alimentos, obligar a hacer ejercicio, o avergonzar a un gemelo con sobrepeso será contraproducente y puede dejar cicatrices emocionales duraderas".

CUANDO ELOGIAR TIENE CONSECUENCIAS INESPERADAS.

Cada gemelo es único, tanto física como emocionalmente. Como resultado, educamos a cada gemelo forma diferente dependiendo de su temperamento. Y cuando se trata de comida, a veces nos centramos demasiado en la elección de alimentos de cada gemelo o en la forma de comer. "Los padres pueden alentar o recompensar a un mal comedor. Irónicamente esto puede conducir a que se resista aún más o, eventualmente, a comer en exceso para complacer a los padres, "dice la Dra. May. "Por otra parte, un gemelo que disfruta de los alimentos y tiene un apetito mayor puede escuchar y absorber pasivamente estos mensajes de los padres y comenzar a comer más."

Es un dilema que la mamá Delia Bechert conoce de primera mano."Cuando mis hijas de siete años, Abby y Ally, tenían cinco años eran muy delgadas", recuerda. "Abby era de buen comer y se preocupaba por complacer a la gente. Ally, por el contrario, era mala comedora, más desafiante y no se preocupaba tanto por complacer a la gente. "En el momento de la cena, cuando Ally puso mala cara a lo que había en el plato, esta madre de Carmel, Indiana hizo lo que cualquier padre hace, se centró en Abby. "Queríamos elogiar a Abby por comer toda su comida", dice Bechert. Debido a que gozaba de atención positiva, Abby seguía hasta limpiar su plato en cada comida y muchas veces le pedía a su madre para limpiar el otro. Finalmente Bechert se dio cuenta de que Abby estaba cogiendo peso más deprisa de lo que consideraba apropiado y comenzó a repensar los mensajes que enviaba a su hija acerca de los alimentos. "Empezamos a enseñarle a dejar que su estómago "hablara" antes de que preguntara cuánto había tardado" dice Bechert. Recientemente la ganancia de peso de Abby se ha ralentizado. Bechert también tiene cuidado de no comparar el peso de su gemelas ni de impedir que Abby tome postre. "No le doy algo rico a Ally sin dárselo también a Abby", dice. "Sólo me aseguro de que lo coman con moderación."

HACER DE COMER SANO UN ASUNTO FAMILIAR

Las familias deben trabajar juntas para crear un estilo de vida saludable. Cuando se trata de la cena, por ejemplo, deja que tus gemelos tenga voz en la planificación del menú semanal, compras, e incluso la preparación de comidas. Mete a los niños en la cocina contigo y cocinad juntos. "Esta es una gran oportunidad para enseñarles acerca de la nutrición", dice la Dra. May. "Y están más dispuestos a probar los nuevos alimentos que se utilizan." Haz de la hora de la comida una experiencia agradable, donde los miembros de la familia se reúnan y compartan los sucesos del día, no un campo de batalla donde los alimentos se convierten en el enemigo. Por otra parte, hay que evitar normas estrictas sobre la comida tales como insistir en que se lo coman todo para poder comer postre y evitar etiquetar la comida como buena o mala, o utilizarla para premiar o incluso castigar incluso a los hijos. Esto, dicen los expertos, podría conducir a comer de forma desordenada. En su lugar, hay que predicar con el ejemplo con modos de alimentación saludable y proporcionar a sus hijos una variedad de buena comida entre la que elegir.

"Nosotros no usamos las palabras "gordo" o "pesado"en nuestra casa", dice Elena Gaither. Esta madre de dos gemelos de Stockton, California, elige sus palabras con mucho cuidado desde que supo hace aproximadamente un año que su hija Bella era considerada obesa según su índice de masa corporal (IMC). "En la revisión de los cuatro años me sorprendió saber que pesaba 45 kilos", dice Gaither. "Y resultó que tenía el colesterol alto. A los cuatro años su nivel ya era 233, superior a la mayoría de los adultos".

Gaither no quería que su hija sintiera que estaba haciendo diferencias entre hermanas por lo que las alentó a ambas a comer más sano. "He comprado toneladas de manzanas y les animo a comer por lo menos una al día", dice. "También empecé a cocinar menos carne roja y más pollo y pescado." Pero lo que realmente funcionó, dice, fue aumentar su nivel de actividad. Matriculó a Bella y a Cole en fútbol y gimnasia. "Les apunté a un gimnasio para niños con una cama elástica. Íbamos dos o tres veces a la semana y quemábamos bastante energía".

Recientemente Bella ha pegado un estirón y Gaither se ha dado cuenta de que está adelgazando. "Hace poco se ha hecho análisis y tiene la glucosa y el colesterol normalizados", dice Gaither, "pero es definitivamente algo que tenemos que tener bajo vigilancia".

EMPIEZA HOY

Hacer pequeños cambios sutiles en la dieta familiar (olvidarse de las bebidas con gas y la comida preparada es un buen comienzo), así como conseguir que todos se levanten del sofá y pasen un tiempo al aire libre será una gran diferencia.

Recuerde que debe predicar con el ejemplo, porque al final, todos los niños buscan en sus padres orientación y ayuda. "Enseñar y dar mensajes del modelo a seguir para aprender a comer para vivir", agrega el Dr. Migliore, "no vivir para comer".

Y eso es un buen consejo para todas las familias.
Publicado en Twins Magazine. Artículo de Christina Baglivi Tinglov.
Traducido por Marisol

7 de octubre de 2010

El pecho contra el biberón: la lactancia materna renace

La lactancia materna, tras varias décadas en crisis, se está retomando en la actualidad. Aparte de los beneficios que comporta sobre la salud del niño y de la madre, supone un ahorro importante tanto para las familias, en alimentación artificial, como para el sistema de salud, ya que, al prevenir enfermedades, evita gastos en servicios sanitarios y en medicamentos. La propia Alianza Mundial para la Lactancia Materna (WABA) advierte sobre la necesidad de aumentar la conciencia pública del valor económico del amamantamiento.
  
No_al_biberón http://criandomultiples.blogspot.com


Para entender qué sucede actualmente con la lactancia materna, tanto en el terreno social como en el económico, hay que remontarse a las primeras décadas del siglo XX, cuando aparecieron las primeras leches artificiales para niños. Este hecho tuvo gran trascendencia, porque consiguió disminuir la mortalidad infantil; no obstante, según afirma Jesús Martín Calama, coordinador del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, la primera alimentación artificial consistía en “modificaciones muy burdas de la leche animal”. En esta época se dio un importante descenso de los índices de lactancia materna, al tiempo que se producía el boom de los productos alimenticios artificiales, en los años 40 y 50, cuando las madres podían admirar aquellos anuncios en los que aparecían bebés hermosos y regordetes.
La lactancia artificial llegó a tener tanto éxito que el amamantamiento incluso parecía haber pasado de moda y se consideraba que la mujer moderna y trabajadora no debía perder el tiempo en ello, dice Martín Calama. El coordinador del Comité de Lactancia Materna admite que hasta los pediatras llegaron a conceder menos importancia a la lactancia materna, creyendo que la artificial era la única alternativa para las madres con dificultades para iniciar el amamantamiento o niños con patrones de crecimiento irregulares.

Este experto explica que hacia los años 60 fue cuando empezó a remontar el amamantamiento, que actualmente sigue en alza. No obstante, según Josefa Aguayo, médico adjunto de Pediatría del Hospital Universitario de Valme, en Sevilla, esos años todavía fueron duros para la mujer, cuyo rol había entrado en crisis. Aguayo explica que la incorporación de la mujer al trabajo se confundía con la pérdida de la feminidad. “Parecía que, para entrar en el mundo laboral, había que masculinizarse”, señala, y ello contribuyó al abandono de la lactancia materna.
Además, en esas décadas, todavía no existían restricciones a la promoción de los productos artificiales, y para las madres era fácil caer en la tentación de dar el biberón a sus bebés ante las campañas publicitarias que realizaban las compañías de alimentos infantiles. Ante esta situación, y con el objetivo de proteger a las madres y a sus bebés de las prácticas de comercialización, la OMS dictó en 1981 el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de Leche Materna, a partir del cual se prohibió la promoción de los sucedáneos de la leche materna, biberones y tetinas. Sin embargo, Martín Calama subraya que “los países tardaron muchos años en hacer disposiciones reales para llevar este código a la práctica”.

Un informe del Comité de Lactancia Materna del año 1999 basado en una encuesta sobre los índices de amamantamiento en España desvela una prevalencia de la lactancia materna del 77,6% al primer mes de vida y del 55% a los tres meses, mientras que sólo el 24,8% de las madres superan los tres meses dando alguna toma de pecho. Y eso que, según Martín Calama, “el 95% de las madres debería ser capaz de dar el pecho”. Por este motivo, cree que “habría que darles apoyo, porque lo único que necesitan para tener leche es un poco de ayuda técnica y confianza en sus posibilidades”.
En opinión de este experto, la culpa de que a partir de mediados del siglo pasado se desatendiera la lactancia materna fue de todos, de las administraciones, los fabricantes, los médicos y hasta de las madres. Tal y como afirma un informe de la Escuela Andaluza de Salud Pública sobre “Medicamentos y lactancia”, las iniciativas de promoción llevadas a cabo por la administración no han encontrado suficiente respaldo por parte de los profesionales, ya que, a pesar de la normativa vigente, “sigue produciéndose el obsequio de muestras de leche artificial, la administración de biberones, la separación madre/hijo con escasa justificación, la interrupción de la lactancia por administración de medicamentos que no la contraindican, o la insuficiente transmisión de los beneficios que comporta la lactancia”.
Los productos artificiales juegan un papel fundamental si hay problemas para amamantar al niño. Aguayo cree que, a pesar de que hay que proteger la lactancia materna, “la artificial es una alternativa magnífica”, siempre que no se pueda optar por la vía natural.
El aumento actual de la lactancia materna no implica un receso del mercado de alimentación infantil (ver tabla). No obstante, las ventas de leche tipo I (la que se da durante los primeros meses de vida) actualmente están disminuyendo, gracias al presente incremento de la lactancia materna, mientras que las de tipo II están aumentando, según Martín Calama, por el retraso en la introducción de la leche de vaca.

Repercusiones económicas

Tal y como señala la Alianza Mundial para la Lactancia Materna (WABA, en sus siglas en inglés), es necesario aumentar la conciencia pública del valor económico del amamantamiento. Destaca que permite un importante ahorro a las familias ante el elevado coste de las fórmulas infantiles y complementos para alimentación artificial. De hecho, el Comité de Lactancia Materna de la AEP afirma que cada familia puede ahorrar cada año en estos productos 600 euros.
Aparte del ahorro que supone para las familias, la lactancia materna se ha asociado con una reducción en la tasa de mortalidad infantil y evita muchos gastos en la utilización de servicios sanitarios y medicamentos, puesto que previene enfermedades infecciosas como la otitis o patologías respiratorias, y disminuye el riesgo de aparición de alteraciones mediadas inmunológicamente como la diabetes mellitus o la enfermedad de Crohn. “Ya no es sólo lo que vale el biberón de leche artificial señala Martín Calama, sino lo que cuesta tratar y atender a un diabético”. Asimismo, la lactancia natural promueve la salud de la mujer, puesto que reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario. El ahorro en costes hospitalarios y en medicamentos de todas estas patologías debe sumarse al originado por la disminución del absentismo laboral y aumento de productividad.
Según se dejó patente en la Semana Mundial de Lactancia Materna de la WABA del año 1998, en Estados Unidos, la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida de un niño se estima que ahorra entre 370 y 650 millones de euros en servicios de salud y asistencia gubernamental. También se constató que el tratamiento adicional de los casos atendidos por diarreas infantiles que podrían evitarse con la lactancia materna cuesta 238 millones de euros al año, por virus respiratorios 184 millones, diabetes mellitus de 8 a 20 millones y otitis media 212 millones de euros.
Otros datos ofrecidos por la WABA desvelan que se estimó que, en el Reino Unido, las enfermedades por diarrea debido a la alimentación con biberón tienen un costo de 34 millones de euros por año en atención hospitalaria. Y se calculó que, en Australia, el incremento de la lactancia materna exclusiva hasta los tres meses de un 60 a un 80% tendría efectos sobre la otitis media, diabetes mellitus, enfermedades gastrointestinales y eccema, pudiéndose ahorrar hasta 9,4 millones de euros al año.
Un estudio del año 2001, elaborado por el Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, revela que se podrían ahorrar, al menos, 3.000 millones de euros anuales si se siguieran las recomendaciones de los profesionales sanitarios, según las cuales la lactancia exclusiva debería darse en el 75% de las mujeres en su estancia hospitalaria y el 50% hasta los seis meses (cuando, en la actualidad, estos porcentajes son del 64 y el 29%, respectivamente). De esa cantidad, 2.500 millones de euros corresponden a la prevención de muertes prematuras y 500 a los ahorros asociados a la reducción de los gastos médicos tradicionales y los costes indirectos. Además, el cálculo del estudio se ciñe únicamente a tres enfermedades: otitis media, gastroenteritis y enterocolitis necrotizante.
Otro trabajo, presentado durante la Semana Mundial de Lactancia Materna de 1998, sobre los costes que suponen la lactancia artificial en la ciudad de Buenos Aires, desveló que las madres dedican unas 500 horas preparando y limpiando biberones. Según la autora del estudio, la antropóloga Patricia Aguirre, entre los costos más importantes de la decisión de no amamantar están los relacionados con el tiempo que la mujer destina a esas tareas de preparación de biberones y limpieza de utensilios. Afirma además que, si ese trabajo estuviera remunerado, representaría un sobresueldo que fluctúa entre un 25 y un 50% adicional en los ingresos de la madre.
A pesar del ahorro potencial, el fomento de la lactancia natural puede aumentar la preocupación por los riesgos derivados de la exposición indirecta de los lactantes a sustancias químicas ingeridas por la madre (terapéuticas o de otro tipo), según el informe de la Escuela Andaluza de Salud Pública. Ello provoca que el incremento de la lactancia natural produzca una considerable demanda de información a farmacéuticos y otros profesionales de la salud. Aunque este trabajo advierte de que es importante considerar los riesgos que puede representar para el niño, también afirma que, excepto determinados medicamentos, la mayoría no repercute en la salud del niño.
Existen iniciativas mundiales para la defensa de la lactancia materna y los beneficios sociales, sanitarios y económicos que comporta, como la ya mencionada Alianza Mundial para la Lactancia Materna, que se basa en la Declaración de Innocenti, surgida de una reunión internacional celebrada por la Organización Mundial de la Salud y Unicef en Florencia en el año 1990 para tratar el tema, y en la Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño, impulsada por las mismas instituciones. También existe la Iniciativa Hospital Amigo de los Niños (IHAN), que galardona a los hospitales que mejor cumplen las diez recomendaciones dadas por la OMS y Unicef en el año 1989 para la promoción de la lactancia materna.

Apoyo gubernamental

Los expertos creen que la lactancia materna debería estar más y mejor apoyada por los gobiernos. Aguayo, que opina que deberían considerarla un problema de salud pública, destaca que el II Plan Andaluz de Salud incluye una estrategia para favorecer la lactancia natural. Una de las últimas iniciativas ha venido de la mano de la Junta de Galicia y Unicef, que se han unido para desarrollar acciones formativas a profesionales y que constituirán un grupo de trabajo que velará por la promoción y apoyo de la lactancia natural.
Por otro lado, una de las metas de la WABA es ayudar a los gobiernos a tener en cuenta el valor económico de la lactancia materna e inculcarles la necesidad de establecer partidas específicas para su promoción en los presupuestos de salud nacional.
El coordinador del Comité de Lactancia Materna cree que, aparte de un control de la publicidad por parte de la Administración, es fundamental transmitir a las mujeres el mensaje de que, con un poco de ayuda durante las primeras semanas, la mayoría puede dar el pecho con facilidad. “Esperamos que no tarde mucho en volver a ser habitual la imagen de una madre lactando, aunque ahora esa madre sea ejecutiva, hable cuatro idiomas y el dinero no sea su principal motivación para optar por la lactancia materna”, señala.
Lucía Gallardo. Publicado en la revista Economía de la Salud