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2 de octubre de 2013

Diez pautas para educar


¡Carloooos! Que te he dicho que te duches, te sientes a la mesa y recojas tu cuarto… ¡YA! No entiendo por qué no me haces caso a la primera, siempre tengo que gritarte y ni por esas, me tienes hartísima. Cuando venga tu padre, se lo digo. Me desesperas. Si es que no puedo contigo, un día de estos te voy a dar un bofetón”.

Después de esta escena, algunas madres dan un portazo, incluso lloran de desesperación. No entienden que su hijo no haga lo que se le pide a la primera. La explicación que dan es que el niño es desobediente, malo, y que no hay nada que hacer por conseguir paz en casa. Terminan por juzgarse como malas madres e ineficaces en la educación de sus hijos. En la escena podemos encadenar varios errores para que Carlos no obedezca: dar voces, órdenes contradictorias, comunicarle que ha perdido la batalla (“puedes conmigo, me desesperas”) y amenazarle con hablar con su padre demostrando que su autoridad es nula.

La mayoría de padres ve la tarea de educar como algo difícil. Pero si anticipa todo lo que puede fallar, que su hijo no estudiará, se relacionará con amigos que resten, no comerá… esto le desesperará y caerá en la profecía autocumplida. Lo más importante en la educación es establecer unas reglas que no se salte ni usted. Trabaje para que se cumplan desde edad temprana. A partir de los seis meses los niños entienden muchas cosas; no se expresan, pero empiezan a diferenciar entre “esto sí se puede y esto no”. No trate de educar a un chaval de 15 años al que lleva consintiendo todo este tiempo, será tarde. Cuanto antes sepan sus hijos que hay normas, que los premios van asociados al cumplimiento de responsabilidades, que todos tienen que colaborar, antes conseguirá tener hijos educados, responsables y con autonomía.

La mejor prevención en educación es la intervención temprana. Muchos padres se quejan de que los niños no vienen con un manual bajo el brazo, pero si siguen estas reglas básicas, seguramente le allanarán el camino que supone educar.

Primero. Volumen y tono conversacionales. Conseguir que le hagan caso no es cuestión de hablar alto. El poder está más en lo que se dice, en las consecuencias que conllevará no hacerlo a la primera, en la coherencia y en ser muy disciplinado con las rutinas. Si quiere que sus hijos le respeten, empiece por respetarles a ellos. Nadie quiere obedecer a alguien que no se muestra seguro y relajado.

Segundo. No dé órdenes contradictorias. Si le dice a su hijo que se duche, que recoja su cuarto y que se siente a la mesa, sin indicarle el orden, igual lo bloquea. Dígale lo primero que tiene que hacer, y cuando haya finalizado, lo segundo. Si su hijo tiene edad para memorizar varias órdenes, enuméreselas, dígale cuál es su prioridad. No espere que él la sepa, porque tiene las suyas propias.

Tercero. Imaginación. Haga un concurso por semana para que jueguen “a hacer lo que deben”; puede ser sobre cualquier comportamiento a corregir. Los domingos lo puede anunciar: “A partir de mañana, se celebra el fantástico concurso de ‘Quién tiene la dentadura de caballo más limpia’. Las bases son estas: limpiarse los dientes tres veces al día y pasar revista. Las puntuaciones de papá y mías se sumarán, y el viernes anunciaremos ganador”. Si quiere que los niños se lo tomen en serio, haga lo mismo. Y tenga paciencia, hasta que se convierta en rutina necesita tiempo. El juego genera un ambiente relajado en el que apetece más aprender y obedecer.

Cuarto.
No quiera modificar en su hijo todo lo que le molesta de una vez. Si se pasa el día diciéndole lo que hace mal, terminará por cargarse su autoestima. Elija una conducta a modificar y céntrese en ella siguiendo las pautas de este artículo. Cuando lo consiga, siga con otra.

Quinto. Cuando corrija o muestre su enfado con ellos, no los ningunee, ni ridiculice, ni haga juicios de valor. Si lo hace, terminarán por comportarse conforme a las expectativas que se han puesto en ellos y les afectará a la autoestima. Es mejor decir: “No me gusta ver tu cuarto desordenado; por favor, guarda los juguetes en las cajas”, a decirles: “Eres un guarro, qué asco de dormitorio”. No consiga que se cumpla la profecía autocumplida. Si les transmite que no confía en ellos y que no espera nada, puede que se cumpla.

Sexto. Sea constante. Aquello muy importante, basta con que lo argumente una vez, no busque más razonamientos porque su hijo no los necesita. Simplemente busca ganar tiempo para no hacer lo que debe. Dígale: “Esto no es negociable; cuanto antes empieces, antes podrás disfrutar de lo que más te gusta”. Negocie lo que sea negociable y no siente precedente con lo que no lo es.

Séptimo. Paciencia y calma. Las personas que transmiten con paciencia son más creíbles y generan un ambiente cálido y relajado. Cuando introduce cambios en la manera de educar, al principio los niños reaccionan con incertidumbre: “¿Qué significa que mi madre/padre ahora están calmados y no me gritan?”. Deles tiempo, necesitan acostumbrarse a esta nueva forma de comunicarse.

Octavo. No se contradiga con su pareja. Los niños tienen que saber que la filosofía y la escala de valores parten de los dos. Si no, estarán chantajeando a uno y a otro, fomentando el engaño para conseguir lo que quieren. Terminará por tener muchas discusiones con su pareja por eso. No se descalifiquen, ni ridiculicen, ni contradigan delante de ellos. Todo aquello en lo que no estén de acuerdo, háblenlo en la intimidad y negocien.

Noveno. Nunca levante los castigos. Es preferible aplazarlo, pero que sea efectivo y lo cumpla, que imponer uno muy duro fruto de la ira y que luego deshará convirtiéndose en alguien a quien se puede chantajear. Dígale: “Esto merece un castigo, ya te diré qué va a pasar”.

Décimo. Mejor que el castigo, el refuerzo. Significa prestar atención a lo que hace bien, cualquier cambio, y decírselo. Si continuamente centra la atención en lo que hace mal y le corrige y se enfada, su hijo aprenderá que esta es la manera de llamar su atención. Todo lo que se refuerza, se repite. Al niño le gusta que sus padres estén orgullosos de él, pero tiene que decirle de qué se siente usted orgulloso, porque él no lo va a adivinar.

Recuerde lo más fundamental: hasta la adolescencia, no hay figuras más importantes que los padres. Si trata de educar en una dirección, pero se comporta en otra, será inútil. Los hijos copian, son esponjas. Educar con acciones tiene mucho más impacto que con palabras.

Publicado en el diario El País

30 de septiembre de 2013

Las emociones negadas


Existen 4 emociones básicas: Alegría, miedo, tristeza y rabia. Estas emociones son universales y se presentan en niños y adultos. Su función es dar salida a lo que sentimos, y deben ser expresadas.

¿Qué sentido tendría una emoción que no es expresada? Todos comprendemos que los sentimientos deben serlo…excepto si nos fijamos en lo por desgracia habitual con los niños.

Hagamos un ejercicio de memoria, con nosotros mismos o con lo que solemos ver a nuestro alrededor: ¿no es cierto que lo “normal” es ver como se le dice a un niño “no llores”, “no te enfades”, “no tengas miedo”? En cambio la expresión de la alegría se ensalza. Creamos categorias de emociones buenas deseadas y emociones malas a reprimir. Y esto no es bueno, ni en adultos y mucho menos en niños que están creando la base de su desarrollo psicológico futuro.

¿Qué le trasmitimos a un niño al que le decimos que no se enfade? que reprima su rabia, rabia que no deja de sentir, rabia que al no ser expresada le daña. ¿Y cuando le decimos que no tenga miedo? Además de transmitirle que para nosotros no es importante lo que siente, le decimos que sienta el miedo en soledad, que no está bien visto que lo exprese y lo comparta. Con un “no llores” estamos transmitiendo de nuevo que sus emociones para nosotros no son importantes, y que si está triste no debe acudir a nosotros ni expresarlo, sino sentir esa tristeza en soledad y sin ser expresada.

Las emociones son sanas. Todas y cada una de ellas. No debemos reprimirlas. Como padres debemos ACOMPAÑAR. Si expresa rabia, miedo o tristeza, podemos decirle “se que estás enfadado/asustado/triste por X, lo se, estoy contigo”. Y abrazarle si quiere. Así el niño siente que comprendemos sus emociones, que puede expresarlas, y en un futuro sentira la confianza suficiente en sus padres para hablar con ellos de lo que siente. Sabrá reconocer sus emociones y no las reprimirá. Aprenderá a reconocer las emociones ajenas y sentirá más empatía. No tendrá miedo a expresar sus sentimientos ni a dar nombre a los de los demás.

Una emoción reprimida daña. No por no expresar por ejemplo rabia, como socialmente está bien visto, la emoción desaparece. La rabia sigue ahí, y al no darle salida la emoción no cumple su función.

Cuando los niños son pequeños, además de no reprimir estas emociones, debemos ayudarles y acompañarles verbalizandolas.

¿Y que solemos ver habitualmente cuando los niños crecen? pues que además del daño causado negando y reprimiendo emociones durante su infancia, los padres después se extrañan cuando su hijo no comparte lo que siente o piensa con ellos. Normal, ya que ha recibido entrenamiento para ello desde que era muy pequeño, seamos conscientes de ello o no. Y ellos tampoco serán conscientes en la mayoría de los casos de que están reprimiendo sus emociones, su cerebro estará entrenado para hacerlo de modo automático. Se convertirán en adultos que no sabrán lo que sienten, reprimirán sus sentimientos inconscientemente, tendrán miedo a expresarse, a compartir lo que sienten.

Pensemos siempre en nuestros hijos como personas dignas de respeto y dejemos a un lado lo que nos dicta la sociedad como deseable, por un desarrollo psicológico correcto de nuestros niños. Poco a poco, cambiaremos el mundo.

Laura Perales Bermejo, psicóloga y dueña de www.renacuajos.com

26 de mayo de 2013

Bajo presión

Criando Múltiples gemelos mellizos carros gemelares crianza positiva

Carl Honoré es el escritor escocés que con su libro “Elogio de la lentitud” influyó en el nacimiento y la extensión mundial del movimiento SLOW.

Años después, y a raíz de una experiencia personal con su hijo al que diagnosticaron “superdotado artísticamente”, pero que se negó a asistir a academias especiales y optó sólo por disfrutar dibujando, el autor emprendió un viaje de dos años por toda Europa, América y Asia analizando la situación de la infancia en la actualidad.

Visitó colegios, guarderías, clubes deportivos, laboratorios y ferias de juguetes; se entrevistó con profesores, entrenadores, concejales, publicistas, policías, terapeutas, médicos y muchos expertos en desarrollo infantil, habló con cientos de padres y de niños, y seleccionó las últimas investigaciones científicas.

Y el resultado de ese trabajo se titula “Bajo presión: cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente” y es un toque de atención y una denuncia al “SECUESTRO ACTUAL DE LA INFANCIA” en un mundo consumista y perfeccionista, pero alejado diametralmente de las verdaderas necesidades de los niños.

El libro no es un manual de crianza ni de educación, sino una radiografía de la situación actual, un alegato en favor del sentido común a la hora de criar a los hijos, de la importancia de la PRESENCIA de los padres, pero ocupándose y no preocupándose por los niños, y un llamamiento a frenar la presión social y los mensajes confusos de la industria publicitaria y de los medios de comunicación que no buscan la felicidad y libertad de los pequeños, sino su adoctrinamiento.
“La pérdida de confianza en la capacidad de educar a nuestros hijos sin recurrir a los manuales. En realidad, todos conocemos a nuestros hijos mejor que nadie, pero la cultura del perfeccionismo nos insiste en que en algún sitio hay una receta perfecta para educarlos, y eso es un mito, una mentira”

“La ONU advierte de que uno de cada cinco niños sufre algún desorden psicológico, y en Gran Bretaña cada 28 minutos un adolescente trata de suicidarse”
A continuación explicamos las 11 IDEAS PRINCIPALES de Bajo Presión:

1. Exceso de perfeccionismo y de vanidad en la educación. Se busca llenar la agenda de los escolares hasta límites abusivos de clases extra-escolares, deberes y actividades con prestigio que solo cansan y “machacan” a los niños y que, en muchos casos, refuerzan el ego de los padres que proyectan en ello posibles frustraciones personales.

2. Exceso de academicismo (hemisferio izquierdo) y poco espacio para trabajar las emociones y la libertad personal de los pequeños (hemisferio derecho).

3. Crítica a los materiales pedagógicos que prometen “genios”: tema que posteriormente se ha confirmado con el reembolso masivo de dinero a los compradores de “Baby Einsten” en EEUU.
“El mito central es que si una cosa es buena para el niño, más y más pronto es mejor. El famoso efecto Mozart (unos investigadores averiguaron en los años 90 que escuchar música de Mozart mejoraba el razonamiento espacial de los universitarios) inundó las guarderías de música de piano, incluso los hospitales del estado de Georgia enviaban a todos los bebés a casa con un CD con piezas de Bach y Mozart. Resulta que ese efecto no dura más de 20 minutos y no hay prueba alguna de que afine el cerebro de los bebés”
4. Reivindicación del papel del JUEGO como prioritario para aprender a vivir: un discurso similar al que vimos con el experto Francisco Tonucci en “Se aprende más jugando que estudiando”.
“Los juguetes educativos que prometen muchos beneficios cognitivos al coste de 50 o 90 euros. Se ha demostrado que el juego básico, puro, sencillo, que hace un niño con un lápiz y un papel o una caja de cartón es mucho más fértil, sano y útil para su desarrollo cerebral. Pero hemos comprado la idea de que para que las cosas sean buenas tienen que costar más dinero, ser sofisticadas y llevar una marca. Existe una cierta arrogancia en esta generación, creemos que el mundo ha cambiado y que tenemos que cambiar la infancia”.
5. Denuncia feroz al marketing infantil que seduce y confunde a los niños a edades realmente precoces y que condiciona su comportamiento.
“El consumismo ha entrado sigilosamente en cada rincón de las vidas de los niños, algo que parecía intocable. Sólo el simple hecho de dormir en casa de una amiga se ha convertido en estos momentos en una oportunidad para empresas publicitarias como la Agencia de Inteligencia Infantil, que patrocina fiestas en las que las adolescentes prueban nuevos productos y rellenan cuestionarios. Los trabajadores de McDonald’s visitan los hospitales para entregar a los niños juguetes y globos, así como folletos para promocionar su comida. Juntando estos datos, estimamos que muchos niños ven hoy día unos 40.000 anuncios al año”
6. Elogio al modelo educativo finlandés por sus resultados positivos, por retrasar la escolarización, por no tener deberes, por la formación de sus profesores y por la colaboración entre todos los estamentos sociales.
“El sistema finlandés antepone las necesidades de los niños a los ambiciosos deseos de padres y burócratas; tiene sus puntos débiles, pero demuestra que los niños que empiezan en el colegio formal con 7 años pueden ser muy exitosos, no hace falta que empiecen en párvulos”

“Sí, pasan menos horas en el colegio que cualquier otro sistema en el mundo, tienen menos deberes, y otra forma de evaluar el aprendizaje, basada en la autoevaluación y los informes de los profesores, que son muy elaborados. Fuera del colegio no existe la industria de clases particulares, por tanto los chicos tienen mucho más tiempo para relajarse y también para procesar lo que han aprendido en el aula. Los maestros tienen una formación genial y los padres y los burócratas les tienen confianza, no tienen que estar pendientes de lo que dice el Ministerio de Educación en cada momento, tienen libertad para trabajar con sus alumnos. Está muy bien que los alumnos aprendan tecnología suficiente e idiomas para enfrentarse al mundo, pero lo más importante es crear niños y luego adultos con pasión por aprender, descubrir, seres humanos completos.
7. Crítica a la cautividad a la que se somete a la infancia-juventud que va “de casa al cole atada en el coche” y a la que no se le permiten juegos de expresividad como antaño, lo que favorece el exceso de sendentarismo y la obesidad.

Esta estricta supervisión llega al extremo de que algunos padres controlen al milímetro la vida de adolescentes y universitarios: elección de la carrera, instalaciones, trabajos, etc. El autor los llama “padres helicópteros” que planean sobre sus hijos asfixiando su capacidad de decisión, la conexión con su interior y la inmadurez.
“Cuando los adultos controlan al milímetro la infancia de los niños, éstos pierden todo lo que da satisfacción y sentido a la vida: pequeñas aventuras, disfrutar del sentimiento anárquico, viajes secretos, juegos, contratiempos, momentos de soledad e incluso de aburrimiento. Sus vidas se convierten en extrañamente sosas, sin logros personales y en cierta medida aburridas y artificiales”

“Sí, las preocupaciones sobre la seguridad de los niños han llegado al paroxismo. Otra escuela de enseñanza primaria de Attleboro, Massachussets, concluyó que el corre que te pillo suponía un riesgo para la salud y lo prohibió, le imitaron varios colegios. En muchas escuelas de Canadá y Suecia se han prohibido las peleas con bolas de nieve por cuestiones de seguridad. Profesores de todo el mundo informan de que, cuando las clases se van de excursión al campo, algunos padres les siguen en coche para asegurarse de que el pequeño está bien”
8. Burla al exceso de manuales y consejos de educación tipo Super Nanny porque hacen perder la confianza de los padres en sí mismos. Aquí habría que matizar o profundizar, porque en un mundo donde el instinto está muy atrofiado y el conocimiento social de las necesidades de los bebés/niños pequeños es escaso y equivocado, acceder a unos buenos libros/referencias de crianza puede ser útil e importante.

9. Denuncia de la MEDICACIÓN INFANTIL y la pandemia de consumo de Ritalin, la mejor metáfora de este secuestro de la infancia al que se refiere el autor en toda su obra.
“Hemos profesionalizado la paternidad, todo muy bien intencionado, pero no funciona. Para mantener el ritmo de ese exceso de actividad y exigencias sociales, los niños acaban medicados. El famoso Ritalin, un psicotrópico para frenar la hiperactividad, ha llegado a niveles epidémicos (más de seis millones de niños lo consumen en EE.UU.). Y hay un dato relevante: la depresión, la ansiedad infantil, el abuso de drogas y el suicidio son fenómenos más comunes en las clases adineradas que en las clases más humildes”

“A muchos niños se les diagnostica déficit de atención e hiperactividad por motivos equivocados: en la actualidad, antes que cambiar el entorno donde vivimos, preferimos alterar nuestros cerebros para que se adapten al entorno. Consideramos la timidez, la tristeza, la duda, la culpa o la ira como enfermedad en lugar de rasgos inherentes a la condición humana. De hecho, cada vez más padres llevan a sus hijos de uno o dos años al psicoterapeuta para que les curen las rabietas”
10. Defensa de que los padres pasen MÁS TIEMPO con sus hijos, una demanda imprescindible que se extiende entre los profesionales y los padres como vimos en este manifiesto.

11. Defensa del SENTIDO COMÚN, la flexibilidad, el amor, el respeto y la toma de conciencia de que nuestros hijos no son “trozos de barro a los que moldear” a nuestro gusto, sino personas a las que acompañar en la vida. En este sentido, nosotros aconsejamos la lectura del libro gratuito de Cristina Romero “Pintará los soles de su camino”.

En resumen, un buen tirón de orejas a una sociedad que navega con la brújula estropeada y que muestra con su “niños hiperactivos, deprimidos, obesos, violentos e insatisfechos” que ha llegado el momento de cambiar de rumbo.
“Hay que recuperar la confianza, dejar de lado el ruido, el pánico de fuera y buscar nuestro propio equilibrio. Todos los padres tienen la sensación de que están en la locura, pero todos tenemos miedo de dar el primer paso: “Si yo reduzco la presión, mi hijo fracasará”, así que es bueno conversar con otros padres y sumar. Pero mi conclusión es optimista, nos estamos dando cuenta que hemos perdido el norte y de que ha llegado el momento de agarrar el péndulo y devolverlo al centro”
Extraído de El blog alternativo

20 de abril de 2013

Un niño ve por primera vez el cielo, y estrena el cielo


Entrevista a Catherine L'Ecuyer,investigadora y divulgadora de temas relativos a la educación

Un adulto pequeñito

La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado el regalo, decía Einstein. A lo que L'Ecuyer, en su ensayo "Educar en el asombro" (Plataforma), añade: "Matar la imaginación, el asombro y la creatividad de un niño para inculcarle cuanto antes y contra su naturaleza una actitud razonable es típico de una sociedad fría, cínica y calculadora. Hacemos a los niños a nuestra medida. El niño es un adulto pequeñito". Esta abogada empezó a investigar temas relacionados con la educación cuando nació su primer hijo, y su blog tiene más de siete mil visitas al mes.

Por qué no llueve hacia arriba?!", me preguntó mi hijo.

Qué tierno.
En realidad no buscaba una respuesta, es la manera que tienen los niños de admirarse ante una realidad que es pero que podría no haber sido. El asombro es el motor de la motivación del niño. Chesterton decía...

Un sabio.
... "En cada niño todas las cosas del mundo son hechas de nuevo y el universo se pone de nuevo a prueba". Un niño ve por primera vez el cielo, y estrena el cielo. Crece maravillado por lo que le rodea. Si te fijas, de camino al cole las madres tiran de los niños, sólo las abuelas caminan junto a ellos.

Una observación de la que aprender.
Los niños se paran maravillados porque han visto algo que brilla en el suelo..., y las madres dicen: "¡Deja esa porquería!".

¿Qué hacemos?, ¿llegar tarde al cole?
Lo que sea menos chafar su asombro. El asombro es el deseo de conocimiento, es no dar el mundo por supuesto, por eso debemos educar en el asombro.

¿Y cómo se hace?
El asombro requiere libertad interior. Según Tomás de Aquino, hay dos fases en el conocimiento: la primera es el descubrimiento y la invención, y la segunda, la disciplina y el aprendizaje. Hemos invertido el orden: en las escuelas se aprende de fuera hacia dentro, no de dentro hacia fuera.

El afuera es invasivo.
Sufrimos el síndrome de la sobreestimulación debido a unos cuantos experimentos con ratas: pusieron unas ratas en una jaula oscura y otras en un laberinto con ruedas y rampas. Las segundas resolvían mejor los problemas. Así llegaron a la conclusión de que a más estímulos, más inteligencia.

Entre la carencia de estímulos y el exceso debe haber el punto medio.
Hoy los estudios relacionan la sobreestimulación con problemas de aprendizaje.

Estamos en la era de las pantallas.
Estamos creando niños saturados. Inocentes series infantiles tienen una media de 7,5 cambios abruptos de imagen por minuto. Cuando esos niños se enfrentan al ritmo de la vida real, todo les impacienta y aburre. Existen estudios que relacionan horas de televisión en la infancia con problemas de atención y trastorno del aprendizaje.

Hay que recuperar el silencio.
Las pantallas estridentes turban el único aprendizaje sostenible del niño: descubrir el mundo por sí mismo y a su ritmo. Einstein decía que la formula del éxito era el trabajo, más el juego, más el silencio. Nunca habíamos tenido tanta información y nunca habíamos aprendido tan poco.

Es una preocupación mundial.
El premio Nobel Herbert Simon decía que la información consume atención de quien la recibe. En consecuencia, una gran cantidad de información crea un empobrecimiento de la atención.

La multitarea es hoy habitual en niños.
Y ya sabemos que dividir la atención la merma. El niño sobreestimulado se convierte en un adolescente que lo ha visto y lo ha tenido todo, tiene el deseo bloqueado.

El sistema educativo tampoco ayuda.
Todos nacemos originales y morimos copias, decía Carl Jung. En lugar de sacar lo mejor de cada uno, el sistema educativo inculca. Y se amolda al supuesto "nuevo ritmo infantil" a base de pantallas. Sin embargo, los altos directivos de empresas tecnológicas de Silicon Valley mandan a sus hijos a un colegio de élite que hace bandera de no utilizar tecnología en las aulas.

¿Un nuevo esnobismo californiano?
Su argumento es que el ordenador impide el pensamiento crítico, y que ya tendrán tiempo de aprender y de gestionar esa herramienta. Hay que evitar que vean la vida como una pantalla en la que suceden cosas, procurar que descubran el sentido a través de la vida real, y respetar su ritmo.

Es lento.
Sí, desde nuestro punto de vista son como caracoles, y sin embargo ellos tienen la clave de la felicidad: vivir con intensidad y asombro cada momento presente. Eso es natural para los niños, no se lo robemos.

Será mi propósito para el 2013.
Si dejamos que vean y vivan cosas que no les corresponden, las etapas se aceleran. La edad de la infancia es la edad del juego, de la imaginación; si no la pasan de pequeños, serán adultos inmaduros.

El consumo, sus mensajes los atrapan.
El consumismo es la forma más letal y directa de matar el asombro de un niño. Cuando saturamos sus sentidos con todo lo que quiere no le dejamos desear las cosas, y así el niño empieza a dar el mundo por supuesto.

... A pensar que todo le es debido.
Sí, que las cosas, o peor, que las personas tienen que comportarse como él quiere, y sus caprichos se convierten en órdenes, y aparecen las pataletas y los enfados a consecuencia de la frustración que le provoca que la realidad no se amolde a lo que desea.

Eso da mucha pena.
Educar en el asombro es educar al niño en el agradecimiento por la vida, por la belleza y el misterio que le rodea.

Publicado en La Contra de la Vanguardia


25 de marzo de 2013

Reglas para escuchar bien


Estas reglas para escuchar bien están diseñadas para ayudarle a aprender algunas cosas nuevas sobre el escuchar y para que haga contactos más cercanos con otras personas. Si participamos de un grupo de apoyo de padres y madres, la calidad en la forma de escuchar que desarrollemos será lo que determine qué tan efectivo es el tiempo que pasemos juntos compartiendo nuestras experiencias.

En las conversaciones normales o en otras reuniones, usualmente escuchamos en forma casual, interrumpiendo cada vez que se nos ocurre algo que decir. Buscamos lo que nos interesa saber y comentamos lo que pensamos de los temas que nos interesan. Esto a menudo es aceptable y necesario en las vidas tan ocupadas que llevamos.

Sin embargo, la forma de escuchar que fomentamos aquí es diferente. La idea es escuchar para poder ayudar a la persona que habla. Rara vez los padres tienen oportunidad de examinar sus pensamientos y experiencias a su propio paso. Pasamos los días cubriéndoles las necesidades a otros. Tratamos de resolver problemas, pero pocas veces tenemos tiempo de investigar por qué nuestras soluciones sirvieron o no. Un grupo de apoyo está organizado para darle a las personas el valioso tiempo de pensar. Queremos desarrollar en ellos la confianza en su propia inteligencia.

Cuando usted escuche a una persona hablar de lo que piensa, será su trabajo protegerle de interrupción, interpretación, o juicio. Con su atención, el tendrá la oportunidad de examinar su pensamiento más de cerca. Tendrá oportunidad de revisar su experiencia sin la usual preocupación y prisa. Como escucha, trate de saber quien es él y qué piensa, haciendo a un lado la curiosidad o la comparación entre su experiencia y la de él. Usted podrá hablar en detalle sobre sus cosas cuando sea su turno de ser escuchado.

Las que siguen son algunas reglas para escuchar con efectividad a las personas.
  • Adoptar una actitud de completo respeto hacia uno mismo y hacia cada miembro del grupo.
  • Asumir que su atención, respaldada por su respeto y cariño, será de gran importancia para los otros miembros del grupo. Usted es importante.
  • Dar toda su atención a quien esté hablando. No interrumpir.
  • No dar consejos. En cambio, mostrar su confianza en la capacidad de cada persona para pensar, experimentar y resolver problemas.
  • No juzgar ni criticar lo que nos pueda confesar y compartir el hablante.
  • Abiertamente apreciar lo bueno que hay en uno y lo que hay en otros.
  • Mantener las situaciones y sentimientos que se hablen en el grupo en ESTRICTA CONFIDENCIALIDAD. No mencionar lo que alguien más dijo cuando sea su turno de hablar, al final de la reunión, ni después en conversaciones con otros.
Tomado y adaptado de “Parents Leadership Institute” de Patty Wipfler.

23 de febrero de 2013

Nuestros hijos nos quieren


Nuestro hijos nos quieren.

No quieren aprovecharse de nosotros ni tomarnos el pelo. No están “probando los límites” para encontrar un resquicio en nuestras férreas defensas. Nos obedecen casi siempre, y de hecho buscan a menudo nuestra orientación y aprobación. Nada les hace más felices que nuestras muestras de afecto, nada les duele más que nuestro enfado.

Criar hijos es fácil. Aunque sea el primero. No necesita estudios ni experiencia, porque todos tenemos experiencia. Tal vez no hayamos sido nunca padres, pero sí que hemos sido hijos. Durante muchos años.

Recuerde.

Recuerde qué hacía, qué sentía, qué cosas le alegraban y qué cosas le dolían. Intente mirar al niño que tiene con los ojos del niño que fue.

Nuestros hijos nos quieren con corazón puro, con fe inagotable, con total desinterés. Nos quieren como nosotros les queremos, sin exigencias y sin condiciones. No nos avergoncemos de quererles.

Por Carlos González
La imagen es de I'll bring the cookies you bring the milk

17 de febrero de 2013

Tener el control. Lo posible y lo imposible de ser padres y 2

crianza respeto jugar aprender ser padres

Antes de leer esta entrada te recomendamos que leas la anterior:
Tener el control 1.

LA META DE SER UN APRENDIZ

Yo creo que nosotros como padres podemos fijarnos metas razonables:
  • Disfrutar a nuestros hijos
  • Aprender algo nuevo cada día
  • Considerarnos aprendices a nosotros mismos y a nuestro hijo
Decidir ser aprendices puede quitarnos mucha presión interna y también a nuestros hijos. Los aprendices tienen permiso para cometer muchos errores, los aprendices piden ayuda, los aprendices a menudo no saben qué hacer o cómo funcionan las cosas. Lo mejor de todo es que los aprendices se ríen (o lloran) cuando su proyecto se da la vuelta y fracasa estrepitosamente ante de todo mundo. Es comprensible. Así es esto del aprendizaje.

Si estamos aprendiendo, entonces sabemos que podemos hacernos cargo de algunas cosas y resolver el resto de una manera confusa y por casualidad. Como padres, pueden sernos de enorme utilidad algunas estrategias del tipo “estoy aprendiendo, no controlando”.
  • Reconoce activamente lo que es divertido, lo que está bien, lo que funciona correctamente. Nuestras mentes se quedan tan aturulladas en las metas que tenemos a la mano que perdemos de vista quién nos gusta, quién va bien y las pequeñas cosas que vamos aprendiendo. Puede ser útil poner una pequeña lista en la nevera o en el espejo del baño, donde todo el mundo pueda ver unas pocas palabras acerca de lo que estuvo bien en ese día. Algunas familias comienzan la cena con una pequeña ronda de ¿qué es lo que estuvo bien este día? para que lo niños puedan participar, y tengan la oportunidad de contar su experiencia y de ser escuchados por toda la familia.
  • Da la bienvenida a los sentimientos de tu hijo. Los sentimientos ocupan una gran parte de la vida de los niños, y expresando estos sentimientos es como los niños se recuperan de las experiencias duras, pequeñas y grandes, que les suceden. El llanto, los berrinches y la risa, son profundamente curativos para los niños. Expresar esas emociones en toda su dimensión le quita a los niños la sensación de que sus vidas no son lo suficientemente buenas. Cuando terminan, se reconectan con su sentido de amar y ser amados. Puede ayudarles el que te acerques y los escuches a través de sus angustias, pero si no puedes hacerlo, contempla la posibilidad de no criticarlos, avergonzarlos o culparles mientras te muestran sus sentimientos de tristeza o enojo.
  • Encuentra a alguien que escuche tus propios sentimientos. Nosotros como padres y madres tenemos también muchos sentimientos y hemos sido entrenados para tragárnoslos, como si no existieran. De hecho, tragarse los sentimientos, es equiparado ¡con “mantener bajo control” nuestras vidas! El problema es que no podemos tragarnos los sentimientos para siempre. Nuestras preocupaciones, frustraciones, enojos se incrementan, requerimos cada vez de un mayor esfuerzo para tragárnoslos, y finalmente, explotan cuando la más insignificante cuestión está mal. Con frecuencia explotamos contra nuestros hijos y siempre nos arrepentimos después. Encontrar a otro padre y hablar con él por teléfono o después de que se duerman los niños, puede ayudar a aliviar la carga que crean nuestros sentimientos. Una buena risa, un buen llanto, un buen desvarío acerca de la enorme cantidad de expectativas que estamos tratando de satisfacer, puede hacer mucho para aligerar nuestros pasos y ayudarnos a recordar que somos buenos, sin importar cuántos errores hayamos cometido o cuantas respuestas no conozcamos en ese momento.
  • Reconoce aquello que no sepas cómo hacer y habla con otros acerca de ello. En la vida de cada padre probablemente suceden 50 cosas al día ¡que no entiende! ¿Por qué no accede el niño a cepillarse los dientes voluntariamente? ¿porqué se asusta de la oscuridad? ¿Porque los pre-adolescentes piensan que tú eres la persona mas aburrida que hayan conocido?. Estar abiertos a aquello que no sabemos es una excelente estrategia de aprendizaje. Nos torna en buscadores activos de información y entendimiento. Y también está bien el abrirnos a nuestros hijos cuando no sepamos qué hacer. “No sé que hacer contigo cuando te niegas a ayudar en las tareas de la casa. Estoy pensando en cómo hacerlo. ¿Podríamos hablar de esto mañana, después de que yo haya hablado con varias personas a ver si me dan unas buenas ideas?”. Ésta es una buena manera de abordar un problema con un niño.
  • Organiza la ayuda. Estamos entrenados a pensar que pedir ayuda es admitir debilidad. Sin embargo existen muchas clases de trabajo que no han sido diseñadas para que las realice una persona sola. Construir tabiques, dirigir un supermercado, cuidados intensivos durante la lactancia y criar niños son la clase de trabajos que sólo puede hacerse bien con varias personas organizadas para trabajar bajo un propósito común. Cuando damos a luz a nuestros hijos, la mayoría de nosotros no tiene idea de que organizar la ayuda era parte de la descripción de funciones del trabajo de padres. Aprendemos esto generalmente, al quedar exhaustos tratando de hacer todo nosotros mismos y sintiéndonos fatal cuando tenemos que “rebajarnos” a pedir ayuda. Pero cualquier padre con experiencia puede reconfortarte diciéndote que todos los padres necesitan un tiempo sin sus hijos, todos los padres necesitan que otros cuiden a sus hijos, todos los padres necesitan personas que piensen y con quienes puedan hablar acerca de los detalles de la vida con los niños. ¡Todos los padres necesitan ayuda!
  • Tira las expectativas por la borda. Cuando estás haciendo un esfuerzo por apreciarte a ti mismo o a alguien más. Tira las expectativas por la borda. Deja que la casa sea un desastre por un par de semanas, meses o años, o no te preocupes por servir comidas calientes, o deja que los parientes gruñan porque decidiste no ir a verlos este mes, o duerme en tu hora de comida, aunque la gente en el trabajo hable de ti. Tú has de decidir lo que es realmente necesario y lo que no y tratar de mantener las apariencias cuando se es padre es aniquilar la alegría. Tienes permiso para dejar que las cosas sean imperfectas, y aun así, estar orgulloso de ti mismo, tu familia y tus decisiones.
  • Organiza juegos que incluyan la risa. A los niños les encanta reír, y cuando estamos dispuestos a jugar con ellos para que rían (¡sin hacerles cosquillas!) se llenan de ánimos y de esperanza. Es contagioso. Los vemos menearse con deleite, viniendo hacia nosotros por diversión y mucho contacto, y no podemos evitar el estar encantados. Nuestra taza vacía de esperanza comienza a llenarse de nuevo. Tenemos mucho que aprender de los niños acerca de cómo una buena vida incluye tiempo para jugar, peleas de broma, persecuciones, atrapadas, en donde los adultos puedan “perder”, pero todos recuperen el sentido de que es bueno estar vivo.
  • Cuando estés al borde de la ofuscación, acuéstate en el suelo por un rato. Cuando estamos agotados, las cosas que hacemos generalmente no tienen mucho éxito. Nuestras tensiones y las de nuestros hijos forman un nudo que se va enredando y se aprieta cada vez más. En momentos como ése, "rendirnos” por diez o quince minutos y tirarnos en el suelo nos proporcionará un contraste suficiente con la situación anterior, para que nosotros y nuestros niños podamos volver a empezar con frescura. A veces podemos darnos permiso de llorar, lo cual ayuda a aligerar la tensión. A veces, nuestros niños vienen hacia nosotros y deciden que quieren estar cerca. Se nos sientan en la barriga, o se arrastran debajo de nuestras piernas o empiezan a brincar alrededor de nosotros para divertirse. Habiendo abandonado el esfuerzo de tenerlo todo bajo control, podemos comenzar a poner atención sobre cómo son las cosas, en vez de la manera en como quisiéramos que fueran. Sin el esfuerzo de tenerlo todo bajo control, a menudo es más factible tomar decisiones que funcionen y que nos vuelvan a gustar de nuevo los niños que tenemos.
Tomado de "Being “In Control” – The Possible and Impossible in Parenting", de Patty Wipfler

28 de abril de 2012

Llamar la atención


Cuando los niños manifiestan determinadas conductas que nos resultan chocantes o inadecuadas, los papás nos apresuramos a buscarle explicación. Comprobamos que la salud del niño es la correcta, que no atraviesa ningún momento especialmente complicado en su vida o que no hay trauma evidente. Al descartar todas las posibles causas, todos, padres, allegados y muchos profesionales, emitimos entonces nuestro veredicto: lo hace para llamar la atención.

Y con esa explicación damos el asunto por zanjado y a otra cosa mariposa.. “Este niño llora para llamar tu atención, en realidad no le pasa nada, no le hagas caso” “No le duele nada, si le atiendes ahora llorará siempre que quiera algo”.

Nos olvidamos del hecho de que ningún ser humano, ni niño ni adulto, llama la atención sobre sí mismo si no es por algún motivo.

Esto significa que cuando un niño llama la atención, de la forma que sea, no es porque no le pase nada: es porque le ocurre algo que ni él mismo sabe expresar y nos necesita para ayudarle.

Todo el que llama la atención sobre otro es porque tiene un pedido que hacerle, una demanda insatisfecha, una necesidad, un dolor.. algo que compartir, a fin de cuentas. Llamar la atención del otro es un intento desesperado por comunicarle lo que no hemos sabido comunicar por otros medios… o lo que no han sabido escuchar.

Las necesidades insatisfechas de los niños, sus sentimientos no escuchados (y por lo tanto no nombrados), sus vivencias no compartidas… pujan con fuerza por salir e ir a parar los oídos (o los brazos) de papá y mamá. Cuando un niño tiene algo que contar, lo hará de diferentes formas. Si un camino no funciona, probará el siguiente.. y así hasta que alguien se dé cuenta de lo que le ocurre, si es que tiene suerte.

Si un niño llama la atención y es ignorado sistemáticamente, o bien desplazará su pedido hacia otra conducta, o bien aprenderá que no merece la pena compartir lo que le ocurre con sus padres.

Escuchar es darle valor a lo que nuestro hijo trata de decirnos con sus llamadas de atención, tener presente que tras ellas hay siempre algo más, un sentimiento, un mensaje, algo que el niño necesita expresar.

La comunicación en la familia es una de las piezas clave de su buen funcionamiento: estar dispuestos a escuchar siempre a nuestro hijo (y hacerlo) es la única forma de que el pequeño entienda que puede confiar en nosotros, ahora y siempre.

Violeta Alcocer

http://atraviesaelespejo.blogspot.com

Foto: http://articles.mercola.com

6 de febrero de 2012

Paternidad responsable


Actualmente estamos viviendo en una sociedad muy competitiva, muchas veces se ha de pasar más tiempo del deseado en el
trabajo y esta ausencia puede perjudicar el buen crecimiento de nuestros hijos.

Antes de ser padres deberíamos saber la enorme influencia que ejerceremos sobre nuestros hijos, ya que seremos referente y modelo hasta su edad adulta.

Los futuros padres deberían hacer el esfuerzo por descubrir cómo son ellos mismos, cómo fueron educados por sus padres, cuáles fueron los errores y daños emocionales que recibieron del ambiente familiar y sociocultural, y cómo todo ello ha moldeado su personalidad. Sólo así podrán corregir actitudes y comportamientos negativos hacia el niño pudiendo actuar con mayor lucidez, amor y responsabilidad por el bien de su hijos.

Hay conductas perjudiciales que al ser habituales no nos damos cuenta de que perjudican a nuestros hijos, un ejemplo serían las peleas y discusiones delante de ellos. Los niños, sobre todo los más pequeños, no entienden el significado de las palabras pero sí la forma en como éstas se dicen. No perciben las palabras por su contenido, sino como sonidos agradables, desagradables u hostiles. Así, cuando los padres discuten delante de sus hijos, éstos sufren el ambiente turbado que los rodea y su dinámica de pensamiento es la siguiente: “soy culpable de las discusiones de mis papás porque me he portado mal y temo que me van a abandonar”. Esto les ocasiona problemas afectivos, a veces graves.

Otra conducta que perjudica la salud emocional de los niños se produce cuando los padres los dejan a menudo con abuelos o “canguros”. Esto crea en ellos sentimientos de culpa y abandono, ya que intuyen que estorban a sus padres. Los niños van reprimiendo y acumulando en su inconsciente todos estos sentimientos, dificultándose así su sano crecimiento emocional.

Cuando los hijos se hacen adultos, todo ese dolor inconsciente puede volver al campo consciente en forma de síntomas, tales como fobias, miedos, ansiedades, depresiones, problemas de autoestima, etc. A causa de esto es importante que los futuros padres sean conscientes de que tener hijos no es simplemente concebirlos, atenderlos sólo cuando disponen de tiempo libre o comprarles regalos para compensar su falta de atención, paciencia y cariño suficientes. Han de comprender, además, que su responsabilidad y compromiso con ellos les obligará muchas veces a cambiar o renunciar a ciertas actividades o estilo de vida.

Algunas de las dinámicas de comportamiento fáciles de realizar y que favorecen el buen desarrollo del niño son:

- Crear un ambiente familiar tranquilo.
- Dedicarles tiempo, afecto, cuidados y juego compartido suficientes.
- Valorarlos y respetarlos incondicionalmente.
- No discutir delante de ellos.
- No compararlos con otros hermanos o niños.
- Querer a todos los hijos de igual manera, pensando que cada uno tiene su propio carácter.
- No descalificarlos.
- Evitar que vean espectáculos violentos.
- No sobreprotegerlos.
- Cuidarlos y enseñarles sin recurrir al miedo, la amenaza o el castigo.
- No frustrar la mayor parte de sus deseos.
- No dejarlos a menudo con “canguros” y abuelos.
- Compartir decisiones.
- Hacerles responsables de sus acciones.
- No hacerles chantaje emocional.
- Ser consciente que el ritmo del niño es más lento.
- Reñirlos o castigarlos sin rabia y en el mismo momento del mal comportamiento.
- Dejar que se ensucien cuando juegan.
- No dar mensajes contradictorios.
- Evitar comentarios negativos delante del niño, como por ejemplo: este niño no para nunca.
La American Academy of Pediatrics aconseja a los padres que no deberían dejar ver la TV a los niños menores de dos años para prevenir problemas de atención.

De Georgina Bermejo, psicoterapeuta.

31 de enero de 2012

Actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos



- Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.
- Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.
- Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para él y requiere un tiempo y una práctica guiada.
- Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal. Pensemos que lo que le sale mal no es por fastidiarnos, sino porque está en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.
- Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.

- Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si el padre no da ejemplo de confianza en el hijo.
- Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.
- Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.

Fuente:http://www.mamilogopeda.com

23 de enero de 2012

Los límites: coordenadas fundamentales

Los límites (esos de los que tanto se habla y que nadie sabe muy bien qué son) no son otra cosa que el lugar común donde se encuentran mis necesidades con las del otro, el espacio a partir del cual se rompe un equilibrio saludable, el marco dentro del cual se contienen nuestras relaciones saludables con nosotros mismos, con los demás y con el medio que nos rodea.
Es decir, los límites no siempre tienen que ver con la firmeza, la autoridad o la capacidad para decir “no”: tienen que ver con la capacidad de combinar nuestras necesidades con las de nuestros hijos de forma armoniosa. Por otro lado, las expectativas son lo que esperamos de nuestros hijos y lo que esperamos de nosotros mismos como padres y como familia.
Límites y expectativas son dos conceptos estrechamente vinculados, pues nuestras expectativas son el marco de referencia de nuestros límites, los definen.

Las necesidades y las relaciones son muy particulares para cada persona y cada familia. Por ese motivo, los llamados “límites” han de ser también particulares para cada familia (dependerán de los valores de cada familia, de sus necesidades particulares, de su cultura, de su organización interna, de sus proyectos presentes y futuros y de las expectativas personales de cada padre sobre los hijos) y no podemos adoptar alegremente los de la familia de al lado (ni los del psicólogo o el pediatra de turno) porque entonces estaremos viviendo la vida de otro.

Cuando nuestros hijos desean, lo hacen a menudo desmedidamente y sin límites. El deseo es puro y la distancia entre los deseos del niño y la realidad suele ser grande (salir desnudo a la calle en pleno invierno, meterse con zapatos en la bañera, abrir todas las bolsas de patatas de una tienda, comerse un bote entero de plastilina o beber vino de la copa de papá) .

La tendencia de los padres, guiados por el afán de marcarle al niño donde está el límite, es la de negar el deseo rotundamente y en su totalidad (“no, tu no quieres eso” o “no, eso no se puede”). Con esta negación marcamos un límite, pero es tan rotundo que muchas veces desoímos algunos matices de ese deseo que sí podrían (y deberían) ser considerados.

Es importante pensar qué papel tiene el no en la vida de un niño. Personalmente soy bastante contraria a las teorías que nos proponen el “no” como panacea educativa (por lo general son teorías que nos invitan a considerar que la frustración activa, es decir negarle deseos al niño deliberadamente, es necesaria e invita al crecimiento porque eso es lo que el crío se va a encontrar en la vida).

Yo lo veo de otra manera. Creo que, en realidad, lo que el niño necesita es conocer cómo está escrito el mapa de la realidad: de su realidad concreta y de la realidad del contexto social en el que vive y se desarrolla.

Hablo de mapa porque me parece una buena metáfora. En ese mapa hay zonas que limitan con otras, hay fronteras. Hay obstáculos geológicos insalvables y otros que se pueden salvar sólo con ayuda. Hay distintos paisajes, dependiendo de la zona en la que uno se encuentre instalado y para el niño es fundamental conocer ese mapa, esas coordenadas, para poder moverse por el mundo con seguridad. El mapa de la realidad incluye, también, las relaciones entre las personas. De esta manera, el mapa de la realidad del niño, el que hemos de mostrarle y él ha de ir incorporando según crece, es el mapa de las relaciones que tiene a su ardedor y del contexto físico en el que se desarrollan estas relaciones. Eso quiere decir que el niño también necesita conocer hasta dónde puede llegar con los demás y hasta dónde pueden llegar los demás con él.
Como he dicho muchas veces, el respeto en familia tiene que ser respeto para todos: para los hijos por supuesto, pero también para los padres. Y si el equilibrio se rompe y la balanza se inclina demasiado en uno u otro sentido estaremos haciendo muy mal nuestra labor.

Mi visión del asunto es compleja y quizá sofisticada, porque pretendo que nuestro objetivo como padres no sea que nuestro hijo conozca los límites (es decir, que se sepa el mapa al dedillo pero sin moverse del sitio), sino que, a la larga, nuestro hijo sea capaz de detectar por sí mismo dónde están los límites en la vida, que sea capaz de gestionar sus relaciones con los demás averiguando en cada caso hasta dónde puede llegar, que sea capaz de parar cuando tenga demasiado de algo, que se “autolimite” cuando haga falta. Que sea autónomo, que tenga criterio. Que no haga caso de lo que le digan que tiene que hacer "porque si", sino que piense por él mismo… y acierte.

Para que este aprendizaje tenga lugar, es fundamental que ante un deseo de nuestro hijo, en vez de cerrar el tema con un “no” y a otra cosa, seamos capaces de decir “si, pero hasta aquí”.
El "no" rotundo está bien cuando lo que hay detrás es un enchufe que electrocuta o un terraplén. También cuando lo que hay detrás es un bofetón a un hermano o cualquier otra cosa que menoscabe lo que hemos considerado como respeto o como parte fundamental de nuestra convivencia o buena marcha vital. Pero no tiene tanto sentido en el resto de las ocasiones.

Porque el niño que crece con el “no” aprende a ver la vida con el vaso vacío (de deseo). Conocerá muy bien la frustración pero no sabrá detectar los matices ni en el entorno ni en las situaciones, porque todos sus avances fueron censurados antes de empezar. No conoce el mapa de la realidad de antemano y es incapaz de emprender por sí mismo la tarea de conocerlo. Tiene miedo de lo nuevo, porque aprendió que su deseo de conocer era ilícito. Simplemente va siguiendo las indicaciones. Le vendrá muy bien, en cualquier caso, haber crecido en la frustración, porque careciendo de las herramientas personales para manejarse
adecuadamente en sus relaciones personales y con el entorno, a lo largo de su vida tendrá que lidiar con muchas.

El niño que crece con el “si, pero sólo hasta aquí” aprende a ver la vida con el vaso medio lleno (de deseo), aprende que casi todo puede intentarse, que sus deseos pueden verse realizados pero que para que eso suceda debe aceptar y asumir ciertas coordenadas, ciertas reglas, normas, las que reinen en cada circunstancia de su vida. Sabrá lo que es la frustración, cómo no, pero no será a costa de la frustración total sino a costa de un aprendizaje fundamental en la vida: tener que renunciar a algo para obtener algo, tener que esforzarse, tener que esperar, demorar y hasta renunciar o modificar los objetivos para encontrar la satisfacción.

La formula para replantearnos los límites es sencilla. Antes de volver a negar algo, merecerá la pena pararnos a escuchar qué es lo que nuestro hijo quiere y, por un momento, comprenderlo, idenficarnos con ese deseo, con el niño que nosotros fuimos. Comprenderlo no significa realizarlo en su totalidad: significa darle cabida a su deseo en nuestra mente e identificarnos con la realidad del mismo (“si yo fuera un niño de dos años me apetecería muchísimo tirarme a esa piscina con el bocadillo en la mano”).
Sólo desde esta postura podremos, en algunos casos, rescatar algún aspecto de ese deseo que sí puede ser realizado y se lo podremos mostrar así a nuestro hijo.

No se trata de que nosotros seamos los jueces que dan el visto bueno o el visto malo a un deseo (si lo entendemos así, es fácil caer en conceder demasiado o en negar demasiado) : se trata de que nosotros seamos los que le vayamos mostrando a nuestro hijo la manera de ir ajustando sus deseos a las posibilidades que le ofrece la realidad. El mensaje para el niño es: desear es bueno y lícito, pero quizá tengas que modificarlo un poco para que sea realizable o renunciar a él para poder hacerlo más adelante.. pocas veces en la vida podemos hacer "exactamente" lo que queremos, pero eso no significa que no podamos hacer algunos ajustes para disfrutar igual de ella.

Violeta Alcocer Fuente: http://atraviesaelespejo.blogspot.com
Ilustración: Oscar Villán

13 de enero de 2012

Los niños y el sexo



Al llegar a cierta edad (o en algunos casos motivado por un embarazo de mamá o algo que vieron en la tele y les impresionó) los niños sienten una curiosidad natural por conocer su cuerpo y sus funciones, apropiárselo y reconocerlo. Hablamos de niños de cuatro/cinco años.
Y es que el cuerpo genera muchas dudas: las diferencias anatómicas entre él y otros niños y niñas, el cuerpo de papá y mamá, los tamaños de los genitales, su aspecto y sus funciones.... son asuntos que suscitan un gran interés en los pequeños.
Y aunque parezca que a esta edad ya saben mucho, en materia de sexo todavía tienen lagunas: " Todavía recuerdo -confiesa Juan Antonio, un papá de 34 años- que en el colegio estuvimos meses sin hablar a un compañero de clase porque un día se le ocurrió comunicarnos que las niñas no tenían pene: todos los demás pensamos unánimemente que era un mentiroso!!" .

El sexo es un tema delicado para los padres. Muchos se sienten incómodos hablando "esos" temas, mientras que otros no sáben dónde poner los límites de la información que se da al pequeño... y acaban dándo más información de la que el niño comprende.
En ocasiones el colegio asume la tarea de proporcionar a los pequeños una buena educación sexual, pero la labor que pueden hacer los padres en este terreno es realmente importante.

La educación sexual que se proporciona al niño influye en la forma en se aceptará a sí mismo el día de mañana, como hombre o como mujer heterosexual u homosexual, en la forma de aceptar y cuidar de su cuerpo, en el trato con el otro género y el propio y en la responsabilidad con la que se asumirán las relaciones sexuales y de procreación.

Ante sus preguntas, hay que comprender:

-Cuál es la inquietud del niño (la de verdad): No hay fórmulas mágicas, pero el primer paso para educar a los niños en temas de sexo es escuchar atentamente sus preguntas y adivinar sus inquietudes... y leer entre líneas, pues muchas veces no preguntan de forma directa, sino que aluden a temas "paralelos" : por qué los perritos se huelen entre ellos, por qué las mujeres llevan ropa diferente de los hombres...

-De dónde vienen sus dudas: Los niños son juguetones y curiosos, pero eso es todo. La curiosidad infantil poco o nada tiene que ver con la picardía de los adultos: no seamos malpensados. Sus dudas normalmente responden a informacion que proviene de su entorno (el embarazo de mamá, charlas con otros niños, películas que ve, comentarios que escucha..).

-Hasta dónde desea saber: ayudándole a delimitar y formular bien sus dudas. Por ejemplo: "Quieres saber por qué esa chica y ese chico van juntos de la mano y se besan... lo que quieres saber es qué significa ser novios" más adelante averiguaremos si su interés va más allá (si desea saber cuándo se puede ser novio de alguien, si puede haber novios del mismo sexo, la diferencia entre novios y matrimonio...etc).

-La etapa en la que se encuentra: tratando de escuchar al niño desde su punto de vista (su edad, sus inquietudes, sus experiencias, cómo suele reaccionar ante determinados temas..) y no desde el punto de vista del adulto.

A la hora de responder, tener en cuenta:

- Cómo abordar el tema: Enfrentarnos a sus preguntas con serenidad y afecto es un punto clave: si el niño percibe silencios y evasiones, sentirá que está planteando asuntos malos de los que no se debe hablar y crecerá con una idea distorsionada sobre hechos que son naturales.
Ah! y antes de eludir una pregunta incómoda, es preferible hablar abiertamente: "No estoy segura de que poder explicarte ahora qué es hacer el amor, de modo que te pondré un ejemplo parecido que puedas entender... y más adelante te contaré más cosas."

- Cuánta información darle (o hasta dónde llegar en nuestras explicaciones): hay que tener en cuenta la madurez del pequeño y cuánta información posee ya. Si es de los que anda un poco perdido en estos temas o todavía va un poco de "bebé" por la vida... seamos prudentes. Es mejor quedarnos cortos y que nos vuelva a preguntar que dejar al crío preocupado en temas que no alcanza a comprender.

- Qué lenguaje utilizar: el lenguaje de los propios niños es el más adecuado para explicarles cualquier cosa, pero también debemos llamar a las cosas por su nombre (pene, vagina, ano) cuando el niño pregunta. Sin embargo, para el día a día podemos adoptar un lenguaje más coloquial , por ejemplo "por dentro de la cola va un tubito por donde pasa el pis que luego sale" o "el culito de detrás lo tenemos igual todos, pero el de delante es distinto para chicos y chicas".

- Ser siempre sinceros: hablar con sinceridad significa hablar en confianza, despejando temores y resolviendo dudas... pero siempre respetando la capacidad del niño para entender nuestro mensaje (no hace falta que nos extendamos en detalles).

- Quién ha de hacerlo: los pequeños suelen elegir a quién preguntan qué, pero tanto papá como mamá pueden ser excelentes profesores y servir de guía al pequeño curioso. Ahora bien, si uno de los dos padres se siente incómodo explicando, lo mejor es que sea el otro quién aborde la situación con naturalidad.

- Los libros ayudan: si pese a todo, nos resulta sumamente incómodo hablar de sexo con el pequeño o simplemente nos toca un tema demasiado espinoso... podemos echar mano de algunos de los excelentes libros educativos que hay en el mercado.

Las 5 cuestiones estrella:

1-Diferencias anatómicas: Las diferencias entre niños y adultos. los pelos, el tamaño de las cosas, quién tiene qué... hay que darle información suficiente pero con tacto (si nos podemos ayudar de ilustraciones de libros, mejor), no olvidemos que los pequeños son impresionables y no es necesario que conozcan todos los detalles (sobre todo de la sexualidad adulta).

2- Niños y bebés: el embarazo de mamá genera todo un mar de dudas: ¿por donde entran y por dónde salen los bebés? (muchos críos creen que los niños entran por la boca de mamá) ¿puedo tener yo uno? ¿puede papá? ¿por dónde sale? ¿duele? ... cuando llegan estas preguntas, olvidemos el cuento de la cigüeña y contémosle con naturalidad que los papás ponen una semilla en la tripa de las mamás a través de la vagina y que los bebés van creciendo dentro y luego salen por el mismo sitio por donde entraron. Para el niño es mucho más bonito saber que su mamá lo ha tenido dentro de sí que pensar que fue encontrado debajo de una flor.

3-Privacidad e intimidad: la desnudez, los límites propios y los límites ajenos, son también temas que también les llaman poderosamente la atención y que desde luego nos preocupan a los padres. Algunas niñas piensan que pueden quedar embarazadas con un beso.. otros simplemente no tienen claro dónde están los límites entre lo privado y lo público y se dedican a "mostrar" a los demás sus descubrimientos. El momento del baño (o el de ponerse el pijama o vestirse por la mañana) es perfecto para explicarle al pequeño cómo es su cuerpo y qué partes son íntimas y cuáles no. El mensaje es sencillo: tus partes íntimas son delicadas, puedes jugar con ellas, pero nadie que tu no quieras puede verlas ni tocarlas.
A esta edad ya podemos proponerle al pequeño que se lave sus propios genitales después de haberles enjabonado nosotros el resto ("ahora te lavas tu solo con la esponja el culito") ... le ayudaremos a tomar conciencia de que algunas partes de su cuerpo son más intimas que otras.

4-Masturbación: Antes o después los críos descubren que tocarse les da un gran gustirrinin. No nos extrañemos si algún día les pillemos "con las manos en la masa", inspeccionándose o jugando a médicos con su compi de clase o con su hermano. La masturbación y el juego sexual entre niños es algo normal y sano ,de modo que si esto ocurre, hay que hablar con ellos serenamente, resolver sus dudas y explicarles que los órganos genitales son delicados, que si tocan a otro niño sin tener cuidado pueden incomodarle, que mejor lo hagan en la intimidad (no delante de toda la familia en el salón) y que, por supuesto, ningún adulto debe proponerles nunca jugar con ellos. Sin embargo, también hay que dejar claro que jugar con el propio sexo es algo sano y que ni enfermarán ni harán daño a nadie con ello.

5-Papá y mamá: El amor entre los padres y la relación entre ellos es el punto de referencia primordial para el pequeño curioso. Para los niños, normalmente el "estar casados", como papá y mamá, no implica tanto las relaciones eróticas como el hecho de no ocultarse algunas partes de su cuerpo, dormir juntos, darse besos y llamarse "cariño", "mi amor" o cosas por el estilo. Y en realidad, en esto los peques no se equivocan: debemos enseñarles que lo más importante del sexo es la relación de cariño, afecto y cuidado mutuo entre personas que se quieren.

Violeta Alcocer para Ser Padres Hoy (copyright)
Publicado en http://atraviesaelespejo.blogspot.com/
Ilustración: Cozy Tomato (Koji Tomoto)

9 de enero de 2012

Diez grandes ideas para la maravillosa tarea de educar a los hijos.


Estos 10 pilares necesitan un buen cimiento: un hogar donde haya alegría, respeto y comunicación. Padres que estén disponibles física y mentalmente para sus hijos; padres que al llegar a la casa dejen a un lado su cansancio y preocupaciones, que sepan mirar el interior de sus hijos, que sean capaces de sonreír y disfrutar de estar en familia.

Primer Principio:
Si quieres cosechar, siembra a tiempo.
Al nacer, nuestros hijos son como una pequeña semilla llena de futuras promesas. Podrán ser como un gran árbol frondoso, de sólidas raíces y sabrosos frutos. Pero también, pueden crecer torcidos, ser muy vulnerables a los azotes del viento y en definitiva no dar nunca los frutos que de ellos se esperaban.
Con la exitosa fórmula de cariño y exigencia, los padres debemos educarlos en la gran riqueza de las virtudes humanas desde el primer instante de sus vidas. Hay que saber que el 80% de las ideas pueden asentarse antes de los diez años; que es preferible un año antes, que un día después, pues eso ya es tarde; y que antes de los diez años es más fácil hablar con los hijos y ser escuchados, porque después de los doce, el tema se pone más difícil.

Segundo principio:
La forma de enfrentar temas como; permisos, castigos, conversaciones, estudios… es muy distinta cuando se tiene claro el proyecto de ser humano que se quiere formar.
Se premiará el esfuerzo de un hijo y no la nota; se castigará la falta de respeto con la hermana y no el haber llegado media hora tarde del colegio por un imprevisto; se conversará del futuro profesional según lo que éste lo enriquecerá como persona más que cómo le enriquecerá el bolsillo; se analizará cuánto beneficia a un hijo un panorama, más que permitirlo o no según criterios como; no salió ayer o ha subido sus notas.

Tercer principio:
El ejemplo y la unidad de criterio son claves. Educar es educarse. Exigir a los hijos es primero autoexigencia. El buen ejemplo es contagioso. La unidad de criterio entre el padre y la madre es lo que da seguridad a los hijos.
En la práctica esto significa que los padres pueden tener distintas opiniones sobre cómo ayudar a un hijo o como enfrentar un problema, pero una vez que se han puesto de acuerdo en ese “cómo”, ambos actúan unidos. No hay un cónyuge cómplice de un hijo en oposición al otro; el hijo no puede manipular a uno de los padres con la debilidad del otro.Los padres deben educar con intencionalidad educativa, que se concreta en darse el tiempo para conocer a cada hijo, para conversar marido y mujer a solas y sin prisa sobre cada uno de ellos.
Sólo así los padres evitarán reducir la acción educativa a la crianza, la nutrición y la información, omitiendo la parte más importante: hacer de ese hijo una persona plena, madura y responsable.

Cuarto Principio:
Educar a los hijos individualmente, no en grupo.Hay que dar a cada hijo diferentes tiempos, reglas y tratos, según sus necesidades, carácter, sexo, edad, ubicación dentro de la familia, etcétera.
Sólo así se buscará el bien de cada uno, ayudándole en su proceso personalísimo de mejora, de modo que luche por superar sus debilidades y reforzar sus características positivas.Sea por la comodidad de educar a todos como un todo, o por un errado concepto de justicia y trato igualitario, se caen en serias injusticias que en nada apuntan a ese ser mejor que todo padre desea y busca para cada uno de sus hijos.
Algunos consejos:
Conoce profundamente a cada uno de tus hijos. Eso requiere tiempo y reflexión.Analiza con tu pareja cómo ayudar concretamente a cada hijo. La percepción de ambos padres es diferente, por lo que una reflexión conjunta resguarda de caer en ciertos favoritismos o sobreprotecciones.
Actúa con delicadeza y prudencia para que ese trato no igualitario, pero lo más equitativo posible, no sea fuente de celos.Junto al cuidado por no marcar diferencias, a los hijos mayores de 10 años habrá que dar a veces razones, pues éstos captan rápidamente las diferencias pero no ven el por qué de éstas con la profundidad que lo ven los padres.

Quinto Principio:
La conciencia moral es lo que los hace libres. Los padres no están educando integralmente a su hijo si sólo se ocupan de su aspecto cognitivo, emocional, afectivo, sexual… La conciencia moral es la que dirige hacia el bien todas aquellas áreas.
Si se quiere educar en la libertad, hacer de la hija o el hijo una persona recta, hay que formar su conciencia desde que tiene uso de razón. Muchas veces los problemas de los hijos proceden de la falta de un guía moral.

Sexto Principio:
Los padres somos los primeros educadores (no la escuela) y también somos sus principales abogados en miras al deber de defender sus derechos. El mayor beneficiado por la unidad entre el colegio y la familia es el hijo.
Esto no significa que, en casos puntuales, los padres no deban hacer valer sus derechos como padres o defender al hijo en determinadas circunstancias.

Séptimo Principio:
Educa para el mundo real. Hay actitudes que encierran al hijo en una burbuja y lo dejan frágil y desprotegido para vivir en el mundo que le ha tocado, actitudes como estas:Padres que viven lamentándose del mundo de hoy, del negro futuro, y añorando tiempos pasados.
Padres que para que el ambiente exterior no contamine a los hijos, los sobreprotegen.
Esos hijos crecerán llenos de temores y serán incapaces de emprender pequeñas o grandes iniciativas en favor de otros. Sé optimista y muéstrale cómo con muchos pequeños esfuerzos se logran grandes cosas.¿Cómo preparar al hijo para ser parte activa de este mundo y, así, mejorarlo? Con una sólida formación intelectual que le permita pensar por sí mismo y tener criterio propio para ir contra corriente.
A los hijos se les enseña a pensar, discutir y defender ideas con temas interesantes en la mesa familiar, con panoramas atractivos, con buenas lecturas…

Octavo Principio:
El amor es inteligente cuando conoce y pone límites. El cariño de un hijo hacia sus padres no depende de la cantidad de noes o de síes que le hayan dado, sino del buen criterio con que se dieron.

Noveno Principio:
Confía siempre en ellos y en su capacidad de reacción. Cuando el hijo está en plena adolescencia, cuando parece que todo lo que se ha sembrado no sólo no da fruto, sino parece que agoniza, ¡calma! En lugar de catalogarlo como un flojo perdido, un irresponsable rematado, un egoísta sin vuelta… demuéstrale que el cariño de sus padres es a prueba de adolescentes.
Un hijo al que se le ponen etiquetas negativas llega a pensar que no tiene futuro; el que siente que ya no se confía en él, pierde toda la seguridad en sí mismo.
Exige en pocas cosas, pero en las importantes. No des peleas inútiles y haz de tu hogar un lugar seguro con el que cuente en medio del temporal. Paciencia, paciencia, paciencia. Busca y reconoce en él las cualidades que tiene. ¡Todos tienen! Incentívalas. Confía. No pierdas la esperanza. Ya verás: pronto saldrá a la luz el hombre y la mujer que hay en su interior. Habrá madurado.Se tiene fe en un hijo cuando se cree lo que todavía no se ha visto, se sabe esperar hasta que se vea, con paciencia y sin desánimos, aunque los resultados tarden.

Décimo Principio:
Pon metas altas a tus hijos. El ser humano vale por lo que es, no por lo que tiene.
Lamentablemente hoy se aspira más a tener que a ser. Hay que enseñar a los hijos que el fin de esta vida no es pasar por ella “lo mejor posible”. Los grandes valores e ideales se respiran en el hogar, se inculcan dando ejemplo.
Esto supone autoexigencia.

Autor: Josefina Lecaros S.
Texto cedido a Mi mami es logopeda por Cleverkid.es
Fuente: http://www.mamilogopeda.com
Foto: http://www.lovingyourchild.com

30 de diciembre de 2011

Cuando nuestros hijos mienten

“No sé como hacer para que mi hijo deje de mentir. Hemos trabajado duro para enseñarle buenos hábitos morales. Entre más lo castigamos más miente. Realmente estoy preocupada”

Entendiendo a tu hijo, a ti mismo y la situación. 
Hemos buscado y buscado y no hemos podido encontrar un solo adulto que nunca haya mentido cuando era niño. De hecho no podemos encontrar ningún adulto que no mienta ahora. ¿No es interesante ver cómo los padres se alteran cuando los niños no han dominado una virtud que ellos mismos no han dominado aún? No aclaramos esto con el fin justificar la mentira sino para mostrar que los niños que mienten no son niños defectuosos o inmorales. Necesitamos entender las razones por las cuales los niños mienten antes de poderlos ayudar a dejar atrás su necesidad de mentir. Generalmente los niños mienten por las mismas razones por las que los adultos se sienten atrapados, sienten miedo al castigo o al rechazo, se sienten amenazados o simplemente piensan que mentir hará las cosas más sencillas para todos. Generalmente mentir es una señal de baja autoestima. La gente piensa que necesita quedar mejor ante los demás porque piensan que no son suficientemente buenos como son.

Sugerencias
1. Deja de hacer preguntas que inviten a mentir. Estas preguntas son aquellas de las cuales tú ya sabes la respuesta. ¿Limpiaste tu habitación? En lugar de ello diga, “Veo que no limpiaste tu habitación, ¿te gustaría trabajar en un plan para limpiarla?”

2. Céntrate en las soluciones a los problemas en lugar de culpar. “¿Qué debemos hacer para tener las tareas hechas?” En lugar de “¿Hiciste tus tareas?”

3. Se honesto. Di “Eso no me parece que sea verdad”. La mayoría de nosotros no decimos la verdad cuando nos sentimos atrapados, asustados o amenazados de alguna manera. ¿Por qué no nos tomamos un tiempo fuera ahora mismo? Más tarde estaré disponible para ti si quieres compartir conmigo qué es lo que te está pasando.”

4. Respeta la privacidad de tus hijos cuando no deseen compartir contigo. 

Planeando cómo prevenir futuros problemas
1. Ayuda a los niños a saber que los errores son oportunidades para aprender, de esta manera ellos no pensarán que son malos y que necesitan encubrir sus errores.

2. Da ejemplo diciendo la verdad. Comparte con tus hijos tus experiencias de cuando fue difícil para ti decir la verdad pero decidiste que era más importante experimentar las consecuencias y mantener el respeto por ti mismo. Asegúrate de estarte comunicando honestamente con tus hijos en lugar de estarlos sermoneando.

3. Hazle saber a tus hijos que son amados incondicionalmente. Muchos niños mienten porque tienen miedo de que la verdad decepcione a sus padres.

4. Demuestra aprecio. “Gracias por decirme la verdad. Sé que fue difícil, admiro la manera como estás dispuesto a enfrentar las consecuencias, y sé que puedes manejarlas y aprender de ellas”.

5. Dejar de intentar controlar a tu hijo. Muchos niños mienten para poder descubrir quiénes son y hacer lo que ellos quieren hacer. Al mismo tiempo están tratando de complacer a sus padres haciéndoles creer que están haciendo lo que ellos supuestamente deben hacer.

Habilidades para la vida que los niños pueden aprender. Los niños pueden aprender que es seguro decir la verdad en familia. Aún cuando lo olviden, se les puede recordar con gentileza y amor. Ellos puede aprender que sus padres se preocupan por sus miedos y creencias equivocadas y los ayudarán a superarlos. Sugerencias para padres

1. Muchos niños mienten para protegerse a sí mismos de ser juzgados y criticados porque cuando los adultos dicen que son malos ellos lo creen. Por supuesto ellos quieren evitar esa clas de dolor.

2. Recuerda lo que es tu hijo ahora y no lo que tu hijo será siempre. Si tu hijo dice una mentira no exageres ese comportamiento llamando a tu hijo mentiroso.

3. Céntrate en construir cercanía y confianza en la relación en lugar de centrarte en el problema de comportamiento. Esta es generalmente la manera más rápida de detener el comportamiento que tú consideras objetable.

Fuente: http://www.criaryamar.com
Foto: http://www.additudemag.com

13 de diciembre de 2011

Siete hábitos de los buenos padres y de los padres brillantes


Extracto del libro "Padres brillantes, maestros fascinantes" de Augusto Cury. (algunas expresiones están adaptadas por mi, intentando hacer que la idea quede un poco más clara).

Los niños no necesitan padres gigantescos, sino seres humanos que hablen su lenguaje y que sean capaces de penetrar en sus corazones.

1.- LOS BUENOS PADRES DAN REGALOS, LOS PADRES BRILLANTES DAN SU PROPIO SER. Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar en sus hijos la autoestima, protección emocional, capacidad para manejar pérdidas y frustraciones, filtrar estímulos estresantes, dialogar y escuchar.

Los buenos padres, dentro de sus recursos, se encargan de satisfacer los deseos de sus hijos. Les hacen fiestas de cumpleaños, les compran zapatos, ropa, productos electrónicos, e incluso les proporcionan viajes. Los padres brillantes dan a sus hijos algo incomparablemente más valioso, algo que todo el dinero del mundo no puede comprar: su ser, su historia, sus experiencias, sus lágrimas y su tiempo.

Los padres que siempre están dando regalos a sus hijos son recordados efímeramente. Los padres que se preocupan por dar a sus hijos una historia se vuelven inolvidables. Muchos padres trabajan para darles el mundo a sus hijos, pero se olvidan de abrirles a ellos el libro de su propia vida.

2.- LOS BUENOS PADRES ALIMENTAN EL CUERPO, LOS PADRES BRILLANTES ALIMENTAN LA PERSONALIDAD. Este hábito de los padres brillantes contribuye a desenvolver reflexión, libertad controlada, valor, optimismo, superación del medio, prevención de conflictos. Los buenos padres cuidan de la alimentación física de sus hijos, los estimulan a tener una buena dieta, con alimentos sanos, tiernos y frescos. Los padres brillantes van más allá, saben que la personalidad necesita excelente nutrición psíquica, se preocupan por los alimentos que enriquecen la inteligencia y las emociones.

Una familia estructurada solía ser una garantía de que los niños desarrollarían una personalidad saludable. Hoy en día, los buenos padres están criando hijos ansiosos, enajenados, autoritarios y angustiados. Muchos hijos de médicos, de jueces y de hombres de negocios se enfrentan a graves conflictos.

¿Por qué la sociedad se ha vuelto una fábrica de estrés? No tenemos control sobre el proceso de formación de la personalidad de nuestros hijos. Los criamos y los ponemos en contacto con un sistema social controlador en etapas muy tempranas de su vida (Foucault,1998).

Cada día están en contacto con miles de estímulos seductores que se infiltran en las matrices de su memoria. Por ejemplo, los padres enseñan a sus hijos a ser comprensivos y a consumir sólo lo necesario, pero el sistema les enseña a ser individualistas y a consumir sin necesidad.

Los buenos padres enseñan a sus hijos cómo cepillarse los dientes, los padres brillantes les enseñan higiene psíquica. A diario, incontables padres les ruegan a sus hijos que practiquen la higiene bucal, ¿pero que hay de la higiene emocional? ¿Qué bien hay en prevenir las caries si las emociones de los niños se vuelven un bote de basura de pensamientos negativos,
caprichos, miedos, reacciones impulsivas y atracción social?

Usted puede no tener dinero, pero si es rico en sentido común, será un padre brillante. Si transmite sus sueños y entusiasmo a sus hijos, será una exaltación de la vida. Si es especialista en quejarse, si muestra temor a la vida y al futuro, si tiene preocupaciones excesivas con respecto a las enfermedades, estará nulificando la inteligencia y las emociones de sus hijos.

Demuestre fuerza y seguridad a sus hijos. Dígales con frecuencia: “La verdadera libertad esta dentro de ti", “¡no seas frágil ante tus preocupaciones!", “controla tu temperamento y tus ansiedades" y “¡elige ser libre!" Hay que combatir cada pensamiento negativo para que no quede registrado.

3.- LOS BUENOS PADRES CORRIGEN LOS ERRORES, LOS PADRES BRILLANTES ENSEÑAN A PENSAR. Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar la conciencia crítica, pensar antes de reaccionar, fidelidad, honestidad, capacidad de averiguar y responsabilidad social. Entre corregir errores y enseñar a pensar, existen más misterios de lo que imagina nuestra psicología. Haga que sus hijos reflexionen. No sea un experto en criticar una conducta inadecuada, sino más bien en hacer que sus hijos reflexionen. El regaño y la reprimenda, definitivamente, no funcionan, solo causan fricciones en la relación.

Cuando usted abre la boca para repetir las mismas cosas, inconscientemente estimula la aparición de determinados archivos de la memoria que contienen viejas críticas. Sus hijos sabrán lo que usted va a decir y estarán preparados para defenderse. Por lo tanto, nada de lo que usted diga hará eco en su interior y no generará un momento educacional. Este es un proceso inconsciente. No insista en repetir las mismas cosas por los mismos errores y la misma necedad. A veces insistimos en decir las mismas cosas año tras año, y los jóvenes siguen repitiendo los mismos errores. Ellos son necios y nosotros somos estúpidos. Educar no es repetir palabras, sino crear ideas y encantamiento. Los mismos errores merecen nuevas actitudes.

Sorprender a sus hijos es decir cosas que no esperan, reaccionar en forma diferente ante sus errores y superar sus expectativas. Por ejemplo, su hijo le alza la voz. ¿Qué debe hacer usted? ¡Él espera que le grite y le castigue! Pero en vez de eso, usted permanece en silencio, relajado, y dice algo que le sorprende: "No esperaba que me ofendieras de esta forma. A pesar del dolor que me has causado, te amo y te respeto mucho". Después de decir estas palabras, usted se va y deja que su hijo reflexione. De esta manera, su respuesta sacudirá los fundamentos de la agresividad de su hijo. Si desea causar un gran impacto en el universo emocional y racional de sus hijos, sea creativo y sincero. Así conquistará lo inconquistable.


4.- LOS BUENOS PADRES PREPARAN A SUS HIJOS PARA LOS APLAUSOS, LOS PADRES BRILLANTES LOS PREPARAN PARA ENFRENTAR LOS FRACASOS. Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar motivación, osadía, paciencia, determinación, capacidad de superación, creatividad y aprovechar oportunidades. Los buenos padres educan la inteligencia lógica de los hijos, los padres brillantes educan sus sensibilidades.

Estimule a sus hijos a tener metas, a tener éxito en la escuela, en el trabajo y en sus relaciones sociales, pero no se detenga ahí. Ayúdelos a no tener miedo de sus fracasos. No hay podio sin derrota. Mucha gente no llega al podio no porque no sea capaz, sino porque no ha aprendido a superar sus fracasos a lo largo del camino. Mucha gente no puede brillar en el trabajo porque se rinde al primer obstáculo. Algunas personas no tienen éxito porque no han tenido la paciencia de aceptar un "no", porque no tienen la osadía de enfrentar algunas criticas ni la humildad para reconocer sus errores. La perseverancia es tan importante como la habilidad intelectual.

Los padres que no tienen el coraje de reconocer sus errores nunca enseñarán a sus hijos a enfrentarse a sus propios errores y a crecer con ellos. Los padres que admiten que siempre tienen la razón nunca enseñarán a sus hijos a trascender sus propios fracasos. Los padres que nunca se disculpan jamás enseñarán a sus hijos a lidiar con la arrogancia. Los padres que no revelan sus miedos siempre tendrán dificultad para enseñar a sus hijos a encontrar, a través de la pérdida, la oportunidad de ser más fuertes y experimentados.

5.- LOS BUENOS PADRES HABLAN, LOS PADRES BRILLANTES DIALOGAN COMO AMIGOS. Este hábito de los padres brillantes contribuye a desenvolver solidaridad, compañerismo, placer de vivir, inteligencia interpersonal. Entre conversar y dialogar hay una gran diferencia. Hablar es expresar el mundo que nos rodea; dialogar se refiere a expresar el mundo que somos. Dialogar es contar experiencias, es compartir secretos de lo que está oculto en el corazón, es penetrar mas allá de las cortinas de la conducta y es desarrollar la inteligencia interpersonal (Gardner, 1995).

Deberíamos adquirir el hábito de reunirnos al menos una vez a la semana con nuestros hijos para dialogar con ellos. Deberíamos darles libertad para que puedan hablar de si mismos, de sus aflicciones y de sus dificultades de relación con sus hermanos y con nosotros, sus padres. No puede imaginarse lo beneficiosas que estas reuniones pueden llegar a ser. Si los padres nunca les han contado a sus hijos sus sueños más importantes, ni han escuchado acerca de sus grandes alegrías y desilusiones, formarán un grupo de extraños y no una familia. No hay una formula mágica para construir una relación saludable. El diálogo es irremplazable.

6.- LOS BUENOS PADRES DAN INFORMACIÓN, LOS PADRES BRILLANTES CUENTAN HISTORIAS. Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar creatividad, inventiva, perspicacia, raciocinio esquemático, capacidad para encontrar soluciones en situaciones difíciles. Los buenos padres son una enciclopedia de información. Los padres brillantes son agradables contadores de historias, son creativos, perspicaces, capaces de extraer de las cosas más simples bellísimas lecciones de vida. Apenas tenga el hábito de dialogar, cuente historias, cautiven a sus hijos por su inteligencia y afectividad y no por autoridad, dinero o poder.

Conviértanse en personas agradables e influencien en el ambiente donde los hijos están. La imagen que los amigos de sus hijos tengan de ustedes, es el termómetro que indica si son agradables, indiferentes o insoportables. Si ellos se complacen en acercárseles, ustedes aprobarán el examen, si los evitan fueron reprobados y tendrán que revisar sus actitudes. Los padres que son contadores de historias, no tienen vergüenza de usar sus errores y dificultades para ayudar a sus hijos a meterse dentro de sí mismos y encontrar sus caminos.

7.- LOS BUENOS PADRES DAN OPORTUNIDADES A SUS HIJOS, LOS PADRES BRILLANTES NUNCA SE RINDEN. Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar aprecio por la vida, esperanza, perseverancia, motivación, determinación y capacidad de debatir, de superar obstáculos y de vencer fracasos. Los buenos padres son tolerantes con algunos errores de sus hijos. Los padres brillantes jamás desisten de ellos, aunque los decepcionen, cometan errores, no les agradezcan y pasen por los senderos de los trastornos emocionales.

El mundo puede no creer en nuestros hijos, puede suponer que no lograrán nada en la vida, pero si somos padres brillantes podremos creer en ellos, procurar distinguir lo que ninguno ve. Los padres brillantes son sembradores de ideas y no controladores de sus hijos. Siembran en el solar de sus inteligencias y esperan que un día germinen sus semillas. Durante la espera puede haber desolación, pero si las semillas son buenas, un día germinarán.

Fuente: http://www.mamilogopeda.com
Foto: http://elpartidodelavida.blogspot.com