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12 de noviembre de 2012

¿Qué temen los niños?

Niño con miedo http://criandomultiples.blogspot.com.es gemelos mellizos

Los miedos pueden típicamente agruparse en tres categorías principales:
  • miedos medioambientales: animales, truenos, oscuridad.
  • imaginarios: monstruos, fantasmas, pero también el miedo a ser tragado por el desagüe o a que sus padres desaparezcan.
  • sociales: separación de la madre (real), el colegio, conocer a un nuevo grupo de personas.

La aparición de los diferentes tipos de miedo a las distintas edades, suele seguir un orden cronológico: los bebés pequeños tienen miedo a situaciones reales (ruidos, perdida de soporte) y a la separación de la madre (que en el caso de niños pequeños no se podría considerar un miedo social, sino ambiental, ya que la madre es su mundo).

Los niños a los 2 años ya tienen cierta capacidad de realizar operaciones simbólicas, y pro tanto pueden imaginarse consecuencias de algunas acciones: por ejemplo: si al destapar el desagüe de la ducha, el agua se va por allí, yo también podría irme. Además su imaginación empieza a funcionar de forma acelerada, por lo que aparecen muchos miedos a esta edad. a veces, tienen sensación de miedo, pero no saben a que, y es la sociedad y su entorno (televisión, hermanos…) la que se encarga de hablarles de “monstruos”, “cocos” y demás seres imaginarios. y ellos ponen a su miedo esta etiqueta.

Los miedos imaginarios persisten durante los primeros años escolares, y a ellos se añaden los miedos sociales. Estos últimos pueden persistir hasta la edad adulta. Pocos adultos tienen miedo a la oscuridad, pero muchos temen hablar en público.

Muchas veces los miedos de los niños proceden de experiencias que no pueden entender y que les asustan. Algunas de las situaciones que pueden hacer aparecer miedo en un niños son:
  • Las reacciones de otras personas ante cosas o eventos. Por ejemplo el miedo intenso de otro niño ante una araña, o el pánico e una adulto ante una serpiente, pueden despertar en un niño miedo a estas mismas cosas.
  • La contemplación de eventos traumáticos: ser testigo de un accidente de trafico o ver un gato atropellado por un coche. Escenas como estas pueden dejar en el niño recuerdos duraderos y muy vividos.
  • La escasa autoestima o falta de auto confianza.
  • Tensiones familiares duraderas u hostilidad en el seno de la familia: hacen que el miedo y la incertidumbre pasen a formar parte de la vida del niño.
  • Separaciones prolongadas de los padres (hospitalización, muerte, divorcio).
  • Educación inconsistente: una aproximación diferente por parte de los padres a la educación produce en el niño confusión y puede ser la raíz de algunos miedos, como el miedo a ser rechazado.
  • Educar en el miedo: la educación debe ser vista como una guía que permite aprender de los fallos sin avergonzarse de ellos, sin ser ridiculizado ni castigado o dañado por ellos. Los padres deben hacer sugerencias positivas y explicar cuales son sus expectativas, antes que decir simplemente NO. cuando un niño es habitualmente ridiculizado o castigado por sus fallos, puede llegar a tener miedo de la reacción de sus padres a sus acciones. Un niño necesita que se le digan las cosas con frecuencia y necesita que se le de siempre otra oportunidad.
  • Sobreprotección: es necesario tomar precauciones e instruir a los niños acerca de situaciones reales de peligro y concernientes a su seguridad. Un niño de 5 años, no debería ser escoltado a casa de su vecino en general (salvo que haya sucedido algún acontecimiento reciente). Los niños a los que se protege con demasiadas precauciones pueden sentirse ansiosos y miedosos a su entorno. Pueden pasar un mal rato intentando desarrollar sentido de independencia y auto confianza. Por ejemplo: un niño de 7 años demasiado coaccionado, puede tener miedo de montar en bicicleta en el vecindario y más adelante sentirse ansioso ante cualquier comportamiento que conlleve cierto riesgo. También es posible que un preescolar al que se advierte mucho sobre no separarse de sus padres en el centro comercial, sin explicarle las razones para ello, luego puede tener miedo a ir a la guardería o a ir solo en autobús.
  • Un entorno familiar miedoso puede generar un niño miedoso. Así hay familias en las que se dedica demasiada atención al miedo de los padres al mar, a los accidentes, a los ladrones, a juegos infantiles con cierto riesgo…y en estas familias es mas probable que se generen niños asustadizos.
  • En momentos de estrés del propio niño (nacimiento de un hermano, una mudanza, divorcio de los padres), o algún accidente personal (caer al agua, quemarse o ser perseguido por un perro)
  • El proceso de quitar el pañal: hay niños que pueden desarrollar miedos durante este proceso. Los niños no entienden el mecanismo de la cisterna, el ruido les puede asustar, el pequeño espacio. Un niño que tiene una experiencia de deslizarse dentro del vater y tocar el agua con el trasero, puede asustarse y volver a las primeras etapas del proceso o incluso necesitar una interrupción del proceso. Algunos niños pueden tener miedo a la hora de ver desaparecer la caca por el desagüe, como si para ellos fuera una parte mas de su cuerpo (como un brazo o una pierna).
  • Una pesadilla: ¿nunca se ha despertado de una pesadilla pensando que lo sucedido era real? durante esos primeros momentos de confusión es difícil separar realidad de sueño. Los adultos, en virtud de nuestra experiencia pasada podemos reubicarnos enseguida y darnos cuenta de que solo ha sido un sueño. Pero los niños pequeños carecen de esta experiencia y confunden el sueño con la realidad. Esto puede ser fuente de algunos miedos que nos parecen “irracionales”.
Por tanto pueden ser causados por agentes externos (una película, una historia, una conversación entre adultos hablando de ladrones por ejemplo) o por situaciones que el niño vive en su vida diaria (un compañero que le arremete o le insulta en el colegio, miedo a los exámenes, ambiente familiar demasiado tenso).

22 de abril de 2012

Aventuras y desventuras del control de esfínteres


Control de esfínteres http://criandomultiples.blogspot.com carros gemelares mellizos gemelos

A menudo el control de esfínteres se convierte en una etapa de difícil manejo para los padres. La negativa del niño a hacer deposiciones en varios días, la queja de que le duele al orinar o el “mojarse” la ropa porque espera hasta el último momento, son algunas de las quejas y preocupaciones que llegan a las consultas de pediatras y psicólogos. En ocasiones pueden desencadenar un rosario de pruebas médicas en busca de infecciones o el ensayo de diversas soluciones, enemas, adiestramientos penosos como la exigencia de que haga deposiciones en horas y tiempos marcados, con la idea de “educar” al niño en la limpieza, lo que se traduce en horas sentado en el orinal, regañinas, etc. En realidad esto no hace más que aumentar la preocupación de los padres e iniciar una batalla con el niño, que si es sano, se resistirá con todas sus fuerzas a hacer lo que se le exige.

UNA ETAPA NORMAL

Ante todo hay que considerar que todos estos incidentes corresponden a una etapa normal en el crecimiento del niño. Entre los 2 y 3 años se inicia el control de esfínteres, primero el esfínter anal y a continuación el vesical. Cualquier niño sano consigue el control espontáneo del esfínter cuando está maduro neurológicamente, pero el control no es instantáneo ni está exento de avances y retrocesos, de incidentes y accidentes, como cualquier otro aprendizaje, andar, dormir, leer, etc. Sabemos que todo aprendizaje en los niños se produce normalmente por ensayo y error, en el caso del control de esfínteres ejercitando el control-expulsión de la orina ó materia fecal y comprobando el efecto que eso causa en el entorno. Es decir la reacción de los padres ante estos “ensayos”. Normalmente esta reacción es la que complica enormemente el proceso. La preocupación de los padres, los enfados, las exigencias, incluso a veces los castigos y las consultas médicas, no hacen más que complicar y aumentar el problema.

En esta etapa se produce un aumento significativo de la sensibilidad y de la capacidad motora del niño, tanto fina como gruesa, siente con mayor precisión los movimientos intestinales que preceden las deposiciones, o el llenado de la vejiga. La percepción de estos movimientos puede producir satisfacción y en ocasiones inquietud porque son sensaciones nuevas, tanto a nivel motriz como a nivel psíquico. Intentará prolongarlos probando el control del cuerpo y al tiempo del entorno, al percibir claramente las reacciones de los padres ante los resultados de tales ensayos. Muchas veces no saben expresar verbalmente lo que sienten de forma apropiada, originando equívocos; es frecuente que los más pequeños usen expresiones como “me duele” o “pupa”, tocándose el abdomen o los genitales y haciendo gestos que confunden a los padres y a no pocos pediatras, cuando lo que están notando son los movimientos intestinales o la vejiga de la orina llena, sin saber cómo expresar esas nuevas sensaciones. Durante un periodo se dan a la vez una mayor capacidad motora con una inmadurez para anticipar en el tiempo cuando pueden aguantar: es un hecho comprobado por todos los padres, la necesidad inmediata del niño de orinar o defecar, cuando se le ha preguntado cinco minutos antes de salir de casa si tiene ganas de ir al baño y ha dicho que no. Frecuentemente esto produce gran irritación en los padres que lo viven como un capricho o desobediencia del niño, cuando en realidad solo significa que no ha consolidado todavía el control y no puede anticipar el momento temporal de sus límites. Cualquier emoción fuerte puede desencadenar también la misma necesidad inmediata.

No hay que olvidar que en esta etapa se produce simultáneamente un avance en la autonomía y un aumento de la actividad y la curiosidad en el niño. Quiere ser “mayor” y hacerlo todo solo, necesita afirmar su identidad frente a las peticiones y órdenes de los padres, aparecen las rabietas, la obstinación y el negativismo. Dice “no” a todo aunque generalmente a continuación hace lo que se le pide. El control de esfínteres se envuelve también en esta actitud de afirmación y negativismo general. El niño necesita que los padres impongan límites y normas firmes y adecuadas a su edad para que aprenda las primeras nociones de lo que se puede o no hacer y para protegerle de sus propios impulsos. En esta tarea ayudará precisamente la curiosidad del niño por las cosas nuevas y las fuerzas del desarrollo que le empujan al crecimiento, a “ser mayor” y hacer como los “mayores”. Sentirse protegido y querido le llevara a querer satisfacer a los padres para no perder su amor.

ALGUNAS SUGERENCIAS

Ante todo y en primer lugar hay que pensar que todo lo que sucede en esta etapa en relación al control de esfínteres es completamente normal y transitorio. Es por tanto excepcional que existan problemas médicos o psicológicos detrás; cada niño tiene su ritmo, su tiempo y su “carácter”.

No sirve para nada y con frecuencia es contraproducente iniciar un control antes de que el niño esté maduro física y psíquicamente. Es decir, forzar el control porque llega el verano, hace calor y parece adecuado ir sin pañal o porque inicie la escuela infantil y sea una necesidad, es tan inadecuado como pensar que tiene que andar solo cuando lo consideremos oportuno. Todos los niños inician por sí mismos el control de esfínteres, y es un aprendizaje como otro cualquiera

No hay que angustiarse ante las quejas, protestas o fallos del niño en la consolidación del control. Hay que pensar que lo va a conseguir y hacérselo saber sin mayores preocupaciones.

Es importante no entrar en las provocaciones que a menudo inicia el niño con sus negativas, se consiguen mejores resultados si no se les da importancia o se ignoran. Los padres tienen que tener la seguridad interna de que la autoridad es de ellos y no del niño.

Los padres que entienden este proceso evitarán convertir un período normal en problemático, con consultas al pediatra e incluso visitas a urgencias, en donde a veces se toman medidas excepcionales como poner enemas, que pueden producir el efecto contrario al que se busca: mayor oposición y mayor retención.

El aumento de la capacidad motriz y de la curiosidad va a impulsar al niño a nuevos aprendizajes y juegos, apoyarle y compartir con él todas estas capacidades le ayudarán a renunciar a "ensuciarse" en cualquier momento a cambio de una satisfacción mayor “ser un niño grande”.

Consuelo Escudero. Psicóloga clínica. Carmen Martínez González. Pediatra de Atención Primaria.
Publicado en el Boletín FAMIPED

18 de mayo de 2011

Retirar el pañal o controlar esfínteres: el huevo o la gallina


El control de esfínteres y la retirada del pañal son conceptos distintos y, sin embargo, en ocasiones, los confundimos. Un niño al que se le retira el pañal sin estar preparado para ello seguirá sin tener el control de esta función aunque nos empeñemos en lo contrario. E incluso puede ser perjudicial. Hay muchos niños a los que, si fuésemos sinceros con nosotros mismos, deberíamos volver a poner el pañal una vez retirado, pues se ve claramente que lo hemos hecho demasiado pronto. Lo que ocurre es que nos parece un retroceso, asumimos como un fracaso educativo el que nuestros hijos continúen con pañal. Y así, nos empecinamos en seguir adelante, aplaudiendo la mínima señal de continencia.

Sin embargo, aunque ya no moje la ropa y el suelo a todas horas, habrá que tener en cuenta otros aspectos. Si un niño se hace pis cuando se ríe, cuando se pone nervioso, cuando se olvida de ir al lavabo, cuando está demasiado concentrado en una actividad quiere decir que no tiene el tema controlado. A los adultos no nos pasa ninguna de esas cosas... simple y sencillamente porque sí controlamos. Así que no confundamos el hecho de que nuestro hijo (y nosotros) pueda andar con cierta dignidad por la calle, sin mancharse ni manchar, con que el control de esfínteres sea una realidad.

Ahora bien... ¿por qué no esperamos a retirar el pañal cuando realmente el niño esté preparado? Al margen de las valoraciones en función de un pretendido éxito o fracaso educativo, que ya hemos apuntado, hay otras posibles explicaciones, y vamos a hablar de ellas.

En primer lugar, existe un consenso casi unánime en que para que los niños controlen esfínteres, hay que enseñarles, y eso se consigue a través de la retirada del pañal. Sin embargo, lo ideal sería hacerlo exactamente al revés: esperar a quitar el pañal cuando el niño esté preparado para ello, es decir, cuando pueda controlar esfínteres por sí mismo. Esta idea, en general, produce cierto temor. Se suele creer que si uno no le retira el pañal al niño, éste nunca llegará a controlarse, y tendrá problemas de incontinencia. Lo cierto es que, a no ser que haya un problema funcional real, ningún adulto tiene problemas con el control de esfínteres. Lo que nos hace sospechar que se trata de un proceso madurativo propio del ser humano, y no un objetivo educativo que las familias o las escuelas deban asumir como propio. Desde este punto de vista, en vez de retirar el pañal y correr con el orinal detrás de nuestros hijos, sería mucho más cómodo para todos (sobre todo para los niños, que no se sentirían presionados ni evaluados) esperar a que el propio niño nos diga que ya no necesita el pañal.

Además de este temor, existe un problema logístico añadido. El inicio de la Educación Infantil. En la mayoría de las escuelas de nuestro país, por no decir en la totalidad de ellas, no se admiten niños con pañal. Sabemos que es un problema real de tiempo y atención para una sola maestra o maestro tener 20 niños a los que cambiar y limpiar, pero habría soluciones intermedias si hubiera verdadera intención, por parte de las instituciones educativas, de encontrar alternativas. Pero la realidad es que no se asumen estas posibilidades porque no es sólo una cuestión de recursos humanos, sino de lo que entendemos que un niño debe o no debe saber a una determinada edad. Y pensar que todos los niños, a los 3 años (algunos a los 2 años y 9 meses) deben tener controlada esta función corporal es, cuanto menos, una idea difícil de materializar.

La realidad es que cada niño controla esfínteres a una determinada edad, igual que cada niño habla, anda o salta a una determinada edad. El que se asuma habitualmente que a partir de los 2 años debemos empezar a retirar el pañal tiene más que ver con la universalización de la educación infantil, que aún sin ser obligatoria se ve como necesaria (ésta es otra historia que ya trataremos) y de las condiciones que ésta nos impone para admitir a nuestros hijos. Así que, si estamos hablando de un proceso madurativo que tarde o temprano llega a su fin, ¿por qué empeñarnos en hacer pasar a los niños por este mal trago? Dejemos a cada niño seguir su ritmo y encontrarse seguro con su cuerpo antes de imponerle una convención social.

Nuria Otero

27 de septiembre de 2010

Esfínteres: control y autoritarismo

Si estuviéramos en una isla desierta con nuestros niños, y contempláramos al bebé humano, con la misma celeridad con la que observamos a los animales, constataríamos que el control de esfínteres real se produce mucho más tardíamente de lo que nuestra sociedad occidental tiene ganas de esperar.

Lamentablemente, en lugar de examinar con cuidado cómo suceden las cosas, elaboramos teorías que luego pretendemos imponer esperando que funcionen.

Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Si observáramos sin prejuicios el proceso natural, estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años. ¡Qué importa!

Sin embargo los adultos, sin pedir permiso a los niños, ¡les quitamos los pañales mucho antes! Esto significa que les arrebatamos el sostén, la contención, la seguridad, el contacto, el olor, agregándoles la exigencia de una habilidad para la cual no están aún maduros. Que el niño nombre “pis” o caca” no significa que cuente con la madurez neurobiológica para controlar dicha función.

Quitar los pañales  porque "llegó el verano", decidir que ya tiene dos años y tiene que aprender,  responde a la incomprensión de la especificidad del niño pequeño y de la evolución esperable de su crecimiento. Cabe preguntarnos  porqué los adultos estamos tan ansiosos  y preocupados por la adquisición  de esta habilidad,  que como otros aspectos en el desarrollo normal de los niños, llegará a su debido tiempo, es decir cuando el niño esté maduro.

Controlar esfínteres no se aprende por  repetición, como leer y escribir. Se  adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal.
Ahora bien, si no estamos dispuestas a rendirnos ante la sabiduría del tiempo interno de cada niño,  las mamás lucharemos contra los pises que se escapan, las braguitas y calzoncillos mojados, las sábanas y colchones al sol, los pantalones interminables para lavar, mientras acumulamos rencor, hastío y mal humor en la medida que creamos que nuestros hijos "ya deberían haber aprendido". En cambio, si dejamos a los niños en paz, después de los tres años, o cerca de los cuatro años, (sin olvidar que cada niño es diferente) simplemente un día estará en condiciones de reconocer, retener, esperar, ir al baño, sin más trauma y sin más vueltas que lo que es: controlar con autonomía los esfínteres.

A mi consultorio llegaron durante años niños con problemas de enuresis de 5, 6, 7, 8 años e incluso de mayor edad. La mayoría de ellos se hace pis sólo de noche, mientras duermen. Invariablemente les han quitado los pañales alrededor de los dos años. Los casos de enuresis son muy frecuentes, pero habitualmente no nos enteramos porque de eso no se habla. Total, quedan como secretos de familia. He comprobado que cuando las mamás aceptan mi sugerencia de volver a ponerles pañales (caras de horror), los niños los usan el mismo lapso de tiempo que hubiesen necesitado desde el momento en que se los quitaron hasta que hubiesen podido controlar esfínteres naturalmente.

Como si recuperaran exactamente el mismo tiempo que les fue quitado. Y luego, sencillamente, se acaba el "problema". Hay padres que opinan que "es contradictorio volver a poner un pañal una vez que se tomó la decisión de quitarlo". En realidad en la vida probamos, y damos marcha atrás si es necesario y saludable. Simplemente diremos: "creí que estabas listo para controlar los esfínteres, pero obviamente me equivoqué. Te voy a poner el pañal para que estés cómodo, y cuando seas un poco mayor, estarás en mejores condiciones para lograrlo". Es sólo sentido común. Se alivian las tensiones y finalmente el control de esfínteres se encausa.

Los niños, frente a la demanda de los adultos, hacen grandes esfuerzos para controlar sus esfínteres, pero  ante cualquier dificultad emocional , por pequeña que sea,  se derrumba el esfuerzo desmesurado y se escapa el pis. Luego vienen las interpretaciones: “me tomó el tiempo”,  “me lo hace a propósito”, “él sabe controlar pero no quiere”.

Entiendo la presión social que sufrimos las mamás.  Hay  colegios que no aceptan niños de tres años con pañales. Hay pediatras, psicólogos, y otros profesionales de la salud, además de suegras, vecinas y amigos bienintencionados que opinan y se escandalizan. Pero es posible sortearla con un poquito de imaginación: los pañales son descartables, baratos y anatómicos, lo que les permite a los niños ir a jugar, ir a un cumpleaños, al jardín, sin tener que parque a causa de la probabilidad de hacerse pis. Otros se vuelven tímidos, otros especialmente agresivos mojando cuanta alfombra encuentran a su paso.

Por otra parte, hacer “pis” no es lo mismo que desprenderse de la “caca”.  Muchos niños que controlan perfectamente el pis, piden el pañal para hacer caca.  Es importante que les ofrezcamos lo que están pidiendo, porque nadie pide lo que no necesita. ¿Cuál es el motivo para negárselo?

Yo espero humildemente que alguna vez  nos demos cuenta del grado de violencia que ejercemos contra los niños, envueltos en exigencias que no pueden  satisfacer y que se transforman luego en otros síntomas (angustias, terrores nocturnos, llantos desmedidos, enfermedades, falta de interés) que hemos generado los adultos sin darnos cuenta.

Acompañar a nuestros hijos es aceptar los procesos reales de maduración y crecimiento. Y si sentimos rechazo por algún aspecto, entonces preguntémonos qué nos pasa a nosotros con nuestros excrementos, nuestros genitales y nuestras zonas bajas que nos producen tanto enojo. Dejémoslos crecer en paz.  Alguna vez, cuando sea el momento adecuado controlarán sus esfínteres naturalmente, así como una vez pudieron reptar, gatear, caminar, saltar, trepar  y ser hábiles con sus manos. No hay nada que modificar, salvo nuestra propia visión.

Laura Gutman
Extraído de la web Criar y amar

6 de septiembre de 2010

Trastornos del control de esfínteres

En el desarrollo evolutivo, el niño tiene que pasar y superar muchas etapas a lo largo de su vida. Uno de los pasos que se encuentra cara a cara con el niño, es el de poder llegar a controlar su esfínter. Es un logro extraordinariamente importante en la vida del infante.

Normalmente los padres comienzan a prepararse para retirar el uso de los pañales, pero cuando se llega a los tres o cuatro años y el niño o la niña, no da señales de controlar, aunque sea de forma intermitente y sigue mojando la cama o incluso haciéndose lo encima, ya empiezan a preocuparse. Aunque hay que tener en cuenta que hay niños algo más lentos que otros en este tema y no supone ningún problema, pero cuando los padres lo entiende como un problema, ya que repercute en la vida diaria del niño, es cuando se deben tomar cartas en el asunto.

Los pasos que se siguen, normalmente, en el aprendizaje del control de esfínteres son:
  1. Control rectal nocturno.
  2. Control rectal diurno.
  3. Control urinario diurno y nocturno.
No todos los chicos controlan sus necesidades a la misma edad. Muchos lo logran alrededor de los dos años, pero no existen reglas fijas. El margen es amplio.
Hasta los cuatro años no puede hablarse de atraso y antes de los cinco no se considera que exista un trastorno (enuresis o encopresis). Dado que las circunstancias que provocan el problema no son siempre las mismas, es aconsejable consultar con un pediatra, quien podrá hacer un examen directo y detallado del caso y establecer el tratamiento adecuado. Los padres y las parvularias deben tener calma y no precipitarse, sólo así conseguirán que el niño controle sus esfínteres sin ningún problema ni trauma futuro. No se debe presionar al niño a que controle su vejiga o su tracto intestinal, antes de que él esté totalmente preparado para hacerlo.

A los padres les resulta muy difícil ser objetivos en cuanto al entrenamiento para el control de esfínteres. Debido a nuestra cultura y a las experiencias individuales de la mayoría de los adultos, ésta les exige que se sientan responsables por el éxito del niño. Cualquier fracaso es sentido como un reflejo de una crianza deficiente, convirtiendo al niño en algo que hay que entrenar, presionándolo a aprender en contra de sus propios deseos.No hay que basarse en experiencias propias, ni en consejos de terceros para evaluar la situación del niño en relación con sus esfínteres; cada niño tiene su ritmo y su velocidad de aprendizaje, y valorar esta independencia es clave para no ejercer presión y causar serios problemas.

Debido al estrés causado por la presión, el niño puede retener las deposiciones, causándose estreñimiento crónico que puede desembocar en el ensanchamiento del colon (megacolon), y sin darse cuenta pero regularmente, el niño dejará salir al pantalón algo de materia fecal líquida alrededor de una deposición dura que ha retenido. Esto puede dar la sensación de diarrea, cuando el problema es el estreñimiento. Algo que ayudará a ablandar la deposición para que no haya dolor es disminuir la presión, antes de volver a comenzar el entrenamiento.

Algunos niños dejan escapar la orina, especialmente cuando están bajo estrés.El quejarse de esto al pediatra hace que éste sienta la necesidad de hacer pruebas para establecer si el esfínter urinario o de la vejiga están intactos; ahí vienen las radiografías, los catéteres y la invasión de los genitales, haciendo que el niño se asuste y produciendo una vulnerabilidad mayor a la incontinencia crónica, debido a que el niño crea una fijación en este aspecto.

El medio ambiente también ejerce presión, y no necesariamente por lo referente al control de esfínteres. Este estrés se puede reflejar en dolores abdominales, cólicos y deposiciones sueltas. Si por ello al niño se le dificulta controlarse, la tensión aumentará y el control de esfínteres se convierte en un asunto que agrava el estrés del niño, y lo vuelve más consciente de esa parte de su cuerpo.

Para diagnosticar, hay que emplear radiografías gastrointestinales, enemas y manipulaciones. El resultado es que el tracto gastrointestinal inferior del niño acabe recibiendo toda la tensión.

Cuando hayan problemas se recomienda:
  • Hablar abiertamente del problema. Los padres deben reconocer que han sido demasiado dominantes.
  • Expresar con claridad que el aprendizaje del control de esfínteres es cosa del niño. 
  • Hacerle saber al niño que muchos niños se demoran en adquirir control sobre sus esfínteres
  • Hacerle ver al niño que sí hay esperanza en su lucha para el control de esfínteres.
  • Mantener al niño en pañales o en ropa protegida, no como castigo, sino para eliminar la ansiedad
  • No hacerle pruebas al niño. Háganle un análisis de orina, pero sin manipulaciones ni invasiones (enemas, catéteres, radiografías, etc.). se deben permitir estas pruebas solamente si el pediatra ve claros indicios de que hay un problema físico.
  • Dejar al niño tranquilo y no mencionar de nuevo lo sucedido.
  • Hacer que las deposiciones del niño sean siempre blandas, para esto se le puede dar fruta y fibra. Tranquilizar al pequeño en el sentido de que sus deposiciones siempre serán así.
  • Aclararle al niño que cuando logre el control, el éxito será suyo no de los padres.
  • Los padres que sientan que están interviniendo demasiado deben solicitar consejo. Necesitan ponerse de acuerdo sobre la manera de manejar el control de esfínteres para que un conflicto entre ellos no afecte al niño, a tal punto que amenace su imagen de sí mismo.

MOJARSE EN LA CAMA

Debido a las presiones de la sociedad, mojarse en la cama (enuresis) se vuelve un problema para muchos niños, especialmente varones, a la edad de 4 a 6 años. Si la enuresis continúa, el niño no puede quedarse donde sus amiguitos, no se atreve a reconocer ante nadie que moja la cama , y los padres se desesperan con este fracaso ya que comienzan a comparar con otros niños, que a la edad del suyo, ya han superado este problema.

Mojarse en la cama hará sentir al niño impotente y desesperanzado; dirá que no le importa y hará cualquier cosa para esconder su fracaso por las mañanas, pero la verdad es que se sentirá culpable en torno a su sexualidad en desarrollo, y afectará su imagen de sí mismo. Lo que está en juego con este problema es la necesidad del niño de volverse independiente a su propio ritmo.
Aunque las razones pueden ser fisiológicas, como una vejiga inmadura que se vacía con frecuencia, un sueño demasiado profundo (resultado de un sistema de señales inmaduro) o inclusive una infección, el problema radica en quién controlará la decisión.

A medida que los médicos y los padres empiezan a investigar las causas y a  tomar medidas (como alarmas, castigos o aparatos que emiten señal cuando el niño se moja) el niño va perdiendo su autonomía y su necesidad de controlar la situación, viéndose a sí mismo como un fracasado.

Los intentos de los padres por controlar la situación como si fueran ellos los del problema, con seguridad se verán destinados a fracasar y ahondarán en el niño su sensación de incompetencia. Los niños necesitan desarrollarse a su propio ritmo el cual hay que respetar. La presión de padres y compañeros puede agravar el problema pero no cambiarán los patrones de desarrollo del infante. El control diurno parece resultarles más fácil a las niñas (en promedio lo logran 2.46 meses antes que los niños), a la vez que tienen menos probabilidad de mojarse de noche. Algo de ésto puede deberse a diferencias anatómicas, pero con certeza se debe a diferencias en la expectativa social y a sutiles patrones de comportamiento ligados al género, y a las expectativas que los hombrecitos tienen de sí mismos.

Por encima de todo, no orinarse de noche debe convertirse en la meta del niño y no en la de los padres o la sociedad. Los padres deben relajarse y eliminar la presión sobre el niño. Si hay problemas de una imágen pobre de sí mismo, de inmadurez psicológica o de autodesvalorización, se deben afrontar. Si el niño se halla sujeto a demasiadas presiones, ya sea en la escuela o con la propia familia,  éstas deben ser disminuidas. El padre debe acercarse más a su hijo y darle la confianza para que el niño se identifique con él, a la vez que pueda entender la imagen que tiene el niño de sí mismo.

El control de esfínteres es…
  • el resultado de un proceso que tiene idas y vueltas, no es lineal y admite, pasos atrás, como todo aprendizaje nuevo que intentamos.
  • un paso de suma importancia en el desarrollo mental, emocional y social del niño.
  • la primera vez en que el niño toma la decisión de no dejar libre curso a la  satisfacción de sus necesidades.
  • hacerse cargo de la incomodidad de la tensión que significa controlar asimilar la ley de los adultos para integrarse al mundo e ingresar a su cultura. O sea, aceptar que hay reglas básicas y conductas que como papá y mamá esperamos de él o ella..
  • darse cuenta de sus necesidades, querer y ser capaz de controlar sus esfínteres hasta que encuentre el lugar conveniente e indicado.
  • Un proceso que da la oportunidad de mirar al niño y a la niña y revisar el vínculo familiar hasta el momento.
  • Crecer…

El control de esfínteres no es…
  • sólo mantener seco el pañal.
  • una carrera contra el tiempo.
  • el mero aprendizaje de un hábito mecánico.
  • algo, que se logra solo por ser entrenado o educado.
  • una actividad que se logra de una vez y para siempre
  • conveniente elogiarlos demasiado si lo logran, ni enojarse ni reprobarlos ni humillarlos con gestos o palabras despectivas si no lo logran.
  • poner expectativas desmedidas sobre ellos, ni compararlos con otros niños. 
  • una decisión exclusiva del adulto o del niño.

¿Qué necesita un niño para lograr el control de esfínteres?
  • Que sean respetadas sus iniciativas.
  • Confiar en sus capacidades.
  • Respetar los ritmos propios de desarrollo.
  • Sentirse “sostenidos” y “contenidos” por redes de seguridad afectiva con relaciones estables, continuas, cálidas.

Acompañarlo en el desarrollo del sentimiento de eficacia y autoestima que lo alientan a:
  • la exploración de sus propias capacidades
  • la apropiación de las reglas de comportamiento y costumbres de la sociedad en la que se cría, se educa y crece.
  • la apropiación del sistema de valores de su familia y de su comunidad
  • ingresar al sistema de límites y prohibiciones.
  • Ser acompañados con empatía comprensiva en sus esfuerzos.
  • Respetar la iniciativa de asumir la responsabilidad que los posicione cada vez más satisfactoriamente frente a lo esperado por los adultos.
  • Tener conciencia de sí, utilizando el YO y el MIO.
  • Poseer lenguaje comunicacional. (poder ser entendido)
  • Tener noción de su esquema corporal básico.
  • Reconocer las nociones de arriba, abajo, adentro afuera, delante detrás.
  • Tener experiencias de primeras elecciones (ropa, juguetes)
  • Tener experiencia de algunas despedidas previas (chupete, mamadera, cuna con barrotes)
  • Poseer destrezas motrices que le permitan agacharse, girar, subir, bajar, saltar.
  • Tener habilidad para subirse y bajarse el pantalón, calzoncillo o braguitas solito o solita.

Diferentes etapas que atraviesan los chicos en su proceso de aprendizaje del  control de esfínteres
  1. Hacen pis y caca en el pañal, sin mostrar ningún interés respecto al tema.
  2. Avisan que se hicieron luego de que están sucios.
  3. Avisan mientras están evacuando sus esfínteres.
  4. Registran la necesidad fisiológica de hacer pis y caca y pueden avisar antes.
  5. Tienen ganas, avisan y llegan al baño sin que se les escape. Pueden esperar.

Algunos datos para tener en cuenta:
  • Por lo general comienzan a controlar primero de día y luego de noche.
  • Por lo general se controla primero la orina y luego las heces.
  • Existe “el shock de la primera vez”, entre la primera vez que deposita su pis y/o su caca en la pelela o inodoro y las siguientes pueden pasar entre una semana o varios meses.
  • Las nenas suelen lograr el control un tiempo antes que los varones.
  • El 90% de los niños controla esfínteres entre los 2 y 3 años sin necesidad de ser entrenados.
  • El control definitivo se da aproximadamente a los 6 años.
  • Ante cualquier situación especial es esperable que se den retrocesos.

Entre los pañales y la ropa interior existen braguitas y calzoncillos de aprendizaje que son útiles para favorecer este período de transición.

Puntos que debes tomar en cuenta:
  • Es cierto que a partir de los dos años los niños comienzan un período de control de esfínteres, y es una etapa que puede durar dos años, hasta el control absoluto, que suele darse después de los tres años, incluso conozco muchísimos niños sanos que con 4 o 5 años siguen usando pañal de noche. Y sí, son niños sanos y normales.
  • El control de esfínteres no se aprende, se adquiere, es como hablar, caminar: sucede cuando el cuerpo está preparado. ¿Se te ocurriría hacer caminar a un bebe de 5 meses? Es que con más entrenamiento y voluntad que tengas, no podrías.