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17 de julio de 2013

Por qué no hay que aplicar el método Estivill


Muchas veces, en alguna reunión social o en alguna conversación entre padres en el parque, surge el tema Estivill. Sigo sorprendiéndome de la naturalidad con la que comentan su eficacia quienes lo han aplicado. Por eso hace tiempo que tengo pendiente escribir este post. Pero antes, hablemos de este señor, Estivill, y lo que propone para hacer dormir a los niños.

No todo el mundo sabe que lo que ha hecho este pediatra es copiarse un método ideado por el estadounidense Ferber, que consiste en aumentar progresivamente el tiempo que se deja llorar al bebé en la cuna por las noches, hasta que deja de llorar del todo (total, nadie va a acudir). De manera que Estivill no ha hecho nada original.

¿Y funciona? Pues sí: los niños acaban durmiendo. Con este argumento, los padres que defienden el método justifican su decisión. Pero, en la crianza (y en la vida), el fin nunca justifica los medios.

Estas son algunas de las razones por las que no hay que aplicar el Estivill:
  1. Los niños no llegan a dormir como los adultos hasta cumplidos los 6 años. Es decir, hasta esa edad, los despertares nocturnos son normales. No hay nada de malo en un bebé que se despierta por las noches. El problema lo tienes tú, no tu bebé.
  2. Tú sabes que tu bebé está perfectamente a salvo en su cuna. Pero tu bebé no sabe que está a salvo. Para él, la mayor amenaza es no tenerte cerca. Gracias a este instinto, que está escrito en su código genético desde que existe la especie humana, es que hemos podido sobrevivir. Imagina a un bebé abandonado a su suerte en una pradera prehistórica, presa fácil de cualquier depredador. Sin el instinto de llorar al sentirse en peligro, y así alertar a su madre, sus minutos están contados. Tu bebé, en el siglo XXI, comparte el mismo código genético que ese bebé prehistórico. Para él, la amenaza de estar a oscuras, solo en una cuna, sigue siendo tan real como la del bebé expuesto a ser devorado por las fieras.
  3. Los bebés no piden lo que no necesitan. No está tratando de manipularte, ni de salirse con la suya: eso lo hacemos los adultos. La necesidad de contacto para un bebé es tan importante y vital como la necesidad de alimento. Pretender que un bebé se quede tranquilito en su cuna sin chistar y que duerma toda la noche es un sinsentido. De acuerdo con Rosa Jové, sólo un 10 o un 15% de los bebés son capaces de dormir 10 o 12 horas de un tirón a la edad de 7 meses.
  4. Un bebé espera ser atendido cuando llora. Si nadie acude, comprenderá que de nada sirve hacerlo, que él no es importante: que no es amado. Y arrastrará este condicionamiento (y la consecuente falta de autoestima) hasta la vida adulta. Aprenderá que no vale la pena luchar, que la batalla está perdida de antemano. Lamentablemente, son demasiados los adultos hoy en día que ven la vida de esta forma. Y esto es algo trágico.
  5. Un niño es un ser humano y merece el mismo respeto que un adulto. Esto incluye el respeto a sus propios procesos naturales. ¿Le negarías atención a un adulto que sufre, sólo para que «aprenda»?
  6. Un niño que siente miedo y cuyo llanto no es atendido, segrega adrenalina y otras sustancias que hacen que en todo su organismo se active un estado de alerta (igual que te ocurre a ti en situaciones de peligro). Llega un momento en que la amígdala, una parte del cerebro emocional, se colapsa. Entonces el organismo empieza a segregar nuevas sustancias (endorfinas, serotonina) para combatir ese estado de alerta, pues no se puede mantener por demasiado tiempo. Es entonces cuando el niño, drogado por su propio organismo, se duerme. ¿Ha aprendido a dormir? No. Se ha autodrogado (Dormir sin Lágrimas, Rosa Jové). En esto es que se basa el Estivill. Cuanto más pequeño es el niño, mayor es el estado de shock al que se le somete.
  7. Una exposición prolongada a la adrenalina y otras hormonas del estrés trae muchas secuelas negativas, como el daño de células cerebrales y una «desregulación duradera de la bioquímica cerebral» (Jové), con consecuencias como depresión, trastornos del apego, indefensión aprendida, ansiedad, hiperactividad…
  8. Si no te hubiesen convencido de que el método Estivill es sano, no lo harías. No conozco una sola madre que no haya tenido la más mínima duda de estar haciendo lo correcto al escuchar llorar a su bebé y no acudir. Pon la mano en tu corazón y pregúntate si realmente quieres hacer esto. ¿A que no? ¿A que todo tu cuerpo te está pidiendo que acudas de inmediato y cojas en brazos a tu hijo, y le cantes y arrulles hasta que este dormido? Pues eso es exactamente lo que tienes que hacer, lo que la naturaleza te ha programado para que hagas. ¿Por qué vas a dar más crédito a un médico que le pone su nombre a un método que inventó otro que a tu propio corazón? ¿Quién es quién para decirte que es malo coger a tu hijo y cantarle?
  9. Existen otras alternativas. Si tu bebé se despierta cada hora y media (como lo hacía el mío), si estás agotada y no puedes más, existen formas respetuosas de ayudar a tu bebé a conciliar el sueño más rápidamente, y a volver a dormirse sin ayuda cuando se despierte por la noche. Te recomiendo el libro El Sueño del Bebé Sin Lágrimas de Elizabeth Pantley, que puedes conseguir en Amazon entrando aquí. A mí me cambió la vida, y sin derramar ni una sola lágrima. Ninguno de los dos.
Por Vivian Watson, de Nace una mamá

5 de julio de 2013

Sueño feliz


Escribo esta entrada mientras mi hijo de 3 años y 3 meses, Julián, me muestra claras señales de que quiere dormir. Me fue a buscar al escritorio y me dijo: “Quiero que me acompañezzz”. “Claro, amor”. Desenchufo el computador y me voy a la cama con él y con el computador. En estos momentos su mano izquierda está agarrando mi oreja. Tocar sus orejas o las orejas de otros de confianza (yo, su papá y la señora que por algunas horas lo cuida) es señal de deseo de compañía. Si no respondo luego a esa señal, pronto puede que se active, irrite, no sepa bien lo que quiere y surja una pataleta. Acá estamos los dos, en la cama. Él agarra mi oreja y yo escribo.
Escribo para mí, para ustedes y para los futuros niños del planeta, continuando un círculo de protección que muchas mujeres y hombres hemos comenzado con el objetivo de Un Sueño Feliz.
Desde que nació, mi hijo duerme con nosotros. Tiene una cuna grande pegada a mi cama, sin barrotes. Es una prolongación de nuestra cama. Debo decir que nunca he tenido que mecerlo para dormir, lo que hacemos es que me acuesto junto a él y, dependiendo de su edad, ha manifestado distintas conductas hacia mí. Al comienzo (hasta más o menos 1 año 6 meses) era rápido, un poco de pecho y listo, dormido. Luego me acostaba y él subía y bajaba de la cama, saltaba sobre mí, hasta que pronto caía profundo…
Y así, simplemente ofrecerle mi calor, cuerpo, pechos y olor lo iba calmando, y una vez seguro, comenzaba a dormir.
Como me gusta leer, esta forma de acompañarlo a dormir me acomodaba también a mí, muchas veces pude continuar mis lecturas. A veces le canté canciones de cuna, las mismas que me cantó mi abuelita Nana. Ya hemos visto que las historias se repiten.
Cuando era más chiquitito, despertaba por la noche y bastaba una manito para el lado, a su cama colecho, para tocarlo, asegurarlo y se volvía a dormir. Antes le daba pecho, los dos medio dormidos, incluso dormidos. Hoy, algunas veces quiere hacer pipí, así que nos despertamos, vamos al baño y volvemos a dormir. Nunca ha tenido que llorar para conseguir el sueño. Y solo alguna noche de fiebre he dormido mal y peor él.
Compartir la cama con mi hijo ha permitido que todos tengamos un buen sueño.
Me enteré del Método Estivill y su libro “Duérmete Niño” por una amiga que comentó que lo aplicaba con su hija. Mientras iba relatando en qué consistía “el método”, se me iba cayendo la boca y abriendo los ojos. Alguien me dio una patadita para que cerrara la boca. Le pregunté, ingenua: “¿No te duele el corazón escucharla llorar?”. “Sí” me dijo, “pero no se acordará”.
Volví a casa a averiguar.
¡Qué dolor! ¡Estivill No! Simplemente no, porque no. Porque eso no se hace.
Le doy besos a mi hijo porque sí, porque me nace. No lo dejo llorando y le ofrezco mi seguridad porque sí, porque me nace. Eso ha dicho mi instinto, mi saber materno, el de mi hermana y el de millones y millones de mujeres y hombres por el mundo. No lo hago porque alguien me dijo que eso era lo correcto o incorrecto, me nace. No me nace natural dejarlo llorar. ¡Soy su madre! Si no cuenta con nosotros, sus adultos cercanos, en sus primeras necesidades de seguridad ¿quién lo va a ayudar?
Ese método duele. Duele el corazón, el estómago, el cuello, duele todo…
Ahora bien, como se nos ha adormecido el corazón y se nos ha ido atrofiando la capacidad de amar, muchas veces necesitamos ciertas explicaciones científicas y datos “duros”. Esto simplemente se trata de humanidad, de buenos tratos.
Ahora bien, como se nos ha ido atrofiando la capacidad de amar, muchas veces necesitamos ciertas explicaciones científicas y datos “duros”, cuando esto, simplemente se trata de humanidad, de buenos tratos.
Va una explicación:
El cerebro humano contiene muchas estructuras. Una de ellas es el neocórtex que se ubica por delante del cerebro, por nuestra frente. Esa estructura se encarga del pensamiento, la atención, la vigilia, etc. Necesita desconectarse del mundo para poder entregarse a los brazos de Morfeo. La manera que tiene el neocórtex de desconectarse es relajándose y para eso debe sentirse seguro, plácido, tranquilo. Si está alerta y asustado, sólo cortisol y adrenalina (hormonas del estrés) se adueñan del cerebro. Los más pequeños lloran y lloran, los más grandes caminan en busca de apego y calma para poder desconectarse y descansar.
Algunos adultos usan benzodiacepinas, alcohol, música clásica, hacen el amor y consiguen autoaliviarse y lograr dormir. Bien o mal, pero duermen. Los adultos de alguna manera podemos autogestionar nuestro estrés. Los niños, NO cuentan con esa capacidad.
Los bebés, nuestros hijos, luego de llorar y llorar, transpirar afirmándose con fuerza de los barrotes de la cuna, en plena oscuridad y a solas, se duermen. ¡Santo Estivill! Hemos conseguido que el “tiranito” se duerma. Por fin, quien nos vino a desarmar nuestra rutina está en silencio… ha dejado de llorar. Y comprendió además, nuestras palabras: “hijo, tranquilo, te amo, es hora de dormir”. Falso. Un niño menor de 4 años no tiene la capacidad de lenguaje desarrollada. La cercanía corporal es clave para su tranquilidad.
Cuerpo, cuerpo, cuerpo.
¿Saben por qué un niño entrenado deja de llorar y se duerme?
Porque es inteligente y se adapta. Su cerebro se liberó del estrés secretando opiáceos naturales y se durmió.
Cayó rendido. Dormido entre sollozos.
Aprendió que en la oscuridad no cuenta con nadie, mientras memoria implícita almacena sus angustias.
Leslie Power
Psicóloga Clínica
Pd. Escribí esto en 25 minutos. Mi hijo duerme y ya soltó mi oreja.
La crianza puede ser tanto más simple si somos más naturales, más mamíferos humanos que humanos mamíferos llenos de métodos.
¡AVISO!
Madres blogueras, profesionales, dueñas de casa, hombres nuevos, jóvenes sin hijos pero con ética y amor: hemos decretado para este viernes 29 de junio el Día Mundial del Sueño Feliz. Están todos los mamíferos humanos invitados a desmontar a Estivill.
En Twitter: #desmontandoaestivill para conseguir sea TT (trending topic).
En Facebook pueden unirse al grupo y seguir estos enlaces para difundir en sus muros, siempre usando “Desmontando a Estivill” NO al Duérmete Niño.
Encontrarán excelentes links sobre sueño feliz para sus hijos y para ustedes.

Publicado originalmente en Revolución del amor

11 de junio de 2013

Separación, estrés y llanto

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Los bebés humanos tienen un periodo de dependencia con sus padres muy largo y necesario no sólo para satisfacer sus necesidades corporales sino las emocionales con las que se enfrentarán a la vida el resto de sus días. Esta dependencia unida a los consejos de crianza que persiguen conseguir una autonomía rápida por parte del bebé, dificulta y complica mucho la crianza, y conduce a veces a la búsqueda de consejos o información teórica sin dejar aflorar lo que el instinto maternal dice y que ayudaría a generar en los padres más seguridad y menos dependencia.

El organismo en desarrollo está programado física y neurológicamente para actuar en cada hábitat de forma que consiga sobrevivir. Los comportamientos que se generan están diseñados para funcionar en el hábitat esperado: el hábitat determina la conducta, los estímulos surgidos activan el sistema nervioso autonómico y las hormonas y hacen que los músculos trabajen con el propósito de asegurar las necesidades biológicas del organismo: oxigenación, calor, nutrición y protección.

En el hábitat inadecuado todos los mamíferos tienen la respuesta protesta (desesperación o angustia), que fue descrita en los orfelinatos tras la Segunda Guerra Mundial. La protesta, se entiende como el llanto y actividad intensa destinados a llamar la atención para ser devueltos al hábitat natural; la desesperación es la respuesta de desconexión del medio, que se puede acompañar con disminución de la temperatura corporal y ritmo cardíaco, y, la liberación masiva de hormonas del estrés. Llorar, es nocivo para los recién nacidos, aumenta el riesgo de hemorragia intraventricular y dificulta el inicio y mantenimiento de la lactancia.

Esta respuesta de angustia a la separación, también se ha observado en niños que se encuentran en cunas, donde lloran hasta diez veces más que los bebés que se encuentran piel con piel con su madre.

Hay métodos de "modelado de conducta" que dejan fuera las emociones. Son métodos de extinción de respuesta: el niño deja de llorar porque aprende que no va a ser atendido. El niño come algo que no le gusta o que no necesita (lo que sea que el progenitor le haya puesto en el plato) por miedo al castigo, o porque no le queda más remedio. Otro ejemplo es enseñar a los niños que por mucho que lloren, sus demandas, sus necesidades emocionales, no van a obtener una respuesta de las personas que más los quieren: sus propios padres. Aunque los seguidores de esta metodología defienden que no existe evidencia de que dejar a un bebé llorando solo le produzca daño, vale la pena destacar que hay una gran diferencia entre la “no evidencia de daño” y “evidencia de que no produce daño”. Hoy en día, se sabe que enseñar a los niños a dormir en estas condiciones no produce beneficios físicos ni psíquicos.

Se ha visto que el apoyo de las madres y los padres desde el nacimiento ayuda a un mejor desarrollo y volumen del hipocampo, una región clave en la memoria y en la modulación del estrés ya que el cortisol de manera crónica es un tóxico.

La Asociación Australiana de Salud Mental Infantil (AAIMHI) advierte que “el llanto controlado no se sincroniza con las necesidades del niño en cuanto a la salud fisiológica y emocional y podría tener consecuencias negativas no intencionadas”. Aconseja: "Los bebés son más propensos a formar apegos seguros cuando se responde en forma oportuna a su angustia. Un apego consistente, apropiado y seguro en la infancia es la base para una buena salud mental de adultos." Es necesario prestar atención al llanto y lenguaje corporal del niño hasta los 18 meses. Los bebés no tendrán un sueño feliz cuando se duermen tras un llanto agotador porque ello va a crear cambios cerebrales que tendrán implicaciones futuras en su desarrollo.

El profesor James McKenna, director del Laboratorio del Comportamiento del Sueño Madre-Bebé en la Universidad de Nôtre Dame, experto en SMSL, describe el llanto controlado como "ideología social disfrazada de ciencia". Lo que esto significa es que a pesar de que existen opiniones sobre cuánto tiempo debe dejar al bebé llorar con el fin de que aprenda a dormir, nadie ha estudiado con exactitud cuánto tiempo es seguro dejar a un bebé llorando en esas condiciones.

Los bebés que lloran experimentan un aumento de la temperatura corporal,del ritmo cardíaco y de la presión arterial. Estas reacciones provocan un sobrecalentamiento y podría representar un riesgo potencial de muerte súbita en los bebés vulnerables. También puede haber efectos a largo plazo emocionales. Existen pruebas convincentes de que los niveles elevados de hormonas de estrés pueden causar cambios permanentes en las respuestas al estrés en el bebé. Estos cambios afectan a la memoria, la atención y a la emoción, y pueden provocar una respuesta exagerada al estrés durante toda la vida, que incluye una predisposición a la ansiedad y trastornos depresivos

Extraído de Maternidad y Salud. Ciencia, Conciencia y Experiencia. Publicado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad

16 de enero de 2013

El niño somnoliento


¿Qué es la excesiva somnolencia?

Llamamos somnolencia a la sensación de pesadez y torpeza de los sentidos motivada por la falta de sueño. La excesiva somnolencia diurna se define como la incapacidad de permanecer despierto durante el día, alternándose la vigilia con episodios de sueño o adormecimiento. Puede aparecer a cualquier edad, aunque se hace más aparente cuando comienza la escolarización y el niño no es capaz de mantener la atención ni realizar las tareas que sí hacen sus compañeros.

¿Es frecuente la excesiva somnolencia en los niños?

Con relativa frecuencia, los niños parecen somnolientos, les cuesta trabajo levantarse de la cama por la mañana, presentan escaso rendimiento escolar o, incluso, se duermen en clase.

Alrededor del 75% de los adolescentes reconocen que necesitan dormir más todos los días. En estudios realizados en el medio escolar, se detectó que un 10% de los alumnos presentaban somnolencia durante el día y que casi el 20% se encontraban cansados durante el horario escolar.

¿Qué provoca la excesiva somnolencia en mi hijo?

Las causas que provocan la somnolencia en el niño se pueden agrupar en tres:

Escasa duración del sueño o sueño insuficiente: los niños no duermen el tiempo que requieren, porque trasnochan o porque se levantan demasiado pronto.

Calidad pobre del sueño: a pesar de dormir las horas necesarias, el sueño es fragmentado y no resulta adecuado.

Los niños presentan unas necesidades de sueño incrementadas con respecto a los demás niños de su edad.

¿Cuáles son las causas más frecuentes?

El primer grupo de causas es el más frecuente. Estamos ante un sueño insuficiente en cantidad: el niño duerme pocas horas porque se acuesta tarde o porque se despierta demasiado temprano. En él se incluyen el insomnio de inicio o la ausencia de un hábito correcto de sueño, con múltiples despertares.

Suele mejorar cuando se instaura una adecuada “higiene del sueño”. Ésta consiste en hacer partícipe al niño, desde los primeros meses de vida, de unas rutinas razonables en los horarios y actuaciones en la cena y al irse a la cama, que, lejos de constituir una disciplina espartana, sirven para darle al niño una seguridad que se traduce en un sueño tranquilo y reparador.

En la adquisición de una adecuada higiene de sueño influyen factores psicoafectivos, educacionales, sociales y laborales de los padres.

En los adolescentes, la somnolencia suele estar motivada, además de por lo anterior, por el llamado retraso de fase, en el que, a una base fisiológica o biológica de inicio del sueño a una hora más tardía, se añade una moda o tendencia de la sociedad a mostrar a los chicos una visión de la noche como atractiva y del sueño, como aburrido o innecesario.

El uso de las tecnologías (móvil, Internet, televisión) durante las horas inmediatas a aquellas en las que el adolescente se acuesta, unido a unos horarios de salir y de acostarse excesivamente tardíos durante los fines de semana, así como el exceso en el consumo de bebidas con cafeína, conducen a un círculo vicioso de insomnio nocturno y somnolencia diurna, de nefastas consecuencias en las relaciones familiares, sociales y el rendimiento académico de estos jóvenes.

¿Qué procesos pueden afectar a la calidad del sueño?

El segundo grupo de causas de la somnolencia en los niños, menos frecuente que el anterior, lo constituye el sueño fragmentado o de escasa calidad, que puede serlo por la existencia de parasomnias, por los llamados trastornos respiratorios del sueño, como el ronquido o el síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS), así como por otras enfermedades. En este grupo, el número total de horas de sueño es normal, o incluso aumentado, pero el sueño no es de buena calidad, no es reparador.

La parasomnias son trastornos puntuales que suceden exclusiva o preferentemente durante el sueño, perturbándolo. Se trata de las pesadillas, terrores nocturnos y sonambulismo, entre otros, que, si se presentan con frecuencia, pueden conducir a un sueño insuficiente y por tanto a somnolencia diurna. El tratamiento de las parasomnias incluye la investigación de trastornos o desencadenantes psicológicos y la instauración de una adecuada higiene del sueño.

También pueden afectar a la calidad del sueño los llamados trastornos respiratorios, como el ronquido o el síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS), así como enfermedades con síntomas nocturnos como el asma, la rinitis, el reflujo gastroesofágico, el trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH), la epilepsia y otras (que en total constituyen un escaso 2% de casos de niños somnolientos).

¿Pueden tener los niños aumentadas sus necesidades de sueño?

De forma excepcional, los niños pueden estar somnolientos por un aumento en las necesidades del sueño, que puede responder bien de forma temporal a determinadas enfermedades agudas o efectos secundarios de determinados fármacos o, en contadas ocasiones, de forma permanente, a la existencia de una narcolepsia, enfermedad muy rara de base hereditaria.

¿Qué normas se deben de recomendar para una buena higiene del sueño?

En general, la calidad del sueño guarda relación con el establecimiento de unos horarios regulares desde una temprana edad, evitar ver la televisión por la noche en la cama antes de dormirse, tampoco es recomendable navegar por Internet a últimas horas del día, evitar la práctica deportiva antes de acostarse, evitar el consumo de cafeína (bebidas de cola, café, té, chocolate)

¿Cómo puedo saber si mi hijo presenta excesiva somnolencia?

Con frecuencia sólo se llega al diagnóstico cuando se hace evidente y provoca problemas en el rendimiento escolar o en la dinámica familiar y social de los niños/adolescentes.

Existen varias preguntas que los padres pueden hacerse para sospechar este cuadro:

  • ¿Está el niño más cansado o somnoliento durante el día que sus amigos?
  • ¿Es difícil despertarlo por la mañana?
  • ¿Se duerme en clase? ¿Es adecuado su rendimiento escolar?
  • ¿Necesita dormir siesta a diario (en mayores de 5 años)?
  • ¿Cómo se trata la excesiva somnolencia?

El tratamiento depende de la causa que lo provoque, aunque en la mayoría de los casos se hará imprescindible el instaurar o retomar una adecuada higiene de sueño. Ésta es además la mejor herramienta, accesible a todos los padres, para evitar la aparición de un sueño pobre en calidad y/o cantidad que provoque una excesiva somnolencia en nuestros hijos

Bibliografía:
Para más información consultar la página Web del Grupo del Sueño de la AEPap: Disponible en: http://www.aepap.org/gtsiaepap/
Pin G. Genis R. Durmiendo como un niño. Ideas practicas para educar el sueño de nuestros hijos. Ed Parenting

Por I. Cruz Navarro y J.L. Montón Álvarez del Grupo del Sueño. AEPap
Extraído del Boletín FAMIPED
La imagen es de Marisol García

12 de noviembre de 2012

¿Qué temen los niños?

Niño con miedo http://criandomultiples.blogspot.com.es gemelos mellizos

Los miedos pueden típicamente agruparse en tres categorías principales:
  • miedos medioambientales: animales, truenos, oscuridad.
  • imaginarios: monstruos, fantasmas, pero también el miedo a ser tragado por el desagüe o a que sus padres desaparezcan.
  • sociales: separación de la madre (real), el colegio, conocer a un nuevo grupo de personas.

La aparición de los diferentes tipos de miedo a las distintas edades, suele seguir un orden cronológico: los bebés pequeños tienen miedo a situaciones reales (ruidos, perdida de soporte) y a la separación de la madre (que en el caso de niños pequeños no se podría considerar un miedo social, sino ambiental, ya que la madre es su mundo).

Los niños a los 2 años ya tienen cierta capacidad de realizar operaciones simbólicas, y pro tanto pueden imaginarse consecuencias de algunas acciones: por ejemplo: si al destapar el desagüe de la ducha, el agua se va por allí, yo también podría irme. Además su imaginación empieza a funcionar de forma acelerada, por lo que aparecen muchos miedos a esta edad. a veces, tienen sensación de miedo, pero no saben a que, y es la sociedad y su entorno (televisión, hermanos…) la que se encarga de hablarles de “monstruos”, “cocos” y demás seres imaginarios. y ellos ponen a su miedo esta etiqueta.

Los miedos imaginarios persisten durante los primeros años escolares, y a ellos se añaden los miedos sociales. Estos últimos pueden persistir hasta la edad adulta. Pocos adultos tienen miedo a la oscuridad, pero muchos temen hablar en público.

Muchas veces los miedos de los niños proceden de experiencias que no pueden entender y que les asustan. Algunas de las situaciones que pueden hacer aparecer miedo en un niños son:
  • Las reacciones de otras personas ante cosas o eventos. Por ejemplo el miedo intenso de otro niño ante una araña, o el pánico e una adulto ante una serpiente, pueden despertar en un niño miedo a estas mismas cosas.
  • La contemplación de eventos traumáticos: ser testigo de un accidente de trafico o ver un gato atropellado por un coche. Escenas como estas pueden dejar en el niño recuerdos duraderos y muy vividos.
  • La escasa autoestima o falta de auto confianza.
  • Tensiones familiares duraderas u hostilidad en el seno de la familia: hacen que el miedo y la incertidumbre pasen a formar parte de la vida del niño.
  • Separaciones prolongadas de los padres (hospitalización, muerte, divorcio).
  • Educación inconsistente: una aproximación diferente por parte de los padres a la educación produce en el niño confusión y puede ser la raíz de algunos miedos, como el miedo a ser rechazado.
  • Educar en el miedo: la educación debe ser vista como una guía que permite aprender de los fallos sin avergonzarse de ellos, sin ser ridiculizado ni castigado o dañado por ellos. Los padres deben hacer sugerencias positivas y explicar cuales son sus expectativas, antes que decir simplemente NO. cuando un niño es habitualmente ridiculizado o castigado por sus fallos, puede llegar a tener miedo de la reacción de sus padres a sus acciones. Un niño necesita que se le digan las cosas con frecuencia y necesita que se le de siempre otra oportunidad.
  • Sobreprotección: es necesario tomar precauciones e instruir a los niños acerca de situaciones reales de peligro y concernientes a su seguridad. Un niño de 5 años, no debería ser escoltado a casa de su vecino en general (salvo que haya sucedido algún acontecimiento reciente). Los niños a los que se protege con demasiadas precauciones pueden sentirse ansiosos y miedosos a su entorno. Pueden pasar un mal rato intentando desarrollar sentido de independencia y auto confianza. Por ejemplo: un niño de 7 años demasiado coaccionado, puede tener miedo de montar en bicicleta en el vecindario y más adelante sentirse ansioso ante cualquier comportamiento que conlleve cierto riesgo. También es posible que un preescolar al que se advierte mucho sobre no separarse de sus padres en el centro comercial, sin explicarle las razones para ello, luego puede tener miedo a ir a la guardería o a ir solo en autobús.
  • Un entorno familiar miedoso puede generar un niño miedoso. Así hay familias en las que se dedica demasiada atención al miedo de los padres al mar, a los accidentes, a los ladrones, a juegos infantiles con cierto riesgo…y en estas familias es mas probable que se generen niños asustadizos.
  • En momentos de estrés del propio niño (nacimiento de un hermano, una mudanza, divorcio de los padres), o algún accidente personal (caer al agua, quemarse o ser perseguido por un perro)
  • El proceso de quitar el pañal: hay niños que pueden desarrollar miedos durante este proceso. Los niños no entienden el mecanismo de la cisterna, el ruido les puede asustar, el pequeño espacio. Un niño que tiene una experiencia de deslizarse dentro del vater y tocar el agua con el trasero, puede asustarse y volver a las primeras etapas del proceso o incluso necesitar una interrupción del proceso. Algunos niños pueden tener miedo a la hora de ver desaparecer la caca por el desagüe, como si para ellos fuera una parte mas de su cuerpo (como un brazo o una pierna).
  • Una pesadilla: ¿nunca se ha despertado de una pesadilla pensando que lo sucedido era real? durante esos primeros momentos de confusión es difícil separar realidad de sueño. Los adultos, en virtud de nuestra experiencia pasada podemos reubicarnos enseguida y darnos cuenta de que solo ha sido un sueño. Pero los niños pequeños carecen de esta experiencia y confunden el sueño con la realidad. Esto puede ser fuente de algunos miedos que nos parecen “irracionales”.
Por tanto pueden ser causados por agentes externos (una película, una historia, una conversación entre adultos hablando de ladrones por ejemplo) o por situaciones que el niño vive en su vida diaria (un compañero que le arremete o le insulta en el colegio, miedo a los exámenes, ambiente familiar demasiado tenso).

3 de septiembre de 2012

Cinco cosas que no sabes sobre el sueño


  1. La falta de sueño provoca llanto, rabietas, lloriqueos y malestar.Más allá del desafío en materia de la crianza cuando estamos involucrados en problemas de sueño, los hábitos de sueño de tu hijo pueden afectar a cada momento de vigilia de cada día. Un niño falto de  sueño simplemente no está tan contento como el que duerme lo suficiente cada día. Los niños cansados ​​lloran más a menudo, pierden la paciencia con facilidad, se enrabietan más a menudo. Si  tienes un niño quejoso en tus manos, piensa en cuales son sus momentos de sueño al día y ajusta la hora de la siesta y la hora de irse a dormir por la noche.
  2. Uno de cada tres niños se despierta por la noche.
    Por muy frustrante que pueda ser para los padres, que un niño se despierte por la noche es normal. Todos los seres humanos se despiertan cinco o más veces cada noche, cuando se pasa de una etapa de sueño a otro. La cuestión, entonces, no es que el niño duerma toda la noche sin despertarse, sino que el niño pueda volver a dormirse por su cuenta cada vez que se despierte.
  3. Los primeros cinco minutos de la hora de la siesta reducen el cansancio.Los primeros minutos de una siesta de eliminan el cansancio por el momento. Si se despierta nada más quedarse dormido, no volverá a dormirse tranquilo, ya que estará "descansado". Sin embargo,  una siesta de al menos una hora es importante para espabilar a un niño para el resto del día. Ese estar "descansado" no dura mucho tiempo y puede fácilmente transformarse en nerviosismo. Así que estate pendiente si el niño se duerme en el coche, la silla de paseo, o frente del televisor. Una siesta de cinco minutos puede hacer que el niño no duerma una siesta larga y saludable.
  4. Acostarse temprano significa tener mejor sueño.La mayoría de los niños tienen una hora de dormir natural, biológica, que es temprano por la noche. La mayoría de los bebés, niños pequeños y preescolares reaccionan mejor con una hora de dormir entre las 6:00 y 7:30 PM La mayoría de los niños se quedan dormidos con más facilidad en este momento y luego en realidad duermen más y mejor cuando van a dormir más temprano.
  5. Un cuarto oscuro y poco ruido logran una mejor sueño.Disfruta de la biología natural de tu hijo ya que está realmente cansado cuando llega su hora de dormir. Puede ayudarle en la transición a la hora de ir a dormir si apagas las luces en tu casa durante una o dos horas antes de acostarse. Además, los ruidos en la casa y el vecindario puede hacer que un niño no duerma o que se despierte. Para enmascarar los ruidos y crear un ambiente de sueño, usa un ruido blanco, como el de las olas del mar o el de lluvia, canciones de cuna, música suave, o un aparato de radio en una cadena con conversación.
Por Elizabeth Pantley, extraído del libro "The No-Cry Sleep Solution"

25 de junio de 2012

Ocho hechos sobre el sueño de los niños que todos los padres deberían conocer

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Para entender mejor las formas de hacer que tu hijo quiera ir a dormirse y mantenerse dormido, he aquí algunos principios importantes sobre el sueño que todos los padres deberían entender.

Cómo duermes
Después de vestirse o desvestirse para ir a la cama, la mayoría de los adultos se ayudan a sí mismos a relajarse para el sueño, mediante varios rituales: leer, escuchar música, ver TV o teniendo sexo. (NOTA: supongo que se refiere a los que no tienen hijos, porque los que los tenemos no tenemos rituales, entramos en coma, y tenemos poco sexo en general). A medida que caes dormido, tus centros cerebrales superiores comienzan a descansar, permitiéndote entrar en una fase de sueño profundo llamada fase NO-REM (REM = movimientos oculares rápidos). Tu cuerpo y mente están relajados durante este periodo de sueño, tu cuerpo está quieto, tu respiración es pausada y regular, tus músculos están flojos. Después de aproximadamente una hora y media en este estado de sueño, tu cerebro comienza a despertar y trabajar, lo que te saca del sueño profundo, y pasas a una fase de sueño ligero o activo, llamado sueño REM (movimientos oculares rápidos). Durante esta fase, tus ojos se mueven bajo los párpados, mientras tu cerebro trabaja. Sueñas, das vueltas y puedes incluso colocar las mantas, sin despertarte por completo. Es durante esta fase cuando puedes despertarte por completo para, por ejemplo, ir al baño, y luego volver a la cama y volver a dormirte. Estos ciclos se alternan cada dos horas a lo largo de la noche, de forma que un adulto medio duerme unas seis horas en sueño profundo y dos en sueño ligero a lo largo de la noche. (NOTA: para completar la información os diré que en los primeros ciclos predomina el sueño profundo y a medida que pasa la noche se hacen más largas las fases de sueño ligero). Por tanto, no duermes profundamente toda la noche, aunque te pueda parecer que lo haces.

Como entran los niños en el sueño
Estás acunando, paseando o dando el pecho a tu bebé, y sus párpados comienzan a cerrarse, y su cuerpo a relajarse en sus brazos. Sus ojos se cierran por completo, pero sus párpados continúan teniendo pequeñas contracciones y su respiración es irregular. Sus manos están flexionadas y puede que haga algunos gestos involuntarios con la cara, llamadas “muecas del sueño”. Puede incluso continuar succionando de forma parecida a un “aleteo”. Justo en el momento en que te agachas para depositar a tu bebé “dormido” en la cuna, para intentar salir silenciosamente de la habitación, se despierta y llora. Esto es así porque no estaba completamente dormido. Estaba aún en fase de sueño ligero cuando le pusiste en la cuna. Ahora prueba a dormir a tu hijo como lo hagas habitualmente, pero hazlo durante un tiempo más largo (aproximadamente 20 minutos). Te darás cuenta de que las muecas desaparecen, y la respiración del bebé se vuelve pausada y profunda, y sus músculos se relajan por completo: sus manos se abren, sus brazos y hombros cuelgan pesados: señales de sueño profundo. El niño está ahora en una fase de sueño profundo, permitiendo que  puedas posarlo, respirando con satisfacción, porque el bebé ya está dormido.
Primera lección de “ser padres por la noche”: los bebés necesitan que se les duerma, no solamente que se les deje para que se duerman. Algunos bebés pueden ser dejados somnolientos y se dormirán solos, otros necesitan que sus padres les ayuden a dormirse.
La razón es que, mientras los adultos entramos directamente en la fase de sueño profundo, los niños en los primeros meses entran primero en una fase de sueño superficial. Y tras 20 minutos o más, gradualmente entran en fase de sueño profundo, del cual ya no es tan fácil despertarles. Como probablemente sabrás por experiencia, si tratas de poner apresuradamente a tsu hijo en la cama durante este periodo inicial de sueño ligero, habitualmente se despiertan. Con algunos meses más algunos bebés entran con más rapidez en la fase de sueño profundo. Aprende a reconocer las fases de sueño de tu hijo. Espera a que esté profundamente dormido antes de cambiarlo de ubicación.

Los ciclos de sueño de los bebés son más cortos que los suyos
Permanece “adorando” a tu bebé dormido y observa su sueño. Alrededor de una hora después de haberse ido a dormir, comienza a estirarse y moverse. Sus párpados aletean, hace muecas, respira de forma irregular y los músculos se tensan. Está volviendo a entrar en una fase de sueño ligero. El tiempo de pasar del sueño profundo al ligero es un periodo vulnerable del sueño, en el que muchos bebés se despiertan si alguna circunstancia les preocupa o incomoda (como el hambre). Si el bebé no se despierta, pasará por esta fase de sueño ligero durante los siguientes 10 minutos y posteriormente entrará de nuevo en el sueño profundo. Los ciclos de sueño de los adultos duran una media de 90 minutos, los de los niños son más cortos (50-60 minutos) así que tienen un periodo de sueño vulnerable cada hora o menos. Si cuando el bebé está en esta fase depositas una mano consoladora en su espalda o cantas una nana suave, o si te siente próxima porque duerme contigo, pasará este periodo sin despertarse.
Segunda lección de “ser padres por la noche”: algunos bebés necesitan que les ayuden para volverse a dormir.
Hay algunos niños que pueden pasar este periodo sin despertarse, y que, si se despiertan, pueden relajarse a sí mismos para volverse a dormir. Otros necesitan una mano amiga, voz o pecho para entrar de nuevo en el sueño profundo. De estos simples hechos sobre el sueño se deduce que uno de los objetivos de los padres por la noche es crear un entorno para dormir que ayude al bebé a pasar estos periodos vulnerables sin despertarse, para que entre de nuevo en la fase de sueño profundo. 

Los bebés no duermen tan profundamente como tú
No solamente les lleva más tiempo dormirse y tienen periodos de sueño vulnerable con más frecuencia, sino que además, el sueño ligero dura el doble que el de un adulto. A primera vista esto no parece honrado para los padres cansados de cuidar al niño todo el día. Pero si consideramos el principio de desarrollo que dice que los bebes duermen (o no) de la forma en que lo hacen por una razón vital, puede sernos más fácil entender las necesidades de sueño de tu hijo, y desarrollar una forma de ser padres por la noche que ayude, en lugar de dañar los ritmos naturales de sueño de tu hijo. Por esto estoy en contra de los “entrenadores de sueño”, que anuncian una variedad de técnicas diseñadas para que el bebé duerma toda la noche, a un precio, y con un riesgo.

Los despertares nocturnos tienen beneficios para la supervivencia
En los primeros meses, las necesidades de los bebés son las más altas, y su capacidad de comunicación la más baja. Supón que un bebé durmiera profundamente durante la mayor parte del tiempo. Algunas de sus necesidades básicas quedarían descubiertas. Los bebés pequeños tienen estómagos pequeños, y la leche materna se digiere con rapidez. Si el estímulo del hambre no le despertara con facilidad, no sería bueno para su supervivencia. Si la nariz del bebé estuviera obstruida y no pudiera respirar, o tuviera frío o necesitara calor y su estado de sueño fuese profundo de forma que no pudiera comunicar sus necesidades, su supervivencia estaría comprometida.
Una cosa que hemos aprendido en nuestra práctica como pediatras es que los bebés hacen lo que hacen porque están diseñados así. En el caso del sueño de los niños, las investigaciones sugieren que el sueño activo protege a los bebés. Supón que tu bebé durmiera igual que un adulto, es decir, predominantemente con sueño profundo. Suena maravilloso. Para ti, puede, pero no para un bebé. Supón que el bebé tiene necesidad de calor, comida o tiene obstruida la vía aérea, y que el sueño es tan profundo que no le permite actuar para corregir estos problemas. Su bienestar estaría en peligro. Aparentemente los bebés vienen configurados con unos patrones de sueño que les permiten despertarse en respuesta a circunstancias que afectan a su bienestar. Creemos, y los investigadores lo confirman, que las frecuentes fases de sueño REM (activo) sirven a intereses psicológicos de los bebés en los primeros meses, cuando su bienestar está más amenazado.
Tercera lección de “ser padres por la noche”: intentar que un bebé duerma demasiado profundamente demasiado pronto puede no ser lo mejor en términos de desarrollo del bebé. Por esto, los nuevos padres vulnerables a los “entrenadores de sueño” no deberían sentirse presionados para hacer que sus bebés duerman demasiado profundamente demasiado pronto.

Los despertares nocturnos son beneficiosos para el desarrollo
Los investigadores del sueño creen que los bebés duermen más “inteligentemente” que los adultos. Teorizan que el sueño ligero ayuda al cerebro a desarrollarse, ya que ese cerebro no descansa durante el sueño REM. De hecho el flujo sanguíneo al cerebro casi es el doble durante las fases REM. Este incremento de flujo es particularmente evidente en las áreas cerebrales que controlan automáticamente la respiración. Durante el sueño REM el cuerpo incrementa la síntesis de ciertas proteínas de los nervios, los bloques de construcción del cerebro. También se cree que el aprendizaje ocurre durante las fases activas del sueño. El cerebro puede usar este tiempo para procesar la información adquirida mientras estamos despiertos, guardando aquello que es útil y descartando lo que no lo es. Algunos investigadores del sueño creen que el sueño REM actúa autoestimulando el cerebro en desarrollo, proveyendo imágenes beneficiosas que promocionan el desarrollo mental. Durante esta fase de sueño ligero, los centros superiores del cerebro se mantienen operativos, mientras que en el sueño profundo estos están en silencio. Es posible que durante esta etapa de crecimiento cerebral rápido (los cerebros de los bebés alcanzan el 70% del tamaño adulto durante los primeros dos años) el cerebro necesite continuar funcionando durante el sueño para desarrollarse. Es interesante anotar que los bebés prematuros pasan el 90% de sus horas de sueño en sueño REM, posiblemente para acelerar el crecimiento cerebral. Como puede ver, el periodo de la vida en el que los humanos duermen más y en el que el cerebro se desarrolla más rápidamente, es también cuando más sueño activo se tiene.

Mientras crecen, los bebés alcanzan la madurez en el sueño
“Vale”, dirás, “entiendo este diseño en desarrollo, pero ¿cuándo dormirá mi bebé toda la noche?”. La edad a la que los bebés se asientan (es decir: se van a dormir con facilidad y permanecen dormidos) varía ampliamente de unos niños a otros. En los primeros tres meses, los bebés pequeñitos rara vez duermen más de cuatro horas seguidas, sin necesitar alimento. Los bebés pequeños tienen estómagos pequeños. Suelen dormir un total de 14-18 horas al día. Desde los 3 a los 6 meses muchos bebés comienzan a establecerse: están más despiertos por el día y algunos pueden dormir periodos de 5 horas. Es esperable en este periodo uno o dos despertares nocturnos. También observarás en este periodo que las fases de sueño profundo se alargan. Los periodos vulnerables para los despertares nocturnos disminuyen y los bebés entran en el sueño profundo más rápidamente. Esto se llama maduración del sueño. Lección 4 de “ser padres por la noche”: un hecho importante a recordar es que los hábitos de sueño de tu bebé son más un reflejo de su temperamento (del bebé) que del estilo de crianza que haya elegido. Mantén en tu mente que otros padres habitualmente exageran lo que duermen sus hijos, como si eso fuera una marca de buena paternidad, que no lo es. No es tu culpa que el bebé se despierte.

Bebés que continúan despertándose
Cuando los bebés maduran a estos patrones similares al adulto de sueño, varía de unos a otros. De forma que mientras la mayoría de bebés alcanza esta madurez en algún momento durante la segunda mitad del primer año, muchos continúan despertándose. ¿La razón? Estímulos dolorosos como catarros, erupción de los dientes se hacen más frecuentes. Adquisición de hitos del desarrollo como sentarse, gatear y caminar puede llevar a los bebés a practicar estas habilidades durante la noche. Después entre el año y los dos años, cuando el bebé comienza a superar estos estímulos, comienzan otras causas como la angustia de separación y las pesadillas. De todas formas, aunque comprenda la razón por la cual los bebés son propensos a despertarse, se da cuenta que sigue siendo importante para los padres y los bebés tener un sueño reparador por las noches, de otro modo, el bebé, los padres y su relación no irán bien.

Por William Sears

29 de enero de 2012

Las madres que amamantan duermen mejor.


En nuestro país, la mayoría de mujeres (un 80% aproximadamente) inicia la lactancia materna tras el parto. Existe la percepción de que la lactancia materna es más cansada, especialmente por las noches, de manera que ante una mujer con depresión en el postparto el consejo general es que abandone la lactancia para descansar mejor, ya que se ha visto que la fatiga incide en el estado de ánimo.

Gracias a un estudio publicado recientemente en Clinical Lactation por Kathleen Kendal-Tackett, Doctora en Psicología e IBCLC (Consultora Internacional Certificada en Lactancia Materna), se demuestra que estos consejos no se basan en la evidencia.

En su estudio, en el que participaron más de 6000 mujeres de 59 países, Kendall-Tackett y colaboradores se planteaban si el método de alimentación (lactancia materna exclusiva, lactancia donde se combinaba materna y artificial, o artificial) tenía algún impacto en las horas de sueño, la fatiga materna, el bienestar o la depresión.

Sus resultados son contundentes: las madres que amamantan de forma exclusiva notificaron mayor tiempo de sueño total, mayor energía durante el día, mejor salud física y menores tasas de depresión que las madres que utilizaban fórmula y lactancia mixta. No habían diferencias significativas entre las madres de lactancia mixta y artificial exclusiva. Según los autores, esto concuerda con estudios previos. El utilizar alguna toma de lactancia artificial no mejora el sueño. Llama la atención el no utilizar suplementación o el consejo de destetar como manera de disminuir el riesgo de depresión, ya que más bien podrían incrementar la extrema fatiga y la depresión.

El estudio se realizó teniendo en cuenta a bebés menores de 12 meses, y de entre las madres que amamantaban no se discriminó si practicaban colecho (si dormían con sus bebés) o no.

Las madres tienen derecho a decidir cómo alimentar a sus hijos y cuándo destetarles, pero debería ser una decisión informada en base a la evidencia científica si uno de los factores que inciden en la decisión es el descanso de la madre.

Ante una madre cansada se deberían evaluar otras condiciones físicas, como el hipotiroidismo, la anemia, una enfermedad autoinmune, una infección o la falta de vitamina d, por citar algunas causas de fatiga en general. Podría ser necesario, quizá, un estudio de sueño para detectar apnea o alteraciones en los ciclos.

Algunas propuestas para mejorar el cansancio serían, por un lado, hacer una lluvia de ideas junto con el profesional o consultora o asesora de lactancia sobre estrategias para hacerle frente: desde aceptar la ayuda de otros, dormir con el bebé, aprovechar los momentos de descanso del bebé para dormir también, etc. Por otro, técnicas de mejora cognitivo-conductuales para el sueño y, por último, tratar la depresión o la historia de trauma si los hubiera. El uso de medicación en casos graves podría ayudar, teniendo en cuenta que la mayoría son compatibles con la lactancia, pero para las medicaciones específicas para dormir se aconseja no practicar el colecho.

*Cristina Silvente. Psicóloga especializada en el ámbito perinatal y socia de El parto es nuestro. www.cristinasilvente.com Es coatura del libro sobre pérdidas gestacionales tempranas Las voces olvidadas, de próxima publicación.

Publicado en www.elconfidencial.com
La imagen es un cuadro de Dolores Palomino

10 de diciembre de 2011

Dejar llorar a un niño es cruel y provoca secuelas

Entrevista con Rosa Jové en El Diario de Burgos

"Lleva toda la vida volcada en la psicología infantil y juvenil, aunque también ha sacado tiempo para escribir algunos libros que han tenido un notable éxito entre los padres, como Dormir sin lágrimas, Ni conflictos ni rabietas o La crianza feliz.

Que si el niño no para de llorar, que si no come, que si se enrabieta y no hay manera de que entre en razón... Los niños no vienen con un manual de instrucciones. Por eso, tener el consejo de un psicólogo, ayuda.
- ¿Cuándo los padres entran en su consulta, usted ya sabe por su nivel de ojeras si el niño duerme bien o mal?
(Risas) ¡Qué va! Igual las ojeras de cansancio no se les nota tanto en la cara como en el ánimo.
- ¿Qué es lo que más preocupa a los padres de hoy ?
Va por tramos de edad, pero desde recién nacidos hasta los siete meses les preocupa sobre todo si come lo suficiente y el sueño.
- ¿Y qué pueden hacer unos padres desesperados cuando su hijo no duerme? Hasta los siete meses cualquier cosa que haga el niño va a ser normal porque vienen preparados para dormir en periodos cortos y poder comer frecuentemente. Si estuvieran ocho horas sin comer harían hipoglucemias y no es bueno. Hasta esa edad tiene que comer a la hora que quiera, despertarse y comer frecuentamente, así lo dice la Organización Mundial de la Salud.
- ¿Y a partir de esa edad? Lo que hacemos es un diagnóstico de lo que le pasa el niño. Entre un 10 y un 30% de ellos tienen apneas, dificultades respiratorias que hacen que no duerman, y eso no depende de darle o no de comer. Otros tienen reflujo esofágico, que hace que los vapores amargos que les suben del estómago les despierten por la noche. Lo que necesitaría ahí sería dormir más incorporado y darle algo para el estómago.
- El doctor Eduard Estivill aboga por dejar llorar a los niños por las noches hasta que se acostumbren y usted en cambio defiende lo contrario, que dejarle llorar no es la solución. ¿Cada psicólogo tiene su teoría? No, no hay teorías. Estivill cogió unos estudios antiguos que ha calcado en su libro pero a nivel científico no ha indagado mucho. Son cosas que están muy pasadas de moda y que dejan secuelas.
- ¿Está pasado de moda dejarles llorar? En la calle no, pero a nivel científico sí. Son teorías muy antiguas y además puede tener sus consecuencias.
- ¿Y qué secuelas puede dejar? Eduard Punset, en su libro El viaje al amor dice, literalmente, que la respuesta a si hay que dejar llorar al niño por la noche un buen rato o acunarlo, se encuentran en dos descubrimientos básicos de la neurociencia moderna. Señala (y lo lee literal) que el cerebro de un niño no está dotado por sí solo para afrontar la consecución del equilibrio, y las resonancias magnéticas de cerebros infantiles sometidos a periodos prolongados revelan alteraciones como una disminución del volumen del hipocampo, que aumenta la vulnerabilidad a la depresión, la ansiedad y el consumo de droga o alcohol en la etapa adulta.
Y todo esto puede ocurrir como consecuencia de dejarle llorar mucho tiempo.
Sí, y no solo para dormir, sino también durante el día. El dejarle llorar a un niño que está sufriendo y lo está pasando mal sin que nadie le consuele, hay estudios que demuestran que deja estas secuelas.
- ¿Y en su opinión es cruel? Evidentemente. Siempre digo que los niños son personas, y yo si veo a una persona que llora, tenga la edad que tenga, si es de mi familia yo le daré consuelo. Y no esperaré al día siguiente, si hay que ir por la noche se va.
- Pero si el niño se despierta cinco veces llorando, ¿hay que ir las cinco veces?Antes de los siete meses, sí. Y después lo que hay que hacer es saber qué le pasa al niño.
- ¿Los padres tienen ahora demasiada información para criar a un niño? La información no es mala y demasiada no sé si tienen. Sí que es cierto que se informan más que antes. Me gusta que los padres tengan información y si es demasiada, significará que se habrán leido varias teorías y luego actuarán en consecuencia. El problema es cuando tienen poca información y está sesgada. Yo abogo porque indaguen y ante la duda, actuar con tu instinto.
- ¿A través de sus libros intenta transmitir una forma natural de criar a los niños? Sí, pero es que hoy la gente exagera en cuanto a artilugios. Hay padres que antes de que nazca ya tienen tres cunas, el moisés, el cochecito, la sillita de paseo...y ahora parece que no puedes tener un niño si no tienes un calienta biberones. Mi madre tuvo cuatro hijos y no sabe qué es eso. Hay que comprar lo que se necesitas en ese momento, no lo que piensas que necesitarás. Conforme el niño crezca, ya verás lo que necesita.
- ¿Programas como Supernany dan buenas lecciones ? Para nada. Esos programas, como la mayoría, están muy manipulados. Al principio van a la casa del niño y le graban durante una semana en todos los momentos malos. Después va Supernany hace cosas sin ton ni son y graban al niño todo lo bueno que ha hecho en una semana. Ahora resulta que se baña, pero antes también lo hacía. Está manipulado, es un show. Por eso no tiene ninguna validez.
- ¿Las rabietas se arreglan con premios? A mi me gustan los premios, de hecho nosotros vamos a trabajar porque nos pagan. La recompensa la usamos cada día, y nos gusta que cuando algo lo hacemos bien nos lo digan. Es una forma de potenciar que tu hagas más una cosa que gusta a los demás. Lo que no me gustan son los castigos porque pienso que hay otras maneras de actuar.
- ¿Cuáles? ¿Negociar? Sí, aunque va por edades. Con menos de 2 años no razonan bien así que lo que tienes que hacer es evitar y distraer. Si en el camino de casa al cole pasas por un quiosco y el niño te pide cada día un chupachups, pues pasa por la calle de abajo o le distraes. A partir de los 3 y 4 años ya le puedes decir lo bien o lo mal que está algo, intentando negociar.
- ¿Algunos niños con los que ha tratado se han resistido a sus teorías? Cada niño es singular y para eso servimos los psicólogos porque si no pondríamos una máquina para meter los síntomas y te diría lo que tienes que hacer. Los psicólogos valoramos a cada niño y aplicamos programas especiales a cada uno.

18 de noviembre de 2011

Terapia para el Sr. Estivill

Texto: Ramón Soler publicado en el blog www.mentelibre.es/?p=1304, un blog muy recomendable.

Terapia para el Sr. Estivill

Los seguidores de este blog, ya conocéis nuestra opinión sobre los métodos conductistas para enseñar a dormir a los niños, de hecho, en varios artículos hemos alertado sobre las dramáticas consecuencias que tiene el dejar llorar solo a un bebé. Estas técnicas de adiestramiento constituyen maltrato infantil y tienen gravísimas consecuencias para la futura vida emocional del niño. En este artículo, queremos volver sobre este tema, pues, periódicamente, aparecen noticias en los medios en las que se trivializa el enorme impacto negativo que estos métodos tienen sobre la salud emocional y física de los niños.

Como casi todos sabréis, el traductor para España del método Ferber para enseñar a los niños a dormir, Eduard Estivill, está presentando estos días su último libro, una especie de manual con consejos pediátricos de “sentido común” para padres. Por otro lado, el susodicho, está promocionando una nueva edición revisada de su biblia de maltratos conductistas del sueño en la que promete que va a enseñar a los bebés a dormir solos ¡¡desde el primer día de vida!! Una atrocidad, vaya. Los niños no necesitan que nadie les enseñe a dormir, ni a comer, ni a hacer pipí/caca, ni a jugar. Cuando llega su momento, lo aprenden, sólo tenemos que respetar sus tiempos madurativos

Las absurdas y delirantes declaraciones de Estivill, en El País, para vender su último libro, nos proporcionaron algunos detalles sobre su vida que nos pueden ayudar a entender las motivaciones inconscientes que este médico tiene para promocionar y alentar el maltrato infantil.

Pasada la indignación inicial que sentí al leer la entrevista, afronto esta entrada con tristeza por el niño maltratado que fue, pero sin pena alguna por el adulto en el que se ha convertido, responsable y cómplice del maltrato de miles de niños. Según las cifras, ha vendido tres millones de libros, de modo que podemos hacernos una idea de la cantidad de infancias traumatizadas que ha provocado.

Leyendo las declaraciones del Sr. Estivill, podemos observar cómo refleja perfectamente los efectos de una infancia maltratada descritos por muchos especialistas y que observamos habitualmente en la consulta:

- Infancia violentada y negación de la verdad.

“Sufrí una obesidad mórbida porque soy hijo de la posguerra y mis padres me sobrealimentaron. Entonces, un niño gordo significaba un niño sano.”

Habla con naturalidad y con absoluta frialdad del comportamiento de sus padres con respecto a la comida. ¿Qué quiere decir “unos padres de posguerra que le sobrealimentaron”? Traducido, esto significa: una escena de tensión en torno a la mesa, unos padres que fuerzan a comer a un niño, aunque éste ya estuviera lleno o no le apeteciera la comida, gritos, golpes en la mesa y, quizás, la cuchara metida a la fuerza en la boca del pequeño Eduard que no podía hacer nada por defenderse. La única solución para que acabara toda aquella situación era callarse y engullir todo lo que quisieran sus padres.

Tuvo que tragarse toda la comida, pero, también, las emociones de frustración, rabia e impotencia que sentía el niño frente a la imposición de sus padres. Además, los comentarios de los familiares y vecinos reforzarían toda la situación… “qué niño más sanote, qué bien cuidado, es cómo un angelote, etc.” El niño Eduard, acabó sucumbiendo a la única realidad que conocía y a lo que escuchaba por todos lados. Incluso, con el tiempo, dejó de hacer caso a sus emociones y terminó convenciéndose de que sus padres hacían lo mejor para él, que lo hacían “por su propio bien”. Por cierto, este patrón de comportamiento, lo vuelve a utilizar en la actualidad: convence a los padres que utilizan su método de que, aunque los niños lloran y sufran, ellos están haciendo lo mejor para sus hijos. Retorcido ¿verdad? Exculpa de toda responsabilidad moral, a los padres que usan su cruel método, con el fin de negar y esconder la culpa de sus propios progenitores y, de este modo, evitar examinar su propia realidad de niño maltratado.

Actualmente, en lugar de espantarse por cómo le forzaron a comer, se mantiene neutro, sin manifestar emoción alguna. ¿Cómo podría ser de otra manera, si tuvo que negar sus propias emociones?

- Volcar sus emociones reprimidas sobre inocentes.

“La crisis salvará a los niños, seguramente los enseñará a sufrir, estarán educados en la frustración. El éxito es algo totalmente puntual, hemos de tender a buscarlo, pero el camino al éxito está lleno de frustraciones. Hasta ahora los niños lo tenían todo”

En la infancia, el pequeño Eduard tuvo que negar el maltrato recibido y reprimir las emociones que no podía expresar, pero esto no significa que la energía de estas emociones haya desaparecido. Si pensamos en la frialdad del método Estivill al no permitir acudir a los padres a consolar al niño que llora solo en la habitación, no resulta difícil deducir dónde vuelca el Dr. Estivill toda la rabia y frustración que no pudo expresar contra sus padres. Sólo alguien que haya sido forzado a reprimir sus emociones y a no reconocer el maltrato sufrido en su infancia podría justificar este tipo de métodos para enseñar a dormir a los niños. Sólo alguien que ha debido negar su propio sufrimiento permanecerá ciego ante el sufrimiento de los demás y será capaz de vender un método de adiestramiento que roza el sadismo.

Se percibe en las declaraciones de este sujeto, la errada filosofía de personas que han sufrido mucho, según la cual, como la vida es dura, hay que preparar a los niños desde que son pequeños y educarles en la frustración. El pequeño Eduard interiorizó las ideas de sus padres, según las cuales, las cosas se consiguen mediante el sufrimiento y la frustración.

El daño es aún mayor si tenemos en cuenta que sus libros confunden a muchos padres en unos momentos tan delicados como son los primeros meses y años de sus hijos. Toman al Sr.Estivill como una referencia de autoridad y no pueden cuestionarse si lo que dice tiene o no tiene sentido. En momentos de desesperación, recurren a la solución “fácil” que les ofrece su método, pero en su libro, el Sr. Estivill, debería informarles también de que las privaciones de apego, cariño y acompañamiento en la primera infancia, conllevan en la vida adulta numerosas secuelas tanto físicas como psicológicas.

- Soluciones fáciles, pero sin profundizar en el problema

“Hace ocho años tuve una embolia que por suerte se quedó en la pierna”. Y comenta la periodista: “Llegó a pesar 138 kilos y no tuvo más salida que la cirugía. Ahora está hecho un figurín. Come muy despacio. Tarda una hora de reloj en acabar con el enorme plato de arroz.”

Ante un problema tan extremo y crónico como la obesidad mórbida, en algunas ocasiones, se hace necesario recurrir a la cirugía para revertir el proceso. Sin embargo, me hubiera gustado que el Sr. Estivill hubiese podido trabajar también las causas emocionales que influían en su problema. Estoy seguro de que no lo hizo, máxime cuando hace tiempo declaró que se había operado porque “las dietas no van conmigo”.

En una sociedad estresada como la nuestra que busca la solución inmediata para todos los problemas sin tener que esforzarnos lo más mínimo, esa actitud está bastante extendida, pero eliminar el síntoma no significa que el problema haya desaparecido. Tarde o temprano, las mismas emociones que no ha querido ver y que provocaron la obesidad, buscarán una nueva forma de expresión, a través de otro síntoma.

Esta actitud de centrarse únicamente la punta del iceberg, sin atender al origen del problema ni pensar en las consecuencias que pueda tener la solución que adoptemos, es la misma que se refleja en su método para enseñar a dormir a los niños. Una intervención que consigue que duerman, pero que se despreocupa de las secuelas emocionales que deja.

- Desconexión con la realidad.

“No hay un solo artículo científico ni una sola controversia y crítica en las sociedades y el mundo científico. No he inventado nada: mi mérito es saber poner en palabras sencillas lo que la ciencia ha ido descubriendo. Internet no es un foro científico: cualquiera pueda hacer de médico o de periodista.”

Este párrafo de la entrevista, muestra claramente una desconexión total de la realidad. No sólo niega toda la evidencia empírica de los últimos cuarenta años sobre el apego, sino que, además, se erige en el portavoz que nos traduce los conocimientos científicos a los pobres legos e ignorantes que, prácticamente, no sabemos leer. Sr. Estivill, en Internet hay muchísimos profesionales de muy distintos campos, formados y con la preparación suficiente como para poder entender el lenguaje científico.

Tal y como usted dice, no hay controversia alguna en el mundo científico con respecto a su método, pero es justo al contrario de cómo usted lo interpreta. Todos los descubrimientos de los últimos años sobre apego y neurología, ponen de manifiesto las gravísimas consecuencias de separar a un niño de sus padres y dejarlo llorar hasta que se duerma. Desde John Bowlby hasta Sue Gerhardt, pasando por Alice Miller o Thomas Verny, todos coinciden en lo mismo. No hay absolutamente ningún estudio que diga que el abandono es beneficioso para los bebés. Lo único que usted puede afirmar de su método es que consigue que los niños duerman, pero sin importarle las consecuencias emocionales que pueda acarrear, lo cual, me parece además de irresponsable, muy peligroso.

- Defensa ciega de su método.

Durante la semana pasada, en todas las entrevistas del Sr. Estivill concedidas a numerosos medios de comunicación, hemos podido ver cómo tanto las preguntas como las respuestas eran muy similares. Parecía como si cada intervención fuera la representación de un guión estudiado, preparado de antemano y sin preguntas incómodas. En cada una de las entrevistas, Estivill repetía de forma insistente las mismas ideas falaces: que la comunidad científica apoya su método y que él es el encargado de hacer entender al pueblo llano las conclusiones actuales de la ciencia.

Pero por mucho que se repita una mentira, ésta no se convierte en verdad. Aunque el Sr. Estivill insista, hasta la saciedad, en defender su método, la realidad sigue siendo la misma: los niños sufren y se traumatizan terriblemente por culpa de su sistema para “enseñarles” a dormir. Jamás un estudio podrá demostrar los beneficios de los métodos conductistas de adoctrinamiento para enseñar a dormir, por mucho que él se esfuerce en convencernos de lo contrario.

Por otro lado, siempre intenta desprestigiar todas las críticas que se le hacen en Internet diciendo que no quiere entrar en polémicas y basándose en un supuesto apoyo científico que, por cierto, nunca muestra. En ningún momento, ni siquiera en sus libros, cita un solo artículo que apoye su sistema.

Ante esta defensa tan obstinada y fortificada de su método, no puedo evitar preguntarme si no estará el Sr. Estivill tan encerrado en su burbuja de falsedad que, inconscientemente, teme que una sola pregunta sobre las emociones de los niños y las consecuencias de su sistema pueda desmoronar el inestable castillo de naipes en el que vive.

Sospecho que la misma energía que emplea actualmente para defender su método a pesar de la crueldad que supone para los niños, fue la misma que tuvo que utilizar de pequeño para negar la realidad del maltrato al que fue sometido por sus padres.

Una recomendación final.

Por todo lo visto anteriormente, Sr. Estivill, me preocupa que su percepción de la realidad esté más influenciada por su educación coercitiva y las emociones reprimidas de su infancia que por los avances científicos.

Dado el daño que usted provoca en millones de niños, engañando a sus padres y convenciéndoles de la bondad de su método, considero de vital importancia para nuestra sociedad, que usted sea capaz de sacar a la luz y asumir la realidad de su propia infancia. Se aprovecha de que muchos padres, que también fueron maltratados de pequeños, ven en su método una manera de seguir perpetuando esa misma educación con sus propios hijos y, además, encuentran en sus libros una excusa para atenuar su culpa. Muchas madres me han dicho cosas como “amigas mías lo han utilizado con sus hijos y no pasa nada”, pero la realidad es que sí que este método conlleva repercusiones físicas y psicológicas negativas para la salud de sus hijos.

Debido a esa gran influencia que usted tiene sobre tanta gente, sería muy importante que, tras someterse a una profunda terapia, fuera capaz de retractarse de todo lo que ha escrito. Si lo hiciera, podría ayudar a quitar la venda de los ojos a muchos padres que siguen tan ciegos como usted con respecto al sufrimiento de los niños.

Debería tomarse este trabajo terapéutico muy en serio ya que, en algunos casos, esa separación de la realidad resulta peligrosa, sobre todo, si publica libros y sus opiniones confunden a millones de personas. El daño que usted está provocando a la sociedad es incalculable. Los niños adiestrados con su método serán adultos frustrados y resentidos que, al igual que usted, podrán acabar proyectando esas emociones sobre los demás y no ayudarán a rebajar el nivel de tensión y violencia de nuestro mundo.


12 de noviembre de 2011

Carta al Dr. Estivill


He leido recientemente un par de entrevistas suyas en las que usted afirmaba que no hay estudios que contradigan “su método” para hacer dormir a los niños y que los niños a los que les enseñan a dormir son más felices, más sanos y rinden mejor en la escuela.

Bueno, a mi me gustaria aclararle que efectivamente la mayoria de padres y madres de este país no somos médicos, ni entendemos la jerga técnica tal y como usted afirma. Nosotros somos tan solo simples padres/madres, pero no insulte nuestra inteligencia, sabemos leer, y por suerte no solo sus libros.

También como padres y madres leemos toda la bibliografía (de la que usted parece no conocer la existencia) referente a los factores que influyen en la evolución y maduración de la infancia.

Así por ejemplo podemos mirar bibliografía/estudios de René Spitz (1945 aprox.) sobre la maduración y evolución psicológica de los niños en la primera infancia; los estudios de Bowlby sobre la necesidad de los niños del apego seguro para su evolución madurativa y emocional satisfactoria; los estudios de Marie Ainsworth (1960) donde se estudiaba los tipos de apego; Mario Marrone (2001) y Peter Fonagy (2004) que confirmaron y desarrollaron los primeros estudios de Bowlby sobre la necesidad de un apego seguro y de sus graves repercusiones cuando habia carencias, o bien estudios de Als, Trevarthan, Tronick, Brazelton, etc.

Estamos de acuerdo en que estos estudios no contradicen explicitamente “su metodo” para hacer dormir a los niños. Estos estudios nos enseñan a los padres y madres, que dejar llorar a nuestros hijos en edades tempranas e infancia, que no atenderles cuando así lo requieren, que privarles de nuestro contacto, aunque sea en las intempestivas horas nocturnas, perturba gravemente a nuestros hijos y les lleva a una maduración emocional y psicologica deficitaria.

Así que por favor Dr. Estivill, por el bien de nuestros hijos ¡ESCRIBA MENOS Y LEA MÁS!

Elsa Pedrola Jándula
Corbera de Llobregat
(mamá)

Foto: http://amatuergrandpa.blogspot.com

10 de noviembre de 2011

Para que los bebés duerman, la receptividad de los padres es más importante que la rutina

Los padres entienden el desafío dormir a los bebés toda la noche, y ahora los investigadores de Penn (Universidad Park, Pensilvania), muestran que ser emocionalmente receptivos puede reducir las interrupciones del sueño y ayudar a los bebés y niños pequeños a dormir mejor.

"La hora de dormir puede ser un momento muy emotivo. Es la separación más larga del día para la mayoría de los niños " , dice Douglas Teti , profesor de desarrollo humano y estudios familiares . " Me chocaba que ir a dormir, y dormir bien, es mucho más fácil para algunos niños pequeños que otros, y yo quería estudiar que factores influían en ello y en que contribuyen padres y niños en los patrones de sueño. "

camaEn el estudio , que examinó las conductas de las madres durante la hora de dormir de los bebés , los padres tenían el mayor éxito con el sueño de sus hijos cuando respondieron apropiadamente a las señales de sus hijos. Esto incluye el desinterés que muestra en una actividad o, simplemente, mirando inquisitivamente a un padre cuando están cansados. Por ejemplo, una madre en el estudio hablaba en voz baja y suavemente a su bebé de 6 meses de edad durante la lactancia. "Continuamente miraba a la cara del bebé y, cuando el bebé vocalizaba , respondía con prontitud (por ejemplo : «Todo esta bien)" dicen los autores del informe en una edición reciente del Journal of Family Psychology .

Por el contrario, una madre diferente en el estudio "utilizó las directrices opuestas con su hijo de 24 meses de edad, durante la lectura de libros cada vez que el niño se levantó de la cama" y "tuvo un continuo afán de involucrar al niño en el libro a pesar de claras señales de que el niño fue perdiendo el interés (por ejemplo , el niño estaba inquieto y continuamente desviaba su atención a otra cosa) ", señalan los autores. El resultado : "el niño se levantó y salió de la habitación en cuatro ocasiones antes de que finalmente cayera dormido. "

Cuando los padres infunden confianza a través de la comunicación emocional, Teti y sus colegas creen que les hará saber a los pequeños que están en un ambiente seguro." Las emociones son la forma más básica de comunicación entre los bebés y los padres ", dijo Teti .

Sus hallazgos plantean nuevos retos a los padres porque sugieren que la atención emocionalmente disponible – la observación de las señales y responder adecuadamente a los niños - es más eficaz que un comportamiento específico (rutina) a la hora de acostarse promover un mejor sueño.

Los investigadores no encontraron relación significativa entre las interrupciones de sueño y la cantidad de tiempo dedicado a los padres en estrecho contacto con los niños o que participan en actividades tranquilas antes de acostarse. Esto contradice investigaciones anteriores , que habían sugerido que el contacto prolongado físico cercano con un padre socava la capacidad de los bebés a dormirse por su cuenta.

Este estudio fue uno de los primeros en utilizar la observación directa los patrones del sueño del niño , y es el primero en usar múltiples cámaras de vídeo en las habitaciones para capturar las interacciones entre padres e hijos por la noche.

"El sueño es un contexto del que sabemos poco ", dijo Teti . "Puede ser un período muy emotivo para los padres y los bebés. En cuanto a las interacciones entre padres e hijos en este contexto podría ser más elocuente para los resultados de la infancia que lo que ves en una sesión de juego más estructurado durante el día . "Muchos estudios existentes de la paternidad se han centrado en entornos de juego controlado , en la que los investigadores han estudiado las interacciones entre padres e hijos y las emociones.

En este estudio de Teti , SIESTA I (Estudio de la Trayectorias emergente del Sueño de los bebés)? analizaron los datos de 35 familias , y se vieron resultados muy similares en un estudio en curso longitudinal, SIESTA II , que es un análisis más en profundidad de los factores que favorecen el sueño infantil como la edad los bebés , de 1 a 24 meses. SIESTA II es un proyecto financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano.

Uno de los pasos a seguir será el de examinar las relaciones entre los diferentes temperamentos de los bebés , la crianza de los hijos antes de acostarse y durante la noche , las interrupciones del sueño, y el desarrollo , de acuerdo con Teti .

Otros autores del estudio son Bo -Ram Kim, Gail Mayer y Molly Countermine, todos estudiantes de postgrado de desarrollo Humano y Estudios Familiares en la Universidad de Penn State en el momento de la investigación.


21 de agosto de 2011

¿Cuáles pueden ser las causas de que los niños no concilien el sueño?



La primera causa de que los niños no duerman como no gustaría a sus madres y padres es biológica y natural. Los niños pequeños, sobre todo los bebés, están preparados para despertarse porque lo necesitan para sobrevivir. Es por ello que sus fases de sueño son diferentes de las de los adultos y en ellos predominan las fases de sueño ligero. Un bebé necesita despertarse para comer cada tres o cuatro horas, necesita alertar a su cuidador de que tiene frío o calor, de que está sucio, de que se siente mal, etc. Por eso es completamente normal y sano que un bebé recién nacido se despierte varias veces por la noche.

Ahora bien, como madres y padres la dificultad de conciliar el sueño de nuestros hijos y sus despertares nos resultan agotadores y terminan por pesarnos en nuestras actividades cotidianas.

Para ayudarnos existen algunas técnicas que nos ayudan primero a reducirlos y luego, a medida que crecen nuestros hijos (y su sueño madura) a anularlos.

Si nos centramos en los problemas de conciliación (ayudarle a dormir) nos encontramos con diferentes tipos de “problemas” (lo entrecomillo porque son problemas para nosotros como adultos, no para nuestros hijos).

1. Los bebés trasnochadores, esos que se duermen a horas muy tardías
2. Los bebés que odian la cuna y que en cuanto la sienten se despiertan. (En broma le llamamos el síndrome de la cuna con pinchos).
3. Y algunos padres también consideran un problema que niño o bebé necesite la presencia paterna o materna para conciliar el sueño.

En los dos primeros puntos, la principal causa que he observado es la falta de una rutina para ir a dormir, es decir, la presencia de ciertas actividades que tranquilicen al bebé y lo ayuden a entender que va siendo hora de pensar en dormir. Muchos padres excitan a sus hijos mediante el juego antes de ir a dormir logrando así posponer la hora de sueño ya que un niño cansado y excitado es más difícil de relajar. (Igual que nos pasa a los adultos).

En el tercer caso: la presencia de la madre o padre para conciliar el sueño, aunque muchos padres lo vivan como un problema, no lo es en absoluto. Es normal que los bebés y los niños requieran de la presencia paterna. Esto les brinda seguridad y afecto creando fuertes lazos de apego que resultan muy enriquecedores para el futuro y para la vida familiar.

5 de julio de 2011

Por fin juntos: sueño


Tras muchos meses de espera, ya podéis abrazaros, ya sois una familia. Los primeros meses son de aprendizaje y conocimiento mutuo.

  1. Aunque hay unos márgenes más o menos establecidos, cada niño necesita unas horas de sueño determinadas. Tu hijo es único, no lo compares con otros niños de tu entorno.
  2. Cuando son muy pequeños su sueño no puede regularse por una rutina porque no diferencian el día de la noche. Por este motivo, se reparte durante las 24 horas del día.
  3. Recuerda que todos los niños pequeños reclaman a sus padres por las noches. Unos tardan más y otros menos en dormir toda la noche de un tirón. La mitad de los niños de dos años aún se despierta alguna vez.
  4. Es normal que necesiten la presencia o el cuerpo del adulto para relajarse. Dormir cerca o con los padres, o con un hermano, le ayuda a conciliar el sueño. Cuanto más tranquilo y seguro se sienta, antes se dormirá.
  5. En épocas de cambios (de casa, de colegio…) su sueño puede ser agitado. Sé paciente y acompáñale.
  6. Creer que si se cansa más dormirá mejor, es un error. Entrar en el sueño excitado es mucho más difícil.
  7. Ir a la cama tiene que ser un momento agradable. Cuida el ambiente, cántale una nana, hazle caricias mientras le invitas a dormir, leed un cuento. Sus necesidades pueden variar según su edad y temperamento.
  8. No ocurre nada porque tu hijo se duerma mientras lo meces entre tus brazos o en el pecho cuando mama. Así no se malacostumbra. Lo realmente importante es que esté tranquilo y relajado.
  9. Cuando estés desesperada pregunta a tu madre cómo dormíais tus hermanos y tú… podría ser que vuestro caso no fuera tan diferente.
Artículo de la revista “El mundo de tu bebé” nº 200, escrito por: Julio Basulto, Dr. Carlos González, Laura Gutman, Rosa jové e Imma Marín.

14 de abril de 2011

Sueños, pesadillas y terrores nocturnos


Por lo general los sueños son agradables o aburridos, y para muchos niños pequeños constituyen un problema cuando les dan miedo. En el año 1920, el doctor Kimmins llevó a cabo un estudio impresionante. Reunió y estudió los sueños de miles de niños, encontrando que el 25% de todos los sueños eran pesadillas y, en casi todas ellas lo que producía terror al niño era la imagen de un anciano. También descubrió que hasta la edad de seis años muchos niños confundían sueño y realidad (Kimmins, C. W., Children´s Dreams).

Las pesadillas son episodios de sueño con ansiedad que surgen generalmente durante el sueño paradójico y que pueden despertar al niño.

Es difícil saber porque los niños tienen pesadillas. El doctor Hugh Jolly opina que se trata de niños con un nivel intelectual superior a la media, siendo importante evitar que se exciten y alboroten demasiado antes de ir a dormir. Según algunos pediatras los resfriados y obstrucciones nasales pueden ser los desencadenantes de pesadillas, sobre todo cuando aparecen imágenes de asfixia, ahogos,...

Indudablemente las pesadillas son más frecuentes cuando el niño está preocupado o ansioso por algo. Si son muy frecuentes, por ejemplo casi diarias, entonces probablemente estén relacionadas con inseguridad en el niño por algún motivo en casa o en el colegio. Por lo general no sirve de nada preguntarle al niño qué es lo que le preocupa. Pero muchas veces, solo el hecho de charlar con el niño sobre lo que le ocurre ya pone fin a las pesadillas.

Según Martin Herbert, psicólogo de la Unidad de Evaluación Pediátrica del Leicester Royal Infirmary, se observa un sensible aumento de pesadillas en aquellos niños que han estado separados de sus madres durante un periodo largo de tiempo, sobre todo más de cuatro semanas. Y todavía mas si el niño está separado de su madre, y además hospitalizado. Existen menos posibilidades de que esto ocurra, si aunque el niño este separado de su madre, duerma en su hogar.

Frecuentemente se considera a la televisión como la causante de las pesadillas. Se ha dicho que una de las consecuencias de mirar los programas y películas violentas antes de acostarse es la aparición de más alteraciones nocturnas. En el año 1964, se realizó una investigación sobre el tema con dos grupos de niños voluntarios. Ambos grupos vieron un programa en la televisión. Mientras unos miraron un western violento y sanguinario, los otros hacían lo propio con una comedia romántica. El resultado fue que en ninguno de los dos grupos, los niños soñaron lo que habían visto, sin embargo el grupo que había visto el western, tuvo sueños con imágenes más vivas e intensas, aunque nunca fueron pesadillas. Es una cuestión de sentido común aconsejar a los niños que no vean programas o películas de miedo antes de acostarse, no tanto por el posible riesgo de tener pesadillas, sino por el simple hecho de que les va a ser más difícil conciliar el sueño.

Los niños que comparten la misma cama o la misma habitación sufren menos pesadillas. Muchas familias que primero han hecho dormir a sus hijos en habitaciones separadas y después en una cama familiar, explican que el hecho de dormir juntos conlleva una reducción inmediata de las pesadillas.

Terrores nocturnos
Muchos padres confunden las pesadillas con los terrores nocturnos cuando en realidad son cosas muy distintas. Los terrores nocturnos ocurren en el primer tercio de la noche, el niño que hasta ese momento estaba durmiendo calmadamente, se sienta de forma brusca en la cama gritando intensamente. Se pueden producir toda una serie de vocalizaciones acompañadas de manifestaciones de una ansiedad intensa. Se pueden producir también gestos descoordinados y rápidos. A pesar de toda esta actividad el niño puede tardar entre cinco y diez minutos en despertarse, en el caso de que esto ocurra. En plena crisis no reconocerá a sus padres y estará desorientado. La única cosa que un padre puede hacer por su hijo es abrazarle y tranquilizarle intentando no despertarle hasta que se calme. El niño no se acordará de nada de lo sucedido.

Los terrores nocturnos están estrechamente relacionados con el sonambulismo. Ambos aparecen durante la misma fase de sueño y según parece ambos tienen un componente hereditario importante. Un estudio realizado con gemelos reveló que si un miembro del par de gemelos univitelinos presenta uno de estos trastornos, el otro miembro tiene una probabilidad seis veces mayor de presentarlo él también, que si los gemelos son bivitelinos. Esto supone que se trata de un trastorno de base genética más que ambiental. De modo parecido, el 80% de sujetos sonámbulos y el 96% de sujetos con terrores nocturnos, tienen familiares en primer, segundo, y tercer grado que también sufren uno o ambos trastornos.

Los terrores nocturnos desaparecen con el tiempo. Por muy alarmantes y angustiosos que sean, son inofensivos y sus efectos tanto a largo como a corto plazo, no son más que la interrupción del sueño de la familia.