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31 de julio de 2013

Cronología de la lactancia materna (11)

Antes de leer esta entrada, lee las anteriores:
Cronología de la lactancia materna (7): Cuatro meses
Cronología de la lactancia materna (8): Cinco a seis meses
Cronología de la lactancia materna (9): de siete a ocho meses
Cronología de la lactancia materna (10): de nueve a diez meses


Un año
Muchos de los beneficios para la salud que le has proporcionado a tu hijo con este año de lactancia materna  van a durar toda la vida. Su sistema inmunológico es más fuerte y será mucho menos probable que necesite ortodoncia o logopedia.
La Academia Americana de Pediatría recomienda la lactancia durante al menos un año, para ayudar a asegurar una nutrición normal y una buena salud de tu bebé.
Como le has dado el pecho durante un año, el contenido de grasa y la energía de la leche materna ha aumentado significativamente en comparación con la leche materna de las mujeres que dieron pecho menos tiempo (Mandel. D et al).
Muchos bebés maman poco a esta edad, sólo una o dos veces al día. Otros pueden desear comer más a menudo por comodidad.
El hecho de que la mayoría de los bebés pueden tolerar la leche de vaca después de un año no significa que la leche de vaca deba sustituir necesariamente la leche materna. La leche de vaca no contiene las vitaminas biodisponibles y los anticuerpos que se encuentran en la leche materna. También está bien documentado que cuanto más tarde se introduzca la leche de vaca (un alergeno común) en la dieta de un bebé, menos probabilidad habrá de reacciones alérgicas (Ponzone. A).
Al haber tomado pecho por lo menos durante un año tu hijo tiene más probabilidades de mostrar un mejor ajuste social cuando comience la escuela (Kneidel. S). Además, tiene menos riesgo de tener sobrepeso o enfermedades cardíacasen la edad adulta. Ah, y te habrás ahorrado más de 500€ en leche de fórmula (NCT).

Dieciséis meses
Has seguido proporcionando una nutrición normal y una protección contra las enfermedades a tu bebé en un momento en que las enfermedades son más comunes en los otros bebés. Tu bebé seguirá recibiendo  beneficios inmunológicos importantes durante el tiempo que sigas amamantándole.
Se ha demostrado que los niños amamantados entre los 16 y los 30 meses tienen menos enfermedades y más cortas que los niños que no amamantan, necesitando por tanto menor atención médica. (Gulick. E).

Algunos de los factores inmunológicos en la leche materna aumentarán su concentración durante el segundo año (Goldman. A et al).

14 de diciembre de 2012

Desarrollo y necesidades físicas etapa 0-3 años

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Es una fase de desarrollo físico acelerado: se triplica el peso de nacimiento, se duplica la talla y el perímetro cefálico alcanza el 50% del de adulto.

La alimentación
La alimentación ocupa un papel principal en la vida del recién nacido. La succión, además de un instinto natural para la satisfacción alimenticia, es una fuente de placer y de descarga de tensiones internas.
  • La leche materna es por sí solo el mejor alimento y bebida que puede darse a un bebé menor de seis meses de edad, no precisa ningún otro alimento o bebida, durante ese periodo. Contribuye a proteger a bebés y niños pequeños frente a enfermedades y reforzar el vínculo entre madre-hijo, favoreciendo la salud de la mujer y el distanciamiento de los embarazos, en determinadas condiciones. Para iniciar la lactancia natural conviene iniciarla en la 1ª hora tras el parto y los recién nacidos deben estar cerca de sus madres. Casi todas las mujeres pueden amamantar a sus bebés, sólo precisan de un adecuado sostén de profesionales capacitados y del medio familiar y social, pudiendo continuarla junto con otros alimentos adecuados a la edad todo el tiempo que madre e hijo deseen.
  • La alimentación con leche artificial, para aquellas mujeres que opten por ella, debe realizarse en condiciones higiénicas y los sucedáneos deben ser los adecuados para la edad y salud del bebé, teniendo muy presente las recomendaciones médicas en este sentido.
  • A partir de los 6 meses se introducen lenta y paulatinamente otros alimentos adecuados para su edad, favoreciendo la actitud de tocar y coger los alimentos con la mano.
  • El apetito disminuye al final del primer año y de forma progresiva en los dos años siguientes: el peso aumenta en dos kilos y medio aproximadamente en el segundo año, dos kilos el tercer año y unos 17 centímetros en estos últimos. Se favorece una adecuada alimentación en esta etapa, si se respetan las necesidades individuales de cada niño, no forzando la ingesta y ofreciendo una dieta variada que evite las golosinas, bollería y zumos. Como medida de apoyo institucional en este terreno están desarrollados la atención pediátrica hospitalaria y el Programa de Atención al Niño Sano, que se realiza en los centros de salud.
El sueño
El sueño en esta etapa es distinto del de la vida adulta, al contrario que éste el 80 % del sueño es ligero, de ahí los frecuentes despertares nocturnos, además de la necesidad de siestas diurnas.
  • Los problemas que muchos padres plantean sobre el sueño de sus hijos en sus primeros años, derivan en mayor medida de un problema de expectativas poco realistas sobre sus hábitos y la dificultad de armonizarlos con los restantes miembros de la familia incorporados al ritmo de vida social y productivo. Las razones culturales parecen pesar en determinadas recomendaciones que invitan a forzar la adquisición de hábitos de sueño “adulto” en niños de temprana edad, así como a no satisfacer sus necesidades de compañía si las hubiera, pudiendo resultar en un conflicto de sentimientos niños-padres.
  • Para prevenir el Síndrome de Muerte Súbita en el Lactante (en los primeros seis meses de vida), muerte atribuida cuando no existe accidente ni enfermedad diagnosticada que la justifique y generalmente atribuible a un fallo respiratorio, se recomienda dormir cerca del bebé, no arroparle excesivamente, si es posible amamantarlo y no exponerlo a humo.
La higiene
La higiene incluye varios conceptos.
  • La ropa y calzado deben permitir la libertad de movimientos, evitando el abrigo excesivo y siendo respetuoso con su desarrollo psicomotor.
  • La higiene corporal depende básicamente de los cuidadores principales aunque entre el primer y el segundo año se pueden favorecer lavarse las manos, dientes de forma autónoma y aprovechando su natural imitación a los adultos que les rodean.
  • La higiene de la vivienda y entorno deben favorecer ambientes exentos de suciedad, gérmenes, parásitos, roedores...., esto incluye los espacios de juego en el medio urbano o rural y los de guarderías o escuelas infantiles.
La actividad física
La actividad física y la necesidad de ejercicio evoluciona enormemente a lo largo de esta etapa, pasando de la ausencia de movimientos voluntarios al total dominio de la marcha antes de los tres años.
  • Los primeros 6 meses desde la total/parcial ausencia de movimientos voluntarios, se favorecerá el intercambio amoroso en los cuidados al bebé; sin apuros ni imposiciones respetando sus necesidades y favoreciendo el descubrimiento de las partes y límites de su cuerpo: manos, pies,...
  • Con la aparición de los movimientos voluntarios se puede favorecer el desarrollo de los grandes movimientos motores, evitando la intervención del adulto y proporcionando libertad de movimientos en el espacio, mediante: acostar boca arriba sobre manta en el piso, favoreciendo el volteo, después el arrastre y progresivamente la posición semisentada con la posibilidad de manipulación de objetos, hasta lograr el gateo y deseo de incorporarse.
  • Posteriormente y entre los 12-15 meses comienzan los primeros pasos por su propia iniciativa, primero unos pocos pero tras 1-2 semanas adquieren la marcha segura.
  • Entre el 1er y 2º año se muestran muy activos en la conquista de su autonomía, surgiendo la necesidad de espacios libres y el contacto con elementos naturales: agua, tierra, plantas, animales,....
La necesidad de protección
La necesidad de protección incluye importantes medidas de prevención:
  • Organización doméstica que facilite el cuidado del bebé los primeros meses y adecuada a la seguridad en las fases de exploración y autonomía (eliminando muebles, agentes tóxicos,...).
  • Dispositivos adecuados y presencia de adultos en el traslado en vehículos familiares o de guarderías y colegios.
  • Espacios verdes y de juego libres de peligrosidad y basuras.

Helena Herrero, Mª Etelvina Suárez, Mª Eugenia Vigil

14 de noviembre de 2012

El bebé de 6 a 12 meses: cólera y frustración

frustración http://criandomultiples.blogspot.com.es

Una vez que el bebé puede ir a lugares diferentes y hacer cosas a su voluntad, le resulta cada vez más frustrante que los adultos se LO impidan. Para cuando cumpla su primer año, esa clase de frustración puede ser la causa más común del llanto.

El bebé que gatea y explora debe ser controlado constantemente, por su propia seguridad y la de los objetos. Apartarlo ocho veces en diez minutos de la puerta de la nevera quizá la vuelva loca, pero a él también lo desespera. Lo que quiere es abrir esa puerta, y aún le faltan muchos meses para comprender por qué no debe hacerlo o incluso para recordar que usted no se lo permitirá. Cuanto mayor se haga y más cosas descubra, más deseará explorar y hacer, y más se enfadará cuando se le impida hacerlas, ya sea por parte de usted o como consecuencia de su propia incompetencia.

Debe detener al bebé e impedir que haga cosas que no son seguras o que pueden ser destructivas. Y él tiene que tratar de realizar tareas enloquecedoramente difíciles para aprender. Así que es inevitable que se produzca algún que otro llanto de cólera y frustración. Pero un bebé que se siente obstaculizado en sus acciones por los adultos que lo limitan, o que sale continuamente derrotado por su propia inmadurez, no adelantará mucho en su desarrollo. Tiene que encontrar un cierto equilibrio entre demasiada frustración y muy poca.

Si usted o su cuidadora tienen que frustrar al bebé porque lo que desea hacer es peligroso o le puede causar daño, utilice la gran facilidad con la que se le puede distraer. No hay necesidad de entablar una larga pelea con él por la puerta de la nevera. Sáquelo inmediatamente de la cocina y, tras una breve explosión de cólera, él se olvidará del asunto... por el momento. Esa noche, ponga en la puerta un seguro a prueba de niños y cuando a él se le ocurra volver a abrirla al día siguiente, sólo se sentirá momentáneamente furioso al comprobar que no puede. Una vez que sepa que no puede hacerlo, dejará de intentarlo y dedicará su atención a otra cosa.

Cuando el bebé se frustre a sí mismo, le cabe a usted juzgar si puede aprender algo de la situación en que se ha metido, o si es mejor dejar que se desfogue con una llantina de furia frustrada. Si hace esfuerzos por abrir la tapa de la caja de juguetes y hay una buena posibilidad de que lo consiga, déjelo hacer. El éxito hará que haya valido la pena el esfuerzo. Pero si se da cuenta de que no lo conseguirá por sí solo, ayúdelo pronto antes que tarde. N o ofenderá su dignidad al interferir. Para él todavía no es importante arreglárselas por sí solo. Lo único que quiere es abrir esa tapa, sin importarle cómo.

Algunos bebés parecen tener mayor tolerancia que otros a la frustración; un revés que hace aullar a uno, sólo provoca una sonrisa en otro. Los padres no pueden hacer gran cosa respecto a estas diferencias innatas, por lo que no vale la pena preocuparse por ellas. Por otro lado, no llegue tampoco a la conclusión de que como son parcialmente innatas, hará mejor en resignarse a ellas para siempre. Es un error tan grande considerar el temperamento del bebé como innato en este segundo semestre como lo fue en el primero. Puede desarrollar una paciencia y tenacidad excepcionales, aun cuando ahora se sienta fácilmente frustrado. Por otro lado, ser plácido ahora no garantiza que no afronte la vida con energía después. Al sintonizar semana a semana con las actitudes del bebé y manejarlas del modo que sugieren las pistas que transmite, estará usted haciendo las cosas lo mejor posible.
Pero aunque algunos bebés lloran más fácilmente que otros y es inevitable que se produzcan esas llantinas, la cantidad general de llanto del bebé constituye una especie de índice de lo satisfecho que se siente con la vida. Si para él nada parece salir nunca bien durante más de cinco minutos seguidos, vale la pena sentarse y pensar qué es lo que le altera con mayor frecuencia. Aparte del dolor, la enfermedad, el cansancio, el hambre o la sed, su llanto es más probablemente una reacción ante la sensación de soledad, separación o temor, una señal para que usted haga algo en su nombre, o una explosión de frustración y cólera. Si logra descubrir cuál es la emoción que causa la mayoría de los llantos del bebé, quizá pueda ofrecerle lo que más necesita, ya se trate de una sensación de seguridad extra, de una respuesta más rápida o de una mayor libertad que lo transforme en un bebé más feliz y por tanto de trato más fácil.

Penélope Leach

7 de septiembre de 2012

¿Por qué se debe jugar con los bebés boca abajo?


Colocar al niño boca abajo para jugar es una recomendación frecuente del pediatra en las primeras consultas del “Control del niño sano”. Aunque se haga hincapié en este consejo, a muchos padres les parece que no es una actividad necesaria e importante. Tampoco conocen la influencia que tiene en el desarrollo posterior del niño.

Jugar libremente boca abajo y en otras posiciones favorece la aparición de patrones motores como el volteo, el arrastre o el gateo. A los niños se les coloca con frecuencia boca arriba, sentado, pero, ¿por qué pasan ahora menos tiempo boca abajo?

Existen muchos dispositivos en el mercado que favorecen el juego sentado y tumbado boca arriba (hamacas, sillas, mantas con arcos de juego) o una verticalización precoz, como los famosos “taca-taca” o saltadores. Son entornos que no permiten realizar movimientos libremente o un sostén más activo en posición vertical. Los pediatras y otros profesionales que trabajamos con los niños no los recomendamos, pero si se utilizan, deben usarse durante un tiempo razonable, bajo vigilancia de los padres y siempre combinándolos con un juego libre en posición horizontal, sobre todo boca abajo.

La recomendación de colocar a los niños boca arriba para dormir ha reducido considerablemente la incidencia del “Síndrome de la Muerte Súbita del Lactante”, pero también ha limitado el tiempo que el niño pasa en otras posiciones. De ahí que debamos contrarrestarlo en otros momentos de la rutina diaria del niño.

Algunos niños lloran, se muestran incómodos cuando les colocamos en esta posición y los padres desisten por miedo. Piensan que no lo hacen bien o que es fatigoso para el niño.

Pero, ¿qué actividades podemos realizar en esta posición que resulten atrayentes para el bebé? ¿Qué hacer si el bebé llora o se enfada en cuanto le colocamos boca abajo?

A la hora de decidir qué actividades vamos a realizar, debemos diferenciar varias etapas correspondientes a la edad de desarrollo del niño:

Desde el nacimiento hasta los 3 meses: Durante esta etapa observaremos que, cuando colocamos al bebé boca abajo, los codos están retrasados con respecto a los hombros. Para ayudar a que el bebé levante la cabeza, debemos situar sus codos a la altura de los hombros y, a continuación, presionar levemente con nuestra mano en la pelvis del bebé hacia el suelo. De esta forma ayudamos a quitar peso de la parte superior del cuerpo.

Si aún así no levanta la cabeza, podemos colocar una toalla enrollada debajo de su pecho o situarlo atravesado sobre nuestras piernas estiradas, dejando las manitas en contacto con el suelo. Le enseñaremos objetos atrayentes como sonajeros, espejos, imágenes con contraste en blanco y negro y, por supuesto, el rostro y la voz de los propios padres. Al final de esta etapa el niño debe poder levantar la cabeza, apoyándose en los antebrazos. Hay que tener en cuenta que el tiempo de permanencia en esta posición en los primeros días es tan sólo de unos segundos; luego va aumentando de forma progresiva. Es necesario practicarlo varias veces al día.

Desde los 3 hasta los 6 meses: En esta etapa los músculos del cuello, los de la espalda y los abdominales se hacen cada vez más fuertes y permiten al bebé pasar del apoyo sobre los antebrazos al apoyo sobre las manos, con los codos extendidos. Al principio debemos presentarle los objetos en el suelo, pero más alejados, para que intente alcanzarlos estirando sus brazos. A medida que el niño vaya adquiriendo más control y el enderezamiento sea mejor, le ofreceremos los objetos en el aire, para que intente alcanzarlos levantando un brazo y llevando todo su peso sobre la mano contraria. Este tipo de alcance prepara al bebé para darse la vuelta.

Desde los 6 meses a los 9 meses: A partir de este momento ya no tenemos que colocar al bebé boca abajo para que juegue. Como puede voltearse por sí mismo, el bebé alcanzará esta posición cuando desee. Es importante saber que es precisamente al final de este período, cuando el niño adopta la posición de cuadripedia precursora del gateo. Si el niño es competente boca abajo, en esta etapa, suele jugar durante mucho tiempo en esta posición.

Fuente: Boletín FAMIPED

25 de junio de 2012

Ocho hechos sobre el sueño de los niños que todos los padres deberían conocer

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Para entender mejor las formas de hacer que tu hijo quiera ir a dormirse y mantenerse dormido, he aquí algunos principios importantes sobre el sueño que todos los padres deberían entender.

Cómo duermes
Después de vestirse o desvestirse para ir a la cama, la mayoría de los adultos se ayudan a sí mismos a relajarse para el sueño, mediante varios rituales: leer, escuchar música, ver TV o teniendo sexo. (NOTA: supongo que se refiere a los que no tienen hijos, porque los que los tenemos no tenemos rituales, entramos en coma, y tenemos poco sexo en general). A medida que caes dormido, tus centros cerebrales superiores comienzan a descansar, permitiéndote entrar en una fase de sueño profundo llamada fase NO-REM (REM = movimientos oculares rápidos). Tu cuerpo y mente están relajados durante este periodo de sueño, tu cuerpo está quieto, tu respiración es pausada y regular, tus músculos están flojos. Después de aproximadamente una hora y media en este estado de sueño, tu cerebro comienza a despertar y trabajar, lo que te saca del sueño profundo, y pasas a una fase de sueño ligero o activo, llamado sueño REM (movimientos oculares rápidos). Durante esta fase, tus ojos se mueven bajo los párpados, mientras tu cerebro trabaja. Sueñas, das vueltas y puedes incluso colocar las mantas, sin despertarte por completo. Es durante esta fase cuando puedes despertarte por completo para, por ejemplo, ir al baño, y luego volver a la cama y volver a dormirte. Estos ciclos se alternan cada dos horas a lo largo de la noche, de forma que un adulto medio duerme unas seis horas en sueño profundo y dos en sueño ligero a lo largo de la noche. (NOTA: para completar la información os diré que en los primeros ciclos predomina el sueño profundo y a medida que pasa la noche se hacen más largas las fases de sueño ligero). Por tanto, no duermes profundamente toda la noche, aunque te pueda parecer que lo haces.

Como entran los niños en el sueño
Estás acunando, paseando o dando el pecho a tu bebé, y sus párpados comienzan a cerrarse, y su cuerpo a relajarse en sus brazos. Sus ojos se cierran por completo, pero sus párpados continúan teniendo pequeñas contracciones y su respiración es irregular. Sus manos están flexionadas y puede que haga algunos gestos involuntarios con la cara, llamadas “muecas del sueño”. Puede incluso continuar succionando de forma parecida a un “aleteo”. Justo en el momento en que te agachas para depositar a tu bebé “dormido” en la cuna, para intentar salir silenciosamente de la habitación, se despierta y llora. Esto es así porque no estaba completamente dormido. Estaba aún en fase de sueño ligero cuando le pusiste en la cuna. Ahora prueba a dormir a tu hijo como lo hagas habitualmente, pero hazlo durante un tiempo más largo (aproximadamente 20 minutos). Te darás cuenta de que las muecas desaparecen, y la respiración del bebé se vuelve pausada y profunda, y sus músculos se relajan por completo: sus manos se abren, sus brazos y hombros cuelgan pesados: señales de sueño profundo. El niño está ahora en una fase de sueño profundo, permitiendo que  puedas posarlo, respirando con satisfacción, porque el bebé ya está dormido.
Primera lección de “ser padres por la noche”: los bebés necesitan que se les duerma, no solamente que se les deje para que se duerman. Algunos bebés pueden ser dejados somnolientos y se dormirán solos, otros necesitan que sus padres les ayuden a dormirse.
La razón es que, mientras los adultos entramos directamente en la fase de sueño profundo, los niños en los primeros meses entran primero en una fase de sueño superficial. Y tras 20 minutos o más, gradualmente entran en fase de sueño profundo, del cual ya no es tan fácil despertarles. Como probablemente sabrás por experiencia, si tratas de poner apresuradamente a tsu hijo en la cama durante este periodo inicial de sueño ligero, habitualmente se despiertan. Con algunos meses más algunos bebés entran con más rapidez en la fase de sueño profundo. Aprende a reconocer las fases de sueño de tu hijo. Espera a que esté profundamente dormido antes de cambiarlo de ubicación.

Los ciclos de sueño de los bebés son más cortos que los suyos
Permanece “adorando” a tu bebé dormido y observa su sueño. Alrededor de una hora después de haberse ido a dormir, comienza a estirarse y moverse. Sus párpados aletean, hace muecas, respira de forma irregular y los músculos se tensan. Está volviendo a entrar en una fase de sueño ligero. El tiempo de pasar del sueño profundo al ligero es un periodo vulnerable del sueño, en el que muchos bebés se despiertan si alguna circunstancia les preocupa o incomoda (como el hambre). Si el bebé no se despierta, pasará por esta fase de sueño ligero durante los siguientes 10 minutos y posteriormente entrará de nuevo en el sueño profundo. Los ciclos de sueño de los adultos duran una media de 90 minutos, los de los niños son más cortos (50-60 minutos) así que tienen un periodo de sueño vulnerable cada hora o menos. Si cuando el bebé está en esta fase depositas una mano consoladora en su espalda o cantas una nana suave, o si te siente próxima porque duerme contigo, pasará este periodo sin despertarse.
Segunda lección de “ser padres por la noche”: algunos bebés necesitan que les ayuden para volverse a dormir.
Hay algunos niños que pueden pasar este periodo sin despertarse, y que, si se despiertan, pueden relajarse a sí mismos para volverse a dormir. Otros necesitan una mano amiga, voz o pecho para entrar de nuevo en el sueño profundo. De estos simples hechos sobre el sueño se deduce que uno de los objetivos de los padres por la noche es crear un entorno para dormir que ayude al bebé a pasar estos periodos vulnerables sin despertarse, para que entre de nuevo en la fase de sueño profundo. 

Los bebés no duermen tan profundamente como tú
No solamente les lleva más tiempo dormirse y tienen periodos de sueño vulnerable con más frecuencia, sino que además, el sueño ligero dura el doble que el de un adulto. A primera vista esto no parece honrado para los padres cansados de cuidar al niño todo el día. Pero si consideramos el principio de desarrollo que dice que los bebes duermen (o no) de la forma en que lo hacen por una razón vital, puede sernos más fácil entender las necesidades de sueño de tu hijo, y desarrollar una forma de ser padres por la noche que ayude, en lugar de dañar los ritmos naturales de sueño de tu hijo. Por esto estoy en contra de los “entrenadores de sueño”, que anuncian una variedad de técnicas diseñadas para que el bebé duerma toda la noche, a un precio, y con un riesgo.

Los despertares nocturnos tienen beneficios para la supervivencia
En los primeros meses, las necesidades de los bebés son las más altas, y su capacidad de comunicación la más baja. Supón que un bebé durmiera profundamente durante la mayor parte del tiempo. Algunas de sus necesidades básicas quedarían descubiertas. Los bebés pequeños tienen estómagos pequeños, y la leche materna se digiere con rapidez. Si el estímulo del hambre no le despertara con facilidad, no sería bueno para su supervivencia. Si la nariz del bebé estuviera obstruida y no pudiera respirar, o tuviera frío o necesitara calor y su estado de sueño fuese profundo de forma que no pudiera comunicar sus necesidades, su supervivencia estaría comprometida.
Una cosa que hemos aprendido en nuestra práctica como pediatras es que los bebés hacen lo que hacen porque están diseñados así. En el caso del sueño de los niños, las investigaciones sugieren que el sueño activo protege a los bebés. Supón que tu bebé durmiera igual que un adulto, es decir, predominantemente con sueño profundo. Suena maravilloso. Para ti, puede, pero no para un bebé. Supón que el bebé tiene necesidad de calor, comida o tiene obstruida la vía aérea, y que el sueño es tan profundo que no le permite actuar para corregir estos problemas. Su bienestar estaría en peligro. Aparentemente los bebés vienen configurados con unos patrones de sueño que les permiten despertarse en respuesta a circunstancias que afectan a su bienestar. Creemos, y los investigadores lo confirman, que las frecuentes fases de sueño REM (activo) sirven a intereses psicológicos de los bebés en los primeros meses, cuando su bienestar está más amenazado.
Tercera lección de “ser padres por la noche”: intentar que un bebé duerma demasiado profundamente demasiado pronto puede no ser lo mejor en términos de desarrollo del bebé. Por esto, los nuevos padres vulnerables a los “entrenadores de sueño” no deberían sentirse presionados para hacer que sus bebés duerman demasiado profundamente demasiado pronto.

Los despertares nocturnos son beneficiosos para el desarrollo
Los investigadores del sueño creen que los bebés duermen más “inteligentemente” que los adultos. Teorizan que el sueño ligero ayuda al cerebro a desarrollarse, ya que ese cerebro no descansa durante el sueño REM. De hecho el flujo sanguíneo al cerebro casi es el doble durante las fases REM. Este incremento de flujo es particularmente evidente en las áreas cerebrales que controlan automáticamente la respiración. Durante el sueño REM el cuerpo incrementa la síntesis de ciertas proteínas de los nervios, los bloques de construcción del cerebro. También se cree que el aprendizaje ocurre durante las fases activas del sueño. El cerebro puede usar este tiempo para procesar la información adquirida mientras estamos despiertos, guardando aquello que es útil y descartando lo que no lo es. Algunos investigadores del sueño creen que el sueño REM actúa autoestimulando el cerebro en desarrollo, proveyendo imágenes beneficiosas que promocionan el desarrollo mental. Durante esta fase de sueño ligero, los centros superiores del cerebro se mantienen operativos, mientras que en el sueño profundo estos están en silencio. Es posible que durante esta etapa de crecimiento cerebral rápido (los cerebros de los bebés alcanzan el 70% del tamaño adulto durante los primeros dos años) el cerebro necesite continuar funcionando durante el sueño para desarrollarse. Es interesante anotar que los bebés prematuros pasan el 90% de sus horas de sueño en sueño REM, posiblemente para acelerar el crecimiento cerebral. Como puede ver, el periodo de la vida en el que los humanos duermen más y en el que el cerebro se desarrolla más rápidamente, es también cuando más sueño activo se tiene.

Mientras crecen, los bebés alcanzan la madurez en el sueño
“Vale”, dirás, “entiendo este diseño en desarrollo, pero ¿cuándo dormirá mi bebé toda la noche?”. La edad a la que los bebés se asientan (es decir: se van a dormir con facilidad y permanecen dormidos) varía ampliamente de unos niños a otros. En los primeros tres meses, los bebés pequeñitos rara vez duermen más de cuatro horas seguidas, sin necesitar alimento. Los bebés pequeños tienen estómagos pequeños. Suelen dormir un total de 14-18 horas al día. Desde los 3 a los 6 meses muchos bebés comienzan a establecerse: están más despiertos por el día y algunos pueden dormir periodos de 5 horas. Es esperable en este periodo uno o dos despertares nocturnos. También observarás en este periodo que las fases de sueño profundo se alargan. Los periodos vulnerables para los despertares nocturnos disminuyen y los bebés entran en el sueño profundo más rápidamente. Esto se llama maduración del sueño. Lección 4 de “ser padres por la noche”: un hecho importante a recordar es que los hábitos de sueño de tu bebé son más un reflejo de su temperamento (del bebé) que del estilo de crianza que haya elegido. Mantén en tu mente que otros padres habitualmente exageran lo que duermen sus hijos, como si eso fuera una marca de buena paternidad, que no lo es. No es tu culpa que el bebé se despierte.

Bebés que continúan despertándose
Cuando los bebés maduran a estos patrones similares al adulto de sueño, varía de unos a otros. De forma que mientras la mayoría de bebés alcanza esta madurez en algún momento durante la segunda mitad del primer año, muchos continúan despertándose. ¿La razón? Estímulos dolorosos como catarros, erupción de los dientes se hacen más frecuentes. Adquisición de hitos del desarrollo como sentarse, gatear y caminar puede llevar a los bebés a practicar estas habilidades durante la noche. Después entre el año y los dos años, cuando el bebé comienza a superar estos estímulos, comienzan otras causas como la angustia de separación y las pesadillas. De todas formas, aunque comprenda la razón por la cual los bebés son propensos a despertarse, se da cuenta que sigue siendo importante para los padres y los bebés tener un sueño reparador por las noches, de otro modo, el bebé, los padres y su relación no irán bien.

Por William Sears

8 de febrero de 2012

Niños de desarrollo lento o diferente

Un interesante artículo de Judith Falk sobre el desarrollo de los niños y el respeto que tenemos que tener a sus propios ritmos.

18 de octubre de 2011

Los niños que muerden


Morder es una conducta que algunos niños en edades comprendidas de 1 a 3 años presentan. Existen diferentes razones de porque lo hacen, pero en cualquier caso es necesario enseñarles desde el primer momento las consecuencias que acarrea el morder. Para poder comprender este problema debemos entender porqué los niños muerden.

Los bebés emplean su boca para explorar, aprender y también para relacionarse. Es una de las partes de su cuerpo que se encuentran más desarrollada. En ocasiones con la dentición necesitan calmar sus encías con lo cual muchas veces muerden porque carecen de autodominio y actúan impulsivamente.

En el caso de niños de 1 a 3 años las razones son diferentes. A esta edad comienzan a socializar, a relacionarse con sus coetáneos, pero aún no poseen un lenguaje ni tienen las habilidades suficientes para comunicarse. Morder es una manera de conseguir un juguete o llamar la atención. También lo hacen cuando están nerviosos o se sienten frustrados: ante situaciones nuevas, la llegada de un hermanito, el ingreso al jardín de infancia… Otros niños sencillamente muerden por imitación.

En edad preescolar la conducta de morder suele desaparecer. A estas edades los niños ya comienzan a tener habilidades de comunicación que permiten la convivencia con sus compañeros. Un niño que muerde frecuentemente en esta etapa puede estar presentando problemas emocionales.

Lo primero que hay que hacer es observar cuando y porque está conducta aparece. Cuando un niño muerde siempre debemos transmitirle que la agresión no es aceptada. Debemos intervenir con rapidez, pero con calma y mostrarle nuestra desaprobación. Hay que explicarle que “no se puede hacer daño” mirándole a los ojos. Si el niño esta jugando debe separarse de la actividad (dos minutos son suficientes), si quiere continuar jugando con los demás tendrá que parar de morder. También es aconsejable que tenga una conducta reparadora: ayudarle a curar al amigo, darle un beso, pedirle disculpas…

Prohibir una conducta no significa que el pequeño entienda cual es la conducta acertada. A los niños hay que servirles ejemplos a seguir; por ejemplo mostrarles nuevas formas de relación, utilizar el lenguaje, esperar turnos, pedir prestado, acariciar a sus amigos…

Cuando el niño exhiba conductas positivas (pedir permiso para coger el juguete de otro niño, por ejemplo) debemos elogiarle, valorarles cuando estén jugando de manera “pacífica” con otros pequeños.

Nunca debemos responder con la misma acción: morder a un niño que muerde es un gran error. Cuando son muy pequeños no pueden relacionar el dolor que sienten con el que causan cuando muerden a los demás. No utilices la violencia ni la humillación para erradicar el comportamiento. Dialoga, háblale con firmeza y coherencia manteniendo siempre la calidad del vínculo afectivo.

Fuente: http://www.bebepedia.net

Foto: http://www.bobthepharmacist.com

30 de agosto de 2011

Desarrollo del lenguaje en los niños de 0 a 4 años


El lenguaje es el principal medio de comunicación de los seres humanos, a través de él podemos intercambiar información, mensajes, ideas y sentimientos. Es una destreza que se aprende de manera natural en los primeros años de vida, pues el niño empieza a hablar en interacción con su madre y con los adultos. Para el desarrollo del lenguaje existen dos factores necesarios e importantes:

La maduración biológica y las influencias ambientales, el primero está referido a los órganos que intervienen en el habla, que nos hacen capaces de emitir sonidos, palabras, frases y comunicarnos oralmente; el segundo se refiere a que los niños necesitan de oportunidades que brinda el entorno y de una estimulación adecuada, al utilizar el lenguaje oral, el niño recibirá el afecto y la atención de los padres y se dará cuenta que hablar es necesario para comunicar sus necesidades y deseos.

¿Cómo se desarrolla el lenguaje en los bebés?
Diversos autores coinciden en que el desarrollo de lenguaje verbal comprende dos etapas:
  • Etapa Pre-lingüística: Es considerada como la etapa del nivel fónico puro, comprende las expresiones vocales y sonidos que realiza el bebé desde el llanto hasta los gorjeos y balbuceos en el primer año de vida. Esta etapa que muchas veces es dejada de lado, es la que permitirá formar las bases necesarias para la producción de sonidos, sílabas y palabras.
  • Etapa Lingüística: Esta etapa empieza cuando el niño expresa la primera palabra, ya no solo realiza emisiones fónicas sino que empezará a expresarse verbalmente a través de palabras y frases con contenido semántico y sintáctico.
Es necesario recalcar que el desarrollo de estos periodos se refiere al lenguaje expresivo del niño y que previamente y en mayor proporción se estará desarrollando el lenguaje comprensivo.

Secuencia de desarrollo del lenguaje por edades

  • De 0 a 1 mes: El bebé prestará atención a los sonidos o gritos. Se comunicará a través del llanto buscando la satisfacción de sus necesidades.
  • 2 meses: Produce ruidos y llantos diferenciados según la necesidad del niño o la causa que lo produce.
  • 3 meses: Emite vocalizaciones y sonidos guturales “ga, ga” “gu, gu”, empezará a producir balbuceos con algunas consonantes y vocales.
  • 4 meses: Existirá mayor interés por parte del bebé hacia las personas y los objetos, empezará a darse cuenta que los sonidos que emite producirán un efecto en su entorno, aprenderá la función de la comunicación verbal, por ende las vocalizaciones y gorjeos aumentarán.
  • 6 meses: Por medio de los balbuceos empezará a conversar con las demás personas, emitirá más vocales unidas a consonantes para formar sílabas pa/, /ma/, /ba/, /ta/.
  • 8 meses: Es la etapa del parloteo, emitirá más silabas seguidas a modo de respuesta a sus conversaciones, por ejemplo: “da-da”, “ba-ba”, “ma-ma”.
  • 10 meses: Responde a su nombre y a consignas simples tales como “no”, “ven”. Vocaliza de manera más articulada, empieza a imitar palabras.
  • 12 meses: Imita las palabras y la entonación de los adultos. Comprende órdenes y prohibiciones y dice 2 o 3 palabras en promedio.
  • 18 meses: Su nivel de comprensión mejora notablemente, empieza a pedir las cosas señalando o nombrando los objetos, puede pronunciar correctamente un promedio de 10 palabras, señala algunas partes de su cuerpo cuando se lo piden.
  • 2 años: Se interesa más por la comunicación verbal, ya es capaz de expresar frases de dos a tres palabras y utilizar algunos pronombres personales (mío, tú, yo).
  • 3 años: Existe un incremento rápido del vocabulario, cada día aprende más palabras, su lenguaje ya es comprensible. El uso del lenguaje es mayor y lo utiliza al conversar con los demás o cuando está solo.
  • 4 años: A esta edad el niño prácticamente domina la gramática, su vocabulario sigue desarrollándose, utiliza pronombres, verbos, artículos. Esta edad es caracterizada por las preguntas ¿qué es? ¿Por qué? ¿Para qué?

Este es el proceso normal del desarrollo del lenguaje en los niños, es posible que algunos salgan de los estándares establecidos, pero es común, ya que cada niño es diferente como también su entorno.

Cómo estimular el lenguaje en los niños:


  • Háblele y comuníquese con su bebé, el empezará a conversar con usted por medio de balbuceos, sonidos y luego palabras.
  • Responda verbalmente y con mucho afecto a los sonidos producidos por el bebé.
  • Haga juegos de labio para que él lo imite, haga sonidos y soplos, imite y refuerce también los sonidos producidos por el bebé tratando de estimular la producción de palabras. Por ejemplo si dice “ma”, diga usted “ma”…. ¡mamá!”.
  • Ponga énfasis al vocalizar las sílabas o palabras, la articulación debe ser clara y lenta.
  • Enséñele canciones sencillas y cortas acompañadas de gestos y palmadas.
  • Enséñele cómo se llaman lo objetos que señala o interesan al niño.
  • Juegue a producir sonidos onomatopéyicos (sonidos de animales perro, gato, pato, etc.)
  • Muéstrele láminas, fotos, cuentos, para aumentar el vocabulario del niño.
  • No corrija al niño cuando no pronuncia adecuadamente los fonemas, evite decir “no así no se dice, es así…”, es suficiente con que lo escuche a usted pronunciar dicha palabra de la manera correcta y que intente hacerlo, poco a poco irá mejorando, no lo presione demasiado.
  • Incentívelo a comunicarse, a pedir las cosas a través de palabras o frases. No olvide felicitarlo y mostrarse contenta cuando logra hacerlo.
De la web www.cosasdelainfancia.com
La imagen es de http://fundacionintegrar.blogspot.com

27 de agosto de 2011

¿Qué agua debe tomar nuestro bebé?


En relación al agua, hay dos preguntas frecuentes que se plantean los padres:
¿Hay que ofrecer agua al niño que sólo toma pecho?
El niño que está con lactancia materna exclusiva a demanda, no necesita agua suplementaria, salvo que tenga pérdidas extra de líquidos por vómitos, diarrea o fiebre alta, o en verano por aumento de las pérdidas insensibles a través del sudor.
Los niños que sólo toman biberón correctamente preparado y a demanda tampoco necesitan agua suplementaria, salvo que tengan un aumento de pérdidas. Sí se les debe ofrecer agua cuando comiencen a tomar otros alimentos distintos a la leche.
¿Qué agua es la más adecuada para el bebé?
En el agua de consumo humano, ya sea agua corriente del grifo procedente de un suministro público, ya sea agua embotellada, hay que valorar su calidad y los minerales que contiene.
AGUA DEL GRIFO
La calidad o potabilidad del agua corriente del grifo, debe cumplir con una serie de normas y requisitos sanitarios y está regulada por diversas instituciones: Agencia de Protección ambiental de los Estados Unidos (EPA), Organización Mundial de la Salud (OMS), Directiva Comunitaria de la Unión Europea (CEE), y en España, mediante regulación específica publicada en el BOE (Real Decreto de 2003 por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano), no debiendo contener bacterias, virus, ni parásitos que puedan suponer un riesgo para la salud. Así mismo no debe contener mercurio, hidrocarburos, plaguicidas, pesticidas, productos organoclorados, ni presentar radiactividad.
El contenido en minerales del agua influye en su sabor y “dureza”, siendo actualmente las concentraciones recomendadas en mg/l: calcio 100, magnesio 30, cloruros 25, sulfatos 25, sodio 20, potasio 10, flúor 1, aluminio 0,05.
De cara a la preparación del biberón sería aconsejable conocer la concentración de minerales del agua de nuestra Comunidad, para, en aquellas zonas con un alto contenido en sodio y calcio, evitar sobrecargar el riñón del lactante que todavía es inmaduro y no filtra bien el exceso de minerales.
El agua del grifo que reúne los requisitos necesarios para ser considerada como potable y apta para el consumo por la población general, es segura y puede ser utilizada perfectamente para la preparación del biberón del bebé.
En general, con el sistema de cloración, el agua queda libre de bacterias y virus. La utilización de sistemas de ultrafiltrado garantiza también que el agua esté libre de parásitos. Si donde vive, el agua es apta para el consumo humano, puede usarse directamente del grifo, sin necesidad de hervirla. Cuando sea necesario, puede hervirse, pero se empeora el sabor y se concentran las sales minerales que lleva disueltas. En este caso, la OMS aconseja hervirla durante 1 minuto (añadiendo 1 minuto más por cada 1000 metros por encima del nivel del mar). No es necesario hervirla durante 10 minutos, ya que se ha comprobado un aumento de la concentración de sodio y calcio (provocando una sobrecarga renal de solutos) y también de nitratos (con riesgo de metahemoglobinemia).
Si existen dudas al respecto, puede emplearse agua envasada apta para el consumo infantil, con bajo contenido en sales minerales (poco mineralizada).
AGUA ENVASADA
Las aguas de bebida envasadas pueden ser de varios tipos:
  • Aguas minerales naturales: Son aguas bacteriológicamente sanas, que proceden de un yacimiento subterráneo y se diferencian del resto de aguas por su pureza original y su contenido en minerales y oligoelementos. En ocasiones se considera que tienen efectos favorables para la salud, sin llegar a tener propiedades terapéuticas
  • Aguas de manantial: Son aguas potables de origen subterráneo que pueden brotar espontáneamente o ser extraídas por captación a la superficie
  • Aguas preparadas: Son aguas sometidas a tratamientos físico-químicos autorizados para que cumplan las características de las aguas destinadas al consumo humano. Pueden proceder de manantial o de aguas de abastecimiento público preparadas
  • Aguas de consumo público envasadas: Son aguas potables envasadas coyunturalmente para suplir insuficiencias accidentales de las aguas de consumo público de la red general

Todas las aguas de bebida envasadas están reguladas y deben cumplir una normativa (Real Decreto de 2002 y 2003, por los que se regula el proceso de elaboración, circulación y comercio de aguas de bebida envasadas).
Esta normativa establece que las aguas de bebida envasadas no pueden contener ningún tipo de microorganismo, parásito o sustancia que pueda causar riesgo para la salud, por lo que todas ellas son bacteriológicamente sanas y por tanto no es necesario hervirlas para preparar el biberón.
En relación a la marca a elegir habría que tener en cuenta fundamentalmente las concentraciones de sodio, flúor, calcio y nitratos. (Tabla 1)
  • Sodio. Es la principal característica a tener en cuenta del agua utilizada para la preparación del biberón. El riñón de los lactantes menores de 4-6 meses, tiene menor capacidad para la excreción de sodio, por ello en estas edades, para evitar una sobrecarga renal de solutos, es deseable que el agua tenga menos de 20 mg/l de sodio para preparar la formula de inicio o de tipo 1. A partir de los 6 meses, el riñón del lactante ha madurado más y es capaz de excretar mejor el sodio, por lo que el agua para preparar la fórmula de continuación o de tipo 2, puede contener hasta 50 mg/l de sodio.
  • Flúor. En niños menores de 1 año el agua debe contener menos de 0,3 mg/l de flúor y en mayores de 1 año menos de 1 mg/l, para evitar riesgo de fluorosis (mala mineralización del esmalte por excesiva ingesta de flúor).
  • Calcio. No se ha demostrado que las aguas duras, más ricas en calcio, sean nocivas para la salud del bebé, y por otra parte, el calcio del agua es un componente útil junto con el calcio de la leche para el hueso del lactante, por ello sería correcto la utilización de aguas embotelladas con 50-100 mg/l de calcio.
  • Nitratos. El problema de los nitratos en los bebés es que se convierten en nitritos, y los nitritos oxidan la hemoglobina produciendo metahemoglobina, que no puede transportar el oxigeno a los tejidos, lo que ocasiona cianosis o el conocido como “síndrome del niño azul”. La máxima concentración de nitratos permitida en el agua de bebida envasada es de 50 mg/l, e idealmente debería ser menor de 25 mg/l.
Tabla 1. Características recomendadas del agua de bebida envasada para lactantes


Componente Cantidad recomendada
Sodio
< 6 meses (para fórmula tipo 1): < 20 mg/l
> 6 meses (para fórmula tipo 2): < 50 mg/l
Flúor
< 1 año: < 0,3 mg/l
> 1 año: < 1 mg/l
Calcio 50 – 100 mg/l
Nitratos < 25 mg/l (permitido < 50 mg/l)

Se pueden consultar las marcas de aguas de bebida envasadas de España, con sus características de tipo de agua y concentraciones de sodio, flúor, calcio, cloruro, potasio, magnesio, sulfato, nitratos y bicarbonato en: http://www.aguainfant.com/AGUAS-ESP/excel-datos/Espana-sodio.htm y las aguas de bebida envasadas recomendadas para su utilización con fórmulas de inicio o con fórmulas de continuación en: http://www.aguainfant.com/AGUAS-ESP/ABCDARIO/vista-rapida.htm

Bibliografía
  • Hernández Aguilar MT, Aguayo Maldonado J. La lactancia materna. Como promover y apoyar la lactancia materna en la práctica pediátrica. Recomendaciones del Comité de Lactancia de la AEP. An Pediatr (Barc). 2005; 63:340-365.
  • Vitoria Miñana I. Promoción de la salud bucodental. En: Recomendaciones PrevInfad / PAPPS. Disponible en: http://www.aepap.org/previnfad/Dental.htm
  • Greer FR, Shannon M, the Committee on Nutrition and the Committee on Environmental Health. Infant Methemoglobinemia: The role of dietary nitrate in food and water. Pediatrics. 2005; 116(3):784-786
  • Vitoria Miñana I. Agua de bebida en el lactante. An Pediatr (Barc). 2004; 60(2):161-169.
  • Guidelines for drinking-water quality. Third Edition. Volume 1. Recommendations. World Health Organization. 2004. Disponible en: http://www.who.int/water_sanitation_health/dwq/gdwq3sp.pdf
  • Agencia de protección ambiental de los Estados Unidos. Oficina del agua (4601) EPA 816-K-007. 2003. Disponible en: http://www.epa.gov/safewater
  • Real Decreto 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano. BOE 45:7228.
  • Real Decreto 1744/2003, de 19 de diciembre, por el que se modifica el Real Decreto 1074/2002, de 18 de octubre, por el que se regula el proceso de elaboración, circulación y comercio de aguas de bebida envasadas. BOE 312: 46524.
Autores: Olga Cortés Rico y José Luis Montón Álvarez. Pediatras de Atención Primaria.
Extraído del boletín FAMIPED

5 de mayo de 2011

¿Qué significa NO antes de los tres años?


Los niños menores de 3 años no entienden la palabra “no" del modo en que la mayor parte de los padres piensan que lo hacen (y un entendimiento completo de lo que la palabra “no” significa no sucede mágicamente al cumplir 3 años, sino que conlleva un proceso). “NO” es un concepto abstracto que está en directa oposición a las necesidades de los niños pequeños en cuanto a exploración de su entorno y desarrollo de su sentido de la autonomía e iniciativa.

Su hijo puede saber que usted no quiere que haga alguna cosa. Puede incluso saber que usted tendrá una reacción de enfado si lo hace. Pero en cualquier caso, no entiende porque, en la forma en que los adultos piensan que lo hace. ¿Por qué otro motivo miraría un niño a su padre antes de hacer algo que sabe que no debe hacer, sonreír, y hacerlo igualmente?

Alrededor de la edad de un año, los niños entran en la edad de “yo lo hago”. Es el momento en el que desarrolla sentido de la autonomía versus duda y culpa. De los dos a los 6 años se desarrolla el sentido de iniciativa versus culpa. Esto significa que es su “deber” en el plano del desarrollo, explorar y experimentar. ¿Puede usted imaginarse lo confuso que es para un niño ser castigado por algo que está programado para hacer? Se enfrentan con un dilema real (a nivel subconsciente): ¿obedezco a mi padre o a mi instinto biológico de desarrollar mi autonomía e iniciativa explorando y experimentando en mi mundo?

Que esto sean etapas del desarrollo no quiere decir que a un niño deba permitírsele hace cualquier cosa que se le ocurra. Pero explica porque cualquier método que intente ganar cooperación debe ser amable y firme al mismo tiempo, en lugar de controlador y punitivo. Este es un momento de la vida en que la personalidad de su hijo está en formación, y usted desea que su hijo sea capaz de tomar decisiones sobre si mismo y decir “soy competente, puedo hacer intentos y cometer errores y aprender, porque soy amado y soy una buena persona”. Si usted se siente tentado a enseñar a su hijo a través de la culpa, la vergüenza y el castigo, estará usted creando una situación de desanimo que será muy difícil de superar en la edad adulta.

Para ayudar a un niño pequeño a desarrollar autonomía en lugar de dudas y vergüenza, y para ayudar a un niño de 2 a 7 años a desarrollar iniciativa en lugar de culpa, intente alguno de los métodos descritos a continuación, que invitan a cooperar:

1. Si usted está gritando, chillando o dando discursos, deténgase. Todos estos métodos son irrespetuosos y animan a la aparición de dudas, vergüenza y culpa en el futuro.

2. En lugar de decirle a su hijo lo que tiene que hacer, encuentre maneras de involucrarle en la decisión, de modo que el o ella adquiera un sentido del propio poder y autonomía. ¿Qué nos toca hacer ahora? (para niños preverbales “ahora nosotros haremos….” mostrándole amable y firmemente lo que hacer, en vez de decírselo)

3. Sea respetuoso cuando haga peticiones: no espere que un niño haga algo “ahora mismo” cuando esté usted interrumpiendo algo que el está haciendo. Pregunte:” ¿te vendría bien hacer…..en cinco o diez minutos?” Incluso aunque a usted le parezca que un niño pequeño no puede entender lo que usted está diciendo, usted está entrenándose a si mismo para ser respetuoso con el, dándole opciones y no órdenes. Otra opción que puede usted usar es la de dar aviso: en cinco minutos tenemos que marcharnos ¿Qué es lo último que quieres hacer?

4. Lleve con usted un pequeño temporizador: permita que su hijo le ayude a programarlo para sonar en uno dos o cinco minutos, y déjele que lleve el temporizador con él de modo que pueda estar preparado cuando el tiempo se termina.

5. Dele una opción que requiera su colaboración: será el momento de irse cuando yo cuente hasta 20. ¿Quieres llevar mi bolso hasta el coche o prefieres llevar las llaves y ayudarme a abrirlo? O bien ¿Cuándo lleguemos a casa que haremos en primer lugar, poner la comida en la despensa o leer un cuento?

6. Los niños preverbales pueden necesitar tan solo supervisión, distracción y reconducción: en otras palabras: menos hablar y mas acción. Con tranquilidad tome al niño de la mano y condúzcale a donde tiene-necesita ir. Muéstrele lo que si puede hacer en lugar de insistir en lo que no puede hacer.

7. Utilice su sentido del humor: aquí viene el monstruo de las cosquillas para atacar a los niños que no escuchan.

8. Muéstrese empático cuando su hijo llora o tiene una rabieta a causa de una frustración por su falta de habilidad. Empatía no significa rescate, significa comprensión. Déle a su hijo un abrazo y dígale: estas realmente triste ahora, yo se que tu quieres quedarte, pero es hora de irnos. Sostenga entonces a su hijo mientras llora, y déjele tener sus sentimientos antes de cambiar de actividad.

9. Los niños son capaces de percibir cuando los padres estamos decididos a actuar y cuando no. No diga nada que no esté absolutamente seguro de llevar a cabo y sea capaz de decirlo de forma respetuosa. A continuación llévelo a cabo con dignidad y respeto, y usualmente sin palabras. De nuevo esto significa redirigir al niño enseñándole lo que si puede hacer en lugar de castigarle por hacer lo que no puede hacer.

10. Establezca una rutina para cada acción que se repita a diario: levantarse, desayunar, ir de compras, acostarse…. Así puede usted preguntarle al niño: ¿Qué nos toca hacer ahora según el horario? Para niños mas pequeños la formula es: ahora nos toca hacer….

11. Entienda que puede ser necesario enseñarle a un niño la misma cosa una y otra vez antes de que haya madurado lo suficiente como para comprender. Sea paciente. Minimice sus palabras y maximice sus acciones. No se tome el comportamiento del niño como algo personal y evite pensar que su hijo quiere volverla loca, o que es malo o rebelde. Continúe siendo el adulto en cualquier situación y haga lo que sea imprescindible hacer sin sentimientos de culpa o lastima.

12. Entienda que su actitud será la que determine si su relación con su hijo será un campo de batalla o una relación cálida y firme en la que su hijo pueda explorar y desarrollarse dentro de unos limites apropiados.

Su trabajo a estas edades es pensar en sí mismo como en un entrenador y ayudar a su hijo a tener éxito y aprender cómo se hacen las cosas. También debe ser usted un observador, que trabaja en aprender quien es su hijo, una persona única. Nunca infravalore la habilidad de un niño pequeño, pero por otra parte, vigile cuidadosamente cuando introduzca nuevas oportunidades y actividades y aprenda a diferenciar aquello que le interesa a su hijo, lo que puede hacer, y lo que necesita su ayuda para aprender de usted.

La seguridad es un asunto importante a esta edad, y es tarea suya mantener a su hijo seguro sin permitir que sus miedos le desanimen. Por esta razón la supervisión es una herramienta fundamental de los padres, unida a la calidez y la firmeza, para reconducir o enseñar a su hijo. Por ejemplo, los padres pueden enseñar a un niño de dos años que no debe cruzar la calle, pero no pueden aun permitirle jugar cerca de una carretera sin supervisión, por que saben que no pueden esperar de el que sea capaz de asumir por si mismo la responsabilidad de no hacer aquello que sabe que no debe hacer. Y ¿Por qué estos mismos padres esperan que su hijo entienda perfectamente cuando ellos dicen NO?

Conocí a una madre que se preguntaba porque se habría metido ella en el negocio de ser madre. Daba la impresión de que tanto ella como su hijo estaban fuera de control. A ella no le gustaba que él no le hiciera caso, y tampoco le gustaba estar chillando todo el día y utilizando métodos punitivos ineficaces.

Acudió a una escuela de padres, centrada en padres de niños en edad preescolar. Allí aprendió cual era el comportamiento adecuado para niños de la edad del suyo. Cuando cambiaron sus expectativas sobre el niño perfecto que obedece cada una de sus órdenes, comenzó a disfrutar con la experimentación de su hijo con su iniciativa y su autonomía. En lugar de tratar de controlarlo, comenzó a guiarlo fuera de sus comportamientos inadecuados, mostrándole cosas que si podía hacer.

Se mostró sorprendida de cuanto se calmaba su hijo, cuando ella se calmaba. Los episodios de frustración ocurrían cada vez con menor frecuencia y eran resueltos con mayor rapidez, gracias a sus nuevos conocimientos.

Cuando uno comprende que los niños realmente NO ENTIENDEN la palabra NO del modo que pensamos que deben hacerlo, empieza a tener sentido utilizar la distracción, reconducción o cualquier método respetuoso de disciplina positiva.

UNA ACTIVIDAD:

La siguiente demostración le mostrará el desarrollo intelectual, y puede ayudar a los padres a comprender porque los niños no entienden algunos conceptos como la palabra NO. (CAPACIDAD DE ABSTRACCION)

1. Fabrique dos bolas de barro del mismo tamaño, y muéstreselas a un niño de menos de 3 años. Haga ajustes poniendo o quitando barro hasta que el niño esté de acuerdo en que son del mismo tamaño. En ese momento, y en presencia del niño aplaste una de las bolas. Pregúntele si siguen siendo del mismo tamaño. El niño le dirá que no, y le dirá cual piensa que es de mayor tamaño. Un niño de cinco años será capaz de decirle que son del mismo tamaño y porque.

2. Llene dos vasos de agua iguales, hasta la misma altura. Haga los ajustes necesarios hasta que el niño esté de acuerdo en que tienen la misma agua. Luego vierta el contenido de uno de los vasos en otro vaso largo y estrecho, y el del otro vaso en un vaso ancho y bajo. Pregúntele al niño si siguen teniendo la misma cantidad de agua. Le responderá que no, y le dirá cual tiene mas agua. Un niño de 5 años, le dirá que sí, y le explicará la razón.


Jane Nelsen

31 de marzo de 2011

El desarrollo del lenguaje


Muchos padres me escriben sobre el desarrollo del lenguaje de su hijo. ¿Habla bien? ¿No debería saber pronunciar mejor? O: de repente tartamudea ¿debo llevarle a un logopeda? En este artículo explicaré cuándo hay que preocuparse y cuándo no.

El desarrollo del habla ya empieza en el útero cuando en torno a los seis meses el feto empieza a oír la voz materna. No solo la oye, sino también la memoriza. Cuando nace, la voz de su mamá ya le resulta familiar y se calma al oírla. También va escuchando otras voces, como la de papá y más sonidos. Por ello a los 2 meses aparecen los primeros gorjeos, sonidos parecidos al ‘co co’ y ‘go go’. El bebé los produce dejando escapar aire desde entre de sus labios. Ya da el primer paso para aprender a hablar. A esta edad los bebés en todo el mundo producen los mismos sonidos, pero a los 4 meses ya empiezan a ser selectivos: sólo reproducen los sonidos que oyen en su entorno. Y a partir de allí un bebé chino no balbucea del mismo modo que un bebé español. El bebé se entusiasma cuando vosotros imitáis sus sonidos y se esforzará más en producirlos. A los 5 meses aparecen los balbuceos, una sucesión de vocales y consonantes; para ello el bebé utiliza la lengua y los labios. Con ello el bebé entrena la motricidad necesaria para el lenguaje y por ello es una fase importante. También un bebé sordo balbucea, pero como no oye ni a sí mismo ni a sus papás, deja de hacerlo al cabo de unos meses (por ello hay que llevarle a un otorrino en cuanto un bebé deja de balbucear o no produce ningún sonido). En torno a los 7 meses el bebé empieza a utilizar gestos para expresarse, como estirar sus brazos para ser cogido. A los 8 meses hace sonidos como ba…ba, ma…ma, pa….pa. Como las últimas sílabas son más corrientes en nuestro idioma, lo más probable es que diga antes ‘papá’ que mamá. ¡Pero esto no dice nada sobre su vínculo con la mamá! Con 12 meses ya señala algo que quiere tener y es ahora cuando aparece la primera palabra, normalmente relacionada con las personas queridas (papá, mamá, yaya) u objetos o cosas de la vida cotidiana (pan, bibe, gato, chupete, etc.).

Como veis, cuando surge la primera palabra, el niño ya ha estado sumergido en un baño de lenguaje durante todo un año, lo cual es la condición necesaria para el desarrollo correcto del lenguaje. Por este motivo los niños que crecen en orfanatos, que son dejados a su suerte con muy poco contacto con los cuidadores, sufren un retraso irrecuperable en su desarrollo lingüístico. Y los niños salvajes (los que son criados por animales en sus primeros años de vida) nunca recuperan el lenguaje humano.

No todos los niños empiezan a decir su primera palabra a los 12 meses. La variación es grande, pero lo más frecuente es que aparezca entre los 12 y 18 meses. Y a continuación le siguen muchas más, a veces en un tiempo vertiginoso.
Al segundo cumpleaños el niño ya tiene un vocabulario de 50 a 200 palabras. Ahora el niño utiliza el nombre para referirse a una categoría; por ejemplo ‘papá’ para todos los hombres, ‘coche’ para todos los vehículos. Más adelante aprenderá a distinguir las diferencias entre una categoría (papá, abuelo, etc.). También utiliza la palabra como frase: ‘agua’ quiere decir ‘quiero agua’ o ‘mira….allí hay agua’. Utiliza un estilo telegráfico.

A los 2 años aparecen ya las frases de dos palabras. Por ejemplo ‘yo coche’ lo cual puede significar: ‘quiero ir en coche’ o ‘he visto un coche’. Algunas combinaciones de letras y consonantes, como las s, z, r, y f son difíciles a esta edad, lo cual es normal. Le encanta nombrar y poner etiquetas a las cosas, como a las partes del cuerpo, a los coches, animales, etc. O mirar libros con imágenes de lo cotidiano. Su frase favorita es: ¿Qué eso? El niño que con 2 años ya habla extraordinariamente bien, formula frases y tiene un gran vocabulario, suele ser un niño inteligente o superdotado.

A los 3 años formula frases de 3 a 5 palabras. Sabe ya tantas palabras de oído (‘lenguaje pasivo’) que al hablar se encalla (‘lenguaje activo’). Quiere ir más deprisa de lo que puede y a causa de ello tartamudea. Es un problema pasajero sin importancia. Habladle tranquilamente (lo imitará), dadle tiempo y no terminéis las frases por él. Es posible que se sienta a veces tan frustrado que tenga una rabieta. Pero éstas desaparecen en cuanto supera el problema del lenguaje. La pronunciación de muchas palabras no suele ser todavía perfecta: los sonidos p, b, m, f y g suelen ser difíciles y es frecuente que el niño sustituya unos consonantes por otros (agüela por abuela, abuja por aguja), algo que se soluciona con el tiempo.

A los cuatro años articula frases de más de 5 vocablos. La estructura de las frases y el uso de la gramática son más precisos, utilizando ya el pasado, presente y futuro. Utiliza bien las terminaciones de los verbos en presente (yo ando, tú andas). Aprende a pronunciar los sonidos más difíciles como la l, r, s, t, ch, g y j, pero no es raro que hasta los 6 a 7 años no los domine bien. Lógicamente dice a veces mal las conjugaciones, como ‘no cabo’. Es suficiente repetirle la frase de forma correcta. ‘Si, cariño, es verdad, no quepas’. Todavía es posible que vuestro hijo tartamudee al querer hablar a prisa. También puede ser ocasionado por un problema emocional. Si el niño empieza a tartamudear durante un cambio familiar (un divorcio, un nuevo bebé), la causa es emocional. Ayudadle a sobrellevar la situación y prestadle por un tiempo atención extra. Cuando el problema no remite, conviene acudir a un psicólogo infantil.

A los 5 años el niño pronuncia frases en su orden habitual con más de 6 vocablos. Demuestra tener una lógica interna en el lenguaje, utilizando estructuras gramaticales básicas, como plurales, conjunciones y tiempos verbales. Ya sabe contar una historia corta sin perder el hilo conductor. Algunos fonemas como la r, p, ll y, z, x y j pueden resultarle difíciles, lo cual hasta los 6 a 7 años es normal. Si observáis dificultades en la pronunciación (se come letras, confunde consonantes, sesea o cecea y es difícil para personas fuera de la familia entenderle) no dudéis en buscar ayuda. Los problemas del lenguaje pueden acarrear dificultades en la escritura y lectura y por lo tanto deben ser tratados antes de que el niño inicie la etapa de Primaria.

A los 6 y 7 años el lenguaje ya está adquirido, tanto a nivel comprensivo como expresivo. Ahora es capaz de relatar acontecimientos cotidianos y sucesos de una manera organizada y utilizando diferentes tipos de frases, en cuanto a longitud y entonación, con una estructura correcta y sin errores de pronunciación.


RESUMEN DE LOS HITOS MÁS IMPORTANTES A CADA EDAD

1 A 2 MESES:
Empieza el gorgojeo.
Consejo: imitadle y habladle mucho, por ejemplo contándole lo que estáis haciendo durante el baño, el cambio de pañal, etc.
5 A 6 MESES:
Comienza el balbuceo con la cadencia (los ritmos, las inflexiones) de la lengua materna.
Consejo: si el gorgojeo o el parloteo desaparecen, hay que hacerle una revisión de audición.
8 A 12 MESES:
El niño empieza a entender ciertas frases como por ejemplo ¿dónde está mamá? (empieza a buscarla con la mirada) y empieza a decir su primera palabra.
Consejo: si no responde al lenguaje u otros sonidos, raramente balbucea y no parece entender una instrucción verbal, hay que consultar un otorrino.
Si aún no articula palabra, pero parece entenderte, no hay que preocuparse. Hay gran variación en el momento de la primera palabra.
12 A 18 MESES:
Ya aparecen las primeras (o siguientes) palabras con un total de 25, de las que pronuncia unas 8 bien. También entiende órdenes sencillas como ‘traeme tu biberón’.
Consejo: Ni no responde a su nombre ni a llamadas, hay que revisar su audición.
Si aún no habla, pero entiende, lo más frecuente es que esté ocupado en aprender otra habilidad, como la de andar.
18 A 24 MESES:
Aparecen las palabras-frase: con una sola palabra ya dice toda una frase (¡bibe! cuando quiere leche). Ahora su vocabulario se amplia de unas 50 a 200 palabras, entendibles para vosotros.
Consejo: si todavía habla poco, pero entiende bien lo que le decís, cada día un poco más y si responde a órdenes sencillas, no hay motivo para alarmarse. Pero sí conviene leerle mucho y nombrarle objetos.
2 AÑOS:
Ahora el niño amplía mucho su vocabulario (de 200 a 250 palabras) y dice sus primeras frases de 2 palabras. También empieza a decir ‘yo’.
Consejo: si cada vez habla menos y pierde vocabulario, debéis acudir a un psicólogo infantil para descartar el trastorno del aspectro autismo.
3 AÑOS:
El niño ya dice frases cortas uniendo 3 a 5 palabras y es capaz de comunicar un mensaje sencillo. También utiliza el tiempo del pasado. Está en la fase del ¿Por qué? Y esto hace aumentar su vocabulario de 250 hasta 1000 palabras. Ahora puede darse un tartamudeo en su afán por hablar deprisa, es algo normal y pasajero.
Consejo: Si utiliza menos de 20 palabras, no aumenta su vocabulario y no une 2 o más palabras, hay que buscar ayuda. Y cuando el tartamudeo perdura más de medio año, también hay que acudir a un especialista, bien un psicólogo infantil o un logopeda. Omitir letras y dificultad para pronunciar aún es normal a esta edad.
4 AÑOS:
El niño ya forma frases bien conyugadas de más de 5 palabras y utiliza el pasado, presente y futuro. Tiene un vocabulario de 1500 palabras o más y es entendido por su entorno en un 90%.
Consejo: si su vocabulario es pobre, el niño pronuncia mal y se hace entender aún con gestos y mímica, hay que acudir a un especialista (psicólogo, logopeda u otorrino).
5 AÑOS:
El niño forma frases en el orden correcto con 6 ó más palabras y tiene un vocabulario de 2500 o más palabras. Entiende conceptos como encima, detrás, debajo, etc.
Consejo: si habla con una dicción peculiar o es difícil de entender, debéis llevarlo a un otorrino (puede haber un cierto grado de sordera).

¿PUEDE APRENDER DOS IDIOMAS A LA VEZ?
Hoy en día es cada vez más frecuente que un niño crezca en un ambiente bilingüe (muy estimulante para el cerebro). Por ejemplo cada padre habla un idioma distinto o bien en casa se habla un idioma y fuera de ella, otro. Es importante que el niño pueda oír los dos idiomas por separado y no juntos en una conversación. Así aprende desde pequeña a mantener separados ambos lenguajes. Por ejemplo el papá le habla –siempre- en inglés y la mamá lo hace en castellano (o en casa se habla valenciano y fuera de ella el castellano). Al principio el niño confundirá los sistemas y los mezclará, pero a los 4 ó 5 años sabe exactamente qué palabras pertenecen a cada idioma y con qué personas utilizarlas. Solo tardará algo más en hablar que otro niño, ya que debe procesar dos sistemas diferentes.

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Para más información, lee también el artículo de la revista Crecer feliz, el número de mayo 2008, con el título: ¿Habla bien por su edad?

Fuente: http://www.coksfeenstra.info

5 de agosto de 2010

A su ritmo (1-2 años)


Me estoy leyendo a ratitos robados "Bajo presión" de Carl Honore y un capiíulo me ha recordado un artículo que leí hace un tiempo sobre peques de 1-2 años. Buscando, rebuscando lo encontré y quería compartirlo con vosotros.

A mi este articulo me abrió los ojos a algo tan sencillo pero tan complejo a veces debido a las prisas con las que vivimos hoy en día. Darles a nuestros hijos el tiempo que necesitan para aprender, desarrollarse, manejar sus sentimientos ... sin estar con el reloj en la mano metiéndoles prisa. Sobre todo teniendo múltiples este planteamiento es algo que puede hacer nuestra vida mucho mas sencilla porque una tortuguita lenta que lo quiere hacer todo solo lentamente, bueeeeeeno, pero dos o tres tortuguitas lentas a la vez queriéndolo hacer todo solos lentamente...puede ser muy duro. Una aventura muy interesante, y que nos puede enseñar mucho a disfrutar del camino y no solo fijarnos en lo deprisa que podemos recorrerlo. ¿Te apuntas?

Por cierto, de "Bajo presión" os hablaré un milenio de estos cuando lo acabe ;)

A su ritmo (1-2 años)
 
Del blog de Violeta Alcocer (por cierto muy recomendable) http://atraviesaelespejo.blogspot.com/

“Vísteme despacio que tengo prisa” dice un refrán popular, y es que de todos es sabido que los niños necesitan tomarse su tiempo para hacer las cosas, para observar, para aprender...
A estas edades, en las que empiezan a conquistar su propia autonomía, es cuando más se nota que ellos llevan su propio ritmo para todo: para desayunar (y si encima está aprendiendo a usar los cubiertos pueden pasar horas!), para ir a hacer algún recado (porque ahora le gusta caminar y se va parando en cada pequeña hormiga, hojita o papelito del suelo), para pasar de una actividad a otra… y cuanto más rápido queremos ir nosotros es peor, porque precisamente en la etapa del “no” por excelencia pocas veces conseguiremos que se hagan las cosas a tiempo (y no es extraño que nos llevemos también algún que otro berrinche de regalo).
Pero ¿por qué son nuestros pequeños tan lentos para todo? ¿Por qué tardan tanto en aprender algunas cosas?
En realidad, a nuestros hijos no les pasa nada: ¡nos pasa a nosotros, adultos estresados y acostumbrados a hacerlo todo con el reloj en la mano!
Si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta de que toda nuestra sociedad está construida en base a la velocidad y los logros. Nuestra eficacia personal se mide en términos de velocidad: cuánto tiempo tardamos en conseguir lo que queremos, en llegar al trabajo desde casa, en recuperarnos de un trauma afectivo, en hacer nuestras tareas… ¡prisas, prisas, prisas para todo!
Los papás, sin darnos cuenta, trasladamos a nuestros hijos estos esquemas y esperamos de ellos que funcionen igual que nosotros: queremos que jueguen de tal manera y en determinado tiempo (jamás el juego de los niños estuvo tan dirigido como ahora), que aprendan determinadas destrezas y cuanto antes mejor (solo hay que escuchar una conversación al azar en el parque para ver cómo madres y padres compiten y enumeran las adquisiciones tempranas de sus hijos: “el mío empezó a caminar con diez meses” “pues el mío ya se sabe veinte animales”), que duerman solos y del tirón cuanto antes (aunque no estén preparados), que se coman un bistec de mastodonte en un tiempo record o que modulen sus emociones al más puro estilo zen.
Lo que crea problemas no es la lentitud de los niños, sino el desajuste entre sus ritmos y los nuestros, sus necesidades y las nuestras.
Está claro que no podemos vivir aislados del reloj: los horarios son importantes porque nos ayudan a estructurar nuestra actividad diaria y a los niños les ayuda a ir generando una estructura interna con pautas claras.
Y tampoco podemos vivir sin incentivar a nuestros hijos para que optimicen todo su potencial, preparándoles así para el competitivo mundo que nos ha tocado (y les ha tocado) vivir. En cualquier caso, tenemos toda una vida para ello.
Pero ¿cómo conseguir que el día a día no sea una lucha diaria entre ellos (nuestras pequeñas tortuguitas) y nosotros (las rápidas liebres)?
Lentos para todo
Hay que reconocer que la paciencia paterna llega a su máximo esplendor en esta etapa en la que los niños se lo toman todo con una parsimonia que altera a cualquiera. Pero lo cierto es que a quitarse el pijama o a comerse una tortilla con tenedor no se aprende de un día para otro, sino que se aprende ensayando, descansando, pensando en otras cosas, intentándolo de nuevo… Hacer las cosas por uno mismo lleva tiempo. Y seguir las rutinas diarias da pereza (y más aún cuando, después de todo lo que ha tardado en meterse en la bañera, ¡queremos obligarle a salir a los pocos minutos porque se enfría la cena!).
Es cierto, ellos son lentos. Pero fijémonos en nosotros y nuestros objetivos: nos pasamos el día achuchándoles para que lo hagan todo rápido, rápido.. y al final conseguimos lo contrario y pasan los meses y nada cambia (seguimos tardando una hora en convencerle para que se ponga el dichoso abrigo). ¿Y por qué? Pues muy sencillo: si cada vez que nuestros hijos emprenden un hábito diario por sí mismos (por ejemplo, lavarse los dientes) nosotros les agobiamos para que terminen cuanto antes (“venga acaba ya que no llegamos” “vamos cariño que no llegamos” “por favor termina eso que hay que hacer lo otro”) , lo que estamos enseñándoles es a hacer las cosas rápido, no a hacerlas bien. Si les damos un poco de margen y les dejamos ir a su ritmo durante un tiempo, lo más probable es que sean ellos solos los que estén deseando pasar a otra cosa rápidamente una vez dominado el tema (incluso puede que hasta estén deseando mostrarnos lo bien y lo rápido que son capaces de meter los calcetines en la lavadora ellos solitos).
Puede que tarden más tiempo del previsto en hacer las cosas como a nosotros nos gustaría. Incluso puede que lo que a nosotros nos gustaría fuera que no quisieran hacer tantas cosas solos (con lo cómodo que era la teta y ahora se empeña en comer él solito sus cereales con cuchara!!)… pero la realidad es que a esta edad están deseando hacer las cosas por ellos mismos, que hay que permitírselo por su propio bien (excepto aquellas que sean peligrosas) y que no van a aprender más rápido por el hecho de achucharles, sino que van a tardar lo mismo (hagan la prueba).
Así que una buena estrategia es cambiar el “vamos, que hay prisa” por el elogio más sincero a sus esfuerzos .
Lo único que tenemos que hacer nosotros es ser lo más flexibles que podamos con nuestro propio tiempo y nuestros planes; y además tener siempre en cuenta que lo que importa es el proceso, no el resultado. ¿Por qué agobiarnos porque no vamos a llegar al parque porque el pequeño se va parando en todos los escaparates? ¿Acaso es tan importante llegar? Si al pequeño le gusta más mirar escaparates, será porque le parecen más divertidos que el parque (donde además mamá espera que socialice- es decir que comparta sus juguetes- con lo poco que le gusta!).
Y hablando de paseos ¡hay que ver lo que nos gusta a los padres recorrer las calles con el niño de mano a salto de mata! Con sus cortas piernecitas es imposible que un pequeño de dos años pueda llevar nuestra velocidad porque no solo es capaz de alcanzar nuestra zancada, es que se cansa el doble porque es como si hiciera el doble de recorrido (observemos cuántos pasos da un niño por cada paso de un adulto). De ahí que a mitad de recorrido el noventa por ciento de los niños menores de dos años pidan que les cojamos en brazos o (si tienen destreza con su lenguaje) que vayamos más despacio.. y aún les miramos extrañados.
En cuanto a las rutinas diarias y demás peticiones paternas (desde tomarse un zumo en la merienda hasta ir aprendiendo a recoger sus juguete, pasando por dejar lo que estaba haciendo para echarse la siesta) de lo que se trata, en líneas generales, es de reducir el número de pasos para llegar al objetivo, no pedirle al niño acciones muy complicadas (porque encontrará mil distracciones en el camino) y, por supuesto, armarnos de paciencia.
Respetar sus ritmos de aprendizaje
Las teorías que hablan de la estimulación temprana han hecho mucho bien a la sociedad y concretamente a aquellos niños de estratos sociales más desfavorecidos y que recibían una estimulación mínima. Gracias a ellas, padres, madres y profesionales nos concienciamos en su día de la importancia que tiene estimular a nuestros pequeños para que desarrollen todo su potencial. Pero desgraciadamente, la estimulación temprana se ha convertido en una moda mal entendida y que viene a ser, en parte, la culpable de que algunos niños anden tan estresados intentado memorizar tarjetas, visualizar películas educativas desde que son tiernos bebés, responder correctamente a determinadas preguntas y otras tantas actividades destinadas a estimular su inteligencia y que aplicadas todas a la vez y sistemáticamente no hacen más que saturar al niño con demasiada información que no siempre está preparado para digerir.
El error no está en estimular (que está muy bien ), sino en centrarse solamente en los logros, cuantos más mejor, cuanto más pequeños mejor y en el menor tiempo posible.
No hace falta que aprendan rápido. El nacimiento de la inteligencia es fascinante y presenciar cómo evolucionan el pensamiento y las emociones de un niño de un año es todo un lujo… pero esto es un milagro que sucede poco a poco, día a día, a base de muchos fracasos, perseverancia y por supuesto amor paterno.
La mejor estimulación es la que se adapta al niño y no al revés.. y no hay herramienta más adaptada al niño que el juego libre. Es decir que si lo que queremos es respetar sus ritmos de aprendizaje, no hay nada más fácil que dejar que sea el propio niño quien marque la pauta, el ritmo y el ámbito de sus intereses, en vez de imponerle siempre desde fuera nuestros criterios y tiempos con el fin de generar unos logros determinados (“voy a comprarle este juego de torres para que aprenda a calcular espacios” “estamos leyendo un cuento para aprender los colores” “vamos a poner esta canción para aprender a contar”).
Si tenemos paciencia y les dejamos hacer, observaremos cómo nuestros hijos descubren (casi sin ayuda) que hay otros “yoes” en el mundo además de él, que se pueden subir y bajar escaleras sin caerse, que los números van uno detrás del otro, que los colores tienen nombres diferentes, que lo que uno hizo ayer puede ser recordado hoy… y así hasta completar una larga lista de conocimientos y habilidades que se van adquiriendo entre el primer y el segundo cumpleaños con muy poquita ayuda por nuestra parte (basta con dejar a su alcance los juguetes y profundizar juntos en aquello que vemos que le interesa): sería una pena perdernos estos procesos (o bloquearlos con otros aprendizajes que corresponden a otras edades) por estar solo centrados en los logros o por querer que las cosas sucedan antes de tiempo.
Las emociones maduran despacio.
Los padres ayudamos a los niños a regular sus emociones desde el momento del nacimiento y uno de los errores más comunes y paradójicamente más adaptativos durante los primeros meses es que les tratamos como si fueran mayores de lo que son. Cuando un bebé balbucea (quizá sin una finalidad concreta) ahí hay un papá o una mamá atentos a interpretar un mensaje de lo más elaborado (“quiere que le acerques ese osito” “no, que va, lo que quiere es agua” “te equivocas, me ha parecido entender que llamaba al gato”). Por eso todos los bebés nos parecen listísimos (“¡qué espabilao está este niño!”), porque mezclamos su inteligencia real (que no es poca, ojo) con nuestras adultas atribuciones. Y por eso los bebés se van haciendo listísimos.. porque nuestras interpretaciones y reacciones van configurando su mundo, sus relaciones y sus emociones.
Pero curiosamente (¿quizá porque a lo largo de este año dejan de ser bebés regordetes para pasar a asemejarse más a niños hechos y derechos?), cuando llegan a esta edad cambiamos nuestras benévolas interpretaciones por otras más retorcidas (“si cedes estás perdido” “te está chantajeando” “no dejes que te gane la partida” “hay que educarle” ) y empezamos a exigir. Les exigimos un control de sus emociones más maduro, que no se encaprichen, que sepan lo que quieren, que no tengan berrinches y que muestren gestos tan elaborados como compartir, pensar en los demás, ser prudentes, contenidos…. Y encima lo queremos para ayer.
Nos olvidamos de que, sin querer, seguimos atribuyendo nuestras expectativas y creencias a nuestros hijos. Y esas expectativas y creencias pueden estar equivocadas: de hecho, lo están si pretendemos que un niño de un año y medio funcione como uno de diez.
A estas edades, la clave de una afectividad sana no está en el control temprano de las emociones sino en la comunicación familiar y el respeto mutuo. Por eso es importante recordar que siguen siendo bebés , y que nuestras demandas deberían ser hechas teniendo en cuenta su grado de desarrollo actual (no podemos pedirle que sepa cómo calmarse en un berrinche, por ejemplo, ni que decida en dos minutos si quiere fruta o yogur).
Descubrir el mundo junto a nuestros hijos, despreocupadamente y sin prisas, nos puede dar más satisfacciones de las que pensábamos. De hecho, nuestros hijos, con su ausencia de horarios y su genuina forma de actuar, pueden ser esa isla que todos los adultos buscamos, nuestro paraíso perdido.