30 de enero de 2013

El chupete

chupete criando multiples gemelos mellizos

El chupete es un objeto que desde la antigüedad se ha ofrecido al bebé con el fin de que se sienta confortado y tranquilo. De hecho, en inglés se denomina "Pacifier". De ahí que sus usos tradicionales hayan sido calmar al bebé que llora, prevenir la succión del pulgar y ayudar al momento del destete. Muchos hablan de lo bueno y lo malo de los chupetes, conoce más sobre ellos y lo que provoca en tu bebé.

Entre los principales motivos que los padres tienen para poner el chupete a sus hijos está el hecho de regular el horario de los pequeños. Durante las primeras semanas los niños alimentados al pecho no tienen horario y comen con más frecuencia o duermen mucho, y lloran más en la noche que en el día.

Algunos especialistas afirman que no es recomendable el uso del chupete en bebés menores de un mes, porque el riesgo de aspiración de vómito es mayor en un niño pequeño con chupete que sin él.

La segunda razón es para disminuir el cólico. Los cólicos tienen mucha relación con la producción de gas en el intestino, y el chupete, lejos de impedir esto, lo acentúa, ya que el niño traga más gas, por lo que está demostrado que los chupetes no son solución para terminar con los cólicos.

Otro motivo es para quitar el mal hábito de chuparse los dedos, pero hay que tener en cuenta que si en algún momento le quitamos el chupete al bebé, lo primero que hará es introducir sus deditos en la boca.

El uso precoz de chupete se asocia con una lactancia materna más corta y no exclusiva. La lactancia natural debe ser protegida y estimulada. La recomendación de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de vida está fundamentada por todos los expertos en nutrición infantil.

Algunos especialistas aseguran que existe una relación significativa entre el uso de chupete y la reducción del Síndrome de Muerte Súbita en el lactante. Se muestran evidencias sólidas respecto a la asociación favorable del uso de chupete y la prevención de este accidente, ya que este objeto podría ejercer su rol favorable, manteniendo un mejor estado de alerta, estimulando los reflejos de defensa de vía aérea y colaborando con la regulación independiente del corazón.

En cualquier caso podemos concluir que el chupete no es un elemento indispensable y que puede ser útil en casos individuales de niños particularmente irritables que muestren un efecto positivo con su uso.

Si usted decide utilizar este elemento, es importante que sea de una marca reconocida. Además debe tener un tope que impida su aspiración o deglución accidental. También, debe mantenerse limpio de acuerdo a las instrucciones del fabricante.

Si decide utilizar el chupete, deberá tener varios, ya que en caso de que se le pierde, su bebé lo extrañará y probablemente haga un gran berrinche.

No faltan quienes manifiestan su preocupación por los daños que este aparato podría causar, como que los dientes crecerán asimétricos.

El uso del chupete no debiera iniciarse nunca hasta que la lactancia materna esté bien establecida. Ahora bien, si ya se instaló el chupete como parte de la rutina y convivencia familiar, es necesario agregar algunas recomendaciones respecto a él:

  • Utilizar una marca reconocida, que le de seguridad
  • Chupete de una pieza
  • Escudo protector adecuado
  • Escudo semirrígido
  • Escudo con agujeros antiahogo
  • Anillo para traccionarlo
  • El chupete debe tener un tope que impida su aspiración o deglución accidental
  • Es necesario mantenerlo limpio de acuerdo a las instrucciones del fabricante
  • La forma y tamaño se escogen habitualmente según la preferencia del bebé
  • Nunca ates el chupete al cuello, mano o cuna. La cuerda de unión puede estrangular el cuello del niño
  • Utilizar anclajes plásticos a la camiseta o chaleco del niño y con cuerdas cortas. No anclar con alfileres de gancho metálico.
  • No usar la tetina del biberón como chupete, porque no tiene un tope, lo cual constituye peligro de aspiración.
  • No utilizar chupete más allá del año de vida.
  • Iniciar su uso después de la tercera semana para evitar su interferencia con la adecuada técnica de amamantamiento.
  • Restringirlo a partir de los 8 meses y suprimirlo antes del año, ya que desde entonces el reflejo de succión desaparecería
Ventajas del uso del chupete
  • Prevención del síndrome de muerte súbita del lactante
  • Efecto tranquilizador
Desventajas del uso del chupete
  • Duración breve de lactancia materna
  • Alteraciones del sueño
  • Accidentes infantiles
  • Úlcera oral palatina traumática
  • Síndrome del biberón o del chupete
  • Candidiasis u Hongos oral resistente
  • Contaminación química
  • Hipersensibilidad al látex

También podemos mencionar algunos efectos controvertidos aquellos que aún no se pueden establecer como buenos o malos. Esta falta de claridad se debe a que algunos proponen efectos beneficiosos al uso del chupete, mientras otros proponen exactamente lo contrario. Dentro de los efectos controvertidos que se le atribuyen al chupete, está el efecto que éste puede causar en la maloclusión dental.

28 de enero de 2013

Enseña a tu hijo a compartir


¿Tu hijo tiene dificultades para compartir sus juguetes con otros niños? Los niños sienten mucho apego por sus posesiones, y no entienden lo que les puede pasar a ellos o asus juguetes si los comparten. Para que puedas hacerte una idea de estos sentimientos, piensa por un momento en alguna de tus más preciadas e importantes posesiones (tal vez tu tablet, tu móvil, el coche o algo así). Ahora piensa en dejárselo a un amigo para que lo use un día ... Ese sentimiento de temor e incertidumbre, además de la inexperiencia de un niño, está en la raíz de la renuencia a compartir. Compartir es una habilidad social complicada que se desarrolla con orientación y práctica.

¿Qué hacer?

Demostrar cómo compartir.
Compartir cosas con su hijo y mostrarle que lo está compartiendo. Por ejemplo, "¿Te gustaría enredar un rato con mi calculadora? Me encanta compartirla contigo."

Anima a tu hijo a compartir contigo.
Es más fácil para un niño compartir con sus padres, porque sabe que vas a tener cuidado y le devolverás el juguete en buenas condiciones cuando hayas terminado. Sirve para aprender buenas prácticas en el intercambio. Al devolverle su juguete, explícale lo que ha pasado "¡Muchas gracias por compartir tus juguetes conmigo! Lo has hecho fenomenal" De esta manera se tiene una buena sensación acerca de lo que significa compartir.

Dar opciones a tu hijo.
En lugar de exigir que tu hijo comparta un juguete específico, dale algunas opciones. Por ejemplo, "A Sarah le gustaría jugar con un peluche. ¿Cuál te gustaría dejarle para que juegue con él?"

Crear situaciones que requieran compartir.
Tu hijo puede aprovechar para practicar esto del compartir ofreciéndole juguetes o juegos que requieran dos o más personas para jugar, tales como juegos, artículos deportivos y juguetes de jardín. Busca también actividades que tengan un montón de piezas para todo el mundo, como plastilina o pintura, o construir con bloques.

Deja que tu hijo sepa lo que puede pasar ante una situación de compartición.
Antes de que venga un amigo a jugar, hazle saber cuánto tiempo estará, y asegúrale que todas sus cosas todavía serán suyas cuando su amigo se vaya. Permite que tu niño guarde algunas de sus cosas favoritas que no tenga ganas de compartir.

Elogia los buenos momentos compartidos.
Estate atento a las cosas buenas que sucedan - aunque sea brevemente - y elogia a tu hijo por compartir muy bien.

Lo que no debe hacer

No avergüences a tu hijo por no compartir.

Si tu niño no está dispuesto a compartir, tal vez es que necesita aprender más sobre el proceso. Enseñale, en lugar de castigarle.

No avergüences a tu hijo con una amonestación pública.
Incluso si le has advertido y le has preparado para que haya buen rollo y ganas de compartir,tu hijo podría negarse a hacerlo. Cuando esto suceda, llevale a otra habitación y discute el asunto en privado, y luego establece un plan.

No obligues a tu hijo a compartir juguetes o regalos especiales
Algunas cosas deben estar exentos de normas de reparto, como su muñeca favorita, el peluche con el que duerme, un juguete frágil, o un regalo reciente.

Elizabeth Pantley
Extraído de The No-Cry Discipline Solution (McGraw-Hill)

26 de enero de 2013

Ser madre


Ser madre te convierte casi desde el primer minuto en una mujer más frágil y vulnerable a la que le asoman miedos jamás conocidos. Pero al mismo tiempo te otorga una fuerza sobrehumana que te hace creer que eres capaz de cambiar el mundo al que a tu hijo le ha tocado llegar. Cada paso, cada decisión personal o profesional que tomas lo haces pensando en el futuro de tu hijo. Que pueda sentirse orgulloso, te repites. Tu actitud ante la vida en los pequeños detalles en los que tus hijos estén presentes determinarán esa imagen que se formen de ti. Por eso es tan importante la coherencia. Hacer y decir lo mismo. Aunque te equivoques. Y cuando lo hagas tener la valentía de dar la cara y pedir perdón. Y ahí aparece también la dignidad. Mi madre escribe y habla con dificultad porque nunca pudo estudiar, pero podría darnos lecciones a cualquiera si hablamos de ciertos valores. Ella siempre tuvo claro que si aceptas hacer cosas por debajo de tu dignidad habrás perdido tu único patrimonio. Es una de las batallas que no se debe perder.

Otra de las cosas que como madre me obsesiona es cómo hacerle consciente, sin hacerle sentir culpable, del privilegio que supone haber nacido en un país como España. Ha nacido en una democracia y en mayor o menor medida tiene sus necesidades resueltas. Pero eso no es lo normal para millones de personas, para millones de niños que son exactamente iguales que él y que sin embargo, morirán antes de llegar a los 5 años por haber nacido, por ejemplo, en Níger. Por eso, para mi es importante que nunca dé nada por hecho. Que sepa que su privilegio es circunstancial, que quizá hoy puede repetir merienda porque otros hacen una comida al día, que tirar la comida no debería formar parte de nuestra cotidianidad, que está sano porque le ponemos vacunas …etc…Que valore todo ello como algo extraordinario. La cuestión no es hacerle sentir culpable pero sí conseguir que cuando tenga edad suficiente contribuya a cambiar las cosas. Quejarse sólo no es suficiente.

El relato anterior suena bien, pero después hay que ponerlo en práctica. Y ahí empieza lo difícil. Ser madre es el mayor desafío al que me he enfrentado. Se funciona a base de prueba-error. Muchas veces te asaltan las dudas: ¿demasiado dura? ¿demasiado flexible? Caerse y levantarse. Quizá esa sea la única clave que yo conozco: no rendirse.

Por Ana Pastor, periodista.
Extraído del blog Quiero que te quiero

24 de enero de 2013

Charlas dobles, el lenguaje de los gemelos


Cuando mis gemelos eran pequeños, les observaba intercambiarse los juguetes. Cuando recogían el juguete del otro, respondían "Aachee". Con el tiempo, mi marido y yo adoptamos el término, y se convirtió en una forma familiar de decir: "Gracias". ¿Fue un ejemplo de "habla gemelar"? ¿O sólo balbuceos de bebés?

Uno de los populares mitos sobre mulitples es que comparten un lenguaje secreto, una forma de comunicación conocido sólo por ellos. Términos como idioglosia (lenguaje autónomo) o criptofasia (que describen el fenómeno del lenguaje gemelar), son conceptos fascinantes que ha intrigado a investigadores y padres por igual. Sin embargo, en realidad es muy raro que los gemelos desarrollen un verdadero "lenguaje", y por lo general sólo se da en casos de extremo aislamiento.

¿Qué es el lenguaje de los gemelos?

En realidad, el fenómeno es realmente atribuible a gemelos jóvenes que se imitan mutuamente en sus intentos de hablar, a menudo incorrectamente. Todos los bebés balbucean sonidos incoherentes, es su forma de practicar la vocalización y de realizar las conexiones en el cerebro que conducen al desarrollo del lenguaje. Sin embargo, puede dar la impresión de que los gemelos realmente entienden los balbuceos, de ahí la percepción de que comparten un "lenguaje secreto". A medida que crecen y repiten las "palabras" del otro, puede parecer que están hablando en un lenguaje secreto, mientras que en realidad sólo pronuncian mal los sonidos y las palabras. Unos cuarenta por ciento de los múltiples, sobre todo los gemelos monocigóticos o idénticos, desarrollarán alguna forma de lenguaje autónomo, utilizando apodos, gestos, abreviaturas o terminología que sólo utilizan con su hermano. Si bien los padres y hermanos a menudo pueden discernir el significado, los múltiples no suelen utilizar esoss términos con los demás.

El desarrollo del lenguaje en los múltiples a menudo se retrasa o es diferente de los hijos solos. Algunas investigaciones muestran que los gemelos, especialmente los niños, puede retrasarse meses en su capacidad para expresarse verbalmente. Hay muchos factores que contribuyen al retraso del habla. Los bebés aprenden el lenguaje de sus cuidadores, especialmente los padres. Los padres de múltiples, que a menudo están demasiado agotados y estresados por los desafíos de cuidar a dos o más bebés, puede estar menos involucrados verbalmente con sus hijos. Los gemelos jóvenes están juntos casi todo el tiempo, y al igual que cualquier pareja de personas que pase la mayor parte de su tiempo junta, aprenden a confiar en formas no verbales de comunicación o en los gestos. Son capaces de actuar de manera intuitiva, comprendiendo los  gestos, gruñidos o vocalizaciones del otro. También se imitan los unos a otros  en sus intentos de lenguaje expresivo, con frecuencia reforzando una pronunciación incorrecta. Los gemelos tienden a hablar más rápido y puede abreviar sus palabras o dejar de lado las consonantes cuando hablan, tal vez en un intento competitivo por hablar por encima de su hermano y así captar la atención de sus padres primero. Por último, algunos retrasos pueden deberse a consecuencias cognitivas o físicas de un parto prematuro.

En la mayoría de los casos, los múltiples se ponen al día con respecto a sus compañeros "únicos" cuando comienzan la escuela. Pero algunos pueden tener problemas del habla que les creen dificultades posteriores, sobre todo en la lectura o la ortografía. En algunos casos, la intervención temprana o una terapia del habla pueden ayudar a abordar las necesidades especiales.

Consejos para padres de gemelos

Aunque este charla entre múltiples pueda parecer graciosa, los padres deberían alentar una pronunciación correcta en lugar de alentar la charla gemelar. Estos son algunos consejos:

  • ¡Hablar, hablar, hablar! Comunícate con tus bebés, dando a cada niño un montón de tiempo individual.
  • Ofrecer un montón de tiempo con los otros niños, especialmente con los hermanos mayores, en lugar de que los gemelos pequeños jueguen juntos en exclusiva.
  • Leerles cuentos. Los beneficios de la lectura a los niños son numerosas.
  • Motivar a los múltiples para que se expresen con el lenguaje. No ceder a las peticiones expresadas mediante gruñidos o quejidos si tienen la posibilidad de realizar peticiones usando palabras.
  • No dejar que un gemelo sea el portavoz para el otro sino animar a cada niño a hablar por sí mismo.
  • Haga preguntas para involucrar a sus gemelos en la conversación. A medida que crecen, utilice preguntas abiertas para provocar el diálogo.
  • No interrumpas a tu hijo corrigiéndole mientras habla. Es mejor dejarles acabar de hablar y luego decir las palabras correctamente, repitiéndolas de nuevo con ellos.
Por Pamela Fierro Prindle, de Multiples about
Traducido por Criando Múltiples.

22 de enero de 2013

Educar es dar alas


Cuando empieza a surgir en nosotros el "gusanillo" de tener hijos nos imaginamos cómo será el niño o niña, nos ilusionamos con su futuro rostro... y empezamos a preocuparnos por cómo lo atenderemos. Hay quien empieza a buscar con quién dejarlo cuando se incorpore al trabajo. Otros con el paso de los meses renuncian a su trabajo o pide una excedencia para estar con el niño el mayor tiempo posible. Están los que leen libros antes del nacimiento porque quieren saber cómo hacer con la alimentación, el sueño, los juguetes, los pañales, la lactancia.

Por lo general un embarazo y posteriormente un bebé suponen una revolución, una revolución para la que no solemos estar preparados porque ¿quién puede estar listo para dar un vuelco a su vida y a su corazón?

Muchos evolucionan personalmente o descubren nuevas facetas de su persona con la maternidad o paternidad.

Y a medida que crece la criatura empiezan las preocupaciones por otras cuestiones como la educación, el futuro que lo espera, a qué se va a dedicar, qué valores queremos transmitirle...

Afortunadamente muchas personas descubren, en la relación con sus hijos, conductas, costumbres, modos de comunicarse, que vivieron en su infancia y que guardan como un tesoro o que no quieren repetir. Porque ya tenían claro qué querían evitar y porque estban abiertos a evolucionar y la relación con sus hijos remueve constantemente emociones escondidas de la infancia.

El reto siguiente es entender, y después vivir, que nuestros hijos no son una propiedad nuestra, que no están para cumplir nuestros planes. Solucionamos sus necesidades cuando aún no pueden hacerlo por sí mismos. Y seguimos haciéndolo con el paso de los años, cuando ellos sí están preparados para el autocuidado, en lugar de darles recursos para hacerlo por sí mismos. Esta tarea con el tiempo se nos vuelve una carga, de la que no podemos deshacernos porque la necesitamos para dar sentido a nuestra vida o a nuestro papel como progenitores responsables. Sin embargo, acabamos pasando la factura a nuestros hijos por todo nuestros esfuerzos diarios en su cuidado. Entonces empezamos a pretender que en su vida cumplan con lo que creemos mejor para ellos y los alejamos de aquello que nos da miedo.

Existen muchas creencias sobre lo que debe ser la vida para que ésta sea plena y feliz, útil y válida. Creencias basadas en mensajes que nos repitieron desde niños y que se han convertido en la base de nuestro estilo vital, de lo que se puede y no se puede hacer, de lo que debemos y no debemos hacer, de cuales son las profesiones a las que podemos dedicarnos, de hasta dónde podemos llegar en nuestro desarrollo personal. Y con estos falsos patrones, con esta hoja de ruta interna vamos moldeando las experiencias que hacen nuestros hijos, las expectativas que tenemos sobre ellos, para qué vivir o qué es lo adecuado para su vida y su persona.

Sin embargo, educar no es moldear ni dirigir, ni mucho menos manipular o coartar. Educar es dar alas. Es apoyar y creer, estimular a nuestros hijos, acompañarlos en sus proyectos y confiar en su intuición y sus gustos. Y dejarlos soñar, y soñar con ellos. Más allá de nuestra cuadriculada visión de la vida, de para qué son válidos o de cómo tienen que organizar su existencia.

Os propongo que veáis esta entrevista a Albert Casals, un joven de 21 años que con 14 empezó a viajar solo por el mundo sobre su silla de ruedas. Un chico sin movilidad en las piernas, con unas alas gigantescas.

Una ocasión para replantearnos el papel en la vida de nuestros hijos.

Maria Pilar Gómez San Miguel
Crianza en Familia
Publicado en Educarpetas
La imagen es de la galería de Flickr de Cristina^

20 de enero de 2013

La crisis de la pubertad


“Quieren más que los hombres mayores a sus amigos, allegados y compañeros... cometen excesos y actúan con vehemencia... aman demasiado y odian demasiado y así con todo... creen que lo saben todo y se sienten muy seguros de ello...”
Esta frase podría estar en boca de cualquier padre de un púber de 12 o 13 años. Sin embargo, salió de los labios de Aristóteles, seguramente en una soleada tarde de Atenas. Es que las condiciones económicas, sociales, culturales y religiosas cambian, pero a través de los siglos el cuerpo sigue empeñándose, tozudo, en provocar enormes terremotos en los niños cuando llegan a la pubertad. Estos se confunden, en algunos casos se resisten y casi siempre se asustan. Y uno de los resultados son los cambios de conducta que tan bien describía el filósofo griego hace más dos mil trescientos años.

Muchos lingüistas de andar por casa se apresuran a derivar el término adolescencia de "adolecer". No es exactamente así. Y si se quiere buscar un vocablo que se acerque un poco más a la definición de esta etapa de la vida, habría que optar por “crecimiento” o "inadaptación". El adolescente es un inadaptado en varios niveles. Por un lado sufre un gran cambio en lo físico, que a su vez le genera un intenso desajuste psicológico, definido por las crisis de identidad y por sentimientos de ambivalencia. Se pregunta "¿Quién soy?" y "¿Qué soy?" Y siente la dualidad de temer y desear a la vez cuestiones fundamentales para su vida como la emancipación y la vida sexual.


Para hacer la transición más sencilla, casi todas las culturas antiguas celebraban la llegada de la pubertad con ciertos ritos iniciáticos. El paso de los siglos fue erosionando estas costumbres y en la actualidad prácticamente se ignora voluntariamente esta etapa y los padres sólo esperan tener la menor cantidad de problemas con los nuevos “ex - niños”.

Por su parte, todo esto al cuerpo no le importa y, haciendo oídos sordos al desprecio y la indiferencia sociales, cuando llega la hora empieza a hacer subir los niveles hormonales. Y los sorprendidos niños se asombran, fascinan y asustan al ver que les cambia la voz, les empiezan a salir pelos y granos en lugares a los que hasta entonces casi no le prestaban real atención, les crecen los pechos, sangran y derraman semen.

La licenciada Beatriz Goldberg, psicoanalista argentina y autora de “Tengo un adolescente en casa ¿Qué hago?” (a punto de ser reeditado) asegura: “La pubertad es el proceso que lleva de la niñez a la adolescencia. Se habla poco del tema porque a los padres les incomodan los síntomas internos y externos que viven sus hijos. Básicamente porque los cambios todavía no son visibles. Es decir, la metamorfosis está en proceso pero tienen a la vista un cuerpo de niño. Entonces les choca más que sus “nenes” tengan sus primeras pulsiones sexuales cuando todavía no salieron de la escuela primaria que cuando lucen un cuerpo de adolescente”.

LOS CAMBIOS TAN TEMIDOS

El proceso puberal se inicia entre los 9 y los 10 años entre las niñas y los 11 y los 12 entre los varones. De un día para otro, los chicos comienzan a percibir que “algo” les está ocurriendo. Incómodos y preocupados, sienten intriga y miedo por los nuevos impulsos (sobre todo en lo sexual) y a la vez se enamoran de sí mismos y su cuerpo. De hecho, es normal verlos pasar mucho tiempo frente al espejo admirándose. Paradójicamente, también es común que descuiden su cuerpo al vestirse o asearse. Es la consecuencia de la negación de su nuevo aspecto. Tratan de hacer “como si no existiera”.

“A pesar de que los chicos están mucho más sueltos que en épocas anteriores –agrega la Licenciada Goldberg- y que los medios de comunicación, que tocan casi todos los temas sin tapujos, les proveen mucha información, todavía todo lo que tiene que ver con la primera relación sexual los espanta. Sin distinción de sexo. Además, otra de las cuestiones que descolocan al púber es que se empieza a esperar de él actitudes de adulto. Esto lo obliga a dejar de refugiarse en el rol de chico y por eso debe reacomodarse. Sufre porque se siente extraño con su cuerpo. Lo percibe como un saco prestado, que no está hecho a su medida. Por momentos le fascina su nuevo aspecto, pero en otros quisiera volver a su antiguo rol. Para colmo los adultos, por su propia incomodidad, suelen burlarse de ellos. Esto afecta a los chicos según su carácter y educación. Algunos se divierten y no hacen otra cosa que hablar del tema. En tanto, otros más introvertidos tienden a aislarse y los chistes los lastiman”.

Es frecuente que los chicos no puedan verbalizar sus temores: “¿Seguiré creciendo?”, “¿Toda la vida tendré estos granos en la cara?” o “¿Es normal que le pase esto a mis genitales?”. Estos miedos, si no son tomados a tiempo, pueden generar angustia, ansiedad y depresiones que paralizan al chico y a veces llegar a transformarse en traumas que se arrastrarán de por vida.

LA LLAMADA DE LA NATURALEZA

La llegada de la menstruación (oscila entre los 9 y los 16 años) le suele provocar a las chicas sin información repentinos ataques de miedo a estar enfermas y a la muerte. Siglos de vergüenza y represión crearon eufemismos como “el mes”, “esos días” y hasta “el asunto” para evitar llamar las cosas por su nombre. De hecho, las mujeres ni siquiera tienen un nombre simpático para hablar de su vagina. Mientras los niños se refieren, por ejemplo, al “pajarito”, la "picha" o el “pito”, las nenas apenas disponen de palabras "amables" para referirse a sus genitales.

Las irregularidades en los primeros ciclos menstruales surgen a veces por errores de cálculo (computar treinta días en lugar de veintiocho) o debido a la falta de progesterona debido a la inmadurez del proceso puberal. Esto suele provocar grandes preocupaciones en las madres. Aunque por suerte ya casi no se escuchan aquellos mitos tan populares hace un par de décadas. Como temer que "la sangre se le vaya a la cabeza a la nena y se vuelva loca" o restringir la gimnasia, los baños y la alimentación durante el período.

Tal vez uno de los síntomas más inofensivos (y por qué no decirlo, también divertidos para el que no lo sufre) es el cambio de voz en los varones. Crece la laringe, la nuez de Adán se desarrolla y el resultado es que el chico debe huir del coro de niños porque sus repentinos graznidos arruinan la obra. Los chicos deben reacomodarse a su nueva voz del mismo modo que lo hacen con su nuevo cuerpo. Y es una de las manifestaciones más gráficas de que algo está cambiando porque no se la puede ocultar.

El correlato visual y táctil al cambio de voz es la aparición de unos pelos en la cara que no son ni vello ni bigote, un estirón porque los huesos no están osificados, y... el molesto acné. La piel de los chicos se llena de pustulentos volcanes que los deja en evidencia de que están creciendo. Es una de las más comunes causas de angustia entre los adolescentes porque “¿Qué chica va a querer bailar con una espiga de maíz, llena de granos?”. No deberían preocuparse porque el problema es pasajero y, además, todos lo sufren en mayor o menor medida.

Y, como para completar la percepción del cambio con los cinco sentidos, el proceso se caracteriza por un nuevo y mucho más intenso olor corporal. Otros cambios son el aumento de la estatura y el peso, la cara de niño que desaparece, la frente se eleva y ensancha, la boca se agranda y los labios se vuelven más gruesos, sobresale la barbilla, la cabeza se hace proporcionalmente más pequeña y el corazón y los órganos reproductivos aumentan de tamaño.

El período de la pubertad termina simbólicamente con las primeras menstruaciones (menarquía) en las niñas y con la primera eyaculación (espermaquia) en los varones. Se trata de un proceso relativamente corto pero sumamente crítico. Es por eso que después de casi dos siglos y medio, las palabras del filósofo y pedagogo francés Juan Jacobo Rousseau tampoco pierden vigencia: “Nacemos, por así decirlo, dos veces: una para existir y otra para vivir. Hasta la edad núbil, los niños de ambos sexos no tienen nada que los distinga. Pero el hombre no está hecho para quedarse siempre en la infancia. Tal como el bramido del mar precede con mucha anticipación a la tempestad, esta tormentosa revolución se anuncia por medio de las pasiones nacientes. Un cambio en el humor, arrebatos frecuentes, una continua agitación del ánimo hacen al niño casi indisciplinable. Se vuelve sensible antes de antes de saber lo que siente. Pero si su vivacidad se torna demasiado impaciente, si su arrebato se convierte en furor, si vierte lágrimas sin causa, Ulises, ¡Oh sabio Ulises! Ten cuidado. Los vientos se han desencadenado. No abandones ni un instante el timón o todo estará perdido”.

CONSEJOS PARA ADULTOS

Una de las características de la transición adolescente es la de querer salir de abajo del ala protectora de sus padres para empezar a aprender a volar. Por eso el muchacho intentará demostrar y, fundamentalmente, demostrarse que no necesita más a los adultos. El miedo que le genera la sensación de soledad lo impulsan a refugiarse en sus pares: “La banda de amigos”. Esta etapa va cediendo cuando llegan los primeros noviazgos. Sin embargo, la responsabilidad del adulto no se licúa durante esta etapa. Más bien todo lo contrario, porque es uno de los períodos más peligrosos en la vida de los hijos. Ya que son fácilmente influenciables. Entonces, ¿cómo manejar ese equilibrio entre libertad y ojo vigilante? Aquí van algunas ideas:

  • Los padres deberían hacer vivir los cambios no como el agobio de las responsabilidades que llegan sino como un momento de felicidad. A veces ciertos dolores menstruales son fruto de la tensión y los nervios por cómo se le transmitió a la chica que sería el proceso.
  • En principio, los padres no deben tenerle miedo a sus hijos. No creer que porque el chico se muestre hostil o huidizo no necesita apoyo. Se les debe hacer saber que están disponibles sin presionarlos para que accedan al diálogo. Una charla de desahogo puede transformarse fácilmente en una sesión de interrogatorio si no se tiene cuidado.
  • A veces los chicos se aíslan. Se debe buscar el momento adecuado para insistir pero teniendo cuidado de no ahogarlos.
  • Tener en cuenta que los chicos suelen sobredimensionar sus problemas. Por eso deben saber que pueden hablar hasta de lo más grave. Sin tabúes.
  • Conviene que los chicos escuchen en casa (no en la escuela o en el club) por primera vez de estos temas. Dependerá de la personalidad del hijo el momento para hablar.
  • Es bueno hacerles saber que se ven más bellos con su nuevo aspecto.
  • Prestar atención a cualquier cambio en el cuerpo. Descubrirlo a tiempo puede ayudar a anticipar conflictos fruto del miedo.
  • Es importante poner límites. Esto no hará que los hijos pierdan el respeto por sus padres. Mas bien, si son lógicos y fruto del sentido común, pasa lo contrario. No hay que acercarse al chico como un amigo, un padre dubitativo pierde su rol. Y al prohibir algo hay que exponer las razones. Pero no hay que ponerse como ejemplo al estilo “a mí me pasó”.
  • Los adolescentes necesitan privacidad para llegar a tener una vida propia. Dársela es demostrarles respeto.
  • Sin embargo, conviene que la televisión y sobre todo la computadora, estén en una habitación común y no en sus cuartos.
  • Hay que hacerles ver que por más que ya no son chicos se los sigue queriendo. Se debe prestar atención a esto en los casos en que haya hermanos y sólo uno está en edad del desarrollo.
  • Los detalles de la sexualidad hoy están al alcance de cualquier niño que quiera conocerlos. Incluso algunas escuelas dan clases de educación sexual. Es importante hablar del tema con ellos, chequear qué entendieron y conviene saber en qué etapa están con sus noviecitos/as (besos, caricias, etcétera) sin entrar en detalles.
  • Los padres deben interiorizarse en las nuevas tecnologías para mantenerse al día ellos y poder entender mejor a sus hijos.
  • Tal vez lo más importante: el hijo ya no es un nene, mucho menos un bebé. Por eso hay que escucharlo y tener en cuenta su punto de vista. Por su parte, ellos están deseosos de escuchar consejos y recibir límites. Por más que puedan merecer un premio Oscar a la “mejor actuación familiar” por lo bien que lo disimulan.

CONSEJOS PARA PUBERES

Es común que los artículos que versan sobre la adolescencia y pubertad incluyan consejos o recomendaciones para los padres. Sin embargo, los que verdaderamente están sufriendo los cambios suelen ser dejados de lado. Por eso aquí hemos recopilado una serie de conceptos destinados a que los “proyectos de adolescentes” puedan disfrutar a pleno de una etapa irrepetible de sus vidas.

  • Lo primero que necesitas saber es que deberías vivir con alegría estos cambios corporales porque te quedan bien. Por más que a veces te sientas raro o feo la naturaleza se está encargando de convertirte en un bello joven.
  • Los granos son provisorios y con el tiempo se van. Y si te molestan demasiado hay tratamientos ( jabones, cremas, lociones y pomadas) muy buenos y efectivos para combatir el acné. Tomar sol es también una buena manera de limitarlos.
  • Los adolescentes deben permitirse experimentar con la forma de vestirse hasta encontrar cuál es el estilo con el que se sienten más cómodos. Debes hacerse respetar por tus padres si quieres ponerte una prenda más o menos ajustada. Si tienes ganas de “echarte una carpa” encima o si, por el contrario, te gustaría que se te marquen las nuevas formas del cuerpo, adelante. Sin escandalizar, claro.
  • No deberías sentirte ansioso cuando veas que otros chicos ya produjeron los cambios. Al final les van a llegar a todos y no es sano compararse porque cada uno tiene su ritmo y nunca son iguales. Debes darte tu tiempo porque la vida es larga y cada etapa merece ser disfrutada a pleno.
  • Tampoco seas cruel con aquellos que todavía no se desarrollaron. Recuerda todo lo que sufriste ante las burlas y ponte en su lugar.
  • En la sociedad los períodos de transición como la pubertad no son recibidos con alegría y muchos hasta los ven con espanto. Pero ¿qué importa realmente tener un feo grano en la punta de la nariz o pasar por el susto de un cambio de voz si se sabe que son procesos naturales para convertirse en adultos? Después de todo no es un precio alto.
  • Los senos adolescentes son muy fibrosos y el cambio definitivo dura entre cinco y nueve años. Al principio, un sostén tipo “top” es suficiente. Pero debe ir adaptándose de acuerdo al tamaño, con la premisa de que nunca oprima.
  • A la hora de acercarte a una chica o un chico de la misma edad no tienes que hacerlo con vergüenza porque lo más probable es que esté pasando por un proceso similar y no va a juzgarte (recuerda que tiene o tuvo tus mismos temores).
  • Si un adulto se mofa de tus cambios ten en cuenta que lo hace porque se siente incómodo porque te ve crecer y no porque seas ridículo o digno de burla.
Por Gustavo Masutti Llach, del blog Ve her şey

18 de enero de 2013

¿Cómo favorecer la armonía entre hermanos?

hermanos, gemelos, peleas, trillizos, mellizos, crianza, respeto,

Muchas veces los padres nos vemos desbordados por las rencillas, peleas, discusiones y demás de nuestros hijos. Básicamente el problema es una cuestión de celos pero aparte de las causas y motivos, este artículo trata sobre qué y cómo podemos hacer los padres para “paliar” estas situaciones.

1. Evitemos las comparaciones de un hijo con otro. Debemos evitar comparar a un hijo con otro. Cada hijo es único y debemos ser capaces de ver qué tiene de especial. No solo las calificaciones escolares indican lo que un niño es capaz de ser.

2. Escuchemos las quejas de los hijos. Muchas veces nuestros hijos tienen quejas o protestas de situaciones o actuaciones. Los padres tenemos que tener paciencia, escucharles y hacerles ver que se sienten comprendidos.

3. Comuniquemos a nuestros hijos que comprendemos sus sentimientos. En la familia es donde expresamos nuestros sentimientos, es donde nos sentimos capaces de manifestarnos como somos; por eso nuestros hijos deben sentirse cómodos expresando lo que sienten.

4. Pasemos un rato a solas con cada hijo o hija haciendo algo que le guste mucho a él/ella. Tranquiliza mucho a los hijos poder disfrutar de tiempo individual con uno de sus padres una vez por semana (10-20 minutos.). Y usted gozará también de la experiencia. El tiempo en individual ayuda a calmar sus celos.

5. Lema: “Tu clan, tu familia”. No debemos “aislar” a un hermano. Siempre debemos hacer
ver a los hermanos que estar juntos les enriquece. Interioricemos que una buena relación fraternal, nos asienta, nos refuerza ante nosotros mismos y ante los demás. Nos llena de bienestar, especialmente si antes habíamos padecido las tensiones y disgustos de una relación difícil. Debemos ser como una piña, debemos enseñarles a convivir, buscando la unidad para conseguir la armonía.

6. No actuemos como juez. Si no se estamos presentes, mejor estar al margen que intervenir como juez. En las peleas entre hermanos, si actuamos como juez, ellos tienen la sensación de que un hijo es bueno y otro hijo es malo. Los niños tienen que aprender a llevarse bien unos con otros y este proceso comienza en casa. Cuando enseñamos a nuestros hijos cómo resolver disputas entre ellos, les estamos enseñando también cómo llevarse bien con sus amigos.

7. Fijémonos en ellos cuando se porten bien. Los felicitamos por llevarse bien. Esta es una estrategia muy poderosa para ayudar a definir el comportamiento de nuestros hijos. La mayoría de los padres ignoramos a nuestros hijos cuando se llevan bien y les gritamos cuando comienzan a pelear. De esta manera se da atención al mal comportamiento e ignoramos el buen comportamiento.

8. Creemos situaciones de disfrute familiar. Deportivas como ir a la piscina, jugar a los bolos, pasear en bici; culturales como una excursión, una visita a un monumento, a un museo… Pensemos y hablemos con ellos. Se puede aprovechar esas ocasiones para hacer una consulta familiar: pídeles que cada uno aporte su idea (incluso los más pequeños), ¡aunque parezcan imposibles de llevar a cabo! Siempre se puede inventar algo o convertir un sueño en realidad.

9. Hablar entre ellos en momentos de calma. Las palabras son esenciales para expresar lo que sentimos. Si vemos que la pelea se refiere a un conflicto importante (intenciones violentas, o que uno de los dos está más afectado emocionalmente que el otro…), haz que los dos hablen y se expresen al respecto para que no vuelvan a pelearse por lo mismo. Haz que los hijos hablen, den su opinión y dialoguen. El hecho de que hablen permite a los hijos (y a los padres) entender que se puede solucionar un problema dialogando y sin gritar.

10. No pongamos calificativos a los hijos. La interiorización que cada hermano hace de los papeles que desde la niñez se le asignan en el seno del hogar (esas expresiones que nos califican como "el o la responsable", "inteligente", "tímido-a", "juerguista", "cariñoso-a", "estudioso-a", simpático-a", "cortito", ...) puede perjudicar la relación entre hermanos. Desde estas clasificaciones, y con la diferencia de trato que conllevan por los padres y/o por el resto de los hermanos, se organiza la relación, con toda la asimetría y carga peyorativa que puede entrañar para alguno. Más que a un compañero, estas diferencias nos pueden hacer ver a nuestro hermano como un rival. Ahí pueden nacer muchas envidias y resquemores, que tendrán su repercusión en la fase adulta.

Por Gloria Pastor Blanco