29 de junio de 2013

Cronología de la lactancia materna (3)

Antes de leer esta entrada, lee las anteriores:
Cronología de la lactancia materna (1): desde el nacimiento y los dos primeros días


Día 5
  • ¿Te sientes cansada? La vigilia nocturna es el resultado de una biología sana. Durante estas primeras semanas, los bebés alimentados con leche materna tienen más hambre durante la noche que durante el día. El hambre de tu recién nacido, naturalmente, se corresponde con el aumento de las hormonas de lactancia después de la medianoche. Estas tomas nocturnas sirven para ayudar a construir una fuerte producción de leche. Con el tiempo, la situación evolucionará, y tu bebé dormirá más durante la noche y menos durante el día.
  • Puedes sentir algo de sensibilidad en los pezones en este momento, que deberá pasarse hacia el décimo día. Si el dolor te hace insoportable la lactancia materna y / o tienes los pezones agrietados y sangrando debes saber que no es algo normal y buscar atención inmediata de un profesional familiarizado con la lactancia materna.
  • Durante estos primeros días es posible que la familia y los amigos se ofrezcan a llevarse al bebé mientras  descansas, comprar comida o hacer alguna tarea del hogar. ¿No sería más útil escuchar: "déjame que haga algo mientras sigues dándole el pecho a tu hijo y estableces vínculos con él"? Para que quede bien claro y no tan sutil, imprime esto y ponlo en la nevera o en otro lugar visible.
  • Puedes notar que tu bebé tiene una especie de ampolla en el labio superior. Estas ampollas no son dolorosas y ser forman a menudo en los labios de un bebé en los primeros días y semanas de la lactancia materna. Son una señal inofensiva que tu bebé se está alimentando bien, y pronto se le quitará.
  • Las deposiciones de tu bebé cambiarán a un color amarillo mostaza, y con una consistencia como de requesón. Son las llamadas heces de leche. Tu bebé pasará de dos a cinco deposiciones al día, muy probablemente durante la alimentación.
Una semana
  • Tu bebé tenderá a aumentar de peso constantemente a medida que tu producción de leche madura queda establecida. Una vez que tu bebé aumenta de peso regularmente, ya no es necesario despertarlos para amamantar. Basta con seguir los pasos de tu bebé.
  • Los bebés amamantados aumentan entre 110 y 200 gramos por semana durante el primer mes.
  • En este punto, puedes notar tu pecho lleno pero blandos. Puedes segregar leche y necesitar empezar a usar discos absorbentes. Ten en cuenta que estas fugas no tienen ninguna relación con la cantidad de leche que produces.
  • Los bebés pequeños, tanto de pecho como alimentados con fórmula, suelen ser quisquillosos. Este nerviosismo comienza entre la primera y la tercera semana, con picos alrededor de las semanas 6-8 semanas y final a los tres o cuatro meses. Quieren estar en brazos o al pecho con mucha frecuencia y se quejan a pesar de intentar calmarlos. A menudo parecen insatisfechos con su alimentación e incluso parecen rechazar o llorar al pecho (Madre a la Madre) . No es raro que esta irritabilidad suceda  durante la tarde y por la noche, y por lo general no se debe a hambre, al pañal húmedo / sucio, o cualquier cosa que se pueda remediar. Normalmente esta irritabilidad no está relacioanda con la producción de leche, aunque algunas madres se preocupan por esto.
  • Al final de esta semana tu leche de transición se han convertido en leche madura, que es menos grasa y contiene más agua. Se compone de un noventa por ciento de agua y un diez por ciento de hidratos de carbono, proteínas y grasas necesarios tanto para crecer como para tener energía. Es más acuosa y  rica en proteínas en el inicio de la tetada, ganando poco a poco niveles más altos de grasa a medida que se amamanta.

27 de junio de 2013

La autonomía: camino antes que fin

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Para Piaget, el famoso psicólogo suizo, el desarrollo humano va de la dependencia y la necesidad constante de los otros que sostiene el recién nacido a una capacidad importante para razonar por cuenta propia y valerse por uno mismo cuando se alcanza la edad adulta, el desarrollo humano tiene como una de sus metas la autonomía.

En muchas ocasiones las madres y los padres pensamos que la autonomía y la independencia vendrán después, cuando nuestros hijos e hijas se acerquen a la mayoría de edad. Este pensamiento, que en parte es evidentemente cierto, en parte también es una trampa. Cuanto más tardemos en poner a nuestros hijos delante de situaciones en las que han de hacerse cargo de sus vidas y sus decisiones, más difícil hacemos ese aprendizaje.

De hecho, vamos a defender que la autonomía no es un fin, que debe ser un medio por el que crecer y aprender. Y en cada momento de la vida de los niños y las niñas hay numerosas situaciones en las que desarrollar esa cualidad. Y en esas circunstancias nosotros como madres y padres decidimos si las convertimos en situaciones para aprender.

Las actuales condiciones económicas, laborales y sociales parecerían favorecer un retraso general del desarrollo de la autonomía y la independencia personales. Cada vez se estudia más tiempo, cada vez la inserción estable en el mercado laboral es más complicada, cada vez es más difícil independizarse del domicilio familiar… Pero si no establecemos la autonomía como una condición desde el principio más dificultamos el proceso de desarrollo de niños, niñas y adolescentes. Y más difícil también hacemos que al final alcancen esos objetivos personales diferenciados (el trabajo, la vivienda…).

Un niño le decía a la psicoanalista Françoise Doltó: “si me dijeran que sería mayor a los 14, me prepararía para serlo”. Nosotros, los adultos, vamos a servir de referente a nuestros hijos e hijas para entender en qué grados y condiciones ellos se pueden construir autónomos. Nosotros, padres y madres, tenemos mucho que ver con que ellos estimulen o ralenticen su autonomía. Por ejemplo, haciendo cosas por ellos que pueden hacer solos. Pensemos en los hábitos de higiene y cuidado que a veces atendemos sin necesidad, sin hacer que ellos se hagan responsables y dueños de esas rutinas que van a preservar su salud y animar su desarrollo. El cuidado a la infancia y la adolescencia también implica no sobreactuar, evitar hacerse cargo de funciones o tareas que los niños, niñas y adolescentes pueden desarrollar. Cuando postergamos el paso a la alimentación sólida, cuando asumimos vestirles aunque ellos puedan hacerlo solos, cuando les ponemos la tele “para que desayunen” y les damos a mano cucharada a cucharada sin necesidad con la intención de que no se enteren de que comen estamos haciendo contra el desarrollo de su capacidad de autonomía. Y es que hay veces que ellos supuestamente ganan la batalla, cuando nos convencen de que es mejor que les tratemos como a niños más pequeños de lo que son porque así no nos dan tanta guerra. Su pesadez se convierte en un arma efectiva que consigue sus deseos más inmediatos pero que opera en su contra al largo plazo.

Y es que educar para la autonomía también representa en muchas ocasiones asumir que educamos desde el error y el fracaso temporal. No se trata de dejarles hacer algo cuando les va a salir bien, cuando estén “totalmente” preparados. Bien al contrario, se trata de poner condiciones para que lo intenten y vean (con nosotros) qué ocurre, si pueden o no enfrentarse a los cordones del zapato, la ducha o la cuchara, el cuchillo y el tenedor. En situaciones de aprendizaje es más valioso el intento que el resultado. Y esto es algo que además permite aprender no sólo en función del producto, de lo que salga al final de la actividad, sino del valor de la experiencia en sí, de su mero hecho. Hay algo mercantilista, muy propio de estos tiempos, en el pensar que lo único que importa es el resultado (desde la ejecución de un problema de matemáticas a la formulación de una propuesta ciudadana). Parece que lo único que vale es el final, lo que resulte. Bien al contrario, muchas de esas experiencias van a aportarnos como personas en la medida que podamos asomarnos a ellas mismas, a encontrarnos pensando un problema (aritmético o comunitario) y en su abordaje aprendamos no sólo de la realidad que queremos enfrentar sino de nosotros mismos.

No proponemos exponer a nuestros hijos e hijas a situaciones en las que el fracaso o la frustración sean una constante, algo que se dé una y otra vez. Pero sí reivindicar que algo de eso tiene también que jugarse en cada paso hacia la autonomía. Se trata de graduar y sostener en esa exposición al malestar para que éste pueda integrarse en algo productivo y nuevo.

En muchas ocasiones el acceso a la escuela representa para muchos niños y niñas una situación de desconcierto y malestar. Muchos de ellos lloran los primeros momentos de su acceso a la escuela o incluso lo hacen los primeros días. En parte, esa respuesta es lógica ante una situación nueva y desconcertante, en la que sus figuras significativas han desaparecido. Parte del trabajo de los educadores de la enseñanza infantil en este tiempo pasa por sostener ese malestar y poder transformarlo en otra cosa. La mayoría de las veces a los pocos días los niños y niñas entienden que esa situación nueva no es de abandono y muchos festejan al poco tiempo ir a una escuela donde pasan cosas nuevas e interesantes. En esas situaciones los niños también celebran ser recogidos o reencontrarse con sus padres y madres, de un modo intuitivo entienden que ellos volverán y que después de la escuela sigue el parque o los juegos en casa, los mimos y los cuidados, el disfrute conjunto.

A veces, queriendo lo mejor para nuestros hijos tratamos de que no se expongan a la más mínima frustración, que no soporten la menor tensión. Eso podría estar bien si ellos y nosotros pudiéramos habitar un mundo en el que la dificultad o la frustración no existieran, pero parece que esto no es así.

En ocasiones podremos exponer a nuestros hijos e hijas a tensiones que ellos no puedan manejar, que los bloqueen y ante las que no puedan responder de una manera productiva. Sea cual sea la situación y sus razones, es entonces cuando podremos pensar que intervenimos protectoramente evitándoles dicha situación. Si lo más frecuente es que en el proceso de adaptación a la educación infantil se den algunos llantos y algunos altibajos, puede ocurrir por muchos motivos que el ajuste al nuevo medio genere malestar y sintamos que no pueden afrontar en las condiciones socialmente establecidas. Tocará entonces establecer medidas protectoras, hablar con maestras y maestros, revisar el plan de adaptación… No defendemos una exposición espartana, en la que sobreviva el más fuerte o que se sostenga sobre el sufrimiento y la resignación. Se trata de apoyar lo necesario y dejar hacer lo posible, en dar espacios y condiciones para que ellos puedan actuar y nosotros, acompañando, ver cómo lo hacen, hasta dónde llegan, cómo y cuándo necesitan de nuestra intervención.

Pensemos que lo contrario de la autonomía es la dependencia. Y eso es lo que fomentamos cuando les pedimos menos de lo que pueden o cuando les damos más de lo que necesitan. Entendamos el desarrollo desde esta perspectiva, nuestro papel como madres y padres es darles condiciones para que consoliden su capacidades en relación con su medio, con aquellas características del contexto que les exigen poner en juego sus habilidades, desarrollarlas, crecer. Y es desde ahí desde donde les ayudamos a hacer más y mejor con sus vidas, ya sea en el patio de la escuela, en el parque, con sus deberes o cuando estén fijándose unas metas de vida adulta.

Miremos también en el contexto de la organización doméstica. En ocasiones, por una suposición pretendidamente benevolente, les eximimos de las responsabilidades que podrían asumir como miembros de una familia. Desde recoger sus cosas después del baño o la preparación de la mochila para el día siguiente a la asignación de responsabilidades en tareas como la compra o la cocina. Asumir responsabilidades, compartir compromisos, les permite sentirse corresponsables, asumir un protagonismo productivo que facilita repartir cargas y aprender desde un lugar activo que les permite relacionarse con las cosas cotidianas de manera productiva. Desde revisar las cuentas de la frutería a poder reclamar un cobro injustificado, son condiciones para aprender desde la cotidianeidad el desempeño de la ciudadanía. Sólo desde la responsabilidad vamos a poder una ciudadanía que defienda y exija defender los derechos de cada uno.

Y esto nos lleva a pensar en el equilibrio y la proporción entre derechos y deberes. A veces nos parece que nuestro hijo es una fiera en el fútbol y la informática y le regalamos un ipad, pero luego no le exigimos que se vista o desayune solo. Es complicado pero imprescindible pensar en la situación de nuestros hijos e hijas en conjunto, como algo que es necesariamente global. A veces nos quedamos atrapados en los extremos, los máximos o los mínimos del desarrollo, y no podemos analizar la situación globalmente. Ese balance, tan necesario como difícil, es útil para poder ayudar a equilibrar las distintas facetas que son la expresión de una única forma de ser y estar en el mundo.

En un grupo de padres de adolescentes con una gran desmotivación hacia los estudios, en un instituto del sur de Madrid, en el diálogo de preguntarse con ellos qué les pasaba a sus hijos e hijas surgió la idea de que eran buenos chicos y no se les podía pedir más. La opinión, compartida entre los padres y madres participantes del grupo no dejaba ver que a la vez ese cumplimiento de las exigencias mínimas que el sistema educativo requería para chicos y chicas de su edad. Y aquí podemos equiparar las exigencias del centro con las de cualquier contexto social afuera de lo familiar. Sin dudar un momento del análisis de estos padres y madres, debemos pensar en qué medida su comprensión era una benevolencia que dificultaba que los chicos y chicas asumieran una posición activa y resolutiva ante su realidad, su futuro y sus posibilidades.

Pensemos en la exigencia como un motor del desarrollo, en una forma de ajustar competencias y saberes con la realidad. Desde ahí acompañar, cuidar, no es sinónimo de evitar sino más bien algo que tiene que ver con alentar y sostener para que ellos puedan responder ajustadamente a lo que se les está pidiendo. Aquí la confianza tiene que ver, otra vez, con esperar a que ellos puedan responder ajustada y adecuadamente a lo que la realidad les propone, y pensemos en estos términos las exigencias escolares que no son más que la expresión de una demanda social ajustada a sus niveles de competencia personal. Y afirmamos esto no tanto, otra vez, en términos de resultados sino de esfuerzo. Podremos decir que podemos sentirnos satisfechos porque nuestros hijos e hijas hicieron lo que pudieron, lo que estaba en su mano, independientemente de sus resultados, por ejemplo de sus calificaciones académicas. Lo que tenemos que pensar es lo que significa en términos de renuncia o de condena dar por hecho que lo que hicieron estaba bien cuando ellos y nosotros pensamos que no lo intentaron, que se quedaron presas de sus dudas o sus temores, de sus dificultades.

Volvemos a combinar apoyo y control, afecto y exigencia. Quererlos no tiene porqué suponer la renuncia a pedirles que hagan lo que deben, que se comprometan con las tareas que les exige su realidad más próxima. Que sean capaces de exponerse y exigirse para descubrirse aprendiendo y sentirse competentes.

A veces, detrás de nuestros consentimientos y ofertas se esconde la educación del doctor Frankenstein, que diría Meirieu. En definitiva, el mítico científico de la novela de Marie Shelley sólo pretendía crear una criatura que cumpliera sus deseos y sus expectativas, toda la dificultad de la historia aparece cuando el monstruo toma decisiones y expresa necesidades que no están en el guión de su creador. Y desde ahí a la tragedia. Hacer hijos e hijas autónomos nos obliga a reconocernos también limitados, a tener que soportar nuestras incertidumbres, dudas y temores, a dejar que ellos decidan y se equivoquen. Y desde ahí reconocer su autonomía, su distinta forma de ver las cosas y de actuar.

A nosotros, padres y madres, nos queda la importante función de dejar espacios para que todo esto pueda probarse y aprenderse, porque finalmente la autonomía no se da, se conquista. Día a día. Desde el nacimiento hasta el final de nuestra vida, siempre nos encontramos con situaciones en las que decidir significa entre otras cosas optar por soluciones más o menos autónomas, más o menos dependientes.

Por Luis García Campos. Extraido de Educación en familia. Recursos para mejorar nuestras competencias familiares

25 de junio de 2013

Cronología de la lactancia materna (2)

Antes de leer esta entrada, lee la anterior: Cronología de la lactancia materna (1)

Día 4
  • Por ahora le has dado a tu bebé su primera y más fácil "inmunización" (el calostro, rico en anticuerpos) y le ayudaste a que su sistema digestivo funcione con normalidad.
  • Tu bebé es pesado de nuevo estos días, probablemente en su primera cita con su pediatra. Puede perder entre un ocho y un diez por ciento del peso que tuvo al nacer, mientras se adapta a la repentina pérdida de su amada placenta. Los bebés alimentados con leche materna, que han consumido sólo cucharaditas de calostro, por lo general pierden más que los bebés alimentados con fórmula (Murkoff. H). Esta pérdida de peso es bastante normal, y debes ver que tu bebé comienza a aumentar de peso enseguida. Recuerda también que en los primeros días de tu bebé puede ser pesado en distintos pesos y en distintos momentos, lo que puede dar datos de peso sutilmente distintos.
  • También por esta época, te "sube" la leche y puedes encontrarte el pecho muy hinchado y caliente. La sobreabundancia en este momento es normal, hasta que tu cuerpo aprenda a predecir con exactitud la cantidad de leche que tu bebé necesita (ten en cuenta que si has tenido una cesárea o eres diabética, la leche puede tardar en subir algunos días más). La congestión generalmente surge el plazo de 24-48 horas. A medida que el bebé comienza a alimentarse regularmente tu cuerpo se adaptará a producir las cantidades adecuadas de leche para alimentarlo. Algunas mujeres se sienten más molestas con la congestión del pecho que otras, y suele ser más acusado con el primer hijo. Con los siguientes bebés, esa congestión puede ocurrir antes. 
  • Es importante que una vez que la leche sube, des el pecho periódicamente con el fin de estimular y garantizar un buen suministro de leche.
  • Vigila los posibles bultos que te puedan salir por el bloqueo de los conductos mamarios, ya que es algo que sucede con frecuencia en este momento. Trata de evitar el uso de un sujetador durante esta fase corta de congestión si es posible, ya que el sujetador puede comprimir el pecho y hacer que empeore la hinchazón.
  • El color de su primera leche cambiará gradualmente de amarillo a blanco. Ahora su leche de transición  contiene altos niveles de grasa, lactosa, vitaminas y más calorías que el calostro. La foto de abajo muestra el calostro (a la izquierda) extraído el cuarto día y la leche materna (a la derecha) extraída el octavo día.


  • En estos primeros días puedes observar que el patrón de alimentación de tu bebé es bastante impredecible, pero tendrás que acostumbrarte. Dale de comer cuando se despierte, por el tiempo que quiera, hasta que, literalmente, se quede frito otra vez.
  • De media, las tetadas duran alrededor de 15-20 minutos en cada lado, aunque las variaciones son normales. Como los adultos, los bebés pueden ser comedores rápidos o lentos. El flujo de la leche también puede variar en las madres: algunas tienen un flujo rápido, mientras que otras tienen un flujo más lento, por lo que la tetada se alarga más.
  • Su bebé puede mamar de un solo pecho cada vez, pero es aconsejable que lo haga de los dos.
  • Si no estás satisfecha con cómo van las cosas, pide ayuda cuanto antes. Es más fácil corregir los problemas a tiempo que volver a empezar dentro de una semana. Busca una reunión de La Liga de la Leche por tu zona.
  • Debido a la ingesta de leche, tu bebé comenzará a tener deposiciones de color amarillo mostaza  suave (naranja o verde también es normal). En esta etapa, por lo menos un pañal por día debe estar lleno de caca y un lío de limpiar. Esta fase de "caca explosiva 'continuará por algunas semanas más.
  • Mientras que los días anteriores era difícil saber si los pañales de tu bebé estaban húmedos, ahora sus pañales deben estar innegablemente mojados. La orina no debe tener color ni olor fuerte.
  • La mayoría de los bebés de esta edad pasan un promedio de 187 minutos por día mamando durante sus dos primeras semanas de vida (Fredregill 2004).
  • Los bebés pequeños tienden a comer con más frecuencia que los bebés más grandes (Spock 2004).
  • Ahora las tetadas pueden ser una docena en 24 horas. Pronto llegarán a ser de hasta 20 minutos por tetada cada dos a cuatro horas. No temas. Esta frecuencia es sólo temporal, y a medida que aumenta tu producción de leche y tu bebé se hace más grande, los intervalos entre comidas se hacen más largos. Las madres que están particularmente ansiosas por tener una lactancia exitosa tienden a sentirse decepcionadas por esta frecuencia, pues creen que esto significa que no producen leche  suficiente. Esto no es cierto. El bebé ahora ha establecido unas pautas de ingesta y para ello proporciona al pecho la estimulación necesaria para satifacer esta demanda creciente.


23 de junio de 2013

Moluscos contagiosos

moluscos contagiosos criando múltiples mellizos gemelos trillizos carros gemelares

¿Qué es?
En los últimos años ha aumentado notablemente la frecuencia de niños con Molusco Contagioso. Se trata de unas pequeñas lesiones del color de la piel, como pequeñas verruguitas brillantes que pueden aparecer en cualquier zona del cuerpo. Son producidas por un virus y parece que la vía de propagación preferente, aunque no exclusiva, es el agua de las piscinas. Los pacientes con atopia son especialmente susceptibles, siendo los moluscos, en estos casos, más difíciles de combatir, posiblemente porque el rascado que caracteriza a la enfermedad ayuda a su propagación.

¿Cómo tratarlos?
A pesar de ser un proceso benigno suele ser un motivo frecuente de consulta en dermatología pediátrica. Hay que saber que se trata de un cuadro autorresolutivo, pero el período de eliminación espontáneo es muy variable, pudiendo llegar a más de 12 meses. Por ello, y fundamentalmente por motivos epidemiológicos (contagio entre hermanos, piscinas, deportes de contacto físico….) se encontrará que su pediatra o su dermatólogo le recomendará eliminar los moluscos. Existen varias técnicas posibles. Los dermatólogos pediátricos suelen preferir la técnica de raspado o curetaje mediante cucharilla quirúrgica. Es una técnica rápida, limpia, tolerable y que los dermatólogos manejan a la perfección. Se puede facilitar el curetaje mediante la aplicación previa de crema anestésica, siempre tras valoración y prescripción por el médico o enfermería, pues los anestésicos tópicos no están exentos de riesgo.

Los moluscos pueden eliminarse también con la aplicación tópica de alguna sustancia ácida o caústica sobre las lesiones. Puede administrarse en consulta o en domicilio. La ventaja es que inicialmente el niño no siente molestias. En contrapartida suelen ser sustancias agresivas localmente y que producen quemadura e irritación, mal tolerada con posterioridad y que hace que el niño se rasque, con el consecuente riesgo de infección, propagación y mala cicatrización. Se emplean en casos localizados o de difícil acceso.

La aplicación de métodos térmicos (frío o calor) está contraindicada para el tratamiento de los moluscos, pues el riesgo de secuela es muy elevado.

¿Se pueden prevenir?
Se desconoce exactamente su vía de transmisión, con lo cual tampoco pueden darse consejos precisos en cuanto a su prevención. Se aconseja duchar a los niños después de actividades acuáticas y que no compartan bañeras ni toallas. La piel deshidratada parece más propensa a la adquisición del virus, por lo que puede ser recomendable usar cremas emolientes a diario. La administración de fármacos inmunoestimulantes para ayudar a las “propias defensas” debe ser supervisada siempre por su médico.

Dra. M. Isabel Martínez de Pablo. Servicio de Dermatología de la Fundació Hospital de Nens.

21 de junio de 2013

Cronología de la lactancia materna (1)

Todos los niños alcanzan los hitos de desarrollo a su debido tiempo. Hay una multitud de factores que influyen en la tasa de crecimiento individual de cada bebé, tales como la genética, la forma de nacer, la edad gestacional al parto, problemas médicos, la eficacia de la placenta antes del parto y así sucesivamente.

Sin embargo hay una demanda constante y comprensible de las madres primerizas de obtener información sobre lo que se considera 'lo normal'. Esto es particularmente cierto con la lactancia materna, ya que saber cuánta cantidad de leche ingiere un niño de pecho es más complejo que ver cuánto se ha bebido de un biberón. Este es un tema lleno de confusión a gran escala, sobre todo cuando las madres que amamantan son una minoría y a menudo se encuentran ellas mismas y el personal médico comparando su bebé con los bebés alimentados con leche de bote.

Un bebé amamantado no es lo mismo que un bebé alimentado con fórmula. Uno se alimenta de la leche de su propia especie, y el otro se alimenta de la leche de una especie totalmente diferente, por lo que no es sorprendente que se puedan observar grandes diferencias.

Lo que sigue es una cronología que detalla el viaje del bebé amamantado promedio. Espero que resulte ser una herramienta útil y tranquilizadora para las nuevas madres.

Imagen de Hobomama
Al nacimiento:
  • Pasando suficiente tiempo ininterrumpido de piel con piel, tu bebé puede moverse hacia tu pecho y comenzar a alimentarse sin ayuda.
  • La primera alimentación ayuda a estabilizar el azúcar en la sangre del bebé y protege su estómago.
  • La mayoría de los bebés se alimentará mejor en este momento de lo que lo hará en los siguientes dos días. Aprovéchate de esto. "El instinto de un recién nacido a término sano para amamantar llega al máximo a los veinte o treinta minutos de nacer si no está somnoliento de las drogas o anestesia administrada a la madre durante el parto" (La Leche League). La lactancia materna en el paritorio o en la sala de recuperación después de una cesárea sienta las bases hormonales para el futuro suministro de la leche madura.
  • Si tienes una pérdida de sangre mayor que la que esperabas tras el parto o quedan restos de placenta dentro del útero después del parto, puedes tener problemas con el suministro de leche.
  • Asegúrate de que las matronas son conscientes de que no tienen que darle un biberón de fórmula a tu bebé a menos que sea estrictamente necesario y nunca sin tu consentimiento.
  • Tu bebé será pesado al nacer.
  • Lo que importa de la primera alimentación de tu bebé es la calidad, no la cantidad. Por el momento, y durante los primeros días, tus pechos están produciendo pequeñas cantidades de calostro (alrededor de 3-4 cucharadas al día). Esta es una secreción de color amarillo claro concentrada que tiene un alto contenido de proteínas, vitaminas y minerales solubles en grasa, así como anticuerpos que protegen al bebé de enfermedades bacterianas y virales.
  • No deben pasar más de tres horas entre cada tetada. Sin embargo, te puedes encontrar con que el bebé esté profundamente dormido durante los primeros días y parezca no estar interesado en mamar. Si esto sucede, tendrás que despertarlo. Desnudarlo y hacer piel con piel le ayudará a despertarse y le animará a mamar.
  • Cuando amamantas,la oxitocina te ayuda aque el útero recupere su tono después del nacimiento. Este proceso también protege contra el sangrado excesivo mientras te recuperas del parto. Puedes sentir leves calambres como los premenstruales al contraerse el útero.
Primer día
  • Durante las primeras 24 horas de tu bebé, puede que moje el pañal sólo una o dos veces (Fredregill 2004). Esto se debe a que el calostro que produces es un alimento que se digiere con facilidad y es perfecto para tu bebé, así que no sobra mucho que haya que eliminar
  • Durante las próximas 24 horas, tu bebé comenzará a aumentar su apetito por lo que hará entre ocho y doce comidas por 24 horas. Muchos bebés se alimentan con más frecuencia que ésta y puede parecer como si tu bebé fuera insaciable. Esto se debe a que su estómago es tan pequeño que se llena muy rápidamente y se vacía muy rápidamente. Alimentar con frecuencia es también esencial para aumentar tu producción de leche, por lo que es necesario dar el pecho a demanda en lugar de hacerlo de forma pautada, reloj en mano. Para entender por qué a tu bebé le encanta mamar con frecuencia, lee este artículo muy bien escrito por The Boob Leaky.
  • La mayoría de los recién nacidos requieren de 10 a 45 minutos para completar la alimentación (Murkoff. S).
  • Espera por lo menos uno o dos pañales mojados al día durante los primeros días después del nacimiento. Puede ser difícil saber si el pañal está mojado en esta primera etapa, y es normal encontrar manchas rosas similares a cristales. Si os resulta difícil juzgar si el pañal del bebé está mojado, pon una bola de algodón en el pañal. Cuando tu bebé orine, la bola de algodón se mojará. 
  • Durante este período, la boca de tu bebé es muy sensible a cualquier estímulo. Un chupete, una tetina o un dedo estimulan la boca de tu bebé de manera diferente que el pezón. Un recién nacido puede acostumbrarse a esta sobreestimulación del paladar duro y de la la lengua. "La confusión puede ocurrir con una única exposición a un biberón o a un chupete" (Rubin. S). Por lo tanto trata de evitar o retrasar el contacto de la boca del bebé (chupando o mamando) con todo lo que no sea tu pecho hasta que tenga al menos 6 semanas de edad.
Segundo día

  • La mayoría de los bebés (amamantados o no) tendrá un poco de ictericia, que se inicia pasadas las primeras 24 horas de vida, alcanza un pico alrededor de los tres o cuatro días, y luego se desvanece gradualmente durante la siguiente semana.
  • Amamantar o extraerse leche con frecuencia durante estos días cruciales después del nacimiento despiertan receptores sensibles a la hormona prolactina, una pieza clave en la producción de leche materna madura. Si tienes que separarte de tu bebé o tu bebé no puede amamantar, entonces sácate  leche con un sacaleches eléctrico cada tres horas. La extracción enviará a su cuerpo el mensaje de que tienes la intención de dar el pecho.
  • Puede haber oído el mantra: "Si te duele, lo estás haciendo mal". Mientras un dolor agudo indica un problema y debe recibir atención inmediata, un nivel moderado de malestar es normal durante estos primeros días, ya que sus senos se están acostumbrando a ser succionados. Sentirás algunos tirones a los que tardarás un tiempo en acostumbrarte.
  • No es inusual que un recién nacido para mucho y muy largo tiempo al pecho.
  • Las deposiciones de tu bebé cambiarán a un color marrón verdoso y parecerá un puré espeso  de guisantes. Hará entre dos y tres deposiciones por día. Si tu bebé no ha hecho caca al final del día de hoy, el médico debe ser notificado (Spock 2004)
Extraído de The alpha parent

19 de junio de 2013

Revisando el nivel de exigencia


Frecuentemente los adultos pierden buena parte de la capacidad de ponerse en lugar de otros y de aceptar distintas opciones como válidas; esto se llama empatía y pese a estar presente en el desarrollo de planes de estudio y de programas de desarrollo emocional como parte imprescindible para un correcto crecimiento personal en los niños muchas veces desaparece en la adultez, o si aparece es de forma muy tangencial. La mayoría de los adultos se perciben a sí mismos como personas más o menos empáticas y sensibles con las necesidades de los otros, pero aparecen muchas dificultades cuando se alejan del modelo adulto-céntrico predominante. Casi todas las personas son capaces de entender a otro cuando está enfermo, cuando ha perdido un trabajo o cuando se enfrenta a adversidades, y sin embargo presentan resistencias enormes cuando las necesidades surgen en el mundo infantil, mucho más emocional y sensible que el adulto. De esta situación aparecen multitud de confrontaciones entre grandes y pequeños, y se enquistan las posibilidades para solucionarlas. Muchas veces el adulto confunde el “ajuste al mundo infantil” con “ser muy directivo”, “marcar límites claros” o, simplemente “obedecer”. Es decir, que se le permiten muchas cosas a un niño o una niña mientras su comportamiento no choque de lleno con el punto de vista adulto. Obviamente esto es necesario en ocasiones en las que la seguridad de un niño está en peligro, pero demasiado frecuentemente es simplemente el hecho de hacer cosas distintas “a lo que un niño tiene que hacer”. Esto se manifiesta en comportamientos, actitudes o peticiones hacia el comportamiento que se realizan de forma injusta y/o arbitraria. Y es que muchos adultos exigen a los niños mucho más de lo que se exigen a ellos mismos o de lo que tolerarían a otros. ¿Ponemos algún ejemplo?

  • Roberto está de paseo con su mamá y ésta se encuentra a una amiga a la que hace tiempo que no ve. Empiezan a hablar y Roberto se queja: se aburre y quiere irse. La respuesta de la madre es: “un momento, ahora voy”. “Ahora mismo nos vamos”. Tras un rato de aburrimiento, Roberto encuentra diversión con unas piedrecillas. De repente, su madre se da cuenta de lo tarde que se le ha hecho, se despide y exige: “Roberto, vámonos que es tarde”. –“Ahora voy, mamá”. –“¿Ahora? ¡NO! ¡Ya! Y deprisa, que llegamos tarde”. ¿Está la adulta dando un ejemplo de comportamiento? ¿Será capaz de darse cuenta que no está empatizando con el pequeño?
  • A Margarita le compran una bolsa de chuches y le dicen que sólo puede comer una al día. En un descuido de sus padres, agarra la bolsa y se da un atracón. Cuando su padre lo descubre y la regaña por haber desobedecido. Está muy decepcionado por no poder confiar en la palabra de la niña, que tiene que aprender a controlarse. Como castigo, esa noche no le lee un cuento en la cama, porque está muy enfadado. Se enciende su cigarrillo electrónico y se pega su parche para dejar de fumar y se afirma en su creencia que la niña “tiene que aprender”.
  • Luis no ha terminado un trabajo del cole. Su madre no puede ayudarle pues tiene que hacer la declaración de la renta, pues acaba el plazo al día siguiente y no “ha tenido tiempo” de hacerla. Luis recibe una bronca por no organizarse como debe.

En la vida cotidiana tenemos miles de ejemplos similares. Si los adultos fueran capaces de exigirse a sí mismos lo mismo que exigen a los niños, en el mundo no habría miles de métodos de adelgazamiento fallidos, no se organizarían seminarios de profesionales para organización del tiempo, ni la teletienda inundaría las pantallas con miles de artículos tan inservibles como codiciados. Si los niños encontrasen coherencia entre las actitudes de los adultos y las peticiones hacia ellos, las relaciones serían más fluidas y sanas.

Y tú ¿le exiges a tu hijo lo que eres capaz de pedirte a ti mismo?

Extraído del blog A las madrigueras

17 de junio de 2013

¿Cómo lograr que nuestros hijos comprendan lo que leen?

lectura mellizos gemelos trillizos criando múltiples crianza positiva natural

Un estudio realizado por la Universidad de Chile en conjunto con el Consejo Nacional de la Cultura que revelaba que hoy en este País el 84% de las personas no es capaz de comprender a cabalidad lo que lee. ¡El 84%!

Si bien este estudio no fue realizado a niños, es precisamente desde pequeños, cuando nos enseñan a leer, que nos debieran también enseñar a comprender. Así es, ¡no es lo mismo!, nos enseñan a leer pero no a comprender. Ahí está la raíz del problema.

Muchas veces en mis charlas y seminarios me dicen: Pablo, el gran problema de la educación en nuestro país y en Latinoamérica es la falta de comprensión de los niños. Y yo les digo: perfecto, solucionémoslo, démosle herramientas a los estudiantes para que comprendan mejor, ya que el gran problema es que nos enseñaron a leer pero nunca nadie nos enseñó a comprender lo que leemos.

Veamos un ejemplo…

Cuando yo le digo a un niño: “Lee este texto y después te voy a preguntar qué entendiste”, ¿qué es lo que hace normalmente un niño? Lo normal es que ese niño empiece a leer desde la primera palabra tal como se lo enseñaron. Pregunta, ¿ese niño comprenderá la primera vez que lee el texto? ¿Lo comprenderá a la segunda o a la tercera vez? En promedio yo diría que la mayoría de los niños necesita leer al menos dos veces el texto para captar el contenido. Y ¿saben qué? Eso no es un problema de aprendizaje, eso es algo absolutamente normal, ¿por qué? Porque si yo tengo miles de ideas en mi cabeza y alguien me dice que lea un texto, yo tengo que primero leerlo una vez para traer toda la información que yo tengo con respecto a ese tema y colocarla a mi disposición, es decir, generar un contexto para que la segunda vez que lo lea, entienda. Entonces, un niño que necesita leer dos veces un mismo texto es totalmente normal, no tienen ningún problema, necesita entender de qué se trata primero para después comprender lo que está leyendo.

¿Qué hacemos entonces?

Simple. Darles herramientas que los ayuden a comprender sin necesitad de leer dos veces. A mis estudiantes enseño la técnica de “Escanear el Texto”, el primer paso de la Lectura Inteligente. Escanear es una herramienta que en mi opinión debería ser enseñada desde los primeros días escolares de un niño y consiste en lo siguiente: cuando voy a leer un texto lo primero que tengo que mirar es:

Títulos y subtítulos
Palabras destacadas e imágenes
Resúmenes y preguntas
Todo esto en no más de 15 a 30 segundos por página. En la práctica yo les digo a mis estudiantes: ¡Muchachos tienen exactamente 30 segundos para decirme qué hay en este texto! Los niños no tienen más opción que simplemente aprovechar todas las fotos, títulos y elementos destacados del texto y decir, “ah esto es acerca de los volcanes, un volcán haciendo erupción, una ciudad en ruinas, vi algo de esto en el Discovery Channel sobre el Vesubio y Pompeya, etc”. En la práctica, lo que está haciendo ese niño es un proceso mental para juntar la mayor información posible sobre lo que va a leer. Activan el cerebro, colocan en contexto y ponen a su disposición todas las ideas y asociaciones previas acerca de los volcanes en este caso. Una vez realizado el escaneo, les digo “ahora lean el texto”.

Pensemos. Ese niño que hizo ese proceso previo y que sólo se demoró 30 segundos en escanear, ¿tiene más o menos posibilidades de comprender que el que no lo hizo? Por supuesto que más. Simplemente está utilizando su cerebro como realmente funciona. Está reemplazando el rol de la primera lectura en mucho menos tiempo en una forma más entretenida y creativa.

Escanear es una de las técnicas que yo más recomiendo para mejorar la comprensión en los niños y jóvenes. Mi consejo es que apliquen esta herramienta en sus hijos desde que son pequeños. Enséñensela especialmente a los universitarios, ellos necesitan cubrir rápidamente mucha información, ni se imaginan los resultados que hemos logrado.

¡Vamos que se puede!

Fuente: Aprendizaje inteligente