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29 de septiembre de 2011

Nuevas parentalidades


Escuchamos cada vez más papás que expresan su deseo de tomar parte activa en la crianza de sus hijos. Ser padres más presentes. Son padres que tratan de alejarse del estereotipo de “proveedor” para participar de las actividades cotidianas de criar a sus hijos. Y por criar entendemos hacerse cargo de los cuidados varios de los niños, no solamente de llegar a jugar con ellos en la noche. Hablan de hacerse cargo de esos aspectos a menudo difíciles como son el cuidar a un niño enfermo, consolarlo cuando llora, calmarlo en una pataleta.

Hay una sabiduría en este deseo de los padres de tomar parte activa en los cuidados cotidianos de sus hijos. Porque son esas las instancias en las que se construyen las bases para una relación de apego. No es en los momentos de tranquilidad o de disfrute que se construye el vínculo (obviamente estos también son parte de una relación afectiva balanceada), sino en los momentos de estrés, en los cuales el niño aprende y registra que el padre es una figura de protección y de contención emocional. Me protege cuando estoy asustado, me calma cuando tengo pena. Puedo contar con él.

Los primeros meses de vida del bebé se caracterizan por la relación simbiótica entre la madre y el hijo, que lentamente transitan por el proceso de separación e individuación. Sin duda que un padre presente es importante desde estos primeros meses. Esta presencia sienta las bases de la relación paterno-filial y también es de vital importancia para la estabilidad y contención emocional de la madre. Sin embargo, es en los meses y años posteriores que esta relación toma toda su importancia. Cuando el bebé (más o menos en su segundo semestre de vida) está en condiciones de dirigir su atención y energía hacia la figura paterna. El padre muestra el mundo y se relaciona con el niño de manera distinta a la madre. Ofrece una experiencia física y emocional diferente. Es acción, movimiento, fuerza, juego. Ambas figuras, materna y paterna, se complementan, y un equilibrio entre ambos vínculos es la mejor experiencia que el niño puede tener.

No es fácil ser un padre presente cuando el propio padre no lo fue, o cuando la relación con el padre está teñida por dolores, ausencias, e incluso violencia. Cuando a pesar de las mejores intenciones se repiten, casi inconscientemente, los estilos autoritarios de crianza. Pero el amor por el propio hijo y el deseo de hacer las cosas de manera diferente ya suponen un cambio en el vínculo. No siempre es fácil, pero siempre es posible.

Extraído de la web www.espaciocrianza.cl

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