27 de marzo de 2013

Miedos infantiles entre los 5 y los 7 años


Entre los cinco y los siete años, los temores más frecuentes que experimentan los niños son el miedo al daño físico, a los seres imaginarios, a la soledad, a la escuela, a los animales, a la separación y a la oscuridad. Estos temores son connaturales al momento evolutivo en que se encuentran y, a medida que crecen, llegarán a desaparecer. No les demos más importancia que la que realmente tienen. Ofrezcamos nuestro apoyo y comprensión y, sobre todo, escuchemos muy seriamente lo que nuestro hijo tiene que decirnos al respecto.

¿Cómo se adquieren los miedos?

Los miedos no se transmiten genéticamente. Generalmente son resultado de pautas educativas, de consejos "protectores" como "¡no toques eso!" o de "contagio" emocional. Es muy probable que un padre que se pone blanco al ver una inyección o se desmaya con la sangre, "contagie" ese miedo a su hijo.

Otra manera de adquirir miedos es a través de un susto cuando nuestro hijo se está relacionando con algo. Si está jugando tranquilamente con un gato y éste le da un zarpazo de repente, seguramente cogerá miedo a los gatos. Si durante el Carnaval nuestro hijo se acerca al dragón y éste se gira y le ruge en la cara, es muy probable que el niño huya despavorido. Por eso es muy importante evitar los sustos innecesarios y, en caso de que se dé, tranquilizarlo y explicarle lo que ha pasado: que hay gatos así, pero que también los hay más mansos y que sólo tiene que ir con cuidado, o que el dragón es una chica disfrazada, "mira, vamos a pedirle que se saque la máscara…", etc. Por la misma razón, no se aconsejan las películas de terror o las historias de miedo.

¿Qué son las fobias o la ansiedad?

El miedo se convierte en una fobia cuando el niño siente un temor desproporcionado hacia un objeto, persona, animal o situación que aparentemente no resulta peligrosa ni amenazante. La ansiedad, a diferencia de la fobia, no está vinculada a algo concreto. Es un estado de nerviosismo y preocupación general y continuado. Tiene mucho que ver con la autoestima, la inseguridad, el miedo a hacer las cosas mal, a no ser aceptado y querido, etc. Un claro ejemplo es el del niño angustiado por la perfección de su conducta: "¿Me he portado bien? ¿He dicho lo correcto?", etc. Para que nuestro hijo no sufra ansiedad debemos apoyarle constantemente, valorar todo aquello que va aprendiendo, dando importancia a todo lo que hace bien y no a lo que hace mal. Es importante saber lo que podemos esperar de nuestro hijo según su edad para no exigirle cosas que todavía no sabe hacer, no ser perfeccionistas y obsequiarle siempre con grandes dosis de cariño incondicional.

Miedos escolares

Los miedos escolares varían según la edad del niño y acostumbran a aumentar a medida que se va haciendo mayor. La escuela es un mundo muy divertido pero exigente: pide buenas notas, una conducta adecuada, unas relaciones sociales correctas y tiene un sinfín de normas que se deben respetar. La situación para el niño, de entrada, no es relajada. Muchos niños viven el colegio de forma agradable y divertida pero, a veces, algunas situaciones concretas pueden generar algún temor: la reprimenda de un profesor, la burla de otros niños, presenciar una experiencia desagradable para otro, el cambio de colegio, una enfermedad larga que lo aleja de la escuela durante un tiempo, o algún defecto físico o dificultad especial para el aprendizaje de algo.

Los miedos escolares más comunes en niños de 5 a 7 años son:
  • Miedo al fracaso escolar y al castigo: sacar malas notas, no saber hacer un ejercicio en la pizarra, no saber contestar a la pregunta de un profesor, que avisen a los padres por algún problema, etc.
  • Miedo al malestar físico: a tener reacciones propias del miedo como dolor de cabeza, no encontrase bien o miedo a tener miedo y que no haya nadie que te consuele.
  • Miedo social: temor a hacer cosas delante de los demás: salir a la pizarra o leer en voz alta.
  • Miedo durante el camino hacia la escuela o momentos antes de entrar en el recinto.
Si nuestro hijo ha pasado una enfermedad o ha vivido alguna situación desagradable es muy probable que no quiera volver a la escuela. Cuanto más brusco sea el retorno al colegio, mayor malestar experimentará el niño. Pero una vuelta demasiado lenta también es contraproducente, ya que puede alargarse demasiado. La regla de oro es que la vuelta al cole se realice tan rápido como sea posible y tan gradual como sea necesario.

Cosas que podemos hacer:
  • No ridiculizar su comportamiento, hacerle bromas o llamarle cobarde, ni tampoco reñirle o castigarlo.
  • Cuando vayamos hacia el colegio, hablar de cosas agradables como una excursión o la fiesta de fin de curso.
  • No servirá de nada intentar convencerlo de que no debe tener miedo: el miedo no es racional, es emocional. Es más efectivo rodearle de emociones positivas. La alegría y el cariño son muy poderosos contra el miedo.
  • No hablar del problema ni hacerle preguntas durante el trayecto hasta la escuela. Al contrario, intentaremos distraerle y divertirle (podemos ir cantando o jugando a algo).
Miedo a los médicos y a la enfermedad

Los miedos relacionados con el daño físico, la enfermedad y los médicos son muy comunes durante esta edad.
  • Miedo al dentista. La visita al dentista es una de las más temidas y la fobia hacia sus instrumentos (la aguja y el taladro del dentista) se inicia tanto en la infancia como en la adolescencia. Acostumbra a aparecer con la primera experiencia de dolor en su consulta. Por eso, cuanto más se aleja la primera visita al dentista, de la primera experiencia de dolor, menor será la probabilidad de desarrollar este miedo.
  • Miedo a la cirugía y a la hospitalización. La actitud serena de los padres y la relación positiva con el médico ayudan a proteger al niño de la ansiedad originada por la cirugía y la hospitalización.
  • Miedo a la sangre. Un niño sentirá mucho más miedo a la sangre y a las heridas si tiene algún familiar con este tipo de fobia. La relación entre la herida, la sangre y el dolor es muy directa y acostumbran a comportar miedo.
Emociones que vencen al miedo

Existen emociones contrarias al miedo que resultan ser las mejores aliadas para luchar contra él: nos referimos a la alegría, la seguridad, el humor, el enfado, la rabia o la risa. Enseñar a nuestro hijo a enfrentarse a sus miedos de la mano de alguna de estas emociones, resulta muy eficaz. Entrar en una habitación oscura sintiendo rabia o risa, enfadarse con la oscuridad o burlarse de ella, son actitudes inteligentes. Incluso podemos teatralizarlo e inventar una historia: que Juan va acompañado de un poderoso guerrero que se llama Ira o Risa, capaz de vencer a Miedo porque es mucho más fuerte.

También es importante crear frases o imágenes mentales de valentía que le ayuden a enfrentarse a la situación que teme. Es muy diferente ir al médico pensando "me van a hacer daño" o "me voy a sentir mal", que pensar "soy muy valiente" o "la visita va a durar muy poco tiempo y no me va a pasar nada". Los primeros mensajes aumentan el miedo, los segundos lo mantienen a raya y pueden ayudar a disminuirlo.

Itziar Franco Ortiz

25 de marzo de 2013

Reglas para escuchar bien


Estas reglas para escuchar bien están diseñadas para ayudarle a aprender algunas cosas nuevas sobre el escuchar y para que haga contactos más cercanos con otras personas. Si participamos de un grupo de apoyo de padres y madres, la calidad en la forma de escuchar que desarrollemos será lo que determine qué tan efectivo es el tiempo que pasemos juntos compartiendo nuestras experiencias.

En las conversaciones normales o en otras reuniones, usualmente escuchamos en forma casual, interrumpiendo cada vez que se nos ocurre algo que decir. Buscamos lo que nos interesa saber y comentamos lo que pensamos de los temas que nos interesan. Esto a menudo es aceptable y necesario en las vidas tan ocupadas que llevamos.

Sin embargo, la forma de escuchar que fomentamos aquí es diferente. La idea es escuchar para poder ayudar a la persona que habla. Rara vez los padres tienen oportunidad de examinar sus pensamientos y experiencias a su propio paso. Pasamos los días cubriéndoles las necesidades a otros. Tratamos de resolver problemas, pero pocas veces tenemos tiempo de investigar por qué nuestras soluciones sirvieron o no. Un grupo de apoyo está organizado para darle a las personas el valioso tiempo de pensar. Queremos desarrollar en ellos la confianza en su propia inteligencia.

Cuando usted escuche a una persona hablar de lo que piensa, será su trabajo protegerle de interrupción, interpretación, o juicio. Con su atención, el tendrá la oportunidad de examinar su pensamiento más de cerca. Tendrá oportunidad de revisar su experiencia sin la usual preocupación y prisa. Como escucha, trate de saber quien es él y qué piensa, haciendo a un lado la curiosidad o la comparación entre su experiencia y la de él. Usted podrá hablar en detalle sobre sus cosas cuando sea su turno de ser escuchado.

Las que siguen son algunas reglas para escuchar con efectividad a las personas.
  • Adoptar una actitud de completo respeto hacia uno mismo y hacia cada miembro del grupo.
  • Asumir que su atención, respaldada por su respeto y cariño, será de gran importancia para los otros miembros del grupo. Usted es importante.
  • Dar toda su atención a quien esté hablando. No interrumpir.
  • No dar consejos. En cambio, mostrar su confianza en la capacidad de cada persona para pensar, experimentar y resolver problemas.
  • No juzgar ni criticar lo que nos pueda confesar y compartir el hablante.
  • Abiertamente apreciar lo bueno que hay en uno y lo que hay en otros.
  • Mantener las situaciones y sentimientos que se hablen en el grupo en ESTRICTA CONFIDENCIALIDAD. No mencionar lo que alguien más dijo cuando sea su turno de hablar, al final de la reunión, ni después en conversaciones con otros.
Tomado y adaptado de “Parents Leadership Institute” de Patty Wipfler.

23 de marzo de 2013

¿Es posible la crianza con apego en múltiples?


He estado desde ayer dándole vueltas a todo esto, de si es posible criar con apego a los mellizos…y es que para empezar me pregunto ¿Qué es eso de crianza natural, o crianza con apego?...Sinceramente, y que no le parezca mal a nadie, si alguien usase esas expresiones para definir lo que hago con mis hijos, probablemente me enfadaría... debo de tener un defecto genético que me impide estar de acuerdo al 100% con cualquier grupo, teoría, partido político... ácrata que es una. (Mi madre una vez me dijo que yo era el “espíritu de la contradicción” a lo que respondí airada “mentira!!”-mi marido todavía se ríe cada vez que se acuerda). Pero es que de verdad que dudo que en este caso, alguien pueda llegar a ese 100%...

La crianza, la educación o como quieras llamarlo, es algo muy complejo, muy peculiar y que responde a la idiosincrasia de cada familia; puede estar influida, como no, por las teorías de turno (incluida la de la crianza con apego), pero también puede y debe depender de otras cosas: los valores de esas padres, su personalidad, el numero de miembros, sus horarios, sus estado de salud…

¿O es que acaso se puede estandarizar el modo de cuidar a los niños los primeros años al margen de todo eso? ¿Qué pasa, que hay una norma ISO sobre “crianza con apego”? Venga, vamos a crear un procedimiento estándar para criar a los niños, y cuando tengan X años y haya terminado el proceso, les plantamos en la frente el sello de calidad, como a las D.O… Al margen de lo inviable que tal cosa resultaría, lo cierto es que dicho así, las cuestiones éticas que suscita son evidentes ¿no?. A mí personalmente, me trae a la mente un libro: Waldem II (de Skinner)

Pero claro, eso no tiene nada que ver; por que Skinner era conductista y esto-lo de la crianza con apego- es todo lo contrario...¡pues NO! A ver, ¿Quién es el listo o la lista que ha hecho el experimento de dejar de dejar a una niña crecer en la naturaleza y embarazarla para ver como cría a sus hijos? Nadie, y si lo hubieran hecho, creo que a esa mujer le habría pasado como a las hembras de primates superiores criadas en cautividad, que al tener hijos no saben ni que hacer con ellos…Todo esto de la crianza con apego es solo una teoría más de cómo educar a los hijos, tal como lo fueron todas esas recomendaciones de expertos contra las que surgió. Vale, que a nosotras nos parece que ahora vamos por el buen camino (por de pronto yo diría que como teoría es más simple, más “elegante” que dicen los expertos en esto de juzgar teorías; pero además lo de no tener que oír llorar a nuestros hijos es punto a su favor ¿eh?); pero a lo mejor nuestras nietas se llevan las manos a la cabeza exclamando ¡¿Cómo pudiste hacer eso con mama/papa?!

Por que tampoco nos engañemos, aquí las buenas intenciones tampoco sirven para diferenciar: salvo excepciones (que haberlas haylas) todas las madres, sean de las que dejan llorar a sus hijos hasta dormirse o de las que los llevan todo el día encima, lo hacen convencidas de que lo están haciendo bien, y hacen lo que deben hacer por el bien de sus hijos…así que mejor que intentar seguir ninguna teoría al pie de la letra y ponernos medallitas por ello, lo mejor será dedicarnos a criar a nuestros hijos como se ha hecho siempre: lo mejor que podamos, cada cual en su casa con sus circunstancias (lo cual incluye tener gemelos, pero también muchas otras)

Almudena M.C., madre de mellizos y de un niño más, todos ellos criados con amor.

19 de marzo de 2013

Apuntes sobre individualidad

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"El respeto surge de la aceptación, la aceptación surge del reconocimiento, el reconocimiento surge del conocimiento, el conocimiento surge de la observación y la observación surge del amor que nos hace querer dar a cada uno lo que le corresponde".

La realidad de ser gemelo se refiere a dos personas iguales aparentemente.

Me refiero al término aparente ya que aunque los gemelos parezcan físicamente iguales cada uno de ellos es un ser humano que posee un conjunto de características propias conocidas como: diferencias individuales, que los hacen ser diferentes de cualquier individuo sobre la tierra e incluso de su hermano gemelo.

Las diferencias individuales, se encuentran presentes en los individuos gemelos, como un todo integral, es decir, en todos aquellos rasgos que conforman a cada uno de ellos como seres humanos, con características físicas tales como: sexo, estatura, complexión, color de ojos, color de pelo; características psicológicas como: actitudes de aceptación o rechazo, generadas por la valía que cada uno de los gemelos tiene de si mismo, así como aquellos rasgos que se encuentran en relación con la personalidad; y características sociales las cuales son determinadas por las experiencias vividas por cada uno de los gemelos. Aspectos que dentro de una naturaleza de vida poco común ha existido en todos los tiempos y lugares del mundo sin importar sexo, idioma, religión, cultura o un status social, diferenciándolos y permitiéndoles ser únicos.

Simultáneamente las diferencias individuales referentes a la personalidad se encuentran de igual forma presentes en un par de gemelos, siendo éstas las que me han permitido conocer e identificar el mayor número de diferencias existentes entre gemelos conformando de esta manera un término que he denominado como personalidad: un sello de autenticidad, el cual hace referencia a aquellas características de temperamento y carácter, aspectos que conforman la personalidad de todo individuo y en especial son indicativos del porque de la individualidad entre gemelos. Las características de temperamento y de carácter permiten definir la personalidad auténtica de cada uno de los gemelos. Dicho de otro modo algunas de éstas características pudieran presentarse en ambos gemelos más sin embargo al momento de manifestarse jamás serán de la misma manera o atendiendo a un mismo hecho o circunstancia. Entre algunos ejemplos me permito mencionar:

Temperamentales: impulsivo, prudente, imaginativo, reservado, dominante...

De carácter: desordenado, activo, puntual, responsable, amable....

Por todo lo mencionado anteriormente me resulta más sencillo poder hacer énfasis a un proceso de vital importancia para el conocimiento de las diferencias individuales entre los gemelos, un proceso que no exige ningún costo, más que aquel mismo precio que da el amor de poder permitir a cada uno de los gemelos la expresión libre de todas sus facultades mismas que le permiten elegir, querer y entrar en relación con sus semejantes, me refiero al proceso de observación, el cuál nos permite conocer y reconocer a cada uno de los gemelos como seres irrepetibles, con necesidades propias, mismas que requieren atención y cuidado.

Por último hago manifiesta la inmensa inquietud que me ha motivado desde hace algunos años y que hasta hoy continúa siendo motivo para que de acuerdo a mi natural modo de ser, dentro de esta hermosa realidad conocida como Gemelaridad, considere como una necesidad urgente. Dicha necesidad es, tal vez desconocida por muchos con quienes la he compartido y seguiré compartiendo, y que para bien de todos aquellos que estamos dentro de ella o de otros, quienes comienzan a vivirla, es una alerta que no pueden pasar por desapercibida o bien nunca es tarde para llevar a la práctica: el respeto a la individualidad de cada uno de los gemelos principalmente dentro de la familia, ya que es en éste primer lugar en donde todo ser humano debe vivir la experiencia de ser aceptado incondicionalmente e impulsado a ser mejor, para que posteriormente pueda hacer frente a un mundo en constante transformación, que exige de personas seguras de si mismas, con un auto concepto definido y capaz de enfrentar obstáculos e ir en la búsqueda y realización de sus objetivos con los temores naturales que implica lo desconocido.

Por Mónica Aguirre López, Integrante del comité editorial de la Asociación Mexicana de Nacimientos Múltiples
Autora del libro: El porqué de los gemelos

17 de marzo de 2013

Dieciséis pares de gemelos y unos trillizos en el mismo curso


La escuela secundaria de Pembroke puede presumir de tener dieciséis pares de gemelos y unos trillizos en el mismo curso, lo que supone el 10% del alumnado de séptimo curso. Sólo tres parejas son gemelos idénticos, si bien, como señala uno de los alumnos, a veces los profesores se confunden de nombre.

Podéis ver la noticia completa en Whdh

15 de marzo de 2013

El vínculo afectivo y su importancia en la relación con tu hijo o hija: seguridad y confianza

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Las relaciones afectivas que mantenemos con personas allegadas como nuestra pareja, amigos íntimos, padres o hermanos se diferencian de las que mantenemos con compañeros de trabajo o vecinos por el sentimiento de cercanía, de confianza mutua y lo mucho que significan para nosotros. La construcción de un vínculo adecuado implica expresar abiertamente el afecto que sentimos, hacer sentir a la persona querida y aceptada tanto por las cualidades que nos gustan de ella, como por las que no. Conlleva crear espacios de intimidad, dedicar tiempo e implicarnos activamente en conseguir el bienestar del otro, escucharnos, abrazarnos.

Las principales figuras vinculares para los niños y las niñas son aquellas personas que se hacen cargo de su cuidado y protección sean o no sus padres biológicos. Este proceso se da durante la interacción diaria entre el niño o niña y sus cuidadores (cuando el adulto responde ante las necesidades básicas de cuidado, afecto y protección) pero no perdura por sí misma, es necesario alimentarla y dedicarle tiempo a lo largo de nuestra vida.

Los vínculos afectivos que se crean los primeros años de vida son esenciales en la construcción de nuestra identidad y nuestro equilibrio emocional. Aunque el niño o la niña al nacer dependa totalmente de sus cuidadores, a medida que crecen y se hacen más autónomos siguen necesitando su afecto y apoyo incondicional. La imagen que vamos construyendo de nosotros mismos es el reflejo de lo que nuestros seres más queridos nos devuelven y condiciona las relaciones que tenemos con los demás, nuestra autoestima y la forma de afrontar los problemas. Un vínculo afectivo sano con tu hijo o hija garantizará relaciones futuras de confianza, procurará en el niño o niña mayor seguridad en sí mismo y servirá de “salvavidas” cuando surjan los conflictos. Permite que el niño o la niña desde pequeño desarrolle esquemas mentales en los que asocie a sus padres con sentimientos de seguridad, afecto y tranquilidad, percibiendo así el mundo como un entorno amable y poco amenazante.

El vínculo no es un fenómeno rígido e inalterable en las relaciones humanas, puede ir cambiando según el contexto social, la familia, el momento de vida y la persona con la que surja la relación. Es posible que un niño establezca un vínculo poco seguro con su madre o padre durante su primera infancia, pero existe la posibilidad de que cambie, tornándose más seguro y estable si existe voluntad y compromiso real por parte del adulto en mejorar la relación. Lo que el niño y la niña aprende es aquello que prevalece en el tiempo, lo que se ha repetido con sus principales figuras vinculares a lo largo de su vida.

¿Cómo garantizar un vínculo afectivo seguro?
El vínculo seguro garantiza relaciones afectivas positivas, estimula la autonomía del niño o la niña y fomenta una visión positiva de sí mismo y de los demás. Conseguirlo depende de una actitud constante y paciente, de mantener expectativas a largo plazo sobre la relación que deseas tener con tu hijo o hija:
  • Atiende sus necesidades de manera efectiva y averigua qué le pasa lo antes posible. Esto requiere que seas observador cuando es muy pequeño y, más adelante, que mantengas una actitud de escucha y empatía hacia él o ella.
  • Protégele del peligro pero sin ser alarmista. Es muy positivo que transmitas un estado de tranquilidad cuando tu hijo o hija no esté junto a ti.
  • Expresa tu afecto abiertamente, con gestos y palabras, besos y abrazos.
  • Dedica tiempo a jugar con el bebé o el niño. Permítele que establezca su propio ritmo, evita dirigir siempre el juego.
  • Algunos bebés lloran mucho y son fácilmente irritables. Si es así, responde con calidez, procura el contacto físico e intenta calmarle con suavidad.
  • Educar con afecto implica también establecer límites y normas. El niño o la niña necesita orientaciones sobre cómo vivir en familia y cómo respetar los derechos de los demás para vivir en sociedad.
  • Muestra interés por sus preocupaciones e intereses a lo largo de su desarrollo. 
  • Una actitud abierta a escuchar y dialogar garantiza que cuando tu hijo o hija se enfrenten a dificultades no tengan miedo de pedirte ayuda o consejo
Beneficios del vínculo seguro
Cuando el niño o la niña siente que cuenta con una base estable de afecto y seguridad no necesitan permanecer “pegados” a sus padres. Esta tranquilidad les permite alejarse y explorar el entorno, jugar a su aire y aprender cosas nuevas, lo cual potencia el desarrollo de su sistema nervioso y estimula su capacidad intelectual. Los expertos sostienen que un niño o una niña que ha desarrollado un vínculo afectivo sano, será más probable que en la etapa escolar pida ayuda a los profesores cuando lo necesite, tenga mayor facilidad
para hacer amigos y no perciba los retos que se le presenten como amenazantes.

Pero esta relación de afecto que proporciona seguridad ni surge espontáneamente, ni se encuentra condicionada totalmente por la biología. Requiere que te involucres a diario, que muestres empatía con los sentimientos de tu hijo o hija y le animes a que confíe en sus capacidades. Así, el niño o niña con apego seguro no teme al fracaso porque sabe que sus padres no le retirarán su afecto si el resultado no es el deseado. Afrontará los retos como una oportunidad para superarse, y no con miedo a decepcionar a los demás si se equivoca.

¡Potencia su autoestima! Conocer a tu hijo o hija y aceptar tanto sus limitaciones como las tuyas te ayudará a resolver los problemas con más facilidad. Somos únicos y especiales, por ello, debes dejar de lado comparaciones y no debes proyectar en el niño o niña ideales sobre cómo debería ser.  Esto puede coartar su yo auténtico y provocar sentimientos de rechazo y, por tanto, inseguridad, rabia o tristeza. El niño o la niña con baja autoestima puede ser muy manipulable, incapaz de tomar decisiones u opinar, o bien reaccionar de manera violenta ante rivalidades o pequeñas críticas.

El vínculo afectivo sano, basado en el conocimiento mutuo, la aceptación del otro y la demostración de cariño, proporciona una base adecuada para el reconocimiento y la expresión genuina de emociones. Genera un clima idóneo para la confianza y la comunicación, imprescindible en etapas de crisis como la adolescencia.

Extraído de "¿Quién te quiere a ti? GUÍA PARA PADRES Y MADRES: CÓMO EDUCAR EN POSITIVO" de Save the children
La fotografía es de Bru Rovira, de la exposición "Maternidades"