21 de junio de 2012

Pero ¿de dónde vengo?



¿Dónde estaba yo antes de nacer? Llega un día en que tenemos q decirle a nuestro hijo que pronto va a tener un hermanito o hermanita, o quizá haya visto por la tele, en la calle o en el parque una mujer con una barriga muy grande, y ante su inocente afirmación de “ esta señora está muy gorda” hemos tenido que corregirle más o menos apurados…

Son muy variadas las situaciones cotidianas que pueden dar pie a unas explicaciones que podemos dudar si va a comprender o no.

Lo que nuestros hijos sepan o se imaginen dependerá mucho de la edad, pero también de otros factores entre los que figuran todo lo que nosotros les hayamos dicho directa o indirectamente.

¿Qué es esto? (…) poco a poco su mundo se he ido llenando de nombres, de su entorno y de su propio cuerpo. Si cuando se fija en sus genitales evitamos utilizar nombres indirectos, “trompa”; “hucha”, etc… y desde el principio llamamos a las cosas por su nombre “pene” y “vagina”, le estamos transmitiendo naturalidad y claridad para seguir aprendiendo. Y crearemos confianza para que cuando sea algo más mayor nos siga preguntando.

“Yo soy una niña!”, alrededor de 2 o 3 años se va a dar cuanta de que existen 2 sexos y de que son diferentes físicamente.

Un poco mas tarde se dará cuenta de que pertenece a una u otra mitad de la humanidad y empezará a rechazar o pedir cosas de lo que él, ella crea que corresponde. Es habitual que los peques crean que cuando crezcan van a poder cambiar de estado y convertirse en hombres o mujeres independientemente de sus genitales, puesto que el papel de unos y otros en la vida se asocia más a vestidos, juguetes o peinados que a una cuestión de genitales.

El misterio del pene
A los tres o cuatro años, las preguntas van a aumentar en dificultad, empezará el porqué de las cosas… “por qué ella no tiene pene”.

Como regla general, respuestas simples, CIERTAS, y asequibles a su edad. Así para esa pregunta no hace falta un manual de anatomía, lo más probable es que se conforme con “porque es una niña y las niñas no tienen pene, tienen vagina”

¿Cómo se hace un niño? Saciada su curiosidad de qué o porqué, le llega el turno al cómo, de dónde, etc…, como y de dónde vienen los niños, por dónde salen o cómo han llegado hasta allí. Con naturalidad y sencillez, será mucho más sencillo.

A París con las cigüeñas
Ni los papás van a París ni a los niños los traen las cigüeñas. Ahorremos confusión y expliquemos la verdad. Podemos decirle que cuando los papás y las mamás se quieren mucho, se juntan mucho, y el papá introduce su pene en la vagina de mamá. Del pene sale una célula que se queda dentro de la tripa de mamá como una semilla. La célula crece y crece hasta convertirse en un bebé que esperará dentro de la barriga de mamá hasta que esté preparada para salir.

Podemos ayudarle con dibujos, enseñarle fotos de mamás embarazadas o enseñarle a señoras embarazadas. También podemos mostrarle alguna ecografía y decirle que era una foto suya cuando estaba en la tripa de mamá.

Nosotros que nos queremos tanto
Aprovecharemos para asociar al acto de “hacer un niño”, el amor, el respeto y la voluntad de hacerlo, así aprenderán que tanto ellos como sus hermanos han sido y serán deseados por ellos.

También es conveniente decirle que para tener un niño hacen falta más cosas además de quererse mucho, como ser mayor, como mamá y papá, y que no siempre que se tienen relaciones sexuales significa que vaya a nacer un nuevo hijo.

Con este tipo de información también evitamos que nuestro hijo se pueda pensar que si demuestra amor también pueda quedarse embarazad@

¿Y cómo sale?. Desdramaticemos el momento del parto, por imágenes de la tele o comentarios puede tener idea exagerada que le genere temor por el dolor. Le tranquilizará saber que la vagina de las mujeres está preparada para ensancharse y hacerse grande para que el bebé salga sin dificultad. Si le preocupa el tema del dolor, también le podemos decir que los médicos y las enfermeras le van a dar medicinas a mamá para que no le duela.

Actitud ante estas preguntas
Y ¿tú qué crees? Al preguntar de dónde vienen, tienen ya alguna idea preconcebida. Muchas de sus teorías aún estarán impregnadas de magia y fantasía. Si le preguntamos qué cree, podemos hacernos idea de sus ideas previas y a partir de ahí explicarle la nueva información, pero siempre de forma clara, sencilla y creíble. Si le damos respuestas claras hacemos que no pierda su espontaneidad y confianza, y facilitamos que nos pregunte cuando tenga alguna duda. Le transmitimos que con nosotros puede hablar de cualquier cosa a la vez que le estimulamos para que siga haciendo más preguntas.

Las cosas claras
Es importante que nuestras explicaciones sean coherentes. Para conseguirlo es interesante informar a su entorno para que no haya alguien que le explique historias de cigüeñas…

Si la coherencia es importante, también lo es la claridad con que nos dirijamos. Debemos vigilar el vocabulario y usar palabras que entienda adaptándonos a su edad y nivel de comprensión.

De esta manera primero podemos hablar de “semillita”, luego de célula” y finalmente de “óvulo y espermatozoide”.

Suele ser útil hacer referencia a ejemplos familiares, como huevo y la gallina, posible perra/gata preñada próxima, las semillas del jardín, incluso algún reportaje de la tele. Estos ejemplos le ayudarán a comprender que la vida de los seres que le rodean y la suya propia tiene un origen y una explicación.

¡Qué cosas tienes! A pesar de sus explicaciones no deberíamos extrañarnos y menos recriminarle o ridiculizarle por muy extravagante que parezca su explicación. Se han creado sus propias respuestas a partir de los conocimientos que ha ido recopilando. No es raro que tenga ideas como que cuando las niñas crecen les sale pene, o que los niños salen por el ombligo o explotando la barriga de la mami o cuando va al baño.

Tanto monta monta tanto….
Ambos padres igual de implicados, aunque después pueda sentirse mas cómodo hablando con uno u otro, en un principio ofrecerle la posibilidad de que pueda hablar con los dos. Así se refuerza la idea de naturalidad y normalidad que queremos transmitirle sobre la sexualidad.

Cuando juegan a médicos
Desde muy pequeños, los niños tienen en el sentido del tacto una gran fuente de información y lo usan para explorar y reconocer el mundo. Su curiosidad les llevará a explorar su propio cuerpo y el de los demás. El que se toquen, se miren, se exploren, es fruto de la curiosidad normal que forma parte de su desarrollo. No obstante, también deben aprender que tales cosas deben hacerse en la intimidad, y que la información que buscan se la podemos dar nosotros.

Debemos evitar las caras de desaprobación o las reprimendas exageradas o aquellas reacciones que les puedan hacer sentir que están haciendo algo sucio o que no se deben hacer. Si actuamos de esa manera podemos hacerles sentir que hacen algo malo, pudiendo generar en un momento dado la atracción hacia lo prohibido. Es más adecuado utilizar argumentos de conveniencia social o de respeto para no comportarse así en público.

Si nos pillan a nosotros
Si nos pillan in fraganti, en pleno acto sexual, es probable que se asuste, ya que lo más probable es que interprete la situación de manera errónea, incluso como un acto de violencia física. En tales casos, lo mejor que podemos hacer es tranquilizarle explicándole que papá y mamá se quieren mucho y que nunca se harían daño. Puede ser una buena estrategia preguntarle qué le ha parecido o si tiene alguna pregunta que hacer (lo que nos permite ganar tiempo y averiguar cómo ha interpretado la situación). El tipo de explicación dependerá de lo que sepa o lo que hayamos explicado antes.

Importante
Podemos refrescar nuestros conocimientos repasando, e incluso, si lo comentamos entre nosotros como padres, podemos ponernos de acuerdo en cómo transmitírsela, evitándo sorpresas producidas por la improvisación.

Es una buena ocasión para comentar los valores que queremos transmitirles y el mensaje que queremos que nuestros hijos reciban.

Por Sergi Cámara

19 de junio de 2012

Llevar al bebé: Un artículo para papás

padre porteo http://criandomultiples.blogspot.com
Un súper papi porteador




Introducción
Cuando supe que mi esposa estaba embarazada, pocos meses después de nuestra boda, me sentí tanto emocionado como aterrado. Estaba realmente ansioso por convertirme en padre, pero al mismo tiempo me sentía aprehensivo acerca de cuánto tiempo podría realmente contribuir como padre trabajador. Yo sabía que debía compartir las labores de crianza, ya que no teníamos ningún familiar cerca para ayudarnos. Algo aún más importante es que yo quería encontrar una mejor manera para crear lazos de afecto con mi bebé desde el principio, aparte de ayudar en los cambios de pañal y las tomas nocturnas.

No fue sino hasta el tercer trimestre del embarazo que me encontré con la respuesta en “El Libro del Bebé”, de William y Martha Sears. Llevar al bebé (babywearing), como los Sears lo llaman, es algo con lo que yo estaba familiarizado por haber crecido en Indonesia. Allí, los bebés son llevados tradicionalmente por sus madres (o cuidadoras) en un pedazo de tela llamado “Selendang” (foto de la izquierda), por la mayor parte del primer año y aún después. Sin embargo, los Sears sostienen que esta práctica también es una excelente forma de que los padres creen lazos con sus bebés. Aunque no estaba totalmente convencido, decidí que no haría daño intentar. Compré mi primer porta bebés (una bandolera de anillas con acolchado) en Ebay, un mes antes de que naciera nuestro hijo Samuel.

padre, porteo, http://criandomultiples.blogspot.com

Mi primera experiencia llevando a mi bebé
Como es típico en padres primerizos, nuestro primer día con Samuel fue desafiante. Era el perfecto angelito, siempre y cuando estuviera cerca de nuestros cuerpos. Casi no dormimos la primera noche en el hospital, ya que él se negaba rotundamente a que lo acostásemos. La noche siguiente, me ofrecí a cuidar del bebé mientras mi esposa dormía un poco. Luego de tomarlo en brazos por algunas horas y de tener poca suerte de hacerlo dormir, decidí probar la bandolera. Me tomó un poco de tiempo darme cuenta de cómo usarla, en mi estado somnoliento, pero tan pronto lo coloqué correctamente, se calmó instantáneamente y ¡se quedó dormido! Yo estaba impresionado. Pasé el resto de la noche mirándolo dormir en paz, pegado a mí, mientras mi esposa tomaba su muy necesitado descanso junto a nosotros. Esa noche me convertí en un convencido de la Crianza en Brazos.

La Crianza en Brazos promueve la creación de Lazos Afectivos
Como padre primerizo, me preocupaba ser dejado de lado durante los primeros meses de la vida de Samuel, debido al apego natural entre él y su madre. La crianza en brazos me ayudó a sobreponer este miedo permitiéndome crear lazos de afecto con él mientras lo cuidaba. Llevándolo conmigo en toda oportunidad que se presentaba, fui capaz de calmarlo en momentos en los que estaba molesto y hacerlo dormir sin necesidad de recurrir a la leche de mamá. Mirarlo dormido apretado contra mi cuerpo se convirtió en mi actividad favorita. Llevarlo cargado también elevó la relación con mi esposa, ya que ella sabía que podía confiarme al bebé. Esto me ayudó a sentirme “capacitado” como padre.

padre, porteo, http://criandomultiples.blogspot.com


Llevar al bebé es práctico, conveniente y seguro
Llevar al bebé hizo también que la crianza fuera mucho menos desalentadora de lo que originalmente temíamos. Liberó nuestras manos para hacer otras cosas sin tener que dejar a Samuel en las manos de algún objeto inanimado. Nos permitió a mí y a mi esposa realizar trabajos domésticos y de oficina, con él junto a nosotros. Mi esposa se benefició de la conveniencia de amamantar con las manos libres, y mantuvo a salvo nuestros brazos durante esos momentos “demandantes” (enfermedad, ansiedad por la separación, etc.) cuando él quería ser cargado durante horas. Durante los primeros 6 meses, la bandolera se convirtió en la “cuna” de día de Samuel, ya que se negaba a dormir solo en su verdadera cuna. Sin embargo, esto tenía la ventaja adicional de que nosotros podíamos llevarlo a cualquier parte y saber que él no perdería sus siestas (y que nosotros no sufriríamos las consecuencias), siempre que llevásemos un porta bebés con nosotros.
Aunque inicialmente estaba un poco indeciso de cargar a Samuel fuera de casa, finalmente decidía que tener un bebé satisfecho es mucho más importante que preocuparse por lucir diferente. Para mi sorpresa, recibí nada más que comentarios positivos (“Se ve realmente cómodo ahí”, “Me hubiera gustado usar uno de esos cuando tuve a mi bebé”, etc.) y miradas tiernas de extraños (sobre todo mujeres, para el disgusto de mi esposa) durante mi primera salida con la bandolera. Está demás decir que nosotros llevábamos la bandolera a cualquier parte a donde íbamos, ya que nos dimos cuenta inmediatamente de que esta era la opción más conveniente. Podíamos comer en restaurantes (no importa cuán pequeño o lleno de gente) y tomar transporte público sin problemas de llevar un pesado asiento de carro o carrito. Podíamos salir de casa en cuestión de segundos (solo poner al bebé en el porta bebés y salir) sin preocuparnos de carritos, cobijas extras, etc. Ninguna escalinata o nieve en la calle nos podía detener. La gente frecuentemente comentaba cuán contento y alerta era nuestro hijo; yo creo que era porque siempre observaba el mundo a su alrededor al nivel de su vista, sabiendo al mismo tiempo que estaba a salvo y protegido.

También hallé que el uso de porta bebés es mucho más seguro en comparación con la alternativa (mis brazos). Además de la protección que un cargador proporciona, todavía tengo la posibilidad de usar mis manos para asegurar aún más al bebé cuando es necesario (por ejemplo, cuando me inclino hacia delante, etc.). Gracias a nuestros diferentes cargadores, fuimos capaces de involucrar al bebé en nuestros quehaceres diarios (cocinar, limpiar, arreglar el jardín, etc.) desde temprana edad. 

Escogiendo los porta bebés adecuados para padres
Aunque un creciente número de porta bebés está ahora disponibles en las tiendas, mi experiencia es de que muchos de estos sacrifican versatilidad y confort a favor de la apariencia, y que estos son generalmente bastante caros. Algo grandioso de la Crianza en Brazos es que no necesita ser costosa en absoluto. Existen instrucciones gratuitas en la Web para hacer su propio cargador. Puede inclusive improvisar usando una sábana, una bufanda o un pedazo de tela sin necesidad de coser.

En mi búsqueda del porta bebés “perfecto”, me sorprendí encontrando una gran variedad. La mayoría de ellos son hechos por madres que trabajan en casa y están disponibles solamente por Internet, y algunos son derivados de otros cargadores tradicionales al rededor del mundo. En general, se pueden clasificar en dos categorías; los que se llevan sobre un hombro, y los que pueden llevarse sobre los dos hombros.

Cargadores de un solo hombro
Los cargadores de un solo hombro son ideales para principiantes, ya que generalmente son fáciles de usar, rápidos de ponerse, y pueden acomodarse a más posiciones que los cargadores de dos hombros. Son fabulosos para recién nacidos y bebés que aún no gatean, y para llevar en la cadera a bebés más grandes, que están en la etapa de subir y bajar.

Algo importante que observar en un cargador de un solo hombro es que la tela sea suficientemente ancha para repartirla sobre su hombro (y preferiblemente hasta la parte superior de su brazo), ya que esto ayuda a distribuir el peso del bebé. Para los padres que son nuevos llevando a su bebé y quieren algo simple y elegante, pero funcional, yo recomiendo una bandolera tipo bolsa (pouch). Estos son muy fáciles de usar y no hay nada que ajustar: simplemente coloque al bebé en la posición que prefiera y listo. Algunas de estas bandoleras son ajustables, haciéndolas adecuadas para compartir con personas de diferente talla. Otras son no-ajustables y son generalmente más baratas. Vale la pena asegurarse de que la tela del pouch sea apropiada para el clima en el que vive: algunos están hechos de tela polar (que es cómodo pero caliente), mientras otros están hechos de algodón u otros materiales más livianos. Algunas bandoleras tipo bolsa están disponibles en una variedad de colores y diseños, incluyendo muchos neutrales. Un buen ajuste es la clave para la comodidad en una de estas bandoleras, especialmente en las no ajustables. Una buena regla a seguir (para cualquier porta bebés) es que el asiento del niño esté sobre la cintura del portador.

Las bandoleras de anillas son otro tipo de cargador de un solo hombro que vale la pena considerar. Estas toman un poco más de tiempo que las bandoleras tipo bolsa para aprender a usarlas, pero son también más ajustables (por lo tanto es más fácil de conseguir un buen ajuste y se puede compartir con otras personas) y más versátiles que las bandoleras tipo bolsa. Pienso que las bandoleras de anillas fueron indispensables durante los primeros seis meses de vida de Samuel. Prefiero estas a un cargador tipo Baby Bjorn porque las encuentro más cómodas para largos períodos de tiempo, y porque nos permiten cargar a Samuel en posiciones similares a las de nuestros brazos (reclinado o sentado con soporte, en lugar de colgado de la entrepierna). Las bandoleras de anillas están disponibles en una gran variedad de opciones: con acolchado o sin este (en el hombro y/o en los bordes de la tela), en diferentes modelos en el hombro y tipos de tela, de cola abierta y de cola cerrada. Algunos fabricantes producen bandoleras en telas especialmente escogidas para lucir en los hombres.

En general, yo prefiero las bandoleras de anillas que no tienen acolchado o que tienen solo un poco, y las de cola abierta. Mi primer cargador era una bandolera de anillas con mucho acolchado. Aunque el acolchado en los lados de la tela era útil para dar sujeción adicional cuando Samuel era un recién nacido, el acolchado lo hacía incómodo en un clima cálido y hacía a la bandolera menos portátil. Una buena alternativa para los recién nacidos es una bandolera con menos acolchado pero con tela suave como la franela. Las bandoleras de cola cerrada generalmente hacen que la bandolera se vea más estilizada y fácil de usar; sin embargo, una cola abierta permite ajustar los lados de la tela independientemente para un ajuste apropiado, puede ser usada para cubrir al bebé, y puede ser envuelta fácilmente o recojida alrededor de las anillas. Una buena opción para llevar al bebé en climas más cálidos es una bandolera hecha de tela tipo velo solar-provee protección solar y puede ser usada en la piscina o la ducha.

Cargadores de dos hombros
Los cargadores de dos hombros son generalmente más cómodos para uso prolongado y bebés más pesados, y lucen más “normales” que los cargadores de un solo hombro. Generalmente estos cargadores funcionan mejor con bebés que pueden sentarse o que tienen un buen control de la parte superior de su cuerpo (alrededor de los 6 meses). Yo prefiero usar cargadores de dos hombros que puedan usarse tanto adelante como atrás. También es importante la sujeción adicional en la cintura, ya que esto ayuda a distribuir el peso de los hombros a la cadera. Para aquellos que prefieren la facilidad de uso de las hebillas y tiras, yo recomiendo el uso de mochilas blandas estructuradas (como Ergo, Sutemi Pack, Patapum, Yamo y Beco). Aquellos que prefieren un diseño simple sacrificando la funcionalidad, pueden preferir cargadores más tradicionales, como los de tipo asiático (ABC): Mei Tai, Onbu-Himo, Podeagi, Hmong. Con un ABC se puede llevar al bebé al frente y a la espalda, y un mismo cargador puede ser usado por personas de todas las tallas, a diferencia de los modelos con hebillas y tiras. Algunos hombres prefieren la apariencia áspera de las mochilas con varillas, aunque estas sean más voluminosas y caras –y menos versátiles-que los cargadores blandos antes mencionados.

Los fulares (wraps) funcionan tanto como cargadores de un solo hombro como de dos, y están hechos de una pieza larga de tela. Podría decirse que los fulares son los cargadores más versátiles, cómodos y durables porque pueden ser usados en diferentes posiciones, son muy ajustables, y sirven para llevar desde recién nacidos hasta preescolares.

Estos cargadores toman un poco más de tiempo para ponerse y para dominar su uso, pero, según mi experiencia, vale la pena el tiempo de aprendizaje. Debido a su comodidad superior, yo prefiero los fulares a otros cargadores cuando necesito cargar a Samuel por largo tiempo. Los fulares estirables son los cargadores más cómodos que he probado; son perfectos para recién nacidos y bebés pequeños. Los fulares tejidos son mejores para bebés más pesados y para cargar a la espalda porque la tela sujeta mejor. Estos pueden inclusive usarse para otros propósitos, como hamaca o toldo. Como lo mencioné anteriormente, uno puede fabricarse su propio fular fácilmente usando una sábana u otra pieza larga de tela, aunque una mejor calidad de tela se ajustará mejor. Yo he hecho un magnífico fular estirable en pocos minutos, simplemente cortando un pedazo de tela tipo microfibra (no se necesita coser). 

Resumen
Aquí pongo algunos tipos de cargadores que han funcionado mejor para mí, a diferentes edades de mi hijo:
  • De recién nacido a bebé que aún no se sienta (0-5 meses): bandolera de anillas con poco acolchado, bandolera de anillas sin acolchado, bandolera tipo bolsa (pouch), y fular estirable.
  • Bebé que se sienta/gatea/empieza a caminar (5-12 meses): cargador de dos hombros (mochila o ABC) y fular tejido
  • Párvulo (+1 año): bandolera de anillas para cargar al niño a la cadera, mochilas estructuradas, ABCs, y fular tejido para cargar al frente o a la espalda. He llegado a la conclusión de que ningún porta bebés será perfecto para todos los padres y todos los bebés. Al igual que con la ropa, hay que tomar en consideración muchos factores cuando se escoge el porta bebés para Ud: su talla y tipo de cuerpo (y el de su pareja, si quiere compartir el porta-bebés), el clima en el que vive, los gustos personales, y la edad del bebé y su temperamento. Afortunadamente, existen recursos (la mayoría de ellos gratuitos) disponibles en la web y a veces incluso a nivel local, a través de grupos de crianza natural (como La Liga de la Leche y NINO) que pueden ayudarlo en cualquier etapa durante el tiempo que dure la etapa en brazos. Nuestro hijo Samuel nunca encajó con la imagen del bebé “perfecto” que frecuentemente vemos en anuncios publicitarios-aquel que permanece contento, acostado solo en su cuna o asiento. Durante los primeros seis meses, él quería permanecer cargado la mayor parte del tiempo. Aunque algunas personas clasificarían esto como un comportamiento de alta demanda, esto debería ser rectificado. Yo me di cuenta de que esta era su forma de comunicarnos sus necesidades: su medio de supervivencia. La crianza en brazos nos permitió responder a sus necesidades manteniéndolo cerca de nosotros, feliz y seguro, mientras continuábamos con nuestra vida diaria. Esto también me permitió forjar un fuerte lazo de afecto con mi hijo desde el principio. Pero sobre todo, a mí, como padre, me parece algo natural, tal como lo ha sido durante generaciones de padres alrededor del mundo. Aunque la práctica de llevar al bebé no dure para siempre, ha sido definitivamente la decisión correcta para nosotros. No veo la hora de poder cargar a mis próximos hijos.
Por Paulus Wanandi. Original publicado en The baby wearer

Fotos: Un orgulloso superpapi porteador del foro de criandomultiples.info.

17 de junio de 2012

El abrazo de una madre de múltiples


Buceando por mi adorado Pinterest, me encontré esta foto tan preciosa que quería compartir con vosotros porque me recordó cómo somos las madres de múltiples.



Como este mamá-pájaro, así somos las madres de múltiples, balanceándonos en una rama, aguantando la lluvia, el viento, la tormenta y por supuesto, también los preciosos días de sol, mientras que tenemos a todos los pollitos bajo el ala. Aunque algunos días sean duros, otros son tan bonitos que no los cambiaríamos por nada del mundo. Tenemos suerte porque la vida nos dio el mejor regalo que una madre puede tener; criar a mas de un pollito a la vez.
¡Disfrútalo!

15 de junio de 2012

Puntos, estrellitas y caritas sonrientes

No soy amiga de los sistemas educativos basados en premios y castigos. Menos aún cuando esos premios y castigos consisten en estrellas, puntos o caritas sonrientes, tan de moda hoy en día en hogares y escuelas. Considero que este método de modificación de conducta es eficaz a corto plazo, pero hueco: no enseña al niño más que a hacer o deshacer una conducta con el objetivo de conseguir su premio o evitar su castigo.

Aquellos que se conformen con educar seres humanos equipados para concebir la vida y las relaciones humanas como meras transacciones mercantiles, pueden darse por satisfechos al aplicar esta metodología. Aquellos que deseen que sus hijos lleguen a ser personas con criterios, normas bien interiorizadas (las normas sólo se pueden interiorizar correctamente cuando se comprende en profundidad lo que significan y lo que representan para uno y para los demás, lo contrario no es interiorización, es adiestramiento) y capacidad de tomar sus propias decisiciones en base a la convivencia… esos, deberán esforzarse un poco más.

Cada vez que le mostramos a nuestros hijos lo apropiado o inapropiado de sus conductas, tenemos la oportunidad de ayudarles a comprender un poco mejor cómo funciona el mundo y las relaciones humanas. Tenemos la oportunidad de mostrarles hasta dónde es apropiado llegar y dónde es mejor quedarse, en base a lo que sus conductas (o  la ausencia de ellas) representen tanto para los demás como para sí mismos. Y la manera de hacerlo es bien sencilla: hablando. Hablando con nuestras palabras y, en ocasiones, hablando con nuestras acciones (retirando al pequeño de un lugar, por ejemplo). Y en ese discurso expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que hacemos y por qué lo hacemos. Tienen cabida aquí las llamadas consecuencias naturales, que no son otra cosa que invitar a nuestros hijos a terminar de forma adecuada aquello que inadecuaron: reparar un destrozo o un corazón roto (que bien puede ser el suyo).

Y no, no es necesario enfadarse siempre para que nos entiendan. De hecho, las lecciones más hermosas las aprenderán de unos padres serenos. Observo con tristeza cómo las estrellitas, las caritas o los puntos se interponen entre los niños y sus padres como moneda de cambio de las emociones que no se nombran. Así, en vez de decirles a nuestros hijos : “me he sentido defraudada por tu comportamiento, esperaba que lo hicieras de otro modo”, procedemos fríamente a retirar un punto, como si en esa transacción casi bancaria pudiéramos siquiera acercarnos a comunicar lo que realmente importa. 
Y lo que realmente importa no es otra cosa que el vínculo que construimos juntos y que se teje de afectos pero también de normas, de límites personales e interpersonales, de dos mentes que se relacionan y crecen aprendiendo la una de la otra, de los sentimientos que nos inspiramos y de cómo todo ello es susceptible de ajuste, desarrollo y mejora. ¿Nos hemos parado a pensar qué pretendemos conseguir como educadores, cuáles son realmente nuestros objetivos? ¿Qué queremos enseñarles a nuestros hijos? Yo no sé vosotros, pero yo quisiera enseñarles a pensar, a ejercer su libertad con respeto, a comprenderse a sí mismas y a su entorno, a ser coherentes con sus necesidades y saber equilibrar sus deseos. Y para eso, os aseguro que con una pegatina no me basta.
Violeta Alcocer.

13 de junio de 2012

Cien maneras de ser cariñoso con tu hijo

http://criandomultiples.blogspot.com Madre leyendo a niña

Dile a tu hijo:
1. Te quiero
2. Te quiero por encima de todo.
3. Te quiero incluso cuando estás enfadado conmigo.
4. Te quiero incluso cuando estoy enfadada contigo
5. Te quiero cuando estás lejos. Mi amor por ti puede llegar a donde quiera que estés.
6. Si pudiera elegir cualquier hijo de 4 años (5 años de edad, 6 años de edad, ...) en el mundo entero, te elegiría a ti.
7. Te quiero hasta la luna y hasta las estrellas y vuelta.
8. Gracias.
9. Me lo he pasado genial jugando contigo hoy.
10. Mi parte favorita del día era cuando estaba contigo y hacíamos _______.

Cuéntale:
11. La historia de su nacimiento o adopción.
12. Cómo le cogías enbrazos cuando era bebé.
13. Cómo elegiste su nombre.
14. Algo sobre ti mismo cuando tenías su edad.
15. Cómo conoció a sus abuelos.
16. Cuál es tu color favorito.
17. Que tú también dudas a veces.
18. Que cuando le coges de la mano y le das tres apretones, es un código secreto que quiere decir: "Te amo".
19. Cuál es el plan.
20. Lo que estás haciendo en estos momentos.

Juega a:
21. Escondite inglés
22. Uno
23. Fútbol
24. Parchís
25. A hacer puzzles
26. A la wii
27. Veo, veo, sobre todo cuando estás cansado de la conducción y sentirse irritable
28. A pillar

Imagina:
29. Que coges su beso en el aire y te lo pones en la mejilla.
30. Que su depósito de cosquillas está vacío y hay que llenarlo.
31. Que cuando choca los cinco lo hace tan fuerte que casi te duele.
32. Que eres súper delicada.
33. Que sois exploradores en el mundo nuevo y asombroso del jardín trasero.
34. ¡Que es un día de fiesta! ¡Decora porque sí!

Intenta:
35. Dormir lo suficiente.
36. Beber suficiente agua.
37. Hacer una comida decente.
38. Llevar pendientes o cualquier cosa que te haga sentir bien.
39. Llamar a un amigo la próxima vez que te sientas como si estuvieras a punto de perder la paciencia con los niños.
40. Dar un suave achuchón para mostrar tu aprobación, en lugar de decir algo.
41. Bailar en la cocina.
42. Elegir con tus hijos la música que van a oir en el coche.
43. Enseñar a tus hijos que puedes hacer un salto mortal o el pino, o la vuelta lateral.
44. No pegar un suspiro. Simplemente entra y ayuda a limpiar alegremente.
45. Usa un tono cariñoso, incluso si tienes que fingir.

Lee:
46. Un libro de poemas tontos.
47. Un libro y luego represéntalo.
48. Tu libro favorito de la infancia a ellos.
49. Cuando la tarde empieza a ir por mal camino.
50. Fuera, bajo un árbol.
51. En el rincón de los niños de la biblioteca.
52. El cómic que les gusta aunque a ti no te apasione.
53. Sobre los comportamientos apropiados para la edad de tus hijos para que tus expectativas sean realistas.

Escucha:
54. A tu hijo en el coche.
55. Esa descripción del Lego, y piensa en lo importante que es para tu hijo.
56. Esa pregunta que indica que tu hijo realmente necesita tu opinión.
57. Un segundo más de lo que tu paciencia aguantaría.
58. Los sentimientos detrás de las palabras de tu hijo.

Pregunta:
59. ¿Por qué crees que sucede?
60. ¿Qué crees que pasaría si______?
61. ¿Cómo vamos a saber?
62. ¿Qué estás pensando?
63. ¿Cuál fue tu mejor momento del día?
64. ¿Cómo crees que sabe esto?

Muestra:
65. A tu hijo cómo hacer algo en vez de prohibir que lo haga.
66. Cómo silbar con una brizna de hierba.
67. Cómo barajar cartas, ¡o hacer un puente si eres capaz!
68. Cómo cortar los alimentos.
69. Como doblar la ropa.
70. Cómo buscar información cuando no sabes la respuesta.
71. El afecto a tu pareja.
72. Que cuidar de uno mismo es importante.

Tómate el tiempo:
73. Para ver las obras en construcción.
74. Para mirar a los pájaros.
75. Para permitir que tu hijo te ayude en la cocina.
76. Para caminar por lugares juntos.
77. Para cavar en la tierra juntos.
78. Para hacer una tarea al ritmo de tu hijo.
79. Para sentarte con tu hijo mientras juega.

Confía en:
80. Que tu hijo es capaz.
81. Que eres el padre adecuado para tu hijo.
82. Que eres lo que necesita.
83. Que puedes hacer lo correcto para tu familia.

Deleita a tu hijo:
84. Limpia la habitación de tu hijo como una sorpresa.
85. Pon chocolate en su merienda.
86. Pon una nota de amor en su almuerzo.
87. Haz su merienda con una forma de cara sonriente.
88. Haz efectos de sonido, mientras le ayudas a hacer algo.
89. Siéntate en el suelo con ellos a jugar.

Olvídate:
90. De la culpa.
91. De cómo se pensaba que iba a ser.
92. De la necesidad de tener razón.

Da:
93. Una mirada con ojos amables a tu hijo.
94. Una sonrisa cuando tu hijo entre en la habitación.
95. Una caricia cuando tu hijo te acaricie.
96. La oportunidad de conectar con tu hijo antes de corregirle para que el niño puede oír tus palabras.
97. A tu hijo la oportunidad de resolver sus frustraciones antes de ayudarlos.
98. Un baño cuando el día se te haga largo.
99. Un abrazo.
100. ¡Elige la siguiente! ¿Cuál es tu forma favorita de ser amable con tu hijo?

11 de junio de 2012

Una cosa o dos sobre gemelos


Todos los veranos, el primer fin de semana de agosto, miles de gemelos se reúnen en un pequeño pueblo de Ohio llamado Twinsburg (literalmente «ciudad de gemelos») en honor de dos gemelos idénticos que vivieron hace casi dos siglos. Acuden, de dos en dos, al Festival de los Gemelos, un maratón que dura tres días en el que hay comida, actuaciones y concursos, y que ha ido adquiriendo éxito hasta convertirse en una de las reuniones de gemelos más importantes del mundo.

Dave y Don Wolf, de Michigan, asisten a este festival desde hace años. Como la mayoría de los gemelos participantes, disfrutan cuando están juntos. De hecho, durante los últimos 18 años, estos dos camioneros de 53 años de edad, con barbas idénticas hasta el pecho, han hecho unos cinco millones de kilómetros uno junto al otro transportando todo tipo de mercancías, desde pañales hasta latas de sopa, desde el estado de Washington hasta el de Nueva Jersey. Mientras uno se sienta al volante del camión, el otro echa una cabezada en la cabina. Escuchan las mismas emisoras de música góspel y consumen la misma dieta rutera a base de salami, manzanas y queso cheddar. En sus días libres van juntos a cazar o a pescar. Es una vida perfecta para ellos.«Será porque somos gemelos», dice Don.


Esta tarde, en el festival, los hermanos se han detenido en una caseta dedicada a una investigación patrocinada por el FBI, la Universidad de Notre Dame y la Universidad de Virginia Occidental. Dentro de la gran carpa blanca, unos técnicos fotografían a las parejas de gemelos con cámaras de alta resolución, les toman las huellas dactilares y les escanean el iris de los ojos para averiguar si el software de reconocimiento de caras más avanzado es capaz de distinguirlos.

«Los gemelos idénticos pueden parecernos iguales, pero un sistema digital de análisis de imágenes detecta diferencias mínimas en las pecas, los poros de la piel o la curva de las cejas», me explica Patrick Flynn, informático de Notre Dame. Pero ahora, dice, hasta los sistemas más avanzados pueden confundirse si hay cambios en la iluminación o en la expresión facial.


Por la barba que les cubre la mitad de la cara, los Wolf plantean un problema que a ellos parece divertirles. «Cuando me hicieron la foto –cuenta Dave–, pregunté si serían capaces de reconocerme si cometiera un crimen y luego me afeitara. El hombre me miró y dijo: “Probablemente no. Pero no cometa ningún crimen”.»

Herencia y entorno

Flynn y sus colegas no son los únicos científicos que trabajan aquí. Con el permiso de los organizadores del evento, otros han instalado casetas junto al recinto del festival. En una carpa contigua al proyecto del FBI, investigadores del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia piden a los gemelos que beban unos sorbos de alcohol para ver si reaccionan de la misma manera al sabor. Al lado, médicos de los Hospitales Universitarios de Cleveland someten a las hermanas gemelas a un cuestionario sobre salud femenina. Enfrente, un dermatólogo de Procter & Gamble entrevista a los gemelos sobre daños en la piel.

Para estos científicos y para los investigadores en biomedicina, los gemelos ofrecen una oportunidad de oro para identificar qué rasgos están determinados por nuestros genes y cuáles por el ambiente, es decir, para distinguir entre la influencia de la herencia y la del entorno. Como los gemelos idénticos (o monocigóticos) proceden de un único óvulo fecundado que se ha dividido en dos, comparten prácticamente el mismo código genético. Cualquier diferencia entre ellos (por ejemplo, una piel de aspecto más joven) tiene que estar causada por factores ambientales (por ejemplo, menos tiempo de exposición al sol).

Por otro lado, comparando las experiencias de los gemelos idénticos con las de los gemelos fraternos (o dicigóticos), también llamados mellizos, que proceden de óvulos diferentes y comparten por término medio la mitad del ADN, los investigadores pueden cuantificar la influencia de los genes sobre nuestras vidas. Si los gemelos idénticos presentan más similitudes entre sí respecto a una enfermedad que los fraternos, entonces la propensión a esa enfermedad puede tener al menos un componente hereditario.

Estas dos líneas de investigación (el estudio de las diferencias entre gemelos idénticos para aislar la influencia del ambiente, y la comparación entre gemelos idénticos y fraternos para medir la influencia de los factores genéticos) han sido cruciales para comprender la interacción de la herencia y el entorno en la determinación de la personalidad, el comportamiento y la propensión a las enfermedades.

Últimamente, sin embargo, el estudio de los gemelos ha conducido a una nueva conclusión: la herencia y el entorno no son las únicas fuerzas en juego. Según la epigenética, un campo de estudio de reciente aparición, existe un tercer factor que en algunos casos sirve de puente entre el ambiente y nuestros genes, y en otros actúa por sí solo para determinar quiénes somos.

Los gemelos Jim

La idea de estudiar a los gemelos para medir la influencia de la herencia data de 1875, y fue sugerida por el científico inglés Francis Galton, el primero en hablar de «herencia y entorno». Pero los estudios de gemelos dieron un giro inesperado en la década de 1980, tras el descubrimiento de numerosos gemelos idénticos que habían sido separados después de nacer.

La historia empezó con el publicitado caso de dos hermanos, ambos llamados Jim. Nacidos en Piqua, Ohio, en 1939, Jim Springer y Jim Lewis fueron dados en adopción nada más nacer y criados por dos matrimonios diferentes, que casualmente les pusieron el mismo nombre de pila. Cuando Jim Springer se reencontró con su hermano a los 39 años, en 1979, ambos descubrieron un montón de similitudes y coincidencias, además del nombre. Ambos medían 1,80 metros y pesaban 82 kilos. De pequeños, los dos habían tenido un perro llamado Toy y habían pasado las vacaciones familiares en Saint Pete Beach, en Florida. De mayores, los dos se casaron con una mujer llamada Linda, de la que después se divorciaron, para casarse ambos con sendas mujeres llamadas Betty. Uno puso de nombre a su primer hijo James Alan, el otro, James Allan. Ambos habían sido sheriffs a tiempo parcial en sus respectivos pueblos, eran aficionados a la carpintería, padecían de jaquecas, fumaban la misma marca de cigarrillos y bebían la misma cerveza. Aunque se peinaban diferente, tenían la misma sonrisa asimétrica, sus voces eran idénticas y los dos tenían la costumbre de dejar notas cariñosas a sus mujeres por toda la casa.

Cuando Thomas Bouchard, Jr., psicólogo de la Universidad de Minnesota, oyó hablar de los dos Jims, los invitó a su laboratorio en Minneapolis. Bouchard y su equipo los sometieron a una batería de tests que confirmaron sus similitudes. Aunque sus caminos habían sido independientes, los gemelos Jim, como los llamaba la prensa, parecían haber seguido los mismos pasos.

«Recuerdo estar con ellos sentado a una mesa el día que llegaron –dice Bouchard–. Los dos tenían las uñas comidas hasta las raíces. Y yo pensé: “Ningún psicólogo pregunta por esto, pero ahí lo tengo, delante de mis narices”.»

Los escépticos adujeron luego que detalles como ese habían sido exagerados o que las coincidencias no eran más que coincidencias. Pero Nancy Segal, profesora de psicología en la Universidad del Estado de California en Fullerton, confirma el parecido sorprendente de los gemelos Jim. «Los conocí quizás un año después de su reencuentro, y puedo asegurar que su comportamiento con nosotros, los investigadores, era absolutamente honesto –dice Segal, quien se incorporó al equipo de Bouchard en 1982–. Aunque llevaban el pelo diferente, yo nunca conseguía recordar quién era quién.»

Para entonces, los investigadores ya habían dado con otros gemelos separados en la infancia y reunidos de mayores. A lo largo de dos decenios, 137 parejas de gemelos visitaron el laboratorio de Bouchard para contribuir en el llamado «Estudio Minnesota de gemelos criados por separado». Los gemelos eran sometidos a pruebas para determinar sus habilidades mentales, como vocabulario, memoria visual, aritmética y rotación espacial. Se estudiaba su función pulmonar, su corazón y sus ondas cerebrales. Les hacían tests de personalidad y de cociente intelectual, y les preguntaban por su vida sexual. Eran bombardeados con más de 15.000 preguntas.

Provistos de esa montaña de datos, Bouchard, Segal y sus colegas se propusieron desentrañar algunos de los misterios más complejos de la naturaleza humana: ¿Por qué algunas personas son alegres y otras tristes? ¿Por qué algunas son sociables y otras tímidas? ¿De dónde procede la inteligencia general? La clave de su enfoque era un concepto estadístico llamado heredabilidad. En líneas generales, la heredabilidad de un rasgo mide hasta qué punto las diferencias entre los miembros de una población pueden explicarse por diferencias en sus genes. Comparando la probabilidad de que dos gemelos idénticos presenten el mismo rasgo con la probabilidad de que lo presenten dos gemelos fraternos, es posible calcular en qué grado esa diferencia es atribuible a la variación genética. La heredabilidad de la estatura, por ejemplo, es de un 0,8, lo que significa que el 80% de las diferencias de estatura entre los individuos de una población específica se deben a diferencias genéticas.

Al estudiar los datos sobre la inteligencia de los gemelos, el equipo de Bouchard llegó a una controvertida conclusión: para personas criadas en la misma cultura y con las mismas oportunidades, las diferencias en el cociente intelectual reflejan sobre todo diferencias genéticas, más que de formación o educación. Los investigadores calcularon que la heredabilidad de la inteligencia es de 0,75, lo que indica la marcada influencia de la herencia. Esto contradecía la creencia predominante de los psicólogos conductistas, según los cuales nuestro cerebro es inicialmente una página en blanco a la espera de ser escrita por la experiencia. Más alarmante para algunos era que esa relación entre inteligencia y herencia evocaba las nefastas teorías de los movimientos eugenésicos de principios del siglo XX en Inglaterra y Estados Unidos, que proponían mejorar el acervo genético colectivo mediante la reproducción selectiva.

Otro de los propósitos de los investigadores era averiguar hasta qué punto afecta la crianza al nivel de inteligencia. Cuando compararon gemelos idénticos criados en diferentes familias, como los gemelos Jim, con los criados en la misma familia, observaron que el cociente intelectual de cada una de las parejas era similar. Era como si no importara en qué familia habían crecido. Eso no significa, se apresuró a señalar Bouchard, que los padres no tengan ninguna influencia en sus hijos: sin un ambiente de cariño y apoyo, ningún niño puede desarrollar todo su potencial. Pero cuando había que explicar las diferencias de cociente intelectual dentro de un determinado grupo de niños, el 75% de la variación era atribuible a la genética, no a la crianza.

Además del proyecto de Minnesota, otros estudios han recurrido a los gemelos para analizar todo tipo de conductas y actitudes. Una investigación reveló que una persona con un gemelo idéntico delincuente tiene 1,5 más probabilidades de quebrantar la ley que un gemelo fraterno en la misma situación, lo que sugiere que los factores genéticos preparan de alguna manera el terreno para la conducta delictiva. Otro estudio indicó que la intensidad del fervor religioso viene determinada en gran medida por la herencia, aunque no sucede lo mismo con la fe elegida.

Allí donde los científicos miraran, parecían encontrar la mano invisible de la influencia genética dando forma a nuestras vidas.

Separados al nacer

Hay dos matrimonios en Canadá para quienes el poder del ADN para afectar el comportamiento es algo más que una pregunta académica. Desde el año 2000 están criando a dos gemelas idénticas a 440 kilómetros de distancia en una especie de experimento científico accidental.

Lynette y Mike Shaw conocieron a Allyson y Kirk MacLeod en la misma agencia de adopción. Los Shaw viven en Amherstburg, un pueblo de Ontario, y los MacLeod viven en Sutton, cerca de Toronto. En febrero de 2000 viajaron juntos a Chenzhou, en la provincia china de Hunan. Cuando vieron a los bebés que iban a adoptar, se llevaron la primera sorpresa de las muchas que vivirían con las gemelas.

«Cuando las niñas salieron del ascensor, miramos a nuestra hija y a la otra niña, y exclamé: “¡Son iguales!”», recuerda Mike. «Lloraban de la misma manera, se reían de la misma manera. Era imposible diferenciarlas», dice Lynette.

Antes de viajar a China, las dos parejas habían visto fotos de las niñas, que entonces tenían seis meses, y pensaron que tal vez eran hermanas. Cuando preguntaron a los responsables del orfanato, les dijeron que no tenían ningún parentesco entre sí, aunque estaban inscritas con la misma fecha de nacimiento. Les indicaron que en ningún caso darían a las dos en adopción a una sola familia. Si los Shaw y los MacLeod no las adoptaban, las pequeñas serían devueltas al orfanato y entregadas a otras familias. Los matrimonios adoptantes temieron que en tal caso las dos niñas quedarían separadas para siempre. Así pues, las llevaron consigo a Canadá, decididos a hacerlo lo mejor que pudiesen, aunque eso supusiera criar por separado a dos gemelas.

«Ahora los Shaw forman parte de nuestra familia –dice Kirk–. Tratamos de reunirnos con ellos siempre que podemos.»

Cada seis u ocho semanas, los MacLeod viajan cuatro horas por carretera hasta Amherstburg, o los Shaw acuden a Sutton. En cuanto el coche de los MacLeod entra en el sendero del garaje de los Shaw, Lily salta del asiento trasero y corre a abrazar a su hermana Gillian, que la está esperando. Ahora que han cumplido 12 años, tienen la misma expresión alegre y la misma melena negra. «Son gemelas y se nota –dice Lynette, mirándolas–. Son como dos gotas de agua.»

Los Shaw y los MacLeod saben que su situación es muy poco frecuente. Solo hay un puñado de casos como el suyo. Se trata de otras adopciones en Asia, en las que parejas de gemelos se están criando por separado. Sus hijas parecen aceptar la situación sin problemas.

«No me parece mal. Tampoco me encanta –dice Lily respecto a tener una gemela–. Pero si viviéramos más cerca, ella podría venir muchas noches a dormir a mi casa y yo iría a la suya.». «Sí, sería divertido», añade Gillian.

Gracias al estrecho contacto que mantienen, los padres han compartido cada hito en el desarrollo de las gemelas. A los 14 meses, por ejemplo, las dos dieron sus primeros pasos el mismo día. Las dos tuvieron caries dentales y ambliopía en un ojo. Ya de pequeñas, ambas dieron muestras de un carácter fuerte y activo.

Con el tiempo, Lily desarrolló más el temperamento artístico y Gillian, el gusto por el deporte, influida quizá por los otros hijos de los Shaw, Heather y Eric, muy deportistas. «Pero cuando Lily empezó a practicar atletismo, ganó la carrera de cien metros –dice Kirk–, y entonces volví a pensar en eso de la herencia y el entorno.»

Ambas parejas confiesan que con frecuencia piensan en el equilibrio entre genética e influencia familiar. «Nos gusta pensar que estamos dejando huella como padres», dice Allyson. Pero entonces, en medio de una conversación, Lily alza los ojos en una expresión sarcástica exactamente como lo hace Gillian, y Allyson se acuerda de repente de la gemela de su hija. «Es increíble –dice–. A veces, cuando veo lo idénticas que son, se me pone la carne de gallina.»

El tercer componente

El hecho de que Lily y Gillian sean tan parecidas, pese a crecer en familias diferentes, pone de manifiesto la herencia genética que los gemelos idénticos comparten. Pero para dos hermanos de Maryland, la situación es justo la contraria. A pesar de crecer en la misma familia, estos dos gemelos idénticos no podrían ser más distintos. ¿Qué factor tan poderoso puede neutralizar el efecto combinado de la herencia y el entorno?

«Hoy he visto en el recreo un cumulus congestus –dice Sam, conversando mientras espera a que su hermano John vuelva a casa de la escuela–. Era grandísimo. Después se deshizo en un nimboestrato.» Con seis años, Sam habla como un profesor de meteorología. Las nubes son su última pasión, cuenta su madre. Antes fueron los trenes, el espacio y los mapas. Los dos gemelos están en primer curso, pero van a diferentes escuelas para que John reciba la atención que necesita. (Los padres han pedido que no se publique su apellido.) Cuando el autobús escolar deja a John en casa, Sam lo recibe con un abrazo cariñoso. John ríe, pero no habla. Cuando Sam lo suelta, se dirige a su cajón de animales de peluche y empieza a sacudir las manos de excitación. Está de nuevo en su mundo.

A los dos hermanos les diagnosticaron un trastorno del espectro autista a los dos años, pero los síntomas de John son mucho más graves: movimiento constante, problemas en el habla y dificultad para establecer contacto visual. Sam también tiene problemas, sobre todo en el área social. No es inusual que ambos padezcan un trastorno del desarrollo. Cuando a un gemelo idéntico le diagnostican autismo, hay un 70 % de probabilidades de que el otro también lo sufra.

No se conoce la causa de este trastorno, que presenta aproximadamente el 1 % de los niños. Se cree que la herencia desempeña un papel importante, aunque los expertos piensan que el autismo podría manifestarse a raíz de factores ambientales aún no identificados. Un estudio de gemelos realizado en California sugiere que las experiencias prenatales y del primer año de vida pueden tener una gran influencia.

Los padres de John se preguntan si eso habrá sucedido con su hijo. Nacido con un defecto cardíaco congénito, fue sometido a cirugía a los tres meses y medio y luego recibió fármacos muy potentes para combatir una infección. «Durante los seis primeros meses, el ambiente de John fue radicalmente distinto al de Sam», dice su padre. Cuando los pequeños recibieron su diagnóstico, sus padres los inscribieron en un estudio del Instituto Kennedy Krieger de Baltimore. Se enviaron muestras de sangre de los niños a un equipo de la Universidad Johns Hopkins que investigaba la relación entre el autismo y los procesos epigenéticos, es decir, las reacciones químicas ligadas no a la «herencia» o al «entorno» sino a lo que los científicos llaman un «tercer componente». Estas reacciones influyen en la expresión de nuestro código genético: el modo en que cada gen se ve fortalecido o debilitado, e incluso activado o desactivado, para formar los huesos, el cerebro y todas las demás partes del cuerpo.

Si consideramos el ADN como un teclado, y nuestros genes, como las teclas (cada una de las cuales simbolizaría un segmento de ADN responsable de una nota, o un rasgo específico, cuya combinación nos haría ser quienes somos), entonces los procesos epigenéticos determinarían cuándo y cómo puede pulsarse cada tecla, dando como resultado una melodía u otra.

La epigenética está cambiando radicalmente nuestra comprensión de la biología al revelar que hay un mecanismo por el cual el ambiente influye directamente sobre los genes. Estudios realizados en ratas han demostrado que el estrés durante la gestación puede causar cambios epigenéticos en un feto que determinan problemas de comportamiento cuando el roedor crezca. Otros cambios epigenéticos parecen producirse al azar, lo que pone en entredicho el equilibrio entre herencia y entorno. También hay otros procesos epigenéticos que son normales, como los que guían a las células embrionarias cuando se convierten en células cardíacas, cerebrales o hepáticas, por ejemplo.

«Durante el embarazo tienen que producirse muchos cambios, a medida que las células se van convirtiendo en tejidos cada vez más especializados, y sabemos que ese proceso implica una cascada de programas epigenéticos», dice Andrew Feinberg, director del Centro de Epigenética de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. Su estudio se centra en un proceso epigenético específico, denominado metilación del ADN, del que se sabe que es capaz de fortalecer o debilitar la expresión génica. Para comprender mejor su relación con el autismo, Feinberg y su equipo utilizan escáneres y ordenadores para analizar muestras de ADN de gemelos autistas en busca de «etiquetas» epigenéticas, término con el que se designan los lugares específicos en el genoma donde la metilación cambia la pauta de expresión de los genes.

El objetivo del estudio, todavía en desarrollo, es determinar si los individuos con autismo grave como John tienen diferentes perfiles de metilación que otras personas. Si es así, ese dato podría explicar sus diferencias respecto a Sam. Pese a tener el mismo teclado, sus cuerpos tocan melodías diferentes.

Es un enfoque nuevo y prometedor, afirma Arturas Petronis, director del laboratorio de epigenética del Centro de Adicción y Salud Mental de Toronto. Los investigadores saben que ciertos trastornos complejos como el autismo tienen un fuerte componente hereditario. Pero el estudio detallado de las secuencias de ADN por sí solas no nos ha dado respuestas a por qué gemelos como Sam y John tienen un comportamiento tan distinto. «Después de 30 años de estudios genéticos moleculares solo podemos explicar el 2 o el 3 % de la predisposición hereditaria a una enfermedad psiquiátrica», dice.

Feinberg y Petronis reconocen que su investigación todavía se encuentra en una fase inicial. Los científicos están apenas empezando a entender la relación existente entre los procesos epigenéticos y trastornos complejos como el autismo. La buena noticia es que algunos de estos procesos, a diferencia de nuestras secuencias de ADN, se pueden alterar. Los genes desactivados por metilación, por ejemplo, a veces se pueden activar de nuevo con relativa facilidad. Y existe la esperanza de que algún día haya terapias que hagan tan sencillo corregir los errores epigenéticos como afinar un piano desafinado.

Escrito con pluma o con lápiz

Mientras tanto, en el Festival de los Gemelos, Danielle Reed está apostada delante de la caseta del Centro Monell con una carpeta en la mano, preguntando a los gemelos si quieren participar en su estudio sobre el alcohol. Especialista en genética, Reed ha estudiado a muchos gemelos a lo largo de los años y ha reflexionado a fondo sobre los resultados de las investigaciones.

«Basta observar a unos gemelos para darse cuenta de que gran parte de sus similitudes son heredadas –dice–. Muchos de sus rasgos son absolutamente idénticos e inalterables. Pero también es evidente, cuando uno los conoce un poco más, que presentan diferencias. En mi opinión, la epigenética es el origen de muchas de esas diferencias.»

Reed atribuye al trabajo de Thomas Bouchard el mérito de que actualmente estén en auge los estudios sobre gemelos. «Fue un pionero –dice–. Se nos olvida que hace 50 años algunos trastornos como el alcoholismo o las cardiopatías se consideraban causados enteramente por los hábitos de vida. Se creía que la esquizofrenia era consecuencia de una deficiencia en los cuidados maternos. El estudio de los gemelos nos ha permitido distinguir con más exactitud lo que es innato de lo que se adquiere con la experiencia.»

Dicho esto, Reed añade que las últimas investigaciones sobre epigenética prometen llevar nuestra comprensión aun más lejos. «Me gusta decir que la Madre Naturaleza escribe algunas cosas con lápiz y otras con pluma –dice–. Lo que está escrito con pluma no se puede cambiar. Es el ADN. Pero lo escrito a lápiz sí se puede corregir. Es la epigenética. Ahora que somos capaces de estudiar el ADN y ver lo que está escrito con lápiz, es como entrar en un mundo nuevo.»

Para los gemelos Sam y John, el mundo parece estar lleno de nuevas promesas. Hace poco John ha descubierto su voz y ha ampliado su vocabulario más allá de los monosílabos. «Quiero ir piscina grande nadar con mamá papá Sam John», soltó una noche cuando pasaban delante de la piscina municipal. «¡Una frase de 10 palabras dicha por un niño que no habla casi nunca! Y que este verano es además un niño que usa sus palabras en lugar de empujarme de un sitio a otro», lo celebró su madre en su blog.

Sam, por su parte, lleva un tiempo devorando libros sobre mitología griega y ortopedia, temas que le interesan particularmente desde que se fracturó el codo. Después de leer la historia de Ícaro, que voló sobre Creta con unas alas hechas con plumas pegadas con cera, Sam trató de emularlo y saltó desde el respaldo del sofá. La aventura acabó en urgencias, pero le ha dado tiempo para estudiar el texto de medicina mientras se recupera en casa.

Cada niño, a su manera, intenta volar.


Artículo publicado en la revista National Geographic del mes de enero de 2012.

9 de junio de 2012

¿Por qué la crianza con apego no interesa?


¿Cómo puede ser que no se hable todo lo que se debería en los medios de comunicación y en la sociedad actual de la Crianza con Apego y sus beneficios?

La Crianza con Apego no interesa porque...

... La industria farmaceutica se vería afectada por el descenso del consumo de las leches artificiales, productos para aumentar las defensas de los niños y otros medicamentos, ya que los bebés serían amamantados con lactancias prolongadas.

... Los fabricantes de biberones y chupetes serían sustituídos por los pechos y brazos de unas mamás amorosas.

... Tampoco serían necesarias cunas gracias al colecho, ni los intercomunicadores con cámara y quizás se podría prescindir en muchos casos de carritos caros de diseño apostando por el porteo de los bebés, algo que también contribuiría a abaratar las inversiones de los "derrochadores" padres primerizos o experimentados.

... Las guarderías estarían vacías de niños, ya que podrían disfrutar de unos primeros años de crianza exclusiva por sus papás. Por lo que no serían un negocio nada rentable.

... Las mamis cocinarían sanos y gustosos platos para toda la familia de los que por supuesto iniciarían su alimentación complementaria los niños y por lo tanto se desmontaría el negocio de los potitos y todos los productos prefabricados para bebés.

... Se dejarían de vender ciertos best sellers duerme-niños y por lo tanto dejarían de llorar noche tras noche ante la impasibilidad de sus progenitores.

... Las cadenas televisivas no harían su "agosto" con programas donde se "adiestran" menores y las mismas "menores" convertidas en madres son mangoneadas como si no tuvieran voz ni voto sobre sus propios hijos.

En resumen, podría seguir buscando motivos por lo que se sigue apostando por la crianza del desapego, de la "independencia" infantil a toda costa, pero quizás todas la conclusiones se resumirían al final entorno a temas económicos y eso es algo que no es digno de admisión para los que hacen apología de ello, porque como dice cierto anuncio publicitario, "hay cosas que no tienen precio".

Extraído del blog Crianza y confianza