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28 de enero de 2011

Mellizas sin compartir el útero

Después de curarse milagrosamente de una leucemia cuando era adolescente, la única posibilidad que tenían Lilian y su marido de ser padres es una inseminación artificial. El primer intento funciona y Lilian se queda embarazada de un bebé. Según el ginecólogo, el otro embrión había sido absorbido por el cuerpo, ¿o no? Lilian siente durante todo el embarazo que aquel embrión perdido sí que está creciendo dentro de ella pero su ginecólogo y su medico de cabecera no la toman en serio. Según va avanzando el embarazo, Lilian, siente cada vez más pinchazos en el lado izquierdo, lo que se diagnostica como estreñimiento. Ya sabéis, cosas de primeriza ;)

Hasta que, durante el control de las 28 semanas, su ginecólogo le enseña dónde están los pies del bebé. Una vez más, Lilian pregunta cómo es posible que ella sienta la misma sensación en el lado izquierdo. Una vez más el ginecólogo se ríe y le dice que no se preocupe, que solo hay un bebé. Lilian, que esta un “poquillo” alterada por las hormonas ;) coge el aparato de hacer la ecografía, se echa ella misma el gel y se pone el aparato en el lado izquierdo justo debajo de las costillas. Ya os lo imagináis, el gine blanco, blanco porque aquella “loca primeriza” tenía razón, había otro bebé en el lado izquierdo y........ estaba fuera del útero. Inmediatamente se hace un MRI y los médicos ven que el bebé esta alojado en la cavidad abdominal fuera del útero en una bolsa amniótica. El crecimiento del bebé es bueno.


Al día siguiente, Lilian es trasladada a un hospital en Amsterdam especializado en embarazos complicados y es ingresada inmediatamente. Los bebés están bien pero la pregunta del millón es si Lilian sobrevivirá, ya que no se puede ver en el MRI dónde está anclada la placenta. Si ésta está por ejemplo anclada en el estomago, no podrían cortarla y Lilian tendría que comenzar a tomar medicinas para “disolver” la placenta, proceso que es bastante peligroso. Desde ese día comienza una espera tensa tanto para el equipo medico como para Lilian y su marido.

Con 32+4 semanas, en la bolsa amniótica de Gwen, el bebé viajero ;) aparece meconio por lo que se realiza una cesárea de emergencia. En un primer momento el ginecólogo saca a Gwen entre los intestinos de su mamá. A los pocos minutos nace su melliza Bo. Afortunadamente, la placenta estaba anclada a uno de los ovarios de Lilian que es amputado inmediatamente para poder eliminar así la placenta.

Las peques pasan un par de semanas en la incubadora, pero como crecen rápido y no tienen ningún problema grave, son dadas de alta rápidamente. Bo y Gwen tienen ahora cuatro años y son dos preciosidades rubias que se pasan el día jugando y riendo sin saber que su llegada al mundo fue motivo de muchas preocupaciones para los médicos y sus papas.

Lo que siempre seguirá siendo un misterio es cómo es posible que el embrión de Gwen pudiera salirse del útero. La única explicación que hasta ahora han encontrado los padres es que, durante la implantación de los embriones, el útero se perforase y el embrión pudiera salir por ese orificio. Pero, sin ninguna duda, son muy felices de que su bebé viajero decidiese que ella vendría al mundo aunque su “vecina” durante su gestación no fuese su hermana melliza sino las tripas de su madre.


Fuente del relato: Revista Asociación de Padres de Múltiples Holandesa (NVOM), 2009
Traducción y redacción: Miriam
Imagen: www.bebesymas.com

4 comentarios:

  1. Alucinante... De lo que es capaz el cuerpo humano.

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  2. Me he quedado alucinada, so eran ganas de vivir de esa criatura, se agarró don pudo, pero tenia ganas de crecer y nacer. Precioso!!!!

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  3. Siempre he creído que la maternidad es un milagro, parece la cosa más normal del mundo, pero para lograrla se requieren toda una serie de eventos, o puntos a favor, o como les quiera uno llamar... el caso es que el hecho de quedar embarazada, que el embarazo progrese, y luego dar a luz, ya es todo un milagro!! y eso sin contar lo que viene después...

    Pero esta historia sí que supera cualquier expectativa!

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