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12 de abril de 2013

Los hijos no nos pertenecen.


¿Qué posibilidades tenemos de despertar y estimular, en nuestros hijos, el nacimiento y el desarrollo de una vocación? No tenemos muchas, y, sin embargo, quizá tengamos alguna. El nacimiento y desarrollo de una vocación requiere espacio, espacio y silencio, el libre silencio del espacio. La relación que surge entre nosotros y nuestros hijos debe ser un intercambio vivo de pensamientos y sentimientos, y, sin embargo, debe contener profundas zonas de silencio; debe ser una relación íntima, y, sin embargo, no mezclarse violentamente con su intimidad; debe ser un justo equilibrio entre silencio y palabras. Debemos ser importantes para nuestros hijos, pero no demasiado importantes; debemos gustarles un poco, pero no demasiado, para que no se les meta en la cabeza llegar a ser idénticos a nosotros, copiarnos el oficio que hacemos, o buscar, en los compañeros que se eligen para toda la vida, nuestra imagen. Debemos estar con ellos en una relación de amistad; y, sin embargo, no debemos ser demasiado amigos suyos, para que no les resulte difícil tener verdaderos amigos a los que les puedan decir cosas que a nosotros nos callan. Su búsqueda de amigos, su vida amorosa, su vida religiosa, su búsqueda de una vocación, es necesario que estén cercadas de silencio y de sombra, que se desarrollen al margen de nosotros. Se me dirá que, entonces, nuestra intimidad con nuestros hijos se reduce a bien poca cosa. Pero en nuestras relaciones con ellos todo esto debe estar contenido someramente, lo mismo la vida religiosa que la vida de la inteligencia, la vida afectiva que el juicio sobre los seres humanos; debemos ser para ellos un simple punto de partida, ofrecerles el trampolín desde el que darán el salto. Y debemos estar allí para ayudar, si hace falta una ayuda; deben saber que no nos pertenecen, pero que nosotros sí les pertenecemos, siempre estamos disponibles, presentes en el cuarto de al lado, dispuestos a responder como sepamos a toda posible pregunta, a toda demanda.
Natalia Ginzburg
Extraído de Estrategias Educativas
La imagen es de Enzo Arnone

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