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27 de noviembre de 2011

Fomentar el gusto por la lectura. Seamos curiosos

No conocemos ninguna receta que funcione, ni en todos, ni en la mayoría de los casos. Lo que sí podemos hacer es comentar algunas cosas que pueden ayudarnos a crear el gusto por la lectura.

Para empezar, deberíamos favorecer en nuestros hijos que sean curiosos, muy curiosos, que pregunten, miren, observen, toquen. Se harán preguntas, buscarán respuestas, querrán conocer nuevas historias, lugares, buscarán y buscarán; y en la lectura podrán encontrar lo que buscan. Esto los ayudará a que disfruten leyendo.

Para que lean deben sentir la “necesidad” de hacerlo; tienen que sentir que puede ser agradable, gratificante, íntimo, divertido, emocionante.

Conseguir esto no es nada fácil. Hay que intentarlo, y podemos ayudarlos. Tenemos que tener cuidado y mucha paciencia. A veces fomentamos lo contrario, que nos dejen tranquilos, que no molesten, que se estén quietos.

La lectura no debe competir con nada; ni con la TV, el ordenador, los juegos, los amigos, la piscina,... Si la planteamos en rivalidad con todo lo anterior, será un error y un mal comienzo. La lectura perdería seguro.

Debemos buscarles el momento o los momentos favorables. Hay algunos en los que puede haber una cierta tranquilidad, y ésos son buenos para leer (antes de dormir, la siesta…).

Es importante ayudarles a encontrar lo que les pueda gustar, y seguro que les gustan muchas cosas. Una visita con ellos a cualquier Biblioteca o librería (por pequeñas que éstas sean) nos sorprenderá por la cantidad de publicaciones que podemos encontrar en formatos de lo más variados y que, por supuesto, son muy atractivos para ellos y, si nos paramos un poco, también para nosotros.

Tenemos que introducirlos en este universo fascinante. Pero tienen que ser ellos los protagonistas. Que ellos busquen, elijan, disfruten, experimenten, jueguen, coloreen e, incluso, que los rompan. Antes un libro roto que nuevo y sin usar.

Nosotros podemos facilitarles y favorecerles el acceso. Que lleguen a los libros, a las lecturas, en cualquier formato: libros, tebeos, revistas, periódicos, ordenadores, tablets.

En nuestras manos está, desde bien pequeños, abrirles el abanico de posibilidades: mostrarles cuentos, leérselos, contarles historias, escuchar grabaciones, inventarlos, que los vean en la televisión, en el ordenador.
Cuando son pequeños, establecen una relación mágica con los libros y las historias, a través de los contadores de cuentos (padres, abuelos, hermanos), el juego, los teatros, las marionetas….

Con frecuencia, esta relación se trunca a medida que van haciéndose mayores. Les decimos: “niño, niña, lee, lee” y la lectura la vamos convirtiendo en una tarea más del colegio, una obligación y, a menudo, hasta en un castigo. Ése no debería ser el camino.

¿Cómo ayudar a nuestros hijos a encontrar algo que les guste y que se animen a leer? Difícil tarea, pero debemos intentarlo.

No a todos nos gusta lo mismo, y menos mal, si no ¡qué aburridos! ¡todos lo mismo!

Nos gusta pensar que lo que tenemos que hacer es algo parecido a llevarlos con frecuencia, una vez a la semana o al mes, a una buena confitería-pastelería.

Imaginemos infinidad de pasteles, tartas, bombones, golosinas, caramelos... en unas vitrinas preciosas. Ahora tenemos que elegir. ¿Elegimos igual cuando somos niños, adolescentes, adultos, abuelos? Pues, radicalmente, no.

En primer lugar, no todos los pasteles nos gustan a todos por igual. Además, nos gustan pasteles diferentes para cada momento. Hay temporadas que tomamos siempre el mismo y otras veces, no volvemos ni a probarlos.

Tenemos tartas de cumpleaños que nos gustan si las disfrutamos en familia y con amigos. Pequeños pastelillos que probamos y dejamos enseguida; no nos gustan, a pesar de que nos atraían misteriosamente desde la primera vez que los vimos. Hay otros que no nos apetecía probar pero que ahora nos encantan. Otros nos gustaban muchísimo de niños y ahora no los encontramos tan maravillosos. Pequeños bombones para saborear en pareja o grandes merengues para divertirnos, que terminan en la cara de nuestro amigo del alma.

Con los libros, la lectura, igual.

Llevemos a nuestros hijos a las confiterías-librerías-bibliotecas. Encontrarán algunos que los probarán/leerán, otros ni se prueban ni se leen, pero que los tengan accesibles, que puedan llegar a ellos y, en un momento dado, probarlos/leerlos o no. O, al menos, que sepan dónde los pueden encontrar.

Las golosinas-pasteles-libros de hoy no tienen nada que ver con los de hace unos años. Muchas son diferentes, pero no por eso las dejamos de probar, saborear y apreciar.

Todo cambia, pero leer sigue siendo leer. Que lean lo que quieran, como quieran y donde quieran. Pero que lean. Unas lecturas irán abriendo camino a otras. Hasta donde ellos quieran.

A los mayores nos cuesta hacernos a los sabores nuevos, pero son los de nuestros hijos, así que aprendamos a disfrutarlos también nosotros, para así disfrutar con ellos.

Seamos curiosos. Si somos curiosos, ellos tienen muchas posibilidades de serlo.

A ser curiosos se aprende y es uno de los grandes motores de nuestra mente y del progreso.

Así que ánimo y adelante, que tenemos un largo camino que recorrer con nuestros hijos, que podemos llamarlo de todo menos aburrido.


Autor: José Enrique García Romero. Maestro de Educación Primaria y encargado de la Biblioteca Escolar. CEIP “Francisco Ortiz López”. Olivenza (Badajoz).
Fuente: Boletín FAMIPED 

1 comentario:

  1. Os agradezco la entrada ya que soy una apasionada de la lectura desde que era pequeña.
    Creo que el ejemplo de los adultos es muy importante y también dejarles elegir sus propios temas y aquello que les interesa.

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