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8 de agosto de 2011

Los niños y la violencia en la televisión


Numerosos estudios sobre los efectos de la violencia en la televisión en los niños y adolescentes, han encontrado que los menores pueden volverse “inmunes” al horror de la violencia, pueden entender a la misma como un modo de resolver problemas o como modelo de imitación, identificándose, incluso con los personajes, ya sea que éstos ocupen el papel de víctima o agresores.

Los niños ven televisión un promedio de 3 a 4 horas diarias, y muchos de los programas visualizados tienen un contenido alto de violencia, los cuales influyen en el sistema de valores y la formación del comportamiento de manera negativa, es decir, en algunos programas infantiles es común ver personajes que trasmiten la sensación de poder y energía; un choque entre fuerzas contrarias, donde una de ellas encarna el lado del bien y la otra, el mal; siendo la primera vencedora sobre la segunda en un contacto físico, evidenciándose que para triunfar en la vida hay que destruir y aplastar, en vez de solucionarlos a través del diálogo.

Algunas veces, el mirar un solo programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que miran espectáculos en los que la violencia es muy realista, se repite con frecuencia o no recibe castigo, son los que más tratarán de imitar lo que ven. El impacto de la violencia en la televisión puede ser evidente y de inmediato en el comportamiento del niño o puede surgir años mas y la gente joven puede verse afectada aun cuando la atmósfera familiar no muestre tendencias violentas.

Esto no indica que la violencia en la televisión sea la única fuente de agresividad o de comportamiento violento, pero es un contribuyente significativo. Los padres pueden proteger a los niños de la violencia excesiva en la televisión prestándole atención a los programas que los niños ven y mirando algunos con ellos, estableciendo limites a la cantidad de tiempo, señalándoles que aunque el actor no se ha hecho daño ni se ha muerto, tal violencia en la vida real resulta en dolor o muerte, negándose a dejar que los niños vean programas que se sabe contienen violencia, de inmediato hay que cambiar el canal o apagar la televisión, cuando se presente algo ofensivo, explicarles que hay de malo en el programa, no dando su aprobación a los episodios violentos frente a sus hijos, enfatizando la creencia de que ese comportamiento no es la mejor manera de resolver un problema, contrarrestando la presión que ejercen sus amigos y compañeros de clase, comunicándose con otros padres y poniéndose de acuerdo para establecer reglas similares sobre la cantidad de tiempo y el tipo de programa que los niños pueden mirar.
El problema está en la selectividad de los programas que desde un tiempo a esta parte se han venido a menos. Muchos casos que se presentan son precisamente por las imágenes que se presentan de carácter agresivo y a la vez muy destructivo. Esta destrucción va a ser que el niño cree una fantasía en ese sentido y va a provocarle muchos niveles de ansiedad y esa debilitara la energía psicológica del niño.

Sin embargo la televisión, tan satanizada, es un elemento importante para desarrollar muchas actividades intelectuales; se puede decir que la televisión facilitará esa imaginación que el niño tiene y además incrementará su creatividad. “El niño tiene fantasías, tenemos que hacer que ésta sea positiva, existen fantasías que ayudan a elaborar el cuadro psicológico del niño y existen fantasías que resultan ser destructivas en la estructura que estamos hablando”.

Además de ello, los padres deben estar al tanto del contenido televisivo que ven sus hijos para prevenir los efectos dañinos de temas tales como los asuntos raciales y los estereotipos sexuales. La cantidad de tiempo que los niños miren la televisión, así como el contenido de los programas, deben ser supervisados y moderados por los padres; en función al establecimiento de horarios, esto resulta beneficioso para los niños ya que así se estimula la práctica de otras actividades mucho más enriquecedoras, tales como la lectura y/o el juego con sus coetáneos.

Si los padres tienen dificultades serias estableciendo límites o mucha preocupación sobre la relación de sus hijos con la televisión, entonces deben contactarse con un especialista, quien definirá el problema y les ayudara a resolverlo.

Extraído de www.cosasdelainfancia.com

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