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20 de mayo de 2013

Tres generaciones de matronas


Andrea Rojas Gómez mantiene una memoria envidiable a sus 87 años. Ella, su hija, Mª Josefa Rodríguez Rojas; y su nieta, Ainhoa Liaño, todas matronas, son el testimonio vivo de una sociedad y una profesión que han evolucionado mucho durante más de medio siglo de Historia. Sus vivencias como matronas sirven para ver los cambios que se han producido en la maternidad española.

Cuando se le pregunta a Andrea cómo ha cambiado la profesión en estas décadas, afirma con rotundidad que mucho. "Ahora hay muy pocos partos a domicilio, aunque yo creo que deberían continuar con esa práctica porque los de antes eran partos fisiológicos, no había tantas cesáreas ni tantos partos prematuros. Ahora la mujer llega muy pronto al hospital, y empiezan con las pruebas, a ponerle oxitocina y resulta que, en poco tiempo, la matriz se ha cansado de dolores y no puede seguir. Entonces hay que abrir. Antes una mujer se ponía de parto y todo iba mucho más despacio", afirma.

Gran parte de su experiencia como matrona la obtuvo de su trabajo durante más de 30 años en Corral de Almaguer, un pueblo de Toledo. Allí ayudó a traer al mundo unos 8.000 niños y vivió todas las peculiaridades que tenía esta profesión. A principios del siglo XX estaban reconocidas oficialmente tres titulaciones: matronas, practicantes y enfermeras. Pero no fue hasta 1953 cuando se unificaron, en el ámbito de la formación, los estudios de las tres. A pesar de estos planes educativos, Andrea se queja de la dificultad que tuvo en sus inicios con lo que ella denomina: "las intrusas". Porque entonces era habitual que algunas mujeres, sin formación específica, hiciera el papel de matrona.

"A pesar de las intrusas, yo siempre tuve un gran apoyo de los médicos. Me respetaban mucho", asegura Andrea. Al igual que las mujeres que iban a ser madres. Pues esta matrona no tenía horario ni vacaciones. "Yo he ido a las casas nevando, lloviendo, por la noche... A cualquier hora. Era mi trabajo". Y, por aquella época, tampoco había mucha ayuda tecnológica. "¿Ecografía? No, no. ¿Monitores? Esos llegaron mucho más tarde, por los años 80. ¿Incubadoras? No. Lo que hacía era tapar bien al niño y ponerlo con su madre. Antes de eso, lo limpiaba, le quitaba las secreciones, en fin, todo lo que necesitaba el niño".

Cuando Ainhoa escucha a su abuela, se pregunta cómo pudo hacer frente a las complicaciones que pueden ocurrir durante un parto. "Recuerdo un parto en el que el niño tenía cinco vueltas de cordón, por el cuello, el tórax... Cuando lo cogí no daba abasto a desenredarle. Menos mal que me ayudó otra matrona más experta, que cortó el cordón rápidamente. Cuando pienso en mi abuela me digo: "¿Qué hubiera hecho en esta y otra situación? Yo en el hospital tengo ayuda de otras matronas o de los médicos, pero ella estaba sola la mayoría del tiempo. Lo tuvo que pasar realmente mal".

Dos años de formación

A sus 36 años, Ainhoa lleva desde 2005 trabajando como matrona. Ella tiene el título de enfermera especialista en Obstetricia-Ginecología, apelativo con el que se denomina oficialmente a las matronas desde el Real Decreto 992/1987. En éste y en los siguientes decretos reguladores de la profesión se especifica que para acreditar tal titulación hay que cumplir una dedicación mínima a actividades docentes-asistenciales de 3.600 horas. "Para recibir esta formación primero tenemos que aprobar un examen-oposición tras el que la enfermera comienza dos años naturales de formación. Durante ese tiempo somos enfermeras internas residentes", explica Ainhoa.

Su perfil laboral y el de su abuela son más parecidos que el de Mª Josefa. Su labor asistencial se dirigió desde 1986 a la Atención Primaria. "Tratamos a la mujer desde la adolescencia hasta los 65 años. También hacemos control de embarazo, anticoncepción, preparación al parto, citologías... Todo lo que conlleva la profesión. Date cuenta de que somos la enfermera especialista en la mujer".

Por eso, defiende un espacio propio para la matrona dentro de la prevención y de la atención hospitalaria. "Antes no había matronas suficientes para cubrir muchas áreas de la medicina dedicada a la mujer, pero ahora ya no hay este problema y deberíamos ser nosotras las que nos dedicáramos a atender ciertas cosas, como los primeros cuidados en el hospital a la mujer que ha dado a luz o la atención de los problemas del suelo pélvico", enumera.

Las tres están de acuerdo que los primeros días, y semanas, después del parto son los momentos que más ayuda necesita la mujer, sobre todo con la lactancia. "Es ahí cuando tienen la subida de leche, pueden aparecer las grietas en el pezón, si tienen episiotomía pueden estar muy molestas, además les falta energía y duermen mal. Es normal que a menudo se pregunten: ¿Qué hago yo con el niño? Por eso, desde el centro de salud se hace una primera visita a los cinco días después de haber dado a luz, aunque si necesitan consultarnos algo antes, se puede adelantar o repetir", explica Mª Josefa.

Epidural, ¿sí o no?

En cuanto al extendido uso de la epidural que se realiza en España se muestran, sobre todo Andrea y su hija, en contra de su generalización. "No soy demasiado partidaria", afirma Mª Josefa quien asegura que "en un parto normal no le veo ninguna necesidad, hay otras técnicas para disminuir el dolor, como las respiraciones, la relajación, sentarse en la pelota o caminar. Además, la epidural tiene sus riesgos. Aunque si ves que el parto no evoluciona, o que hay algún problema, claro que tiene sus indicaciones, pero si no ocurren estas situaciones, yo soy más partidaria de un parto normal".

Según explican las tres, con la epidural, el tiempo de expulsivo se puede alargar de una a tres horas, y también aumenta el índice de partos instrumentalizados, es decir, la necesidad de usar fórceps o ventosas. "Yo no recuerdo partos con expulsivos tan largos", sostiene Andrea.

La que más a favor se muestra del empleo de epidural es Ainhoa. "Hay que ver el contexto. Hoy en día es habitual que la mujer que da a luz su primer hijo sea mayor y, en estos casos, el parto no es igual de fácil que cuando la madre da a luz a los veintitantos. También es más conveniente cuando hay inducciones [cuando el médico decide adelantar el parto por una causa concreta], ya que las mujeres suelen estar tumbadas casi todo el rato, porque se les está administrando oxitocina, con lo cual el dolor es mayor, y tienen puesto el monitor, por lo que están tumbadas todo el tiempo", argumenta.

¿Por qué hay tantas cesáreas?

Otro asunto que genera debate entre las tres es el mayor número de cesáreas que se produce ahora frente a las realizadas hace unas décadas. "Es porque ahora la mujer no aguanta el parto", afirma Andrea. Sin embargo, su hija no se muestra de acuerdo con esta afirmación. "Las cesáreas se basan en datos que muestran el bienestar fetal. Si hay sospecha de que empieza a haber un riesgo de pérdida de bienestar fetal se interviene. Pero creo que la mayoría que se hacen son necesarias", concluye Mª Josefa.

Pero cuando se hace referencia a la tasa de cesáreas de las clínicas privadas, el debate aumenta. "Es cierto que en las clínicas privadas a la mujer se le dan más opciones para que ella elija. Además, en los centros privados no hay protocolos de actuación, se actúa en función del criterio de cada médico. Es él quien considera si es necesaria o no la cesárea", explica esta matrona.

Por último, cuando se les pide un recuerdo especial de alguno de los partos que han atendido, las tres tienen un nombre o una vivencia, aunque la que gana con diferencia es Andrea. "Recuerdo todavía los nombres de las tres primeras mujeres a las que atendí: Celia, Mercedes y Luisa. Me han pasado cosas muy curiosas en los partos y después. Otra vez me llamaron a casa para que acudiera al cumpleaños de un niño al que había ayudado a nacer porque me quería conocer. Resulta que cumplía 30 años. Tengo tantas historias que contar...".

Ainhoa insiste en que ella quiere destacar el conocimiento de las matronas mayores. "Creo que se aprende mucho de ellas. Con sólo ver la cara de la parturienta saben qué les pasa o si el parto se va a complicar. A mí me han ayudado mucho".

Publicado en el diario El Mundo

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