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12 de diciembre de 2011

Y, si no va a la “guardería”, ¿qué?


Las guarderías, actualmente denominadas escuelas infantiles, se crearon para proporcionar cuidado y atención adecuados a los niños que no podían ser atendidos en el seno familiar, debido, fundamentalmente, a los cambios familiares y a la incorporación de la mujer al trabajo.

Hoy en día suponen un recurso social fundamental para favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar, por lo que la política del gobierno es aumentar la escolarización de niños menores de 3 años, actualmente en torno al 20%, como ha ocurrido entre los 3 y los 6 años, etapa en la que ya están escolarizados casi el 100%.

También tienen fines educativos; de hecho, el Ministerio de Educación los considera centros docentes en los que se imparte la Educación Infantil , que, según este organismo, “constituye una etapa educativa con identidad propia que atiende a niñas y niños desde el nacimiento hasta los seis años y cuya finalidad es la de contribuir al desarrollo físico , afectivo , social e intelectual de los niños y las niñas”.

Desde esta perspectiva, hay familias que, sin tener necesidad de dejar al niño al cuidado de una escuela infantil, se plantean hacerlo, pensando que va a contribuir a su desarrollo futuro.

Este artículo es una breve reflexión basada en el desarrollo psicoevolutivo del niño desde su nacimiento hasta el tercer año de vida, en base a la cual nos atrevemos a decir que la escolarización precoz no es necesaria para favorecer el proceso de socialización del niño menor de tres años.

En primer lugar, el bebé, desde que nace y hasta los 5 ó 6 meses de vida, se siente como parte integrante de la madre (entendiendo el término madre como figura que realiza las funciones maternas), fusionado a ella. Más adelante, la mayoría de los niños entre los 6 y 10 meses, comienzan a percibirse como individuos separados de su madre, y van experimentándose, aunque muy primitivamente, como personas únicas y diferentes; en este momento podríamos decir que aparece por primera vez un YO rudimentario.

Esta etapa del desarrollo psicoevolutivo del niño es fácilmente reconocida. Muchos padres sienten preocupación al ver la reacción de su hijo ante extraños, y comentan, “no sé lo que le pasa a mi hijo; antes era muy sociable, se reía con todo el mundo y, ahora, se asusta, e incluso llora, cuando ve a alguna persona distinta de nosotros”. En algunos casos, puede empezar más precozmente hacia los 4 ó 5 meses.

Esto, que se denomina” reacción de ansiedad ante el extraño”, es una respuesta normal que muestra como el niño ya reconoce personas y establece diferencias entre conocidos y extraños . Es una manifestación muy importante que indica que ha creado un vínculo afectivo con sus padres. Esta reacción ante los extraños se irá suavizando posteriormente a medida que el niño va desarrollando la capacidad de recordar, de representar en su mente a la madre o cuidador principal, de forma que, en momentos de soledad, esta imagen interiorizada y recordada podrá tranquilizarlo. Para ello es necesario que el niño se sienta seguro, porque tiene a sus padres presentes habitualmente

El niño, poco a poco y tras un proceso madurativo que culminará hacia los 2 ó 3 años, irá tolerando la ausencia materna, se tranquilizará sólo con su voz y sabrá fantasear mentalmente con esa imagen simbólica de la madre que , aunque ahora no esté presente, sabe que volverá.

Por tanto , vemos que el interés del niño, hasta los 2 ó 3 añitos, está centrado en sí mismo y en la relación con su madre. El mundo fuera de esta relación, en especial con otros niños, carece de interés para él.

Posteriormente, entre los 3 y los 6 años, el niño es fundamentalmente egocentrista. El mundo existe sólo en relación a él; cuando juega, aunque esté en compañía e interactúe con otros niños, no juega con ellos, sino que, a través del juego, expresa sus deseos, temores y fantasías. Realmente, hace un monólogo consigo mismo. Sin embargo, en esta etapa ya puede expresarse verbalmente, ha aumentado mucho su nivel comprensivo y también puede darse cuenta de que todo lo que existe en el mundo que le rodea no es suyo, que existen otros niños que comparten con él la atención del cuidador, y esto será una experiencia enriquecedora para él. En este momento, la escolarización favorecerá su proceso de aprendizaje, y podemos decir que estar con otros niños facilitaría su socialización.

Por lo anteriormente expuesto, no queremos dejar de señalar que escolarizar de forma precoz y separar de la madre a un niño entre los 6 y los 18 - 24 meses, no está, teóricamente, exento de riesgo, desde el punto de vista de la salud mental del niño, en especial entre los 6-8 meses. Por tanto, sería más recomendable escolarizar al niño antes o después de este periodo y, si esto no es posible, realizar la separación de su entorno de manera progresiva, teniendo en cuenta que, al principio, el número de horas sea el menor posible. Una buena estrategia puede ser no apurar la baja maternal hasta el final y aprovechar los últimos días para realizar este proceso de adaptación.

También será muy importante seleccionar una escuela infantil adecuada, valorando la calidad de la misma en función de diversos factores. Algún estudio ha comprobado que lo que más pesa en la decisión de los padres a la hora de elegir una escuela infantil es el precio y la proximidad al domicilio o al trabajo de los padres. Ambos son factores muy importantes, pero será preciso valorar otros como:
  • preparación de las educadoras : si el niño tiene una cuidadora capaz de darle el cariño que le hace falta durante aquellas horas, se adaptará con mayor facilidad, con la consiguiente disminución de la ansiedad familiar.
  • medidas higiénicas correctas : lavado frecuente de manos, utilización de material desechable, limpieza de las aulas, juguetes, comedor…
  • proporción adecuada entre niños y cuidadores y separación de niños por edades
  • características ambientales: tamaño y ventilación de las aulas, patios, etc.
  • elaboración y composición de las comidas , medidas de seguridad, horarios , etc.
Una medida muy poco extendida en España, pero que ha dado muy buenos resultados, es la de disponer de guarderías en las empresas o centros de trabajo.

Por último, conviene señalar el importante papel que juega la escuela infantil en niños que se crían en ambientes familiares de riesgo, con falta de estímulo, viviendas inadecuadas, etc. En estas situaciones, la asistencia a la escuela infantil tiende a nivelar las carencias de sus necesidades básicas en cuanto a alimentación, higiene o estimulación, contribuyendo a lograr un mejor desarrollo del niño.

Lectura recomendada:
Bruno Bettelheim. “No hay padres perfectos”, Ed Crítica. Barcelona 2000

Autoras:
Mª Teresa Benítez Robredo. Pediatra. Ayuntamiento de Madrid. 
Concepción Brugera Moreno. Pediatra. CMS de Chamberí. Ayuntamiento de Madrid

Fuente: Boletín FAMIPED

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho el articulo. Yo no trabajo y la gente me pregunta sorprendida de porque no llevo los niños a la guarderia, si eso me daria un poco de tiempo libre para mi. No se que contestar, porque es como que esta mal visto en esta sociedad si quieres estar con tus hijos. Como que es obligatorio ser una mujer independiente y con tu propia vida en la cual los niños "molestan" y necesitas un tiempo sin ellos para realizarte.

    Yo de momento no necesito separarme de ellos y creo que ellos tampoco, no entiendo esta presion tan temprana y esta moda. Ahora si no escolarizas a los dos años te quedas sin plaza en el colegio que te pilla mas cerca de casa...me parece fatal.

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  2. Mi hijo nunca fue a la guardería. No lo necesitamos porque yo deje de trabajar fuera de casa para ocuparme de el.
    Ahora, con 3 años, tampoco va al colegio. Ya lo pensaremos cuando tenga los 6 años.

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