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23 de abril de 2010

Las peleas entre gemelos y trillizos de corta edad

peleas entre mellizos Zipi Zape criandomultiples.blogspot.com

Muchos padres de multillizos me consultan sobre este tema. Así que aquí os ofrezco un artículo dedicado a ello con pautas para su convivencia que se mueve entre el amor y el desamor.
Los niños nacidos en un parto múltiple tienen una relación especial. Sin duda, conocen muchos momentos de gran cooperación y amistad en los que se apoyan y se ayudan. La siguiente historia de una monitora de natación lo demuestra:
“En mi grupo había mellizos, Joan y Marti de 3 años. Joan aprendió rápidamente a nadar, pero a su hermano le costó. Un día les mandé a todo el grupo a nadar de un lado de la piscina al otro. Joan era uno de los primeros en llegar. Una vez al otro lado se giró y buscó con su mirada al hermano. Este aún estaba al principio; lloraba y no se atrevía a empezar la travesía. Joan no se lo pensó; volvió otra vez y se puso de lado de su hermano. Lo empujó literalmente al otro lado, hablándole todo el tiempo. Aquel gesto de solidaridad me enterneció”.
Los estudios también apuntan que los hijos de un parto múltiple dan muestran de mayor madurez social. Por ello reaccionan cuando sus hermanos se sienten inquietos y les ayudan. Hacen lo mismo cuando algún otro niño se siente triste o necesita ayuda. Mientras los no gemelos siguen sus juegos sin percibir el dolor ajeno, ellos se muestran solidarios y recurren al niño en apuros. Los gemelos demuestran ya desde los dos años un grado de empatía sorprendente.
También es cierto que las peleas forman una parte inherente a esta convivencia. Suelen ser frecuentes –algunos días casi continuas- por el hecho de compartir tanto tiempo juntos y estar tan unidos. También suelen ser vehementes, más que las peleas entre hermanos de distintas edades. El niño de dos años no tiene aún una noción clara del dolor que puede causar al otro. Si éste tiene algo entre manos que él desea en este momento, se lo arrebata a la fuerza sin más. Para él solo existe en este momento este juguete. Por este motivo es capaz de tirarle del triciclo, cuando a él le apetece subir. No es consciente de su acto; en ello influye la madurez cerebral. Los estudios sobre los niños con el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) han puesto de relieve que la impulsividad del niño pequeño tiene una causa biológica; el cerebro de un niño de 2 años no está desarrollado de tal forma que pueda controlarse. A los 4 años el cerebro ya es mucho más maduro y el niño irá controlando cada vez más sus impulsos, su agresividad y otros
sentimientos (en los niños con TDAH este proceso de maduración está afectado).
Una madre me consultó sobre la conducta de sus gemelos monozigóticos de 2 años: “Los dos se pegan mucho y también a cualquier niño con los que se encuentren. Es realmente horrible, porque apenas me atrevo a llevarles al parque. El otro día estuvimos en una reunión de nuestra asociación de múltiples; éramos bastantes adultos con gemelos, trillizos y más. Tuve que salir antes porque los chicos pegaban y mordían cada dos por tres”.
¿Qué se puede hacer en este caso? En primer lugar hay que tener presente que los niños no lo hacen por maldad. Apenas conocen el sentido del “yo” ni del otro. Podemos decir que su forma de relacionarse es aún algo ‘torpe’ y no deseada, pero nada más. Quizás se sintieran también algo desbordados por la presencia de tantos niños y adultos. A medida que maduren, aprenderán a relacionarse con los niños de otra manera. En esta situación la decisión de estar poco tiempo en la reunión fue acertada. Sin duda, en la próxima reunión
que se celebrará al cabo de 6 meses, la madre podrá quedarse ya más tiempo. La sociabilidad también se aprende con el tiempo. 
Las peleas son para los padres de partos múltiples un punto difícil en la convivencia diaria. Quizás sirva de consuelo tener en mente que las peleas cumplen una función: los niños necesitan aprender a valerse por sí mismos y a defender lo suyo. El seno familiar es un excelente terreno para ir practicando estas habilidades. En realidad, las peleas son una preparación para la vida fuera del núcleo familiar. La compañía del hermano u hermanos enseña al niño a competir, defender lo suyo y a compartir. Pero, por supuesto, no sin riñas ni peleas.

SUGERENCIAS PARA MANEJAR LAS PELEAS:

• Enséñales desde pequeños una expresión para la palabra dolor, como por ejemplo ‘au’. Empléala cada vez cuando uno se haga daño y también cuando uno le cause dolor al otro. Esto les ayudará a ponerse en la piel del otro. Enséñales también a dar besos sobre la zona dolorida del otro.
• Si la pelea es muy vehemente y dura mucho tiempo, diles que ‘la sesión de juegos’ ha terminado. Prohibirles seguir jugando juntos es un castigo que impresiona. Por ello surte efecto. Además, el estar separados les sirve para calmarse.
• Cuando uno de los hijos pega mucho, dale un banco de madera, un tambor u otro juguete con lo que pueda dar rienda suelta a su agresividad. En caso de que el niño muerda mucho, conviene darle algo para morder, como un sonajero o un peluche de tela suave. Morder puede indicar una necesidad oral. Por lo tanto conviene no limitar aún el uso del biberón o chupete. Y explícale cada vez que haga daño al hermano, cómo se siente éste y que esto no está bien. Al ver su desaprobación, él mismo terminará asimilando el concepto del bien y del mal. Pero –advierto- es cuestión de ser constante y persistente, porque el niño pequeño solo aprende a base de repetición.
• Como los niños aún no disponen de palabras para expresar sus sentimientos, lo hacen mediante el lenguaje corporal: patadas, empujones, tirones de pelo, gritos o mordiscos. Por los estudios sabemos que morder es un hábito más frecuente entre los gemelos, trillizos, etc. que en otros niños. Es lógico porque su convivencia es más estrecha que la de otros hermanos. A parte de decirle una y otra vez que ‘esto duele y no se hace’, también hay otro truco eficaz: consuela al niño que ha sido mordido y envía el “agresor” al pasillo. El hecho de que su hermano acapara la atención de la mamá es un buen aliciente para dejar de morder.
• Controla tu propia conducta. Una de las mejores formas de enseñarles la ‘no violencia’ es demostrarles cómo te controlas tú. Si expresas tu enfado de una manera controlada (sin gritar ni pegar), tus hijos acabarán imitando tu ejemplo.
• Sepárales en el caso de que se hagan daño o uno domine al otro. Una vez tranquilos, pregúntales qué causó el problema. Muchas veces se pelean por tener el mismo juguete. Ofréceles ideas para solucionarlo, como hacer turnos para tenerlo. Algunas madres recurren al truco “del reloj de la cocina”: lo ponen a un intervalo de unos cinco minutos, y cuando suena, es señal de que le toca el turno al otro, al que se le conceden otros cinco minutos. Si notas que el problema sigue presente, esconde el juguete hasta que sepan compartirlo.
• Muchas veces no será posible saber quién de los niños empezó la pelea. En estos casos no sabrás a cuál de los dos hay que castigar. Se culpan el uno al otro. A veces forman un bloque contra la madre y ambos callan. En estos casos, puedes mandarlos a su cuarto con el mensaje de hablar acerca de lo que cada uno ha hecho. Muchas veces uno ya confiesa su culpa ¡antes de llegar a la habitación! Es el momento de averiguar qué pasó realmente.También surte efecto mandarlos juntos a su cuarto y permitirles volver a estar con la familia, únicamente cuando hayan hecho las paces.
• Evita tomar partido. Lo mejor que puedes hacer es mantenerse neutral en sus peleas. A fin de cuentas, cada niño tiene una parte de la culpa. En ocasiones da la sensación que siempre es el mismo niño quien empieza la pelea; sin embargo, de algún modo (invisible), el otro lo incita a comportarse así. Muchas veces el hecho de que cada uno pueda decir a la mamá lo que le hizo el otro, ya es suficiente para que vuelvan a jugar en armonía. ¡Hasta la siguiente disputa!
• A veces las peleas son tan frecuentes porque los niños pasan demasiado tiempo juntos. Emprende actividades con sólo uno de ellos, mientras el otro (u otros) se queda con el papá o algún familiar. O bien organiza que uno de ellos juegue en casa de un amiguito. 
• En ocasiones las peleas tienen su origen en alguna molestia física de uno de ellos, como estar a punto de coger la gripo. No se encuentra bien y lo “paga” con el hermano. Por esta razón, de repente no congenian en su juego y se pelean por todo. Llévales al parque para que jueguen y corran. Una escapada al parque siempre es un buen método para superar estos momentos difíciles.
• Los juguetes originan gran parte de sus peleas. Conviene tenerlos repetidos en cuanto a las piezas grandes. Por ejemplo: un arrastre, un carrito, un triciclo etc. para cada uno. Y otros pueden ser distintos, como un camión para uno, un tractor para el otro y un avión para el tercero. Esto les enseña a compartir. ¡ESTO ES MÍO! Cualquier niño debe aprender primero el sentido del ‘yo’ antes de poder compartir. El niño es, durante los primeros tres años de vida, muy posesivo. A todo lo llama ‘mío’, porque así va afianzando la sensación de la propia personalidad. Para él los juguetes son parte de este incipiente ‘yo’ y por ello le resulta difícil compartirlos. Dicho de otra forma: los juguetes le ayudan en la adquisición del ‘yo’. Seguramente oirás frecuentemente y en todos los tonos de voz las palabras ‘mío.., yo también…, yo primero…., ahora yo….’, señal de que tus hijos están aprendiendo el significado del ‘yo’. Este aprendizaje no es fácil para ellos, ya que el otro (u otros) están defendiendo continuamente lo suyo. Por este motivo las peleas son tan frecuentes. No obstante, gracias a la práctica diaria, los hijos nacidos de un parto múltiple aprenden a cooperar y esperar el turno antes que otros niños. Este dato se ha podido demostrar a través de estudios. Pero éstos han arrojado más datos interesantes, como por ejemplo que la cooperación entre los gemelos monozigóticos es mayor que en los dizigóticos. La Universidad Estatal de California investigó la cooperación entre ambos grupos, mientras completaban un puzzle. Los mellizos dividían las piezas en dos montones y cada uno trabajaba por su cuenta. Los gemelos juntaban todas las piezas y trabajaban en equipo. Los primeros tenían más disputas como consecuencia de tener dos montones distintos de piececitas, mientras que los gemelos trabajaban en mayor armonía. También muy difícil de compartir es para ellos la atención paterna. Cada uno la quiere exclusivamente para sí mismo, muchas veces sin ninguna concesión al otro u otros, como demuestran estos testimonios: 
‘Miguel y Leonardo, de 24 meses, no soportan ver que yo dé alguna muestra de afecto al otro. Inmediatamente se llenan de ira y van a agredir al hermano; le tiran del pelo y muerden. También se muestran muy celosos cuando mi marido y yo nos abrazamos. Enseguida se meten entre medio’.
‘Una de mis hijas –dizigóticas-es excesivamente celosa de la otra. Si la cojo en brazos, viene enseguida y no hace más que pegarla. Me resulta muy difícil, a veces la abrazo sólo cuando sé que la hermana no está atenta. Pero aun así parece tener una antena para captar estas muestras de afecto’.
‘Me encanta leer un cuento a mis gemelas, con ellas sentadas en mi regazo. Pero esto es imposible: nunca se conforman con el sitio que les ha tocado y se empujan continuamente. Así que ahora me tumbo y en esta postura no hay problemas. Es curioso, porque cuando su papá les lee, no tienen problemas para sentarse juntas en su regazo”.
Sugerencias:
• Ten presente que la situación para tus hijos es más complicada que para hijos que vienen solos. Pasan las mismas fases madurativas con necesidades emocionales parecidas simultáneamente. Un hijo mayor puede entender que el pequeño requiere atención extra, pero los hijos de partos múltiples no. Pasan la fase de ‘posesión’ al unísono. Entender esta situación te lo hará más llevadero. Este tipo de celos es, generalmente,  pasajero. A medida que maduran, los niños entienden que cada uno se merece atención de sus papás y que hay suficiente amor para todos.
Elsa, madre de trillizos, lo cuenta:
‘Ahora, con 4 años, puedo dar mimos a cada uno sin ningún problema. Cuando los otros me ven besando a su hermano o hermana, sonríen; me parece que se alegran por él o ella. Antes era impensable. Si daba un beso a uno, enseguida venían los otros dos a pedirme lo mismo’.

Fuente: ‘El Gran Libro de los Gemelos’ - Coks Feenstra

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