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15 de octubre de 2012

Tareas de la casa


Debemos enseñar a nuestros hijos que la colaboración en las tareas familiares ayuda y favorece a todos sus miembros. Como padres es importante que nos preocupemos de sus logros académicos, deportivos y sociales, pero igual de importante es la exigencia en la colaboración (no ayuda) de nuestros hijos en el hogar.

Es importarte enseñarles este aprendizaje desde pequeños; así, en la adolescencia, que es la etapa de la rebeldía, tendrán adquiridas estas rutinas y será más fácil que continúen ejecutándolas. Puede haber casos en que los padres no hayan enseñado a sus hijos la realización de tareas familiares; entonces, en la adolescencia, deberán hablar con ellos y razonarles por qué es importante su colaboración. Uno de estos argumentos es que es bueno para él y para los demás que ayude en la casa.

Lo primero que debemos hacer es descartar, desde el principio, la idea de que hacer tareas de la casa es “ayudar a mi madre”. Debemos enseñarles que no ayudan a la madre en esto, que ayudan a su madre cuando hacen algo que favorece exclusivamente a ella. Lo segundo hacerles ver que la “casa” es un ente más y que como tal necesita cuidados específicos y reglados por parte de todos. Cuando digan: –Es que yo ayudo a mi madre – les corregiremos y les diremos: –Esto lo haces por la casa, que es de todos y a todos nos favorece; no favorece a mamá, no es ayudar a mamá –.

Los adolescentes aprenden mucho realizando tareas cotidianas, desde el orden de la habitación hasta las tareas propias de limpieza, hacer la compra, cocinar, etc. Resultan tareas al principio complejas para ellos pero, con el tiempo y con el hacer continuo, se terminan dominando y automatizando, que es lo que hacemos los adultos.

En todo este proceso de aprendizaje se cometen muchos errores que, en la mayoría de las ocasiones, inquietan y molestan a los padres, sobre todo a la madre, porque nuestros hijos son lentos en la ejecución, porque realizan las tareas a medias, porque producen suciedad, porque nos hacen perder tiempo, porque pensamos que si lo hacemos nosotros quedará mejor, porque no confiamos en sus capacidades. Todos estos porqués son un error. Debemos dejarles tiempo para que lo hagan ellos; nunca debemos volver a hacer nosotros su tarea ya que lo que le estamos demostrando es que lo que ellos han hecho no ha servido para nada. Ellos deben aprender a hacerlo bien. Debemos descartar la idea de que hecho por nosotros queda mejor. Debemos dedicar tiempo a nuestros hijos, a enseñarles a hacer estas tareas pensando que lo harán bien, explicándoles cómo se hacen y confiando en su buena ejecución; con esto aprendemos a delegar responsabilidades. Los padres debemos tener paciencia, no criticar tanto lo que ellos hagan. Así aprenderán.

Otro de los errores que cometemos como padres en relación a las tareas de la casa es cuando nuestro hijo suspende. Entonces decimos: –Pobre, no puede con todo – y le “quitamos” sus tareas familiares para que dedique”todo” su tiempo a estudiar, y lo que conseguimos con esto es hacer un hijo caprichoso y consentido. Los adolescentes tienen capacidad suficiente para colaborar y estudiar.

Podemos pactar con nuestros hijos la colaboración en las tareas familiares. En este pacto participarán todos los miembros de la familia, responsabilizándose cada uno de lo que se asigne. El pacto se puede poner en un lugar común de la casa, como la cocina, y ahí quedarán registradas las responsabilidades de cada componente de la familia. Si los padres estamos detrás de nuestros hijos o les imponemos hacer una serie de cosas, entonces sólo estarán obedeciendo órdenes, sin ningún interés en colaborar. Por el contrario, si se pacta, ellos intentarán colaborar porque así nuestros hijos se darán cuenta que contamos con su apoyo. Cuando todos los miembros de una familia hacen cada uno las tareas asignadas, se consigue un mejor ambiente de convivencia.

Valga como ejemplo el planchado de su ropa. Debemos enseñarles que esta labor la realicen ellos. Actualmente nuestros adolescentes usan muchísima ropa. Esto es fácil si se deja claro como una norma familiar. Por supuesto, ningún adulto le planchará su ropa. Un buen momento para planchar es viendo la televisión. Ellos quieren ver programas y, en vez de estar tranquilamente en el sofá, se les exige que planchen.

La conclusión es que, cuando los padres hacemos todas estas tareas, estamos impidiendo que los hijos las hagan, estamos retrasando el desarrollo de sus capacidades, y la confianza en sí mismos disminuye, mientras que, si les enseñamos y tenemos paciencia, estaremos dándoles herramientas para el futuro, para ser personas más autónomas y responsables.

Gloria Pastor Blanco. Profesora de Secundaria. Colegio Nueva Castilla. Villa de Vallecas. Madrid.

Extraído del boletín FAMIPED.

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